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lunes, 5 de enero de 2026

Alguien robó 56 millones de litros de agua durante los últimos 18 meses en la Región de Murcia. Solo es la punta del iceberg

 

 Por Alejandro Alcolea   
      Responsable de fin de semana en Xataka.

   - Se estima que la actividad se habría dado durante décadas, con daños incalculables al medio ambiente

  • La cantidad de pozos saqueados para la agricultura industrial están teniendo un defecto devastador en las zonas naturales



     Un péndulo y un par de varas de madera son las únicas herramientas que los zahoríes necesitan para, supuestamente, detectar los flujos magnéticos de las corrientes de agua para encontrar aguas subterráneas. Realmente, un zahorí no sirve de mucho, pero es el nombre con el que el SEPRONA bautizó un ciclo de vigilancia para atrapar a los ladrones de aguaUno de los últimos casos es el de los 50 millones de litros saqueados por dos empresarios en un periodo de 18 meses.

Pero ni es un caso aislado ni algo que tenga visos de parar.

Puerto Lumbreras. Una de las últimas operaciones del SEPRONA se ha dado en Puerto Lumbreras, en la Región de Murcia, donde los agentes han abierto diligencias a dos empresarios como presuntos autores de un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente. Se estima que realizaron la actividad de explotación de pozos durante décadas, pero por concretar, sólo en los últimos 18 meses, se habrían sustraído 56 millones de litros de aguas subterráneas.


Intervención del Seprona en Puerto Lumbreras.


Los investigados utilizaban un pozo clandestino sin contador volumétrico que estaba oculto en una de las empresas y no era agua que utilizaran para regar cultivos propios (algo que suele ser común en este tipo de actividades), sino para vender.

Hidrológica pirata. Eran capaces de extraer más de 100.000 litros diarios que vendían y distribuían a través de sus propios camiones cisterna. ¿Su uso?

  • Explotaciones porcinas de ganadería intensiva.

  • Venta a otras empresas.

  • Venta a particulares para el llenado de piscinas.

    ¿Multa o “coste operativo”? El SEPRONA comenzó la investigación tras una denuncia firmada por 128 vecinos de Zarzalico que detectaron una tubería ilegal de varios kilómetros construida para abastecer cebaderos, y se estima que los dos empresarios facturaron unos 275.000 euros durante los 18 meses ya mencionados.

Lo curioso del asunto es que, como decimos, sólo se ha investigado año y medio, por lo que la cifra puede ser astronómica si se cumple esa estimación de que la actividad se realizó durante décadas. 

El robo de agua no es algo nuevo, ni mucho menos, y de hecho hay estudios que apuntan a que, durante más de un siglo, fue una práctica que se dio en el sureste español.




Tiene todo el sentido si tenemos en cuenta que la zona, con Almería o Murcia, siendo la “huerta de Europa”, no es precisamente en la que más precipitaciones se registran, pero sí donde más se necesita para ese cultivo de frutas y verduras.



De hecho, a esto se le llama “agua virtual” que estas zonas exportan en los tomates, lechugas o aguacates.




Ese robo de agua se ha tomado como un “mecanismo de supervivencia”, algo necesario para mantener la actividad durante sequías, y también hay estudios que apuntan que las multas administraciones que reciben los que cometen la infracción son más bajas que el beneficio económico obtenido por el agua robada.


España es el país con mayor sobreexplotación de agua de Europa.


Devastador. El problema es que las cuentas no salen donde más importa: en la naturaleza. El agotamiento sistemático de los acuíferos debido a las actividades de los pozos ilegales han llevado al agotamiento de algunos de los humedales más importantes de nuestra geografía.


Pozos ilegales al sur de España, en Andalucía.


Doñana es el ejemplo claro, ya que el parque nacional ha sido, y está siendo, drenado por cientos de pozos ilegales para el cultivo.


Doñana

Drenado en Doñana.



Pero no hay que irse lejos de Puerto Lumbreras para ver los efectos, y el Mar Menor es otro ejemplo. El agua dulce subterránea es saqueada y, a veces, usada para regar campos agrícolas en los que se usan fertilizantes con nitratos que, debido a la escorrentía, se filtran en la tierra o van a parar directamente al mar. Esto ocasiona que el agua tenga menos oxígeno del que debería, y al ir a parar a la laguna, los peces mueren por anoxia.

Suma y sigue. Lamentablemente, como decimos, ni es un problema nuevo… ni aislado. Estos últimos años hemos ido hablando de decenas de investigados, detenidos y condenados. La empresa de aguas de Málaga, de hecho, ha llegado a contratar a detectives privados para vigilar empleados, proveedores y clientes.




Según WWF, hay más de 500.000 pozos ilegales en España, los beneficios compensan las multas administrativas y fiebres como la del aguacate no ayudan en absoluto.


Hay quienes están regando aguacates irregularmente.

Fiebre del aguacate.


Fuente: Xataka

lunes, 12 de mayo de 2025

PreZero proyecta una planta de biogás que procesará residuos animales junto a la Rambla Salada – Cañada Hermosa en Murcia

 

 Por Rosa Roda  
      Periodista murciana.


La planta procesará 67.000 toneladas anuales de purines, lodos, subproductos animales y residuos industriales. El agua residual tratada se verterá directamente en la Rambla Salada, un cauce natural sensible


En una explanada entre la Rambla Salada y la autovía RM-15, en el norte del término municipal de Murcia, la empresa PreZero proyecta una instalación industrial de gran envergadura. Su nombre, CH4 Green Gas, alude al metano que se extraerá del tratamiento de residuos orgánicos mediante digestión anaerobia.



La planta se proyecta en la parcela catastral 36 del polígono 81, ubicada en la zona de Venta Mendoza, en el norte del municipio de Murcia. Esta ubicación se sitúa a 7,5 km de Alcantarilla y de la pedanía murciana de Javalí Nuevo. Al tratarse de una actividad de alta incidencia ambiental, debe situarse según el PGOU con una separación mínima de 2.000 metros.



En las inmediaciones de la parcela existen viviendas dispersas y explotaciones agrícolas, algunas de las cuales se encuentran a menos de 1 kilómetro de la ubicación prevista para la planta. Esta proximidad podría generar inquietudes entre los residentes locales debido a posibles impactos relacionados con olores, tráfico de camiones y emisiones.

La planta CH4 Green Gas se ubicará en una parcela rústica de uso principal agrario, clasificada urbanísticamente como suelo urbanizable no sectorizado. La parcela tiene una superficie de 68.112 m2.

Para poder implantar la actividad en esta localización, PreZero ha iniciado el trámite de autorización excepcional por interés público, en virtud de la Ley 13/2015 de Ordenación Territorial y Urbanística de la Región de Murcia, ya que el suelo urbanizable sin sectorizar no permite automáticamente el uso industrial sin esta figura legal.

Además, la parcela se encuentra cerca de la Rambla Salada, un cauce natural que ha sido objeto de preocupación en el pasado por episodios de contaminación. La descarga de aguas tratadas en este cauce, aunque cumpla con la normativa vigente, podría ser motivo de debate y rechazo.


67.000 toneladas anuales de residuos

La planta se presenta como un complejo multifuncional: producción de biometano, gestión de residuos orgánicos, centro de transferencia de residuos peligrosos y valorización de materiales industriales. En conjunto, una capacidad superior a las 67.000 toneladas anuales de residuos. La cifra, por sí sola, ya da pistas de su impacto.

Desde la empresa aseguran que la instalación está pensada con criterios de eficiencia energética y sostenibilidad. Incluirá placas solares, sistema propio de depuración de aguas y procesos de separación sólido-líquido para aplicar únicamente los restos estabilizados a campos agrícolas. Pero ese tipo de afirmaciones técnicas no suelen calmar a los vecinos cuando la palabra “purines” aparece en el proyecto.

Entre los residuos previstos que tratará la plata están estiércoles, purines, lodos industriales, restos de pescado, frutas, residuos SANDACH (subproductos Animales No Destinados al Consumo Humano), aceites usados, medicamentos caducados, pinturas, disolventes, aparatos eléctricos y una larga lista de subproductos industriales. Muchos de ellos con potencial para emitir olores, atraer vectores o implicar riesgos si no se gestionan con precisión.

Que vaya a tratar residuos SANDACH obliga legalmente a la planta a incorporar una unidad de pasteurización o higienización.


Ruido, olores y residuos: los efectos colaterales de la planta CH4 Green Gas

Aunque la documentación presentada por PreZero defiende que el proyecto se ha diseñado con criterios de eficiencia ambiental, los informes técnicos advierten de una serie de impactos inevitables que afectan al aire, el agua, el suelo, el paisaje y, por extensión, a la calidad de vida en su entorno.

Uno de los vectores más sensibles es el aire. La actividad prevista en la planta —recepción, manipulación y tratamiento de purines, estiércoles, residuos alimentarios, lodos y subproductos animales— conlleva emisiones atmosféricas tanto difusas como canalizadas. Aunque se instalarán biofiltros, la empresa reconoce que podrían producirse escapes de olores, sobre todo durante las fases de carga y descarga de residuos orgánicos. También se instalará una antorcha para la quema de biogás excedente o de mala calidad, lo que implica emisión directa de gases a la atmósfera.

En cuanto al ruido, el movimiento constante de camiones, las operaciones de descarga y la maquinaria de trituración, mezcla y compactación generarán un entorno acústico industrial. Algunos de los equipos que se utilizarán —según reconoce la propia documentación— pueden alcanzar hasta 140 decibelios, niveles equivalentes al despegue de un avión. El estudio acústico definitivo queda pendiente de elaboración.

El impacto sobre el suelo y las aguas es otro de los frentes críticos. La planta tratará residuos líquidos, y el agua residual resultante será vertida a la Rambla Salada tras su paso por una depuradora interna. Se estima que tratará 33.094 m3 anuales. Aunque el sistema de depuración propuesto cumple con la normativa vigente, el riesgo de filtraciones, vertidos accidentales o fallos en el proceso existe, y su repercusión en un entorno agrario y próximo a acuíferos debe valorarse con detenimiento.

Según la documentación presentada por PreZero, las aguas que llegarán a la Rambla Salada serán el resultado de varios procesos: fracción líquida separada de residuos agrícolas, ganaderos e industriales, aguas de limpieza de naves, equipos y playas de descarga, aguas del lavadero y camiones y aguas pluviales.

El proyecto también transformará el paisaje. Donde ahora hay terreno agrícola o semiurbano, pasará a haber una instalación industrial visible desde la carretera, con naves, depósitos, silos y circulación continua de vehículos pesados. Se ha previsto un cinturón vegetal para atenuar el impacto visual, pero el cambio será notorio para quien vive o trabaja en el entorno inmediato.

El riesgo de explosión también está previsto, pero considerado bajo, con mecanismos de contención como antorchas, sistemas de ventilación y ausencia de almacenamiento prolongado de biogás. No obstante, se reconoce que cualquier parada no controlada del sistema puede generar situaciones en las que el biogás debe ser eliminado de forma segura.

Por último, aunque no es un impacto “natural” en sentido estricto, los redactores del estudio reconocen un factor que muchas veces se pasa por alto: el rechazo social. Las plantas que tratan residuos ganaderos o industriales no suelen contar con apoyo ciudadano cuando se instalan cerca de viviendas o campos de cultivo, por la imagen negativa que proyectan y por los riesgos -reales o percibidos- que asocian los vecinos a estas instalaciones.

El proyecto aún no está aprobado. La Dirección General de Medio Ambiente ha solicitado a la empresa una subsanación de varios aspectos técnicos y todavía debe decidir si se tramita como evaluación ambiental simplificada —como solicita PreZero— o como evaluación ordinaria, que implicaría un estudio de impacto más detallado y un periodo de alegaciones más abierto. Mientras la tramitación avanza, la planta de CH4 Green Gas permanece sobre plano.


Sobre PreZero

PreZero, en colaboración con Hera, gestiona los residuos domésticos de 35 municipios de la Región de Murcia. Esta labor incluye el transporte, separación y tratamiento de los residuos, con el objetivo de reciclarlos y darles un nuevo uso. El contrato, por importe de 67,7 millones de euros, tiene una duración de dos años, prorrogable por uno más y se lo adjudicó el Consorcio de Residuos de la Región de Murcia.


Fuente: RRNEWS

jueves, 27 de marzo de 2025

Contra las plantas de biogás: advertencia al vecinismo ingenuo

 

 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor de la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


He de reconocer la redacción elegante, moderada y ajustada del comunicado de la Coordinadora de Plataformas Stop Biogás de la Región de Murcia, así como el esfuerzo de sus representantes, cumplido en tiempo récord, por juntarse y ponerse de acuerdo sobre ese texto Y como supongo también la sintonía sobre el método, al menos general, del combate al que se lanzan, me apremia el deber de hacer algún comentario al respecto, que me brota de la experiencia y que quiero orientar para el mejor y más redondo éxito de la campaña.




En primer lugar, me he preguntado si la calificación de las plataformas como “apartidistas” pretende algo más que negarle la dirección de su actividad a los partidos políticos y sus líderes, lo que aparte de ser prudente, es la costumbre. Porque si apartidistas quiere decir apolíticas, que espero que no, me vería obligado a dudar de la idea que tengan de la política sus redactores.

A estas alturas me parecería banal decir que las plataformas vecinales están en primera línea de la política, tanto por el carácter de sus luchas como por sus objetivos (si estos son “completos y acertados”, claro), pero el repetido interés “apartidista” que veo en comunicados o manifiestos de parecida índole me alarman porque lo que muestran es en realidad una extraña, además de inoportuna, ignorancia hacia lo que es -y debe ser- la política. Este asunto, el de las plantas de biogás, exige una intensa politización de fines y métodos, y quien quiera ignorarlo -o boicotear las medidas y actitudes profundamente políticas que exige- están contraviniendo lo mejor de la tradición reivindicativa del movimiento vecinal (y también, por supuesto, del ecologista), poniendo en serio riesgo los resultados de la ofensiva.




Muestro, pues, mi preocupación de que, en una región de voto mayoritario conservador, esta “advertencia” apartidista/apolítica resulte un éxito de líderes derechistas, o al menos de vecinos que se alinean con el bloque PP-Vox. Porque es verdad que las ideas quiebran -si bien temporalmente- cuando se siente una amenaza directa que hay que conjurar enfrentándose a unos dirigentes políticos de la misma cuerda ideológica, pero la protesta, la reivindicación y la crítica fundamental al poder y sus decisiones, o alianzas, con proyectos detestables es de izquierdas y solo de izquierdas (por supuesto que hay muchos ciudadanos que, pese a ser de izquierdas de corazón y estómago, lo ignoran en su pensamiento y mente, y que al reconocer esto en muchos casos experimentan una -absurda- repulsa hacia su educación, su familia y su propia historia personal). Que las luchas vecinales siempre han sido escuela y expresión de política de calidad, o sea, de la intervención ciudadana, directa y expresa, en la cosa pública, imponiéndose legítima e incuestionablemente al poder instalado.

Llamo la atención, en segundo lugar, sobre la inclusión entre los fines de estas plataformas de “promover alternativas sostenibles” y “colaborar con las administraciones”, como indudables muestras de ingenuidad e inexperiencia que pueden llevar -si se tomaran en serio- a la más limpia ineficacia. Lo de “proponer alternativas” es el típico reflejo naif de estas plataformas que esperan, con ese rasgo de “buena voluntad”, obtener respuestas favorables desde el poder político y las administraciones, lo que carece de fundamento. Y por lo que respecta a “colaborar con las administraciones públicas”, esto es ignorar que es muy raro que tales administraciones vayan a pedir colaboración a los vecinos para nada, tan sobrados se sienten, políticos y funcionarios, de sus derechos y capacidades; como no sea, claro, con la perversa intención de hacer partícipes a los ciudadanos de alguna tropelía hacia la que se dirigen y a la que no quieren renunciar, buscando extender una responsabilidad que solo a ellas correspondería. Estas son actitudes que quieren eludir la radicalidad, creyendo que esto favorece los objetivos de una lucha que no debe ocultar su dureza.


Manifestantes de Stop Biogás Mar Menor contra la planta de biogás en El Mirador (San Javier) el pasado 29 de diciembre.

Continúo con esta revisión redaccional de la comunicación de las Plataformas -que nadie debiera tomar como hostil, sino como aportación en pos de la eficacia- poniendo de manifiesto lo que considero como tres errores adicionales. El primero es oponerse a estas plantas “hasta que no se desarrolle una adecuada normativa”, porque eso es mucho confiar en que una normativa futura vaya a ser favorable y pueda convertir en innecesaria la movilización; es, también, renunciar a los principios profundos de esta guerra, que no puede anular la legislación. El segundo es que se anuncia esa oposición a las plantas “que puedan perjudicar la salud, el futuro y el desarrollo de las localidades” afectadas, mostrando un punto flaco evidente, y sobre todo peligroso: cuando la Declaración de Impacto Ambiental diga de alguna de estas plantas que no influye negativamente ni perjudica a la salud, el futuro o el desarrollo, ¿van a “desarmarse” estos vecinos en lucha y sentirse tranquilizados por esa decisión administrativa? Y el tercero es lo de “oponerse a la construcción de megaplantas” de biogás y biometano, que deja en el aire la definición del umbral entre planta y megaplanta, o entre esta y “miniplanta”, resultando esta precisión más peligrosa que absurda.


Distribución inicial de los proyectos y plantas de biogás en la Región de Murcia. (Sin actualizar. No figura la de Mula, p.ej.).


Con respecto a esta cuestión del tamaño habría que subrayar que, si se consideran aceptables las “miniplantas”, estas deberán recaer cobre las propias granjas porcinas -principal fuente de materia prima para la obtención de gas- ya que estas instalaciones deberían ser limpias y presentar un balance ambiental de impacto cero. Esto implica además el importante resultado de que el negocio del porcino se encarecerá notablemente, lo que frenará el “impulso natural” de los empresarios codiciosos, estos que viven su agosto desde hace años, al tiempo que hacen de su capa un sayo.

Lo que nos lleva -y supongo que es lo que subyace en el origen y la discusión de estas plataformas- a la crítica a fondo del modelo agrario, que es de lo que se trata si es que de verdad se quiere, en serio, encarar el problema. Porque el sarampión de plantas de biogás en la región persigue convertir en negocio atractivo para la industria lo que es un coste directo de producción ganadera intensiva, que debe ser resuelto y absorbido en cada unidad productora de purines (o de otros residuos aptos para la digestión anaerobia). Es un nuevo negocio, típico de este tiempo de ladina conversión en actividad crematística del acelerado problema ambiental del planeta, y aparece como consecuencia directa de la proliferación, sin medida, orden o control, de las granjas porcinas. Sin el necesario ejercicio, serio y profundo, de crítica radical a este modelo agrario que envilece la región entera, las movilizaciones no dejarán de ser algaradas de vecinos tocados en sus intereses personales o familiares lo que, siendo legítimo, resulta pobre y excluye la pedagogía y el avance en la cultura ciudadana y la sensibilidad ecológica, que es misión necesaria e irrenunciable de este movimiento.


Esquema del funcionamiento de una planta de biogás.

Y de este enfoque, el correcto, hostil a la multiplicación de focos de marranería y molestias, llegamos a la muy importante cuestión, que el comunicado al que me vengo refiriendo plantea, que viene de la alusión textual, como objeto de oposición, a las “plantas cercanas a las poblaciones”. Lo que parece ignorar que, a la hora de la verdad, el problema al que hay que atacar es ambiental, lo que siempre significa “global”, y que afecta tanto a las personas y poblaciones como a la naturaleza en sí y en su omnipresencia. Restringir el interés y la restricción a la proximidad a los humanos es un gesto antropocéntrico, equivocado y hasta demodé. No: la actitud correcta, social, política y ética, es oponerse a todas las plantas allá donde se proyecten, sea el medio urbano, sea el rural.

Y como señalamiento final, que quede claro que en esta guerra, como en tantas otras de rechazo a industrias nocivas surgidas por sorpresa y sin justificación de fondo, el objetivo básico y prioritario a atacar son los alcaldes respectivos, como responsables directos e inexcusables del bienestar de sus conciudadanos. Se comprueba una y otra vez que los alcaldes, ante un problema como el que nos ocupa, responden de forma extraordinariamente uniforme: primero, se muestran encantados con el proyecto, que suelen hacer suyo para apropiarse el mérito de los “grandes beneficios” que van a aportar al pueblo; luego, cuando despuntan las primeras críticas, les falta tiempo para decir que carecen de competencias, y que las protestas se han de dirigir a las administraciones regional o estatal; y cuando se ven realmente comprometidos y sin escapatoria administrativa (y no digamos ética), se avienen a las concesiones, a rastras y con cuentagotas, tratando siempre de ganar tiempo esperando que los vecinos se contenten, se aburran o pierdan fuelle; con el fin último, que no abandonan, de que el proyecto avance, se abra paso y llegue al estado de hecho consumado (y quedar bien con las empresas que los engatusan y pervierten, a lo que se suelen dejar, como mecanismo personal y político instintivo, casi siempre a la primera).

De ahí que no haya que tener consideración alguna hacia esos alcaldes que se resisten a escuchar a los vecinos considerándolos menores de edad; o afirmándose a sí mismos en el carácter democrático-electoral que les ha subido en el burro sin interesarse por entender que su legitimidad democrática trasciende al día electoral de cada cuatro años, y que han de demostrarla, y ganársela, día a día, estando a las duras y las maduras. Mirando hacia atrás (lo que siempre ilustra), es de observar que, en contraste con los de ahora, aquellos alcaldes de otro tiempo, no elegidos sino nombrados por los gobernadores civiles, carecían de legitimidad democrática (como el régimen entero, vaya), pero eran muy sensibles al tumulto y la agitación (como el régimen entero, por cierto), y claudicaban ante los vecinos sin llevar su resistencia al extremo y expresando frecuentemente adhesión y solidaridad, una vez vencidos los primeros escrúpulos y miedos políticos (estoy recordando la lucha antinuclear y sus numerosos ejemplos en toda España).

Y deberá ponerse el énfasis en el debate libre y público, y arrancar de los alcaldes que lo aprueben y lo convoquen, estando presentes a ser posible; lo que debe ir seguido de una consulta al pueblo. Todo ello, como digno y oportuno ejercicio de democracia directa, y a esto no se pueden negar los alcaldes, salvo que no les importe incurrir en felonía: se trata de que el Pleno municipal diga no. Así que en el caso de las plantas de biogás los objetivos a batir han de ser en primer lugar los alcaldes y las corporaciones municipales, presionando e introduciendo la división entre sus grupos y miembros; en segundo lugar, las Consejerías de Industria y Agricultura, así como las de Sanidad y Medio Ambiente; sin olvidar nunca a la CHS, ya que si no hay concesión de aguas no puede haber planta, salvo que sus promotores se decidan por la clandestinidad y la ilegalidad flagrante (y a esto, los vecinos han de estar muy atentos, ya que la CHS difícilmente va a ir en contra de las empresas, acostumbrada como está a mirar hacia otro lado).

Y, atención: no se deberá caer, en ningún caso, en creer y esperar el respaldo de la ley, es decir, en confiar en los recursos administrativos tras las aprobaciones oficiales pertinentes. Este es el defecto en el que incurren, por ejemplo, la organización Ecologistas en Acción, convertida en incomprensible agencia expendedora de alegaciones y denuncias e instalada en un cómodo “ciberecologismo” que abandona el tajo y la trinchera. Esta lucha, como tantas otras, debe estructurarse en torno a un no tajante y vigoroso, fundado e innegociable; es decir, en un rechazo que contenga cuanto de profundo e intensamente social posee la razón cívica y ecológica cuando se expresa al modo radical. Todo lo cual queda muy lejos de alinearse con ese eslogan desgraciado del “Biogás sí, pero no así”, en mala hora copiado del esgrimido en el -tardío, culpable- enfrentamiento con las energías renovables por parte de grupos y plataformas ciudadanas o ecologistas, que no han entendido nada de lo que son y pretenden resolver esas energías, ni de dónde vienen ni por qué han sido promovidas de pronto y masivamente.

Que hay que aprender -y actuar en consecuencia- de las luchas del pasado y de los errores del presente.