Organizador
sindical, miembro del Sindicato Nacional de Escritores y repartidor a
tiempo parcial de Amazon.
Empleadores
de todo el mundo buscan imitar el modelo de explotación,
inestabilidad y uso disciplinario de IA de la megacorporación de
Bezos. El reto de los sindicatos es organizar a la clase trabajadora
contra esta distopía
Los trabajadores del centro de carga aérea de Amazon en el norte de Kentucky se declararon en huelga en julio de 2024.
Entre
el 7 y el 10 de junio, la convención cuatrienal de la AFL-CIO se ha
reunido en Minneapolis con el objetivo
declarado de
organizarse “con unidad y claridad de propósito para empoderar a
los trabajadores”.
Esa
claridad de propósito debería incluir un compromiso real para
afrontar el mayor y más importante reto de organización al que se
enfrentan los sindicatos en esta era: Amazon.
Trabajadores de carga aérea de Amazon en Kentucky y simpatizantes de la comunidad protestan por sus derechos laborales, 2023
Hasta
ahora, a pesar de algunos inspiradores focos de lucha aislados, el
movimiento sindical estadounidense no ha conseguido llevar a Amazon a
la mesa de negociación.
A
nivel nacional, y
continuando con un declive histórico, la
afiliación sindical el año pasado fue de un mísero 10 % en
EEUU, y eso sin contar siquiera los afiliados perdidos cuando Trump
rompió los convenios colectivos que cubrían a casi un millón de
trabajadores federales.
Afiliación sindical en Estados Unidos.
Esto ha dejado a decenas de millones de
trabajadores por organizar, pero los más importantes son los 1,5
millones de trabajadores y contratistas de Amazon.
Hace
noventa años General Motors era el pionero del capitalismo, imitado
por otros industriales que buscaban perfeccionar la eficiencia
productiva, la explotación de los trabajadores y la extracción de
beneficios. Los trabajadores de GM, organizados bajo la bandera del
CIO y respaldados por sindicatos que no esperaban ganar nuevos
afiliados con el proyecto –como el Sindicato de Mineros Unidos–,
se opusieron a esa explotación, se declararon en huelga y
consiguieron nuevas condiciones. Anunciaron un periodo de
organización masiva, el apogeo moderno del poder sindical.
Amazon
es el General Motors de hoy. Lo que le suceda a los trabajadores de
Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de
todo el mundo.
Amazon
es un banco de pruebas para el futuro del trabajo de todos nosotros.
Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de
este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad
laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para
disciplinar y restar poder a los trabajadores.
Amazon
está perfeccionando la subcontratación, la mano de obra “justo a
tiempo” y el aumento del ritmo de trabajo. Sus más de 250.000
repartidores en EEUU están todos subcontratados, ya sea a través de
una multitud de pequeñas empresas llamadas socios de servicios de
reparto (DSP) o contratados como autónomos. De esa forma, Amazon
puede eludir la responsabilidad cuando los repartidores sufren
lesiones, piden un aumento de sueldo o intentan sindicarse. Los
almacenes funcionan con un modelo de mano de obra reducida. Los
horarios normales a tiempo completo en los almacenes son cuatro
turnos consecutivos de diez horas, pero Amazon suele recortar las
horas de los trabajadores cada vez que la producción se ralentiza,
incluso en medio de un turno, lo que causa estragos en unos
presupuestos familiares ya de por sí ajustados. Luego, entre Acción
de Gracias y Navidad Amazon impone horas extra obligatorias –una
hora extra al día, más un día laborable adicional obligatorio cada
semana–, lo que eleva la semana laboral a unas brutales 55 horas y
hace caso omiso de los efectos en la vida personal y familiar de los
trabajadores.
A
través de su agresiva introducción de robots –ahora
más de un millón–,
Amazon está sustituyendo a los trabajadores y obligando a los que
quedan a trabajar más rápido. No es de extrañar que los empleados
sufran accidentes laborales con tanta frecuencia, y que la grave tasa
de lesiones de la empresa sea casi el doble que
la de sus homólogos del sector de los almacenes.
Amazon ha introducido ahora más de un millón de robots.
Luego
está la IA. Sé algo de esto de primera mano, ya que he trabajado
durante el último año y medio como repartidor a tiempo parcial de
Amazon. La empresa de reparto para la que trabajo es un empleador
justo, pero el problema no es ella; es Amazon, porque, aunque
técnicamente los repartidores no somos empleados de la empresa,
todos estamos sujetos a su seguimiento y supervisión.
Cuando
estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado
con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué
paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha
determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno
muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos
por el estándar algorítmico de Amazon. Cada semana se nos evalúa
para determinar si tomamos fotos precisas en el momento de la
entrega, si entregamos los paquetes exactamente donde el cliente lo
solicitó y si recibimos comentarios positivos o negativos de los
clientes. A través de este sistema, los conductores que no “alcanzan
el ritmo” o que no cumplen con los estándares prescritos por
Amazon pierden su empleo.
¿Qué
permite este nivel de supervisión? El Gran Hermano: el
“NetradyneDriver” ,
tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara
apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y
distancia. Netradyne también controla si te detienes completamente
en cada señal de stop, si utilizas el intermitente, si evitas
desviarte del carril, si frenas, aceleras o tomas las curvas
demasiado rápido. Observa la orientación y el movimiento de tus
ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante
demasiado tiempo. Todos estos datos se introducen en un sistema de IA
donde la tecnología, y no una persona, evalúa tu comportamiento
cada segundo. Netradyne
se jacta de
esto y lo denomina “IA física implementada a gran escala”.
En
los grupos de chat de Reddit, los repartidores de Amazon de todo el
país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA. En
el caso de los trabajadores de almacén, Amazon ha aprovechado la
misma tecnología de vigilancia para asegurarse de que las tasas de
recogida, embalaje y clasificación de los trabajadores cumplan con
sus estándares determinados algorítmicamente, que sus escaneos sean
perfectos y que minimicen el “tiempo fuera de la tarea” –como
ir al baño–. Todo se mide y se supervisa. Y si no “alcanzas la
tasa”, primero te aconsejan, luego te sancionan y, finalmente, te
despiden.
En
muchos almacenes, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la
policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia
casi carcelaria –lo que equivale a una “militarización” de las
funciones de recursos humanos”, según
un informe académico reciente.
“Parece que estamos entrando en una prisión y que intentan
asegurarse de que no nos escapemos”, cita el informe a un
trabajador.
Esta
distopía laboral se está perfeccionando en Amazon y luego se
exporta a otros empleadores: en fábricas, tiendas de alimentación,
hospitales, restaurantes, hoteles, obras de construcción,
laboratorios y oficinas. Este es el sombrío futuro que estamos
legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores
de Amazon a gran escala y luchemos.
Amazon
no es solo un problema para quienes trabajamos en el sector
logístico. De ser una humilde tienda de libros en línea, se ha
transformado en una referencia que puede revolucionar otros sectores.
Su avaricia no hace más que crecer. Amazon gestiona hoy 532 tiendas
de alimentación Whole Foods y está ampliando rápidamente su red de
reparto de comestibles. Este es el siguiente gran sector que pretende
revolucionar.
A
través de Amazon Web Services, la empresa es ahora un proveedor
global dominante de potencia informática, almacenamiento, redes,
análisis y seguridad. Amazon fabrica sus propios chips de IA
Trainium, compitiendo directamente con Nvidia. Amazon produce y
distribuye películas y series de televisión a través de sus Amazon
MGM Studios. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, es propietario
del Washington
Post.
Amazon One Medical es un servicio de atención primaria que ofrece
asistencia en línea y en clínicas, y está entrando con fuerza en
el mercado de los medicamentos con receta a través de Amazon
Pharmacy. A través de su filial Ring, Amazon domina hoy en día el
mercado de la seguridad doméstica y ofrece otros productos
electrónicos de consumo líderes, como Alexa y Kindle.
¿Se
puede derrotar a una empresa tan grande y expansiva, un gigante
con casi
tres billones de dólares de valoración bursátil?
Sí, se puede. Pero, como destaca un informe publicado el 4 de junio,
se necesitará un esfuerzo titánico y sin reservas por parte de todo
el movimiento sindical estadounidense para hacer que retroceda –no
solo los valientes pero fragmentados esfuerzos que hemos visto hasta
ahora–.
El
informe, Renewing
Labor and Winning at Amazon,
del que soy coautor junto con Michael McQuarrie y Benjamin Y. Fong, y
que fue publicado por el Center for Work and Democracy de la
Universidad Estatal de Arizona, documenta cómo, a diferencia de la
década de 1930, cuando los organizadores del CIO pudieron frenar la
producción mediante huelgas en unos pocos centros de producción
clave, el proyecto de organización de Amazon debe apuntar más allá.
Con una red de cientos de almacenes, centros de clasificación e
instalaciones de carga aérea, “la empresa tiene la agilidad
necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones,
manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las
huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes,
señala el informe, concluyendo que “los estrategas sindicales de
hoy en día deben reconocer que, para tener éxito, la organización
debe interrumpir el flujo de la cadena de suministro de Amazon”.
Eso
significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de
la cadena de suministro de la empresa. El informe destaca dos
regiones estratégicas en particular. La primera se centra en el área
de Los Ángeles y el Inland Empire, justo al este de los puertos de
Los Ángeles y Long Beach, por donde pasa la mayor parte de la
mercancía importada de Amazon antes de distribuirse a los almacenes
de todo el país. La segunda comprende la región del noreste, donde
se concentra una gran cantidad de clientes de Amazon. El sindicato
Teamsters ya está organizándose en ambas regiones, donde los
trabajadores se han enfrentado tenazmente a la empresa. Pero la
escala de la organización hasta la fecha no está a la altura del
desafío. En el enorme almacén JFK8 en Staten Island, el Amazon
Labor Union, ahora parte de los Teamsters, ganó una histórica
votación de representación sindical en 2022. Cuatro años después,
a pesar de la persistente organización de los trabajadores, Amazon
aún no ha accedido a reconocer al sindicato ni a negociar.
Cientos
de organizadores internos –activistas políticos que han aceptado
puestos de trabajo en Amazon para “infiltrarse” u organizar desde
dentro– han desarrollado una gran sofisticación en la organización
en Amazon en los últimos años, y deben desempeñar un papel
importante en cualquier campaña nacional. Lo mismo ocurre con los
miembros sindicales existentes en los sectores de la logística, la
alimentación, la sanidad y otros. “Los miembros de Teamsters de
UPS y DHL han sido organizadores especialmente eficaces, ya que
comparten con los trabajadores de Amazon un lenguaje común y
preocupaciones comunes sobre el proceso de trabajo de la cadena de
suministro, el aumento del ritmo de trabajo, la tecnología y los
problemas que plantea la dirección”, señala el informe Renewing
Labor and Winning at Amazon.
“Ellos, junto con los miembros sindicales de otros sectores, pueden
señalar fácilmente los logros que han conseguido mediante la
negociación colectiva y la huelga, que diferencian drásticamente
sus condiciones de trabajo de las de los trabajadores de Amazon”.
Si
bien la organización debe centrarse en los almacenes y orientarse
hacia la construcción de acciones de huelga masivas, el movimiento
sindical debe concebir –y financiar– una campaña global que
atraiga al público, a otras empresas, a los gobiernos y a los
reguladores. Esto se debe a que el impacto de Amazon va mucho más
allá del lugar de trabajo, y se necesitará presión tanto dentro de
la cadena de suministro como en toda la sociedad para obligar a la
empresa a negociar con los sindicatos.
Decenas
de miles de camiones de Amazon contaminan el aire, perjudican la
salud pública y deterioran las vías públicas, y las exenciones
fiscales que Amazon exige habitualmente privan a los gobiernos
locales de los recursos necesarios para prestar servicios públicos.
“Las
comunidades en zonas con alta concentración de almacenes, como el
Inland Empire de California, son lugares idóneos para unir a los
trabajadores y a los miembros de la comunidad en campañas comunes
contra la explotación en los almacenes y contra las cargas
externalizadas que Amazon impone a la comunidad en general”, señala
el informe.
Dado
que la Junta Nacional de Relaciones Laborales no es una vía eficaz
para obligar a Amazon a negociar, los sindicatos deben impulsar
iniciativas electorales a nivel estatal y local para promover las
demandas clave de los trabajadores y la comunidad. Este no es un
concepto nuevo. Hace quince años, la campaña “Fight for $15”
(Lucha por los 15 dólares) se valió del poder de las iniciativas
electorales para conseguir aumentos salariales para millones de
trabajadores. Algunos llegaron a crear sindicatos en sus lugares de
trabajo. Hoy en día, el lema podría ser “Fight for $30” (Lucha
por los 30 dólares), una cifra que los trabajadores de Amazon citan
con frecuencia como el mínimo indispensable para sobrevivir.
Las
iniciativas también podrían establecer normas de seguridad para los
trabajadores, prohibir la subcontratación de los repartidores de
Amazon y restringir la ubicación de los centros de datos.
Otra
idea de iniciativa consiste en gravar a los robots. Esto repondría
los ingresos que los gobiernos pierden cuando Amazon sustituye a los
humanos –que pagan impuestos sobre la nómina y que también
contribuyen a los ingresos por impuestos sobre las ventas cuando
gastan dinero en la comunidad– por robots, que no hacen ninguna de
esas cosas. Las iniciativas también podrían exigir a Amazon que
contribuya a un fondo de vivienda asequible controlado públicamente
para compensar la destrucción de viviendas que provoca la expansión
de los almacenes. O podrían exigir a Amazon que financie clínicas
de salud y la limpieza del aire, para compensar la contaminación
causada por el movimiento diario de sus camiones y vagones.
Estas
y otras ideas de iniciativas alteran el modelo de negocio de
explotación de Amazon y pueden ser mecanismos poderosos para unir a
los trabajadores y a los miembros de la comunidad en una causa común
y en la demanda definitiva de reconocimiento sindical y convenios
colectivos. En algunos casos, las iniciativas que desafían el modelo
de negocio de Amazon pueden llevarse a cabo como campañas
legislativas. En la ciudad de Nueva York, una coalición de
sindicalistas y activistas comunitarios está presionando al
Ayuntamiento para que apruebe
la Ley de Protección de la Distribución,
que obligaría a Amazon a contratar a los repartidores directamente y
a mejorar las normas de seguridad. Es un buen comienzo. Ahora imagina
si se lanzaran campañas a favor de la Ley de Protección de la
Distribución simultáneamente en 20 ciudades.
Los
sindicatos también deberían aprovechar la frustración que los
proveedores y vendedores externos sienten por la presencia de Amazon.
Las personas y las pequeñas empresas que intentan vender sus
productos en la plataforma de Amazon ven
cómo el gigante les reduce los márgenes.
Algunas empresas le han acusado de
robarles sus ideas y luego lanzar productos competidores. Los
proveedores como los DSP [un programa que “permite a emprendedores
crear su propia empresa de reparto” dentro de Amazon] viven
continuamente en vilo, ya que sus contratos con Amazon pueden ser
rescindidos casi sin previo aviso. Una campaña creativa puede
encontrar una causa común con estas fuerzas dispares lanzando luchas
locales y estatales para frenar el poder de la compañía frente a
los vendedores individuales y las pequeñas empresas.
Amazon invirtió en empresas emergentes y obtuvo información confidencial antes de lanzar a sus competidores.
Amazon
“tiene un dinamismo corporativo y una flexibilidad infraestructural
sin parangón en ninguna otra empresa contemporánea”, señala el
informe. “Pero su enorme tamaño y riqueza no la hacen invencible.
De hecho, la velocidad y la complejidad de la cadena de suministro de
Amazon la convierten en un objetivo de organización vulnerable,
además de desafiante. Una campaña multidimensional y bien dotada de
recursos puede garantizar el reconocimiento sindical y la firma de
convenios en Amazon”.
¿En
qué consiste una campaña “bien dotada de recursos”?
Actualmente, los sindicatos gastan en total unos diez millones de
dólares al año en la organización referente a Amazon, y la mayor
parte de esa cantidad procede de los Teamsters. Eso simplemente no es
suficiente para vencer a una empresa con 1.500 centros de trabajo en
EEUU y más
de 120.000 millones de dólares en efectivo disponible.
Para sindicalizar a 80.000 trabajadores en Los Ángeles, o a 100.000
en la costa este, o a 50.000 en Florida, o a las decenas de miles en
otras regiones creo que necesitaremos al menos 100 millones de
dólares anuales durante al menos una década para financiar a miles
de organizadores, tanto dentro como fuera de las instalaciones de
Amazon, junto con una sólida infraestructura de campaña para
construir un nuevo movimiento de organización industrial al estilo
del CIO.
Puede
parecer mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que los
activos del movimiento sindical estadounidense rondan hoy los 35.000
millones de dólares,
lo que supone un aumento del 225 % en los últimos 15 años, y que
los líderes sindicales estadounidenses gastaron más de 400 millones
de dólares en la fallida candidatura de Biden-Harris.
En
conjunto, dentro del movimiento sindical, los recursos están ahí
para montar una campaña seria contra Amazon. Emprender o no la lucha
es una elección política.
Esta
no puede ser una batalla que asuman solo unos pocos sindicatos. Debe
ser un esfuerzo conjunto. Hace unos 90 años, los líderes del
Sindicato de Mineros Unidos y otros sindicatos hicieron un pacto para
organizar a los trabajadores de las industrias del automóvil, el
acero, la electricidad y el caucho, porque sabían que sin una
organización masiva, toda la clase trabajadora estaba en peligro.
Este fin de semana, mientras los líderes de la AFL-CIO se reúnen en
Minneapolis, los sindicatos se encuentran en la misma encrucijada
peligrosa. Esperemos que tomen la decisión correcta, como hicieron
sus predecesores hace 90 años.
Fuente: Ctxt