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jueves, 17 de julio de 2025

Ecologismo independiente y ecologismo para el sistema

 

      Dramaturgo y ecologista.


Frente al hieratismo que practican las grandes organizaciones ecologistas integradas en el G5, fuertemente subvencionadas o con abundantes recursos económicos, diversas organizaciones de pequeño tamaño y sin financiación realizan una labor de lucha contra la invasión de la industria de las macrorenovables


El planeta por encima de las ganancias. La progresiva institucionalización de las más conocidas organizaciones ecologistas están dejando sin contenidos y sin capacidad de transformación real al propio ecologismo.


Una cuestión de fondo

      En juego está la palabra ecologismo, y no es retórica. Mientras algunas personas se juegan la vida –o parte de ella– en la defensa activa del medio ambiente, organizaciones millonarias parecen estar jugando en otra liga, contemplando desde lejos cómo el sistema se viste de verde para convertirse en ecosistema (capitalista).


En España, mientras el G5, es decir, la alianza de las organizaciones Greenpeace, WWF, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción y SeoBirdLife, actúa de una forma mediática, tratando de acaparar la atención sobre problemas de gran calibre, activistas de pequeñas asociaciones, muchas de ellas de carácter local, se afanan en defender territorios de las infinitas agresiones que se han desatado de un tiempo a esta parte. Esta es una percepción bastante extendida en el seno de esas plataformas marginales, pero, ¿responde a certidumbres o son simples opiniones?

El llamado gropo G-5.

                                      El llamado gropo G-5.

La campaña de Greenpeace sobre Altri se extiende por las redes, y los efectos, no cabe duda, ejercen una estimable presión social sobre la aberración de una gran industria en el centro de Galicia, pero esto ocurre mientras el silencio impera alrededor de otros muchos proyectos no tan mediáticos como este pero que, en conjunto, resultan, al menos, igual de lesivos para la naturaleza y sus habitantes.

Esta y otras campañas publicitarias engrasan la maquinaria de Greenpeace en España, con 117.000 socios declarados y unas cuentas publicadas de ingresos que en 2023 fueron de más de 19,4 millones de €, de los cuales, hay que advertirlo, tan solo 298.000 millones provenían de subvenciones, donaciones y herencias.

Manifestación contra el proyecto de Altri en Galicia.

La independencia de esta organización con respecto al Estado es evidente, al menos desde un punto de vista económico, pero esto no impide que sus posicionamientos ideológicos se parezcan, y mucho, a los marcados por el Green Deal europeo. Y no tanto en los fines, pues imaginamos que nadie en su sano juicio querría ver convertido este planeta en un infierno climático, sino, sobre todo en los medios para conseguir (o no) bajar el ritmo de las emisiones.

Y es en esta afinidad con Green Deal donde, tal vez, arranca la citada percepción negativa. En especial en lo relativo a las políticas verdes, y en las que la expansión de las macrorenovables es un camino sin retorno en países colonizados energéticamente.

Compartiendo un negacionismo de lo evidente, que a nuestro juicio resulta casi infantil, tanto Greenpeace como el resto del G5 pretenden hacernos creer que la industrialización verde puede restar emisiones, pero la realidad es tan tozuda que un simple dato viene a demostrar esta falacia: las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de origen fósil en el mundo alcanzaron las 37.400 millones de toneladas en 2024, un 0,8% más que en 2023, según los datos publicados por Global Carbon Project.

Podríamos pensar que este dato es diferente para los países que han apostado fuertemente por las renovables, como es el caso de España, pero tampoco es así. Para España, el aumento de emisiones se cifra en casi un 1%. A su vez podríamos argumentar que sin las renovables el futuro pintaría aún peor, pero esta teoría es bastante discutible: en la producción de los distintos elementos que intervienen en la producción, transporte y colocación, tanto de las plantas fotovoltaicas como de las centrales eólicas, se precisan fuentes de energía que directamente están relacionadas con el consumo de fósiles, en mayor o menor medida. Y teniendo en cuenta que las renovables no están sustituyendo al petróleo en los consumos más relevantes, lo que obtenemos es una simple suma, y con fecha de caducidad, que es la de la vida útil de las instalaciones.

Energías ‘limpias. Fuente: Hpgruesen (Pixabay)

Cada año que pasa resulta más claro que interviniendo exclusivamente en el sector de la electricidad, es imposible revertir la imparable tendencia de las emisiones. Pero también en este campo, surgen abundantes problemas, tanto de almacenamiento como de demanda, o de mantenimiento de la tensión en redes. A lo que habría que añadir la incertidumbre generada por los centros de datos con su ingente consumo de energía.

Todas estas cuestiones parecen indicar que la energía limpia es poco más que un oxímoron, y que sin un decrecimiento real en la economía productiva de bienes materiales –la mayoría de ellos innecesarios para la vida– cualquier pacto verde está condenado al fracaso.

Hay en consecuencia, un problema de fondo que separa a las grandes organizaciones ecologistas de las pequeñas, y es la fe con la que las grandes se han afiliado al crecimiento industrial verde, en contraposición con la desconfianza que este crecimiento genera en las pequeñas, las cuales, en su mayoría, apuestan por el mantenimiento de la economía local y de cercanía.

Divisiones anunciadas

Esta desconfianza de la que hablamos viene dada por los numerosos problemas asociados a la indiscriminada expansión de las renovables y que a la hora de su implantación no se están teniendo suficientemente en cuenta. Además, a la ocupación de terrenos que se convierten en estériles, la destrucción de paisajes o el desplazamiento de actividades tradicionales, es obvio que esta nueva industrialización llega asociada a un nuevo y lacerante extractivismo. Cada vez se abren más y más  minas de litio, cuarzo, cobre y otros metales, además de las famosas tierras raras. Las sociedades productoras de recursos se ven presionadas a ceder frente a la ambición de las empresas y estados depredadores, y como consecuencia sobreviene más destrucción del medio ambiente, más extinciones de especies y, también, más guerras.

Por todo ello, es inevitable que el ecologismo más activista reaccione frente a estas agresiones. Sería ilógico que sucediera lo contrario. Estas son las razones por las que las plataformas de defensa del territorio o asociaciones ecologistas de base ponen en entredicho esta huida hacia adelante y piden, muchas veces a gritos, una moratoria en el nuevo colonialismo energético.

Y sin embargo, las grandes organizaciones del G5 se empeñan en defender las soluciones tecnológicas como única salida a la crisis climática. A través de determinados artículos en prensa, se ha tratado de desprestigiar a este movimiento marginal acusándolo de defender solo el aquí no e incluso tildándolo de afinidad con la extrema derecha, en base a algunas coincidencias con ciertas organizaciones agrarias (y también políticas) en sus reivindicaciones.

Pero tras un simple examen puede verse que estas afirmaciones no tienen mucho fundamento. A pesar de esto, las grandes organizaciones ecologistas estallaron como la pólvora a partir de aquella conocida carta al G5 firmada en mayo de 2023 por alrededor de 50 pequeñas organizaciones –y apoyada por otras tantas–, y en la que se acusaba a los miembros del G5 de mantenerse al margen frente a la invasión de macrorrenovables por todo el país.

Una de esas asociaciones que apoyaron el manifiesto fue Ecologistas en Acción de Zamora, que a partir de ese momento comenzó a sufrir el acoso de Ecologistas en Acción (Confederal), con acusaciones en grupos internos o correos de dudosa intención por parte de la dirección,  hasta el punto de verse obligada a abandonar la organización confederal en noviembre de 2023.

En el fondo del asunto, claro está, no solo se encontraba el apoyo público a esa carta sino un posicionamiento radicalmente diferente en lo que se refería a la expansión de las renovables, así como las críticas a la falta de democracia interna y a los modos de financiarse por parte del grupo confederal.

En 2024, Ecologistas en Acción (confederal), según datos publicados, tuvo unos ingresos de 2.475.000 €, de los cuales 1.150.000 eran subvenciones públicas y 778.000 donaciones, básicamente procedentes de fundaciones privadas sin especificar pues, al contrario de lo que sucede en otras organizaciones que reciben dinero de este tipo, y en una alta total de transparencia, en EEA no aparecen los nombres de las fundaciones en sus cuentas anuales. Hay que tener en cuenta Ecologistas en Acción comenzó 2025 con 1.517.000 euros por gastar de subvenciones y recursos de fundaciones. Y ello porque no todas las subvenciones y financiación privada concedidas en un año dado se convierten en ingresos en ese año. En concreto, la financiación de fundaciones concedida en 2024 ascendió a 961.000 euros.

Si bien, tal y como ha denunciado el grupo Ecologistas Indignadas en una de sus cartas (ecologistasindignadas.org), y a juzgar por informes internos, se está produciendo dentro de Ecologistas en Acción una fagocitación por parte de diversas fundaciones, entre las que destaca Transport & Environment, la cual, en gran medida, trata de influir en la adopción del automóvil eléctrico como vector de transición verde; y también ECF (European Climate Foundation, el brazo europeo de Climateworks Foundation), que financia a EEA desde 2015 y con la que llegó a tener acuerdos en 2024 por valor de 392.000 €. Aunque, sin duda, la más la más aberrante, al contradecir totalmente el ideario de EEA, es la ayuda recibida de la organización pronuclear estadounidense Clean Air Task Force en 2022 y 2023. ¿Fallaron aquí los controles igual que fallaron con el caso de los abusos denunciados por eldiario.es? ¿Cómo es que indagando en los mecenas de estas fundaciones que a su vez financian a EEA nos encontramos con grandes fundaciones capitalistas mundiales donde se encuentran algunos de los milmillonarios más conocidos? ¿Por qué razón este cambio en la financiación en EEA hacia una clara dependencia de las fundaciones se produce a partir de 2019? ¿Cúal es el motivo de esta tendencia creciente en la financiación que como demuestran sus cuentas de 2024, estaría con 960.000 euros cerca del millón de euros?

Queda por decir, en consecuencia, que con solo 7.641 socios declarados, aunque seguramente son menos, EEA apenas llega al 20% de financiación propia, dependiendo casi totalmente de la ayuda institucional, vía subvenciones públicas o a través de fundaciones que, a su vez, reciben fondos europeos, los cuales, no olvidemos, también salen de los impuestos de los ciudadanos.

Esta dependencia casi absoluta de ayuda exterior explicaría, en gran parte, la posición ambivalente y difusa con respecto a las energías renovables. Mientras las organizaciones de defensa de los territorios lo tienen claro: hay que buscar fórmulas que no pongan en peligro los recursos naturales y humanos –sin perder el horizonte en la lucha del cambio climático–, organizaciones como EEA viven en un mar de contradicciones. Por un lado, tratan de guardar la ropa manifestándose en contra de la instalación de proyectos emblemáticos como el clúster del Maestrazgo, y por otro frenan cualquier decisión de moratoria en regiones saturadas.

Las expulsiones

Llamativa fue, por ejemplo, la posición adoptada por EEA en su asamblea confederal de Córdoba en 2022 con respecto a la eólica marina. En un principio, en la asamblea anterior (de Junio de 2022) la enmienda a la totalidad al documento de posición de apoyo a la Eólica Marina, promovida por la mayoría de grupos de Galicia, se aprobó por ganar la votación, pudiendo votar los grupos locales de todo el Estado, pero la directiva rechazó la resolución asamblearia forzando una segunda votación en la Asamblea de Córdoba en diciembre de 2022 con exclusión de la posición de los grupos disidentes que querían que lo votado en junio se respetase en este asunto como se respetaba para el resto de votaciones.

Esta traición, apoyada por no pocas federaciones, alguna de ellas afectada por la eólica marina, como la de Cantabria, fue el motivo principal de que  la Asociación Ecoloxistas en Acción Galiza,  se distanciase e iniciase su propia andadura. Las diferencias irreconciliables que durante 2023 se fueron sucediendo, acabó en un alejamiento que tuvo la gota que colmó el vaso en la Secretaría de septiembre de 2023 donde, a pesar de que había una falsedad en el orden del día sobre la asociación gallega según la representante de la asociación, y ésta pidió la palabra para aclararlo, se le negó y no se le permitió hablar, por lo que en la asamblea de octubre de 2023 la asociación optó por cambiar el logo y el nombre social, por unanimidad, y romper definitivamente la relación con Confederal.

Algo parecido ocurrió en Castilla y León con las renovables terrestres. Pese a ser aprobada en una asamblea extraordinaria la moratoria para los grandes proyectos industriales de este tipo, la dirección federal de Castilla y León logró frenar esta declaración cambiando a su manera las reglas de juego –para que votaran representantes de grupos y no personas– al tiempo que promovía la expulsión del colectivo que había propuesto la iniciativa.

La salida del grupo de Zamora y los grupos de Galicia integrados en la Asociación Ecoloxistas en acción de Galicia –que pasó a llamarse Asociación Ecoloxistas Galiza, Atlántica e verde–, tuvo un eco importante en la prensa nacional en una primera instancia, pero rápidamente se transformó en borrado precipitado de noticias o posteriores modificaciones que daban por válida la contrainformación oficial y que podríamos resumir en las declaraciones del coordinador Luis Rico en el eldiario.es donde llegó a afirmar, sobre estas asociaciones: “no forman parte de Ecologistas en Acción. Hay una especie de usurpación de identidad”. De pronto, y a juicio de la maquinaria de EEA, estas organizaciones jamás habían participado de la estructura de forma oficial.

En la actualidad, ambas asociaciones, la de Zamora y la de Galicia, manteniendo su nombre jurídico, siguen funcionando en sus respectivos ámbitos, con una gran actividad en todos los frentes medioambientales. Ecologistas Zamora ha redactado, en los dos últimos años, más de 100 recursos y alegaciones, al tiempo que ha llevado a cabo una intensa actividad cultural mediante conferencias, ciclos de cine y debate, etc. Por su parte, Ecoloxistas Galiza ha logrado, mediante justicia gratuita, parar cautelarmente más de 60 proyectos eólicos de gran impacto sobre el territorio, al tiempo que sus 22 grupos que forman la asociación siguen trabajando en diversos ámbitos: extractivismo minero, contaminación, arboricidios, etc. Y todo esto con presupuesto cero o con aportaciones exclusivamente provenientes de los socios.

Activistas sin fondos. David y Goliat

¿Pero cómo es esto posible? ¿Cómo puede ser que dos asociaciones sin recursos realicen una labor que no están realizando las grandes organizaciones?

La percepción general en el ecologismo es que existe una especie de disfunción en los objetivos que proviene de una especie de confusión entre fines y medios. Si nos ceñimos a los fines generales, los más apremiantes deberían ser los que conciernen a los principales problemas que acechan a nuestro planeta. Atendiendo a los nueve límites planetarios identificados por el Stockholm Resilience Centre  (cambio climático, integridad de la biosfera, presencia entidades químicas artificiales, capa de ozono, aerosoles atmosféricos,  acidificación de los océanos, ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y el fósforo, y cambios en el agua dulce), varios de ellos implican un peligro inminente de desastrosas consecuencias. Pero más importante que luchar de forma diferenciada en contra de estos nueve límites, es que esta lucha no sea contradictoria. Es decir: que las acciones en contra del cambio climático no supongan, por ejemplo, una pérdida de biodiversidad.

El G5 no tiene, en la actualidad, una mira holística de la situación, y esto es así a causa de una premisa que no se cumple y que es la intervención de los problemas en origen. No hay crítica a la cuestión principal, que no es otra que tiene que ver con la deriva del capitalismo extractivista. Es más, en alguna de estas organizaciones inicialmente anticapitalistas, tal y como rigen sus principios fundamentales, como es el caso de EEA, el proceso de asimilación con los poderes fácticos ha conducido a una posición pusilánime con políticas de continuo crecimiento económico en base a una reindustrialización de las capas productivas.

Hay varios ejemplos que avalan esta falta de crítica. La primera de ellas es el trato especial que da el Gobierno al 5G a través de los convenios que viene firmando con el G5 desde 2011. El último de ellos es de 2022 y tiene vigencia hasta el 2026. Estos convenios dejan claro que el Gobierno entiende que ellos son los únicos y legítimos interlocutores en la cuestión ambiental en España y desde el ecologismo. Y evidencian, a su vez, una escasez de posicionamientos divergentes con la política ambiental, pero también económica, marcada desde Bruselas. Está claro que solo abandonando estos convenios será posible cuestionar aspectos claves que tienen que ver con cuestiones de fondo, como son las referidas a la producción y consumo de bienes; pero esto no va a suceder, al menos por el momento.

El segundo ejemplo es el débil posicionamiento frente a asuntos de gran trascendencia y que actúan como catalizadores de desastres humanos y medioambientales. En concreto, cuando hablamos de cómo decir No a la guerra, un lema que parece trasnochado –pero que debería estar plenamente vigente–, se observa una actuación a remolque de otras pequeñas organizaciones que son las que, generalmente, toman la iniciativa de convocar las manifestaciones pacifistas.

Cierto que desde el G5 se han venido publicando manifiestos en contra del genocidio de Gaza pero se echa de menos una posición unida, firme y contrariada en lo que se refiere al comercio de armas entre España a Israel.  Y en relación a la guerra de Ucrania, el G5 redactó un escrito titulado “10 propuestas ecologistas ante la crisis derivada de la guerra en Ucrania” que venía a poner el foco sobre la necesidad de aprovechar los recursos primarios, pero donde no se ponía en entredicho una de las causas principales del conflicto bélico: la obtención de materias primas con las que sostener la nueva era industrial en la cual también los ciudadanos somos consumidores. Tal vez no pueda ser de otra manera, teniendo en cuenta la posición belicista de la UE y siendo la UE una de las financiadoras de gran parte de estas organizaciones. En concreto, cabe recordar, que EEA vicepresidió hasta hace poco la organización European Environmental Bureau (EEB) y se mantiene en su órgano directivo, organización que tiene a la Unión Europea como su principal financiador público.

La nueva era tecnológica que se avecina, dominada por la inteligencia artificial, va a requerir de ingentes recursos para su mantenimiento. No solo a la hora de llevar a cabo la fabricación de nuevas terminales y otros objetos de consumo sino, sobre todo, en el mantenimiento de gigantescos centros de datos que son ya auténticos agujeros negros de energía.

Estos y otros agujeros negros (las ya citadas guerras, el consumo de carne o el regreso al carbón y la madera como formas de obtención de energía) van a hacer imposible revertir la crisis climática de una manera razonable. De nada va a servir llenar el paisaje de ineficientes hidroductos o infinitas placas solares. Sin decrecimiento en los bienes materiales y sin una moratoria en el uso lúdico de la inteligencia artificial, el cambio no va a ser posible. Negar la necesidad de este decrecimiento también es negacionismo, y es esto justamente lo que está haciendo el G5.

¿Es posible una reconciliación?

En este 2025 se han observado algunos movimientos interesantes en el G5 que nos gustaría señalar.

Por una parte, hay una apropiación de términos por parte del G5 provenientes del universo del ecologismo de base. Hace años, por ejemplo, hubiera resultado extraño escuchar hablar a alguna de estas organizaciones de “defensa del territorio”. Pero desde las jornadas Construir autonomía frente a la crisis global. Experiencias de apoyo mutuo para garantizar las necesidades básicas, organizadas por la Plataforma Apoyomutuo en septiembre de 2024 y que reunieron a importantes especialistas en medio ambiente y territorios, se han producido réplicas en el G5. Citar por ejemplo el encuentro online Ecofeminismo y defensa de los territorios, organizado por Greenpeace para el 8 de marzo.

Por otra parte, de igual manera que hasta ahora algunas organizaciones apenas presentaban informes o alegaciones a proyectos de macrorrenovables, en 2025 comienza a vislumbrarse un cambio (demasiado tarde, también es verdad). De la misma manera que SeoBird, por ejemplo, no presentó recurso alguno frente a la agresión de una de las reservas naturales mejor conservadas de España (nos referimos a Villafáfila), sí que lo hicieron, en contencioso-administrativo contra la autorización de la planta solar fotovoltaica Caelum IV, proyectada en la provincia de León.

La excusa de que la función de SeoBird es fundamentalmente científica o divulgativa casa mal con las cifras de sus cuentas publicadas. Con 25.000 socios declarados, tuvieron una financiación, en 2022, el último año declarado, de 5.880.000 €, que representaría el 50% de la financiación total, todo lo cual, como podemos imaginar, daría para mantener un buen equipo de abogados para, como cabría esperar de una organización de este tipo, poder luchar contra los desmanes que afectan directamente al medio ambiente.

Para alcanzar una reconciliación entre el ecologismo de base y el institucional sería precisa una gran transformación tanto en los modelos de financiación como en las formas de conseguir los fines estatutarios. No olvidemos que la condición de utilidad pública viene asociado a un reconocimiento social de la labor de la entidad, y lo que la sociedad demanda en estos momentos, en especial en zonas indefensas, despobladas y desfavorecidas económicamente, es un respaldo de organizaciones no gubernamentales.

Pero hay algo más que las organizaciones insertas en el G5 deberían superar, y es la idea generalizada de que, en realidad, son agencias de colocación y no auténticas defensoras del medio ambiente. Con escaso voluntariado y con una verticalidad cada vez mayor (sobre todo en aquellas organizaciones que hasta ahora presumían de ser horizontales como EEA), las críticas se dirigen a que la mayor parte del trabajo realizado es de carácter burocrático y es llevado a cabo por personal contratado, en concreto en EEA con un coste laboral de 1.431.000 € y no menos de 650.000 euros más en contratos de prestación de servicios, según aparece en sus cuentas anuales.

Y no solo eso, que personas integradas dentro del G5 trabajan también redactando impactos ambientales para las empresas que presentan estos proyectos contra el medio ambiente.

Sean fundadas o no estas críticas, lo cierto es que se observan de forma objetiva varios factores:

Por un lado, una falta de autonomía económica. Con 2.040.000 € de presupuesto en sus últimas cuentas y apenas 650 socios, Amigos de la Tierra se lleva la palma en lo que se refiere a su dependencia en ingresos de ayudas y subvenciones, rondando el 99%.

Por otro, tendríamos una exagerada desproporción entre el número de socios y el presupuesto que manejan. Los casi 12 millones de euros de presupuesto de WWF para poco más de 51.000 socios implican una relación de 240 €, de los cuales más de la mitad corresponde a ayudas públicas.

Y por último, la escasa participación democrática de las personas afiliadas. En EEA, una estructura confederal formada por 170 grupos –lejos quedan los 300 en origen–, la participación en las asambleas es muy escasa: en la última celebrada el pasado 7 de junio solo participaron 33 grupos, es decir, el 20%, un porcentaje que muestra claramente el alejamiento de los grupos locales de su propia organización.

Por el contrario, la falta de medios en las asociaciones pequeñas impide su buen desarrollo y gestión, debido a la absoluta falta de recursos, viendo impedida su actividad en muchos ánimos y generando bastante desánimo y resignación.

Cuenta la coordinadora de Ecoloxistas Galiza que aquella visita a la asamblea de Granada de EEA le supuso un considerable gasto económico, de tiempo y de energía. Todo para 2 minutos de exposición defendiendo el NO a las macrorrenovables, en especial la eólica marina. Todo para ver como se humillaba al colectivo dentro de la organización, difundiendo falsedades y negándole la posibilidad de ser escuchada y ver como las redes de Ecoloxistas Galiza eran usurpadas por el grupo Federal de Galicia creado ad hoc por una minoría de miembros.

Va a ser difícil la reconciliación sin una recapacitación del G5 y un rebajamiento en el grado de soberbia. Hemos de suponer que las pequeñas organizaciones ecologistas también pueden mejorar en su grado de activismo pero la comparación entre David y Goliat no puede hacerse sin un truco en la perspectiva.

Por otro lado, no solo cada vez surgen más plataformas locales y se reactivan movimientos dormidos, como Aliente, sino que algunas de las nuevas formaciones ecologistas surgen a iniciativa de personas que antes formaban parte de alguna organización en el G5, como es el caso de la Plataforma Ecologista Madrileña.

La ineficacia del G5 en temas fundamentales es cada vez más evidente. No hay más que ver la escasa influencia en la reunión con la Comisaria Teresa Ribera del 21 de febrero, pocos días antes de que se entrara en vigor el decreto Omnibús aprobado por la Unión Europea y que claramente limita los derechos fundamentales ciudadanos, además de poner en peligro las acciones frente a la crisis climática. Un decreto frente al cual alzaron la voz Amnistía Internacional y otras 170 organizaciones mientras el G5 mantenía una posición tibia.

Pero aún hay más, muchos de los informes redactados en su día por las organizaciones del G5 están siendo utilizados por la parte contraria en los contenciosos que pretenden tumbar los proyectos de macrorrenovables. En concreto, el informe de Greenpeace Galicia, más allá de los combustibles fósiles, de diciembre de 2023 y donde literalmente se afirma que “las fuentes de energía renovable solo cubren el 25,8% del uso de energía primaria en Galicia”, es una prueba recurrente para hacer avalar la posición de las empresas eléctricas respecto a la utopía de que la energía renovable podría sustituir al petróleo en ese uso primario –como por ejemplo la agricultura–, y olvidando, de paso, la energía eléctrica que se exporta.

Tal vez, por todo lo dicho, una reconciliación no sea del todo posible, y lo único que cabe esperar es que el G5 no de un giro belicista como el dado por los Verdes en Alemania, y que las asociaciones ecologistas independientes del sistema, se unan.

Fuente: Rebelión Ecologista


sábado, 15 de marzo de 2025

Biometano: ¿gas renovable o nuevo error?

 

      Integrante de Ecologistas en Acción de la Manchuela (Cuenca y Albacete).


Es sorprendente cómo hemos llegado a abrazar la idea de que todo es posible y que no existe ningún problema, que la tecnología no pueda resolver sin efectos secundarios. Que lo normal es que la naturaleza está puesta ahí por Dios para proveer todas nuestras demandas. Y sí, siempre sin efectos secundarios”


     Como sucede desde hace tiempo, venimos asistiendo a un goteo puntual en que los diferentes medios dan publicidad a nuevos proyectos de biometano por toda la geografía mediante artículos que tienen mucho de publirreportaje y poco de investigación. Llevados por el discurso dominante, que está en manos del que mayor poder económico ostenta, se hacen eco de reducciones de emisión estratosféricas según las cifras proporcionadas por las empresas, de inversiones mil millonarias, que por lo que sea resultan terriblemente atractivas para los lectores dando cuenta de nuestra fascinación por las cifras grandes, sobre todo de dinero.


Planta de biometano.

Siguen hablando de economía circular, de aportaciones de miles de toneladas de digestato que resultan ser maravillosos fertilizantes que van a resolver el problema de empobrecimiento de nuestros suelos fruto de la ruptura del balance N/P, de destrucción de la microdiversidad de hongos y bacterias, del envenenamiento con fitotóxicos y con plásticos.

Y como siempre… La solución a esto tiene que pasar por ganar dinero , alguien tiene que ganar dinero. Revertir la situación de nuestros suelos conlleva sin ninguna duda a un cambio de las prácticas agrícolas, que como el resto de actividades económicas se han visto abocadas a la reducción de costes y al aumento de la producción a cualquier precio. Son las reglas del sistema económico.


Protesta contra la planta de biogás en Fuentealbilla.



Pretender ahora que unas bacterias nos van a reparar todos los daños bioquímicos que hemos infligido e infligimos a nuestro suelo en nuestra manera de producir comida, suena más a quimera que a realidad. La formación del suelo es un proceso largo y complejo, que se mide en escala geológica


La economía es un sistema complejo, pero que funciona con una serie de reglas fijas. Se asemeja bastante a un modelo computacional llamado “autómata celular” que consiste en un modelo matemático para un sistema dinámico que evoluciona en pasos discretos. Es adecuado para modelar sistemas naturales que puedan ser descritos como una colección masiva de objetos simples que interactúen localmente unos con otros. En este caso de un autómata celular de clase uno que lleva a un estado homogéneo perdiendo la aleatoriedad del estado inicial. En definitiva, con unas reglas definidas se llega a un estado final. Lo que está sucediendo no es un accidente aleatorio, sino que tiene una causalidad bastante definida. Si aplicamos las mismas reglas para solucionar un problema que las reglas que lo han producido, el problema se acrecentará.

Esto venía a cuento de una de las soluciones que según las empresas, nos va a proporcionar el biogás, entre ellas la de los suelos. Pretender ahora que unas bacterias nos van a reparar todos los daños bioquímicos que hemos infligido e infligimos a nuestro suelo en nuestra manera de producir comida, suena más a quimera que a realidad. La formación del suelo es un proceso largo y complejo, que se mide en escala geológica. Tan solo un centímetro de la capa superficial del suelo puede tardar entre 100 y 1.000 años en producirse y es fruto de complejos procesos e interacciones entre minerales, microorganismos y hongos.

Por esto, su conservación es esencial para la seguridad alimentaria, el mantenimiento de los ecosistemas y un futuro sostenible. Según Elizabeth Solleiro Rebolledo, investigadora del Instituto de Geología (IGL) de la UNAM, aunque tarda cientos o miles de años en formarse –dependiendo de condiciones geoquímicas, climáticas y geográficas, entre otras— es un recurso frágil que puede destruirse en apenas una generación humana. El digestato proviene en su tramo final de la industria agroalimentaria que está en el origen de la destrucción del suelo. Con lo cual, más que verlo como una solución, deberíamos verlo como el origen del problema más profundo.


Macrogranja de Caparroso, en Navarra.

Las reglas de nuestro sistema económico están llevando a la concentración de la propiedad, la optimización de la producción a través de la degradación del suelo, al uso de cada vez más energía para el mantenimiento de la competitividad, a la concentración de las empresas del sector agro ganadero que van quedando reducidas a unos pocos actores, y a la expulsión de casi toda la población del medio rural. Nuestro sistema de producción de alimentos nos está llevando a la destrucción de la España interior . Pero según nos venden ahora, toda la población del éxodo volverá cuando se pongan plantas de biogás y aumente el número de granjas de porcino. “Fijación de población” lo llaman.

Las grandes compañías tras esta tecnología asocian inmediatamente sus proyectos, en una operación de marketing muy bien diseñada, aparte de a la citada solución magnífica a los suelos, a unas reducciones brutales de dióxido de carbono, por ejemplo MOEVE, la compañía que se avergüenza de ser una petrolera y por eso se cambió de nombre, habla de 30 nuevas plantas y… ¡Tachiiiiín! Habla de la reducción de 728.000 toneladas de CO₂ (anuales), la plantación de 48,5 millones de árboles (anuales).

Vayamos, pues, con la cuestión de los árboles, este número de árboles, a 200 individuos por hectárea nos daría 242.000 hectáreas. No proporciona el artículo datos de cuanta es la cantidad de CO₂ capturada por un árbol, de qué tipo de árbol se trata ni de qué vida media estima para el árbol, los lectores no merecen esta consideración, pero de sus cálculos, y si dividimos el CO₂ supuestamente no emitido por el número de árboles expresado, nos sale que cada árbol ha capturado 15 kilos de CO₂ al año. Hablamos de 2.420 Km², como una provincia del país vasco.




No sé a ustedes, pero yo preferiría ver esta extensión plantada en lugar de 2 Has de planta de biogás.

Pero… si hablamos de una reducción, tendremos que decir respecto a qué estoy reduciendo, ya que si no la reducción no nos dice absolutamente nada. Si yo reduzco mi huella de carbono en 20 kilos diarios sobre 200 kilos de emisiones normales, estoy reduciendo mis emisiones en un 10%. Si reduzco un kilo sobre dos de emisiones normales, estoy reduciendo en un 50%. Como lo que interesa no es la cifra, sino la relación con la cantidad de referencia. Por lo tanto, reducir 728.000 toneladas parece una cantidad ingente. Pero pongamos por caso que esta reducción se está produciendo sobre 7.280.000 de toneladas, resultaría que estoy reduciendo solo un 10 por ciento, realmente poco, pero eso es lo que está sucediendo de hecho.

El truco de prestidigitación consiste en darnos solo la cantidad reducida pero ocultándonos sobre qué cantidad de emisiones. ¿Y cómo se hace eso?

Claro, todos sabemos que esta cantidad de emisiones se refiere exclusivamente a las que nos ahorramos si en lugar de consumir gas natural fósil consumimos biometano y si consideramos que dicho biometano tiene huella cero o negativa.

Pero la pregunta que siempre lanzo: ¿Qué pasaría si la producción de ese biometano no tuviera huella cero o negativa? Pues que tendríamos que hablar del porcentaje de reducciones respecto a todo el ciclo del gas supuestamente “renovable”, que abarca desde el comienzo de cada una de las actividades que genera el variopinto surtido de residuos de la planta. No lo olvidemos, la energía solar y el viento fluyen continuamente, pero los residuos no aparecen por generación espontánea. Hasta donde sé, los residuos los produce la actividad humana y no un ente extracorpóreo. Y los produce a través de muchos complejos procesos que requieren mucha energía. Pensemos por un momento en los restos de la bollería industrial, o los restos animales que no se pueden comercializar.

Están intentando convencernos de que las soluciones solo nos las pueden ofrecer ell@s, que debemos fiarnos de sus avances tecnológicos que son capaces de encontrar solución a todo, de que su interés en la expansión de esta tecnología radica solo en su preocupación por descarbonizar la economía, y que estas plantas son totalmente necesarias y beneficiosas, solo es cuestión de una inversión suficiente por parte de los que pueden hacerla, las grandes empresas.

Es tal el volumen de negocio que están oliendo, que solo cinco de los tiburones que están operando en él: Enagás, Repsol, Moeve, Ence y Naturgy afirman tener proyectos que ya coparían los 20 Tw que el PNIEC lanzaba como meta para el 2030. Es tanto el impulso, tanta la presión, que están recibiendo todo el apoyo de Europa y de los diferentes gobiernos regionales. Es más que previsible que con la falta de regulación, todas las perspectivas de crecimiento se quedarán cortas. También los fondos han desviado sus ojos de un mercado que está saturado como el de la eólica y fotovoltaica a otro mucho más seguro, el de los residuos y el biometano. Mientras la rentabilidad de las renovables clásicas a veces cae en picado, el gas se mantiene como apuesta segura. No es extraño, pues, el desbordamiento que se está produciendo ni el malestar e impotencia de municipios y plataformas enfrentándose de manera desigual tanto a las administraciones como a las empresas.

Pero detrás de toda esta tormenta, es fácil intuir que algo raro está pasando, en un sistema extractivista como el nuestro, mientras los recursos son abundantes en materia y energía, nadie hace demasiado caso a los residuos que se generan. Es como cuando exprimimos una naranja para obtener el jugo, nadie hace caso a la pulpa ni a la piel. Pero cuando ya no obtengo tanto jugo y las naranjas escasean, me planteo como podría obtener algo de lo que he desechado. Esto me sugiere, que detrás de todo este maremágnum biometanizador puede esconderse una crisis más profunda. Cuando el sistema necesita obtener beneficio hasta de los desechos es porque teme por el futuro de sus beneficios, porque aunque no sea consciente, huele algo que no le gusta nada.

Pero si de algo no se puede esperar la más mínima piedad es de los grandes inversores es que se detengan y tomen conciencia, ellos van a lo que van, tienen necesidades y urgencias más perentorias.

Aunque las plantas afirman nacer sin intención de obtener financiación ni ayudas públicas, en sus círculos están totalmente convencidos de obtener bonificaciones e incluso ayudas a fondo perdido. Conocen perfectamente la desesperación de los gobiernos por sortear la recesión y garantizarse energía. Sus prioridades no son el medio ambiente ni la economía circular, pero saben perfectamente que ahora es un nicho de mercado dónde el beneficio está garantizado.

Todos parecen haber llegado a la conclusión que podemos seguir haciendo lo mismo, crecimiento económico, consumo de bienes, consumo casi ilimitado de energía y que simplemente con la introducción de nuevas formas de energía, entre las que se cuenta el biometano vamos a salir del atolladero en que andamos metidos. Que es posible alcanzar la neutralidad en carbono cambiando únicamente nuestras fuentes de energía.


Fuente: elDiario.es Castilla-La Mancha

lunes, 3 de febrero de 2025

Manifiesto de las asociaciones ecologistas y medio ambientales de la Región de Murcia acordado en el encuentro de Peña Zafra de Abajo, Abanilla

 

 De PAEM-PBQ  
      Plataforma de Afectados por la explotación minera de Peña Zafra, Balonga y Quibas (PAEM-PBQ)


Somos representantes del empoderamiento popular, ciudadanos que, ante la injusticia medioambiental, nos revelamos y demandamos soluciones basadas en la naturaleza y la salud, mantenemos una lucha medio ambiental activa por los ecosistemas, paisajes y recursos naturales.






MANIFIESTO DE CASAS RÍOS



Los colectivos abajo firmantes nos reunimos el pasado 18 de enero de 2025 en Casas Ríos (Peña Zafra de Abajo, Abanilla), donde se llevó a cabo una jornada de intercambio de experiencias, expusimos nuestras luchas y reivindicaciones, observando cómo coincidimos en muchas problemáticas que están afectando a todo el territorio de la Región. Los asistentes representamos a diferentes territorios de la geografía de la Región de Murcia, que de una forma u otra están amenazados por la contaminación y daño medio ambiental, sea por tóxicos de origen industrial, agrario, ganadero o minero.




Reunidos, analizamos y discutimos los diferentes puntos que deberían respaldar y fortalecer nuestra sociedad actual. Constatamos una realidad y dinámica regional de destrucción, física, cultural y moral, una Región degradada y sin futuro halagüeño, dominada por un capitalismo salvaje y depredador.

Por todo lo anterior acordamos el siguiente MANIFIESTO:

  1. La situación de la Región es lamentable, sin regir la democracia ni la ley, sino un poder económico codicioso, mimado e impune, que se impone sin control social alguno, y donde el que contamina no paga ni repara, sólo antepone su interés. Los colectivos mostramos nuestra indignación y cansancio ante tanta impunidad cómplice.

  2. El poder político está sometido, es incompetente, sin voluntad hacia los intereses generales y habitualmente está supeditado sólo a los intereses económicos de unos pocos.

  3. El poder judicial es consentidor, incompetente y cobarde, transmisor de violencia legal, pues no garantiza el derecho a la tutela judicial efectiva con relación al derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado y proteger la salud de las personas (artículos 43 y 45 de la Constitución Española, derechos fundamentales de la Declaración Universal de Derechos Humanos, entre otros), que produce una permanente insatisfacción social, demostrando una insensibilidad sistemática. Destacamos la incompetencia y la falta de voluntad de los jueces y fiscales relacionados con el Medio Ambiente en nuestra Región.

  4. En la Región gobierna una impunidad generalizada para las agresiones ambientales, que directamente implican un ataque a la salud humana de los murcianos y a la salud de nuestros ecosistemas.

  5. La sociedad civil está adormecida, manipulada, condescendiente y sin brújula ni líderes.

Algunas entidades o instituciones científicas tienen un comportamiento en nuestra Región parcial, con interés y descuidando el marco bioético que debería regir. La ciencia siempre ha de ayudar a la evolución de una sociedad, siendo absolutamente imparcial.

Todos los medios de comunicación deberían incidir con mayor prioridad, rigor y profundidad en la gravedad de las amenazas que nos acechan, sin sesgos y con imparcialidad.

El sistema educativo debería también incidir en la capacidad de crítica y la concienciación, fomentando el análisis del alumnado, acerca de las causas que han conducido a la actual degradación del medio ambiente y las medidas a adoptar.


  1. Somos representantes del empoderamiento popular, ciudadanos que, ante la injusticia medioambiental, nos revelamos y demandamos soluciones basadas en la naturaleza y la salud, mantenemos una lucha medio ambiental activa por los ecosistemas, paisajes y recursos naturales.


Nos rebelamos contra la impostura de unos y otros, sean del mundo de la política, sean de la economía, sean de la sociedad civil. Se ha permitido durante mucho tiempo la pérdida de nuestro patrimonio, han desaparecido entornos rurales, pedanías, enclaves naturales, fuentes y manantiales, entre otros.

No podemos evitar percibir a la oposición política desarmada, irrelevante, cansada y sin imaginación.


Por todo lo anterior, EXIGIMOS a las distintas Administraciones Públicas, tanto la Central, la Autonómica y la Local, así como al Sistema Judicial:

- Un especial interés y un esfuerzo incrementado de actuaciones en relación con la conservación, protección y recuperación de los recursos hídricos (ríos, acuíferos, manantiales, fuentes), llamando la atención a la extracción ilegal de éstos, para conseguir eliminar la sobreexplotación y la contaminación de aguas superficiales y subterráneas. Así mismo exigimos una verdadera evaluación y revisión de las transformaciones ilegales o irregulares producidas desde 1990.

- Con respecto al Mar Menor y en general al litoral murciano, que se realicen actuaciones para solucionar en origen las causas de la degradación de nuestros mares y no permitir que se siga incumpliendo la legislación vigente que protege nuestra laguna salada. Que las sanciones sean ejemplarizantes para los infractores, de manera que no solo paguen y/o vayan a la cárcel, sino que también restauren el daño ocasionado. También que se acabe la interminable burocracia y falta de voluntad política para solucionar la problemática del Mar Menor, que lleva décadas sin realizar ninguna intervención efectiva.

- Unas políticas restrictivas a los nuevos regadíos y la agricultura intensiva en general, debido a que este modelo agrario, por el exceso del uso de fertilizantes y pesticidas, es una de las principales causas de contaminación de las aguas superficiales, subterráneas, suelo y aire, suponiendo un verdadero problema de salud pública.

- El freno inmediato de la expansión de la ganadería intensiva, impidiendo más permisos para ampliación o implantación de nuevas granjas.

- La suspensión o moratoria frente a los proyectos actuales para la instalación de plantas de biogás en toda la Región, hasta que se apruebe la normativa pertinente que regule este sector con las máximas garantías para los ciudadanos, rechazando la justificación esgrimida como solución global al problema de los purines generados por una ganadería intensiva sobredimensionada y que sigue creciendo sin control.

- El riguroso cumplimiento de la normativa vigente en la gestión de las canteras, minas y molinos relacionados con el extractivismo, con duras sanciones, obligando a la restauración de las zonas dañadas y vigilando activamente la contaminación que estas empresas generan. Exigimos el cierre cautelar de las empresas contaminadoras hasta que se ajusten estrictamente a una actividad respetuosa y acorde con el entorno y la población que le rodea, un trabajo activo de las administraciones y de la justicia para que se evite burocracia innecesaria y se agilice tanto los procesos de investigación como los de prevención en pro de la conservación del medio ambiente y de la salud de la ciudadanía, no permitiendo bajo ningún concepto la contaminación de diferentes tóxicos (metales pesados, polvo, gases, etcétera).

- Un plan regional de energías renovables, excluyendo las macroplantas solares y los grandes parques eólicos que sólo sirven para verter a la red sin repercutir en el bienestar de los murcianos, implicando una pérdida de espacios naturales en nuestro entorno. Este plan, ha de ajustarse a una ordenación territorial respetuosa con la biodiversidad y el entorno natural, promoviendo el autoconsumo y las comunidades energéticas. Debe constituir un elemento fundamental de la política energética regional, un verdadero proceso de decrecimiento en la demanda de energía no renovable.

- Políticas encauzadas a la mitigación del cambio climático, enfocadas a sectores como el del transporte, la ordenación del territorio, y la educación social. Además, queremos advertir sobre las manipulaciones climatológicas, clandestinas e ilegales, que no se deben consentir (cañones antigranizo entre otros).


Foto de José Coy

Las asociaciones abajo firmantes nos comprometemos a mantener este flujo de intercambio de experiencias, avanzando juntas, apoyándonos, con el propósito de mantener la lucha ambiental en la Región, en beneficio de la sociedad civil, su salud y bienestar:




- Por un Mar Vivo

- Extinction Rebellion

- Banderas Negras

- Alianza Mar Menor (AMARME)

- Plataforma de Afectados por la explotación minera de Peña Zafra, Balonga y Quibas (PAEM-PBQ)

- Coordinadora A por el 45 de la Región de Murcia

- STOP BIOGAS Molina

- Directo del Bancal

- ABATAR

- Conexión Río Chícamo

- Asociación de vecinas y vecinos de Peña Zafra de Abajo

- Asociación para la Custodia del Territorio y Desarrollo Sostenible (ACUDE)

- Consejo de Defensa del Noroeste

- AMACOPE

- EliJo Yoga

- Plataforma suelos contaminados Cartagena

- Plataforma aire limpio

- STOP Metales Pesados

- Fundación Montescola

- Coordinadora para la conservación y recueración de la sierra y la bahía de Portmán

- Asociación PROCABO

- Club Atalaya-Ateneo de la Villla de Cieza


Fuente: El Latido