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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Hasta que pasó de todo

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     La última de las entradas de esta bitácora llevaba por irónico título "No pasa nada". Mientras iba degenerando la crisis bélica desatada por Donald Trump en Oriente Próximo y sus consecuencias se iban desarrollando, la consigna, como lleva siendo norma desde mayo, ha sido darle el menor espacio informativo a este desastre en ciernes.

Hasta que hace unos días alguien (aún no sabemos si los yemeníes hutíes, las milicias chiíes iraquíes o directamente los propios iraníes) decidió volar con drones el oleoducto Este-Oeste que permitía a Arabia Saudita desviar de su producción unos 4 millones de barriles diarios (Mb/d) para que no tuvieran que pasar a través del estrecho de Ormuz y llegaran directamente al mar Rojo.


Arabia Saudí cierra el oleoducto Este-Oeste, la principal ruta alternativa a Ormuz, tras los ataques de varios drones procedentes de Irak.

Pensemos que gracias a este oleoducto, y en menor medida al de Emiratos Árabes Unidos, se había conseguido aliviar el cuello de botella que ha supuesto la situación en Ormuz, al menos en lo que al petróleo se refiere (en el resto de materias primas la cosa sigue igual o peor, como luego comentaremos). Antes del cierre del estrecho, pasaban por Ormuz unos 20 Mb/d. Esos 20 Mb/d correspondían a una extracción equivalente y constante de petróleo de todos los países afectados; y sin vías alternativas y con los depósitos llenos, la extracción de petróleo del mundo (que es de poco más de 100 Mb/d, unos 106 Mb/d) habría caído en esa cantidad - nada más y nada menos que el 20% de todo el petróleo extraído en el mundo, o el 40% del petróleo con el que se comercia. Un frenazo de esa magnitud inevitablemente iba a acarrear una crisis económica sin precedentes, así que se pusieron todas las medidas para evitar sus efectos tanto como fuera posible.

En realidad, evitar la crisis nunca fue posible. Pero lo que sí que se podía hacer era retardar su comienzo, en la esperanza de que, si EE.UU. ganaba la guerra, al menos las penurias inevitables de la crisis se verían compensadas por las promesas de riquezas futuras. Y eso es lo que se ha hecho. Se liberó petróleo de las reservas estratégicas, China redujo sus importaciones y Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos rodearon Ormuz con sus oleoductos. El descenso de producción reconocido por la Agencia Internacional de la Energía se sitúa en torno a los 6 Mb/d, aunque por ejemplo el Departamento de Energía de los EE.UU. lo coloca más cerca de los 12 Mb/d. Por tanto, gracias a los oleductos de bypass y al petróleo que mal que bien ha conseguido navegar a través de Ormuz se ha conseguido hacer llegar al mercado unos 8 Mb/d de los que antes pasaban tranquilamente por esa vía marítima, pero igualmente se ha tenido que hacer un recorte de 12 Mb/d de consumo.



Así que se han tenido que poner numerosas medidas en marcha para reducir nada menos que el 12% del consumo mundial de petróleo. Pero, claro, estas medidas tenían fecha de caducidad. 

De entrada, los países de la OCDE liberaron 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, teóricamente al mercado libre. Además, han estado usando petróleo de sus reservas para compensar lo que no estaba llegando. En el caso particular de España, consiguió compensar el desaguisado hasta mayo (como comentábamos en el post anterior) a base de diversificar las entradas de petróleo, de modo que solo perdió un 5% de las importaciones; y por el lado de las salidas, redujo un 5% de las exportaciones de productos petrolíferos, quedando bastante balanceada. Por desgracia, la situación en el resto de Europa no era tan buena (no tienen tantas refinerías como España) y por eso el precio de los combustibles se está disparando más que en tierras hispanas.

De otro lado, China había reducido sus importaciones a la mitad, de 11 Mb/d a 5,5 Mb/d en marzo. En parte porque gracias al bypass de Arabia Saudita empezó a haber más crudo en el mercado y en parte porque,  desgraciadamente, China ha perdido la fe en que esto se vaya a resolver en un plazo breve de tiempo, en los últimos meses sus importaciones de petróleo han subido con fuerza y en agosto ya fueron casi de 9 Mb/d.

Y por el lado de los EE.UU., sus reservas estratégicas están ya por debajo del límite de operación segura. A pesar de las veces que Trump ha repetido que no va a haber una prohibición de exportación de petróleo, el reloj va en su contra: el precio de los combustibles se está disparando en todos los EE.UU., con cifras llegando ya en algunos lugares a los 10$ por galón (unos 2,64$/litro), algo absolutamente inaudito en ese país. No va a ser una cuestión de voluntad política: los EE.UU. se van a ver obligados a limitar sus exportaciones de petróleo - nunca se frenarán del todo, porque por culpa del fracking producen demasiado petróleo ligero que no pueden consumir, pero las fracciones medias y pesadas sin duda acabarán por dejarse de exportar.

En cuanto al flujo de petroleros, es difícil saber exactamente cuántos consiguen circular. Se estima que, tras el repunte de la euforia del primer momento cuando se firmo el Acuerdo de Entendimiento y la expiración del mismo el 17 de agosto, en la actualidad deben estar circulando alrededor de un 10% de los petroleros que pasaban antes de la guerra.


En la actualidad deben estar circulando alrededor de un 10% de los petroleros que pasaban antes de la guerra.

Y en este contexto, el oleoducto de Arabia Saudita ha volado por los aires. Aunque técnicamente podía bombear hasta 7 Mb/d (como se hizo al principio), debido a limitaciones técnicas estaba en los 4 Mb/d antes de su voladura. Conviene recordar, además, que esa voladura es una represalia por la destrucción de cinco petroleros iraníes por parte de los EE.UU. La pérdida de esos buques sin duda habrá afectado a los 2 Mb/d que Irán estaba exportando; de hecho, se estima que las exportaciones de Irán están colapsando, que es lo que pretendía EE.UU. y que es probablemente lo que ha precipitado el golpe sobre la mesa de Irán.

Así que a los 12 Mb/d que ya no se estaban extrayendo tenemos que sumar los 4 Mb/d del bypass saudí que se ha perdido y hasta 2 Mb/d de las exportaciones iraníes. En este momento, por tanto, pueden estar ya faltando 18 Mb/d, y justo cuando las medidas paliativas están dejando de funcionar. Y si en algún momento Irán decide bombardear el otro oleoducto de bypass, el de Emiratos Árabes Unidos, faltarán otros 1,5 a 2 Mb/d adicionales.

Para acabar de redondear la faena, los hutíes han protagonizado una espectacular ofensiva, tomando el control de prácticamente toda la costa de Yemen en el mar Rojo y la isla de Perim, lo que de facto les da el control del estrecho de Bab el-Mandeb, que es la puerta de entrada al mar Rojo y al canal de Suez.

De manera prácticamente inmediata el precio del petróleo Brent ha superado los 100$ por barril y anda coqueteando con la barrera de los 110$. Pero eso es solo la punta del iceberg.

El precio del Brent no incluye los costes de transporte y seguros. Antes de la guerra, esos costes añadían un par de dólares al precio final del barril. Ahora, debido a la escasez general de combustibles, el alargamiento de las rutas y los riesgos de la guerra, esos costes llegan a los 30$/barril. De hecho, el coste del barril en muchas refinerías llega a los 150$.

A eso cabe añadir la escasez de petróleos medios, fundamentales para la producción de diésel, gasóleos y keroseno. El crack spread, o diferencial entre el precio de un barril de petróleo y un producto refinado, se ha disparado en los últimos meses desde unos pocos dólares (que era lo habitual) hasta los 100$ y más en el caso del diésel. Dénse cuenta de lo que significa eso. Incluso asumiendo un precio del barril de petróleo de 100$, un crack spread de otros 100$ significa que el precio del barril de diésel a la salida de la refinería es de 200$. Como un barril contiene casi 160 litros, eso quiere decir que el coste de ese diésel es de 1,25$ por litro. Contando el margen comercial, los costes de distribución y los impuestos, el coste del diésel es solamente alrededor de un tercio del precio de venta del diésel en la gasolinera. Es decir, el precio final sería de 3,75$ por litro o unos 3,25 €/l. Por eso, no es de extrañar que en Alemania estén llegando ya a los 3€/l. España está un poco mejor porque, de nuevo, tiene menores costes de refino y distribución gracias a que tiene 8 refinerías en su territorio, pero aún así poco a poco nos vamos deslizando a los 2€/l, y con el tiempo podremos llegar a 3€ y más.

Y eso es solo la parte del petróleo. La situación con el gas natural es terrible para Europa: la interrupción de las exportaciones de gas desde el golfo Pérsico, y particularmente desde Omán, han creado una situación de fiera competencia por el gas natural licuado (España recibió en junio un 40% menos de los buques esperados precisamente porque su carga fue comprada cuando estaban en alta mar y cambiaron su rumbo). Europa afronta el invierno con sus inventarios en mínimos de 15 años, con el agravante que los inventarios de gas no son tan amplios como los de petróleo porque el gas natural es más complejo de almacenar.

Faltan fertilizantes nitrogenados justamente cuando las cosechas son peores por culpa del calor excesivo de este verano. Falta azufre y por tanto ácido sulfúrico, afectando a la producción de cobre, de fosfatos y de metales en general. Falta aluminio. Y, sobre todo, falta diésel para operar la maquinaria.


Diésel y gasóleo – Producción de refinería (en Mb/d).

La gráfica de arriba la he generado yo con datos del Joint Oil Data Initiative. Son los valores mensuales de la producción de diésel en las refinerías de todo el mundo hasta junio de 2026. Los dos o tres últimos meses no son muy fiables porque algunos países tardan en reportar. Además, la producción de Rusia está extrapolada desde su valor medio en 2021 porque desde 2022 no hay datos de ese país. Es una gráfica, por tanto, con muchas limitaciones y pegas. Y aún así cuenta una historia muy simple: la producción mundial de diésel tocó máximo en el período que va de 2015 a 2017; nunca fue capaz de recuperar esos niveles, ni siquiera después de la pandemia; y este año sin duda la situación es catastrófica. Quizá Vd. no nota que falte diésel en su gasolinera, pero seguro que falta en una mina en algún país recóndito y por eso se está extrayendo menos de alguna materia prima que sí que va a impactarle en su trabajo o su vida cotidiana.

El verano se acabó. Ahora viene el ajuste de cuentas. Nada nos va a salvar de una crisis económica (que podría agravarse o retroalimentarse con el estallido de la burbuja de la inteligencia artificial). Será cuestión de días, semanas o meses, pero nada se puede hacer por evitarla ya. Por eso hicimos la campaña de No Normal. Por eso les insto a que se organicen y se preparen para lo que viene (no reinventen la rueda, apóyense en las organizaciones que ya existen en su zona).

No pasa nada. Hasta que, de repente, pasa de todo. 

P. Data: el próximo 30 de septiembre sale a la venta mi nuevo libro, "El fondo del pozo". Ojalá no hubiera tenido que escribirlo. Y todavía hay quien se atreve a decir que estamos a punto de conseguir la "prosperidad ecológica", válgame el cielo...


El fondo del pozo.



Fuente: The Oil Crash

jueves, 25 de junio de 2026

EEUU y el proyecto sionista tras la guerra contra Irán: su nuevo Oriente Medio (el de siempre) o el caos

 

      Arabista en la Universidad Autónoma de Madrid.


A pesar de los reveses, los mandamases israelíes no han renunciado a su gran proyecto de Oriente Medio, con su ruta comercial entre la India y Europa dirigida desde Tel Aviv y los estados árabes y musulmanes paciendo dócilmente de los llamados acuerdos de Abraham


Trump participa en una conferencia de prensa bilateral con Benjamin Netanyahu, el lunes 29 de diciembre de 2025.


     Durante el nuevo capítulo de este esperpento llamado proceso de negociación entre Irán y Estados Unidos —ahora en Suiza desde la tercera semana de junio— estamos asistiendo a una escenografía habitual. La conocemos desde que el ejército de Washington y su aliado el régimen de Tel Aviv dijeron detener los ataques contra objetivos iraníes el pasado mayo: la confusión. Los negociadores de Teherán ya ni se inmutan cuando escuchan las declaraciones de los representantes de la Administración estadounidense, o sus medios de comunicación, o las sandeces incontenidas del fantoche de presidente que tienen, hablando de que los iraníes han aceptado esto o aquello; o que les van a fulminar como no hagan así o asá; o que la guerra la han ganado ellos y tienen derecho a imponer sus condiciones.

Un día te sacan un memorando de 14 puntos, con unas cláusulas aparentemente claras, y al día siguiente te salen con interpretaciones y lecturas sorprendentes de lo que días atrás habían dado por evidente.


Trump firma el memorándum de entendimiento con Irán delante del presidente francés, Emmanuel Macron.

Aquel memorando había servido, dijeron la semana pasada, para poner fin a la contienda; hoy, sus negociadores lo están utilizando para retorcer el sentido de las palabras, volver a discusiones que se creían superadas y, en definitiva, alimentar este magma de caos e incertidumbre en que la política de EEUU ha convertido Oriente Medio.

Puede debatirse por extenso si Washington, y el repelente niño Vicente de Oriente, el régimen de Tel Aviv, han perdido o no la guerra que iniciaron contra Irán el 28 de febrero pasado.


Ataque aéreo israelí contra Teherán (24-06-2025).

Lo que está fuera de toda duda es que no la han ganado. Lo que se presentaba como un paseo imperial de F-15, 16, 32 y compañía, de drones de ultimísima gama y hasta comandos de robocops y másteres del universo haciendo picnics y fotos chic en los “secretísimos” almacenes nucleares subterráneos de los iraníes devino en colosal chasco. Uno escucha la farfolla petulante de su turbio e insufrible presidente, propagada por las redes y sus apariciones en la Casa Blanca cual diarrea colérica estival, e imagina que obtuvieron un éxito total, habiendo destruido todo el ejército, toda la armada y toda la reserva balística de los iraníes.

Pero la realidad, maquillada por los medios de comunicación occidentales, en su gran mayoría sometidos a los dictados ideológicos de sus patrones prosionistas y “neoliberales” (suponiendo que alguien sepa lo que significa eso), cuenta otra cosa. Teherán no solo fue capaz de contener la embestida sino que neutralizó las bases estadounidenses en los países del Golfo, restringió la libertad de movimientos de los aviones de última generación de Washington y obligó a sus gigantescos portaaviones a buscar resguardo lejos del Estrecho de Hormuz.

EE UU no sólo ha sufrido un menoscabo evidente de su imagen de gran potencia militar y económica; su capacidad para seguir liberando eso que llaman el “mundo libre” (que tampoco sabemos lo que es) ha quedado reducida, disputada en Europa incluso por quienes se pensaba eran sus principales aliados. Las petromonarquías árabes, cuyas dinastías reinantes han fiado durante décadas su estabilidad al apoyo militar y diplomático de Washington, se preguntan hoy de qué sirve invertir miles de millones en compras jugosas de armamento e inversiones millonarias en suelo estadounidense si ni las bases ni los contingentes armados de aquella son capaces de librarles de los bombardeos de un hatajo de ayatolás locos, primitivos y rencorosos.

Grandes naciones de esas que llaman “emergentes” como la India sienten que las consecuencias de esta guerra que casi nadie ha comprendido las han terminado pagando ellos. Los indios, al igual que los japoneses, los coreanos, los filipinos y el resto de naciones extremo asiáticas, perciben que ellos, junto con los emiratos, reinos y sultanatos de la Península arábiga, son los grandes paganos de la astracanada iraní. El cierre de Hormuz y el corte de las rutas marítimas hacia el Índico, no sólo para los flujos de petróleo y gas, ha derivado en cortes de suministro a la población, el repunte de los precios y deterioro de la actividad industrial. Los segundos, con Emiratos Árabes Unidos a la cabeza, han tenido que cerrar empresas y renunciar temporalmente a su sueño de convertir la región del Golfo en un santuario turístico. Sus depósitos y petroleros siguen languideciendo, cargados de toneladas de crudo. Unos y otros se preguntan si con protectores como EE UU, a la postre tan poco fiables, no valdrá más entenderse con Irán; o con China, el exitoso convidado de piedra de esta nueva bufonada imperial.

Pero los reveses militares no constituyen, aún, impedimento para que los dirigentes estadounidenses intenten lograr los mismos objetivos por otros medios. Para eso están las negociaciones y procesos de paz, para embarrarlos, llenarlos de trampas, marcar las cartas para que la última palabra esté siempre de nuestro lado. El citado memorándum de los 14 puntos incluía en el primer párrafo, y repetido, que las hostilidades cesarían en todos los frentes, incluido el libanés.


Una madre y su hijo observan el bombardeo de su barrio, en el centro de Beirut, el 12 de marzo.

El régimen de Tel Aviv ha seguido extendiendo sus posiciones en el sur de Líbano, sin dejar de bombardear localidades del centro del país.


Un residente de Nabi Chit pasea por el centro de la localidad, convertido ahora en un escenario de ruinas y soledad.

Ahora los negociadores estadounidenses sostienen que mientras Hezbolá “siga por allí” los israelíes tienen derecho a llevar a cabo tales acciones. Pero el caso es que el memorando en cuestión no dice eso, sino que insiste en el cese de hostilidades, sin más.

La lectura creativa de los acuerdos y supuestos entendimientos se ha convertido en arte para los mediadores estadounidenses y sus protegidos en Tel Aviv. Si un papel dice que se levantarán las sanciones a Irán, inmediatamente después de declararse el alto el fuego, un negociador te dice después que sí pero que hay que negociarlo antes. Y esto aplica al resto de supuestos puntos acordados. El caos, el ruido, la confusión, la defenestración de las instituciones y organismos internacionales que ellos mismos habían creado para asegurar la hegemonía occidental… todo eso constituye hoy la principal baza de capitalismo sionistoide actual para continuar manipulando la región más sensible del planeta.

Casi nadie  se acuerda de Gaza pero allí, tras otra campaña militar que no resultó tan exitosa como esperaban, el régimen de Tel Aviv está asfixiando poco a poco a la población, obligándola a morir de hambre y asco o a marcharse. Nadie estamos haciendo nada para evitarlo; y la tragedia la escribieron quienes impusieron el pretendido acuerdo de paz que detuvo, dicen, el “genocidio” perpetrado por el régimen de Tel Aviv.

Las hordas israelíes siguen haciendo sitio para, quién sabe, posibles asentamientos en el sur de Líbano, también con entendimientos y negociaciones con el gobierno de Beirut. Las incursiones de esas mismas tropas en territorio sirio están dando lugar a “nuevas realidades sobre el terreno”, como dicen los prebostes del sionismo colonialista actual —eufemismo para adquisiciones territoriales—; a pesar de los reveses, los mandamases israelíes no han renunciado a su gran proyecto de Oriente Medio, con su ruta comercial entre la India y Europa dirigida desde Tel Aviv y los estados árabes y musulmanes paciendo dócilmente de los llamados acuerdos de Abraham o “normalización” diplomática.

Sin embargo, las estrategias del caos, la confusión y el cisco tienen sus riesgos. Como nadie imagina qué ocurrencia vas a tener dentro de cinco minutos ni con quién estás negociando ni sobre qué, ni tampoco si lo que afirmas es verdad, los aliados del presidente estadounidense se impacientan. Los rifirrafes con el primer ministro israelí o destacados representantes del régimen israelí son, evidentemente, parte de la escenografía de una confusión teledirigida; pero revelan, asimismo, carencia de fe en este maquiavélico juego. Trump no se aleja mucho de la verdad cuando dice que su segunda elección como presidente pulverizó registros de popularidad, votos y dominio en el poder legislativo y ejecutivo pocas veces vistos en EE UU; pero calla, porque desea hacer encallar a los suyos en una realidad paralela virtual, que en sólo un año y medio de mandato ha acelerado el declive de su programa hegemónico.

El mundo no ha hecho nada para evitar los crímenes del evangelismo sionista en Palestina, cierto, pero cada vez hay más voces que hablan abiertamente del carácter colonialista racista de la ocupación del territorio palestino. Parece poco pero hace veinte o incluso diez años la narrativa pro sionista gozaba de una supremacía en los grandes medios y ámbitos sociales occidentales que ya se está viendo contestada.

El farandulismo del presidente estadounidense, sus mentiras, su zafiedad, su ineptitud, está avivando el “peligro” del socialismo estadounidense (otra cosa ignota), en forma de candidatos políticos que, en sitios tan revolucionarios como Nueva York, hablan de colectivizar la riqueza y enfrentarse al sionismo depredador. La perla de este trumpismo desbocado —o el estado profundo estadounidense se quita de en medio a este pelele con ínfulas o el imperio no les dura una década— es la emergencia de una potencia regional inusitadamente altanera como es Irán, que se permite cosas nunca vistas como retirarse de las negociaciones o cerrar y reabrir según le convenga la ruta marítima más importante del planeta. El nuevo oriente soñado, rendido a las transacciones del gran capital y la ideología de un sionismo-neo cristiano, ha sufrido un duro golpe. Nos queda, empero, el festival de la farfolla y la confusión.


Fuente: El Salto

miércoles, 29 de abril de 2026

Prepárense para el impacto

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.


Posición de seguridad-apoyo en asientos orientados hacia adelante.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión "catástrofe humanitaria" se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se "normalizase", habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento las 9 refinerías que había, 8 en la península y una en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como "precios del petróleo", a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este "petróleo de papel" no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.

Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como "precio del petróleo" es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos "precios del petróleo" se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.
 

  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.

  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita...

  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa...

 

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular. 

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto.



Fuente: The Oil Crahs

lunes, 20 de abril de 2026

El Estrecho de Ormuz, cuello de botella del Golfo Pérsico

 

 Por David Señorán López   

      Técnico de Fondos en Tragsatec. Analista Internacional, Politólogo e Internacionalista.


     El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico que separa Irán de la Península Arábiga y constituye la única salida del Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán y, posteriormente, el Océano Índico.


Basta con observar un mapa para comprender la importancia del Estrecho de Ormuz, que se erige como un cuello de botella en el golfo Pérsico, rodeado de países ricos en hidrocarburos y con Irán en posición de ejercer capacidad de bloqueo.

En su punto más angosto mide aproximadamente 55 kilómetros, lo que, sumado a su escasa profundidad y al intenso tráfico de buques, hace que solo existan dos canales navegables, convirtiéndolo en un claro cuello de botella.


Escasa profundidad del Estrecho de Ormuz.

El Estrecho de Ormuz ha sido históricamente un punto clave en la navegación y el comercio marítimos, una importancia que se ha visto acrecentada en la actualidad por su papel central en el transporte de hidrocarburos y otros recursos estratégicos.

Rodeado de los países con mayor producción de gas y petróleo del mundo, se estima que solo en 2025 alrededor del 25% del comercio de crudo por vía marítima se hizo a través de Ormuz, así como el 19% del gas licuado de petróleo (GLP). Si bien la inmensa mayoría de estos hidrocarburos se dirige a Asia, cualquier disrupción afecta gravemente al precio a nivel mundial, derivando en escasez y otros problemas asociados.


La importancia del Estrecho de Ormuz para las exportaciones a países del Lejano Oriente.

Esta importancia le otorga a países como Irán una oportunidad única para hacer valer sus intereses, al poder bloquear el paso mediante minas, ataques o distintas amenazas y alterar de forma drástica el flujo de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, Teherán cuenta con varias islas estratégicas en las proximidades del estrecho, como Larak y Qeshm, lo que le permite proyectar con mayor intensidad sus capacidades militares y controlar los movimientos en la zona.


En el contexto de la guerra, Irán está construyendo una nueva arquitectura de seguridad y control marítimo sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán y el control del Estrecho de Ormuz

Estas capacidades no son meramente teóricas, sino que han quedado plenamente demostradas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país persa. En respuesta, Teherán está haciendo uso de todas sus opciones, entre ellas el control del estrecho, afectando gravemente al precio global de la energía y a su disponibilidad en distintos países.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Asimismo, al imponer elevados peajes, pasa a influir de forma decisiva en las exportaciones de Estados como Irak, Kuwait, Catar o Baréin, que dependen de esta vía para transportar sus hidrocarburos al resto del mundo.

Sin embargo, conocedores de este riesgo, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han creado rutas alternativas de exportación. La saudí, en dirección oeste a través del desierto hasta el mar Rojo, transporta petróleo y gas, mientras que la emiratí, en dirección este hacia el golfo de Omán, únicamente transporta petróleo.


Arabia Saudita restablece su oleoducto clave a 7 millones de barriles por día mientras se intensifica la construcción de un oleoducto de circunvalación en el Mar Rojo.

Si bien estas rutas alternativas les confieren mayor autonomía, no ofrecen una solución completa, ya que ya estaban siendo utilizadas parcialmente. Por ello, ante un bloqueo del Estrecho de Ormuz como el actual, el margen para incrementar su capacidad es limitado, especialmente en el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Además de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz también es una importante ruta para el trasporte marítimo de fertilizantes, diversos minerales, helio –del que Catar es uno de los mayores productores– y distintos recursos básicos tales como alimentos, manufacturas y productos de construcción.


El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en el Golfo Pérsico encarecen los fertilizantes clave para la agricultura en India y Bangladés.

En definitiva, esta vía marítima constituye un cuello de botella de enorme importancia estratégica para el golfo Pérsico, Oriente Medio y el conjunto de la economía global, pero su funcionamiento normal no está garantizado.

Mediante el bloqueo, Irán ha evidenciado una capacidad inmensa de influencia y disuasión, poniendo una vez más de relieve la relevancia y fragilidad de las cadenas de suministro globales frente a conflictos internacionales en un contexto de un mundo altamente interpendiente y conectado.


Fuente: Descifrando la Guerra