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viernes, 10 de octubre de 2025

Mark Bray: “En Estados Unidos nos encontramos ante una situación sin precedentes para el antifascismo”

 

      “Exmercenario de MARCA, SpinMedia, ABC... Ahora cooperativista autoexplotado.”

      

El historiador estadounidense Mark Bray se declara “orgullosamente judío antisionista” y cree que lo que necesita su país es una huelga general contra las políticas de Trump



     Mark Bray es historiador especializado en materia de derechos humanos, terrorismo y política radical. Fue uno de los impulsores del movimiento Occupy Wall Street y cuenta con dos libros publicados en España: La traducción de la anarquía (Volapük Ediciones, 2015), con el que nos acerca a la experiencia de Occupy, y Antifa (Capitán Swing, 2017), el detallado estudio de la historia del antifascismo y de la filosofía que subyace al movimiento que se convirtió en todo un superventas sobrepasando el nicho de la izquierda alternativa. Sus trabajos han aparecido en The Washington Post, Foreign Policy, Critical Quarterly y ROAR Magazine. Después de una estancia en España, volvió hace un año a su país para darse de bruces con un nuevo mandato de Donald Trump. Actualmente es profesor de historia en la Universidad de Rutgers de Nueva Jersey.




En los días posteriores a la Orden Ejecutiva de Trump que designó a Antifa como “organización terrorista” y a la entrevista con Mark Bray, el autor empezó a recibir amenazas que le han obligado a trasladarse a España con su familia, según explica en un mensaje enviado el domingo 5 de marzo: “Varias figuras famosas de la extrema derecha me atacaron en X, lo que ha hecho que reciba amenazas de muerte. La organización de Charlie Kirk, Turning Point USA, ha intentado que me despidan de mi trabajo, y el fin de semana pasado recibí un correo electrónico amenazante señalando mi dirección particular. Por todo ello me he visto obligado a trasladar todas mis clases a internet y mudarme con mi familia a Madrid para pasar el año. Espero que para entonces la situación se calme. Ya veremos”.


El historiador estadounidense Mark Bray.

No hace ni un año de la toma de presidencia de Trump y, en estos pocos meses, Estados Unidos se ha adentrado en una espiral autoritaria sin precedentes en la historia reciente norteamericana, con un retroceso evidente en materia de derechos civiles y de protección a las minorías. Y no parece que haya posibilidad de revertir ese proceso en el corto plazo; precisamente el asesinato de Charlie Kirk ha venido a apuntalar esa tendencia, un hecho que el movimiento MAGA ha achacado a la izquierda, aunque sin una base concreta.

Sí, así es. Básicamente, Trump y sus aliados están utilizando el miedo y la indignación, muy reales, de muchos conservadores cristianos, blancos, frente a una década de progreso social en términos de género, raza, sexualidad, etc., para intentar revertir victorias —incompletas— de los movimientos sociales y “hacer a Estados Unidos grande de nuevo” regresando a un pasado imaginario donde los hombres cristianos blancos gobernaban en todos los aspectos de la vida. No critican la democracia en sí, sino que argumentan que “la izquierda” ha estado haciendo trampas y robando elecciones y, por lo tanto, para salvar la democracia, deben destruirla.

Por su parte, los movimientos sociales llegaron a esta administración Trump debilitados por la represión a la que habían venido enfrentándose por las protestas en defensa de la causa palestina. Bueno, también hay que destacar que dicha represión fue perpetrada al igual por republicanos y demócratas en puestos de poder.

Y sí, incluso antes de que hubiera evidencia alguna sobre quién disparó a Charlie Kirk, Trump atribuyó el tiroteo a “la izquierda”, así, en genérico, aunque las ideas políticas del autor de los disparos no encajaran perfectamente en ninguna perspectiva ideológica. De hecho, aunque Tyler Robinson estaba más influenciado por los videojuegos e internet que por cualquier otra cosa, la derecha sigue catalogándolo de izquierdista. 

Precisamente Trump acaba de firmar una orden ejecutiva que designa a Antifa como “una organización terrorista doméstica”, ya hizo un amago en su primer mandato tras la muerte de George Floyd. Hemos hablado en otras ocasiones de que lo que su administración denomina como tal no es una organización, no cuenta con estructura organizada, no tiene líderes… Estaría, pues, intentando ilegalizar unas ideas, algo así como si quisiera proscribir el ecologismo o el feminismo. En todo caso, ¿cómo se podría concretar esa decisión en la práctica?


Si bien es cierto que Trump declaró su intención de convertir Antifa en una organización terrorista en 2020, no llego a materializarlo. Todo fue pura apariencia. Esta vez, sin embargo, emitió una Orden Ejecutiva, pero aún no tiene fuerza legal específica, ya que no existe un mecanismo legal para que grupos nacionales sean designados oficialmente como organizaciones terroristas. Es difícil predecir qué va a significar esto en la práctica. Por supuesto, el riesgo es que se convierta en una nueva categoría para reprimir la disidencia en general: cuatro días después de la Orden Ejecutiva que catalogó a Antifa como organización terrorista, el Departamento de Seguridad Nacional emitió un comunicado condenando la violencia “alineada con Antifa”. Así pues, podemos ver que en muy poco tiempo se ha ampliado el alcance de su término represivo de manera lo suficientemente ambigua para incluir ahí a quien les dé la gana. Y, de hecho, el comunicado calificó varios actos de violencia cometidos por personas sin ideología política identificable, como el tiroteo del director ejecutivo perpetrado por Luigi Mangione, como “violencia de izquierda”. En fin, siguiendo la tradición de autoritarios de generaciones pasadas, creo que lo que se busca es dar la impresión de emergencia para declarar “temporalmente” la ley marcial, ya sea de manera explícita o implícitamente.


Antifa.

Lo cierto es que esa medida, como otras similares —hace unos días reunió a todos sus generales para exhortarles a “vigilar al enemigo interior” y justificar el despliegue militar en las ciudades estadounidenses— vienen a incidir en la estrategia de represión a todo lo que huela a izquierda e incluso a progresismo en su sentido amplio. 

Sí, claro. Trump acaba también de emitir una directiva de seguridad nacional para “contrarrestar el terrorismo doméstico y la violencia política organizada” dirigida a cualquier organización, grupo o individuo que muestre alguno de los siguientes indicadores de violencia: antiamericanismo, anticapitalismo, anticristianismo, apoyo al derrocamiento del gobierno de Estados Unidos, “extremismo migratorio”, “extremismo racial”, “extremismo de género”, hostilidad hacia quienes mantienen las ideas tradicionales estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad… Incluso asocian a las ONG liberales a lo que denominan “violencia política de izquierdas”.

Creo que el objetivo de todo esto siempre ha sido representar al Partido Demócrata como una hidra de múltiples cabezas: una cabeza es Antifa, otra es Black Lives Matter, otra es la DEI (políticas de diversidad, equidad e inclusión) o la Teoría Crítica de la Raza (CRT), y otra son las personas transgénero y el feminismo. En cierto modo, adopta una estructura similar a la teoría del Gran Reemplazo, lo que hace que todas estas cosas sean, según su manera de pensar, manifestaciones nefastas del Partido Demócrata y, en última instancia, se podría rastrear todo hasta el dinero judío personalizado en George Soros. 

Pese a todo, y visto que el partido Demócrata sigue en estado de shock e incapaz de plantear una alternativa eficaz al autoritarismo de Trump, nuevamente es la sociedad civil, el activismo, las organizaciones sociales y los sindicatos los que están plantando cara en todas partes. Lo hemos visto en Los Ángeles, en Washington y en tantos sitios.


Sí, el principal movimiento de oposición es el de resistencia al ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU), que en su mayoría se ha materializado en organizaciones locales que monitorean e intentan interferir en las acciones de la agencia en barrios de inmigrantes. Esto también ha incluido protestas regulares frente a sus instalaciones, que a menudo han sido atacadas con armas químicas y proyectiles no letales, particularmente en Chicago. Los liberales también organizaron una protesta denominada Sin Reyes en primavera, que tuvo una gran repercusión en todo el país, y aparentemente se planea otra para el próximo mes. La gente en Washington DC y Los Ángeles también ha protestado de manera bastante contundente contra la ocupación de sus ciudades por parte de la Guardia Nacional. En fin, parte del problema de intentar agrupar la resistencia a sus políticas es que Trump está atacando de tantas maneras a la vez que ha dividido a la gente.

Lo que realmente necesitamos es una huelga general, pero la fuerza laboral estadounidense no está tan sindicalizada como en otros países y sus líderes no son militantes. Muchos, probablemente la mayoría de los estadounidenses, ni siquiera sabe qué es una huelga general —ese es, sin duda, el caso de mis estudiantes universitarios—. Creo que nos encontramos ante una situación inusual y posiblemente sin precedentes para el antifascismo: hemos superado el antifascismo preventivo de los grupos antifa de posguerra, que buscaban mantener a la extrema derecha fuera del poder; sin embargo, aún no hemos llegado al antifascismo de la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial, caracterizado por la guerra abierta y de operaciones guerrilleras partisanas. Espero que no acabemos en esto último.



Cambiando de tema, como judío que bebe de la tradición progresista de izquierdas de ese pueblo, has afirmado en numerosas ocasiones tu defensa de los derechos del pueblo palestino y contra el colonialismo y el genocidio que se está perpetrando en Gaza. Vemos ahora mismo que el régimen sionista se mantiene básicamente, y casi exclusivamente, por el apoyo de Estados Unidos y esa soledad ha quedado patente en la última asamblea de la ONU. ¿Se puede mantener ese apoyo indefinidamente?


Así es, soy orgullosamente judío antisionista. Pero es que somos muchos, sobre todo entre las generaciones más jóvenes aquí en Estados Unidos. Si bien el apoyo a Israel sigue siendo muy fuerte en este país, se ha debilitado en los últimos dos años. Por ejemplo, una encuesta reciente mostró que el 60% de los votantes desaprueba que se envíe ayuda militar a Israel. Además de la oposición de la izquierda, cabe mencionar que también ha habido cierta oposición al apoyo a Israel por parte de ciertos segmentos de la extrema derecha, como Tucker Carlson, basada esencialmente en motivos antisemitas. Sin embargo, el 
lobby sionista sigue siendo muy poderoso y la élite política de este país ha invertido mucho, tanto literal como figurativamente, en la negación del genocidio palestino en estos últimos dos años. En todo caso, con Trump en el cargo, hay poco margen para un cambio político significativo y temo que pueda pasar otra generación para que termine el apoyo incondicional a Israel. 

¿Hay algún dato que nos permita ser optimistas en el medio plazo con respecto a la situación en Estados Unidos?


Bueno, parece que tanto Trump como sus políticas en realidad no gozan de tanto apoyo popular. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses desaprueban su gestión en casi todo esto. Además, muchos liberales se están volviendo más militantes y cada vez tienen menos confianza en que las formas de resistencia tradicionales sean suficientes. Así que tal vez veamos una ola de resistencia verdaderamente histórica en los próximos años. Si no, me temo lo peor.


Fuente: El Salto

sábado, 6 de septiembre de 2025

El auge de Azov en Ucrania

 

Periodista independiente que ha visitado o vivido en Ucrania desde su infancia. Actualmente reside en el extranjero y cubre la historia y la política ucranianas.



Los medios de comunicación liberales han glorificado a Biletsky y a las brigadas Azov como los poseedores de una respuesta única a todos los problemas de Ucrania. Desde esos medios se ataca a Zelensky como el causante de todos los males del país



     Ne tak stalosya, yak hadalosya ('Las cosas no ocurren como se planearon', proverbio ucraniano)

1933. Los partidos burgueses tradicionales se ven desesperadamente superados en el parlamento. Forman una coalición con el partido nacionalsocialista de Adolf Hilter. Lo nombran canciller. Los grandes empresarios creen que será fácil controlar a este exaltado intelectual pequeño-burgués y a sus seguidores lumpen.


Una fábrica alemana destruida, 1945.

2013. El presidente de Ucrania anti-nacionalista, favorable a la neutralidad con respecto a la OTAN y a las buenas relaciones con Rusia, Viktor Yanukovych, decide financiar a los etnonacionalistas de Ucrania occidental del partido Svoboda. Eran un buen ardid electoral para convencer a los ucranianos sur-orientales, cansados de Yanukovych, de que apoyarlo era la única manera de evitar la toma del poder por parte de los fascistas. Para Yanukovich habría de ser fácil manipular a estos paletos campesinos.


Svoboda en las protestas Euromaidán contra Yanukovych de 2013 sosteniendo retratos del líder fascista de la década de 1940, Stepan Bandera.

2019. Igor Komoloisky, el magnate artero hasta extremos arquetípicos, hace todo lo posible para llevar al poder a su empleado: el comediante Volodímir Zelensky. Kolomoisky estaba cansado de las presiones sobre su imperio empresarial ejercidas tanto por el FMI como por el presidente y oligarca rival, el pro-occidental Petró Poroshenko. Para el todopoderoso Kolomoisky habría de ser fácil controlar a este showman con la cabeza vacía.


Zelensky y Kolomoisky durante su único encuentro público en 2020.

Excepto que Hitler arrastró a la burguesía alemana a una guerra que no podía ganar, Svoboda y sus organizaciones hermanas derrocaron al gobierno de Yanukovich en el sangriento invierno de la revolución del Euromaidán y Zelensky encarceló a su antiguo jefe y supuesto titiritero en 2023.


Las últimas fotos de Kolomoisky muestran que no se ha adaptado bien a la vida en cautiverio.

Y ahora, 2025.

Los liberales y líderes de opinión de los medios de comunicación pro-occidentales están cansados del teatrillo geopolítico de Zelensky y la corrupción de su séquito. Representantes del mayor partido pro-occidental de la oposición, 'Solidaridad Europea', del ex-presidente Poroshenko, expresan abiertamente su preocupación por que los EEUU se “estén lavando las manos” por lo que hace a Ucrania y culpan a Zelensky de incompetencia. Otro diputado de este partido afirmó el 20 de mayo que la ayuda militar estadounidense a Ucrania se terminaría a finales de este verano ya que Trump no ha aprobado nuevos envíos de armamento.

A medida que el frente continúa derrumbándose lenta pero inexorablemente, todo lo que Zelensky puede declarar es su negativa a aceptar la demanda de Rusia de que Ucrania abandone su deseo, fijado constitucionalmente, de entrar en la OTAN. Los medios occidentales también confían ciegamente en el comediante en jefe.

Si todo sigue así, Ucrania está acabada. Éste es el mensaje que el segmento liberal nacional de los medios de comunicación ucranianos repite de manera constante. Pero es una preocupación que tiene una respuesta.

Hay una unidad del ejército que tiene un talento único y dispone de tecnología avanzada. Se presenta de continuo como la antítesis a la corrupción endémica al viejo y “soviético” ejército ucraniano y al séquito de Zelensky. Medios liberales como Ukrainska Pravda o Bihus, antes subvencionados por USAID, publican con regularidad historias sobre la corrupción de otras unidades militares, o la corrupción de oficiales próximos a Zelensky como Tatarov, Tymoshenkov o Reznikov, pero jamás sobre esta unidad en particular.

Y esta unidad en el ejército no es sólo una unidad: es un “movimiento”, una “familia”, como se denomina a sí misma. Está al frente de la reforma del ejército para que se ajuste a los estándares organizativos de la OTAN. Está dirigida por un líder carismático que no para de dar entusiastas entrevistas a los medios liberales.

Por supuesto, esta unidad es Azov.




En Ucrania y fuera de ella hay influyentes fuerzas de corte liberal que agitan a favor del movimiento Azov, para que tome el control del ejército ucraniano. Por la manera en que miran a su líder, Andriy Biletsky, y critican a Zelensky, parece difícil creer que quieran otra cosa para Azov a que se haga también con el control de la esfera política.


Azovitas erigiendo un monumento pagano en una de sus bases, 2017.

Sin duda, deben creer que serán capaces de cabalgar este tigre. Azov y los liberales ucranianos tienen en verdad muchas cosas en común. Ambos están compuestos por la pequeña “clase media” de Ucrania, que se ve a sí misma combatiendo una guerra sagrada por la “civilización” tanto contra las masas ucranianas, ignorantes y fácilmente manipulables, como contra la amenaza “asiática” rusa. Los liberales de Ucrania han pedido incrementar la censura antimilitarista tanto como los nazis de Azov.

La gran burguesía alemana hizo mucho dinero de la guerra, antes y después de 1945. Huelga decir que no fue el caso del pueblo alemán.

En el pasado he escrito sobre los conflictos entre los liberales “sorosianos” y los nacionalistas azovitas. Pero por ahora mantienen una clara alianza táctica contra un enemigo mayor. Quién sabe qué deparará el futuro cuando sus caminos diverjan.

Por ahora, por una parte, los medios de comunicación liberales han glorificado a Biletsky y a Azov como los poseedores de una respuesta única a todos los problemas de Ucrania. No hay más que entregarles las llaves del castillo. Por la otra, los mismos medios de comunicación liberales han pasado a la ofensiva contra el cese de los “nuevos y patrióticos comandantes de élite” a manos de “los viejos generales soviéticos corruptos”. Los “nuevos y patrióticos comandantes de élite”, simbolizados por Azov, quieren minimizar las bajas luchando en una “guerra de alta tecnología”, mientras que “los viejos generales soviéticos corruptos” malgastan incontables vidas y sólo se preocupan por sus futuras pensiones.


Andriy Biletsky, lider del movimiento Azov ucraniano.

Zelensky a veces aparece nombrado como el único responsable de estas pérdidas sin sentido, pero aún más como responsable directo por la corrupción recientemente revelada en la construcción de fortificaciones. Finalmente, han planteado las mismas preguntas por las últimas masacres de tropas ucranianas recién movilizadas.

Los medios de comunicación ucranianos y sus patrocinadores

Antes de entrar en materia, un par de palabras sobre los periodistas y grupos mediáticos que describo como “medios de comunicación liberales de Ucrania”.

En primer lugar, sus publicaciones. Ukrainska Pravda (UP) es el medio de comunicación liberal más influyente del país. Estuvo subvencionado por USAID desde comienzos de los 2000. Por supuesto, UP y otras publicaciones liberales, como Bihus y Slidstvo, han estado pidiendo donaciones desde que Trump cerró el grifo de USAID.

En segundo lugar, sus patrocinadores. Tomas Fiala: este empresario checo, socio de George Soros, adquirió UP en 2021, y posee o tiene participaciones en otras tantas cabeceras liberales, incluyendo el Kyiv Post, NV Radio y Forbes Ukraine. Aparte de figuras como Fiala, la UE militarista también ha dado un paso al frente para llenar el hueco dejado por Trump. Bruselas anunció el 20 de mayo que había enviado sus primeros cinco millones de euros para ayudar a las emisiones de Radio Free Europe en Ucrania.

Finalmente, Yury Butusov. Éste es un nombre que veréis a menudo en las discusiones sobre el periodismo de guerra en Ucrania. Butusov es el periodista de guerra más conocido del país, aunque en otro lugar ya he hablado de cómo ha esquivado el reclutamiento. Butusov ha sido desde siempre un crítico feroz de Zelensky y, como la mayor parte de los liberales, era mucho más cercano al expresidente Petró Poroshenko. Butusov es entrevistado con frecuencia por UP, aunque también tiene su propio proyecto comunicativo en Censor.net. Este periodista fanático es originario de Ucrania oriental, rusoparlante y también dirige unos cuantos proyectos relacionados con el periodismo desde el frente usando el idioma ruso y con el objetivo de desmoralizar a las tropas rusas.

Ahora ya podemos pasar a la guerra informativa como tal, la que dirige Azov contra la élite militar del país y Zelensky.

El auge de Azov

Hubo una época en la que Andriy Biletsky era más conocido como el líder de una banda de hooligans de fútbol neonazis de la ciudad oriental de Járkov, en la que organizaban ataques racistas contra los vendedores vietnamitas en los mercados. Entonces se hacían llamar “Asamblea Social Nacional” y “Patriotas de Ucrania”. Su discurso sobre la misión de Ucrania a la hora de “liderar las razas blancas del mundo en la cruzada final contra los subhumanos semíticos” ha sido citado en múltiples ocasiones.

Biletsky es ahora el comandante del III Cuerpo del Ejército, una de las primeras unidades del ejército ucraniano de la muy cacareada transición hacia los estándares organizativos de la OTAN. Las acciones de Biletsky en el frente mediático no son menos impresionantes.

El 14 de mayo Yury Butusov publicó su última entrevista con Biletsky, titulada 'La doctrina Biletsky'. En ella, Biletsky esboza su plan maestro sobre cómo podría reformarse el ejército siguiendo las directrices de Azov. Después de todo, como ha repetido en varias ocasiones, Azov es la unidad más tecnológicamente avanzada, más motivada, mejor organizada y, en definitiva, la mejor unidad del ejército ucraniano. Éste es un sentimiento compartido por los medios de comunicación liberales ucranianos.

Según Biletsky, costaría dos mil millones de dólares estadounidenses anuales actualizar el resto del ejército a los niveles de Azov. Sin embargo, también afirma que sería financieramente sostenible, puesto que una reforma de este calado supuestamente salvaría las vidas de miles de soldados, y la familia de cada soldado fallecido ha de ser compensada por el gobierno. Lo que se dice una lógica atractiva.

Hay muchas cosas a comentar de esta entrevista, incluyendo las quejas habituales de Biletsky de que el gobierno no está proporcionando a Azov los suficientes drones y su protesta contra los generales corruptos e indiferentes que quieren que sacrifique a sus hombres en misiones que no conducen a ninguna parte. También se queja de que Azov sea utilizada como una “unidad de bomberos”, yendo constantemente de aquí para allá para cubrir los agujeros en el frente. Para él, la solución es clara: todo el ejército ha de convertirse en Azov.

La parte más interesante de la entrevista, con todo, es cuando resume su vida: “En cuanto a mi carrera, está construida sobre la guerra”. Biletsky recuerda cómo a comienzos de 2014 él y sus matones eran los únicos dispuestos a matar a otros ucranianos que se opusiesen a la nueva vía nacionalista del país. El ejército regular desertó y no quería disparar contra sus conciudadanos.

Sus azovitas se contraponían al “viejo y corrupto ejército”, el de entonces y el de ahora. Su vida, como la de los nacionalistas liberales de Butusov, depende de una atmósfera de amenazas violentas y existenciales constantes.

Por supuesto, Biletsky está lejos de ser un actor totalmente independiente. El medio strana.ua, que favorece una posición de neutralidad respecto a la OTAN, recoge rumores que corren desde hace tiempo de que 'camisas viejas' del movimiento como Biletsky o Denis Prokopenko están patrocinados por Rinat Akhmetov, el hombre más rico del país. Este rumor fue probado a comienzos de este año, cuando se reveló que Akhmetov había comprado varios apartamentos de lujo para los altos mandos de Azov en la capital.

Más allá de Akhmetov, se cree que la administración Zelensky tiene esperanzas de usar el movimiento Azov como un partido nacionalista controlable en el escenario político de posguerra. Quizá pueda usarse para hacer fracasar las oportunidades electorales del supuestamente popular exgeneral Zaluzhny si decide presentarse como candidato a la presidencia.

¿Pero hasta qué punto puede controlarse al movimiento Azov, que no para de crecer? Su expansión constante ha desafiado todos los pronósticos. En 2014 era una banda de hooligans con pasamontañas. La invasión rusa de 2022 le proporcionó un enorme impulso para crecer. Actualmente Azov está representada por dos unidades. La primera es el III Cuerpo del Ejército (hasta marzo de 2025 conocido como 3a Brigada de Asalto Separada), bajo el mando del coronel Andriy Biletseky. La segunda es la 12a Brigada Operativa 'Azov' en la Guardia Nacional, bajo el mando del teniente coronel Denys Prokopenko. Y aún hay otras tantas unidades vinculadas al ejército y los servicios de inteligencia, como Kraken, vinculada a la Dirección Principal de Inteligencia (HUR). Pero más allá de eso, el resto de unidades nacionalistas en el ejército mira con envidia a Azov e intenta emularlo.


Fuente: EL SALTO

sábado, 1 de febrero de 2025

Los líderes de extrema derecha están forjando una alianza global

 

 Por Somdeep Sen 
      Relaciones internacionales, racismo, estudios poscoloniales, colonialismo de asentamiento, política espacial y editor.



El regreso al poder de Donald Trump es un estímulo moral para políticos de extrema derecha como Viktor Orbán, Javier Milei y Giorgia Meloni. Tras ser pioneros en muchas de las ideas destructivas y reaccionarias asociadas al trumpismo, ahora aspiran a la hegemonía global.



     Era de esperarse que el ambiente fuera alegre en el Scruton Café de Budapest tras la noticia de la elección de Donald Trump para un segundo mandato. El café lleva el nombre del filósofo inglés Roger Scruton, venerado por los derechistas estadounidenses y europeos.

También apareció de forma destacada en el documental de Vice «América y Hungría, una historia de amor de extrema derecha» como un lugar popular donde convergen pensadores de derecha de todo el mundo y repiten como loros los temas de conversación conservadores. Hungría, bajo el liderazgo de extrema derecha de Viktor Orbán, a menudo es puesta en un pedestal por la derecha, como prueba de que un futuro iliberal es realmente posible.




Pero Budapest no es la única capital donde los políticos populistas de derecha se sienten esperanzados tras las elecciones estadounidenses. De Roma a Buenos Aires, y de San Salvador a Nueva Delhi, los líderes de derecha son igualmente optimistas respecto de las posibilidades de que una reconstrucción iliberal de la política global está al alcance de la mano, con un amigo como Donald Trump al mando en Washington.

Culto a la personalidad

Por un lado, el regreso de Trump confirma que el culto a la personalidad tiene un inmenso atractivo en las democracias electorales. Trump se presentó a sí mismo como el «outsider» franco y duro, con poca paciencia para las vacilaciones de los políticos de carrera. Más bien, se presenta como un líder decidido, dispuesto a transgredir todas las normas políticas y los controles y equilibrios democráticos por la causa nacional. Este modelo es inspirador para políticos como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador.

El fogoso economista y autodenominado presidente anarcocapitalista de Argentina llegó al poder promocionando sus políticas de «motosierra» que recortarían un Estado supuestamente sobredimensionado y rescatarían al país de una grave crisis financiera. Adquirió fama mundial gracias a un vídeo de TikTok de 2023 en el que se le ve arrancando de una pizarra los nombres de varios organismos gubernamentales, como el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Medioambiente y el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y gritando afuera.




Sus payasadas en campaña electoral, en las que a menudo llevaba una motosierra, funcionaron. Desde que llegó al poder, Milei cumplió con su promesa de llevar la motosierra al sector público. Sin embargo, las víctimas fueron los más pobres de Argentina. Más de la mitad del país cayó por debajo del umbral de la pobreza, mientras que el 18 % de la población vive ahora en la indigencia.

Bukele también llegó al poder en El Salvador como un outsider político, con aires de estrella del rock, prometiendo un enfoque sensato de la violencia de las pandillas en el país. Sus políticas de mano dura llevaron a que el 1 % de la población total esté recluida en megacárceles que parecen fortalezas. Esto incluye a tres mil niños.




Según Amnistía Internacional, la cruzada de Bukele contra las pandillas dio lugar a «violaciones masivas de los derechos humanos, incluidas miles de detenciones arbitrarias y violaciones del debido proceso, así como torturas y malos tratos». A pesar de esto, la tasa de aprobación de Bukele ronda el 90 por ciento, y sus seguidores lo apodaron como el «dictador más genial del mundo».

Guerra contra lo woke

La derecha mundial encuentra la agenda anti-woke de Trump tan atractiva como su estilo de liderazgo. El presidente de los Estados Unidos dice que las universidades están dominadas por «marxistas, maníacos y lunáticos» y promete hacer retroceder las políticas de equidad, diversidad e inclusión y las protecciones contra la discriminación para las personas trans.

Viktor Orbán se considera pionero en estos asuntos. En la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de 2023 en Budapest, presumió:


Hungría es en realidad una incubadora donde se experimenta con el futuro de las políticas conservadoras. Hungría es el lugar donde no solo hablamos de derrotar a los progresistas y liberales y provocar un giro político cristiano conservador, sino que realmente lo hicimos.

El letrero sobre la entrada a la conferencia decía «No Woke Zone» (Zona sin woke). A los presuntos «periodistas woke» se les prohibió asistir a la conferencia. En 2021, el gobierno de Orbán prohibió la «representación de la homosexualidad o la reasignación de sexo» en los programas mediáticos dirigidos a menores de dieciocho años. Las referencias a la homosexualidad están prohibidas en la educación sexual en las escuelas.

Las autoridades húngaras también aplicaron una nueva ley dirigida a las universidades extranjeras y obligaron a la Universidad Centroeuropea (CEU), financiada por George Soros, a abandonar el país. La CEU fue el principal objetivo de la ley, porque se la consideraba un centro liberal de pensamiento anti-Orbán.


La Lex-CEU 2017 supuso el fin de la mayor parte de las actividades de la universidad en Budapest.

Chivos expiatorios musulmanes

Por último, los líderes de la derecha ven reflejadas sus propias visiones del mundo en la xenofobia e islamofobia de Trump. En su país, prometió detener y deportar en masa a los inmigrantes indocumentados. Anteriormente, Trump afirmó sin fundamento haber visto a musulmanes en Nueva Jersey celebrando los atentados del 11-S. También pidió más vigilancia de los estadounidenses musulmanes e introdujo la infame prohibición de viajar para los musulmanes.

Todo esto resuena en personas como Orbán y la primera ministra italiana Giorgia Meloni. Ambos estuvieron a la vanguardia del movimiento antimigratorio europeo. Meloni defendió el «derecho a no migrar» y trabajó para detener lo que considera como inmigración ilegal, subcontratando el control de las fronteras europeas a países no pertenecientes a la Unión Europea. Presentó sus políticas como un modelo que otros líderes europeos deberían seguir, aunque sus críticos las calificaron como «deshumanizadoras e ilegales».

Por su parte, Orbán se erigió en salvador de la civilización europea y cristiana. Arremetió contra la llegada de migrantes musulmanes presuntamente terroristas y culturalmente ajenos a las costas europeas, presentando sus draconianas políticas antimigratorias como una forma de mantener a Europa segura y cristiana.

A miles de kilómetros de distancia, en Nueva Delhi, el primer ministro nacionalista hindú Narendra Modi, estaría de acuerdo con los puntos de discusión de Meloni, Orbán y Trump. Bajo su liderazgo, que ya lleva una década, la retórica antimusulmana y la violencia alcanzaron su punto más alto en la India.

Los líderes del partido de Modi demolieron las casas de algunos activistas musulmanes y pidieron el boicot a los negocios que fueran propiedad de musulmanes. El gobierno de Modi impulsó la Ley de Enmienda de la Ciudadanía de 2019, que solo concede a los inmigrantes indocumentados no musulmanes de Afganistán, Bangladesh y Pakistán el derecho a la ciudadanía por la vía rápida. Periodistas críticos se enfrentaron a falsos cargos de terrorismo, mientras que organizaciones de la sociedad civil fueron acusadas de recibir ilegalmente financiación extranjera.


Los residentes locales se encuentran detrás de una puerta de hierro mientras una excavadora derriba una estructura en Jahangirpuri, Delhi, India, el 20 de abril de 2022.

Fraternidad global

Por supuesto, todas estas medidas antiliberales no se producen en el vacío de los contextos nacionales individuales. Los Trump, Modi, Orbán, Meloni y Bukele del mundo son muy conscientes de la existencia de los demás y están en proceso de forjar una alianza global.

Elon Musk, al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) bajo la segunda presidencia de Trump, se proclama como un gran admirador de las políticas de motosierra de Milei. Trump y Milei también comparten un vínculo especial. Después de que Milei ganara las elecciones, Trump lo felicitó en la red Truth Social: «Estoy muy orgulloso de ti. Transformarás a tu país. ¡Haz que Argentina vuelva a ser grande!». Milei fue el primer líder extranjero en reunirse con Trump tras las elecciones estadounidenses de noviembre y fue invitado a su toma de posesión.

El líder salvadoreño, Bukele, también tuvo una reunión muy publicitada con Musk en septiembre. Bajo el mandato de Orbán, Hungría hospedó tres reuniones internacionales de la CPAC, en las que participaron oradores como el político holandés de extrema derecha Geert Wilders, la comentarista de derecha Candace Owens, el congresista republicano Andy Harris y Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro. Orbán pronunció el discurso de apertura de la cumbre del CPAC de 2022 en Dallas.

Desde que ganó las elecciones presidenciales, se dice que Trump ya tuvo varias llamadas con el líder húngaro, buscando su consejo sobre la guerra de Ucrania. Orbán fue un crítico abierto de la ayuda militar a Ucrania y mantuvo lazos amistosos con Vladimir Putin.

Modi es igualmente popular entre los líderes de derecha de todo el mundo. Trump y Modi celebraron dos mega-conciertos conjuntos: «Howdy Modi» en Houston en 2019 y «Namaste Trump» en Ahmedabad en 2020. Ambos destinados a festejar públicamente los logros políticos del otro. Trump definió cariñosamente a Modi como un amigo que «se parece a tu padre» pero que también es un «asesino total».

Meloni y Modi también se embarcaron en esfuerzos para fortalecer los lazos entre India e Italia en temas de «defensa, seguridad, comercio y tecnología». Por supuesto, en el contexto europeo, Meloni y Orbán son almas gemelas en su postura antiinmigración.

2025 podría perfilarse como el mejor año hasta la fecha para esta fraternidad global de líderes conservadores iliberales.


Fuente: JACOBIN