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domingo, 2 de agosto de 2026

Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel y por eso lo han destituido

 

 Por David Hearst   
      Cofundador y redactor jefe de Middle East Eye. Es comentarista y conferenciante sobre la región, además de analista de Arabia Saudí.


La orden de detención de la CPI contra Benjamin Netanyahu ha sido, hasta la fecha, el único intento serio de la comunidad internacional de llevar al Estado israelí ante la justicia por el genocidio en Gaza. El fiscal Karim Khan, la persona que presentó la orden de detención ha sido destituida por la CPI bajo acusaciones falsas


Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel y por eso lo han destituido.


     Entre la avalancha de reacciones que siguieron a la destitución, tan previsible, del fiscal jefe Karim Khan por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) el viernes, hubo una publicación reveladora. La realizó Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU, quien advirtió al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Mamdani acababa de calificar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de criminal de guerra que debería ser detenido la próxima vez que pisara suelo estadounidense, aunque Mamdani admitió que no tenía competencias para hacerlo.

Danon repitió la afirmación —que ahora parece haberse confirmado como un hecho— de que Khan utilizó las órdenes de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa para encubrir sus presuntas faltas sexuales.

Tal y como dejó claro la investigación de Middle East Eye, Khan presentó las órdenes de detención, meticulosamente preparadas, seis semanas antes incluso de tener conocimiento de las acusaciones. Pero la verdad y las garantías procesales fueron irrelevantes en la campaña de 18 meses destinada a destituir a Khan. La presión incluyó una campaña mediática en el Wall Street Journal, Associated Press, The Guardian y, más recientemente, la CNN; advertencias privadas de David Cameron, entonces ministro de Asuntos Exteriores, quien le dijo que el Reino Unido retiraría la financiación a la CPI y se retiraría del Estatuto de Roma si se emitían las órdenes de detención; senadores republicanos que le dijeron: « Si te enfrentas a Israel, nosotros nos enfrentaremos a ti», y el hecho de que la presidenta de la Asamblea de los Estados Partes (AEP), la finlandesa Paivi Kaukoranta, lo señalara públicamente como sospechoso antes incluso de que hubiera tenido la oportunidad de defenderse.

Danon amenazó a Mamdani con el mismo destino que el de Khan. «@NYCMayor Zohran Mamdani, toma nota: utilizar a Israel como arma política no te eximirá de rendir cuentas», publicó Danon.

Un nuevo precedente

En el pasado, Israel prefería actuar entre bastidores. Cuando intentó presionar a la predecesora de Khan, la fiscal jefe Fatou Bensouda, lo hizo con discreción.La exfiscal describió en una entrevista con Al Jazeera una reunión con el entonces jefe del Mossad, Yossi Cohen, en un hotel de Nueva York durante una sesión de la Asamblea General de la ONU. Cuando se le preguntó si Cohen le había dicho que Israel podría «ocuparse» de ella y le había advertido de que seguir adelante podría comprometer la seguridad de su familia, Bensouda respondió: «Sí. Así fue».

Pero esta campaña para apartar a Khan sentó un nuevo precedente. Israel reivindicó su autoría desde el principio y no hizo ningún intento de ocultar, ni al propio Khan ni al mundo exterior, que estaba detrás de estas acusaciones.

Envió un equipo del Mossad a La Haya, donde vive Khan, para intimidarlo. Transmitió mensajes a Khan a través de un abogado británico, aunque este afirmó a MEE que solo hablaba a título personal. Finalmente, el propio Netanyahu «reveló» que otras cuatro mujeres se disponían a testificar contra Khan. Esto ocurrió horas antes de que The Guardian afirmara que había una segunda mujer a punto de dar un paso al frente.

Por supuesto, no pasó nada.

Khan se mantuvo firme en su postura y en su convicción de que la CPI, de entre todos los tribunales, respetaría las garantías procesales. Esta última confianza puede haber sido muy mal depositada. Las acusaciones contra Khan fueron investigadas durante más de un año por la Oficina de Servicios de Supervisión Interna (OIOS). Esta oficina formuló 137 conclusiones, ninguna de las cuales constituía una conducta indebida, y mucho menos una conducta sexual indebida.

Las pruebas recabadas por la OIOS fueron posteriormente revisadas meticulosamente por un tribunal compuesto por tres jueces internacionales de alto rango designados por la Asamblea de los Estados Partes (ASP).

Este tribunal judicial decidió que las conclusiones de la OIOS «no demuestran conducta indebida ni incumplimiento del deber» por parte de Khan. Se aplicaron los mismos criterios probatorios que utiliza la propia CPI. A continuación, la propia ASP puso en marcha una campaña para sabotear el informe elaborado por los jueces que ella misma había designado.

Un tribunal irregular

Permítanme insistir en este último punto.

Estamos hablando de un tribunal. En él, los jueces son nombrados por su capacidad para examinar y evaluar las pruebas. Y aquí tenemos a la Mesa Política, formada por antiguos diplomáticos designados por los Estados miembros, decidiendo invalidar el dictamen jurídico de sus jueces de mayor rango y volver a juzgar las acusaciones por su cuenta en un tribunal irregular.

Imagínense cuál habría sido la reacción de los gobiernos occidentales si el presidente ruso, Vladímir Putin —contra el que Khan también ha dictado una orden de detención— hubiera hecho lo mismo que Netanyahu para presionar a los Estados miembros de la CPI.

Pero fue incluso peor que eso.

Para destituir a Khan, la Mesa de la Asamblea de los Estados Partes, el órgano rector de la Corte, tuvo que negarle a él y a sus abogados el derecho a un proceso justo o, de hecho, a cualquier tipo de proceso. Entre otras cosas, los miembros de la Mesa comentaron en privado al denunciante y entre ellos mismos que Khan estaba acabado; modificaron el motivo por el que se le iba a destituir sin consultárselo; y cambiaron las normas de votación.

Margareta Kassangana, diplomática polaca y vicepresidenta de la ASP, se reunió en privado con la denunciante de Khan para discutir el caso antes de que la Mesa remitiera el asunto a la OIOS de la ONU a finales de 2024.

Se escuchó a otra miembro de la Mesa, la embajadora de Uganda Mirjam Blaak, decirle a un colega que creía que Khan «quizá no volviera», al tiempo que se refería a la denunciante en términos personales.

En mi entrevista con él, Khan afirmó que la Mesa se estaba inventando las cosas sobre la marcha. «Es un proceso creado a medida para Khan… específico para mí».

En su votación para suspender a Khan, la Mesa consideró que había cometido una «falta grave». La decisión, a la que ha tenido acceso MEE, acusaba a Khan de haber mantenido una relación sexual con la denunciante, lo cual era impropio debido al desequilibrio de poder entre ambos.

Esta acusación nunca se le había planteado a Khan. Se le acusó primero de haber tocado a la denunciante, luego de violación, pero nunca de haber mantenido una relación sexual consentida.

El relato de la denunciante se centraba en una conducta no consentida. La oficina lo despidió basándose en un cargo que nunca le habían imputado.

Con el fin de garantizar que el «linchamiento público» de su fiscal jefe se llevara a cabo según lo previsto, la oficina modificó el proceso de votación, pasando de una votación en dos fases a una única votación, de tal forma que se privara a la ASP de la oportunidad de formular su propia valoración de la supuesta conducta indebida.

Tres bandos

La campaña para destituir a Khan dividió a los observadores en tres bandos: los que creían en su inocencia y que todo el proceso había sido orquestado por Israel; los que creían que era culpable y que utilizaba las órdenes de detención como tapadera; y un grupo intermedio que consideraba que Khan no era un «fiscal creíble», aunque su conducta principal como fiscal sí lo fuera. Su destitución permitiría que las órdenes de detención que él había iniciado siguieran adelante.

Esta era la opinión de Kenneth Roth, exdirector de Human Rights Watch. Roth declaró en la CNN que, dado que las órdenes de detención eran fruto del trabajo de un equipo de fiscales y habían sido aprobadas por tres jueces de la sala de instrucción, debían seguir adelante.

Tras la destitución de Khan, la Fiscalía de la CPI afirmó que su labor continuaría sin interrupción. La CPI tiene más de una docena de investigaciones en curso en Ucrania, Darfur, Libia y Afganistán. Sin embargo, tal y como informó Middle East Eye, la Fiscalía intentó en abril emitir una orden de detención contra el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, y se estaba preparando otra contra el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir.

Esas solicitudes estaban listas antes de que Khan se tomara una excedencia en mayo de 2025 y desde entonces no ha habido novedades.

Las órdenes de detención originales contra Netanyahu y Gallant siguen vigentes y solo los jueces pueden revocarlas. Israel ha presentado una serie de recursos judiciales y dos de ellos siguen pendientes. El más importante de ellos es que el tribunal no tiene jurisdicción sobre sus ciudadanos, ya que Israel no es un Estado parte del Estatuto de Roma.

Este asunto está siendo ahora objeto de un tira y afloja entre la Sala de Apelaciones y una sala inferior, y es muy posible que la resolución definitiva no se produzca hasta 2027.

En una de las muchas propuestas para que Khan diera marcha atrás, se sugirió permitir que la fiscal jefe «bajara del árbol». Se propuso que Khan reclasificara las órdenes de detención como confidenciales. Esto permitiría a Israel impugnarlas a puerta cerrada.

Por lo que se sabe, toda la labor relativa a Israel en la CPI se ha paralizado.

Dos fiscales adjuntas, Nazhat Shameem Khan, de Fiyi, y Mame Mandiaye Niang, de Senegal, siguen al frente de la oficina. Ambas fueron sancionadas por Estados Unidos por mantener las órdenes de detención contra Netanyahu y Gallant tras asumir el liderazgo de la oficina. Quienes están al frente de la campaña para deshacerse de Khan ahora se jactan de que quieren más cabezas.

¿Quién será el siguiente?

El principal de ellos es el Departamento de Estado de EE. UU. Su portavoz, Tommy Pigott, declaró: «Karim Khan es un ejemplo paradigmático de la corrupción y el abuso de su supuesta autoridad por parte de la CPI. Es positivo que se haya ido, pero no es más que un pequeño engranaje de esta institución irremediablemente corrupta. El resultado de hoy no tendrá ningún impacto en los planes de Estados Unidos de desmantelar la CPI». Estados Unidos e Israel coaccionan a la Corte Penal Internacional – Rafael Poch de Feliu.


Estados Unidos e Israel coaccionan a la Corte Penal Internacional.

Su jefe, Marco Rubio, está llevando a cabo una campaña para desmantelar la CPI «ladrillo a ladrillo», tal y como él mismo ha dicho. Afirmó: «La Corte Penal Internacional pretende convertirse en el árbitro, exento de rendir cuentas, de una nueva ley global, con facultades para procesar y detener a nuestros ciudadanos a su antojo y amenazar de forma existencial la soberanía estadounidense. Le enseñaremos a la CPI el verdadero significado de la determinación estadounidense».

Animados por la destitución de Khan, destacados abogados proisraelíes están amenazando ahora abiertamente a otros objetivos, como Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados.

Hillel Neuer, director de United Nations Watch, publicó: «Se acabó la inmunidad para los funcionarios internacionales que abusan de sus cargos. El fiscal de la CPI, Karim Khan, abusó sexualmente de sus empleadas. Nuestra campaña para destituirlo ha tenido éxito: acaba de ser despedido».

«Tú eres la siguiente, @FranceskAlbs. Tu apoyo al terrorismo de Hamás tendrá consecuencias».

Fíjense en la palabra «nuestro».

Pero, por supuesto, en este punto Neuer no podía haber sido más acertado. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, desempeñó un «papel activo» en la decisión de los Estados miembros de la CPI de destituir a Khan.

Sa’ar supervisó «un grupo de trabajo específico y llevó a cabo intensos esfuerzos diplomáticos destinados a garantizar la destitución de Khan», según Guy Azriel, corresponsal diplomático de i24 News.

Netanyahu, que acogió con satisfacción la decisión, publicó que había hablado con Rubio sobre dar el golpe de gracia a la CPI. «Reafirmó una vez más la determinación de Estados Unidos de actuar con firmeza contra esta institución —una institución que socava la justicia, ataca a naciones democráticas y soberanas, y pretende subordinar su seguridad a las decisiones de funcionarios corruptos y que no rinden cuentas en La Haya», escribió Netanyahu.

Al sumarse a la campaña para destituir a Khan, Roth no ha protegido a la CPI ni a sus colegas abogados de derechos humanos de este tipo de abusos y ataques. Ha puesto aún más en peligro tanto a la corte como a ellos.

Una batalla perdida

Es revelador que, el mismo día de la destitución de Khan, la ONU votara a favor de conceder al abogado austriaco Volker Turk otro mandato de cuatro años como responsable de derechos humanos. Israel ignoró este revés y no hizo ningún esfuerzo apreciable por contrarrestarlo.

Esto se debe a que sabe que lo que hace la ONU es irrelevante. Ha emitido resolución tras resolución, declaración tras declaración, informe tras informe y nada ha cambiado con respecto a la ocupación, salvo para peor.

Pero lo que hizo Karim Khan tuvo un gran impacto. Fue la amenaza internacional más importante para Israel desde que este iniciara su genocidio en Gaza. Por eso había que deshacerse de Khan.

Israel está librando una batalla perdida.

El vídeo de Mamdani en el que condena a Netanyahu como criminal de guerra superó los 200 millones de visualizaciones.

Tras la destitución de Khan, YouGov preguntó a los adultos estadounidenses si las autoridades de EE. UU. deberían detener a Netanyahu cuando vuelva. El 46 % respondió que sí, el 28 % que no y el 25 % no estaba seguro.

Al día siguiente, el alcalde de Londres, Sadiq Khan, afirmó que Netanyahu era un criminal de guerra y que no era bienvenido en Londres.

Este es el legado de un fiscal británico obstinado que se negó a dejarse intimidar.

Los Estados miembros de la CPI han suspendido la prueba de defender la justicia internacional. El difunto senador Lindsey Graham tenía razón cuando dijo que la CPI era solo para «africanos y matones como Putin. No es para democracias como Israel y los Estados Unidos de América». Porque así es como se ha comportado la mayoría de sus Estados miembros. Cuando se vieron sometidos a presión, cedieron y, lamentablemente, eso incluye al Sur Global. Cuando necesitan justicia internacional y descubren que no la hay, solo pueden mirarse a sí mismos en el espejo.

Pase lo que pase ahora con Khan, su nombre quedará vinculado para siempre a las órdenes de detención de la CPI contra Netanyahu y Galant, que siguen siendo la respuesta más eficaz, seria y significativa que la comunidad internacional ha dado al genocidio en Gaza. Todas las demás respuestas son meramente retóricas. Por eso Israel se esforzó tanto por deshacerse de Khan. Esas órdenes de detención sacan a la luz los crímenes de guerra israelíes como nunca antes y, por primera vez en este conflicto, hacen que los máximos responsables del país rindan cuentas por ellos.

Khan se atrevió a plantar cara a los poderosos para buscar justicia para las víctimas, y ese será su verdadero legado.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

jueves, 30 de julio de 2026

No pasa nada

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

     Ahora que por fin tengo un poco menos de carga de trabajo, he estado echándole un vistazo a las estadísticas del la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES). CORES es una institución española encargada de controlar el estado de petróleo, productos petrolíferos y gas natural en España, con capacidad ejecutiva (es el organismo encargado de gestionar las reservas estratégicas del estado, pero también monitoriza el estado de las reservas comerciales, las que controlan las compañías privadas).

Si acceden a la sección de estadísticas, podrán encontrar datos mensuales de importación, exportación, existencias y consumo. La interpretación de los datos no es tan sencilla como podría parecer, porque las fluctuaciones en las cantidades de un mes a otro son muy importantes por cuestiones logísticas diversas (por ejemplo, un petrolero que se retrasa reduce sensiblemente el balance de un mes e incrementa el del mes siguiente). Por eso la valoración de los datos debe hacerse con cierta precaución y aceptando que el margen de incertidumbre (más que de error) es relativamente elevado, debido a esa gran variabilidad intrínseca. Para hacer comparaciones en importaciones y exportaciones, tomaré como referencia la media de 2025.


Series estadísticas actualizadas.

De todas maneras, y con todas esas salvedades, hay una cosa que es bastante clara: hasta el 31 de mayo (que es donde llega la serie que he analizado, aunque en breve estará hasta el 30 de junio), las reservas de España se mantienen en valores máximos, equivalentes a unos 102 días de consumo nacional aproximadamente - de hecho, se han incrementado las reservas con respecto a los 95 días que había a principios de año. Eso se ha conseguido sin que se observe una disminución en el consumo interior. ¿Cómo se ha obrado este prodigio, en una situación de escasez originada por el cierre del estrecho de Ormuz? Analicémoslo.

Fijémonos primero en las importaciones de petróleo crudo. El promedio de los cinco primeros meses del año registra una ligera caída (1,4%) con respecto al mismo período de 2025. Eso representa una bajada de unas 70.000 toneladas mensuales; dividiendo por 140, eso equivale a 500.000 barriles mensuales o 16.000 barriles diarios. Por comparación, el consumo medio de productos petrolíferos en España es de 1,25 millones de barriles diarios o 37,5 millones de barriles mensuales, así que la caída de las importaciones de crudo vendrían a ser como un 1,3% del consumo español. Mirando el detalle, se ve que las importaciones cayeron drásticamente en febrero y marzo, alrededor de un 10% respecto a los valores de 2025, pero en abril subieron hasta un 10% por encima de la media, y en mayo se quedaron un 2% por encima de la media. Si nos fijamos en las variaciones según los países de los que importamos, han caído fuertemente las importaciones de Oriente Medio (lógicamente) y de los EE.UU., y han aumentado principalmente las de los países africanos y especialmente de Libia y Argelia. 

Pero también son importantes las importaciones de productos petrolíferos: España cubre algo más del 80% del consumo nacional de diésel y queroseno con la producción de sus refinerías, pero el resto se tiene que importar. Si analizamos la situación con la importación de productos petrolíferos, la caída es más considerable, de unas 200.000 toneladas mensuales (un 8% de las importaciones de productos), equivalente a 1,1 millones de barriles mensuales, que igualmente es poco comparado con el consumo nacional (un 3%). El problema, por supuesto, es que tiene una incidencia importante en esos dos combustibles, diésel y queroseno.

En resumen, las importaciones de petróleo crudo y productos petrolíferos han caído en los 5 primeros meses el equivalente al 4,3% del consumo nacional. Entonces, ¿cómo se lo ha hecho España para no solo no reducir sus reservas, sino incluso aumentarlas?

Fácil: reduciendo las exportaciones de productos petrolíferos. Drásticamente: alrededor de 360.000 toneladas mensuales (un 20% de las exportaciones). Caen algo las exportaciones de gasóleos (unas 83.000 toneladas menos, un 14%), suben en realidad las de querosenos (unas 11.000 toneladas, un 23% más), y lo que más cae son las exportaciones de gasolinas (131.000 toneladas, un 29%) y "otros productos" (principalmente, lubricantes, asfaltos y coque; caen 114.000 toneladas, un 24% menos).

De ese modo, España está manteniendo altas sus reservas y evita tener que implementar las medidas de racionamiento que prevé la ley. Sin embargo, los datos que he mostrado arriba permiten intuir algo preocupante. Y es que se estaría almacenando más gasolina y la categoría de "otros productos", y que en realidad estarían cayendo otras categorías en lo almacenado. Por desgracia, CORES no da la clasificación de las existencias por tipo de producto petrolífero. Y tampoco da los datos de producción de las refinerías mes a mes sino por año completo (el último, por tanto, es de 2025), y sin esos datos es complicado saber qué es lo que se está almacenando. Y aunque podría usar datos promedio de las refinerías del año 2025, no está claro que sean comparables con lo que está pasando ahora mismo, ya que si cambias el tipo de petróleo que procesas (obligado, por los cambios de orígenes de la importación), cambia la cantidad de producto (y eso sin contar con la necesidad de contar con otras materias primas, como el molibdeno). 

Pero lo que sí que puedo hacer es comparar los cambios en importaciones y exportaciones de productos petrolíferos (siempre en referencia al promedio de 2025):


Comparacíon de los cambios en importaciones y exportaciones de productos petrolíferos (siempre en referencia al promedio de 2025).

La tabla de arriba nos da una idea de qué es lo que está yendo hacia el almacenamiento. Para hacer las cosas correctamente, tendríamos que poner la salida de las refinerías y por último descontar el consumo nacional. Pero en cuanto al segundo, no ha variado sustancialmente, y en cuanto al primero, sabemos que las importaciones han caído ligeramente, así que probablemente ninguno de los dos tiene un impacto muy grande sobre el balance de la tabla de arriba. 

¿Y qué dice la tabla de arriba? Que, hasta mayo de 2026, en el almacenamiento hemos aumentado ligeramente la cantidad de gasolina, significativamente la de gasóleos y en gran medida la de "otros productos". Y que ha bajado la de GLP y la de fuelóleos - el queroseno prácticamente no varía, sube muy poco.

La buena noticia es que estamos almacenando más gasóleo (categoría que incluye el diésel), que es un combustible fundamental. La mala, que bajamos fuelóleos, que es un combustible importante en los usos industriales (barcos, generación de electricidad, etc). Y la preocupante, que estamos llenando nuestros almacenes de "otros productos", que tampoco está tan claro que necesitemos tanto, pero que sirven para que las reservas se mantengan elevadas -al menos, desde el punto de vista estadístico- y se evite la activación de los mecanismos de racionamiento previstos por la ley. Un pequeño truco contable para redondear la estadística.

Con todo, España está capeando bien esta crisis, y eso es algo que se tiene que reconocer. La presencia de 8 refinerías en su territorio le da un margen de maniobra que otros no tienen. También es cierto que, con el recrudecimiento de las hostilidades entre EE.UU. e Irán, veremos cuánto de esto se puede mantener en los próximos meses. Pero objetivamente en España se han tomado medidas efectivas para mantenerse el mayor tiempo posible.

Veamos cómo está la situación en el resto del mundo.

En un reciente artículo de The Honest Sorcerer, éste mostraba cómo está evolucionando el ritmo de extracción de petróleo desde la reserva estratégica de los EE.UU.


Tasa de extracción promedio diaria de EE. UU.

Esta clara caída en la extracción de petróleo obedece a que los niveles de los almacenes subterráneos de los EE.UU. son críticamente bajos, probablemente más bajos de los niveles para los que fueron diseñados como seguros. Comenta también que en un reciente informe del gobierno estadounidense se describen fallos de maquinaria y vertidos, y que hay el riesgo de que si se reduce demasiado el nivel de la reserva, los reservorios donde están contenidos pueden empezar a infiltrarse de agua y a derrumbarse. Teniendo en cuenta la evolución de la extracción, parece poco probable que EE.UU. vaya a poder seguir exportando petróleo de la reserva como hasta ahora. Pensemos que desde el comienzo de la guerra y hasta abril, EE.UU. incrementó en 2 millones de barriles diarios (Mb/d) sus exportaciones de petróleo.


Fuel.

Por su parte, China redujo sus importaciones de unos 10 Mb/d a unos 5,0 Mb/d, liberando así nada menos que 5 Mb/d para aliviar las carencias del mercado.

Sin embargo, parece que este mes China ha incrementado sus importaciones desde los 4,9 Mb/d de principios de julio a los 7,8 Mb/d. Si este movimiento se confirma, el colchón que ofrecía China se habría reducido de 5 a 2,2 Mb/d.

Pero, ¿cuánto petróleo está faltando desde el principio de la guerra? Según reconocen tanto la Agencia Internacional de la Energía como el Departamento de Energía de los EE.UU., al menos 13 Mb/d.

EE.UU. aportó 2 Mb/d y China redujo sus importaciones 5 Mb/d, pero aún así han estado faltando 6 Mb/d, lo que viene a ser el 6% de la producción mundial o el 12% del petróleo disponible comercialmente. En ese contexto, España lo ha hecho muy bien, pues solo le ha faltado el 4,3%, pero eso está claro que se logra a costa de que otros tengan déficits peores que el 12%.,

¿Quiénes?

Obviamente, los países del Sur global: países de África, América Latina y el sudeste asiático. También se ha visto severamente afectados Australia, Japón o la India. Esto ha llevado a países como China, India, Japón o Corea del Sur a incrementar su consumo de carbón para compensar parte de su faltante energético. Y progresivamente el problema ha ido afectando a los países del norte. En EE.UU. el precio del galón de gasolina ha vuelto a los 4 dólares, un precio alto para ese país. En Francia, más de 2000 estaciones de servicio tienen restricciones de combustible (el enlace se actualiza, y en el momento que Vd. lo consulte puede reflejar un número diferente). También hay problemas de aprovisionamiento en Luxemburgo, y tensiones en Hungría y hasta en Alemania para ciertos combustibles.

Pero lo peor son los problemas estructurales en el precio de los carburantes. Aunque los EE.UU. están haciendo todo lo que tiene en su mano para controlar el precio del barril de Brent y del WTI (al final, son mercados muy pequeños, ya que las cantidades realmente comerciadas de esas referencias son simbólicas), lo que no para de crecer son los márgenes de refino, es decir, la diferencia entre el valor de un barril de petróleo crudo y uno de un producto refinado. Por ejemplo, el diésel ya está casi en los 90$ por barril (piensen que no hace tanto el margen de refino era de unos pocos dólares).

La razón de este incremento de los márgenes es la falta de petróleos adecuados para las refinerías, y es que los crudos del Golfo Pérsico son estratégicos para la producción de destilados medios como son el gasóleo o el queroseno. Es por eso que en toda Europa estamos viendo que el precio de los carburantes se está acercando ya a los 2$ por litro.

Estamos en tiempo de descuento. Cuanto más se alargue esta situación, más problemas se acumularán, más crecerá la crisis económica y más costará recuperarse. Además, la prolongación de las hostilidades entre Irán y EE.UU. está llevando a más destrucción de infraestructuras en el Golfo Pérsico, lo cual, ya lo comentamos, implicará una pérdida permanente de la producción de petróleo y una aceleración del declive final, y eso sin contar con el resto de materias primas afectadas. Confirmando lo que decíamos en el post anterior, la paz entre Irán y EE.UU. era muy precaria y en cualquier momento iba a saltar por los aires. Ahora, tras unos días de hostilidades, se vuelve a escenificar una vuelta a la mesa de negociaciones; y, poco tiempo después, los ataques volverán a comenzar. No hay posibilidad de entendimiento, en realidad. Irán y EE.UU. no se pueden poner de acuerdo porque sus intereses son opuestos: Irán quiere controlar el estrecho de Ormuz para garantizar unos ingresos constantes que le permitan financiar su esfuerzo bélico para resistirse a los norteamericanos, y éstos no pueden consentir que se establezca ese peaje. Esto solo puede acabar si uno de los dos se rinde. 

Pero España está bien aprovisionada y va a aguantar, al menos a nivel de suministro (otra cosa será el precio de los combustibles). No va a ver restricciones generales a corto plazo, aunque sí que puede haber problemas, de algún tipo, con el queroseno y el diésel. Así que, querido lector, váyase tranquilo de vacaciones si no lo ha hecho ya, que no pasa nada. O sí.



Fuente: The Oil Crash

domingo, 3 de mayo de 2026

La crisis de deuda agrava la brecha de género en los países del Sur Global

 

      Periodista de EL PAÍS desde 2007, trabaja en la sección de Internacional. Está especializada en desinformación y en mundo árabe y musulmán.


Un estudio de la ONU demuestra que los ajustes fiscales golpean con mayor dureza a las mujeres y pueden llegar a provocar la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para ellas y una caída del 17% en la renta per cápita femenina


Una mujer tailandesa cocina carne en un puesto de comida callejera, en Bangkok, en marzo de 2025.


     El coste del pago la deuda externa no se reparte por igual entre hombres y mujeres. En los países del Sur Global, cuanto más dinero público se destina a devolver préstamos, peores son los efectos para ellas: pierden más empleo, ven caer más sus ingresos y afrontan mayores riesgos en salud, en la medida en que los Estados reducen el margen para invertir en otras políticas públicas. Así lo concluye un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hecho público este lunes, que advierte de que la forma en que se paga la deuda agrava la brecha de género y tiene consecuencias muy tangibles: la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para las mujeres y una caída del 17% en la renta per cápita femenina.

El estudio, titulado ¿Quién paga el precio? La desigualdad de género y la deuda soberana, analiza datos de 85 países en desarrollo entre 1990 y 2022 y examina qué ocurre cuando los Estados destinan una parte creciente de sus ingresos a atender la deuda externa. El foco no está solo en el volumen de deuda, sino en el peso que adquieren esos pagos frente a otras políticas. Es ese desplazamiento del gasto —y no solo el nivel de endeudamiento— el que explica buena parte de los efectos que detecta el PNUD.

El informe se publica en un momento especialmente delicado para las economías del Sur Global. Tras la pandemia, el endeudamiento público se disparó y, desde entonces, la subida de los tipos de interés, la fortaleza del dólar y una sucesión de crisis —desde los conflictos armados hasta el encarecimiento de la energía o los impactos climáticos— han agravado la situación. Decenas de países, sobre todo africanos, se encuentran hoy en escenarios de alto riesgo de impago. En un contexto marcado, además, por un drástico recorte en la ayuda al desarrollo, cada vez más países se ven obligados a destinar más recursos a la deuda externa al tiempo que reducen el margen para invertir en políticas sociales.

La dinámica que opera en este tipo de decisiones encaminadas a redirigir recursos hacia el pago de la deuda es, según el organismo, muy elocuente: cuando un Estado endeudado reduce, por ejemplo, el presupuesto en guarderías, transporte público o atención sanitaria para cumplir con los pagos de la deuda externa, el tiempo que las mujeres dedican a tareas domésticas o de cuidados aumenta, mientras que disminuye su participación en el mercado laboral. El informe describe este proceso como una “doble carga”: las mujeres se ven obligadas a combinar empleo precario o informal con responsabilidades domésticas. El efecto es similar cuando los recortes presupuestarios afectan al empleo público, porque ellas ocupan más puestos en sectores como la educación, la sanidad o los servicios sociales.


Una mujer policía se ajusta el casco en Cartagena de Indias, Colombia, el pasado enero.

“La deuda soberana no es un problema matemático, sino humano: cuando la carga de la deuda de un país se dispara, los presupuestos se ajustan” y, aunque afecta todo el mundo, “son las mujeres las que suelen pagar el precio más alto”, considera Alexander de Croo, administrador del PNUD. “Sus opciones laborales se reducen. Sus responsabilidades de cuidados no remuneradas se multiplican. Su bienestar se ve afectado”, continúa De Croo, para detallar unos efectos que “pueden perdurar mucho tiempo después de que la crisis haya pasado”.

Uno de los impactos más claros aparece en el empleo. Cuando crece el peso de los pagos de la deuda externa —en relación con lo que un país ingresa por sus exportaciones—, el empleo femenino cae un 6,3% a corto plazo. En términos absolutos, esto equivale a unos 55 millones de puestos de trabajo menos entre los países analizados. A más largo plazo, la caída alcanza el 10,6%, lo que supone unos 92,5 millones de empleos femeninos perdidos. El estudio detecta, además, un aumento del trabajo por cuenta propia y del trabajo familiar no remunerado, lo que reduce a su vez la recaudación de impuestos y refuerza un círculo vicioso: menos tasas implica menos recursos públicos para políticas sociales.

El efecto también alcanza a los hombres, pero es considerablemente menor: el empleo masculino se reduce un 1,3% a corto plazo y un 2,5% a largo. Sin embargo, dado que parten de tasas de empleo más altas, estas caídas equivalen a unos 18,5 millones de empleos perdidos en el corto plazo y 35,5 millones en el largo.

La brecha se ensancha aún más en los ingresos. Cuando la presión de la deuda pasa de niveles medios a altos, el ingreso per cápita de las mujeres cae un 17%, mientras que en el caso de los hombres no se observan cambios estadísticamente significativos.

Deterioro de la salud

La salud es otro de los ámbitos afectados. A largo plazo, los países con mayores cargas de pago de deuda registran un aumento del 32,5% en la mortalidad materna, lo que se traduce en 67 muertes adicionales por cada 100.000 nacimientos. El deterioro de los sistemas sanitarios también se refleja en la esperanza de vida, que disminuye tanto para mujeres (un 5,9%) como para hombres (un 7,7%) en estos contextos, si bien el informe subraya que las mujeres se ven especialmente afectadas por su mayor dependencia de los servicios públicos y por su papel en los cuidados.


Mujeres trabajan en una planta de procesamiento de grano, en Kivu, en el oeste de Ruanda.

Estas dinámicas, advierte el PNUD, no se producen en un vacío: el organismo alerta de que el actual contexto de conflictos, tensiones geopolíticas, volatilidad energética y presiones inflacionistas está estrechando aún más el margen fiscal de muchos países, lo que aumenta el riesgo de que los recortes recaigan de nuevo sobre la inversión social.

El estudio insiste, por ello, en que la gestión de la deuda no puede tratarse como un asunto puramente financiero. Las decisiones sobre cómo se contrae y se paga tienen efectos duraderos sobre el empleo, los servicios públicos y el desarrollo humano, y no son neutras desde el punto de vista del género. “Cuando el gasto público se ve reducido por el servicio de la deuda, las mujeres suelen ser las primeras en salir perdiendo”, subraya Raquel Lagunas, directora mundial de Igualdad de Género del PNUD.

Por ello, el organismo advierte de que sin incorporar de forma sistemática evaluaciones de impacto con perspectiva de género y sin proteger la inversión social y de cuidados, los ajustes asociados a la deuda amenazan con erosionar avances en igualdad que han llevado décadas construir.

Fuente: El País

martes, 17 de marzo de 2026

Antes de que lleguen las lluvias

 

 Por Antonio Turiel  

       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


Y

      Guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.



E

      Gerente de Programa, Alianzas de Acceso a la Energía, Energía Sostenible para Todos (SeforALL).


El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los de gas han superado ya su máximo de extracción. Si no construimos una alternativa, la decadencia del capitalismo puede arrastrarnos a la barbarie más absoluta


Un pozo petrolífero en la puesta de sol.


     Estados Unidos e Israel se han embarcado en una campaña militar en Irán de incierto futuro, que va a arrastrar al resto del mundo con ellos. Puede que el mundo nunca vuelva a ser el que conocíamos.

Enfrentado a un riesgo existencial para el que ya se había preparado durante décadas –casi las mismas que lleva Netanyahu avisando de que a Irán le faltaban “pocas semanas para ser una amenaza para el mundo libre”– el régimen iraní ha reaccionado con contundencia, atacando ahí donde sabe que más le duele al imperialismo occidental y a aquellos que lo apoyan: el petróleo, el gas natural y el comercio mundial, en definitiva, la oligarquía mundial.

Estos días oímos sesudos comentarios de analistas que poco o nada vieron venir, y que nos explican las consecuencias para la economía mundial del cierre del Estrecho de Ormuz o del aumento del precio de un barril de petróleo que probablemente llegará en breve a los cien dólares. Pero a pocos de ellos les interesa el sufrimiento de las personas que están muriendo en estos bombardeos o de aquellas que no llegan a final de mes en Estados Unidos o Israel. O del que se viene para la inmensa mayoría de los españoles y españolas.

Por eso mismo, hemos creído necesario escribir esta reflexión sobre la cruda y simple realidad que vamos a afrontar en los próximos tiempos, y por qué es imprescindible pensar en cómo proteger a la gente corriente del diluvio que viene. De cómo guarecernos ante el desastre en ciernes. Ahora, antes de que lleguen las lluvias.

En septiembre de 2025, la Agencia Internacional de la Energía publicó un informe muy revelador sobre lo que cabe esperar para la extracción de petróleo y gas durante los próximos años.


Informe de la Agencia Internacional de la Energía.

El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los pozos de gas han superado ya su máximo de extracción, su pico productivo. Cada año se descubren en nuevos yacimientos unos 3.000 millones de barriles de petróleo, pero se consumen unos 30.000: no se repone ni el 10% del consumo. Desde hace más de una década, la inversión anual en el sector de los hidrocarburos alcanza la exorbitante cifra de 500.000 millones de dólares, pero el 90% de eso simplemente sirve para evitar la caída de la producción, no para poner más petróleo o gas en el mercado. Los tiempos se acortan. El tiempo se agota.

Hace un par de meses, la Administración de la Información de la Energía, dependiente del Departamento de Energía de Estados Unidos, proyectó que la producción de petróleo de EEUU, que gracias al fracking había crecido espectacularmente desde 2010, iba a empezar a decrecer –la palabra maldita para la religión dominante– en los próximos años. De hecho, octubre de 2025 marcó probablemente la máxima extracción de petróleo estadounidense, y con ella la de todo el planeta. He ahí la razón profunda del actual apresuramiento norteamericano por controlar los recursos de petróleo. Primero en Venezuela, para asegurar reservas estratégicas y rutas seguras de suministro, y así poder luego intentar la enajenada aventura bélica en Irán.


                                                                                                     Imagen extraída de la web Peak Oil Barrel.

Nada de esto es en realidad novedoso para muchos: hace años que sabíamos que llegaríamos a este punto.

El petróleo es la base de casi todo, sobre todo, de lo que comemos. Los combustibles fósiles representan aún el 80% de todo el consumo de energía mundial, y los únicos modelos de transición renovable que se están discutiendo, todos ellos de carácter extractivista y privado, no son capaces de reemplazar esa cantidad de energía.


Planta de biomasa en Puertollano inaugurada en 2020.

Además, ya no hay debate alguno, el cambio climático se está acelerando y va a hacernos mucho más daño justo cuando menos recursos disponibles tengamos. Apunten al otoño de 2026, con la previsible visita de otro El Niño, como un momento en el que se pueden producir nuevos y devastadores eventos extremos como el que sufrimos en Valencia en 2024, o incluso peores. Es, físicamente, solo cuestión de tiempo.

Y por eso necesitamos con urgencia dotarnos de una hoja de ruta común, un manual para pilotar este tiempo convulso. Para empezar, reconociendo la deriva que van a tomar los acontecimientos. Poco importa si estamos hablando de meses o de años.

En Valencia, tras el desastre, casi en cada pueblo afectado surgieron espontáneamente los CLERs Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción, asociaciones de vecinas y vecinos afectados que se juntaron para hacer el trance lo más llevadero posible y, a la vez, fiscalizar y presionar a las autoridades sobre los procesos de reconstrucción que les afectaban más directamente. Ese modelo de comunidad que se autoorganiza para cuidarse desde abajo, mientras sigue mirando con lupa y apretando hacia arriba es la mejor receta que tenemos.

En la situación de descenso de la producción de petróleo, primero veremos un shock de precios. Después, a medida que la actividad económica se detenga y quiebren empresas, veremos oscilaciones en el precio, debido a la caída de la demanda primero, y luego nuevas subidas de precio cuando la producción caiga aún más: es la famosa espiral de destrucción de oferta–destrucción de la demanda.



La tónica en esta fase es el encarecimiento de todo tipo de productos y los primeros desabastecimientos de bienes aún no tan esenciales. Las bolsas pueden entrar en pánico y una fuerte recesión económica está bastante asegurada.

Estanflación es una palabra que puede volver a ponerse de moda. Probablemente en los países del norte global la situación empeorará, pero aún se mantendrá el abastecimiento de los bienes fundamentales. En el sur global, con sus diferentes contextos, habrá más situaciones de desabastecimiento, hambrunas y/o revueltas.

A medida que el problema se vaya haciendo más estructural, comenzará a haber dificultades más serias en los países del norte. No es que no vaya a haber nada en absoluto: es que habrá menos de lo que estábamos acostumbrados a consumir. Se tendrán que imponer las primeras medidas de racionamiento, presumiblemente por el sacrosanto mercado, esto es el que no pueda pagar se quedará fuera. Esas medidas pretenderán vestirse de técnicas cuando son fuertemente políticas, como ya discutimos en su día.

Será en estos momentos cuando más fuerte resonará la cacofónica algarabía tecno-optimista que lo impregna todo en nuestra sociedad, la misma que nos ha traído indefectiblemente hasta aquí.

Los grandes expertos –y los grandes poderes económicos– pretenderán tener una solución, entendiendo como “solución” una fórmula mágica para “volver a lo de antes”. En esencia, un milagro tecnológico para que nada cambie, para poder seguir adelante con el capitalismo. El problema es que tal solución no existe, ni existirá. No entraremos ahora a detallar el por qué. Hemos escrito mucho sobre el tema: baste decir aquí y ahora que, con el contexto que tenemos y el que se avecina, si fuera tan fácil, hace tiempo que alguien lo habría puesto en marcha, ¿no creen?

En una situación de creciente descontento e inoperancia del poder público, con protestas y revueltas en las calles pero sin una sociedad organizada y consciente, tendremos el campo abonado para la emergencia del fascismo que estaba latente en nuestro sistema imperial de crecimiento pretendidamente perpetuo.

Decía Naomi Klein que la política odia el vacío, o lo llenas tú o alguien va a llenarlo por ti.

Por eso nos resignamos. Llevamos muchos años alertando para evitar la llegada de este desastre, y ahora que los fieles gestores de este sistema lo están precipitando, proponemos otra manera diferente de gestionar ese desastre. De evitar que la decadencia de la globalización capitalista sea el descenso a la miseria que aparenta y pueda ser quizá un dolor que nos empuje, un parto necesario para dar luz a una sociedad que sí sepa gestionar mejor sus recursos, y sobre todo, sus límites.

En primer lugar, tendríamos que reconocer y aceptar que el modelo capitalista con su expansión infinita ha llegado a su fin, y ninguna quimera de renovables, ya en el modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, ni en el del biogás o la biomasa, va a poder mantenerlo. Hay que trabajar activamente en modelos económicos alternativos, basados en la proximidad y en la satisfacción primero de las necesidades reales de la gente: alimentación, agua, vivienda, vestimenta, salud, comunidad, educación, tiempo y cuidados. La sociedad debe organizarse para garantizar que todo el mundo tenga acceso a esas necesidades básicas. Esa es la prioridad.

No tenemos ningún modelo energético que permita mantener la expansión energética que ha definido a las sociedades occidentales durante los últimos 250 años. Tenemos que reconocer que la escasez de energía es estructural, que ha venido para quedarse y que solo puede ir a peor. Cualquier otro marco mental más “optimista” en el fondo está retrasando las medidas necesarias y hasta el cabreo que puede hacerlas posibles. La rabia ha movilizado más que la esperanza a lo largo de la historia para la transformación social y solo hay que hacer un breve repaso a la historia para entenderlo.


Manifestante durante una protesta de Extinction Rebellion en Londres en 2019.

Hay que invertir tiempo y recursos en la reformulación de la producción y la propiedad de esta, el transporte y la urbanización, priorizando la eficiencia y la justicia en el consumo de energía y de recursos. Y todo eso fuera de una óptica del beneficio privado: la prioridad es la vida de las personas y de la sociedad, no el negocio. En particular, no se puede mercantilizar la gestión del acceso a los recursos. Se debe priorizar el bienestar colectivo sobre el beneficio privado. Se debe anteponer el bien común al interés individual legítimo.

Volviendo al futuro: va a faltar combustible para los vehículos y maquinaria agrícola e industrial. Va a haber más apagones. Van a faltar piezas de recambio, a veces máquinas enteras. Si recuerdan la disrupción que se produjo en la cadena de suministros con la pandemia y la guerra en Ucrania, esperen a ver qué tal aguanta ahora.

Se tendría que hacer de urgencia un análisis estratégico de qué cosas necesitamos producir para abastecernos aquí. Y cuáles de ellas podemos implementar rápido. Las chatarrerías son un depósito estratégico de materiales de alta calidad muy aprovechables y eso implicaría, por ejemplo, dejar de exportar nuestra chatarra a China y EEUU como está sucediendo ahora.

Tenemos que renaturalizar tantos espacios como sea posible, para dotarnos de resiliencia hídrica y térmica en una situación de creciente y acelerado caos climático y a la vez quizá porque algún día descubramos que debajo del asfalto no había arena de playa, como pensaban los ingenuos, lo que había era tierra cultivable.

Tenemos que hacer todo esto y muchas cosas más. Y tenemos que hacerlo ya, porque los tiempos se acortan y cuanto más tardemos, peor estaremos. Hay que dejar de perder el tiempo con ensoñaciones tecnólatras, que no son más que onanismo mental –muy cómodo e incluso reconfortante– para negarse a reconocer que el capitalismo, en su fase imperialista, ha entrado en una etapa de descomposición y que, si no construimos una alternativa organizada, su decadencia puede arrastrarnos a la más absoluta de las barbaries.

Quizá, después de todo, lo primero sería abrir un gran debate público en el que se exponga clara y honestamente cuál es nuestra situación, y qué es lo que podríamos hacer. Porque, digan lo que digan, las lluvias van a venir y no estamos preparados para enfrentarlas.


Fuente: Ctxt