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martes, 23 de diciembre de 2025

Obstrucción climática: cuando el sabotaje va mucho más allá de negar la ciencia

 

 Por Andrés Actis   
      Periodista licenciado en Comunicación Social (UNR-Argentina). Colabora en diferentes medios, entre ellos El Salto.


Un centenar de científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima de la Universidad de Brown publica un extenso análisis sobre el entorpecimiento organizado a la lucha climática. La conclusión: la obstrucción no es un actor, sino todo un sistema


     ¿Por qué si la quema de combustibles fósiles provoca el cambio climático, un hecho científico evidente desde hace décadas, y un 89% de la población mundial exige mayor acción climática a sus gobernantes, las políticas para mitigar el calentamiento global no avanzan al ritmo necesario para evitar una catástrofe planetaria que ya está en puerta? Con ese interrogante de fondo, más de 100 científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima de la Universidad de Brown (Estados Unidos) empezaron a destripar la exasperante inacción climática que parece enquistada en todos los continentes. El resultado de este análisis acaba de publicarse, tal vez, en el libro más comprensivo y sistemático hasta la fecha sobre el entorpecimiento organizado a la lucha climática. La conclusión es que la obstrucción no es un actor, sino un sofisticado ecosistema que tiene como finalidad sabotear un mundo descarbonizado.


En 'Climate Obstruction: A Global Assessment', más de cien científicos sentencian que el mundo fracasa en la acción climátic por la acción deliberada de actores económicos y políticos que obstaculizan las transiciones ecológica y energética.

El libro se llama Climate Obstruction: A Global Assessment y se puede descargar de forma gratuita. A partir de documentos internos, investigaciones académicas y estudios de caso, los autores sentencian que el mundo no fracasa en la acción climática por falta de conocimiento científico, ni por ausencia de apoyo público, sino por la acción deliberada de actores económicos y políticos que obstaculizan las dos transiciones en marcha, la ecológica y la energética.


Sabotaje a la acción climática en todo el mundo. Descarga gratuita.

Si bien combatir el cambio climático “nunca iba a ser fácil, se ha vuelto exponencialmente más difícil debido a diversas formas de obstrucción”, advierten en la introducción de la publicación. ¿Qué es la obstrucción climática? Es más que negar la ciencia, aclaran: son tácticas dilatorias como advertir sobre calamidades económicas, o el lavado de imagen verde que intenta reposicionar a las grandes petroleras como “un actor legítimo en la solución del cambio climático” en lugar de “un enemigo”, o teorías conspirativas descabelladas sobre un nuevo orden mundial o el “comunismo global”.


Almacenamiento energético de Enlight Renewable Energy en Huesca: lavado verde de la imagen de Israel.

Y no se trata solo de las grandes petroleras, sino de un “gran enjambre” de actores: empresas que dependen de la economía fósil, como las compañías de servicios, así como las asociaciones comerciales detrás de las cuales se esconden; los centros de estudios que financian; las empresas de relaciones públicas que las hacen quedar bien; y las grandes empresas tecnológicas que difunden sus falsas afirmaciones. Los gobiernos y políticos cierran el círculo.

“La investigación muestra cómo las grandes petroleras, la agroindustria, los servicios, los conglomerados de transporte y sus redes de think tanks, lobistas y agencias de relaciones públicas despliegan un repertorio coordinado para evitar regulaciones que afecten sus modelos de negocios. La idea fuerza es demoledora: la obstrucción no es un actor, sino un sistema”, explica Federico Merke, doctor en Ciencias Sociales y profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés (Argentina).


¿Por qué no queremos salvar al mundo?

Merke, quien también estudia el cruce entre la política internacional y el cambio climático, autor del libro ¿Por qué no queremos salvar al mundo?, celebra el esfuerzo de sus colegas por demostrar que no estamos frente a un “negacionismo clásico”, sino frente a una “constelación mucho más sofisticada”: tácticas de demora, falsas soluciones, campañas de miedo económico, captura regulatoria, manipulación mediática, litigios estratégicos, greenwashing e infiltración en procesos multilaterales.


Protesta indígena contra las barcazas de la soja sobre el río Tapajós y el Ferrocarril de Ferrogrão durante la COP30.

En este contexto, la derecha radical, en auge en casi todo el planeta, aparece hoy como “multiplicador del problema”. El libro reconstruye cómo la ultraderecha, desde el movimiento antiambientalista “Wise Use” hasta los think tanks del Atlas Network, erosionan los propios marcos de cooperación internacional, atacando la diplomacia multilateral, las instituciones ambientales y la idea misma de gobernanza global. “En lugar de debates técnicos, predominan conspiraciones sobre la “Gran sustitución” y un uso instrumental del clima para movilizar identidades culturales agraviadas”, señala Merke.


Wise Use en la Casa Blanca.

El libro, coordinado por Timmons Roberts, Carlos Milani, Jennifer Jacquet y Christian Downie, también indaga en el papel de los medios de comunicación y de las plataformas digitales. El ecosistema mediático es un “vector clave” en la amplificación de la desinformación, tanto por “falsos equilibrios” periodísticos —otorgarle el mismo espacio y entidad a un científico que a un lobbista, por ejemplo— como por la arquitectura algorítmica de las grandes tecnológicas —Meta, Google, X y TikTok—. Para Merke, el libro exhibe un “mecanismo inquietante”: muchas de estas plataformas no solo permiten la desinformación, también ganan dinero con ella a través de publicidad dirigida de compañías fósiles.

Lo primero: qué es la obstrucción climática

Los autores la definen como las acciones intencionales y los esfuerzos para frenar o bloquear políticas sobre el cambio climático, medidas respaldadas por el consenso científico respecto a la necesidad de dejar de quemar combustibles fósiles y de destruir los ecosistemas naturales.

Ante cada política climática puesta sobre la mesa, las grandes petroleras, junto con sus aliados de la agricultura, la tecnología, los medios de comunicación y sus facilitadores en el sector de las relaciones públicas, utilizan sus “ganancias y poder” para impedirlas o debilitarlas. “Un ecosistema interconectado de individuos y organizaciones”, resumen este grupo de investigadores.


El presidente de Argentina, Javier Milei, saluda a Abascal en la fiesta ultraderechista de Vox, Viva 24.

En diferentes contextos políticos, la obstrucción adopta formas propias. No hay un método único, se explica. Pero el objetivo sí es común: sabotear acciones significativas para abordar la crisis climática. En el caso de la industria fósil (petróleo y gas), el entorpecimiento pivota todo el tiempo sobre “negar, retrasar y diluir”.

Tras realizar una revisión exhaustiva de la literatura académica y de los documentos internos de la industria, los autores revelan la estrategia de “tres pasos” de la industria de los combustibles fósiles para mantenerse con vida: negar la ciencia que muestra que los combustibles fósiles causan un cambio climático peligroso; retrasar soluciones políticas y regulaciones que podrían reducir la contaminación; y diluir o cooptar esas políticas una vez que se aprueban. El ejemplo más reciente: el adiós el veto a los coches de combustión en 2035.


Campa de coches afectados tras la dana de València en Benaguasil a fecha de enero de 2025.

“Si bien la clásica negación climática de la industria de fines del siglo XX aún se arrastra a través de los mitos zombis que ha difundido y el lenguaje tipo 'engaño' sigue siendo relevante —dice el libro—, una forma de obstrucción más frecuente y complicada es el uso de tácticas de miedo económico como parte de los esfuerzos de lobby para retrasar o debilitar la acción política mediante el alarmismo con afirmaciones extravagantes e inexactas de que la política climática arruinará la economía”.

Esta industria, cuando ya no puede evitar el debate político, se vende “como parte de la solución al cambio climático”. Los ejemplos sobran. En España, Repsol se erige como un actor clave de la transición verde, pero solo el 1,28% de toda la energía que produce es renovable. Con esta técnica, señala el libro, “la industria de los combustibles fósiles está cooptando el discurso de las soluciones climáticas para impedir la legislación y mantener el modelo de negocios del petróleo y el gas”.


Un activista de Greenpeace, colgado de una de las astas de la entrada del Ifema de Madrid durante la junta de accionistas de Repsol.

Las técnicas de obstrucción se sustentan, por lo general, en algunas de estas narrativas: historias aterradoras sobre el “colapso industrial” y otras consecuencias negativas (imaginarias) de la política climática; falsas soluciones como la captura de carbono para reducir la necesidad de reducir el uso de combustibles fósiles; o la afirmación de que los combustibles fósiles son la mejor y única manera para que las economías emergentes generen la electricidad necesaria para el desarrollo económico.

La industria de la agricultura animal, señala el libro, es “otro importante contaminante climático”, por su exitoso esfuerzo de mantener alta la demanda pública de carne a pesar de los costes climáticos y de salud que tienen sus productos. Para los autores, esta obstrucción cuenta con el beneplácito de los medios de comunicación, que “constantemente caen en la trampa”: “Con demasiada frecuencia transmiten el encuadre preferido de la industria, haciendo que la responsabilidad del cambio recaiga sobre los consumidores en lugar de las corporaciones, lo que permite a estas últimas evitar la rendición de cuentas”.

Como resultado, se agrega, la cobertura sobre agricultura y cambio climático se suele centrar en el consumo de carne y el veganismo como opciones dietéticas individuales, “mientras que rara vez aborda las contribuciones de las empresas ganaderas al cambio climático y el papel de las políticas gubernamentales —impuestos y subsidios agrícolas— en la promoción o el impedimento de la producción y el consumo sostenibles.

El chivo expiatorio del multiculturalismo

En el capítulo dedicado a la ultraderecha, el libro rastrea una estrategia de obstrucción común en todos los países: la amenaza de una sociedad multicultural y multirracial como chivo expiatorio para conseguir el apoyo de los partidos nacionalistas. Se presentan como las únicas fuerzas políticas que buscan combatir el “Gran Reemplazo” por parte de organizaciones cosmopolitas, como la ONU.


Manifestación del 4 de octubre contra el genocidio palestino en Madrid.

Ante esto, los partidos conservadores tradicionales, siempre dubitativos para adoptar medidas para combatir el cambio climático, empiezan a sumarse al rechazo científico y a todas las nociones de diplomacia multilateral y cooperación internacional que son fundamentales para resolver el desafío climático global.

Que este chivo expiatorio —como tantos otros— cale en los imaginarios colectivos mucho tienen que ver los medios de comunicación, dicen estos expertos. La norma periodística de “los dos lados” —dar voz a todas las partes— “ha sido explotada por la industria de los combustibles fósiles y su maquinaria de obstrucción”.

Si esto se suma a la habitual venta de servicios a la industria de los combustibles fósiles con fines publicitarios, el rol de los medios tradicionales —televisión, periódicos y radio— es de relevancia dentro de esta maquinaria. El contenido comprado por las empresas parece “información objetiva” cuando, en realidad, está plagado de intereses anticlima.

Ni hablar del papel de las grandes empresas tecnológicas, principales contribuyentes a la desinformación climática. Los autores definen al big tech como “actores cómplices” de la obstrucción, ya que “la desinformación es ahora un subproducto garantizado, si no una parte central, de los modelos de negocio de las empresas de redes sociales”. A juicio de los autores del libro, los algoritmos que premian la desinformación climática son un ejemplo de que la obstrucción no se explica solo por un “gasto financiero masivo”, sino también por “la explotación de rasgos psicológicos humanos comunes”.

A las cinco creencias que sustentan la acción climática —el cambio climático es real, es de origen humano, tiene consenso científico, es perjudicial y existe la esperanza de que podamos evitar los peores escenarios—, el “contramovimiento climático” instala “descreencias” que, como poco, contaminan las evidencias: el calentamiento global no es real, no es de origen humano, los impactos climáticos no son malos, las soluciones climáticas no funcionan, y los expertos no son nada fiables. ¿Cómo cultivan estas incredulidades? “Desvirtuando la integridad científica. Es decir, empleando las cinco técnicas de negación científica: falsos expertos, falacias lógicas, expectativas imposibles, selección de datos y teorías conspirativas”.

El Sur global: entre impacto y dependencia

Para Merke, una de las contribuciones más valiosas de todo el libro es el análisis del Sur global. Los autores muestran que, aunque los países en desarrollo sufren más las consecuencias del cambio climático, también reproducen lógicas de obstrucción cuando sus élites políticas y empresariales dependen de sectores fósiles o agroexportadores. La obstrucción, advierten, no es monopolio del norte, aunque el norte tiene una responsabilidad histórica desproporcionada.

Se pone el ejemplo de la expansión del ferrocarril brasileño para conectar puertos costeros, anunciada como una alternativa más limpia por la política y las grandes empresas, que terminó provocando una “deforestación más extensa” y fortaleciendo la lógica extractivista que impulsa el Norte global en esta región.

Los Estados, que están en condiciones de impulsar la acción nacional y subvertir los regímenes hostiles al clima global ejerciendo su propia autoridad, terminan formando parte de este ecosistema tóxico. En Brasil y Argentina, por ejemplo, las administraciones reciben regalías por la extracción petrolera, “lo que los convierte en opositores naturales a las políticas climáticas”. Estos “beneficios económicos” se utilizan para identificar a las políticas de descarbonización como “hostiles a los trabajadores y a las finanzas estatales”.

En general, “la dependencia de la industria de los combustibles fósiles representa un obstáculo para políticas más eficaces y ambiciosas que buscan diversificar las fuentes de energía y crear un modelo de desarrollo económico menos centrado en el petróleo”. Encima, en toda América Latina, el activismo climático se reprime mediante violencia física, lo que “sugiere que los actores subnacionales se sienten cómodos generando miedo cuando ello sirve a sus intereses, incluso si genera indignación pública”.

Las soluciones

El libro no se limita al diagnóstico. Detalla una serie de mecanismos emergentes para contrarrestar la obstrucción, como los litigios climáticos basados en publicidad engañosa y responsabilidad civil; las regulaciones contra el greenwashing; la transparencia obligatoria para el lobby empresarial; las reformas en los procesos del IPCC y la COP que limiten el poder de los obstructores; y las campañas de naming and shaming (nombrar y avergonzar) para revocar licencias sociales.


Un noviembre extremadamente caluroso encamina a 2025 como el segundo año más cálido desde que se realizan mediciones.

Para los autores, estos cinco mecanismos son “cruciales” para frenar la obstrucción climática. No apuntan solo a los daños causados por la contaminación, sino también al “greenwashing y otros discursos y comportamientos corporativos engañosos que se rigen por las leyes de protección al consumidor”.

En los Países Bajos, la Autoridad de Consumidores y Mercados declaró lavado verde al “ecodiseño” de H&M, lo que ha provocado una “atención pública negativa” por las conductas contaminantes de esta marca. Aunque si bien “la humillación pública genera presión social”, los litigios crean un incentivo aún más directo para que las corporaciones dejen de obstruir la acción climática, explica el libro. Los autores han recopilado más de 2.000 juicios en todo el mundo. Se espera que la cifra crezca con fuerza en los próximos años. “Estos casos representan una gran amenaza para la industria, con un rango de responsabilidad potencial que alcanza billones de dólares o más”, explican.

La otra buena noticia es que los grupos de la sociedad civil han comenzado a “contrarrestar la infraestructura que frena la acción climática”. Cada vez hay más organizaciones que están monitoreando la desinformación en las plataformas de redes sociales y realizando campañas de concienciación. “Mediante esfuerzos como estos, los científicos del clima, los defensores y los formuladores de políticas están empezando a desarmar y desmantelar estratégicamente la operación de obstrucción industrial que está saboteando la acción climática”, concluyen los investigadores.

Merke se queda con la contundencia del diagnóstico de esta investigación: la lucha contra la obstrucción es hoy tan importante como la reducción de emisiones. “No basta con diseñar buenas políticas climáticas; es preciso desmantelar la arquitectura que las bloquea”.


Fuente: El Salto

viernes, 21 de febrero de 2025

"El mayor éxito del neoliberalismo fue colonizar los partidos de izquierda"

 

 Entrevista de Emilia G. Morales  
      Redactora en la sección de datos e investigación de Público.


.Público habla con el economista George Monbiot sobre su último libro.

     Sus nombres, Friedyk Hayek y Ludwig von Mises, no son tan populares como lo es el sistema político-económico que idearon y que ahora predomina en el norte global. La doctrina neoliberal fue planteada entre los años 40's y 50's, como contrapeso al keynesianismo, que impulsó la creación de estados fuertes que pudieran reconstruir una Europa devastada por las grandes guerras de la primera mitad del siglo XX. Frente a esto, Hayek y Mises propusieron dar libertad total a los grandes capitales para operar. O lo que era lo mismo, para extraer, especular y explotar. Para ello, era necesario debilitar al Estado, ya que era el único aparato social con influencia democrática que podía poner coto al afán lucrativo de los grandes empresarios.

Se colaron en los pasillos de los parlamentos nacionales a través de lobbies y think tanks –como el Institute of Economic Affairs (IEA), por nombrar uno de ellos– y susurraron al oído de los gobernantes hasta lograr penetrar, sigilosamente, en sus programas políticos. Incluidos los del demócrata estadounidense Bill Clinton y el laborista británico, Toni Blair. Pero eso fue después de que uno de los discípulos más conocidos de Hayek, Milton Friedman, se acercara a Ronald Raegan y Margaret Thatcher. Ambos políticos fueron la punta de lanza de esta ideología en las democracias representativas.

El neoliberalismo es, como cualquier otra ideología, un producto de la acción humana y no la expresión de una suerte de ley natural, como a veces se presenta. Hacer visible esta historia es una de las misiones que persiguen los autores de La doctrina invisible (2025, Capitán Swing), el economista inglés George Monbiot y el cineasta Peter Hutchison. La segunda, mostrar la necesidad de crear un relato propio que devuelva a los no ricos la fe en una democracia más radical y que combata las pulsiones dictatoriales de la sociedad actual.


George Monbiot.



P.- En su ensayo explica que el neoliberalismo necesita al colonialismo para la extracción de recursos a bajo coste. Dado que estos son finitos ¿puede sobrevivir esta ideología a su agotamiento?

R.- El capitalismo es muy bueno buscando nuevas fronteras que colonizar. Estos días hemos visto cómo Donald Trump [presidente de EEUU] está tratando de chantajear a Ucrania para que le de acceso a sus tierras raras. Prácticamente le está obligando a pagar las reparaciones de la invasión rusa. Lo que vemos no es el agotamiento de los recursos, sino un intento aún más agresivo de asegurar los recursos que el capital demanda.

Esto requiere de la diplomacia militar, pero también de unas formas todavía más destructivas de extracción. Porque los recursos que se están agotando son los que se pueden extraer más fácilmente, así que ahora van a por los de más difícil acceso. Esto requiere una mayor destrucción del medioambiente, y es la razón por lo que, por ejemplo, se está impulsando la extracción de recursos del fondo del mar. O por la que Elon Musk quiere ir a otros planetas. Sin embargo, sospecho que serán otras las fuerzas nos llevarán al colapso. Antes, incluso, de que se acaben los recursos. Y será el resultado del enorme daño político, económico y medioambiental que está suponiendo, precisamente, esa extracción de recursos.

“El gasto militar es una de las maneras con la que los neoliberales crean oportunidades para los más ricos”

P.- ¿Cómo comulga la llamada general de los estados a aumentar el gasto en defensa con el mandato neoliberal de "achicar el Estado"?

R.- La disolución del Estado que propone el neoliberalismo siempre ha sido muy selectiva. Lo que disminuyen son los servicios públicos y el estado del bienestar para los trabajadores y las clases medias. No decrecen las oportunidades para los más ricos. El gasto militar es una de las maneras para promover esas oportunidades, aunque hay otras. Por ejemplo, los subsidios para la extracción de los combustibles fósiles.

En EEUU estamos viendo un enorme ataque a los recursos federales y, sin embargo, no se ha dicho ni una sola palabra sobre recortar estos subsidios. De hecho, Trump va a incrementarlos. El neoliberalismo siempre ha sido hipócrita: la reducción del Estado siempre es de una parte del Estado, mientras que otra se expande masivamente. Así que la idea del "pequeño Estado" es, de alguna manera, un dispositivo retórico. En términos de concentración de su poder el Estado se hace más grande bajo el neoliberalismo. Por eso, allí donde triunfa vemos más leyes antiprotesta, más recortes de los derechos de los ciudadanos y menos regulaciones para compañías y oligarcas. Se regula al ciudadano y se desregula a las empresas.

P.- ¿Cómo venden los neoliberales esta estrategia a los votantes?

R.- En el neoliberalismo se puede justificar lo que sea. El ser humano es fácil de persuadir y si nos dicen "hay una enorme amenaza y debemos priorizar el gasto en la industria militar por encima de las prestaciones sociales", mucha gente lo aceptará. Si un número considerable de personas reproducen esta idea a través de medios de comunicación, de redes sociales y de discursos políticos, al final será parte del status quo, de la normalidad. Y nadie quiere ir contra la normalidad, porque lo consideramos peligroso. Así que, independientemente de que esa normalidad sea fascismo, estalinismo, socialdemocracia o neoliberalismo, la mayor parte de la gente la aceptará

Esta es la razón por la que es tan importante cambiar el status quo. Necesitamos crear una nueva normalidad en la que lo normal sea invertir en gasto público y social, y proteger a los seres vivos del planeta.

P.- ¿Cómo cabalgan la contradicción que supone la interdependencia entre neoliberalismo y Estado?

R.- Esta semana, el presidente Argentino, Javier Milei, promovió la criptoestafa, Libra. Ahora dice que lo difundió como economista, no como presidente. Es alguien que niega el Estado y que no se identifica como presidente, pero que fue elegido gracias a los mecanismos del Estado democrático...


El presidente de Argentina, Javier Milei, en la cumbre del G20.


Milei es un presidente neoliberal clásico. El fue elegido gracias al Atlas Network, que ha impulsado regímenes neoliberales alrededor de todo el mundo. Milei ha acabado con los servicios de salud, las protecciones medioambientales y ha entregado el país a capitales extranjeros para que extraigan recursos con casi ningún coste. Todo su modelo económico es una gran estafa piramidal en la que se roban recursos al futuro para crear la ilusión de que Argentina tiene cierta salud financiera. El hecho de que el apoye a criptomonedas que acaban de aparecer no es diferente a todo lo que ya está haciendo, que es una gran estafa. Así es como funciona el neoliberalismo.




P.-Usted explica que esta ideología también ha echado raíces entre socialdemócratas y laboristas. ¿Se puede revertir esto?

R.- Creo que estamos ante una gran oportunidad para que los partidos de izquierda acaben con la fantasía neoliberal y digan "mirad, esto no está funcionando, necesitamos algo diferente". Pero para eso deben contar una historia, un relato político claro. Las izquierdas casi siempre han fallado en esto y únicamente proponen pequeñas reformas.

“Las izquierdas son tímidas, temen que si perturban al capital, serán crucificados”

Y mientras hacen esto y fracasan en su relato, los neoliberales y la extrema derecha han contado su historia muy bien. Han dicho: "nosotros vamos a cambiarlo todo, vamos a cambiar el sistema". Y están teniendo éxito. Los partidos de izquierdas son muy tímidos, les preocupa que si perturban los intereses del capital y sus beneficios, serán crucificados. Bueno, sí, ocurrirá. Pero tienen que pasar por ello. No tiene ningún sentido permanecer en el gobierno si no tienes una nueva historia que contar y unas políticas nuevas acordes a ellas.

P.- Después del crack del 2008, irrumpieron nuevos partidos con estos grandes relatos. Pero la democracia representativa pone límites a este cambio de sistema...

R.- Algo de lo que tenemos que ser conscientes es que nuestro sistema político no fue diseñado para la democracia, sino para centralizar la autoridad. Efectivamente, nuestras democracias están entrelazadas con al capital y ya no funcionan. A no ser que diseñemos un sistema político para la democracia real, el sistema siempre va a retroceder para centralizar el poder. Lo que tratamos de hacer con este el libro es hablar de cómo sería un sistema diseñado para la democracia. Comenzaría con pequeñas decisiones locales en las que la gente pudiera estar implicada en vez de dejarlo todo en manos de políticos cada cuatro o cinco años.

P.- En España, tras el 15M se abrió una ventana de oportunidad en la que las nuevas formaciones hablaron de democracia directa y municipalismo. Esa ventana ahora está cerrada ¿Cree que volverá a abrirse?

R.- No podemos esperar resultados inmediatos y rápidos, pero tenemos que empezar a construir este mito político en positivo. Los comunistas fueron muy buenos en esto. Personalmente, parte de su relato me parece problemático, pero lo cierto es que fueron muy estratégicos a la hora de contar cuál era su historia y cómo debía ser contada. Nosotros hemos fallado en esa misión.

“Tenemos que dejar de dar vueltas preguntándonos ¿qué está pasando? ¿qué hacemos? “

Ahora parece que todo el mundo está esperando a que se produzca una crisis en el sistema actual para que alguien haga algo. Pero tenemos que dar el primer paso y dejar de dar vueltas preguntándonos ¿qué está pasando? ¿qué hacemos?. Porque, y esto sí es cierto, después de mucho tiempo se está produciendo una verdadera crisis del sistema. Y tiene que ver con cómo Donald Trump y Elon Musk están operando. Y como Napoleón decía, no interrumpas a tus enemigos mientras están cometiendo errores. Es obvio que van a arrasar con el sistema político, también en el peor de los sentidos. Pero esto puede significar que habrá oportunidades a la vuelta de la esquina y tenemos que estar preparados para aprovecharlas.

Con el libro, Peter Hutchison y yo hemos intentado poner nuestro grano de arena en la construcción de ese relato. No creemos que sea el más acertado ni que seamos los únicos que tengamos algo que decir. Hay muchas personas brillantes con ideas fantásticas. Lo que necesitamos es poner todas esas ideas juntas de forma clara y decir "aquí está la tierra prometida, este es el lugar al que nos gustaría llegar y así es como vamos a alcanzarlo".

P.- ¿Qué otras experiencias os parecen inspiradoras?

R.- Creo que la manera en la que en Taiwán se está incluyendo a los ciudadanos en la toma de decisiones políticas es muy interesante. También fueron interesantes los procesos políticos que vivieron Madrid y Barcelona.

P.- Sí, y en otras ciudades de España. Pero, por lo general, las derechas han vuelto a ocupar los gobiernos locales.

R.- Lo cual demuestra que las oportunidades son momentos en los que se pueden hacer cambios que sirvan de ejemplos de cómo se vería otro sistema. Es cierto que, salvo en Porto Alegre (Brasil) y Rojava, estas acciones no han ido lo suficientemente lejos.

Vimos un poco en Madrid, en Barcelona, en Reikiavik, en Taiwán, en Seúl, en el este de Bélgica y, más tímidamente, en París… Todos esos son ejemplos extraordinarios que muestran cómo las personas pueden comenzar a recuperar el control de los procesos políticos.

Por supuesto, son experiencias vulnerables de ser revertidas por las derechas cuando vuelven, pero mientras más desarrollemos estas experiencias, mientras más pongamos en práctica modelos alternativos al neoliberalismo, más los perfeccionaremos y más posibilidades habrá de que terminen brotando.

P.- Así que hay esperanza

R.- Sí. Y donde tengo más esperanzas es en las movilizaciones de la gente joven. Cuando estaba en el punto más pesimista de mi militancia ecologista, unos chicos y chicas de 15 años comenzaron a movilizarse. Nunca sabes cuándo, de dónde, ni quién va a catalizar un nuevo movimiento. Debemos tener fe en la gente, porque siempre hay creatividad esperando para ser expresada. Nuestra tarea es estar preparados para ese momento, tener nuestro relato y nuestros movimientos listos, para que cuando llegue el momento, podamos aprovecharlo.


Fuente: Público