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domingo, 18 de mayo de 2025

Antropoceno: ¿una nueva época geológica?

 

      Periodista argentina especializada en Ciencia Crítica y Medio Ambiente.


Accidentalmente, la zona desmilitarizada entre las dos Coreas se convirtió en una refugio natural, pero hay pocos lugares en el mundo con acotada intervención humana. ¿Qué tipo de vínculo está en juego hoy entre sociedad y naturaleza? ¿Por qué se habla de Antropoceno? ¿La especie humana pone en peligro el planeta o es el capitalismo como forma específica de organización social?




     Hay una región en el mundo donde no viven humanos que accidentalmente se convirtió en una reserva natural. Es la Zona desmilitarizada de Corea (ZDC). No se dejen engañar por el nombre, es una de las fronteras más custodiadas y militarizadas del mundo. La zona es de 4 km de ancho y 238 km de longitud, de punta a punta en la península coreana, osea son 1500 km2, en donde prácticamente no existe gente.


Zona desmilitarizada de la penísula de Corea.

En estos últimos 72 años, desde el armisticio de la Guerra de Corea en 1953, se ha convertido en un refugio o reserva natural de gran valor ecológico. De manera accidental, porque no se creó para eso, de hecho se han realizado campañas de desmantelamiento de vegetación para aportar a la visibilidad y observación del enemigo.

Lo que hoy se ve vía satelital y con algunas cámaras que se han instalado es la gran biodiversidad de especies silvestres y autóctonas: más de 6100 entre aves, peces, reptiles, mamíferos. Muchas en peligro de extinción que encuentran allí su hábitat natural porque también en esta área hay ecosistemas diversos: montañas, llanuras, bosque y humedales. Corea del Sur tiene un jardín botánico muy cerca de la ZDC y en la aplicación de Google Arts & culture se puede acceder al registro fotográfico.

Que estemos hablando de una de las pocas zonas con acotada intervención humana me llevó a pensar en el Antropoceno. El Antropoceno plantea que estamos viviendo en una nueva etapa geológica donde la intervención humana —a través de actividades industriales, agrícolas y urbanas— provoca alteraciones irreversibles en los procesos biofísicos del planeta. Una de esas alteraciones es la pérdida de biodiversidad, otra es el calentamiento global y los desequilibrios en los ciclos de elementos como carbono, agua, fósforo, etc.

La propuesta de establecer el Antropoceno como nueva etapa geológica la popularizó el químico Paul Crutzen a principios de los 2000. La geología oficial dice que seguimos en el Holoceno, una época iniciada hace 11.700 años dentro del Cuaternario. Pero Crutzen se paró en una conferencia científica y dijo “no estamos más en el holoceno estamos en en el Antropoceno”.


HOLOCENO. 
(N. de E.).- Obsérvese que en este gráfico no figuran los datos correspondientes a los últimos 30 años, lapso de tiempo en el que la actividad antropogénica ha incrementado aún más su contribución al cambio climático.

El prefijo Antropho viene del griego y significa humano. Hoy existen grupos de trabajo interdisciplinarios que desarrollan esta perspectiva. Hay debates en torno a si debe o no establecerse formalmente como nueva época geológica, en parte porque las escalas del tiempo geológico son muy largas. También hay distintas hipótesis sobre su punto de inicio: algunos lo ubican tras la Revolución Industrial, otros en el siglo XVI con la colonización y el genocidio en América, y otros en los años 50, con la llamada Gran Aceleración. Incluso hay propuestas alternativas al término: Capitaloceno, Tecnoceno, Chthuluceno, entre otras.

Pero más allá de estas diferencias, hay un consenso fuerte: la actividad humana bajo el capitalismo genera disrupciones planetarias en los ciclos naturales. En la actualidad, los procesos antropogénicos o humanos son una fuerza de cambio geológico. Y prácticamente no queda rincón del planeta sin su intervención. Esto nos obliga a pensar las características sociohistóricas de esa intervención, y qué tipo de vínculo está en juego entre sociedad y naturaleza.




Volviendo al ejemplo de la zona desmilitarizada, la contradicción es evidente: una reserva natural creada por un conflicto militar. Portales como National Geographic advierten que si mejoran las relaciones diplomáticas entre Corea del Norte y del Sur, ese espacio quedaría “en peligro”, porque podría ser intervenido por la actividad humana. Pero detrás de esta idea está la concepción de que el peligro para la naturaleza es “la humanidad” en general. Y así surgen propuestas conservacionistas que plantean, por ejemplo, dejar la mitad del planeta sin habitar. Como si el problema fuera cuántos somos, y no cómo vivimos y producimos.

No es la especie humana en general la que pone en riesgo la vida planetaria, sino una forma histórica y específica de organización social: el capitalismo. Y el capitalismo no es la única forma posible de sociedad; ha habido muchas otras en la historia, y puede haber otras en el futuro. En ese sentido, el Antropoceno no es una etapa geológica “natural”, sino que es profundamente social. Y lo social lo podemos cambiar.

Porque si esta frontera nacida de la guerra terminó siendo refugio de vida quizás podamos imaginar lo contrario: una humanidad que habite el planeta no como una plaga, sino como parte de un ecosistema común.

No es cuestión de desaparecer, ni de dividir el mundo entre zonas habitables y zonas prohibidas, sino de transformar las bases materiales de las sociedades en las que vivimos. Que no estén organizadas según lo que quieren los ricos o las empresas sino para las personas. Es una necesidad urgente si no queremos vivir en condiciones ambientales cada vez más insoportables.

Una sociedad comunista tendría también el desafío de encontrar una relación equilibrada entre naturaleza y sociedad, pero podría hacerlo porque no partiría de la apropiación ni desde la exclusión, sino desde la interdependencia. No se trata de retroceder a un pasado idealizado, sino de inventar un futuro donde cuidar la vida no sea un lujo, sino el centro mismo de lo que somos.


Fuente: Rebelión

domingo, 23 de marzo de 2025

La hipocresía climática de Occidente expuesta por la política energética de la OTAN

 

      Economista malasio y antiguo secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.


La estrategia geopolítica de la OTAN se ha unido ahora a la “coalición” de fuerzas geoeconómicas de Occidente que aceleran el calentamiento planetario y está nuevamente liderada por el presidente reelecto de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca desde enero.



     El desarrollo económico se asocia con la expansión de la industrialización en los dos últimos siglos. La Revolución Industrial implicó un mayor uso de la energía para aumentar significativamente las capacidades productivas.




La quema de biomasa y combustibles fósiles expandió enormemente la generación de energía mecánica. La era de la industria en los dos últimos siglos ha implicado, por tanto, una mayor combustión de hidrocarburos para aumentar la producción.

El desarrollo desigual también ha transformado la geografía de la población. Los suelos tropicales eran mucho más productivos, lo que permitía una mayor capacidad de carga de población.

Por lo tanto, durante el Antropoceno, en los últimos seis milenios, los asentamientos humanos fueron más densos alrededor de los trópicos.

La mayor disponibilidad de agua permitió un mayor crecimiento botánico, lo que favoreció una mayor fauna menos sujeta a vicisitudes estacionales.

Si no se vieron socavados por la aridificación y la desertificación, los asentamientos humanos y las poblaciones mucho más densas se hicieron más viables en los trópicos y sus alrededores.

Mientras tanto, la industrialización ha sido desigual. Inicialmente se localizó principalmente en el oeste templado hasta después de la descolonización tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Sin embargo, la industrialización posterior a la Segunda Guerra Mundial en el Sur global fue ampliamente denunciada como proteccionista e ineficiente hasta que se comprendieron mejor los milagros de Asia Oriental.

Objetivos de Desarrollo Sostenible

La Cumbre de Estocolmo sobre Medio Ambiente de 1972 ayudó a catalizar la conciencia pública sobre las vulnerabilidades ecológicas y afines. La Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 promovió un enfoque más integral centrado en el desarrollo sostenible.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) fueron redactados en 2001 por un pequeño grupo designado por el entonces secretario general de la ONU. Kofi Annan (1997-2006).

En marcado contraste, la formulación y mayor legitimidad de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) requirieron consultas generalizadas que llevaron mucho tiempo.

Sin duda, muchos ODS contienen contradicciones, omisiones e inclusiones innecesarias. Si bien los procesos participativos tienden a ser desordenados y lentos, la cooperación genuina es imposible sin una consulta inclusiva.

Después de décadas, los países en desarrollo han conseguido que se reconozca la necesidad de compensar las pérdidas y los daños, es decir, de proporcionar reparaciones climáticas, pero la mayoría de los países prósperos no han dado nada hasta ahora.

Si bien la mitigación es sin duda crucial para frenar el calentamiento planetario, todos los países en desarrollo necesitan urgentemente recursos para la adaptación. Los situados en los trópicos se han visto más afectados.


Tendencia del cambio térmico desde 1973 hasta 2023 - Temperaturas promedio del aire en la superficie.

El desarrollo sostenible debe sustentar la ecología y el progreso humano. El calentamiento global debe frenarse de manera justa para garantizar que aquellos que viven en condiciones precarias no empeoren su situación.

Calentamiento global

Así, la contrarrevolución neoliberal y neocolonial contra la economía del desarrollo de la década de los años 80, con su insistencia en la liberalización del comercio, privó a gran parte de África, recientemente independiente, y a otros países de la industria y la seguridad alimentaria.

Las peores consecuencias del calentamiento global se dan en los trópicos, donde las poblaciones son generalmente más densas pero más pobres. El colonialismo europeo en las regiones templadas exacerbó esto, bloqueando la posterior inmigración desde los trópicos.

El crecimiento económico, la mayor productividad y el aumento del nivel de vida han estado estrechamente asociados con un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en los dos últimos siglos. La acumulación histórica de GEI exacerba ahora el calentamiento global.

El diario The New York Times ha identificado importantes beneficios del calentamiento global para Estados Unidos y, por extensión, para el Norte global.


Turbinas de carbón cerca de un parque eólico en Estados Unidos.

Por lo tanto, el compromiso del Occidente, que goza de un clima templado, de abordar urgentemente el calentamiento global sigue siendo dudoso.

Afirmó el periódico que el deshielo del casquete polar ártico permitiría en última instancia el transporte marítimo entre océanos, incluso durante el invierno, sin utilizar el Canal de Panamá, reduciendo así los costes del transporte marítimo.

El calentamiento global también prolongaría los veranos de las zonas templadas, aumentando el crecimiento de plantas y animales.

Tristes trópicos

El economista Mark Carney, desde este mes primer ministro de Canadá, advirtió cuando entre 2021 y 2024 fue enviado especial de la ONU para la Acción Climática y las Finanzas, que las temperaturas medias del planeta superarán el umbral de 1,5 °C (grados Celsius) sobre los niveles preindustriales en menos de una década.

Carney había sido gobernador del Banco Central de Inglaterra entre 2013 y 2020 y previamente gobernador del Banco de Canadá.

El umbral de 1,5 °C fue exigido principalmente por los países tropicales en desarrollo, pero se opuso el Norte global, especialmente los países europeos de clima templado, que lo querían más alto, a 2 °C. El calentamiento planetario exacerba la pobreza, ya que la mayoría de los pobres del mundo viven en los trópicos.

Por lo tanto, la adaptación al calentamiento planetario es muy urgente para los países en desarrollo. Pero la mayor parte de la financiación climática en condiciones favorables se destina a la mitigación, ignorando las urgentes necesidades de adaptación.

Mientras tanto, los fenómenos meteorológicos extremos se han vuelto más comunes.

Al menos 10 provincias de Vietnam tienen ahora agua de mar filtrándose en los arrozales, lo que reduce la producción. Dado que el arroz es el principal alimento básico en Asia, el aumento de los precios reducirá su asequibilidad, lo que socavará la seguridad alimentaria de la región.

La guerra empeora el calentamiento global

La respuesta de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) a la invasión de Ucrania ha bloqueado las exportaciones rusas de petróleo y gas, reforzando el monopolio estadounidense de las importaciones europeas de combustibles fósiles.

Con el aumento de los precios del petróleo y el gas, Europa ha concedido diversas subvenciones a los precios de la energía para garantizar el apoyo público a la guerra de la OTAN contra Rusia. El anfitrión, el Reino Unido, consiguió el compromiso de abandonar el carbón en la 26 Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático, celebrada en Glasgow a finales de 2021.

Cuando fue primera ministra del país, Margareth Thatcher (1979-1990) había aplastado al combativo sindicato británico de mineros del carbón en la década de los 89, así que el abandono fue más fácil para los conservadores británicos.

Pero el compromiso pronto se abandonó, y la minería del carbón en Europa revivió para bloquear las importaciones baratas de petróleo y gas rusos.

Así, la estrategia energética de la OTAN ha puesto de manifiesto la hipocresía climática europea, con Occidente abandonando su compromiso con el carbón en busca de ventajas geopolíticas y geoeconómicas.




Estas consideraciones también han socavado la capacidad de los mercados de carbono para mitigar el calentamiento global.

El año pasado, el Parlamento Europeo votó a favor de conceder a Ucrania el 0,25 % de sus ingresos nacionales, mientras que la ayuda oficial al desarrollo de los miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) para todo el Sur global ha caído al 0,3 %. ¡Arden los trópicos, arden!


Fuente: Rebelión

lunes, 23 de diciembre de 2024

Un genocidio entre dos crisis

 

     Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis.


Consideraciones sobre el futuro y el pasado del actual mundo peligroso


     Cuando personajes prudentes como el secretario general de la ONU o el exdiplomático español Miguel Ángel Moratinos dicen que “la humanidad ha abierto las puertas del infierno” al ignorar el calentamiento global e incumplir los objetivos impuestos, y que nos encontramos “al borde de la Tercera Guerra Mundial”, expresan el mero sentido común de cualquier persona despierta.

Efectivamente, en comparación con situaciones del pasado, el mundo de hoy es peligroso por la combinación y correlación de dos crisis, la una dentro de la otra: la crisis del declive occidental y la crisis del Antropoceno, o mejor dicho del capitalismo antropocénico. Es decir, todo lo vinculado al cambio global y que científicos como Antonio Turiel han expuesto aquí con gran claridad.

¿Cómo se lee lo de Gaza a la luz de la combinación de estas dos crisis?


Destrucción causada por los bombardeos israelíes sobre Gaza a principios de 2023.  Mohammed Hajjar.


Espejo de futuro y retrovisor del pasado


¿Qué mensaje lanza la complicidad occidental con la evidente y criminal negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI que se observa allá? Sin duda un mensaje y un aviso sobre cómo la parte privilegiada de este mundo pretende “solucionar” el callejón sin salida al que nos ha conducido el sistema capitalista. Es decir: la “solución” de mantener islas de libertad y derecho estrictamente protegidas por ejércitos y armadas para, digamos, el 20% de la población mundial, y excluir, recluir, y si es necesario exterminar, al resto en zonas, humana y ambientalmente, desastradas. El sociólogo Immanuel Wallerstein decía que esto podía no ser muy diferente del orden pregonado por Hitler y los nazis.

En nuestro futuro inmediato, grandes cantidades de personas van a ser desplazadas por el cambio climático. Así que hay que preguntarse ¿qué pasará con el impulso, la complicidad y el consenso genocida de los gobiernos euroamericanos y sus medios de comunicación que se está viendo en el caso de Gaza, en la perspectiva de una crisis que destruye grandes zonas habitadas del planeta?




En la cumbre COP 28 de Dubai el presidente colombiano, Gustavo Petro, dijo: “El desencadenamiento del genocidio y la barbarie sobre el pueblo palestino es lo que le espera al éxodo de los pueblos del Sur desatado por la crisis (…) lo que el poder militar bárbaro del norte ha desencadenado sobre el pueblo palestino es la antesala de lo que desencadenará sobre todos los pueblos del sur cuando por la crisis climática quedemos sin agua; la antesala de lo que desencadenará sobre el éxodo de las gentes que por centenares de millones irán del sur al norte”.

El racismo colonial es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel

A juzgar por lo que estamos viendo en Gaza, es muy poco probable que la violencia, mucho más prolongada y lenta, que experimenta (y experimentará en una medida mucho mayor en el inmediato futuro) la mayoría mundial como consecuencia del colapso ecológico y el cambio climático suscite algún tipo de simpatía por parte del establishment occidental. Esto no es solo una predicción. Es también un ejercicio de memoria histórica.

Esta brutalidad tiene precedentes en las sociedades europeas más sofisticadas y cultas. Caracterizó la colonización euroamericana del “Nuevo Mundo” en la que los colonos europeos mataron a más de 55 millones de indígenas en América del Norte, Central y del Sur a lo largo de cien años, hasta el “periodo civilizador” de los siglos XIX y XX, durante el cual Occidente llevó a cabo las más brutales y salvajes campañas de violencia y exterminio en todo el mundo bajo la bandera de la modernidad y el desarrollo, particularmente en África y Asia, pero también incluso dentro de las propias fronteras europeas. Hacer en Europa algo que en los territorios coloniales no era nada excepcional fue lo que convirtió a los nazis en criminales, como observó el fundador de la India moderna Jawāharlāl Nehru en un libro escrito en 1942 en una prisión colonial británica.


Evolución de la desposesión de los pueblos nativos en Palestina y en el territorio de los Estados Unidos.

El racismo colonial de Occidente es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel, el “valor europeo”, si se quiere, que explica la complicidad y la evidente negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI.

La comprensión ante el “derecho a defenderse” de Israel en países como Alemania, Francia o Inglaterra es resultado directo de la común historia colonial. Al fin y al cabo ¿qué está haciendo Israel en Palestina que no hiciera Francia en Argelia e Indochina cuando los de mi generación éramos niños? ¿O Inglaterra en la India de lo que Mike Davis llama el “holocausto tardovictoriano”? ¿O Alemania con el genocidio herero y namaqua en la actual Namibia a principios de siglo, cuando nuestros abuelos eran niños?

Gaza”, dice Petro, “es el espejo de nuestro futuro inmediato”. Y me permito añadir: también el retrovisor de nuestro pasado.

El día 10 intervino en la Universidad de Girona Raji Sourani, fundador del Centro Palestino para los Derechos Humanos, y dijo que la lucha contra el genocidio de Gaza es la lucha por el futuro de la humanidad. No se si Sourani pensaba en el escenario de una Gaza planetaria, pero su afirmación es indiscutible.


Declive y solución militar


Entremos ahora en el segundo aspecto, la mencionada “crisis del declive occidental”. ¿Qué contiene ese concepto?

Esa crisis consiste en el intento del Norte Global (categoría que incluye a Rusia) de solventar su pérdida de peso en el mundo por medios militares. Todos sabemos, por ejemplo, que la economía de Estados Unidos, que en 1945 representaba casi la mitad de la economía mundial, hoy solo representa el 15% del PIB mundial. Y que toda una serie de países que entonces no contaban nada, hoy son potencias emergentes que van a más.




En ese contexto veamos la reacción de quienes van a menos.

Rusia. Es obvio que pese a su recuperación de los últimos años, la tendencia le afecta de pleno, porque todo el mundo entiende que por muy bien que le vayan las cosas nunca volverá a tener la potencia que alcanzó con la URSS, cuando entre los ríos Elba y Mekong había regímenes inspirados en el soviético. En 1991, poco antes de morir, el extraordinario etnógrafo soviético Lev Gumiliov, hijo de dos de los mayores poetas rusos del siglo XX, Nikolái Gumiliov y Anna Ajmátova, expuso la cuestión con gran claridad al anunciar el inicio de “la gradual decadencia de la etnos rusa, y, transcurrido cierto tiempo, su salida de la escena de la historia, pero, afortunadamente, tenemos algunos siglos por delante para construir y moldear”. Gumiliov sugería con ello que, en cualquier caso, el futuro de Rusia sería la administración de su ocaso. En la Rusia de hoy creo que eso es algo comúnmente aceptado y precisamente por eso, se busca administrar el declive reformulando su posición en el mundo.

La élite rusa ya no quiere integrarse en Europa, sino vincularse a la pujante China y al Sur Global emergente

La élite rusa ya no quiere integrarse en Europa, donde solo le ofrecían un papel subalterno incompatible con su identidad de gran potencia, sino vincularse a la pujante China y al Sur Global emergente. Cree que mediante una alianza con Pekín y potenciando el movimiento de los Brics y las relaciones con el Sur global que estuvo en buena sintonía con la URSS, logrará mantener mucho mejor su soberanía a medio y largo plazo en un mundo multipolar con varios centros de poder.

La guerra de Ucrania rompe una tendencia de 300 años en la historia de Rusia, la del enfoque hacia Europa de Pedro el Grande, en el siglo XVIII, y al mismo tiempo otorga a la crisis de su régimen bonapartista una prórroga para transformarse, mediante un nuevo contrato social con su población que está siendo formulado bajo la certeza de un endurecimiento del autoritarismo y la promesa de una mayor nivelación social.

La Unión Europea. Fue una fórmula en la misma lógica de preservación: una serie de antiguas potencias coloniales venidas a menos que se unen para poder seguir siendo dominantes. Pero, de momento, el experimento solo ha logrado situarlas en el papel de “ayudante del sheriff”.




La guerra de Ucrania fortalece su dependencia, política, militar y económica de Estados Unidos, pero las incertidumbres del segundo mandato de Trump siembran el desconcierto entre los vasallos. En el orden interno sus Estados miembros pierden igualdad social, soberanía y sustancia representativa por haber delegado competencias a instituciones oligárquicas no electas que gobiernan el conjunto: el Banco Central Europeo, en política económica y monetaria, la OTAN, en política exterior y de defensa, y la Comisión Europea en casi todo lo demás relativo a la gobernanza. Lo menciono para comprender de paso que la distancia de todo esto con los regímenes autoritarios, autocráticos, de partido único, o como se quiera definir, es mucho menor de lo que nos explican.

Estados Unidos. Aunque algunos de sus mandatarios digan que quieren “hacer América grande de nuevo”, MAGA –lo que sugiere cierto reconocimiento de decadencia–, básicamente no aceptan el propio enunciado del problema –el declive– y quieren mantener mediante la guerra la ilusión de dominio unipolar en solitario soñada tras el fin de la Guerra Fría. Ven a China como el enemigo principal y el pulso con Rusia y la sumisión de la Unión Europea como parte de ese combate con China. En el orden interno hay división en el establishment de Washington sobre la táctica a seguir, pero no en el objetivo estratégico de preservarse como número uno, y continuar sirviendo a los intereses de los más ricos.

Como denominador común a los tres, diremos que el impulso guerrero une todos estos propósitos en los tres escenarios: Europa, Oriente Medio y Asia Oriental.

Si en el caso de Rusia y Estados Unidos, se entiende la lógica de sus respectivos objetivos y ambiciones, en el caso europeo todo parece mucho menos racional. Y eso pese a que es en Europa, de donde partieron dos guerras mundiales, donde el escenario bélico está ahora más candente.

En los tres escenarios están implicadas potencias nucleares. En Europa: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia. En Oriente Medio, Estados Unidos e Israel. En Asia Oriental, Estados Unidos, China, Corea del Norte y Rusia. Eso define un peligro aún mayor que el de aquella época en la que las superpotencias capaces de destruir el mundo solo eran dos.

Como recuerda el reloj del juicio final, del Bulletin de los físicos nucleares de la Universidad de Chicago, asistimos a las tensiones nucleares más peligrosas desde la crisis de los misiles de Cuba, en 1962. Después de aquella crisis se estableció un cuerpo de normas y acuerdos –firmados o implícitos– sobre conductas y zonas de influencia entre las dos superpotencias nucleares que contribuyeron a evitar el desastre de una guerra nuclear. Hoy todo ese entramado argumental y diplomático, tratados de control de armamentos y desarme, o se ha desmontado en las últimas décadas (siempre a iniciativa de Estados Unidos), o es ignorado con gran ligereza por responsables políticos que ya carecen de experiencia biográfica generacional de guerra. Estamos asistiendo a la ruptura del canon de la Guerra Fría en materia de relaciones entre superpotencias nucleares, sin que nada lo haya sustituido.




Estamos asistiendo a la ruptura del canon de la Guerra Fría en materia de relaciones entre superpotencias nucleares

Principios importantes de aquel canon eran no colocar junto a las fronteras del adversario nuclear recursos militares capaces de anular su disuasión y no avanzar alianzas militares hostiles. Ambos se han violado en Europa.

A partir de 1992, los neocon estadounidenses proclamaron que habían ganado la Guerra Fría, pensaron que podían afirmar un poder hegemónico exclusivo y sin cortapisas en el mundo y se lanzaron a reordenarlo. Muchos estrategas de Estados Unidos dijeron que era un error y los hechos demostraron que tenían razón: el resultado fue un gran desorden en Oriente Medio que ahora se extiende como guerra en Europa y gran aumento de las tensiones con China en Asia Oriental. Hablo de “desorden” pero las cifras sugieren que se debe emplear un término más próximo a lo criminal: desde el 11 de septiembre de 2001 neoyorkino, la guerra continua desatada por Estados Unidos y sus aliados –en Afganistán, Irak, Libia Yemen, Siria, etc.– ha gastado 8 billones de dólares (dos veces el PIB de Alemania) para ocasionar entre 4,5 y 4,7 millones de muertes (directas e indirectas) y 38 millones de desplazados. En Ucrania tenemos centenares de miles de muertos, en su inmensa mayoría soldados, y en ambos bandos, dos ejércitos de mutilados, viudas y huérfanos. Obviamente en el caso de Ucrania, como en el de Siria, no toda, pero sí la principal responsabilidad es de Estados Unidos. Podemos escribir un libro sobre las responsabilidades rusas y ucranianas en el conflicto y discutir el reparto, pero lo que es indiscutible es que la iniciativa, el vector principal, es americano, euroamericano si se considera el seguidismo de la Unión Europea.

Ahora, entre el nerviosismo europeo por la victoria de Trump y ante la posible perspectiva del envío de tropas de la OTAN a Ucrania, asistimos a la reformulación de la política nuclear rusa. Se constata que la condición de Rusia como superpotencia nuclear ya no da miedo, ese miedo que evitó la guerra nuclear en el pasado, y que, por tanto, para Rusia es imperativo recuperarlo para evitar una catástrofe mayor. En ese contexto se sitúa el uso demostrativo de nuevas armas hipersónicas que no pueden ser interceptadas como el misil “Oreshnik”. Hay que tener en cuenta, además, que la historia del pulso nuclear entre las superpotencias de la Guerra Fría estuvo llena de situaciones que escapaban a la voluntad de sus líderes y que se resolvieron por el azar o el sentido común de personajes insignificantes. Por todo ello es imperativo preguntarse hoy por este tipo de peligros.


Guerra, tiempo y estupidez


Con todo este peligro nuclear, al igual que con muchos otros problemas globales, como la desigualdad social y regional, o la superpoblación, se puede convivir. Convivir peligrosamente, podríamos decir. Pero se puede. De hecho, medio siglo de Guerra Fría bajo la amenaza de la Destrucción Mutua Asegurada (Mad), así lo demuestra. Pero a diferencia de la amenaza que supone el arma nuclear, la crisis del calentamiento global es algo que conforme no haces nada para atajarla, aumenta. No se puede convivir con ella sin entrar en desastres como la hipótesis genocida del presidente Gustavo Petro.

Así que, ahora, cuando los tiempos exigen una estrecha y urgente concertación internacional, en primer lugar entre Estados Unidos y China para atajar la crisis climática, la guerra, el guion de los imperios combatientes, ya no es el desastre criminal que siempre fue, sino que además es una estupidez. Mientras se hace la guerra se pierde un tiempo del que no disponemos como especie. Por eso siempre digo que si un extraterrestre observara nuestra situación, concluiría que los dueños de este mundo peligroso han perdido la razón.

Fuente: Rafael Poch de Feliu

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