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sábado, 21 de febrero de 2026

Epstein, una historia de dominación masculina

 

      Periodista y ex subdirector de Il Fatto Quotidiano.


Los archivos del magnate evidencian el vínculo entre capitalismo y patriarcado. Corresponde a los hombres desmantelar todo el aparato simbólico de esta forma de opresión

      No hay fotografía más nítida para devolver el vínculo entre capitalismo y patriarcado, en su expresión más abominable, que las imágenes provenientes de los archivos de Jeffrey Epstein. Pocos pusieron el foco en el grado de complacencia sexual, de desvergonzada exhibición del poder masculino, blanco, sobre el cuerpo de las mujeres, ejercido no por hombres cualquiera sino por una élite mundial superseleccionada. Un cónclave de hombres poderosos, capaces de gobernar y condicionar, en el plano político, económico, cultural y del imaginario, las vidas de miles de millones de personas, que se reunió unido y compacto en la humillación de las mujeres y que se sintió aún más cohesionado precisamente en virtud de ese acto colectivo.


Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell saludan a Bill Clinton en la Casa Blanca en septiembre de 1993.

Los archivos de Epstein incluyen todo lo que las fiscalías acumularon sobre el indecente magnate desde 2005, cuando este fue investigado por denuncias de abusos a menores en Florida. Desde noviembre pasado, además, se publicaron cerca de tres millones de páginas de documentos. No se trata solo de información relativa al tráfico sexual, sino que también hay documentos financieros de sus clientes, intercambios de correos electrónicos y mensajes de texto personales, videos y fotos. El entrelazamiento entre poder y violencia sexual no podría ser más explícito. Elon Musk, que luego intentó desmentir estas afirmaciones, le pregunta en 2012 a Epstein “¿en qué día/noche será la fiesta más salvaje en tu isla?”, en referencia a la isla privada que el magnate poseía en las Islas Vírgenes. En otros apuntes de Epstein dirigidos a Bill Gates, fundador de Microsoft, se sostiene que Gates habría tenido relaciones extramatrimoniales con “chicas rusas” y en consecuencia contrajo una enfermedad de transmisión sexual, pidiéndole ayuda a Epstein para obtener antibióticos que pudiera tomar a escondidas a Melinda, su esposa. En un correo electrónico del 18 de julio de 2013, Epstein escribe: “Para colmo de males, después me pides, con lágrimas en los ojos, que borre los correos sobre tu enfermedad de transmisión sexual, sobre tu petición de que yo te provea antibióticos que puedas darle a escondidas a Melinda y sobre la descripción de tu pene”.


Ficha policial de Jeffrey Epstein.

El nombre de Richard Branson, propietario de Virgin, aparece cientos de veces y, en un intercambio de 2013, Epstein le agradece su reciente hospitalidad, mientras Branson responde que fue “realmente un placer” verlo, y agrega: “Cada vez que estés por la zona me encantaría verte. ¡Con tal de que traigas a tu harén!”. (Virgin luego aclaró que por harén se refería a tres miembros adultos del equipo de Epstein, una precisión bastante inverosímil).

Steve Tisch, copropietario del equipo de fútbol americano New York Giants, pregunta si una mujer que conoció en la casa de Epstein era “una profesional o una civil”, y Epstein, en otros intercambios, dice tener para él “un regalo” y describe a la mujer que le presentaría a Tisch como “una tahitiana que habla sobre todo francés, exótica”.

Los archivos se publicaron de manera desordenada y confusa y no se protegió siquiera a las víctimas, muchas de las cuales terminaron en la web con rostros, direcciones de correo electrónico e incluso cuentas bancarias. Pero, en cualquier caso, revelan el muestrario más retrógrado y humillante cuando se trata de referirse a las mujeres: harenes, exóticas, prostitutas; una descripción que no aflora demasiado en las crónicas de estos días, más orientadas a destacar la lista de poderosos o personajes conocidos que a subrayar el trato masculino hacia las mujeres. Y no es casual que sea una mujer, Melinda Gates, quien le pide a su exmarido Bill que “responda por su comportamiento”, agregando que “ninguna chica debería verse jamás en esas situaciones”.

La imagen que, entre las conocidas hasta ahora, mejor describe la condición de supremacía masculina y de humillación sexista es probablemente la del príncipe Andrés, agazapado sobre una mujer tendida en el suelo, casi como una fiera a punto de abalanzarse sobre su víctima.

Una historia de poder masculino, y de dominio sexual entrelazado con los poderes económicos, financieros, políticos y culturales. Desde este punto de vista, si se miran los hechos y los archivos a través de ese lente, no sorprende el nutrido elenco de hombres conocidos o autoproclamados progresistas. El ya mencionado Bill Gates, Bill Clinton, el blairista Peter Mandelson –punta de lanza de la campaña de deslegitimación contra Jeremy Corbyn, acusado de un presunto y inexistente antisemitismo–, el mentor de la izquierda radical Noam Chomsky (por ahora presente en los archivos solo con intercambios epistolares), Woody Allen y el exministro de Cultura francés Jack Lang. Todos amigos de Epstein al igual que Donald Trump y Elon Musk, unidos por una sola identidad: ser hombres. Todos en fila para rendirle homenaje a Epstein, al margen de las convicciones y valores exhibidos en su discurso público y aquí, en cambio, sometidos a las violencias sexuales con una voracidad bien captada por The New York Times: “Demuestra cómo funciona la sociedad de élite en todo el mundo. Revela cómo el dinero, independientemente de cómo se gane, atrae la atención de las personas, lo que a su vez trae más dinero y más atención, y genera esta vasta red de conexiones, incluso para alguien como Epstein. Así, la gente vio reunidas a personas poderosas a su alrededor y quiso formar parte”. People follow the money, podría decirse, y no se detiene ni siquiera ante un abusador sexual. Todo esto, continúa The New York Times, “es revelador de cómo algunas personas de la sociedad de élite consideraban a las mujeres. Había un fuerte componente de clase en todo esto. Muchas chicas provenían de familias desintegradas y de contextos pobres. Algunas habían sufrido abusos en la familia. Y eran vistas, básicamente, como objetos; si no para usar sexualmente, al menos para tener alrededor, casi como muebles. Eran vistas como personas descartables”.


Noam y Valéria Chomsky en la Universidad de Arizona en 2018.

Harén, tapicería, mobiliario, personas para usar y tirar. Parece una película de terror, una historia de abusos excepcionales, y obviamente lo es. Pero por el tipo de personas involucradas, por el papel de defensores del sistema dominante –occidental en este caso, que tendrá sus equivalentes en cualquier régimen político– desempeñado por los protagonistas, esa historia se vuelve símbolo de una jerarquía patriarcal bien conocida y denunciada activamente por los movimientos feministas, que el mundo masculino, en cambio, sigue ignorando y esquivando. En el harén de Epstein se escenificó un imaginario que, no por casualidad, fue señalado indirectamente (o quizá de manera más consciente de lo que se cree) por el MeToo estadounidense, dirigido precisamente contra una gestión patriarcal, violenta y propietaria del cuerpo de las mujeres por parte de una élite de hombres blancos y poderosos. Ese movimiento luego fue banalizado y olvidado, pero permaneció en la conciencia de muchas, y no tiene vuelta atrás. Las denuncias por acoso sexual en el trabajo aumentaron después del movimiento en EEUU; así lo señala al menos una nota de la Universidad Bocconi de Milán, con aumentos de denuncias que en algunos casos llegaron al 50 %.

Los archivos de Epstein parecen no perturbar demasiado a la generación masculina que sigue aferrada a un imaginario consolidado e interiorizado hasta volverlo banal. Ciertamente, en gran parte de los comentarios políticos y periodísticos hechos por hombres no falta el repudio, pero a menudo queda eclipsado por la indignación ante la filiación política de los abusadores: los progresistas culpan a Trump y la derecha está lista para replicar con la presencia de los Clinton. Pero el nudo central del caso, la expresión de la relación entre hombres poderosos, patriarcales y ricos, y las mujeres, queda en segundo plano. Y, sin embargo, se trata justamente de desestructurar imaginarios y formas de dominio, esquemas consolidados, relaciones enquistadas incluso con su grado de violencia y humillación. Que desbordan el jet set montado por Epstein, pueblan nuestro imaginario y el caldo turbio en el que crecimos como hombres. Y que a menudo no rechazamos, y menos aún desmantelamos.

Además de rechazar de raíz toda forma de violencia, es necesario desmontar estereotipos, invertir jerarquías léxicas y formas de dominio, incluso las impalpables (sobre todo esas). Porque son las que todavía nos habitan. La historia de liberación y emancipación de las mujeres debe ser escrita por las mujeres, pero también es cierto que una historia de opresión y humillación interpela al sujeto activo del dominio. Y si no se le puede pedir al capitalismo que deje de explotar el trabajo, porque entonces dejaría de existir, sí se les puede exigir a los hombres que desmantelen todo el aparato simbólico ligado al patriarcado y a la opresión. Porque los hombres no dejarían de existir, solo serían mejores y podrían construir relaciones nuevas: solidarias, igualitarias, fundamentalmente inéditas y liberadoras para todos. No hay nada más opresivo y constrictivo, en el fondo, que el patrón de virilidad inculcado desde la juventud, que convierte la exhibición de sí y la competencia infinita en un deber absoluto. Y no hay nada más liberador que deshacerse de él.


Fuente: Ctxt

jueves, 1 de enero de 2026

Evaluando a Noam Chomsky

 

 Por Joe Emersberger   
      Ingeniero, escritor y activista radicado en Canadá.


     Descubrí los libros de Noam Chomsky cuando tenía veintitantos años (a finales de los ochenta) y lo admiré profundamente durante décadas. El único intelectual al que admiré más que a Chomsky fue Bertrand Russell, a quien descubrí a una edad mucho más joven y más influenciable.

A principios de la década del 2000, internet era una novedad brillante, y me entusiasmó unirme al Foro de Colaboradores de Znet. Los miembros del foro podían interactuar directamente con Chomsky y otros escritores de izquierda. Era una de las muchas maneras en que Chomsky apoyaba los medios alternativos, algo que había hecho durante décadas.




Antes de internet, Z Magazine era uno de los lugares donde encontraba alivio del conformismo reaccionario y asfixiante de los medios corporativos. Los programas de entrevistas políticas del domingo por la mañana eran especialmente desgarradores. Cada mes esperaba con ansias recibir Z Magazine por correo para poder 1) confirmar que no estaba loco por sentir asco por los medios de comunicación del establishment 2) armarme de hechos y argumentos. Ni que decir tiene, cualquier revista o programa de radio de noticias alternativas de la época que incluyera una contribución de Chomsky recibía un gran impulso.

Me di cuenta de que, a diferencia de algunos escritores del foro de Znet, Chomsky no parecía un imbécil arrogante. Era muy accesible y generoso con su tiempo. Años después, comencé a interactuar con él directamente por correo electrónico y, hasta aproximadamente 2011, siempre estuve de acuerdo con sus respuestas.

Más tarde, cuando discrepamos, nunca me sentí menospreciado ni irrespetado por él. Al contrario, alentó mucho mis escritos. Cabe destacar que algunos amigos de Chomsky, Ed Herman y John Pilger, de quienes nunca me desilusioné, fueron igualmente amables y generosos al responder a escritores como yo, que no tenían nada que ver con su nivel.

Señales de alerta temprana: Haití

Durante mi estancia en el foro de Znet a principios de la década de 2000, recuerdo que Chomsky hizo algunos comentarios negativos sobre el ex presidente haitiano Jean Bertrand Aristide mientras éste cumplía su segundo mandato en el cargo.

El primer mandato de Aristide se vio truncado en 1991 por un golpe militar respaldado por Estados Unidos, que Chomsky denunció enérgicamente. Bill Clinton, a quien Chomsky calificó en una ocasión en el foro de Znet como un "matón", permitió el regreso de Aristide a Haití en 1994. Chomsky fue mordaz al describir las escandalosas concesiones que Clinton le había arrancado a Aristide: obligarlo a aceptar la impunidad de los militares que habían pasado tres años asesinando a miles de sus partidarios, obligarlo a aceptar que sus tres años de exilio computaran como tiempo de servicio en el cargo y obligarlo a adoptar políticas económicas neoliberales opuestas a su programa de campaña victorioso en 1990.

Tras regresar a Haití en 1994, Aristide incumplió en gran medida el acuerdo que Clinton le impuso. Los asesinos de la junta militar fueron procesados ​​y el ejército haitiano fue abolido. Su aliado cercano, René Préval, completó su mandato presidencial, y Aristide fue reelegido en 2000. Ese mismo año, los aliados políticos de Aristide obtuvieron una contundente victoria en las elecciones legislativas.

Una campaña de difamación contra Aristide, liderada por Estados Unidos, se desató de inmediato. Aristide fue acusado de manipular las elecciones del año 2000 y de armar a sus partidarios para aterrorizar a sus oponentes. Estas acusaciones falsas fueron repetidas no solo por el gobierno estadounidense y los medios de comunicación occidentales, sino también por importantes ONG como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Christian Aid y Reporteros sin Fronteras.

El 29 de febrero de 2004, tropas estadounidenses secuestraron a Aristide y lo expulsaron de Haití. Terminó exiliado en Sudáfrica durante varios años, ya que Estados Unidos dejó clara su firme oposición a su regreso a Haití. Influenciado por Chomsky y todas las ONG mencionadas anteriormente, creía que debía haber una gran verdad en las acusaciones contra Aristide. Luego, se produjo el golpe de Estado de 2004 y comencé a dudar de lo que había aceptado con tanta naturalidad. Cuanto más examinaba las acusaciones, más me daba cuenta de que eran totalmente falsas. Los investigadores independientes Yves Engler y Anthony Fenton publicaron rápidamente un libro breve pero muy eficaz que desmintió las mentiras que habían facilitado el golpe.


Canadá en Haití: una guerra contra la mayoría pobre.

Unos años más tarde, en 2010, Peter Hallward escribió una desmentida aún más exhaustiva en su libro "Represando la inundación: Haití, Aristide y la política de contención". Una nota de Chomsky en la portada dice: "Muy convincente, un libro maravilloso". Estoy totalmente de acuerdo. Creí que Chomsky había aprendido lecciones importantes del golpe de 2004, igual que yo. Me equivoqué.


Represando la inundación: Haití y las políticas de contención.

En 2012, cuando le pregunté a Chomsky si añadiría su nombre a una carta defendiendo a Aristide de la persecución, se negó. Chomsky dijo que los activistas a los que consultó sobre Haití estaban "incómodos con la descripción de Aristide". Es cierto que, aunque acepté firmar, también tenía algunas objeciones a la carta, pero no que fuera demasiado halagadora para Aristide. Después de todo lo que se había hecho en Haití y en Aristide desde 2004, ¿cómo podía ser eso una preocupación?

Seguí admirando a Chomsky, pero llegué a la conclusión de que tenía importantes puntos ciegos debido a su ideología anarquista. Cualquier gobierno, incluso uno tan débil y minimalista como el de Aristide, siempre sería visto con recelo por Chomsky. Sus feroces denuncias contra Estados Unidos a menudo se veían socavadas por críticas injustas a los gobiernos que se encontraban bajo ataque estadounidense. Esta falla en el pensamiento de Chomsky se vio exacerbada por su absolutismo en la libertad de expresión.

Nicaragua, Venezuela, absolutismo, libertad de expresión impunidad de las élites

En su libro de 1989, Necessary Illusions, Chomsky hizo un trabajo maravilloso documentando los sombríos detalles de la guerra terrorista de Ronald Reagan contra Nicaragua. Chomsky describió al periódico nicaragüense La Prensa, respaldado por Estados Unidos, como una herramienta de propaganda de Estados Unidos mientras atacaba a Nicaragua.



Necessary Illusions.

Dijo que La Prensa "apenas fingía ser un periódico". Sin embargo, Chomsky insistió en que el gobierno nicaragüense permitiera que La Prensa permaneciera abierta: "Los defensores de los valores libertarios deberían, no obstante, insistir en que Nicaragua rompa precedentes en esta área, a pesar de sus graves dificultades...".




En su libro de 1988, "The Culture of Terrorism"Chomsky también escribió que si "se permitiera la verdadera libertad interna en Nicaragua, como seguramente debería ser", entonces su gobierno soportaría la enorme "carga" de un terreno mediático dominado por sus enemigos respaldados por Estados Unidos, pero "nada de esto implica que la carga no deba ser soportada".


Culture of Terrorism.

Me avergüenza haber tardado años en darme cuenta de las tonterías tóxicas que Chomsky había defendido. La Prensa estaba ayudando a terroristas respaldados por Estados Unidos a matar nicaragüenses.


El estadounidense Hasenfus reconoció que trabajaba entregando suministros a 'la contra' nicaragüense.

El absolutismo de Chomsky en materia de libertad de expresión es contradictorio y reaccionario. Insistir en la impunidad de La Prensa requería ignorar las voces de los nicaragüenses que el periódico silenció para siempre al permitir que los mataran. 

En 2021, La Prensa seguía siendo portavoz de los subversivos respaldados por Estados Unidos, y Chomsky firmó una carta que, en esencia, instaba a Nicaragua a capitular ante esos subversivos. La carta también tuvo la audacia de referirse a las elecciones de 1990, ganadas por el candidato respaldado por Estados Unidos gracias a la guerra terrorista librada contra el país, como "libres y justas".

La oposición de Chomsky a las leyes de difamación equivale de manera similar a apoyar la impunidad de los mentirosos más peligrosos (es decir, los más ricos) que silencian a la gente usando la palabra para matarlos, obligarlos a esconderse o llevarlos a la ruina financiera.

En 2007, el gobierno venezolano de Hugo Chávez se negó a renovar la licencia de transmisión de RCTV, una cadena de televisión que había apoyado un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos que logró derrocar a Chávez durante dos días en 2002. Chomsky se opuso a la no renovación, calificándola de "error táctico". Cabe recordar que, para entonces, Venezuela ni siquiera había cerrado RCTV. Aún podía transmitir vía satélite.

Una crítica razonable fue la contraria a la de Chomsky: que fue un "error táctico" por parte de Venezuela no cerrar inmediatamente (no años después) todas las cadenas de televisión (no solo RCTV) que habían apoyado el golpe de 2002. Sin embargo, una preocupación para cualquier gobierno (a menos que sea tan fuerte como China o Rusia) es la opinión pública occidental, especialmente la de los elementos "progresistas" en Occidente que podrían oponerse a la agresión estadounidense. 

Un gobierno como el de Venezuela no puede ser completamente indiferente a cómo se le presenta en Occidente. El papel de Chomsky ha sido alentar a los gobiernos bajo ataque estadounidense a ser suicidamente débiles o, de lo contrario, enfrentar duros ataques de la izquierda occidental.

En 2011, Chomsky invocó la independencia judicial y razones humanitarias para apoyar a la jueza venezolana Lourdes Afiuni. Esta fue encarcelada tras permitir la fuga de Venezuela de un empresario encarcelado por corrupción. La insistencia de Chomsky en que Venezuela permitiera la libertad de un juez corrupto no le impidió, años después, criticar duramente al gobierno venezolano por, en sus propias palabras, "dar prácticamente vía libre al capital para su enriquecimiento".


'Dar practicamente vía libre al capital para su enriquecimiento es lo que ha derribado a Venezuela'.

En cuanto a Venezuela, parece que las voces más reaccionarias fueron las que más influyeron en Chomsky. Durante un intercambio de correos electrónicos con Chomsky, me sorprendió que me sugiriera a Boris Muñoz como fuente creíble sobre Venezuela. En un artículo de 2012, Muñoz difundió la afirmación de que el cáncer de Hugo Chávez era un engaño orquestado en complicidad con el gobierno de La Habana. Le expliqué a Chomsky lo condenatorio que era eso por parte de Muñoz, pero no creo que lo asimilara.


'Chávez es todo el pueblo. Chávez son millones'.

En su país, Chomsky era igualmente contradictorio: denunciaba la barbarie de la élite y al mismo tiempo se oponía al castigo más leve para ella. En 1969, Chomsky estaba tan disgustado por la glorificación de la guerra de Vietnam que escribió en su libro "El poder estadounidense y los nuevos mandarines": "Tenemos que preguntarnos si lo que se necesita en Estados Unidos es disidencia o desnazificación".


El poder estaounidense y los nuevos mandarines.

Pero en 1969, Chomsky también declaró al MIT que se oponía vehementemente a que se le negara a Walt Rostow un puesto docente. Rostow regresó a la academia en 1969 tras trabajar como asesor de seguridad nacional para los presidentes Kennedy y Johnson. Chomsky recordó sus acciones a un biógrafo comprensivo (Robert Barsky) de la siguiente manera:

Fui a ver al presidente del MIT en 1969 para informarle que teníamos la intención de protestar públicamente si resultaba que había algo de cierto en los rumores que circulaban entonces de que a Walt Rostow (a quien considerábamos un criminal de guerra) se le estaba negando un puesto en el MIT por motivos políticos (afirmaciones que eran difícilmente plausibles y resultaron ser completamente falsas).

En una entrevista, Chomsky afirmó que podría haber renunciado al MIT si a Rostow le hubieran negado el trabajo. Así pues, a pesar de la brutalidad estadounidense que impulsó a Chomsky a pedir la desnazificación del país, se opuso firmemente a que los altos cargos nazis estadounidenses sufrieran consecuencias profesionales por sus crímenes.

Libia, Siria, Ucrania: Chomsky empeora

En 2011, Chomsky apoyó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia, pero luego objetó que la OTAN la había violado para derrocar al gobierno de Gadafi. Por lo tanto, se opuso a que ocurriera lo más previsible, como debería haber sabido gracias a sus extensos escritos sobre la duplicidad y la criminalidad occidentales. Sin embargo, afirmó que sería imprudente predecir las consecuencias del derrocamiento de Gadafi. De hecho, como era de esperar, el derrocamiento de Gadafi desencadenó una pesadilla continua que los medios occidentales ocultaron fácilmente.


Libia se hundió en un Estado fallido tras la invasión estadounidense.

En Siria, Obama inició el apoyo estadounidense a una guerra sucia para derrocar al gobierno de Asad que, mucho después de que Obama dejara el cargo, resultó en una gran victoria para Estados Unidos y el Israel nazi. Un terrorista de Al Qaeda (que también es un ex miembro de alto rango del ISIS) es ahora el dictador de Siria.




En 2016, Chomsky dijo que no sabía cómo las acciones de Obama en Siria podrían haber sido mejores:

Y para Siria... es muy difícil pensar en alguna recomendación. Es decir, no sé qué podría haber hecho Obama mejor que lo que hizo.

En 2018, Chomsky firmó una carta junto con numerosos intelectuales occidentales (David Graeber, Judith Butler, David Harvey, etc.) que instaba al ejército estadounidense a bombardear Siria en defensa de los anarquistas kurdos, que, según los autores, eran los principales aliados de Estados Unidos contra el ISIS en Siria. La idea de que Estados Unidos estuviera en Siria para combatir al ISIS era digna de un neoconservador de derechas.

Es sorprendente la controversia que se volvió entre los izquierdistas occidentales (en gran parte gracias a la influencia destructiva de Chomsky) defender al gobierno de Assad contra lo que obviamente era un esfuerzo conjunto apoyado por Estados Unidos e Israel para derrocarlo.

Hoy en día, la situación en Siria es compleja, como explica Vanessa Beeley. Pero es un caos horroroso caracterizado por la partición, el saqueo y las atrocidades sectarias que benefician a Israel.

Chomsky caería en picado tras la invasión rusa de Ucrania. En una entrevista de 2022, Chomsky elogió efusivamente la "gran valentía" y la "gran integridad" del presidente ucraniano Zelenski, a quien calificó de "persona honorable". Recordemos que Chomsky no se atrevió a firmar una carta en defensa de Aristide en 2012 porque no quería ser demasiado optimista sobre el expresidente haitiano, derrocado dos veces por Estados Unidos. Pero Zelenski, jefe del gobierno notoriamente corrupto, respaldado por Estados Unidos y que honra al colaborador nazi Stepan Bandera, lo elogió efusivamente.




El sionismo furtivo de Chomsky

En cuanto a Palestina, el enfoque de Chomsky fue convencer a mucha gente decente con su minucioso análisis de los crímenes israelíes, pero bajo la abundante documentación y la indignación, su postura seguía siendo sionista. En un artículo de 2014 para The Nation, abogó por el delirio de los dos Estados y, con arrogancia, advirtió a los palestinos que no insistieran en algo más, ni siquiera en el derecho de los refugiados a regresar a las tierras de las que fueron expulsados.

En 2004, Chomsky habló de “la destrucción de Israel” como si fuera algo malo:

El llamado a un “Estado laico democrático”, que no es tomado en serio por el público israelí ni a nivel internacional, es una demanda explícita de destrucción de Israel, que no ofrece nada a los israelíes más allá de la esperanza de un grado de libertad en un eventual Estado palestino.

Dado el Holocausto transmitido en vivo en Gaza que presenciamos desde el 7 de octubre de 2023, la naturaleza sionista del enfoque de Chomsky nunca ha sido tan completamente desacreditada. El Israel nazi debe ser derrocado. Punto.

Antiestalinismo: el pecado original de los izquierdistas occidentales

No fue hasta 2023, unos meses antes de que comenzara el genocidio en Gaza, que estuve dispuesto a admitir que ya no respetaba a Chomsky. Me llevó demasiado tiempo. ¿Por qué?

Parte de la razón es el antimarxismo. Tanto Bertrand Russell como Noam Chomsky, las mayores influencias intelectuales en mí durante décadas, despreciaban a Karl Marx. Vea este artículo de Roderic Day para ejemplos del desdén de Chomsky hacia Marx. No fue hasta que ignoré su influencia sobre mí que pude emprender un estudio adecuado de Marx. No es casualidad que los intelectuales occidentales prominentes tiendan a ser antimarxistas o a promover una versión del marxismo compatible con el imperialismo occidental. Vea las discusiones de Gabriel Rockhill sobre este tema con Nick Estes Justin Podur. La facción liberal de la élite occidental ha dedicado mucho más esfuerzo del que jamás imaginé a desarrollar una "izquierda compatible". Bertrand Russell formó parte de un grupo fachada anticomunista financiado por la CIA.

Pero muchos de los marxistas que he conocido en mi vida también eran antistalinistas porque seguían acríticamente la línea que adoptó la URSS tras la muerte de Stalin. Acepté un consenso que casi todos, desde marxistas hasta antimarxistas de cualquier tipo, parecían aceptar: que Stalin era un gran mal, quizás incluso comparable a Hitler. Al perder la confianza en Chomsky, exploré la obra de Domenico Losurdo Michael Parenti, quienes refutaron brillantemente ese disparate. Resulta que izquierdistas como Chomsky —que ni siquiera pueden defender a Jean Bertrand Aristide, Daniel Ortega, Hugo Chávez o Nicolás Maduro— tampoco son fuentes fiables sobre Stalin. Lección, tardíamente aprendida.

Epstein seduce a Chomsky

Las imágenes que se muestran a continuación expresan con mayor elocuencia que yo jamás podría sobre cuán profundamente Chomsky fue absorbido por el mundo de Jeffrey Epstein. ¿Están las élites estadounidenses contentas de ver a Chomsky deshonrado? Los espías liberales que cultivan una izquierda afín probablemente no estén contentos.








En su libro "La CIA y La Guerra Fría Cultural", Frances Stonor Saunders explica que los liberales de la CIA tuvieron que ocultar sus actividades a los republicanos, quienes no querían que existiera ningún tipo de izquierda. Así que imagino que entre la élite estadounidense las reacciones son diversas: desde el descontento hasta la ambivalencia y el júbilo.



En cuanto a Chomsky, a pesar de su retórica antiestatal, su ideología lo hizo sentir cómodo con el poder estadounidense y el sionismo. Se sentía tan cómodo que solía decir cosas como: «Estados Unidos es un país muy libre, quizá el más libre del mundo». Al final, se sintió tan cómodo que destruyó su propia reputación.


Fuente: Antiimperialismo sin editar



Nota editorial.- La publicación de este artículo -como sucede con buena parte de los que han visto la luz anteriormente- no obedece a un acuerdo total o parcial con su contenido. En este caso concreto, el motivo para su publicación ha sido, principalmente, aportar un punto de vista también crítico, pero muy diferente al de quienes han aprovechado que se haya hecho pública la tardía relación de Noam Chomsky con Jeffrey Epstein para arremeter contra el conjunto de la obra del lingüista y analista político estadounidense y descalificar todas y cada una de sus aportaciones en los diferentes campos del conocimiento.

martes, 11 de marzo de 2025

Noam Chomsky: “En este momento de la historia debemos decidir si la vida humana puede continuar”

 

 Entrevista de Julien Devaureix          . .                         Investigador de los nuevos desafíos actuales. Creador del podcast Sismique.



"Lo llaman libertarismo. Debemos dejar que los amos, los propietarios, aquellos que amasan la mayor parte del capital, sean libres. Deben ser libres para destruir el mundo tan rápido como quieran. Las instituciones fundamentales son suicidas. El capitalismo es una sentencia de muerte, eso es obvio"


Noam Chomsky


     Julien Devaureix: La gran pregunta para empezar es: ¿cómo definirías nuestra época? ¿Crees que estamos viviendo un momento especial en la historia y, si es así, qué lo hace tan especial?

Noam Chomsky: Los humanos hemos estado en el planeta durante unos cientos de miles de años, hemos enfrentado muchos desafíos, hemos superado algunos y hemos fracasado en otros. El momento que vivimos es único. Esta es la primera vez en la historia de la humanidad, y también será la última, que debemos responder a la pregunta: ¿continuará el experimento humano o se enfrentará a un final ignominioso? Ésta es la pregunta de nuestro tiempo. Estamos en ese momento de la historia en el que debemos decidir si la vida humana organizada en la Tierra puede continuar. Y no estamos hablando del futuro lejano, estamos hablando del futuro cercano.

Las decisiones que tomemos ahora serán críticas. Hay varias preguntas, tan obvias que me parece casi innecesario tener que repetirlas, y que deberían estar en el centro de la atención de todos. Una de ellas es la advertencia que nos lanza periódicamente el IPCC: hay que dejar de utilizar combustibles fósiles ahora, sin demora, reducirlos en un cierto porcentaje cada año, de modo que dentro de unas décadas los hayamos eliminado completamente. Si no lo hacemos, estamos esencialmente condenados.

Otra es la creciente amenaza de una guerra nuclear que destruiría todo a nivel mundial. Habría algunos sobrevivientes, pero los más afortunados serían aquellos que murieran rápidamente. Esto es a lo que nos enfrentamos ahora.


Ya dejamos que una IA decida sobre una guerra nuclear.

La tercera es el colapso y decadencia de un campo de discurso racional, a veces llamado “infodemia”: ya no se puede hablar racionalmente sobre las cosas, hay que gritar y chillar sin parar.

Esto es parte de ello, porque si no podemos abordar estos temas de manera racional y seria, no tendremos ninguna esperanza de salir de esto. Así que creo que éstas son las tres características que definen nuestro tiempo. Y esto es muy serio.

Julien Devaureix: ¿Cuáles cree usted que son las estructuras y dinámicas más importantes que definen esta complicada situación de la trayectoria humana en nuestro tiempo? ¿Y crees que son comunes a todas las sociedades?

Noam Chomsky: Las estructuras más importantes se encuentran, por supuesto, en las sociedades más ricas. Son ellos quienes, nos guste o no, determinan cómo será el futuro. La gente de África ciertamente puede hacer cosas, pero no tiene la influencia que tiene la gente de Estados Unidos, Francia, Alemania o Rusia.

Ellos son quienes determinarán lo que será, por su poder. Todos ellos son Estados y potencias fundamentalmente capitalistas, incluida Rusia. Instituciones capitalistas, con fuerte intervención estatal, principalmente en beneficio de los propietarios y amos dominantes.

Se remonta a Adam Smith, quien diseñó la estructura básica de nuestras instituciones hace 250 años. Es famoso por elogiar el mercado, pero no fue eso lo que dijo. Lo que dijo fue que los amos de la humanidad (que en su época significaba los comerciantes e industriales de Inglaterra) en control son los arquitectos principales de la política gubernamental, y la diseñan de manera que sirva mejor a sus propios intereses personales, por graves que puedan ser las consecuencias para el resto del pueblo inglés, o peor, para las víctimas de la salvaje injusticia por parte de los europeos en el extranjero. Estaba principalmente interesado en los crímenes cometidos por los británicos en la India. Ese fue Adam Smith hace 250 años.

Los amos del universo han cambiado. Ya no son los comerciantes e industriales de Inglaterra, son las grandes multinacionales. Grandes instituciones financieras que operan con métodos muy similares a los de los maestros de la época de Adam Smith. Controlan en gran medida el poder estatal. Se aseguran de que sirva a sus intereses, sin importar cuán graves sean las consecuencias para los demás.

En Estados Unidos, el Partido Republicano, principal apoyo de los poderes privados (los demócratas también, pero en menor medida), ataca ahora a las empresas que intentan tener en cuenta el cambio climático en sus inversiones. Quieren promulgar leyes para impedir que las empresas tengan en cuenta los efectos sobre el clima, porque eso significa dar a las empresas la libertad de destruirlo todo.

El Tesoro de Estados Unidos ha invertido enormes cantidades de dinero para tratar de proteger a las instituciones financieras de los efectos de la pandemia. Por una fracción de lo que gasta, el gobierno de Estados Unidos podría comprar empresas de combustibles fósiles y convertirlas a energía renovable. Una fracción de lo que se gastó para rescatar a las instituciones financieras de una sola crisis: la pandemia. Bueno, así es como funcionan los principios de Adam Smith, prácticamente en todas partes.


Los habitantes de Saint-Senier-de-Beuvron han derrotado a Elon Musk y su proyecto Starlink.

Julien Devaureix: Una de las formas que tienen los que ustedes llaman "los amos del universo" de ejercer su poder es recurrir a la propaganda. ¿Cuál es su opinión sobre la influencia que estas personas tienen en el pensamiento colectivo hoy en día y en qué se diferencia de hace 30 años, cuando escribió Manufacturing Consent?

Noam Chomsky: El término “fabricación del consentimiento” fue acuñado por Walter Lippmann, un destacado intelectual público del siglo XX, uno de los fundadores del neoliberalismo. Era un liberal, como Wilson, Roosevelt, Kennedy, no un republicano.

Acuñó el término fabricación del consentimientoy lo recomendó como “un nuevo arte en la práctica de la democracia . Dijo: "El gobierno y el poder necesitan la fabricación del consentimiento para controlar a las masas de la población", a quienes llamó "los espectadores, los no participantes". "Son estúpidos e ignorantes. Debemos proteger al hombre responsable, es decir, a nosotros mismos”, de lo que él llamaba "la rabia, el pisoteo furioso del rebaño desconcertado", es decir, la población.

Debemos eliminarlos, quitarles toda influencia. Ellos tienen un rol, pueden apretar un botón cada cuatro años para designar a uno de nosotros para gobernarlos, pero eso es todo". Esta es la teoría democrática liberal.

La primera agencia de propaganda norteamericana en Estados Unidos se llamó “Comisión Creel”: comisión de información pública, lo que por supuesto significa desinformación pública. Esta medida fue puesta en marcha por el presidente Wilson en 1917 para intentar llevar a una población pacifista a un frenesí bélico y a odiar todo lo alemán: la Orquesta Sinfónica de Boston no podía tocar a Beethoven, por ejemplo.

Walter Lippmann fue uno de sus miembros. Otro miembro fue Edward Barnays, uno de los principales fundadores de la industria moderna de las relaciones públicas. Ambos consideraron que la comisión había sido todo un éxito. ¡Y efectivamente lo fue! Rápidamente transformó a la población en una turba de delirantes histéricos antialemanes.

Esto ocurrió hace más de cien años y no sólo en Estados Unidos, sino en todos los países. Hubo algunas personas que no caminaron, como Bertrand Russell en Inglaterra, quien fue enviado a prisión. Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht en Alemania, enviados a prisión. Eugene Victor Debs en Estados Unidos, enviado a prisión. Era el mismo patrón en todas partes. Fue hace más de un siglo.

¿Ha cambiado? Mire hoy: es lo mismo. En Estados Unidos, por ejemplo, hay una regla que debes seguir. Nadie lo ha formulado, pero las clases intelectuales lo entienden: si se menciona la invasión criminal de Ucrania por parte de Putin, hay que llamarla "la invasión no provocada de Ucrania" . Si realiza una búsqueda en Google, encontrará un millón de resultados que coinciden con esta frase: "invasión no provocada de Ucrania". Ahora haga un experimento: busque “invasión no provocada de Irak. Algunos resultados marginales pero en general no encontrarás nada.

En Rusia ocurre lo mismo: cuando los rusos repiten al unísono que se trata de una “operación militar especial”, nos burlamos de este estado totalitario. ¿Qué pasaría si miráramos en casa? Oh, no podemos...

Debo aclarar que este no es el mundo entero. Si observamos a los países subdesarrollados del Sur que se están derrumbando, cuando ven eso, no se alinean. Condenan la invasión rusa de Ucrania y dicen: "¡Sí, es un crimen terrible! ¿Pero de qué estás hablando? ¡Esto es lo que nos hacéis todo el tiempo! Así que dejad de moralizar”.


"Conocer el arte de impresionar a las multitudes es conocer el arte de gobernarlas".

Julien Devaureix: Cuando le escucho, tengo la impresión de que las cosas están estancadas en una sola dirección. ¿Es este el caso? ¿Realmente no hay nada que pueda influir en estos juegos de poder o todavía hay alguna esperanza?

Noam Chomsky: ¡Por supuesto que todo es posible! Tomemos nuestra situación: ¿podemos hablar de todo esto y la policía secreta viene a mi oficina, me arresta y me arroja a un campo de concentración? Si estuviéramos en Rusia tal vez esto podría suceder. ¡No vivimos en estados totalitarios! En Rusia hay disidentes, opositores a la guerra, muy valientes, que se enfrentan a problemas reales. Pueden ser arrojados a prisiones, campos de concentración o asesinados. No estamos ante todo eso. Podemos hablar libremente, vivimos en sociedades libres, parcialmente democráticas.

Tenemos una responsabilidad que la gente de otros países no tiene. Por nuestra libertad y nuestro poder. Ahí es donde reside el poder y, afortunadamente para nosotros, se han ganado suficientes luchas a lo largo de los siglos como para que tengamos un grado considerable de libertad. ¡Vamos a usarlo!

Una cosa que se puede hacer es perforar y eliminar los espesos velos de la propaganda. Hablar de ello, discutirlo racionalmente, pensarlo… Lo segundo que podemos hacer es organizar a la gente para que empiece a actuar. Lo tercero es tomar la acción.

Si observamos nuestras propias sociedades, son mucho más civilizadas que hace 40 o 50 años. ¡Cosas que se daban por sentado en los años 50 y 60 se han vuelto inconcebibles hoy en día! Hay progresos. No son suficientes, pero hay algunos.

Y eso genera reacciones: reacciones fuertes contra lo que se llama “wokeismo”, que sin embargo significa un mínimo de civilidad hacia las mujeres, las minorías, los homosexuales y otros. Un mínimo de actitud civilizada, esfuerzos para combatir el calentamiento global...

Sí, hay oposición, pero hay avances. Son medios que funcionan, que están disponibles, que están a nuestro alcance. Lo único que falta es la voluntad. La voluntad de utilizar la libertad que tenemos, las oportunidades que tenemos, para avanzar hacia un mundo mucho mejor.

Pero hay que hacer algo al respecto. No puedes simplemente ir a casa y jugar en las redes sociales, o ir al cine o lo que sea: tienes que hacer algo. Puedes. Es posible. La gente lo ha hecho, a menudo con gran riesgo, y ha cambiado el mundo. Otros pueden quedarse quietos y observar cómo el mundo arde en llamas.

¡Y esto es lo que está pasando! Nos encontramos ahora en un punto de inflexión en la historia de la humanidad, en el que o decidimos actuar o será nuestro fin. Es así de simple.

Julien Devaureix: Tengo una última pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida según usted?

Noam Chomsky: Muy sencillo. El significado de la vida lo debe determinar cada uno de nosotros. Se nos ha dado el regalo de la Vida por un corto tiempo en la Tierra, depende de nosotros decidir qué hacemos con él. Podemos decidir conformarnos con el poder, obedecer. Otra opción es decir: "No, voy a ser el equivalente de un disidente ruso, voy a rechazar la propaganda, voy a condenar los crímenes del Estado, voy a hacer algo al respecto".

¿Queremos ser cobardes? Ok, es gratis y fácil. ¿Quieres intentar construir un mundo mejor? Tú puedes hacerlo. Problemas, dificultades, condenas, odios… pero eres libre de hacerlo. ¡Nosotros decidimos el sentido de la vida!

Fuente: La Relève et La Peste