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lunes, 19 de octubre de 2026

La IA en China: entre el código abierto y el control estatal

 

 Por Elena de Sus   
      Periodista en Ctxt.


El país asiático compite por los estándares de la inteligencia artificial ofreciendo apertura y ‘open source’ al “sur global”. Al mismo tiempo, busca integrar esta tecnología en su modelo político y contener las amenazas que percibe en ella.


Trump junto a Xi Jinping durante una visita a China en mayo de 2026.


     En la visita oficial del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en septiembre se habló, entre otras cosas, de inteligencia artificial. Esta tecnología se ha convertido en un campo de batalla geopolítico, en el que las dos potencias tratan de reforzar sus áreas de influencia e imponer estándares, en medio de la incertidumbre sobre sus impactos económicos y sociales.

Más allá de la insistencia de Trump en sustituir el término “inteligencia artificial” por el de “superinteligencia”, que considera “más apropiado”, los dos mandatarios acordaron establecer un diálogo sobre el desarrollo de esta tecnología, con una primera reunión prevista para noviembre. Además, anunciaron que abrirán un canal de comunicación bilateral para mantenerse informados de posibles incidentes y riesgos.

En Estados Unidos, el discurso sobre la inteligencia artificial ha adquirido un tono apocalíptico. El hackeo de la página especializada Hugging Face por parte de un grupo de agentes de IA al servicio de OpenAI hizo saltar las alarmas. Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó el 12 de septiembre una carta abierta en la que solicitaba regulación que les permitiera “ralentizar” el desarrollo de la IA, aunque destacaba que para que esta fuera efectiva era necesario tomar medidas proteccionistas que obligaran a China a “frenar” también. Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk, propietario de xAI, compartieron y apoyaron su mensaje en la red social X. En definitiva, la industria está pidiendo ser regulada (y protegida frente a la competencia china).

Donald Trump no parece impresionado. “El único control o ‘barrera’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE Y LISTO (¡con alto IQ!) y los Estados Unidos lo tienen, de sobra”, publicó en su propia red social el 14 de septiembre. 

Jacob Coxon, el exempleado de OpenAi y Anthropic que afirma que si no se frena su desarrollo “la IA podría matarnos a todos”, asegura que es imprescindible colaborar con China para evitarlo, pero Trump declaró tras el encuentro con Xi que “preferiría no colaborar, porque vamos ganando por mucho. (...) Cuando vas ganando, no compartes con el otro”.


Inteligencia artificial.

“La estrategia de los estadounidenses ha sido desarrollar la IA más avanzada, correr mucho para estar a la vanguardia”, resume Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía y autor de El regreso de China (Península, 2026), quien explica que el enfoque chino es algo diferente: “En el 15 Plan Quinquenal que ha lanzado China este año se habla de impulsar la IA, pero no ‘en línea recta’. Es decir, no concentrarse solo en lograr los mejores modelos, sino buscar aplicaciones específicas en toda la industria, que se aplique en el día a día de las empresas, de los hospitales, de los centros educativos… Que genere un impulso económico, que se aterrice”.

“En China, la inteligencia artificial forma parte de un proyecto nacional de modernización”, afirma Xulio Ríos en su reciente libro China: la modernización permanente (Txalaparta, 2026). “Beijing (...) aspira a demostrar que puede integrarla dentro de su propio modelo, preservando la dirección estratégica del Estado, estimulando la competencia empresarial, reforzando la soberanía tecnológica y manteniendo bajo control los riesgos políticos y sociales”. No es un equilibrio sencillo.


China: la modernización permanente.

Una IA abierta para el “sur global”

La industria china es líder en algunos sectores del ámbito de la IA, como la tecnología de reconocimiento facial, pero respecto a los grandes modelos de lenguaje, dio el golpe sobre la mesa en enero de 2025. Algo más de dos años después de que OpenAI diera a conocer ChatGPT, la startup china DeepSeek sorprendió al mundo con el lanzamiento de su modelo de lenguaje R1. Se trataba de un modelo de “pesos abiertos” (en los grandes modelos de lenguaje de IA pocas veces se puede hablar de código abierto propiamente dicho, porque los datos de entrenamiento casi nunca son públicos), más barato y eficiente que sus rivales estadounidenses y con un rendimiento muy similar.

“La de la IA es una carrera en la que todos los participantes tienen un botón que, si lo aprietan, la carrera se reinicia. Ese ‘botón’ es liberar el código”, argumenta Sergio Salgado, responsable de comunicación y redes de XNet. “El primero que se dio cuenta de esto fue Mark Zuckerberg”, continúa. “En 2023, cuando Meta vio que OpenAI llevaba mucha ventaja en la carrera con ChatGPT, liberó el código de su propio modelo de lenguaje de inteligencia artificial, LLaMA. Entonces las comunidades de desarrollo de código abierto, las universidades y otras instituciones empezaron a trastear con ella y de repente se convirtió en el estándar”.

Salgado cita un documento interno de Google que se filtró ese año, titulado “No tenemos foso, y OpenAI tampoco”, en el que se consideraba que los grandes modelos de lenguaje de código abierto se estaban desarrollando a un ritmo más rápido que los modelos cerrados y que en pocos años llegarían a alcanzarlos y sobrepasarlos. “En 2025, China pulsó el botón a lo grande con el lanzamiento de DeepSeek R1”.

“Todos estos gigantes monopolísticos tenían el sueño húmedo de cualquier gigante monopolístico”, continúa Salgado. “Era un negocio que se podían repartir entre seis o siete con un producto que todo el mundo iba a estar obligado a consumir, porque todos vamos a tener que utilizar inteligencia artificial, grandes modelos de lenguaje”.

Entonces China liberó DeepSeek R1. “Ahora, gracias a los modelos de pesos abiertos, si estas empresas suben mucho los precios siempre puedes montar tu propio servidor”, explica. (A pesar de que el propio boom de la IA ha provocado un aumento significativo de los precios del hardware).

“Esa es la ventaja competitiva de la industria china, donde ha sido capaz de posicionarse”, señala Juan Vázquez Rojo. “Sus modelos no son los mejores, pero son muy buenos, son más accesibles porque son de código abierto, más baratos y más eficientes”. 

La diplomacia china también se adapta a esta circunstancia. “Es una estrategia dirigida a los países del sur global, la típica estrategia win-win de cooperación con China”, explica Vázquez Rojo. “Los modelos chinos, al ser más baratos, más eficientes y de pesos abiertos, son más fáciles de propagar. La estrategia china favorece que empresas chinas puedan colaborar con empresas de otros países para desarrollar sus sistemas de IA y, claro, conectarse con el ecosistema chino. De esta manera, China lidera el desarrollo tecnológico en gran parte del mundo”.

La inteligencia artificial está presente en los planes del Gobierno chino al menos desde 2017. El Plan de Desarrollo de una Inteligencia Artificial de Nueva Generación, publicado ese año, mencionaba la importancia del código abierto. También lo hacía el 14 Plan Quinquenal, redactado en octubre de 2020, que proponía “apoyar el desarrollo de las comunidades de código abierto dedicadas a la tecnología digital (...) y animar a las empresas a que hagan públicos el código fuente del software, los diseños de hardware y los servicios de aplicaciones”. La promoción del código abierto es una forma de acelerar el progreso, al permitir que todos puedan utilizar los hallazgos de los demás para seguir creando y construyendo.

Kyle Chan, experto en China del think tank estadounidense Brookings y autor del boletín High Capacity sobre tecnología china, argumenta que esta estrategia de código abierto tiene sus límites. “Es más difícil ganar dinero”, observa. 

“Varias empresas chinas de IA han salido a bolsa recientemente, como Zhipu (Z.ai) y MiniMax. (...) Los inversores querrán ver ingresos que justifiquen el gasto en modelos e infraestructura. (...) Las empresas ya han estado subiendo los precios de sus APIs y pasando al modelo de suscripción. Es probable que las empresas chinas de IA vayan hacia una estrategia híbrida, cerrando los mejores modelos pero dejando el resto abiertos. Es lo que estaba haciendo Alibaba con Qwen3-Max”, vaticina Chan.

El 16 de octubre de 2026, el Ministerio chino de Comercio y el de Ciencia y Tecnología publicaron un documento en el que proponen controles a la exportación de varias tecnologías, incluidos los modelos de IA de alta capacidad, por motivos de seguridad nacional.

Sin embargo, la “apertura” forma parte del discurso diplomático chino. En la última reunión de los BRICS en septiembre, Xi habló de crear una “zona de código abierto para la IA” entre los 11 países de este grupo y de establecer “un marco global de gobernanza de la IA amplio y basado en el consenso”.

Desde 2018 se celebra en Shanghái la Conferencia Mundial de la Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés). En su última edición, en julio de este año, 29 países, entre ellos Rusia, Pakistán e Indonesia, firmaron la carta fundacional de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO).

Esto se interpretó como una respuesta a la declaración “Pax Silica”, promovida en diciembre de 2025 por Estados Unidos y firmada por aliados como el Reino Unido, la Unión Europea, India, Australia e Israel, que acordaron colaborar para tratar de garantizar que la cadena de suministro de la IA no incluyese a “países preocupantes”.

“La clave del momento es la regulación, la estandarización”, afirma Vázquez Rojo. “Casi todas las industrias tienen estándares, reglas que son comunes para todos y tecnologías que son comunes para todos. En el caso de la IA, ¿cómo se deben comunicar los agentes entre sí? ¿Cómo se deben comunicar con otras aplicaciones? ¿Qué auditorías deberían pasar? ¿Qué pautas se deben seguir en cuanto a seguridad? ¿Cuándo se debería parar? Esa es la batalla ahora”.

En palabras de Vázquez Rojo, Estados Unidos “propone ayudar a conglomerados empresariales estadounidenses a imponer el uso de su IA en otros países. El objetivo es que sus aliados les compren el paquete completo: que además de utilizar modelos estadounidenses, utilicen chips estadounidenses, por ejemplo de Nvidia, que las empresas estadounidenses sean las que instalen y controlen los centros de datos allí… Es un plan mucho más duro que el chino”.

En este punto, Vázquez Rojo señala que China tiene una desventaja. Los chips más avanzados de inteligencia artificial los diseña Nvidia, una empresa estadounidense.

“Desde 2022, China no puede comprar los chips más avanzados de Nvidia porque Estados Unidos no se lo permite, hay controles a la exportación. Esto limita su capacidad de cómputo. Además, la industria de la IA está muy metida en el ecosistema de Nvidia. La apuesta del Gobierno chino para acabar con esta dependencia es Huawei, que tiene sus propios chips de inteligencia artificial, llamados Ascend. Están intentando que la industria china los empiece a incorporar, pero las empresas están muy adaptadas al ecosistema de Nvidia y el cambio es complejo, incierto, y les genera un coste de oportunidad”, explica.

El control estatal y los riesgos de la IA

Al inicio de este artículo se mencionaban las advertencias desde dentro de la industria en Estados Unidos sobre los riesgos para la humanidad del desarrollo acelerado de la IA. ¿Existen esos miedos en China? “El debate se plantea en términos muy distintos porque en China el poder político siempre está por encima del poder económico y financiero”, apunta Vázquez Rojo. “Las empresas en Estados Unidos tienen mucha más voz y son más capaces de presionar al gobierno que las empresas chinas en China, aunque existen tensiones y preocupaciones en todas partes”. Pone como ejemplo el caso de Jack Ma, fundador de Alibaba, que llegó a ser el hombre más rico del país y uno de los más ricos del mundo hasta que criticó abiertamente el sistema financiero chino en octubre de 2020. Desde entonces apenas se ha sabido nada de él y ha perdido el control de sus empresas.

Sin embargo, en China “se han publicado varios documentos oficiales en los que se plantean problemas con la IA similares a los que ha habido en Estados Unidos, relacionados con riesgos de ciberseguridad”, explica Vázquez Rojo. “No es tanto una preocupación de que la inteligencia artificial vaya a acabar con el mundo, pero sí de que haya malos usos de la inteligencia artificial”.

De hecho, en su discurso en WAIC de este año, Xi mencionó la posibilidad de una “pérdida de control” sobre la IA y los “riesgos inherentes y secundarios” de esta tecnología.

“La regulación china ha ido avanzando de manera progresiva, mediante normas específicas. Más que esperar a disponer de una legislación definitiva para actuar, las autoridades experimentan, regulan y corrigen configurando un corpus normativo mucho más denso del que imaginamos”, explica Xulio Ríos en su libro. La normativa publicada en mayo de este año sobre los agentes de IA menciona la importancia de “prevenir riesgos de seguridad como el envenenamiento de datos, las filtraciones de privacidad, la manipulación de algoritmos, las vulnerabilidades del sistema y la inestabilidad operativa”. 

“En el Gobierno chino también genera preocupación el contenido que se genera con IA, por su impacto social”, apunta Vázquez Rojo. Todos los grandes modelos de lenguaje chinos deben pasar una auditoría de un organismo estatal llamado Administración del Ciberespacio de China antes de salir al mercado. Los modelos producidos en China son mucho más reacios que otros a hablar de ciertos temas políticos. Además, China bloquea el acceso directo desde su territorio a modelos extranjeros como ChatGPT o Claude.

Según una encuesta global publicada este año por el grupo Human Centered Artificial Intelligence de la Universidad de Stanford, el 84% de los chinos afirman sentirse entusiasmados por los productos y servicios que utilizan inteligencia artificial, frente al 38% de los estadounidenses y, como referencia, el 45% de los españoles.

En una entrevista reciente en The New Yorker, Kyle Chan argumenta que en China hay una ansiedad creciente por las exigencias cada vez más altas del mercado laboral, sobre todo en los puestos que requieren educación superior, donde la competencia crece. “La IA ha potenciado esa ansiedad, la gente siente que tiene que adoptarla y utilizarla rápidamente, y aprender a sacarle partido para ser más competitiva en el mercado laboral”.

Vázquez Rojo apunta además que “China tiene una obsesión por mejorar la productividad porque su población empieza a envejecerse y ya no pueden crecer a base de tener más gente trabajando, entonces quieren lograr que cada trabajador produzca más. Aquí la automatización y la IA van a ser muy importantes”.


Fuente: Ctxt

lunes, 21 de septiembre de 2026

Las elecciones en Rusia, ante al agotamiento por la guerra y las acusaciones de fraude

 

      Periodismo, comunicación y transporte. Autor en Descifrando la Guerra.



Las elecciones de Rusia, de carácter legislativo, se celebran en un marco complejo que combina sospechas de fraude y críticas por la guerra.

     La situación antes de las elecciones en Rusia de 2026 es diferente a la situación que vivió el país tras el inicio de la guerra. Moscú inició una guerra con un objetivo que no pudo cumplir: destituir al Gobierno ucraniano y hacerse con el Dombás en cuestión de horas. La no consecución de los objetivos inmediatos derivó en una guerra de larga duración que se encuentra en situación de estancamiento. 

A cambio de no haber cumplido los objetivos y de iniciar una guerra, el Gobierno ruso aseguró y reforzó el contrato social trabajando en no trasladar las consecuencias del conflicto a la ciudadanía. Los combates se llevaron a cabo en zonas lejanas a la guerra, se consiguieron evadir las sanciones a través de terceros países y de métodos de ingeniería fiscal, se rompió el aislamiento recurriendo a instituciones internacionales disidentes como los BRICS… 

Toda una suerte de medidas de enorme ingenio consiguió hacer ver que la guerra, al principio, era una cosa necesaria pero lejana. Pero la situación cambió con el paso del tiempo. Ucrania se adentró militarmente en territorio ruso y Kursk fue ocupada.


En verde, los avances ucranianos tras llevar a cabo la incursión en Kursk, Rusia, a día 8 de agosto de 2024.

Varios ataques de Kiev alcanzaron Irkutsk, a 2000 kilómetros de la frontera. Más tarde, los drones ucranianos comenzaron a golpear las dos mayores ciudades de Rusia y las consecuencias ya se ven en los mayores negocios en línea del país, que son un blanco ucraniano.


El segundo mayor minorista en línea de Rusia, objetivo de los ataques en Ucrania.

Como medida defensiva, ya que los drones ucranianos funcionan utilizando internet y red GPS, este año el Gobierno ha llevado a cabo varios cortes de la red de internet móvil en San Petersburgo. En Moscú, la señal GPS de los teléfonos móviles no funciona desde que comenzó la guerra, y esta dinámica se sostiene durante las elecciones de Rusia.


Sin GPS ni mensajería, crece el malestar en Moscú por los apagones de internet.

Además, tras la censura de algunas tecnológicas occidentales a medios de comunicación rusos, el Gobierno ha declarado organización extremista a Meta, X y otras muchas redes sociales occidentales. Esta consideración se extendió también a Telegram, la red social más popular en Rusia. El resultado es que a principios de este verano, ninguna red social o aplicación de mensajería occidental era accesible en Rusia sin una VPN. 

En el mejor de los casos, el de aquellos no expuestos a drones ucranianos, ahora los rusos tienen que enfrentarse a cortes de internet y una creciente censura digital. Todo ello en el escenario de una guerra que no avanza y que no da ninguno de los resultados prometidos.

En esta “nueva normalidad” rusa, cada vez más se abre camino la posibilidad de una movilización masiva, aunque el Gobierno lo niega “a día de hoy”.

Georgia está informando de cifras récord de cruce de su frontera terrestre con Rusia, lo que hace pensar en un pequeño éxodo de ciudadanos que huyen de una posible escalada.


Rusos se alinean en la frontera con Georgia en medio de rumores de movilización.

El contrato social ruso parece mostrar signos de fragmentación. La ciudadanía, a la que se le prometió hace veinte años una vida de "primer mundo", muestra ya signos de agotamiento. Queda por ver si la fatiga social se manifiesta en las próximas elecciones en forma de abstención o en forma de voto de partidos más beligerantes. 

Acusaciones de fraude

Antes de las elecciones en Rusia, son varios los actores que llevan años denunciando irregularidades en los procesos de votación: desde la oposición extraparlamentaria a la diáspora rusa en el extranjero, pasando por numerosas organizaciones internacionales como la OSCE –que no ha sido invitada a participar como observador internacional, como sí había hecho en procesos anteriores–.

Amén de miles de casos particulares de irregularidades denunciados por diversas asociaciones, el hilo argumental de fraude sistémico en el esquema electoral de todas estas agrupaciones se sintetiza en dos puntos.

El primero se encuentra en un foco de denuncias con relación al sistema electrónico de votación remota (DEG). El DEG es el sistema de votación por defecto en el óblast de Moscú. Los ciudadanos que acuden a sus colegios electorales, a no ser que soliciten con antelación la papeleta física, emiten su voto directamente a través de un terminal electrónico.

En el resto de la Federación el proceso es el inverso: los ciudadanos votan a través del “método analógico” ,a no ser que se escoja la opción de votar electrónicamente. Mientras en Moscú se emiten en torno a un 95% de votos electrónicos, en el resto del país la votación digital apenas llega al 30%.

Un estudio del medio opositor Novaya Gazeta reveló varias anomalías en el sistema DEG, como que los electores podían cambiar su voto cada tres horas, que había picos de votos a determinadas horas o que algunos de los votos quedaban en una especie de limbo digital. El informe no aporta ninguna prueba directa de manipulación de los resultados, pero sí evidencia que el DEG y los datos aportados por las autoridades no permiten auditar de forma transparente el sistema.

El segundo se encuentra en el hecho de que la votación se extienda a lo largo de tres días. La organización de monitorización rusa Golos ya denunció en las elecciones presidenciales de 2024 que la prolongación de la jornada electoral de una a tres jornadas podría suponer un riesgo en tanto las urnas podían ser manipuladas por la noche. La organización también añadió en una nota de prensa que tras la supervisión después de tantos días los observadores podrían experimentar “fatiga”.

El Partido Comunista de la Federación Rusa, uno de los principales partidos de la oposición con más miembros dentro de la Duma, también ha solicitado regresar al método previo de votación en un único día, ya que “la votación a lo largo de varios días (incluidos tres días consecutivos) no permite una supervisión completa de la integridad electoral, por cuanto ni los miembros de la comisión electoral ni los observadores pueden pasar la noche en los colegios electorales”.

El sistema de votación en tres días se remonta a la pandemia. Por ese entonces, en las elecciones legislativas de 2021, la Comisión Electoral Central justificó esta decisión como una medida para evitar aglomeraciones y facilitar la participación a personas que se encuentran a cientos de kilómetros de su centro de votación.

En ese sentido, recuérdese que Siberia es una de las regiones menos habitadas del planeta, donde algunos asentamientos se encuentran a una enorme distancia de las ciudades más cercanas. En la actualidad se mantiene, según las autoridades, para la comodidad de los votantes cuando se celebran elecciones en Rusia.


Fuente: Descifrando la Guerra

sábado, 18 de julio de 2026

La defensa de “Europa” de Slavoj Žižek

 

      Investigador de historia y periodista. Actualmente en el exilio tras escapar de Rusia.


Es difícil no darse cuenta de que Žižek, en sus últimos discursos y textos, expresa una posición agresivamente eurocéntrica que estamos acostumbrados a escuchar de la clase política de la UE


Vista satelital nocturna de Europa, destacando la densidad de población y el desarrollo de infraestructura a través de las luces de las ciudades.


     Es predecible y agotador ver a una celebridad intelectual comenzar un discurso inaugural con la gastada cita de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere y el nuevo tarda en nacer, y en ese interregno surgen los fenómenos mórbidos más variados.” La ansiedad sobreviene cuando uno se da cuenta de por qué está citándola. Para una superestrella intelectual, los clásicos sirven meramente para decorar el escenario de su actuación, un acto de equilibrismo dialéctico que ha registrado una fuerte demanda por parte del público durante años.

Armado con su acento esloveno y humor excéntrico marca de la casa, Slavoj Žižek encuentra ideología en todas partes: en los grandes taquillazos de Hollywood, en el diseño de los inodoros occidentales. Pero cabe sospechar que en el pintoresco cementerio romano de Testaccio Antonio Gramsci se revolvería en su tumba viendo cómo Žižek gestiona su legado.

Parece que Žižek hace tiempo que dejó de cultivar su reputación de figura marginal, una suerte de Diógenes moderno en el barril. Hoy es un intelectual de éxito, bienvenido en la crema de la crema de las instituciones académicas y grandes auditorios. Vive y trabaja entre Londres, Ljubljana y EEUU, cobrando jugosos cheques por sus conferencias y libros, que produce industrialmente, en ocasiones dos al año. Goza del estatuto de estrella mundial y su vida claramente difiere de la del investigador medio en la academia occidental, con visados precarios, becas magras y contratos por períodos de tiempo limitados.

Cuando Žižek se sitúa a sí mismo entre Marx y Gramsci en una de sus performances pop y comienza a deconstruir sus conceptos clásicos es importante recordar desde qué posición y en interés de quién hablaban esos clásicos. El período mismo de interregno sobre el que escribió Gramsci era una época de hegemonía en desintegración, un tiempo de cambios políticos radicales. Entre crisis terribles y la polarización de los veinte, Gramsci escogió combatir el fascismo de Mussolini. No abandonó Italia por Moscú y, en el período más peligroso, comenzó a organizar la resistencia clandestina en su propio país. Puso su vida en riesgo, como miles de otros comunistas italianos. La frase del fiscal fascista en el juicio a Gramsci de 1928 ha pasado a la historia: “Debemos impedir que este cerebro trabaje durante 20 años.”

En prisión Gramsci enfermó de nuevas dolencias y hubo de pasar los últimos años de su confinamiento en un hospital. Fue liberado formalmente el 21 de abril de 1937, demasiado débil como para abandonar la clínica romana. Seis días después Antonio Gramsci murió de una hemorragia cerebral. Nos legó sus legendarios Cuadernos de la prisión, un intento de comprender la derrota de los movimientos obreros en Europa y encontrar una nueva estrategia para la emancipación a través del análisis de clase. Años después de su muerte, sus ideas entraron en varios campos de la investigación académica institucionalizada y se convirtieron en un juego de instrumentos clave en la caja de herramientas de las fuerzas políticas tanto de izquierda como de derechas.

Un siglo después, en una nueva era de inestabilidad global, la superestrella viviente Slavoj Žižek utiliza citas de Gramsci y Marx para salpimentar de izquierda la retórica militarista de la clase dirigente europea.

El Žižek tardío para tiempos apocalípticos

¿Qué presenta Žižek al público de hoy? Sus artículos y discursos desde 2022 a 2026 se construyen en torno a la idea de defender Europa como principal bastión de la libertad y del legado de la Ilustración. De acuerdo con el filósofo eslóveno, solamente la Europa actual posee el potencial para la verdadera emancipación universal, y este rol viene predestinado por su experiencia histórica única: “Hay una profunda similitud entre los ataques de Trump a la tríada de medio ambiente, corrección política y derechos LGBT+ y el conflicto entre Rusia y Europa. Uno debería hacerse una pregunta muy sencilla: ¿Qué civilización, hoy, encarna plenamente la tríada atacada por Trump? Sólo una: la civilización europea como forma última de la Ilustración”.

De acuerdo conŽižek, el mundo moderno no está progresando, sino moviéndose más bien hacia la amenaza más terrible de todas: el fin del mundo. Y ahora mismo los europeos deben “echar mano del freno de emergencia revolucionario”.

Žižek recurre a esta metáfora introducida por Walter Benjamin, quien vivió en circunstancias extremas y fue obligado a exiliarse huyendo del nazismo. Benjamin revisó el postulado marxista de que las revoluciones son las “locomotoras de la historia”. En su interpretación, el verdadero momento emancipatorio ocurre justamente en el momento en el que los “pasajeros” intentan detener el movimiento hacia la catástrofe. Una catástrofe fue lo que sufrió Benjamin en la frontera de la península ibérica en 1940 cuando, enfrentado a la amenaza de una deportación a la Francia ocupada por los nazis, se suicidó.

En nuestra época las preocupaciones principales son el abismo de la crisis climática, la amenaza de una nueva guerra mundial, nuevos regímenes autoritarios y la Inteligencia Artificial (IA). Sin embargo, Žižek no ofrece ninguna solución de raigambre anticapitalista. Por una parte, declara que, como universalista, no le gusta un mundo en el que existen diferentes “civilizaciones” con sus propios valores y maneras de vivir. Desde más o menos la crisis migratoria de 2015-2016, Žižek ha hablado frecuentemente, con su característico estilo de trilero, sobre los derechos de las mujeres en el islam y en la cultura musulmana en general, afirmaciones que generaron una fuerte crítica en contra.


Slavoj Žižek durante la presentación de su libro «Islam y modernidad. Reflexiones blasfemas».

Žižek ha instrumentalizado el islam para atacar a sus adversarios de la “izquierda liberal”, acusándolos de sacrificar los ideales de la Ilustración en el altar de la tolerancia multicultural. El filósofo esloveno asegura que no le gusta la proposición teórica de las obras de Samuel Huntington, a saber: percibir un mundo de diferentes “civilizaciones” como el orden natural de las cosas que ha de aceptarse.

Por otra parte, Žižek apela explícitamente a que una de estas “civilizaciones” –Europa (representada por la UE)– alcance la soberanía. Según Žižek, únicamente una soberanía europea puede traer la verdadera luz del progreso al mundo, mientras señala la “lucha anticolonial” de otras regiones: “Los nuevos bloques de poder que están emergiendo en el mundo no son más que versiones del nuevo fascismo. Piénsese en el eje de Rusia-Irán-Venezuela. Europa debe ser aquí una excepción: el único lugar fiel a la Ilustración emancipatoria”.

Es difícil no darse cuenta de que Žižek, en sus últimos discursos y textos, expresa una posición agresivamente eurocéntrica que estamos acostumbrados a escuchar de la clase política de la UE. Con frecuencia lo hace exactamente con los mismos términos y con los mismos argumentos. El intelectual del escándalo rechaza la posición del internacionalismo anti-imperialista y desprecia a quienes desde la izquierda se oponen a él llamándolos “pacifistas” (peaceniks), un término peyorativo que adquirió popularidad en EEUU durante las protestas contra la Guerra de Vietnam y que ha sido usado por los halcones belicistas desde entonces.

Žižek hizo su última conferencia en el edificio mismo de Roma en el que, casi 70 años atrás, se creó el precursor de la actual Unión Europea. Todo el pathos del texto, “La Unión Europea, 70 años después”, estaba vinculado precisamente a esta fecha. Parágrafo a parágrafo, el filósofo esloveno pescaba citas de varios contextos, las arrojaba a su cesto y aplicaba su dialéctica pop a ellas para luego alimentar al público con el resultado. Su metáfora favorita de la castración supuestamente ha de explicar la actitud de los populistas de derecha hacia la Europa actual: atemorizan al electorado europeo con la idea de que el Viejo Mundo está perdiendo su fuerza masculina vital frente a los “otros”, los inmigrantes y las minorías. ¿Pero qué nos proporciona este ejercicio de trile en freudianismo? ¿Acaso nos ayuda a entender las grandes crisis, las guerras, la crisis medioambiental o el coste de la vida?

Hace un siglo Gramsci escribió sobre cómo la crisis de la hegemonía burguesa abría una ventana tanto a la revolución proletaria como al fascismo. En sus últimos discursos y textos, Žižek saca la revolución proletaria de esta ecuación, mantiene el fascismo (que interpreta de una manera peculiar) y añade la “amenaza del fundamentalismo religioso.” Esta manipulación permite a Žižek sugerir que Rusia y China están evolucionando hacia el fascismo, o que ya han llegado a él, y que los pueblos de Oriente Medio a duras penas pueden reclamar para sí proyectos revolucionarios, porque están atenazados por sus regímenes religiosos y nacional-conservadores. De los grandes países que combinan una ideología nacional con proyectos de desarrollo económico Žižek dice lo siguiente: “Así pues, las principales opciones son hoy: los restos del sueño de Fukuyama, un fundamentalismo directamente religioso y, especialmente, lo que no puedo sino llamar un fascismo soft moderadamente autoritario: un capitalismo de mercado combinado con una fuerte ideología de movilización estatal para mantener la cohesión social. Piénsese en la India de Modi”.

El autor cree que las potencias emergentes como Irán, China y Rusia se identifican de manera falsa con la lucha anticolonial. Según Žižek, su propuesta alternativa es un universalismo de otro tipo, uno en el que las “maneras de vivir político-teológicas” puede convivir en paz.

De este modo los “fundamentalistas religiosos” se encuentran en el mismo grupo que los “fascistas soft”: los talibanes, Rusia, India, China, Corea del Norte e Irán están unidos por el hecho de que, a través de las declaraciones de sus representantes oficiales, se denominan a sí mismos combatientes contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. En sus artículos más recientes Žižek consistentemente promueve la idea de que los regímenes autoritarios quieren resolver sus problemas internos usando la imagen de un enemigo externo. Por lo que hace a América Latina y África, el filósofo esloveno se niega incluso a considerarlas regiones donde pueda comenzar una genuina lucha por la emancipación universal.

Esta nueva manera de ver el mundo de Slavoj Žižek se enfrenta a una contradicción obvia. El capitalismo ha sido y sigue siendo un sistema de desigualdad global entre países y regiones. ¿Qué ha de hacerse con el hecho de que China fue, literalmente, una colonia británica, y que Irán ha estado luchando durante décadas por el derecho a llevar a cabo políticas independientes y controlar sus propios recursos? ¿Qué piensa Žižek de la economía global, en la que claramente hay países dependientes y claramente hay quienes han explotado esta dependencia durante siglos?

Incluso si, a un nivel retórico, el intelectual esloveno promueve la idea del universalismo, su propuesta política consiste en todo lo contrario: la lógica de exclusión y particularismo. La diferente “civilización” europea puede fracasar repetidamente en su trayectoria histórica: en el colonialismo, en el fascismo, en su falta de habilidad para resolver problemas fundamentales y superar la desigualdad global. A pesar de ello, esta Europa imaginaria recibe una y otra vez otra oportunidad, conservando su viejo papel mesiánico, en virtud de su experiencia histórica “especial” y el legado de la Ilustración.

Žižek y Rusia

El fracaso intelectual de Žižek resulta aún más obvio cuando se examina la realidad material rusa. Recurriendo al concepto demofóbico de homo putinus, Žižek equipara al parecer lo que ocurre en Rusia con lo que dicen Putin y sus funcionarios, espigando aquí y allá citas de los discursos odiosos de Putin, de Kharichev, el ideólogo del Kremlin, o del exgobernador de la región de Kaliningrado, Alikhanov. Desde el punto de vista de Žižek, la trayectoria actual de Rusia está determinada por la ideología del eurasianismo y el tradicionalismo, impuesto al país por funcionarios adeptos a esta ideología. La gente del país debe estar dispuesta a sacrificarse en la masa por el futuro del Estado.


Sociedad rusa en tiempos de guerra.

En contra de lo que afirma Žižek, repitiendo como una cacatúa los clichés de los kremlinólogos occidentales, la clase dirigente rusa es más bien un sistema complejo en el que diferentes grupos de interés chocan entre sí y no se parece para nada a un club de seguidores de Aleksander Dugin. Más importante aún, los rusos, como sociedad, probablemente están más bien poco interesados en el conservadurismo radical.


Sociedad rusa actual en tiempos de guerra.

Tenemos todos los motivos para decir que el bloque ideológico de la administración presidencial y la sociedad rusa real existen en dos planos de la realidad diferentes. El análisis sociológico (tanto cualitiativo como cuantitativo) muestra que Rusia no es un país en el que ha triunfado Dugin. La Rusia moderna es una sociedad de mercado despolitizada. Un país con uno de los mayores niveles de desigualdad económica en el mundo, donde el culto neoliberal al éxito personal es llevado al extremo. Es una sociedad en la que florecen la industria del “infopreneurship” y los coaches personales.

¿Qué idea domina de veras Rusia? Dejar atrás las penalidades económicas y el endeudamiento privado. Éste es precisamente el motivo por el que una elevada cifra de sus ciudadanos están actualmente matando y muriendo en las trincheras de Ucrania. Numerosos testimonios –quejas y protestas, mensajes en vídeo de de las familias del personal militar e incluso el debatido documental de la periodista Anastasia Trofimova– muestran la confusión sobre los objetivos de la guerra por parte de los propios participantes en ella. Después de años de la llamada Operación Militar Especial, no se han formado colas en las oficinas de reclutamiento y los soldados con contrato se mantienen gracias a incrementos salariales sin precedentes.

En vez de analizar la sociedad rusa, Žižek, como cientos de otros comentaristas occidentales, construye su análisis de la ideología rusa en convenientes citas de representantes individuales de la élite rusa.

En su discurso en Roma, Žižek analiza con toda seriedad la “lista de países que imponen actitudes neoliberales destructivas” rusa y la considera una muestra de la proximidad ideológica de Rusia a Corea del Norte y los talibanes: “Los estados en esta lista ahora son oficialmente designados ‘estados enemigos’ porque no comparten ‘los valores morales y espirituales tradicionales rusos’, no se habla para nada de un mundo multipolar, si no compartes sus valores eres un enemigo de Rusia, sin más.”

Pero lo cierto es que esta lista de 49 países duplica casi por completo otra lista, la de “paises inamistosos”, siendo la única diferencia que Eslovaquia y Hungría están ausentes de la segunda lista. Ambas están vinculadas a la política de restricciones económicas y contrasanciones de Rusia: en la actualidad Rusia se encuentra bajo una cifra récord histórica de sanciones, más de 26 mil, con Irán ocupando un segundo lugar a mucha distancia. Las listas son, sobre todo y antes que nada, parte de la política económica de Rusia.

Otro de los lugares comunes favoritos de Žižek es la analogía entre Rusia e Israel. Defiende que ambos estados niegan la existencia de grupos étnicos: en el primer caso, los ucranianos, en el segundo, los palestinos.

Merece la pena objetar aquí que, a pesar de los crímenes de guerra y el torrente de retórica xenofóba dirigida hacia los ucranianos desde la propaganda rusa y el propio Putin, esto no es claramente suficiente para equiparar a Rusia e Israel.

En la Federación Rusa vemos un aparato estatal autoritario que refuerza y reproduce una enorme desigualdad económica entre regiones, asimilando simultáneamente pueblos y culturas locales. Con todo, estamos hablando de una federación multiétnica que incluye 21 repúblicas nacionales, lo que, en sí mismo, tiene un efecto material en Rusia y puede que desempeñe un papel político en el futuro. En el caso de Israel estamos hablando de un estado etnocrático que, en la teoría y en la práctica, ha implementado ya un sistema de apartheid en su propio territorio.

Del eurocentrismo al internacionalismo

En la parte final de su discurso en Roma, el filósofo eslóveno bosqueja, al fin, una imagen del futuro: si hace 150 años el espectro del comunismo perseguía Europa y todas las fuerzas políticas intentaban darle caza, hoy el espectro es la propia Europa. Toda “civilización” encuentra razones para culpar al continente europeo de todos los males de la humanidad, por lo que, en su visión del futuro, Žižek reemplaza el proyecto comunista con la idea de la Unión Europea, que es un material preexistente. Algunos no tendrán sólo que vivir sino también morir por esta Europa, un hecho que Žižek recuerda usando frases estereotipadas que remiten a la retórica de ciertos funcionarios comunitarios. El papel de Ucrania en Europa queda reducido a una función militar y utilitaria: “La posición de la UE debería ser de apoyo incondicional a Ucrania, incluso arriesgándose a una guerra con Rusia; si Ucrania fracasa, Europa quedará mutilada. Ucrania no queda lejos, no puede no ser una preocupación de Europa: es el puesto más avanzado de Europa”.

Aunque Slavoj Žižek mantiene un patetismo izquierdista en su retórica, e incluso propone ruidosamente “separarse del cadáver de la democracia liberal”, no hay ideas alternativas más allá de esta frase, más allá de una llamada psicoterapéutica para que Europa “deje de tener miedo de sí misma.”

Continuando con su metáfora especulativa, podría afirmarse que ahora mismo este “cadáver de la democracia” está evolucionando lentamente hacia un estado zombi. Existen todos los motivos para creer que sin propuestas alternativas la UE se hundirá aún más en un pozo de crisis, combinando una desigualdad social creciente con medidas de austeridad, y ofreciendo a la clase media europea y las capas más pobres la oportunidad de mejorar su situación trabajando para el complejo militar-industrial.

Žižek, a quien tanto le gusta analizar paradojas, parece haber pasado por alto la mayor de todas: su propuesta política pasiva es punzantemente similar a lo que Vladímir Putin está haciendo con Rusia. Resulta que estas trayectorias interseccionan no sólo en el plano socioeconómico, sino también en el ideológico, de acuerdo con el cual hay una civilización excepcional en el mundo que se enfrenta a una misión histórica especial. Putin y Dugin ven a Rusia así, y Žižek ve a Europa así.

Los propios europeos, los países del Sur Global y el mundo entero tienen razones perfectamente justificables para que les desagrade y hasta odien Europa. Ante nosotros se encuentra el mundo que Europa construyó, con su legado de imperios coloniales, guerras mundiales, viejos y nuevos genocidios, extractivismo y una desigualdad estructural colosal en el comercio y la producción globales.

Žižek se queja repetidamente de que la economía de mercado no puede coordinar las crisis globales y pide a la UE que actúe. Pero al mismo no tiempo nada dice de que los verdaderos intentos por coordinar la economía sobre un principio de igualdad a nivel internacional han venido históricamente de los países del Segundo y Tercer Mundo. El último intento serio de una coordinación así fue el proyecto del Nuevo Orden Económico Internacional.

Este proyecto fue activamente promovido por los países del Movimiento de No-Alineados en las agencias de la ONU en los setenta. Con el lema “comercio, no ayuda”, el Sur Global reclamó soberanía incondicional sobre sus propios recursos naturales y mecanismos para controlar a las corporaciones transnacionales, así como garantías para la transferencia tecnológica, con el objetivo de desarrollar sus propias industrias y romper la dependencia sistémica. La base ideológica de esta teoría fueron las ideas de teóricos de la independencia y neomarxistas como Raúl Prebisch y Samir Amin.

El proyecto no fue simplemente un “club de debate”: fue la culminación de una lucha desde los países de la periferia que en los años sesenta se organizaron en el bloque político del “grupo de los 77” y forzaron a los países del centro a participar en un diálogo sistémico. Gracias a la presión de este bloque el papel de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) se incrementó significativamente. Ésta fue la primera plataforma global que defendió abiertamente los intereses de los países en vías de desarrollo. El mecanismo de intercambio desigual fue descrito con tanta precisión que sigue siendo a día de hoy la base de la crítica económica decolonial. El legado de este proyecto vive en nuestros días en nuevas iniciativas.

La crisis de deuda y la reacción neoliberal de los ochenta enterró este proyecto en su fase activa: en vez de una coordinación igualitaria, los países de la periferia recibieron programas de ajuste estructural vinculados a condiciones draconianas del FMI. Las instituciones financieras internacionales fozaron a los países a eliminar barreras comerciales y a emprender privatizaciones a gran escala. El paradigma neoclásico, con su dogma de “libre mercado” y la teoría ricardiana de ventaja comparativa ayudaron a justificar el abandono de los países de la periferia de su propia industrialización, actitudes que se convirtieron en la corriente central de la economía durante mucho tiempo.

Žižek también se muestra agresivo hacia los BRICS. Sin caer en su idealización o exagerar su importancia, debe admitirse que los países de los BRICS desempeñan hoy un papel mucho mayor en la economía global que la UE. Luchar contra esta realidad es como luchar contra molinos de viento. Pero si los BRICS no son una alternativa, ¿dónde deberíamos mirar hoy, especialmente desde Europa?

El intelectual esloveno elogia al presidente español Pedro Sánchez como un dirigente más responsable cuando rechaza apoyar la invasión militar de Irán por parte de los EEUU e Israel. Sin embargo, la diferencia más clara entre las políticas de Sánchez y las propuestas de Žižek es precisamente que el primero construye puentes entre Europa y el Sur Global e incluso promueve la cooperación entre los propios países del Sur Global.

Durante su reciente visita a China, Sánchez hizo un discurso en el que afirmó que el mundo multipolar no es una amenaza, sino la realidad objetiva en la que vivimos. Al mismo tiempo, la multipolaridad no debe caer por la pendiente al caos del egoísmo soberano y el derecho del más fuerte. Debe apoyarse en el multilateralismo, un sistema de acuerdos multilaterales funcionales. Sánchez insiste en que los centros de poder regionales deben ser parte de las instituciones globales, ante todo la ONU, donde es posible equilibrar los intereses de todos los países bajo el principio de equidad. El verdadero objetivo de la multipolaridad es reimpulsar y democratizar la legislación internacional.

Literalmente días después de regresar de Asia, Sánchez inauguró un congreso multitudinario de fuerzas de la izquierda en Barcelona en el que reunió a dirigentes clave del Sur Global y del centro-izquierda. La agenda del foro se dedicó precisamente a los principales proyectos institucionales. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó un proyecto que permitiría que los presupuestos militares de los estados se recondujesen a la protección medioambiental. Lula da Silva presionó para que se introdujese un impuesto global a la riqueza. El gobierno español está diseñando un plan para el control democrático de los monopolios digitales.

Los actuales intentos por impulsar una política progresista a nivel global se realizan desde países y regiones que, según el análisis del intelectual esloveno, han de categorizarse como sin esperanza o incluso “enemigas”, especialmente si nos fijamos en el descomunal éxito de China en la transición energética. A pesar de todo lo anterior, Slavoj Žižek se niega a considerar una cooperación internacional en un sentido progresista. Aún más revelador es el hecho de que el filósofo evite cualquier crítica de peso hacia la propia Europa. Aunque su posición parezca radical resulta sorprendentemente conciliadora hacia las élites europeas y no nos dice nada sobre las contradicciones sociales más importantes.

Slavoj Žižek tiene un célebre chiste verde y políticamente incorrecto sobre cómo, en el Rus medieval, un guerrero mongol viola una mujer campesina rusa y obliga a su marido a sostenerle los testículos para que se no llenen de polvo. Cuando el guerrero se marcha, la mujer mira con lágrimas mientras su marido parece exultante. ¿Por qué? Porque saboteó la orden y dejó que los testículos del mongol se llenasen de polvo. El campesino contempló esta transgresión menor como una victoria. Žižek ilustraba con esta anécdota el trabajo de los intelectuales críticos contemporáneos, participantes en subversiones simbólicas menores al mismo tiempo que no suponen ninguna amenaza real al sistema, ya que nunca se les ocurre que podrían “cortarle las pelotas” a quienes tienen el poder.

Quizá la superestrella de la filosofía izquierdista y todos sus simpatizantes deberían considerar que el método dialéctico pierde su significado si se elimina de él la crítica al capitalismo y se la reemplaza con una escatología mezclada con narativas chovinistas. Si Slavoj Žižek repite como una cacatúa la retórica de los burócratas de la Unión Europea, ¿entonces qué papel está interpretando él hoy en el chiste verde?


Fuente: El Salto