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sábado, 21 de febrero de 2026

Epstein, una historia de dominación masculina

 

      Periodista y ex subdirector de Il Fatto Quotidiano.


Los archivos del magnate evidencian el vínculo entre capitalismo y patriarcado. Corresponde a los hombres desmantelar todo el aparato simbólico de esta forma de opresión

      No hay fotografía más nítida para devolver el vínculo entre capitalismo y patriarcado, en su expresión más abominable, que las imágenes provenientes de los archivos de Jeffrey Epstein. Pocos pusieron el foco en el grado de complacencia sexual, de desvergonzada exhibición del poder masculino, blanco, sobre el cuerpo de las mujeres, ejercido no por hombres cualquiera sino por una élite mundial superseleccionada. Un cónclave de hombres poderosos, capaces de gobernar y condicionar, en el plano político, económico, cultural y del imaginario, las vidas de miles de millones de personas, que se reunió unido y compacto en la humillación de las mujeres y que se sintió aún más cohesionado precisamente en virtud de ese acto colectivo.


Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell saludan a Bill Clinton en la Casa Blanca en septiembre de 1993.

Los archivos de Epstein incluyen todo lo que las fiscalías acumularon sobre el indecente magnate desde 2005, cuando este fue investigado por denuncias de abusos a menores en Florida. Desde noviembre pasado, además, se publicaron cerca de tres millones de páginas de documentos. No se trata solo de información relativa al tráfico sexual, sino que también hay documentos financieros de sus clientes, intercambios de correos electrónicos y mensajes de texto personales, videos y fotos. El entrelazamiento entre poder y violencia sexual no podría ser más explícito. Elon Musk, que luego intentó desmentir estas afirmaciones, le pregunta en 2012 a Epstein “¿en qué día/noche será la fiesta más salvaje en tu isla?”, en referencia a la isla privada que el magnate poseía en las Islas Vírgenes. En otros apuntes de Epstein dirigidos a Bill Gates, fundador de Microsoft, se sostiene que Gates habría tenido relaciones extramatrimoniales con “chicas rusas” y en consecuencia contrajo una enfermedad de transmisión sexual, pidiéndole ayuda a Epstein para obtener antibióticos que pudiera tomar a escondidas a Melinda, su esposa. En un correo electrónico del 18 de julio de 2013, Epstein escribe: “Para colmo de males, después me pides, con lágrimas en los ojos, que borre los correos sobre tu enfermedad de transmisión sexual, sobre tu petición de que yo te provea antibióticos que puedas darle a escondidas a Melinda y sobre la descripción de tu pene”.


Ficha policial de Jeffrey Epstein.

El nombre de Richard Branson, propietario de Virgin, aparece cientos de veces y, en un intercambio de 2013, Epstein le agradece su reciente hospitalidad, mientras Branson responde que fue “realmente un placer” verlo, y agrega: “Cada vez que estés por la zona me encantaría verte. ¡Con tal de que traigas a tu harén!”. (Virgin luego aclaró que por harén se refería a tres miembros adultos del equipo de Epstein, una precisión bastante inverosímil).

Steve Tisch, copropietario del equipo de fútbol americano New York Giants, pregunta si una mujer que conoció en la casa de Epstein era “una profesional o una civil”, y Epstein, en otros intercambios, dice tener para él “un regalo” y describe a la mujer que le presentaría a Tisch como “una tahitiana que habla sobre todo francés, exótica”.

Los archivos se publicaron de manera desordenada y confusa y no se protegió siquiera a las víctimas, muchas de las cuales terminaron en la web con rostros, direcciones de correo electrónico e incluso cuentas bancarias. Pero, en cualquier caso, revelan el muestrario más retrógrado y humillante cuando se trata de referirse a las mujeres: harenes, exóticas, prostitutas; una descripción que no aflora demasiado en las crónicas de estos días, más orientadas a destacar la lista de poderosos o personajes conocidos que a subrayar el trato masculino hacia las mujeres. Y no es casual que sea una mujer, Melinda Gates, quien le pide a su exmarido Bill que “responda por su comportamiento”, agregando que “ninguna chica debería verse jamás en esas situaciones”.

La imagen que, entre las conocidas hasta ahora, mejor describe la condición de supremacía masculina y de humillación sexista es probablemente la del príncipe Andrés, agazapado sobre una mujer tendida en el suelo, casi como una fiera a punto de abalanzarse sobre su víctima.

Una historia de poder masculino, y de dominio sexual entrelazado con los poderes económicos, financieros, políticos y culturales. Desde este punto de vista, si se miran los hechos y los archivos a través de ese lente, no sorprende el nutrido elenco de hombres conocidos o autoproclamados progresistas. El ya mencionado Bill Gates, Bill Clinton, el blairista Peter Mandelson –punta de lanza de la campaña de deslegitimación contra Jeremy Corbyn, acusado de un presunto y inexistente antisemitismo–, el mentor de la izquierda radical Noam Chomsky (por ahora presente en los archivos solo con intercambios epistolares), Woody Allen y el exministro de Cultura francés Jack Lang. Todos amigos de Epstein al igual que Donald Trump y Elon Musk, unidos por una sola identidad: ser hombres. Todos en fila para rendirle homenaje a Epstein, al margen de las convicciones y valores exhibidos en su discurso público y aquí, en cambio, sometidos a las violencias sexuales con una voracidad bien captada por The New York Times: “Demuestra cómo funciona la sociedad de élite en todo el mundo. Revela cómo el dinero, independientemente de cómo se gane, atrae la atención de las personas, lo que a su vez trae más dinero y más atención, y genera esta vasta red de conexiones, incluso para alguien como Epstein. Así, la gente vio reunidas a personas poderosas a su alrededor y quiso formar parte”. People follow the money, podría decirse, y no se detiene ni siquiera ante un abusador sexual. Todo esto, continúa The New York Times, “es revelador de cómo algunas personas de la sociedad de élite consideraban a las mujeres. Había un fuerte componente de clase en todo esto. Muchas chicas provenían de familias desintegradas y de contextos pobres. Algunas habían sufrido abusos en la familia. Y eran vistas, básicamente, como objetos; si no para usar sexualmente, al menos para tener alrededor, casi como muebles. Eran vistas como personas descartables”.


Noam y Valéria Chomsky en la Universidad de Arizona en 2018.

Harén, tapicería, mobiliario, personas para usar y tirar. Parece una película de terror, una historia de abusos excepcionales, y obviamente lo es. Pero por el tipo de personas involucradas, por el papel de defensores del sistema dominante –occidental en este caso, que tendrá sus equivalentes en cualquier régimen político– desempeñado por los protagonistas, esa historia se vuelve símbolo de una jerarquía patriarcal bien conocida y denunciada activamente por los movimientos feministas, que el mundo masculino, en cambio, sigue ignorando y esquivando. En el harén de Epstein se escenificó un imaginario que, no por casualidad, fue señalado indirectamente (o quizá de manera más consciente de lo que se cree) por el MeToo estadounidense, dirigido precisamente contra una gestión patriarcal, violenta y propietaria del cuerpo de las mujeres por parte de una élite de hombres blancos y poderosos. Ese movimiento luego fue banalizado y olvidado, pero permaneció en la conciencia de muchas, y no tiene vuelta atrás. Las denuncias por acoso sexual en el trabajo aumentaron después del movimiento en EEUU; así lo señala al menos una nota de la Universidad Bocconi de Milán, con aumentos de denuncias que en algunos casos llegaron al 50 %.

Los archivos de Epstein parecen no perturbar demasiado a la generación masculina que sigue aferrada a un imaginario consolidado e interiorizado hasta volverlo banal. Ciertamente, en gran parte de los comentarios políticos y periodísticos hechos por hombres no falta el repudio, pero a menudo queda eclipsado por la indignación ante la filiación política de los abusadores: los progresistas culpan a Trump y la derecha está lista para replicar con la presencia de los Clinton. Pero el nudo central del caso, la expresión de la relación entre hombres poderosos, patriarcales y ricos, y las mujeres, queda en segundo plano. Y, sin embargo, se trata justamente de desestructurar imaginarios y formas de dominio, esquemas consolidados, relaciones enquistadas incluso con su grado de violencia y humillación. Que desbordan el jet set montado por Epstein, pueblan nuestro imaginario y el caldo turbio en el que crecimos como hombres. Y que a menudo no rechazamos, y menos aún desmantelamos.

Además de rechazar de raíz toda forma de violencia, es necesario desmontar estereotipos, invertir jerarquías léxicas y formas de dominio, incluso las impalpables (sobre todo esas). Porque son las que todavía nos habitan. La historia de liberación y emancipación de las mujeres debe ser escrita por las mujeres, pero también es cierto que una historia de opresión y humillación interpela al sujeto activo del dominio. Y si no se le puede pedir al capitalismo que deje de explotar el trabajo, porque entonces dejaría de existir, sí se les puede exigir a los hombres que desmantelen todo el aparato simbólico ligado al patriarcado y a la opresión. Porque los hombres no dejarían de existir, solo serían mejores y podrían construir relaciones nuevas: solidarias, igualitarias, fundamentalmente inéditas y liberadoras para todos. No hay nada más opresivo y constrictivo, en el fondo, que el patrón de virilidad inculcado desde la juventud, que convierte la exhibición de sí y la competencia infinita en un deber absoluto. Y no hay nada más liberador que deshacerse de él.


Fuente: Ctxt

viernes, 21 de febrero de 2025

"El mayor éxito del neoliberalismo fue colonizar los partidos de izquierda"

 

 Entrevista de Emilia G. Morales  
      Redactora en la sección de datos e investigación de Público.


.Público habla con el economista George Monbiot sobre su último libro.

     Sus nombres, Friedyk Hayek y Ludwig von Mises, no son tan populares como lo es el sistema político-económico que idearon y que ahora predomina en el norte global. La doctrina neoliberal fue planteada entre los años 40's y 50's, como contrapeso al keynesianismo, que impulsó la creación de estados fuertes que pudieran reconstruir una Europa devastada por las grandes guerras de la primera mitad del siglo XX. Frente a esto, Hayek y Mises propusieron dar libertad total a los grandes capitales para operar. O lo que era lo mismo, para extraer, especular y explotar. Para ello, era necesario debilitar al Estado, ya que era el único aparato social con influencia democrática que podía poner coto al afán lucrativo de los grandes empresarios.

Se colaron en los pasillos de los parlamentos nacionales a través de lobbies y think tanks –como el Institute of Economic Affairs (IEA), por nombrar uno de ellos– y susurraron al oído de los gobernantes hasta lograr penetrar, sigilosamente, en sus programas políticos. Incluidos los del demócrata estadounidense Bill Clinton y el laborista británico, Toni Blair. Pero eso fue después de que uno de los discípulos más conocidos de Hayek, Milton Friedman, se acercara a Ronald Raegan y Margaret Thatcher. Ambos políticos fueron la punta de lanza de esta ideología en las democracias representativas.

El neoliberalismo es, como cualquier otra ideología, un producto de la acción humana y no la expresión de una suerte de ley natural, como a veces se presenta. Hacer visible esta historia es una de las misiones que persiguen los autores de La doctrina invisible (2025, Capitán Swing), el economista inglés George Monbiot y el cineasta Peter Hutchison. La segunda, mostrar la necesidad de crear un relato propio que devuelva a los no ricos la fe en una democracia más radical y que combata las pulsiones dictatoriales de la sociedad actual.


George Monbiot.



P.- En su ensayo explica que el neoliberalismo necesita al colonialismo para la extracción de recursos a bajo coste. Dado que estos son finitos ¿puede sobrevivir esta ideología a su agotamiento?

R.- El capitalismo es muy bueno buscando nuevas fronteras que colonizar. Estos días hemos visto cómo Donald Trump [presidente de EEUU] está tratando de chantajear a Ucrania para que le de acceso a sus tierras raras. Prácticamente le está obligando a pagar las reparaciones de la invasión rusa. Lo que vemos no es el agotamiento de los recursos, sino un intento aún más agresivo de asegurar los recursos que el capital demanda.

Esto requiere de la diplomacia militar, pero también de unas formas todavía más destructivas de extracción. Porque los recursos que se están agotando son los que se pueden extraer más fácilmente, así que ahora van a por los de más difícil acceso. Esto requiere una mayor destrucción del medioambiente, y es la razón por lo que, por ejemplo, se está impulsando la extracción de recursos del fondo del mar. O por la que Elon Musk quiere ir a otros planetas. Sin embargo, sospecho que serán otras las fuerzas nos llevarán al colapso. Antes, incluso, de que se acaben los recursos. Y será el resultado del enorme daño político, económico y medioambiental que está suponiendo, precisamente, esa extracción de recursos.

El gasto militar es una de las maneras con la que los neoliberales crean oportunidades para los más ricos”

P.- ¿Cómo comulga la llamada general de los estados a aumentar el gasto en defensa con el mandato neoliberal de "achicar el Estado"?

R.- La disolución del Estado que propone el neoliberalismo siempre ha sido muy selectiva. Lo que disminuyen son los servicios públicos y el estado del bienestar para los trabajadores y las clases medias. No decrecen las oportunidades para los más ricos. El gasto militar es una de las maneras para promover esas oportunidades, aunque hay otras. Por ejemplo, los subsidios para la extracción de los combustibles fósiles.

En EEUU estamos viendo un enorme ataque a los recursos federales y, sin embargo, no se ha dicho ni una sola palabra sobre recortar estos subsidios. De hecho, Trump va a incrementarlos. El neoliberalismo siempre ha sido hipócrita: la reducción del Estado siempre es de una parte del Estado, mientras que otra se expande masivamente. Así que la idea del "pequeño Estado" es, de alguna manera, un dispositivo retórico. En términos de concentración de su poder el Estado se hace más grande bajo el neoliberalismo. Por eso, allí donde triunfa vemos más leyes antiprotesta, más recortes de los derechos de los ciudadanos y menos regulaciones para compañías y oligarcas. Se regula al ciudadano y se desregula a las empresas.

P.- ¿Cómo venden los neoliberales esta estrategia a los votantes?

R.- En el neoliberalismo se puede justificar lo que sea. El ser humano es fácil de persuadir y si nos dicen "hay una enorme amenaza y debemos priorizar el gasto en la industria militar por encima de las prestaciones sociales", mucha gente lo aceptará. Si un número considerable de personas reproducen esta idea a través de medios de comunicación, de redes sociales y de discursos políticos, al final será parte del status quo, de la normalidad. Y nadie quiere ir contra la normalidad, porque lo consideramos peligroso. Así que, independientemente de que esa normalidad sea fascismo, estalinismo, socialdemocracia o neoliberalismo, la mayor parte de la gente la aceptará

Esta es la razón por la que es tan importante cambiar el status quo. Necesitamos crear una nueva normalidad en la que lo normal sea invertir en gasto público y social, y proteger a los seres vivos del planeta.

P.- ¿Cómo cabalgan la contradicción que supone la interdependencia entre neoliberalismo y Estado?

R.- Esta semana, el presidente Argentino, Javier Milei, promovió la criptoestafa, Libra. Ahora dice que lo difundió como economista, no como presidente. Es alguien que niega el Estado y que no se identifica como presidente, pero que fue elegido gracias a los mecanismos del Estado democrático...


El presidente de Argentina, Javier Milei, en la cumbre del G20.


Milei es un presidente neoliberal clásico. El fue elegido gracias al Atlas Network, que ha impulsado regímenes neoliberales alrededor de todo el mundo. Milei ha acabado con los servicios de salud, las protecciones medioambientales y ha entregado el país a capitales extranjeros para que extraigan recursos con casi ningún coste. Todo su modelo económico es una gran estafa piramidal en la que se roban recursos al futuro para crear la ilusión de que Argentina tiene cierta salud financiera. El hecho de que el apoye a criptomonedas que acaban de aparecer no es diferente a todo lo que ya está haciendo, que es una gran estafa. Así es como funciona el neoliberalismo.




P.-Usted explica que esta ideología también ha echado raíces entre socialdemócratas y laboristas. ¿Se puede revertir esto?

R.- Creo que estamos ante una gran oportunidad para que los partidos de izquierda acaben con la fantasía neoliberal y digan "mirad, esto no está funcionando, necesitamos algo diferente". Pero para eso deben contar una historia, un relato político claro. Las izquierdas casi siempre han fallado en esto y únicamente proponen pequeñas reformas.

Las izquierdas son tímidas, temen que si perturban al capital, serán crucificados”

Y mientras hacen esto y fracasan en su relato, los neoliberales y la extrema derecha han contado su historia muy bien. Han dicho: "nosotros vamos a cambiarlo todo, vamos a cambiar el sistema". Y están teniendo éxito. Los partidos de izquierdas son muy tímidos, les preocupa que si perturban los intereses del capital y sus beneficios, serán crucificados. Bueno, sí, ocurrirá. Pero tienen que pasar por ello. No tiene ningún sentido permanecer en el gobierno si no tienes una nueva historia que contar y unas políticas nuevas acordes a ellas.

P.- Después del crack del 2008, irrumpieron nuevos partidos con estos grandes relatos. Pero la democracia representativa pone límites a este cambio de sistema...

R.- Algo de lo que tenemos que ser conscientes es que nuestro sistema político no fue diseñado para la democracia, sino para centralizar la autoridad. Efectivamente, nuestras democracias están entrelazadas con al capital y ya no funcionan. A no ser que diseñemos un sistema político para la democracia real, el sistema siempre va a retroceder para centralizar el poder. Lo que tratamos de hacer con este el libro es hablar de cómo sería un sistema diseñado para la democracia. Comenzaría con pequeñas decisiones locales en las que la gente pudiera estar implicada en vez de dejarlo todo en manos de políticos cada cuatro o cinco años.

P.- En España, tras el 15M se abrió una ventana de oportunidad en la que las nuevas formaciones hablaron de democracia directa y municipalismo. Esa ventana ahora está cerrada ¿Cree que volverá a abrirse?

R.- No podemos esperar resultados inmediatos y rápidos, pero tenemos que empezar a construir este mito político en positivo. Los comunistas fueron muy buenos en esto. Personalmente, parte de su relato me parece problemático, pero lo cierto es que fueron muy estratégicos a la hora de contar cuál era su historia y cómo debía ser contada. Nosotros hemos fallado en esa misión.

Tenemos que dejar de dar vueltas preguntándonos ¿qué está pasando? ¿qué hacemos?

Ahora parece que todo el mundo está esperando a que se produzca una crisis en el sistema actual para que alguien haga algo. Pero tenemos que dar el primer paso y dejar de dar vueltas preguntándonos ¿qué está pasando? ¿qué hacemos?. Porque, y esto sí es cierto, después de mucho tiempo se está produciendo una verdadera crisis del sistema. Y tiene que ver con cómo Donald Trump y Elon Musk están operando. Y como Napoleón decía, no interrumpas a tus enemigos mientras están cometiendo errores. Es obvio que van a arrasar con el sistema político, también en el peor de los sentidos. Pero esto puede significar que habrá oportunidades a la vuelta de la esquina y tenemos que estar preparados para aprovecharlas.

Con el libro, Peter Hutchison y yo hemos intentado poner nuestro grano de arena en la construcción de ese relato. No creemos que sea el más acertado ni que seamos los únicos que tengamos algo que decir. Hay muchas personas brillantes con ideas fantásticas. Lo que necesitamos es poner todas esas ideas juntas de forma clara y decir "aquí está la tierra prometida, este es el lugar al que nos gustaría llegar y así es como vamos a alcanzarlo".

P.- ¿Qué otras experiencias os parecen inspiradoras?

R.- Creo que la manera en la que en Taiwán se está incluyendo a los ciudadanos en la toma de decisiones políticas es muy interesante. También fueron interesantes los procesos políticos que vivieron Madrid y Barcelona.

P.- Sí, y en otras ciudades de España. Pero, por lo general, las derechas han vuelto a ocupar los gobiernos locales.

R.- Lo cual demuestra que las oportunidades son momentos en los que se pueden hacer cambios que sirvan de ejemplos de cómo se vería otro sistema. Es cierto que, salvo en Porto Alegre (Brasil) y Rojava, estas acciones no han ido lo suficientemente lejos.

Vimos un poco en Madrid, en Barcelona, en Reikiavik, en Taiwán, en Seúl, en el este de Bélgica y, más tímidamente, en París… Todos esos son ejemplos extraordinarios que muestran cómo las personas pueden comenzar a recuperar el control de los procesos políticos.

Por supuesto, son experiencias vulnerables de ser revertidas por las derechas cuando vuelven, pero mientras más desarrollemos estas experiencias, mientras más pongamos en práctica modelos alternativos al neoliberalismo, más los perfeccionaremos y más posibilidades habrá de que terminen brotando.

P.- Así que hay esperanza

R.- Sí. Y donde tengo más esperanzas es en las movilizaciones de la gente joven. Cuando estaba en el punto más pesimista de mi militancia ecologista, unos chicos y chicas de 15 años comenzaron a movilizarse. Nunca sabes cuándo, de dónde, ni quién va a catalizar un nuevo movimiento. Debemos tener fe en la gente, porque siempre hay creatividad esperando para ser expresada. Nuestra tarea es estar preparados para ese momento, tener nuestro relato y nuestros movimientos listos, para que cuando llegue el momento, podamos aprovecharlo.


Fuente: Público