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miércoles, 29 de abril de 2026

“La República Tecnológica” de Palantir; cómo el lobby de la empresa inventó la “necesidad” de comprar sus softwares de vigilancia

 

 Por Bruno Sgarzini   
   Periodista especializado en asuntos internacionales.

     La “República Tecnológica” que propone Palantir, en un manifiesto, está basada en una masiva compra de voluntades para que sus softwares sean comprados por las agencias federales de Estados Unidos, entre ellas el ICE, el Pentágono y el Departamento de Agricultura. “La capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power, y el hard power de este siglo se basará en el software. La cuestión no es si se fabricarán armas basadas en la IA, sino quién las fabricará y con qué fin. Nuestros adversarios no se detendrán a enzarzarse en debates teatrales sobre las ventajas del desarrollo de tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad nacional y militar. Seguirán adelante”, asegura el manifiesto de la empresa.


El director ejecutivo de Palantir, Alexander Karp, ha donado millones a causas políticas vinculadas al presidente Trump.

Pero esta conclusión se sustenta en un hecho fáctico; construir la necesidad imperiosa en políticos, y gobiernos, de que sus productos son claves para enfrentar las “amenazas del futuro” y estar un paso adelante de China y otras amenazas a la “seguridad nacional”. Según su manifiesto; “si un marine estadounidense pide un mejor rifle, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Deberíamos ser capaces, como país, de seguir debatiendo la pertinencia de una acción militar en el extranjero sin dejar de ser inflexibles en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que se pongan en peligro.La era atómica llega a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, llega a su fin, y una nueva era de disuasión, basada en la IA, está a punto de comenzar”.

Los nuevos documentos se han convertido en uno de los mayores tsunamis políticos de todo el caso Epstein. En ellos, de forma descarnada, sobresale un modus operandi que mezcla los casos conocidos de abusos y trata de mujeres con arreglos sucios y maquinaciones extrañas el propio Epstein.


Una protesta contra la empresa Palantir en Denver, Colorado.

Pero la maduración de este proyecto tiene un punto de inicio cuando Peter Thiel, uno de los fundadores de Palantir, fue uno de los primeros que apostó por Donald Trump. En 2016 donó un millón de dólares a su campaña a través del Make America Number One y, después, se convirtió en parte de su equipo de transición antes de su asunción presidencial. Ocho años después, la apuesta fue un poco más sofisticada; en vez de Thiel, varias personas de su circulo íntimo pusieron otro millón para los super comité de acción política (superPac) Make American Great Again y Maga para asegurar el regreso de Trump en las presidenciales de 2024. Alexander Karp, director ejecutivo de la corporación, aportó otro millón adicional para su comité de investidura.


Peter Thiel ha declarado que intentará ayudar al presidente Donald Trump en todo lo que pueda.

Mientras que Palantir figuró entre las casi 40 empresas privadas identificadas como donantes del proyecto del salón de baile de la Casa Blanca y sus representantes estuvieron entre los aproximadamente 130 invitados a una cena en la Casa Blanca para los patrocinadores del proyecto. La promiscuidad de este vínculo con funcionarios de la Casa Blanca llegó al punto que subjefe de gabinete, Stephen Miller, el principal responsable de otorgar contratos a Palantir, a través del El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), declaró en marzo de 2025, la tenencia de entre 100.001 y 250.000 dólares en acciones de Palantir. Meses después, al menos, tuvo la delicadeza de venderlas para cumplir las “normas éticas federales”.


El arquitecto de las deportaciones de Trump, Stephen Miller, tiene acciones en la empresa que las ejecuta.

Para Matthew Guariglia, analista político sénior de la Electronic Frontier Foundation; “presenciamos un círculo vicioso en el que los contratos gubernamentales generan enormes cantidades de dinero para las empresas, y luego esas empresas y sus directores ejecutivos invierten recursos en un tipo de política que requeriría que se destinara aún más dinero a su empresa”. La conclusión de Guariglia se apoya en el hecho de que el gasto de Palantir en lobby aumentó de 2,4 millones de dólares en 2020 a casi 6,1 millones de dólares en 2025. Palantir presionó, por ejemplo, al Congreso en temas de seguridad fronteriza, adquisición de software y sistemas de datos gubernamentales —áreas que coinciden directamente con las tecnologías que vende al ICE. Según declaraciones federales, la empresa contrató a la firma de cabildeo Invariant LLC por 360.000 dólares en el primer semestre de 2024, con el mandato de influir sobre “cómo la tecnología comercial puede mejorar la seguridad fronteriza”. En el cuarto trimestre de 2025 sumó otros 50.000 dólares pagados a Cornerstone Government Affairs LLC, esta vez para cabildear en torno a “la introducción y la formación sobre el trabajo en curso relacionado con la seguridad nacional”.


Gasto en lobby de Palantir en los últimos cinco años, según los datos oficiales de lobby publicados por Open Secrets.

Palantir también contrató a Ballard Partners, con pagos por 660.000 dólares en 2025, la firma propiedad Brian Ballard, uno de los primeros recaudadores de las campañas presidenciales de Trump, que tuvo entre sus lobbistas a la actual jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susan Wiles, y la exsecretaría de Justicia, Pam Bondi. La tecnológica también transfirió 690 mil dólares a Miller Strategies, empresa dirigida por Jeff Miller, quien presidió el comité de finanzas del segundo comité inaugural de Trump. Por supuesto esta montaña de dinero rindió sus frutos con jugosos nuevos contratos con la Administración Trump.

En este nuevo informe de la Geopolítica de la Astrología de los hombres habló de la plataforma distópica de vigilancia que la empresa Parlantir está creando para perseguir a los migrantes en Estados Unidos. ¿Cómo fue fundada la empresa? ¿Quién es Peter Thiel, su creador, y cuál es su ideología? ¿Cuáles son sus conexiones con la CIA, el Pentágono e Israel? ¿Colaboró con los bombardeos en Gaza a través del uso de inteligencia artificial?

En abril de 2025, el ICE incorporó casi 30 millones de dólares adicionales a un contrato plurianual con Palantir, que elevó el total de obligaciones a 145 millones de dólares. La empresa opera el sistema de gestión de casos de investigación del ICE; la plataforma con la que los agentes rastrean, almacena y administran expedientes de control migratoria. La ampliación de su contrato más reciente le encargó un proyecto nuevo: ImmigrationOS, un sistema de inteligencia artificial destinado a monitorear autodeportaciones y establecer prioridades de deportación. También la compañía está involucrada en el desarrollo de Elite, un sistema que establece objetivos de deportación en barrios y comunidades estadounidenses como si fuera un Google Maps.

Para César Cuauhtémoc García Hernández, profesor de derecho especializado en aplicación de leyes migratorias, estas herramientas no solo acumulan datos: también determinan cómo se usa esa información en tiempo real. Al concentrar grandes volúmenes de datos en un sistema único y accesible, la tecnología convierte la información en decisiones sobre el terreno. “Palantir recopila grandes cantidades de información y la presenta de forma accesible y móvil para que los agentes de campo tengan acceso a ella. Son ellos quienes deben decidir a quién perseguir, a quién interrogar y a quién detener, y deben tomar esas decisiones con mucha rapidez”, declaró a Open Secrets, una organización no gubernamental a cargo de investigar el dinero oscuro en la política estadounidense.

En el terreno militar, la compañía también ha obtenido jugosos negocios producto de su lobby. Desde finales de 2023 Palantir control todo el componente de inteligencia artificial del proyecto Maven del Pentágono. Este programa, denominado oficialmente “Equipo multifuncional de guerra algorítmica”, integra aplicaciones militares bajo una interfaz sencilla. Los operadores militares interactúan con el sistema mediante un canal de chat similar a otras IA generativas. En 2024, este contrato pasó de tener un techo de gasto de 480 millones a 1.300 millones por la implementación del Maver Smart System, una versión mejorada de la ya existente. Poco después llegó otro acuerdo de mayor escala: en agosto de 2025, el Ejército firmó con Palantir un contrato marco por hasta 10.000 millones de dólares a diez años, que consolida 75 contratos anteriores en un único acuerdo empresarial. El Departamento de Defensa (DOD) representa aproximadamente el 87% de todas las obligaciones de Palantir registradas en USAspending.gov, la plataforma de gastos del gobierno federal estadounidense.


Trayectoria de ingresos por contratos gubernamentales de Palantir con las distintas agencias de EEUU, según Fed Spend

Esto se suma a otros arreglos comerciales que la compañía ya tiene con el Servicio de Impuestos Internos (IRS), la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Uno de los últimos acuerdos fue firmado con el Departamento de Agricultura para que Palantir genere una base de datos por 300 millones de dólares que ayude a “mejorar la entrega de servicios a los agricultores, asegurar tierras agrícolas, fortalecer la resiliencia de la cadena de suministro y proteger los programas agrícolas contra el fraude, el abuso y la “influencia de adversarios extranjeros”. Todos estos acuerdos utilizan sofwares propiedad de la empresa como Foundry, TITAN, Vantage y Ghotam.

Está bastante claro que este proyecto de “República Tecnológica” se sostiene en base a la inyección de dinero en los circulos trumpistas. Para Fed Spend, un blog que monitorea los gastos del gobierno estadounidense; “Palantir Technologies nació de una inversión de la CIA. En 2004, In-Q-Tel, la rama de capital riesgo de la agencia, financió una pequeña empresa emergente de Silicon Valley fundada por Peter Thiel, Alex Karp y un equipo de ex empleados de PayPal. Su propuesta: crear un software capaz de conectar datos de bases de datos de inteligencia masivas y fragmentadas para prevenir un atentado como el del 11-S. Veintidós años después, el software de Palantir se utiliza en la CIA, el Pentágono, el ICE, el IRS, el Ejército y docenas de otras agencias. Sus ingresos del año fiscal 2025 alcanzaron los 4480 millones de dólares, un aumento del 56 % en un solo año. Los contratos plurianuales adjudicados solo en 2025 suman más de 13 700 millones de dólares. Tras desacelerarse hasta el 17 % en 2023, el crecimiento se aceleró de nuevo drásticamente en 2024-2025, coincidiendo con la adjudicación de numerosos contratos federales. Los ingresos se han multiplicado por 6,5 en seis años”.

La cercanía con la Casa Blanca quedó retratada hace pocos días cuando el propio Trump salió en su defensa después de que sus acciones cayeran un 14%. “Palantir Technologies (PLTR) ha demostrado tener excelentes capacidades y equipos bélicos. ¡Pregúntenles a nuestros enemigos!”, escribió Trump en una publicación de Truth Social con la inclusión del símbolo bursátil de la empresa. Lo que representa la primera vez que un presidente estadounidense intenta influir en la valoración accionaria de una empresa a través de una declaración pública. Una de las grandes dudas que surge en el “mercado” es si la valoración accionaria de la compañía podrá mantenerse si la Administración Trump deja de contratar, de forma masiva, sus softwares de vigilancia. Para el periodista Daniel Arjona, especializado en cultura y tecnología, “Palantir arrastra un problema de reputación que la empresa lleva años intentando gestionar. El propio Karp, CEO de la empresa, en la conferencia de resultados del segundo trimestre de 2025, se vio obligado a defenderse de un rumor recurrente en el sector de las bases de datos: que sus Foundry y Gotham son plataformas de integración caras y difíciles de abandonar. Negó textualmente que Palantir venda “un producto inútil que se vuelve parasitario, del que no puedes deshacerte tras tener a mil personas en cenas de Estado intentando convencerte de comprar algo que no puedes abandonar”.

Para el investigador El investigador turco Ali Rıza Taşkal, autor del articulo Es Palantir una «superarma» o una lección magistral de marketing?; “el libro de la Revolución Tecnológica de Karp (en el que basa el manifiesto de Palantir) funciona como un manifiesto ideológico diseñado para relegitimar la vinculación de Silicon Valley con el aparato de seguridad nacional estadounidense, presentando esta alianza como una necesidad patriótica en una lucha contra China . Este imaginario de control total e iliberal no es una realidad empírica, sino una fantasía sociotécnica cuidadosamente elaborada, cultivada para alinearse con el deseo de las agencias de seguridad de tener un control total de la situación. Demuestro cómo Palantir se posiciona no solo como proveedor de software, sino como un actor político estratégico involucrado en una lucha intraoligárquica contra las empresas tecnológicas de consumo «globalistas», promoviendo una visión tecnocrática y antidemocrática de la soberanía que reemplaza la supervisión democrática con una gobernanza algorítmica propietaria”.

Esta ilusión de control, que los gobiernos alquilan a Palantir según Riza Taskal, sin duda se basa, en el desmedido, y descontrolado, lobby que hace para que todas sus ocurrencias sean compradas por una Administración Trump conocida por ser un conglomerado de negocios disfrazado de presidencia.


Fuente: Bruno Sgarzini

miércoles, 22 de abril de 2026

La verdadera historia que vincula a Starmer y Mandelson está siendo sepultada por una conspiración de silencio

 

 Por Jonathan Cook   
      Periodismo independiente, a contracorriente.


El sistema está amañado, y la clase política y mediática que lo manipula no está dispuesta a llamar nuestra atención sobre la fea realidad de lo que han estado haciendo durante la última década


     Pocos creen al primer ministro británico, Keir Starmer, cuando afirma que se enteró hace poco de que Peter Mandelson, su mentor político en el Partido Laborista, no obtuvo la autorización de seguridad necesaria para ser nombrado embajador en Estados Unidos a finales de 2024.


Keir Starme

Mandelson se ha convertido en una figura políticamente tóxica desde el pasado mes de septiembre, cuando se hizo más evidente la profunda conexión que tenía con el pedófilo convicto Jeffrey Epstein, incluyendo el hecho de que, mientras formaba parte del gobierno en 2009 y 2010, Mandelson transmitió información privilegiada que habría sido de considerable beneficio para Epstein y otros.


Peter Mandelson admite haber intentado socavar a Corbyn ‘todos los días’.


Starmer estaba desesperado por eludir su responsabilidad, acusando a Oliver Robbins, el entonces recién llegado alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores, de no haberle informado de que a Mandelson se le había denegado la autorización de seguridad.

Por su parte, Robbins declaró esta semana ante un comité de parlamentarios que, cuando asumió su cargo, el acuerdo sobre Mandelson ya estaba cerrado. La oficina de Starmer ejerció una presión constante sobre su departamento para que aprobara retroactivamente el nombramiento de Mandelson.

Su testimonio ante un comité parlamentario sugiere que, dado el clima de tensión que se vivía en Westminster en aquel momento, es posible que haya sido engañado sobre lo que el proceso de investigación había descubierto, en un intento por allanar el camino de Mandelson hacia Washington.

Estas afirmaciones y contraargumentos sirven principalmente para ocultar el hecho fundamental de que Starmer es un mentiroso o una persona sumamente incompetente.

Mandelson tuvo que dimitir de su cargo de embajador el pasado septiembre debido a sus vínculos con Epstein. O bien Starmer no investigó el asunto políticamente delicado de la autorización de seguridad de Mandelson, o, lo que es más probable, sí lo hizo y desde entonces ha estado engañando —es decir, mintiendo— a los medios de comunicación y al parlamento.

Como el propio Starmer admitió esta semana ante la Cámara de los Comunes, entre risas estruendosas, toda la historia suena "increíble".


El primer ministro ordena una investigación ética contra el ministro por acusaciones de Labour Together.

En realidad, todo lo relacionado con el ascenso de Starmer al poder, y la permanente falta de interés de los medios de comunicación sobre cómo se orquestó dicho ascenso, es increíble.

Los medios de comunicación tradicionales aún no han contado la historia, profundamente inquietante, que hay detrás de la evolución política de Starmer. A pesar de las críticas que le hacen actualmente a Mandelson, solo están contando la mitad de la historia: la superficie.

La sumisión política del primer ministro y su vulnerabilidad ante Mandelson —el motivo por el cual Starmer estaba decidido a ascenderlo al puesto de embajador a pesar de los peligros más que evidentes— han pasado en gran medida desapercibidas para los medios de comunicación.

Las respuestas se pueden encontrar en otros lugares, como en el reciente libro del periodista de investigación Paul Holden, The Fraud, un análisis del ascenso al poder de Starmer, que aún no ha sido reseñado por ninguna publicación importante.



Operaciones secretas

Como mínimo, la verdadera historia debería haber salido a la luz cuando Mandelson, el veterano líder de la derecha laborista, fue arrestado en febrero bajo sospecha de "mala conducta en el ejercicio de sus funciones". Se le acusa de haber filtrado información confidencial del mercado, en su calidad de secretario de comercio, a Epstein.

Esto se produjo tras la dimisión, semanas antes, de Morgan McSweeney, el protegido de Mandelson que impulsó a Starmer al poder. Se vio obligado a renunciar a su cargo como jefe de gabinete del primer ministro por su implicación en el nombramiento de Mandelson.

Casi al mismo tiempo, Josh Simons, entonces ministro en la Oficina del Gabinete y leal a Starmer, fue investigado —por la propia Oficina del Gabinete— por las revelaciones de que había financiado una campaña de desprestigio encubierta contra periodistas críticos con Starmer.


Morgan McSweeney: ‘La decisión de nombrar a Peter Mandelson fue errónea’.

Desde entonces, Simons ha dimitido del gobierno.

Existe un hilo conductor que une a estas tres figuras, un hilo que las vincula íntimamente con Starmer y la polémica actual.

Cada uno de ellos era fundamental para el funcionamiento de un grupo de expertos poco transparente llamado Labour Together. Fue fundado en 2015, inmediatamente después de la elección de Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista.

El grupo pronto se desvió de su objetivo aparente de unir a un partido dividido por la elección de Corbyn entre, por un lado, diputados y burocracia hostiles y, por otro, la militancia laborista. La verdadera tarea encubierta de Labour Together era profundizar esas divisiones.

Con la ayuda de donantes adinerados, Labour Together creó un fondo secreto por valor de al menos 730.000 libras esterlinas para librar una guerra de relaciones públicas contra Corbyn y la izquierda, una campaña que contó con el apoyo entusiasta de los medios de comunicación tradicionales.

Tras la destitución definitiva de Corbyn, Labour Together puso en marcha una nueva operación, utilizando los mismos fondos, para engañar a los miembros del partido y conseguir que coronaran a Starmer como líder con la premisa de que continuaría con las políticas de Corbyn.

Tras su elección, Starmer se dedicó de inmediato a purgar el ala izquierda del Partido Laborista, reduciendo el número récord de afiliados que había logrado Corbyn y recurriendo en su lugar a donantes empresariales adinerados.

Bajo el liderazgo de Starmer, el Partido Laborista se convirtió en otro partido completamente dominado por la clase empresarial. De este modo, los partidos Conservador y Reformista pudieron inclinarse aún más hacia la derecha para diferenciarse del Partido Laborista.

Patinar al límite de la ilegalidad

Durante la última década, la política laborista ha sido una farsa, una que no solo traicionó los valores que públicamente decía defender, sino que además estuvo constantemente al borde de la ilegalidad.

La Comisión Electoral multó a Labour Together por conducta ilegal después de que McSweeney incumpliera repetidamente sus advertencias de declarar el dinero que benefactores adinerados estaban depositando en su fondo discrecional.

Esto no fue un descuido. Se debió a que McSweeney no quería que las actividades de Labour Together —que consistían en subvertir el proceso democrático mediante el uso de grandes sumas de dinero— salieran a la luz pública. La propia naturaleza de la agenda antidemocrática de Labour Together exigía que operaran en la sombra.

Fue por ese motivo que Corbyn pidió en febrero una investigación pública independiente sobre lo que él denominó las "operaciones siniestras" de Labour Together.

El gobierno respondió con desdén. Pero eso se debe a que, si los hilos se desenredaran aún más, casi con toda seguridad conducirían directamente a la puerta de Starmer.

Mandelson fue una de las fuerzas impulsoras de Labour Together, y en un comentario de 2017 en el que aludió a su papel, dijo: "Todos los días intento hacer algo para salvar al Partido Laborista de su liderazgo [el de Corbyn]".

Ese mismo año, McSweeney tomó las riendas de Labour Together, utilizando los fondos no declarados para desacreditar secretamente a Corbyn y luego engañar a los miembros del Partido Laborista para que votaran por el candidato preferido de él y de Mandelson, Starmer.

A finales de 2023, un año después de asumir el liderazgo de Labour Together, Simons recurrió a la misma estrategia de desprestigio desarrollada por McSweeney.

Esta vez, en lugar de difamar a la izquierda laborista que apoyaba a Corbyn, arremetió contra un puñado de periodistas que habían comenzado a investigar las operaciones encubiertas e ilegales que se escondían tras el ascenso al poder de Starmer.

Simons encargó un informe, con nombre en clave Operación Cañón, sobre los "antecedentes y motivaciones" de los periodistas. Dicho informe afirmaba, sin aportar pruebas, que estos periodistas habían conspirado en un supuesto ciberataque a la Comisión Electoral, supuestamente orquestado por el Kremlin.

Fondo discrecional

Simons llegó incluso a transmitir esta desinformación sobre los periodistas al Centro Nacional de Ciberseguridad, una división del GCHQ, presumiblemente para que se les investigara por atentar contra la seguridad nacional. Significativamente, el centro se negó a intervenir.

No es difícil comprender las intenciones de Simons. Labour Together intentaba crear una versión británica de los esfuerzos, durante años infructuosos, del Partido Demócrata estadounidense por promover la teoría conspirativa del "Russiagate", según la cual Donald Trump había conspirado con el Kremlin para ser elegido presidente.

El objetivo en ambos casos era similar.

Los demócratas esperaban impedir cualquier análisis de su incompetencia y corrupción institucional en la derrota de las elecciones presidenciales de 2016, atribuyendo cualquier debate al respecto a la desinformación rusa.

Mientras tanto, Labour Together pretendía impedir cualquier investigación periodística sobre sus propias irregularidades, atribuyéndolas a la desinformación rusa. El objetivo era disuadir a estos periodistas de escrutinio sobre las actividades de Labour Together.

Pero lo cierto es que los medios de comunicación tradicionales siguen mostrando poco interés por la historia más amplia de Labour Together, a pesar de que sus periodistas conocen las actividades ilícitas del grupo desde al menos 2021, cuando la Comisión Electoral impuso la multa por 20 infracciones de la ley electoral .

Lo más probable es que algunos miembros de los medios de comunicación supieran lo que estaba sucediendo incluso antes, cuando McSweeney y otros cercanos a Starmer ignoraban las exigencias de la Comisión Electoral de que se declarara el dinero del fondo discrecional.

Los medios de comunicación siguen negándose rotundamente a atar cabos y permiten que Labour Together se oculte en las sombras, a pesar de su papel protagonista en este caso y en el de Mandelson.

La noticia de la caída de McSweeney se refiere únicamente a su error de juicio al ascender a Mandelson al puesto de embajador en Estados Unidos, y no a su comportamiento ilegal como líder de Labour Together.

La noticia de la caída de Mandelson se centra en su presunto uso de información privilegiada con Epstein, no en su conspiración con Labour Together para socavar el proceso democrático.

La investigación contra Simons se atribuye personalmente a su falta de criterio al financiar un informe contra periodistas, en lugar de al hecho de que esta campaña de desprestigio estuviera totalmente en consonancia con las actividades de Labour Together a lo largo de muchos años.

En un reportaje acrítico de la BBC el mes pasado, Simons se limitó a afirmar que había sido "ingenuo" al colaborar en la difamación de los periodistas, en lugar de admitir que ese era el modus operandi de Labour Together.

En la medida en que se ha mencionado a Labour Together en esta historia, es solo porque proporcionó el dinero que Simons utilizó para atacar a los periodistas que se habían enemistado con Starmer.

Resulta significativo que Simons aluda a su verdadera agenda y a la de Labour Together en el relato de la BBC, al decir a la emisora ​​estatal que actuó —para dañar la reputación de los periodistas— por temor a que sus reportajes "pudieran usarse para volver a contar la historia de la crisis de antisemitismo que ocurrió bajo [el gobierno laborista] y para restarle importancia".

En realidad, esta campaña que duró una década necesita ser contada de nuevo, de una manera que deje claro cómo la derecha laborista, respaldada por medios de comunicación tradicionales como la BBC, instrumentalizó el antisemitismo para derrocar a Corbyn.

Como era de esperar, es poco probable que medios como la BBC profundicen en la investigación para revelar lo que realmente sucedió.

Encubrimiento mediático

En cambio, los medios de comunicación están tratando estos episodios como fallos individuales en lugar de como pruebas de la captura institucional del Partido Laborista por parte de la clase Epstein y sus allegados.

Labour Together surgió como un ejercicio de subversión democrática para impedir que un socialista llegara al poder. Y luego continuó como un ejercicio de subversión democrática para establecer salvaguardias permanentes que impidieran que el Partido Laborista fuera liderado por alguien que no fuera un títere, como Starmer, al servicio de los multimillonarios.

La idea era convertir la política británica en un simulacro de la política estadounidense: dos partidos principales que representaran a los superricos —y garantizaran su dominio permanente—, y que reflejaran pequeñas diferencias internas en su percepción de la mejor manera de salvaguardar sus intereses de clase.

Todo esto ocurrió a la vista de todos durante la última década. Pero fue imposible lograr que se popularizara.

Incluso en esta etapa, no se permite que la verdadera historia salga a la luz. Porque expondría no solo la corrupción en el seno del sistema político británico, sino también en el seno del sistema mediático británico.

Los medios de comunicación estatales y controlados por multimillonarios se alegraron de ver cómo se subvertía la democracia de forma encubierta si eso garantizaba que Corbyn no llegara al poder. Y los medios también se complacieron en promover al grupo de Starmer como guardianes de la posición que decidiría quién lideraría el Partido Laborista.

Existía un interés común en dejar claro cómo estaba amañado el sistema.

Quien dude de la profunda complicidad de los medios de comunicación en el encubrimiento de las actividades de Labour Together debería recordar que hubo periodistas —y otras personas— que informaron sobre el desmantelamiento de la democracia interna por parte del Partido Laborista para impedir el surgimiento de cualquier opción política significativa. Sin embargo, estos informes fueron ignorados por los principales medios de comunicación.

La conspiración interna contra Corbyn salió a la luz por primera vez en 2017 con la investigación encubierta de tres partes de Al Jazeera, titulada "El lobby israelí", que mostró cómo un funcionario de la embajada israelí, Shai Masot, trabajaba secretamente con las facciones de derecha del Partido Laborista para utilizar el antisemitismo con el fin de destruir al líder del partido.

Tres años después, cuando Corbyn dejó el cargo, se filtraron numerosos documentos internos del Partido Laborista que revelaban que la burocracia del partido, leal al ala de Mandelson, conspiró para provocar la caída de Corbyn. Incluso priorizó su destrucción por encima de ganar las reñidas elecciones generales de 2017.

Starmer designó a Martin Forde, miembro del Colegio de Abogados de Kentucky, para investigar la filtración; principalmente, al parecer, para identificar a los responsables y castigarlos.

Más tarde, Forde admitiría que el equipo de Starmer había obstaculizado su trabajo e intentado retrasar indefinidamente el informe. Pero cuando finalmente se publicó en el verano de 2022, Forde confirmó lo que ya era evidente: que la derecha laborista había librado una sucia guerra interna contra Corbyn y la izquierda del partido, instrumentalizando el antisemitismo para desacreditarlos.

Meses después, Al Jazeera emitiría una segunda investigación de cuatro partes, titulada "Los archivos del Partido Laborista", que mostraba cómo el ala derecha del partido, leal a Mandelson y McSweeney, purgó al ala izquierda del partido basándose, en la mayoría de los casos, en acusaciones falsas, invenciones, tergiversaciones y calumnias.

El documental justificó plenamente a una víctima de esas purgas, quien describió los últimos años en el Partido Laborista como una "conspiración criminal contra sus miembros".

Hechos ocultos

Todo esto ocurrió sin que los medios de comunicación lo informaran.

La revelación en el documental The Israel Lobby de que el Partido Laborista había sido infiltrado por un espía israelí con la complicidad activa de algunos de sus miembros y diputados para derrocar a un posible primer ministro no provocó ningún debate político ni mediático.

Las revelaciones posteriores contenidas en la revisión interna filtrada del Partido Laborista, el Informe Forde y los Archivos Laboristas, también han caído en el olvido, a pesar de que la historia que cuentan es la única manera de comprender las sucesivas caídas de McSweeney, Mandelson, Simons y, próximamente, Starmer.

Del mismo modo, el libro de Paul Holden, The Fraud , que pone de manifiesto las actividades ilegales de Labour Together, está siendo ignorado en lugar de ser analizado en busca de detalles sobre lo que realmente ha sucedido en la política británica durante la última década.

Todos estos recursos han permanecido ocultos, a pesar de que el revuelo causado por Mandelson justifica plenamente su enérgica excavación.

Hay buenas razones para ello. Porque el plan consiste en aplicar la misma táctica antidemocrática contra el Partido Verde y su líder, Zack Polanski, ya que se le considera otra figura similar a Corbyn que se niega a doblegarse ante la clase Epstein y rechaza las hazañas belicistas, de blanqueo de dinero y de acaparamiento de recursos de la maquinaria bélica occidental que se presenta como una alianza de "defensa" de la OTAN.

Polanski es judío, pero ya hay indicios de que esto no impedirá que los mismos charlatanes que difamaron a Corbyn lo señalen como "antisemita".

Puede volver a ocurrir porque los mismos medios de comunicación que colaboraron en el ascenso de Starmer orquestando la caída de Corbyn volverán a cumplir con su deber y defender los intereses de la clase multimillonaria.

El sistema está amañado, y quienes lo manipulan no van a llamar nuestra atención sobre la realidad de lo que han estado haciendo.


Fuente: Jonathan Cook

miércoles, 1 de abril de 2026

Los valores familiares de Epstein

 

 Por Melinda Cooper   
      Profesora de Sociología en la Universidad de Sídney, Australia. Su investigación está centrada en la bioeconomía y en la relación entre el neoliberalismo y el neoconservadurismo norteamericano.


El depredador sexual estaba fascinado por el transhumanismo y soñaba con propagar su ADN entre la raza humana


     Una de las características más extrañas de la extrema derecha estadounidense contemporánea es la emergencia de los “padres primigenios”, patriarcas del Antiguo Testamento que quieren procrear no solo una familia, sino una raza. Elon Musk es el más conocido de estos Abrahams aspiracionales, aunque no es en absoluto el único.


Valores de la familia Epstein

Un extenso informe del Wall Street Journal documentó el deseo de Musk de engendrar lo que él llama una “legión” de hijos que salvarían a la humanidad de la caída demográfica y transmitirían sus genes superiores en un futuro lejano.

Un cohete de Space X está listo para transportar su semilla más allá de la Tierra en un proceso similar a la panspermia inversa, la teoría de que la vida orgánica llegó a nuestro planeta a través del polvo espacial.


Panespermia.

Actualmente se cree que Musk tiene al menos 14 hijos con cuatro mujeres, cuyos asuntos legales y financieros son gestionados en parte por Jared Birchall, director de su oficina familiar. “Vamos a tener que usar gestantes subrogadas”, escribió Musk en un mensaje de texto a una de ellas, para “alcanzar el nivel de legión antes del apocalipsis”. Como preparación para esta ampliación de operaciones, adquirió un complejo multiresidencial en Austin, Texas.



Ashley St. Clair y el hijo que tuvo con Elon Musk.

El pronatalismo de Silicon Valley es generalmente entendido como eugenésico, una lectura que capta el deseo de purificación racial, pero no el proceso distintivo mediante el cual se persigue la pureza. Los eugenistas estadounidenses “clásicos” de la era progresista buscaban erradicar la anomalía genética, a la que consideraban responsables de la degeneración mental y otras enfermedades sociales.

Por el contrario, Musk y los de su calaña están inmersos en la pseudociencia del transhumanismo, menos preocupados por la eliminación del error que por la exaltación de la desviación excepcional. El patriarca ideal es aquel que rompe con la distribución normal de la inteligencia con su súper coeficiente intelectual. No solo busca preservar el patrimonio genético blanco, sino resucitarlo sobre nuevos nacimientos santificados. Los padres primigenios son venerados como los fundadores de una nueva raza, más que como los antepasados ​​de una antigua.


Dios en la máquina: mi extraño viaje al transhumanismo.

El padre primigenio es la materia del mito. En Tótem y tabú , Freud sugirió que el inconsciente primitivo estaba habitado por un patriarca autoritario y una horda de hijos envidiosos. El padre exige derechos de propiedad exclusiva sobre todas las mujeres, independientemente de su edad y parentesco. Su reinado autocrático solo es sustituido cuando los hermanos se rebelan, lo asesinan y establecen un nuevo régimen en el que las mujeres son propiedad comunitaria. Freud reconoció con franqueza que era una prehistoria falsa. No había ningún subtexto evolutivo o antropológico detrás del mito de la horda primitiva, solo los rastros borrados en la mente de sus pacientes.

Sin embargo, esta fantasía a veces es representada en la vida real. Esto es más evidente en el caso de los líderes de sectas, quienes, con una fascinante previsibilidad, terminan instaurando un régimen de sexo comunitario obligatorio sobre el que ostentan derechos de monopolio absolutos. Ellos también prefieren los complejos a las residencias unifamiliares y, cuando se enfrentan al reto de la sucesión, recurren a fantasías de inmortalidad y deificación. Su normalización del apocalipsis inminente puede leerse como la traducción cósmica de este miedo: a los líderes de sectas les resulta más fácil imaginar el fin del mundo que la pérdida de su poder personal.

No hace falta decir que este ethos está claramente en desacuerdo con los valores familiares tradicionales defendidos por la derecha religiosa (una de las razones de la estrepitosa discordia entre las distintas líneas de la coalición MAGA). Los padres primigenios quieren un hogar ampliado, no una familia. Transgreden con gusto los tabúes conservadores contra el adulterio, el incesto y las relaciones sexuales intergeneracionales porque todos los miembros de su hogar tienen el estatuto de sirvientes, cualquiera sea su parentesco sanguíneo.

Las características distintivas de sus economías domésticas se hacen más evidentes cuando consideramos el caso de Jeffrey Epstein. Al igual que Musk, Epstein estaba fascinado por el transhumanismo y soñaba con propagar su ADN entre la raza humana. En 2008, después de ser condenado por solicitar prostitución a menores, fantaseaba con retirarse a su rancho Zorro en Nuevo México para embarazar hasta a 20 mujeres a la vez. En sus memorias publicadas póstumamente, Nobody’s Girl, Virginia Roberts Giuffre, que a los 16 años fue reclutada por Epstein y su entonces novia Ghislaine Maxwell, relata que sus abusadores le propusieron conservarla como madre sustituta de su futuro hijo, sobre el que ella no tendría ningún derecho de custodia. Le pagarían 200.000 dólares al mes por criar al niño y acompañarlo por todo el mundo para encuentros con Epstein. Temiendo que su hijo fuera abusado, Giuffre elaboró un plan de fuga.

El caso de Epstein es más instructivo que el de Musk porque combina las dos economías de propiedad sexual que Freud distinguió en el inconsciente primitivo: la fratriarcal y la patriarcal. Epstein fue capaz de forjar vínculos firmes con sus compañeros depredadores diciéndoles “lo que es mío es tuyo” y conservando la evidencia fotográfica. En este sentido, estableció un sistema fratriarcal en el que las mujeres jóvenes y las niñas se compartían entre hermanos primigenios como una forma de cohesión social. Pero Epstein también quería conservar al menos a algunas de estas mujeres como su propiedad inalienable. Las madres de sus futuros hijos debían estar en una zona prohibida, secuestradas tras los muros de un complejo inaccesible.

La economía doméstica de Epstein asignaba así a las mujeres a uno de los dos regímenes de propiedad sexual, con algunas pasando del fratriarcado al patriarcado a medida que crecían. Todas las mujeres y niñas son propiedad de un solo hombre, o todas las mujeres y niñas son propiedad de todos los hombres.

2.

Freud consideraba que la horda primitiva pertenecía directamente al reino del inconsciente. Solo salía a la superficie en momentos de transgresión organizada, como los carnavales. Pero no hay nada mediado o subliminal en el deseo de la extrema derecha de Silicon Valley de recrear el conflicto entre padres y hermanos primigenios. De hecho, su principal “filósofo”, Peter Thiel, miembro de la «mafia de PayPal» original, descubrió a Freud por primera vez a través de la obra de René Girard, el filósofo cristiano que dictó clases en Stanford en la década de 1990.

Thiel sigue definiéndose girardiano hasta el día de hoy, pero su lectura de Freud es sui generis. En Zero to One, un resumen de su filosofía empresarial con la extensión de un libro, utiliza Tótem y tabú como un prisma a través del cual analiza la economía política de una empresa de Silicon Valley controlada por sus fundadores. Celebra a los fundadores de startups como hermanos iconoclastas, decididos a derrocar el poder paternal de los monopolios de turno como Google, Amazon o Microsoft. La alianza de los tech bros demostró su poder disruptivo, pero Thiel advierte acertadamente que los roles primigenios no son fijos. Tan pronto como su padre es sacrificado, la hermandad desciende a una competencia asesina, en la que cada hijo afirma su derecho individual a crear un monopolio. “Los fundadores extremos no son nuevos en la historia”, escribe Thiel, señalando a Edipo y Rómulo.

Gracias a la más reciente colección de documentos revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, ahora sabemos que Epstein era cercano a las figuras más destacadas de la extrema derecha de Silicon Valley. Después del Brexit, intercambió correos electrónicos con Thiel celebrando el “regreso del tribalismo” y antes de su muerte invirtió millones en las empresas tecnológicas de Thiel. Epstein se habría reconocido a sí mismo en el retrato que Thiel hace del trágico fundador: se veía a sí mismo como alguien que operaba “por encima de la ley” y estaba destinado a crear sus propias leyes. Según Giuffre, interrogaba sin cesar a sus víctimas sobre su infancia en busca de signos de vulnerabilidad, pero era reticente ante cualquier indagación sobre su propia crianza. Epstein, al parecer, venía de la nada, un hijo huérfano. En uno de los artefactos de la última colección del Departamento de Justicia, una entrevista en video grabada por Steve Bannon, se presentaba a sí mismo como un outsider –“Jeffrey Epstein, solo un buen chico”– sin el lastre de las largas biografías que arrastran personajes como Bill Clinton o Paul Volcker.

Si la mitología del padre primigenio es la imagen de la forma de negocio preferida por la nueva élite, también se aplica de otra manera a sus organizaciones domésticas. La referencia adecuada aquí no es la familia nuclear sino la economía doméstica, donde la producción es inseparable de la reproducción y la gestión de los activos empresariales es coextensiva con la preservación de las posesiones familiares.

La extrema riqueza generada desde la crisis financiera mundial reavivó una forma de trabajo que, al menos en el mundo anglosajón, se había vuelto cada vez más infrecuente a mediados del siglo XX: el servicio doméstico a gran escala, a largo plazo y dentro del propio hogar. Pensemos en Palm Beach, donde Trump y Epstein hace tiempo se codeaban y que ahora es el hogar de muchos de los multimillonarios de Estados Unidos (así como de los aliados más cercanos del presidente). En la última década, se mudaron allí el fundador de Blackstone y megadonante republicano Steve Schwarzman, así como Ken Griffin de Citadel, y el gerente de fondos de cobertura Paul Tudor Jones. Otros, como la viuda de David Koch, Julia, y el cofundador de KKR, Henry Kravis, son residentes de larga duración. Sus hogares no son solo domicilios, sino importantes fuentes de empleo, cada uno de ellos atrae a muchísimos trabajadores permanentes y temporarios de las zonas más pobres del condado de Palm Beach y de lugares tan lejanos como Nueva York, Irlanda, Sudáfrica y Rumanía.

Esta forma de servicio doméstico está tácitamente regida por algo parecido a las leyes del “amo y sirviente”, una forma de empleo que en su día otorgaba a los amos un dominio virtual sobre su esfera privada de gobierno y castigaba a los trabajadores con sanciones criminales como el arresto domiciliario, el encarcelamiento e incluso el castigo corporal. Dados el origen de las leyes del amo y el sirviente en la Inglaterra medieval, sería fácil identificar este desarrollo como un retorno al feudalismo, una lectura cada vez más popular de la coyuntura actual, como lo ejemplifica la reciente obra de Yanis Varoufakis.


Tecno-feudalismo. El sigiloso sucesos del capitalismo.

El argumento le debe mucho a Marx, quien insinuó que el servicio doméstico personal se volvería obsoleto a medida que las relaciones feudales dieran paso al libre contrato laboral. Pero recordemos que, contrariamente a las predicciones de Marx, el servicio doméstico se expandió a finales del siglo XIX, no a pesar de sino debido a la creciente concentración de la riqueza industrial y financiera. Además, las relaciones entre amos y sirvientes perduraron hasta bien entrado el siglo XX y resurgieron en las recientes décadas, si no en acuerdos legales formales, al menos en acuerdos de facto.

Estas leyes resultaron especialmente difíciles de eliminar en lo que respecta al trato de los sirvientes domésticos, principalmente mujeres negras: cualquier intento de organización laboral se topaba con el argumento de que eran miembros de la familia y, por lo tanto, estaban expuestos a ser tratados con las mismas formas de abuso que los familiares más cercanos. Aquí nos hacemos una idea clara de la “confusión de categorías” que reina en la economía doméstica. Mientras que la familia nuclear postula una separación ideal entre el hogar y el mercado, la vida personal y la laboral, las leyes sobre amos y sirvientes asumen una fusión completa entre ambas esferas.

Epstein era propietario de múltiples propiedades de gran tamaño –en Palm Beach, Nueva York, París y Nuevo México– así como de una isla privada, Little Saint James. Su nómina incluía a docenas, quizá cientos, de empleados internos, desde asesores legales y guardaespaldas hasta choferes, cocineros, personal de limpieza, jardineros, trabajadores de mantenimiento y “masajistas”. Los visitantes describen una jerarquía de asistentes cuya relación precisa con Epstein –íntima o comercial– a veces era difícil de discernir. Los socios de negocios masculinos como el abogado Alan Dershowitz eran amigos y, según los alegatos de algunas víctimas, participantes ocasionales en crímenes sexuales. En Relentless Pursuit, Bradley J. Edwards, un abogado de Florida que representó a unas 20 víctimas de Epstein, sugiere que un grupo de novias oficiales, típicamente más grandes y más ricas, formaban un círculo íntimo privilegiado y a veces eran cómplices de los abusos. Si la relación terminaba en buenos términos, podían ascender y unirse a Maxwell como proxenetas a tiempo completo de chicas jóvenes.

3.

El origen de la fortuna de Epstein permanece elusivo. Sabemos que trabajó como asesor financiero y planificador patrimonial no calificado para multimillonarios como Les Wexner (Victoria’s Secret), Leon Black (Apollo Global Management) y, según las más recientes revelaciones, el magnate inmobiliario Mortimer Zuckerman y la heredera Ariane de Rothschild. Los extraordinarios honorarios que le pagaban estas personas siguen desafiando cualquier explicación. Lo que sí sabemos es cómo utilizaba Epstein ese dinero: como fondos ilegales para su negocio de mecenazgo a tiempo completo. En sus tratos con otros hombres de la élite, les prometía favores financieros y sexuales. Sus beneficiarios podían recibir financiación para una unidad de investigación junto con una visita aparentemente sin riesgos a la residencia de Epstein, repleta de documentación fotográfica. A cambio, se esperaba que le aseguraran el acceso a círculos de influencia cada vez más altos.

Tanto financiera como sexualmente, Epstein vinculó su reputación a la de sus beneficiarios. Cualquier daño a su nombre inevitablemente mancharía el de ellos. Durante muchos años, este acuerdo se tradujo en una inmunidad legal virtual. En 2008, los fiscales federales fracasaron en el intento de presentar cargos completos por tráfico sexual contra él, a pesar del testimonio de 36 mujeres jóvenes.

Epstein se presentaba como un mecenas incluso ante sus jóvenes víctimas. A las estudiantes que recogía en Nueva York les prometía fondos para cubrir los gastos de matrícula en universidades de la Ivy League o una buena recomendación ante el propietario de una famosa galería de arte. Las adolescentes de los parques de casas rodantes de West Palm Beach podían convertirse en masajistas profesionales o, como mínimo, en reclutadoras a tiempo completo de otras chicas. (La fugitiva Giuffre iba a recibir formación profesional como masajista en la escuela más prestigiosa de Tailandia). Muchas víctimas veían su patrocinio como una alternativa económica genuina. Según el abogado Edwards, varias de las víctimas a las que representó fueron abusadas durante su infancia o procedían de hogares violentos. Algunas estaban sinceramente agradecidas de que Epstein las hubiera rescatado del trabajo sexual mal remunerado.

No se trataba solo de los 100 dólares por una primera sesión de “masaje”: Epstein también prometía una especie de trayectoria profesional. Sin embargo, el patrocinio sexual se convirtió rápidamente en servidumbre sexual: aunque era generoso con sus pequeños regalos, nunca cumplió sus grandes promesas. El objetivo era mantener a sus víctimas en un estado de endeudamiento permanente.

Debido a que Epstein involucraba a casi todas las personas con las que se relacionaba en lazos proliferantes de obligaciones y dependencias, la tarea de asignar culpas resulta extrañamente difícil. Es probable que todo su personal doméstico fuera cómplice, en mayor o menor medida, de sus abusos sexuales. Muchos de ellos debían tener conocimiento directo de lo que sucedía: el famoso cocinero que recibía a las jóvenes en la cocina antes de que subieran las escaleras, los chóferes que llevaban a Maxwell por Nueva York mientras buscaba estudiantes, la empleada doméstica que limpiaba las habitaciones y los baños. Incluso las víctimas más modestas de Epstein supuestamente podían escapar de las peores formas de abuso reclutando a otras chicas. Más de una describió la economía doméstica de Epstein como un elaborado esquema piramidal en el que se animaba a las participantes a verse a sí mismas como contratistas independientes, libres de dirigir sus propios “pequeños negocios” en la moda o el arte, siempre y cuando también cumplieran con las necesidades de reclutamiento del amo. ¿En qué momento el interés propio dependiente se convirtió en complicidad?

En sus declaraciones ante la policía y la fiscalía, las víctimas llaman la atención sobre la asombrosa familiaridad que Epstein y Maxwell creaban en medio de los abusos más horribles. Una chica comió pochoclo y vio Sex and the City con ellos antes de ser agredida. Según otro testigo, Maxwell se comportaba como una hermana mayor genial, introduciendo a sus hermanos en un mundo de sofisticación adulta.

Los lazos de parentesco, a diferencia de las relaciones del libre mercado, evocan una forma de obligación no contractual, un vínculo que no se puede disolver fácilmente a cambio de dinero. La economía doméstica extiende estas obligaciones no contractuales tanto a los trabajadores como a los miembros de la familia, borrando la distinción fundamental entre ambos (aunque no las jerarquías internas). Una antigua víctima tuvo problemas para escapar de Epstein porque se sentía en deuda con él como “amigo, figura paterna, empleador y amo”. Giuffre relata que Epstein y Maxwell actuaban como sus padres, proporcionándole atención dental y enseñándole modales en la mesa.

Sin embargo, en otras ocasiones, Virginia era como una madre para él, le ponía las medias a la mañana y lo metía en la cama a la noche. “Epstein y Maxwell consolidaron su poder sobre mí ofreciéndome un nuevo tipo de familia”, escribe. “Epstein era el patriarca, Maxwell la matriarca, y estos roles no eran meramente implícitos. A Maxwell le gustaba llamar a las chicas que atendían regularmente a Epstein sus ‘hijas’”. Los lazos emocionales que la unían a Epstein se sentían reales: “No era exactamente amor, pero creo que la palabra adecuada es lealtad”.

Sin embargo, la deuda no era reversible. Epstein podía romper los lazos con cualquier miembro de su hogar a voluntad, pero nadie podía hacer lo mismo, especialmente sus jóvenes víctimas. Giuffre emigró a Australia para escapar, pero seguía “muerta de miedo” de él. Muchas otras mujeres testificaron que Epstein y Maxwell las amenazaron con matarlas si intentaban escapar o denunciaban los abusos.

4.

Puede que la familia Epstein haya alcanzado extremos de sadismo, pero su economía política se vuelve menos excepcional hoy en día. Cuando un solo individuo dispone de más dinero que una agencia gubernamental que concede subvenciones o una universidad dedicada a la investigación, el impacto en la producción de conocimiento y las relaciones académicas es profundo. El mismo efecto dominó se puede observar en el sector de los servicios y la vivienda, ya que los complejos de los multimillonarios comienzan a moldear el futuro de economías urbanas enteras. Sin duda, la empresa familiar de Epstein era única por su auténtica complejidad organizativa, pero el tipo de obligación personal y de endeudamiento que inspiraba entre sus dependientes es ahora una característica estándar de la economía familiar de los multimillonarios.

Esta reflexión ayuda a aclarar el papel catalizador que admite el movimiento #MeToo en nuestro actual ciclo de reacción conservadora. Es difícil llevar la cuenta de los hombres de todo el espectro político que en los últimos años experimentaron conversiones arrepentidas a la extrema derecha trumpista. Cuando se les pide que expliquen su cambio de opinión, señalan repetidamente anécdotas de agresiones sexuales que parecen demasiado triviales, por no decir ridículas, como para haber provocado una sensación de colapso histórico mundial. La aparente discrepancia tiene más sentido cuando recordamos que el #MeToo se originó en un sector particular de la industria cinematográfica: el mundo altamente personalizado de los estudios privados de cine independiente. Como cofundador de Miramax y The Weinstein Company, Harvey Weinstein era el producto de una peculiar sociedad controlada por sus fundadores estilos en la que los propietarios-gerentes gozan de un poder desenfrenado sobre su personal y sus clientes. El movimiento #MeToo representó un ataque directo a su poder sexual y económico combinado. No es una sorpresa que Epstein y Weinstein fueran amigos. O que hombres de todo el espectro político contactaron a Epstein en busca de consejo cuando lidiaban con acusación de abuso sexual después del #MeToo.

Gracias a nuestra creciente reflexión sobre el mundo de Epstein, obtuvimos una imagen más clara de la lógica psíquica y económica de la extrema derecha contemporánea. Al igual que Epstein quería cerrar todas las vías de escape a sus víctimas femeninas, Trump y sus reaccionarios tecnológicos quieren acabar con todas las alternativas a la economía doméstica y convertir la presidencia en una empresa familiar controlada por su fundador. Los ataques al Estado administrativo, al sector público y a los sindicatos, así como la transformación de los agentes de control fronterizo en una milicia personal, pueden entenderse como parte de un programa más amplio para extender la regla del amo y el sirviente a toda la economía. Quizás si todos nos convertimos en conductores de Uber, vendedores tercerizados de Amazon, contratistas comerciales de magnates inmobiliarios o académicos que le suplican a los multimillonarios, ¿entonces el fundador estará a salvo del sacrificio colectivo?

Las víctimas de Epstein experimentaron la regla del amo y sirviente no solo como violencia económica sino también sexual. Fueron las primeras en nombrar y resistir nuestro orden político emergente.


Fuente: Ctxt