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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Hasta que pasó de todo

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     La última de las entradas de esta bitácora llevaba por irónico título "No pasa nada". Mientras iba degenerando la crisis bélica desatada por Donald Trump en Oriente Próximo y sus consecuencias se iban desarrollando, la consigna, como lleva siendo norma desde mayo, ha sido darle el menor espacio informativo a este desastre en ciernes.

Hasta que hace unos días alguien (aún no sabemos si los yemeníes hutíes, las milicias chiíes iraquíes o directamente los propios iraníes) decidió volar con drones el oleoducto Este-Oeste que permitía a Arabia Saudita desviar de su producción unos 4 millones de barriles diarios (Mb/d) para que no tuvieran que pasar a través del estrecho de Ormuz y llegaran directamente al mar Rojo.


Arabia Saudí cierra el oleoducto Este-Oeste, la principal ruta alternativa a Ormuz, tras los ataques de varios drones procedentes de Irak.

Pensemos que gracias a este oleoducto, y en menor medida al de Emiratos Árabes Unidos, se había conseguido aliviar el cuello de botella que ha supuesto la situación en Ormuz, al menos en lo que al petróleo se refiere (en el resto de materias primas la cosa sigue igual o peor, como luego comentaremos). Antes del cierre del estrecho, pasaban por Ormuz unos 20 Mb/d. Esos 20 Mb/d correspondían a una extracción equivalente y constante de petróleo de todos los países afectados; y sin vías alternativas y con los depósitos llenos, la extracción de petróleo del mundo (que es de poco más de 100 Mb/d, unos 106 Mb/d) habría caído en esa cantidad - nada más y nada menos que el 20% de todo el petróleo extraído en el mundo, o el 40% del petróleo con el que se comercia. Un frenazo de esa magnitud inevitablemente iba a acarrear una crisis económica sin precedentes, así que se pusieron todas las medidas para evitar sus efectos tanto como fuera posible.

En realidad, evitar la crisis nunca fue posible. Pero lo que sí que se podía hacer era retardar su comienzo, en la esperanza de que, si EE.UU. ganaba la guerra, al menos las penurias inevitables de la crisis se verían compensadas por las promesas de riquezas futuras. Y eso es lo que se ha hecho. Se liberó petróleo de las reservas estratégicas, China redujo sus importaciones y Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos rodearon Ormuz con sus oleoductos. El descenso de producción reconocido por la Agencia Internacional de la Energía se sitúa en torno a los 6 Mb/d, aunque por ejemplo el Departamento de Energía de los EE.UU. lo coloca más cerca de los 12 Mb/d. Por tanto, gracias a los oleductos de bypass y al petróleo que mal que bien ha conseguido navegar a través de Ormuz se ha conseguido hacer llegar al mercado unos 8 Mb/d de los que antes pasaban tranquilamente por esa vía marítima, pero igualmente se ha tenido que hacer un recorte de 12 Mb/d de consumo.



Así que se han tenido que poner numerosas medidas en marcha para reducir nada menos que el 12% del consumo mundial de petróleo. Pero, claro, estas medidas tenían fecha de caducidad. 

De entrada, los países de la OCDE liberaron 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, teóricamente al mercado libre. Además, han estado usando petróleo de sus reservas para compensar lo que no estaba llegando. En el caso particular de España, consiguió compensar el desaguisado hasta mayo (como comentábamos en el post anterior) a base de diversificar las entradas de petróleo, de modo que solo perdió un 5% de las importaciones; y por el lado de las salidas, redujo un 5% de las exportaciones de productos petrolíferos, quedando bastante balanceada. Por desgracia, la situación en el resto de Europa no era tan buena (no tienen tantas refinerías como España) y por eso el precio de los combustibles se está disparando más que en tierras hispanas.

De otro lado, China había reducido sus importaciones a la mitad, de 11 Mb/d a 5,5 Mb/d en marzo. En parte porque gracias al bypass de Arabia Saudita empezó a haber más crudo en el mercado y en parte porque,  desgraciadamente, China ha perdido la fe en que esto se vaya a resolver en un plazo breve de tiempo, en los últimos meses sus importaciones de petróleo han subido con fuerza y en agosto ya fueron casi de 9 Mb/d.

Y por el lado de los EE.UU., sus reservas estratégicas están ya por debajo del límite de operación segura. A pesar de las veces que Trump ha repetido que no va a haber una prohibición de exportación de petróleo, el reloj va en su contra: el precio de los combustibles se está disparando en todos los EE.UU., con cifras llegando ya en algunos lugares a los 10$ por galón (unos 2,64$/litro), algo absolutamente inaudito en ese país. No va a ser una cuestión de voluntad política: los EE.UU. se van a ver obligados a limitar sus exportaciones de petróleo - nunca se frenarán del todo, porque por culpa del fracking producen demasiado petróleo ligero que no pueden consumir, pero las fracciones medias y pesadas sin duda acabarán por dejarse de exportar.

En cuanto al flujo de petroleros, es difícil saber exactamente cuántos consiguen circular. Se estima que, tras el repunte de la euforia del primer momento cuando se firmo el Acuerdo de Entendimiento y la expiración del mismo el 17 de agosto, en la actualidad deben estar circulando alrededor de un 10% de los petroleros que pasaban antes de la guerra.


En la actualidad deben estar circulando alrededor de un 10% de los petroleros que pasaban antes de la guerra.

Y en este contexto, el oleoducto de Arabia Saudita ha volado por los aires. Aunque técnicamente podía bombear hasta 7 Mb/d (como se hizo al principio), debido a limitaciones técnicas estaba en los 4 Mb/d antes de su voladura. Conviene recordar, además, que esa voladura es una represalia por la destrucción de cinco petroleros iraníes por parte de los EE.UU. La pérdida de esos buques sin duda habrá afectado a los 2 Mb/d que Irán estaba exportando; de hecho, se estima que las exportaciones de Irán están colapsando, que es lo que pretendía EE.UU. y que es probablemente lo que ha precipitado el golpe sobre la mesa de Irán.

Así que a los 12 Mb/d que ya no se estaban extrayendo tenemos que sumar los 4 Mb/d del bypass saudí que se ha perdido y hasta 2 Mb/d de las exportaciones iraníes. En este momento, por tanto, pueden estar ya faltando 18 Mb/d, y justo cuando las medidas paliativas están dejando de funcionar. Y si en algún momento Irán decide bombardear el otro oleoducto de bypass, el de Emiratos Árabes Unidos, faltarán otros 1,5 a 2 Mb/d adicionales.

Para acabar de redondear la faena, los hutíes han protagonizado una espectacular ofensiva, tomando el control de prácticamente toda la costa de Yemen en el mar Rojo y la isla de Perim, lo que de facto les da el control del estrecho de Bab el-Mandeb, que es la puerta de entrada al mar Rojo y al canal de Suez.

De manera prácticamente inmediata el precio del petróleo Brent ha superado los 100$ por barril y anda coqueteando con la barrera de los 110$. Pero eso es solo la punta del iceberg.

El precio del Brent no incluye los costes de transporte y seguros. Antes de la guerra, esos costes añadían un par de dólares al precio final del barril. Ahora, debido a la escasez general de combustibles, el alargamiento de las rutas y los riesgos de la guerra, esos costes llegan a los 30$/barril. De hecho, el coste del barril en muchas refinerías llega a los 150$.

A eso cabe añadir la escasez de petróleos medios, fundamentales para la producción de diésel, gasóleos y keroseno. El crack spread, o diferencial entre el precio de un barril de petróleo y un producto refinado, se ha disparado en los últimos meses desde unos pocos dólares (que era lo habitual) hasta los 100$ y más en el caso del diésel. Dénse cuenta de lo que significa eso. Incluso asumiendo un precio del barril de petróleo de 100$, un crack spread de otros 100$ significa que el precio del barril de diésel a la salida de la refinería es de 200$. Como un barril contiene casi 160 litros, eso quiere decir que el coste de ese diésel es de 1,25$ por litro. Contando el margen comercial, los costes de distribución y los impuestos, el coste del diésel es solamente alrededor de un tercio del precio de venta del diésel en la gasolinera. Es decir, el precio final sería de 3,75$ por litro o unos 3,25 €/l. Por eso, no es de extrañar que en Alemania estén llegando ya a los 3€/l. España está un poco mejor porque, de nuevo, tiene menores costes de refino y distribución gracias a que tiene 8 refinerías en su territorio, pero aún así poco a poco nos vamos deslizando a los 2€/l, y con el tiempo podremos llegar a 3€ y más.

Y eso es solo la parte del petróleo. La situación con el gas natural es terrible para Europa: la interrupción de las exportaciones de gas desde el golfo Pérsico, y particularmente desde Omán, han creado una situación de fiera competencia por el gas natural licuado (España recibió en junio un 40% menos de los buques esperados precisamente porque su carga fue comprada cuando estaban en alta mar y cambiaron su rumbo). Europa afronta el invierno con sus inventarios en mínimos de 15 años, con el agravante que los inventarios de gas no son tan amplios como los de petróleo porque el gas natural es más complejo de almacenar.

Faltan fertilizantes nitrogenados justamente cuando las cosechas son peores por culpa del calor excesivo de este verano. Falta azufre y por tanto ácido sulfúrico, afectando a la producción de cobre, de fosfatos y de metales en general. Falta aluminio. Y, sobre todo, falta diésel para operar la maquinaria.


Diésel y gasóleo – Producción de refinería (en Mb/d).

La gráfica de arriba la he generado yo con datos del Joint Oil Data Initiative. Son los valores mensuales de la producción de diésel en las refinerías de todo el mundo hasta junio de 2026. Los dos o tres últimos meses no son muy fiables porque algunos países tardan en reportar. Además, la producción de Rusia está extrapolada desde su valor medio en 2021 porque desde 2022 no hay datos de ese país. Es una gráfica, por tanto, con muchas limitaciones y pegas. Y aún así cuenta una historia muy simple: la producción mundial de diésel tocó máximo en el período que va de 2015 a 2017; nunca fue capaz de recuperar esos niveles, ni siquiera después de la pandemia; y este año sin duda la situación es catastrófica. Quizá Vd. no nota que falte diésel en su gasolinera, pero seguro que falta en una mina en algún país recóndito y por eso se está extrayendo menos de alguna materia prima que sí que va a impactarle en su trabajo o su vida cotidiana.

El verano se acabó. Ahora viene el ajuste de cuentas. Nada nos va a salvar de una crisis económica (que podría agravarse o retroalimentarse con el estallido de la burbuja de la inteligencia artificial). Será cuestión de días, semanas o meses, pero nada se puede hacer por evitarla ya. Por eso hicimos la campaña de No Normal. Por eso les insto a que se organicen y se preparen para lo que viene (no reinventen la rueda, apóyense en las organizaciones que ya existen en su zona).

No pasa nada. Hasta que, de repente, pasa de todo. 

P. Data: el próximo 30 de septiembre sale a la venta mi nuevo libro, "El fondo del pozo". Ojalá no hubiera tenido que escribirlo. Y todavía hay quien se atreve a decir que estamos a punto de conseguir la "prosperidad ecológica", válgame el cielo...


El fondo del pozo.



Fuente: The Oil Crash

jueves, 30 de julio de 2026

No pasa nada

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

     Ahora que por fin tengo un poco menos de carga de trabajo, he estado echándole un vistazo a las estadísticas del la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES). CORES es una institución española encargada de controlar el estado de petróleo, productos petrolíferos y gas natural en España, con capacidad ejecutiva (es el organismo encargado de gestionar las reservas estratégicas del estado, pero también monitoriza el estado de las reservas comerciales, las que controlan las compañías privadas).

Si acceden a la sección de estadísticas, podrán encontrar datos mensuales de importación, exportación, existencias y consumo. La interpretación de los datos no es tan sencilla como podría parecer, porque las fluctuaciones en las cantidades de un mes a otro son muy importantes por cuestiones logísticas diversas (por ejemplo, un petrolero que se retrasa reduce sensiblemente el balance de un mes e incrementa el del mes siguiente). Por eso la valoración de los datos debe hacerse con cierta precaución y aceptando que el margen de incertidumbre (más que de error) es relativamente elevado, debido a esa gran variabilidad intrínseca. Para hacer comparaciones en importaciones y exportaciones, tomaré como referencia la media de 2025.


Series estadísticas actualizadas.

De todas maneras, y con todas esas salvedades, hay una cosa que es bastante clara: hasta el 31 de mayo (que es donde llega la serie que he analizado, aunque en breve estará hasta el 30 de junio), las reservas de España se mantienen en valores máximos, equivalentes a unos 102 días de consumo nacional aproximadamente - de hecho, se han incrementado las reservas con respecto a los 95 días que había a principios de año. Eso se ha conseguido sin que se observe una disminución en el consumo interior. ¿Cómo se ha obrado este prodigio, en una situación de escasez originada por el cierre del estrecho de Ormuz? Analicémoslo.

Fijémonos primero en las importaciones de petróleo crudo. El promedio de los cinco primeros meses del año registra una ligera caída (1,4%) con respecto al mismo período de 2025. Eso representa una bajada de unas 70.000 toneladas mensuales; dividiendo por 140, eso equivale a 500.000 barriles mensuales o 16.000 barriles diarios. Por comparación, el consumo medio de productos petrolíferos en España es de 1,25 millones de barriles diarios o 37,5 millones de barriles mensuales, así que la caída de las importaciones de crudo vendrían a ser como un 1,3% del consumo español. Mirando el detalle, se ve que las importaciones cayeron drásticamente en febrero y marzo, alrededor de un 10% respecto a los valores de 2025, pero en abril subieron hasta un 10% por encima de la media, y en mayo se quedaron un 2% por encima de la media. Si nos fijamos en las variaciones según los países de los que importamos, han caído fuertemente las importaciones de Oriente Medio (lógicamente) y de los EE.UU., y han aumentado principalmente las de los países africanos y especialmente de Libia y Argelia. 

Pero también son importantes las importaciones de productos petrolíferos: España cubre algo más del 80% del consumo nacional de diésel y queroseno con la producción de sus refinerías, pero el resto se tiene que importar. Si analizamos la situación con la importación de productos petrolíferos, la caída es más considerable, de unas 200.000 toneladas mensuales (un 8% de las importaciones de productos), equivalente a 1,1 millones de barriles mensuales, que igualmente es poco comparado con el consumo nacional (un 3%). El problema, por supuesto, es que tiene una incidencia importante en esos dos combustibles, diésel y queroseno.

En resumen, las importaciones de petróleo crudo y productos petrolíferos han caído en los 5 primeros meses el equivalente al 4,3% del consumo nacional. Entonces, ¿cómo se lo ha hecho España para no solo no reducir sus reservas, sino incluso aumentarlas?

Fácil: reduciendo las exportaciones de productos petrolíferos. Drásticamente: alrededor de 360.000 toneladas mensuales (un 20% de las exportaciones). Caen algo las exportaciones de gasóleos (unas 83.000 toneladas menos, un 14%), suben en realidad las de querosenos (unas 11.000 toneladas, un 23% más), y lo que más cae son las exportaciones de gasolinas (131.000 toneladas, un 29%) y "otros productos" (principalmente, lubricantes, asfaltos y coque; caen 114.000 toneladas, un 24% menos).

De ese modo, España está manteniendo altas sus reservas y evita tener que implementar las medidas de racionamiento que prevé la ley. Sin embargo, los datos que he mostrado arriba permiten intuir algo preocupante. Y es que se estaría almacenando más gasolina y la categoría de "otros productos", y que en realidad estarían cayendo otras categorías en lo almacenado. Por desgracia, CORES no da la clasificación de las existencias por tipo de producto petrolífero. Y tampoco da los datos de producción de las refinerías mes a mes sino por año completo (el último, por tanto, es de 2025), y sin esos datos es complicado saber qué es lo que se está almacenando. Y aunque podría usar datos promedio de las refinerías del año 2025, no está claro que sean comparables con lo que está pasando ahora mismo, ya que si cambias el tipo de petróleo que procesas (obligado, por los cambios de orígenes de la importación), cambia la cantidad de producto (y eso sin contar con la necesidad de contar con otras materias primas, como el molibdeno). 

Pero lo que sí que puedo hacer es comparar los cambios en importaciones y exportaciones de productos petrolíferos (siempre en referencia al promedio de 2025):


Comparacíon de los cambios en importaciones y exportaciones de productos petrolíferos (siempre en referencia al promedio de 2025).

La tabla de arriba nos da una idea de qué es lo que está yendo hacia el almacenamiento. Para hacer las cosas correctamente, tendríamos que poner la salida de las refinerías y por último descontar el consumo nacional. Pero en cuanto al segundo, no ha variado sustancialmente, y en cuanto al primero, sabemos que las importaciones han caído ligeramente, así que probablemente ninguno de los dos tiene un impacto muy grande sobre el balance de la tabla de arriba. 

¿Y qué dice la tabla de arriba? Que, hasta mayo de 2026, en el almacenamiento hemos aumentado ligeramente la cantidad de gasolina, significativamente la de gasóleos y en gran medida la de "otros productos". Y que ha bajado la de GLP y la de fuelóleos - el queroseno prácticamente no varía, sube muy poco.

La buena noticia es que estamos almacenando más gasóleo (categoría que incluye el diésel), que es un combustible fundamental. La mala, que bajamos fuelóleos, que es un combustible importante en los usos industriales (barcos, generación de electricidad, etc). Y la preocupante, que estamos llenando nuestros almacenes de "otros productos", que tampoco está tan claro que necesitemos tanto, pero que sirven para que las reservas se mantengan elevadas -al menos, desde el punto de vista estadístico- y se evite la activación de los mecanismos de racionamiento previstos por la ley. Un pequeño truco contable para redondear la estadística.

Con todo, España está capeando bien esta crisis, y eso es algo que se tiene que reconocer. La presencia de 8 refinerías en su territorio le da un margen de maniobra que otros no tienen. También es cierto que, con el recrudecimiento de las hostilidades entre EE.UU. e Irán, veremos cuánto de esto se puede mantener en los próximos meses. Pero objetivamente en España se han tomado medidas efectivas para mantenerse el mayor tiempo posible.

Veamos cómo está la situación en el resto del mundo.

En un reciente artículo de The Honest Sorcerer, éste mostraba cómo está evolucionando el ritmo de extracción de petróleo desde la reserva estratégica de los EE.UU.


Tasa de extracción promedio diaria de EE. UU.

Esta clara caída en la extracción de petróleo obedece a que los niveles de los almacenes subterráneos de los EE.UU. son críticamente bajos, probablemente más bajos de los niveles para los que fueron diseñados como seguros. Comenta también que en un reciente informe del gobierno estadounidense se describen fallos de maquinaria y vertidos, y que hay el riesgo de que si se reduce demasiado el nivel de la reserva, los reservorios donde están contenidos pueden empezar a infiltrarse de agua y a derrumbarse. Teniendo en cuenta la evolución de la extracción, parece poco probable que EE.UU. vaya a poder seguir exportando petróleo de la reserva como hasta ahora. Pensemos que desde el comienzo de la guerra y hasta abril, EE.UU. incrementó en 2 millones de barriles diarios (Mb/d) sus exportaciones de petróleo.


Fuel.

Por su parte, China redujo sus importaciones de unos 10 Mb/d a unos 5,0 Mb/d, liberando así nada menos que 5 Mb/d para aliviar las carencias del mercado.

Sin embargo, parece que este mes China ha incrementado sus importaciones desde los 4,9 Mb/d de principios de julio a los 7,8 Mb/d. Si este movimiento se confirma, el colchón que ofrecía China se habría reducido de 5 a 2,2 Mb/d.

Pero, ¿cuánto petróleo está faltando desde el principio de la guerra? Según reconocen tanto la Agencia Internacional de la Energía como el Departamento de Energía de los EE.UU., al menos 13 Mb/d.

EE.UU. aportó 2 Mb/d y China redujo sus importaciones 5 Mb/d, pero aún así han estado faltando 6 Mb/d, lo que viene a ser el 6% de la producción mundial o el 12% del petróleo disponible comercialmente. En ese contexto, España lo ha hecho muy bien, pues solo le ha faltado el 4,3%, pero eso está claro que se logra a costa de que otros tengan déficits peores que el 12%.,

¿Quiénes?

Obviamente, los países del Sur global: países de África, América Latina y el sudeste asiático. También se ha visto severamente afectados Australia, Japón o la India. Esto ha llevado a países como China, India, Japón o Corea del Sur a incrementar su consumo de carbón para compensar parte de su faltante energético. Y progresivamente el problema ha ido afectando a los países del norte. En EE.UU. el precio del galón de gasolina ha vuelto a los 4 dólares, un precio alto para ese país. En Francia, más de 2000 estaciones de servicio tienen restricciones de combustible (el enlace se actualiza, y en el momento que Vd. lo consulte puede reflejar un número diferente). También hay problemas de aprovisionamiento en Luxemburgo, y tensiones en Hungría y hasta en Alemania para ciertos combustibles.

Pero lo peor son los problemas estructurales en el precio de los carburantes. Aunque los EE.UU. están haciendo todo lo que tiene en su mano para controlar el precio del barril de Brent y del WTI (al final, son mercados muy pequeños, ya que las cantidades realmente comerciadas de esas referencias son simbólicas), lo que no para de crecer son los márgenes de refino, es decir, la diferencia entre el valor de un barril de petróleo crudo y uno de un producto refinado. Por ejemplo, el diésel ya está casi en los 90$ por barril (piensen que no hace tanto el margen de refino era de unos pocos dólares).

La razón de este incremento de los márgenes es la falta de petróleos adecuados para las refinerías, y es que los crudos del Golfo Pérsico son estratégicos para la producción de destilados medios como son el gasóleo o el queroseno. Es por eso que en toda Europa estamos viendo que el precio de los carburantes se está acercando ya a los 2$ por litro.

Estamos en tiempo de descuento. Cuanto más se alargue esta situación, más problemas se acumularán, más crecerá la crisis económica y más costará recuperarse. Además, la prolongación de las hostilidades entre Irán y EE.UU. está llevando a más destrucción de infraestructuras en el Golfo Pérsico, lo cual, ya lo comentamos, implicará una pérdida permanente de la producción de petróleo y una aceleración del declive final, y eso sin contar con el resto de materias primas afectadas. Confirmando lo que decíamos en el post anterior, la paz entre Irán y EE.UU. era muy precaria y en cualquier momento iba a saltar por los aires. Ahora, tras unos días de hostilidades, se vuelve a escenificar una vuelta a la mesa de negociaciones; y, poco tiempo después, los ataques volverán a comenzar. No hay posibilidad de entendimiento, en realidad. Irán y EE.UU. no se pueden poner de acuerdo porque sus intereses son opuestos: Irán quiere controlar el estrecho de Ormuz para garantizar unos ingresos constantes que le permitan financiar su esfuerzo bélico para resistirse a los norteamericanos, y éstos no pueden consentir que se establezca ese peaje. Esto solo puede acabar si uno de los dos se rinde. 

Pero España está bien aprovisionada y va a aguantar, al menos a nivel de suministro (otra cosa será el precio de los combustibles). No va a ver restricciones generales a corto plazo, aunque sí que puede haber problemas, de algún tipo, con el queroseno y el diésel. Así que, querido lector, váyase tranquilo de vacaciones si no lo ha hecho ya, que no pasa nada. O sí.



Fuente: The Oil Crash

miércoles, 25 de marzo de 2026

Dead man walking

 

 Por Antonio Turiel    
       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.



     La guerra de Irán entra en su cuarta semana. Una vez más, para evitar un pánico y hundimiento generalizado de las bolsas al abrir la sesión del lunes, se ha tenido que inventar una noticia para apaciguar al mercado. En este caso, Donald Trump ha decretado una tregua de 5 días (solo de la parte americana, Israel va a la suya), según él, gracias a fructíferas conversaciones con Irán durante este fin de semana (conversaciones ya desmentidas por las autoridades iraníes).

Estamos en tiempo de descuento. En las próximas semanas llegarán los últimos buques que salieron de Ormuz antes del cierre, y cuando esto suceda, la escasez de manifestará con toda su crudeza e intensidad. De hecho, las cosas ya están yendo horriblemente mal. La lista de países que están sufriendo problemas de suministro de combustible o incluso han impuesto medidas de racionamiento (Japón, Australia, Nueva Zelanda, India, Tailandia...) va creciendo a medida que pasan los días. China ha restringido la exportación de fertilizantes, y en los EE.UU. se estima que en esta campaña faltarán entre el 25 y el 35% de los fertilizantes que habitualmente se usan. 


Un trabajador se encuentra junto a sacos de fertilizantes descargados de un buque de carga en un puerto de Lianyungang, provincia de Jiangsu, China.


Una imagen tomada con un dron muestra un tractor y una sembradora de soja estacionados en una granja de soja en Somonauk, Illinois, EE. UU.


La escasez de helio va a causar una fuerte caída de la producción de chips en unas semanas, y por no hablar de la desastrosa situación del aluminio o del cobre, por citar un par de materias primas.


La guerra entre Irán y Qatar interrumpió el suministro de helio.


Pero en realidad todo está afectado. De manera para nada sorprendente para los lectores tradicionales de este blog, en este momento una de las cosas que más escasea es el diésel, y eso afecta a absolutamente todo, a la cadena de suministros de todo tipo de materias primas.

No parece haber una solución sencilla. Irán no va a cejar si no hay un compromiso de no agresión creíble por parte de EE.UU. y de Israel, garantizado por grandes potencias como Rusia y China, y una reparación de guerra a la altura del daño que se ha causado. No puede hacerlo por menos, pues sabe que si cede ahora, dentro de unos meses volverán a atacarle, tras rearmarse. Pero esas condiciones son completamente inaceptables para EE.UU. e Israel. Realmente, no hay ningún tipo de salida sencilla para este atolladero. Todo apunta a que se va causar un daño estructural inmenso en el edificio de la economía mundial.

Poniéndome ahora en el contexto de España y de Europa, siendo honestos, salvo que suceda algo ahora mismo inimaginable (literalmente un milagro) nos vamos a estrellar. No es imaginable ningún otro desenlace. Vamos a sufrir una pérdida muy duradera, quizá incluso permanente, de un 25% o más de nuestro consumo energético, y va a suceder durante los próximos meses. Vamos a ver como una buena parte de nuestras industrias se hunden para nunca jamás recuperarse. Vamos a ver como el paro de dispara. Y en fases avanzadas de esta debacle, vamos a ver escasez de combustibles y hasta de alimentos.

Quizá los amos del mundo tienen resortes que no somos capaces de imaginar, quizá tienen manera de detener en seco en este guerra y con ella este desastre. No lo sé. Yo ni sé ni puedo saber estas cosas. Sí que sé que, sin un cambio radical de rumbo, nos vamos a hundir, y muy hondo. E incluso si se produjera ese milagro, solamente por el destrozo que ya se ha causado, las consecuencias ya serían bastante duras en los próximos años. Aunque, claro, nada por comparación con el hundimiento actual.

Ahora mismo estamos perdiendo alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, que es como el 20% del consumo mundial y, lo que más nos importa a nosotros, eso representa un 40% del petróleo disponible para la exportación. Falta también como el 20% del gas natural licuado, el 30% de los fertilizantes nitrogenados, el 30% del helio, el 30% del aluminio, el 30% del azufre (se necesita para hacer ácido sulfúrico para procesos industriales, incluyendo la obtención de cobre)... Hay un atasco de contenedores increíble en la zona. La falta de petróleo crudo medio de la zona del Golfo Pérsico afecta especialmente a la producción de diésel. Y también a la de queroseno. De hecho, algunas compañías aéreas comienzan a cancelar vuelos.


Algunas compañías aéreas comienzan a cancelar vuelos.

Lo que le pase después al turismo, Dios dirá.

Esto no va a ser una crisis más. Esto va a ser una catástrofe económica. Combinada con el estallido de las burbujas financieras desmesuradas que se han inflado durante los últimos años, resulta difícil alcanzar a comprender la magnitud de lo que va a pasar.

Esto es pura aritmética. No hay ninguna buena salida si Ormuz sigue cerrado. Que el mundo no se precipite en un abismo depende solamente de que se reabra esa vía crítica.

Ciertamente, el cierre de Ormuz deletrea todas las letras del fin del capitalismo necroterminal, sistema destructivo y voraz al que no echaremos de menos. El problema no es tanto el fin del capitalismo, sino el cómo se va a producir este fin. Porque en vez de pasar a un sistema de redes de resiliencia preparadas para acoger a la Humanidad, en la mayor parte de este planeta caeremos literalmente sin red.

Probablemente esto es lo mejor que podía pasar. Con un Cambio Climático desbocado y multitud de otros problemas ambientales, no podíamos hacernos ilusiones de que se produjera un descenso ordenado y controlado. Probablemente tenía que pasar algo así, drástico, una detención violenta, si tenía que haber algún margen de poder construir algo en el futuro. Aún así, la mayor preocupación es cómo garantizar que el hundimiento del capitalismo no se convierta en una hecatombe con millones de muertos.

Dadas las circunstancias, las medidas que se tendrían que estar promulgando a diestro y siniestro tendrían que ir de soberanía alimentaria, de garantizar mínimos vitales, de definir sectores estratégicos, de supeditar todos los bienes al objetivo común de garantizar la supervivencia de todo el mundo, de adaptarnos lo más rápido posible a estos tiempos de tribulación y zozobra que se nos van a echar encima.

Pero no. Nada eso está en la hoja de ruta. 

Ayer pasé una parte de la tarde revisando las líneas principales del decreto de medidas urgentes que el gobierno de España ha propuesto para hacerle frente a esta nueva crisis trumpiana. Lo cierto es que no me esperaba encontrarme ninguna sorpresa, y así la mayoría de las medidas iban por los derroteros esperables. Por un lado, rebaja a la fiscalidad de la energía, una medida poco útil y de efecto limitado en el tiempo, ya que al bajar el precio aumenta la demanda y el precio vuelve a subir hasta ajustarse a la oferta posible, con lo que se vuelve al mismo precio de partida al cabo de un par de semanas, con la diferencia de que las empresas se quedan con un margen mayor y el Estado con uno menor. Por el otro, medidas para acelerar la transición energética, siempre dentro del modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI), aunque ya hay alguna mención a los gases renovables. De burbuja en burbuja.


De burbuja en burbuja.


Algunas sorpresas agradables es que se recupera la distancia de 5 km para definir las comunidades energéticas, que se había intentando introducir en el decreto antiapagón del año pasado; y otras que no lo son tanto, como es la creación de Zonas de Aceleración Renovable, donde se pretende aplicar el rodillo para que de desplieguen rápidamente las macroplantas eólicas y fotovoltaicas.

Leía las medidas y pensaba: ¿y para qué? ¿y qué más da? Estos días, mientras me entrevistaban para diversos medios, volvía a salir el tema de la transición energética y cómo la mayor penetración renovable de España le ha garantizado de momento menores precios de la electricidad que Europa. Menores precios ahora que aún no ha empezado la escasez: ya veremos qué pasa cuando los socios europeos se empiecen a dar bofetadas por el gas. En la mayoría de las entrevistas, se daba por hecho de que el cierre del Estrecho de Ormuz va a favorecer la transición energética, sin entender que todo el sistema depende de una megamáquina industrial que produce todo lo que se necesita para el REI, desde el cemento hasta el metacrilato, los marcos de aluminio o la fibra de vidrio de las aspas, usando cantidades ingentes de combustibles fósiles. Y es esa misma megamáquina industrial la que se va a detener ahora, y no vamos a tener opción ni de fabricar un tornillo.

En medio de la situación que tenemos, plantearse que la respuesta es la transición renovable es como si se declarase un incendio en casa y piensas que es un buen momento para llamar a un albañil para que te instale puertas cortafuegos. Eso podría haber sido útil en otro momento, pero ahora ya no. Ya no hay tiempo para eso. Ahora tenemos que prepararnos de verdad para el impacto. El sistema aún está en pié y sigue dando pasos, pero está muerto, y en cualquier momento va a desplomarse. Deberíamos estar preparándonos para eso.

Y si Vd. está pensando que ojalá se produzca el milagro y se reactive el flujo energético y material a través de Ormuz, piense que eso garantizaría un caída peor más tarde. En realidad, lo que ya no puede esperar es organizar el futuro más allá del capitalismo extractivista.



Fuente: The Oil Crush