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viernes, 5 de junio de 2026

Ojo al espacio Báltico, la mecha del polvorín se acorta

 

 Por Alexander Neu   
     Político y politólogo alemán.


     Entre los expertos en seguridad, la región del Báltico se considera actualmente la zona de conflicto con mayor potencial de explosión entre la OTAN y la Federación Rusa. En esta zona se concentran numerosos focos de conflicto.


La región del Mar Báltico: un polvorín subestimado.

Ya en octubre de 2025 publiqué en NachDenkSeiten un artículo sobre el foco de peligro que supone la región del Báltico Der Ostseeraum – das verkannte Pulverfass . Desde entonces, la situación en esta zona se ha agravado aún más. Hace unos días visité la región fronteriza entre Polonia y Rusia. Un silencio fantasmal, escaso tráfico transfronterizo y largos tiempos de espera. La famosa frase «la calma antes de la tormenta» me vino inmediatamente a la mente. A continuación se esbozan algunos de estos focos de conflicto.

El término «región del Mar Báltico» no debe entenderse como un espacio limitado exclusivamente al Mar Báltico, sino que debe abarcar también las zonas rurales situadas mucho más allá de la línea costera de los Estados ribereños, ya que solo así es posible abarcar todos los posibles focos de conflicto.

Datos geopolíticos

El mar Báltico se denomina Ostsee en alemán. Se trata de una masa de agua casi cerrada, con una superficie de aproximadamente 413 000 kilómetros cuadrados y una baja salinidad. La longitud de la costa es de unos 8000 kilómetros. Actualmente, con la excepción de la Federación Rusa, todos los países ribereños del Mar Báltico pertenecen a la OTAN: Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Alemania. La propia Rusia solo dispone de dos pequeños accesos al mar, a través del enclave de Kaliningrado y de San Petersburgo. Así, unos 7.340 kilómetros de costa corresponden a los países de la OTAN y unos 660 kilómetros a Rusia.

En consecuencia, la OTAN controla alrededor del 92 % del litoral y Rusia, apenas el 8 %. El único acceso al Atlántico lo constituyen los estrechos de Dinamarca y los que separan Dinamarca de Suecia (el Gran y el Pequeño Belt y el Öresund). Dinamarca y Suecia, y por ende la OTAN, controlan también estos cuellos de botella. De hecho, en el contexto de la ampliación de la OTAN hacia el este, el mar Báltico se ha convertido en un «mar de la OTAN». El grado en que las esferas de influencia han cambiado con la ampliación de la OTAN queda patente si se tiene en cuenta que, durante la confrontación Este-Oeste, la región del mar Báltico fue, en la práctica, una zona marítima del Pacto de Varsovia liderado por la Unión Soviética. Los Estados ribereños del bloque de poder soviético eran: la RDA, Polonia y la Unión Soviética; los tres Estados bálticos —Lituania, Letonia y Estonia— formaban parte de la Unión Soviética. Así, la zona sur y este del mar Báltico estaba bajo control soviético. El norte era neutral, dada la neutralidad oficial de Finlandia y Suecia. Solo en el extremo occidental del mar Báltico, la RFA y Dinamarca limitaban con este.

El acceso estratégico a ambas costas rusas no resulta especialmente ventajoso, dada la situación actual tras el fin de la Guerra Fría y la amplia ampliación de la OTAN hacia el este.

San Petersburgo

Si bien la ubicación geográfica de San Petersburgo supuso en el pasado una ventaja estratégica, la ciudad ha caído en una trampa estratégica, como muy tarde con la ampliación de la OTAN hacia el este, que incluyó a los países bálticos y a Finlandia:

San Petersburgo se encuentra en el extremo oriental del golfo de Finlandia, que se extiende a lo largo de unos 400 kilómetros. El acceso está controlado al norte por Finlandia y al sur por Estonia, es decir, por la OTAN. La distancia entre las dos costas opuestas varía entre 40 y 120 kilómetros. Allí donde las costas opuestas del golfo de Finlandia se convierten en territorio ruso, el golfo se estrecha hasta convertirse en un canal en el que se encuentra San Petersburgo.

De este modo, el golfo de Finlandia, con las costas de la OTAN al otro lado, está sujeto en parte a los derechos de soberanía exclusivos de Finlandia y Estonia. Esto significa que hay que atravesar por mar partes del «territorio de la OTAN». En caso de guerra, es probable que se pudiera impedir por medios militares la salida de la Armada rusa del golfo de Finlandia.

La Flota del Báltico de la Federación Rusa, estacionada en gran parte en Kaliningrado, no podría, en caso de conflicto, salir del mar Báltico con una probabilidad casi segura, dados los estrechos daneses, sin que la OTAN la hundiera. En general, la situación estratégica de Kaliningrado no es más ventajosa.

La OTAN y el «reto» de Kaliningrado

El enclave de Kaliningrado es el puesto avanzado más occidental de la Federación Rusa. Se trata de un espacio de dimensiones manejables (unos 15 000 kilómetros cuadrados), separado del territorio continental ruso por Lituania. Las líneas de suministro por ferrocarril y carretera pueden ser interrumpidas por Lituania y Polonia, y las líneas de suministro por barco o avión a través de San Petersburgo también pueden ser cortadas por la OTAN. Este mero hecho hacía que la región de Kaliningrado dependiera de la buena voluntad de los países de tránsito. Sin embargo, cuando Lituania se adhirió a la OTAN y a la UE, la situación geográfica de Kaliningrado se convirtió en un «reto» para la OTAN.

«En medio» del territorio de la OTAN se encuentra un enclave ruso y, por tanto, hostil: un portaaviones insumergible. Allí también tiene su base la Flota del Báltico de la Federación Rusa. La existencia del enclave ruso supone ahora un problema para la OTAN. Solo para aclarar la cronología y, con ello, el razonamiento al que cuesta acostumbrarse: el enclave ruso de Kaliningrado existe desde 1991. Antes, toda la región era soviética. La ampliación de la OTAN a los países bálticos y, por tanto, a Lituania tuvo lugar en 2004. Y ahora la OTAN, que ha avanzado hacia el este, declara que la existencia del enclave es un problema de seguridad —una interpretación ya de por sí muy peculiar y presuntuosa: allí donde está la OTAN, los demás actores son un problema de seguridad, según esta peculiar lógica. En el contexto de la agravada situación, el comandante en jefe de EE.UU. para Europa y África, el general Christopher T. Donahue, declaró en julio de 2025 que la OTAN estaba en condiciones de destruir Kaliningrado «desde tierra en un plazo sin precedentes y más rápido de lo que jamás habíamos podido». «Ya lo hemos planificado y ya lo hemos desarrollado» (por «desarrollado» se referirá probablemente a la planificación, A. Neu) Dokumentation: US-Kommandeur zur Bedeutung von Landstreitkräften, Interoperabilität – und zu Kaliningrad – Augen geradeaus!


Comandante estadounidense diserta sobre la importancia de las fuerzas terrestres, la interoperabilidad y Kaliningrado.

Ver también: La ampliación de la guerra de Ucrania está servida y bien anunciada – Rafael Poch de Feliu

El ministro de Asuntos Exteriores lituano, Budrys, exigió recientemente en una entrevista con el NZZ, posiblemente inspirado por las declaraciones del comandante en jefe estadounidense Donahue, incluso abiertamente la necesidad de un ataque de la OTAN contra Kaliningrado:

«Tenemos que demostrar a los rusos que podemos penetrar en la pequeña fortaleza que han construido en Kaliningrado. La OTAN dispone de los medios para destruir allí las bases de defensa aérea y los sistemas de misiles rusos, si es necesario». Litauens Aussenminister Kestutis Budrys über Europa, Russland und die Nato.

Relaciones difíciles: los países bálticos y Rusia

Es sorprendente, o mejor dicho, aterrador, con qué facilidad se está provocando una guerra con Rusia. Precisamente los Estados bálticos se están distinguiendo por una actitud llamativamente belicista, como si estuvieran protegidos en todo caso por la OTAN. Los sobrevuelos de drones ucranianos por el territorio báltico en dirección a San Petersburgo y la región de Leningrado elevan las tensiones a un nuevo nivel. Desconozco si se trata «solo» de un uso tolerado o, aunque no aceptado, apenas criticado del espacio aéreo báltico por parte de los drones ucranianos, o si estos incluso despegan desde territorio báltico. Sin embargo, cabe destacar que ya sería un logro técnico asombroso desarrollar drones de largo alcance que despegaran desde Ucrania, sobrevolaran el espacio aéreo polaco y báltico y atacaran luego objetivos de infraestructura energética en el norte de Rusia. Sea como fuere, en Moscú aumenta la presión sobre el presidente Putin para que exija responsabilidades a los países bálticos por lo que, desde el punto de vista de Moscú, es un uso ucraniano de su espacio aéreo.

Desde el punto de vista del derecho internacional, cabe señalar que el estatus de neutralidad de un Estado se ve afectado por su disposición, o incluso por el mero hecho de tolerar, que su territorio —incluido el espacio aéreo— sea utilizado por fuerzas militares extranjeras, facilitando así la proyección de poder de estas o, en primer lugar, haciéndola posible. El «país anfitrión» ya no puede invocar su condición de neutralidad, ya que, de hecho, es parte beligerante, siempre que no impida el uso militar y operativo de su territorio por parte de fuerzas armadas extranjeras o no se esfuerce de manera creíble por impedirlo. Y eso parece que también se ha entendido así en la sede de la OTAN en Bruselas. De hecho, recientemente un avión de la OTAN derribó un dron ucraniano en el espacio aéreo estoniano, ya que la OTAN es plenamente consciente del inmenso riesgo de escalada.

El reconocido politólogo estadounidense y experto en Europa del Este del Quincy Institute for Responsible Statecraft, Anatol Lieven, ha publicado recientemente una llamada de alerta titulada: «Washington debe actuar para desactivar el polvorín báltico».
Washington must act to defuse the Baltic powder keg | Responsible Statecraft.


Washington debe actuar para desactivar el polvorín del Báltico.

Y también el famoso economista estadounidense Jeffrey Sachs escribió hace unos días una carta abierta al canciller federal Friedrich Merz como un llamamiento urgente a actuar para evitar una guerra europea. Esta carta se publicó en el Berliner Zeitung y merece mucho la pena leerla. La responsabilidad de Alemania – Rafael Poch de Feliu Al mismo tiempo, el 29 de mayo, el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso y expresidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvedev, agravó la situación con la siguiente declaración, según la cual Europa se encuentra ahora en guerra con Rusia y las sociedades europeas no deberían sorprenderse de los golpes:«Ciudadanos de los países de la UE: debéis tener claro que vuestros gobiernos han iniciado unilateralmente una guerra con Rusia. Por lo tanto, estad alerta y no dejéis que nada os pille por sorpresa. Se acabó el sueño tranquilo. ¡Pero ya sabéis a quién debéis preguntar por qué!»

Los Estados bálticos, como países de primera línea, asumen con el rumbo actual un riesgo enorme para sí mismos y para toda Europa: son ellos quienes, en caso de guerra, probablemente serían los primeros en ser destruidos. Una mirada sobria —libre de cualquier estrechez ideológica— a un mapa de Europa del Este puede resultar útil para evaluar adecuadamente la propia situación.

A pesar de toda la comprensión por las experiencias históricas negativas de los bálticos con Moscú, hay que señalar tres hechos que los Estados bálticos también deberían tener en cuenta y asimilar para calmar los ánimos:

En primer lugar: como vecinos extremadamente pequeños y débiles, Tallin, Riga y Vilnius deberían esforzarse por lograr, como mínimo, una relación de coexistencia pacífica con Moscú, en lugar de provocar a los rusos a la menor ocasión y arrastrar así a la OTAN y, en particular, a los europeos a una guerra contra Rusia. A esto hay que añadir que, como mínimo, es dudoso que Estados Unidos entrara realmente en una guerra mundial por los países bálticos. Y es más incierto que seguro que los países europeos de la OTAN —con la excepción de Alemania, Polonia y, posiblemente, el Reino Unido y Francia— se atreverían, al menos de forma unánime, a dar ese paso desastroso. Los paralelismos históricos son evidentes: Polonia también había confiado en 1939 en el apoyo de París y Londres, y luego fue abandonada. Aparte de las declaraciones formales de guerra de Francia y Gran Bretaña el 3 de septiembre contra la Alemania fascista, se hizo muy poco en lo que respecta a la guerra material: Polonia se quedó, literalmente, sola en casa.

En segundo lugar: también los tres Estados bálticos tienen una historia de colaboración poco gloriosa con la Alemania hitleriana durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta hoy se rinde homenaje y se honra a los veteranos bálticos del nazismo. Esto debería suscitar preguntas también en Europa Occidental, en lugar de cerrar los ojos ante la nostalgia nazi. ¿Qué visión de la historia se difunde así también en la UE? A esto se suma que la legislación sobre ciudadanía y lenguas en Letonia y Estonia margina a las minorías rusas que viven allí en lugar de integrarlas. Una política de integración hábil dejaría sin fundamento, al menos en el Báltico, el argumento de Moscú de querer proteger a los rusos en el extranjero, en caso de duda, incluso por la fuerza.

En tercer lugar: a pesar de todos los temores —ya sean fundados o simulados— de una nueva invasión rusa, no hay que olvidar que la Unión Soviética retiró sus fuerzas de seguridad en 1990/91 de los países bálticos, hasta entonces bajo dominio soviético, y también, en los años siguientes, de todos los antiguos «países hermanos» de Europa del Este. Esta medida podría haber sido acogida de forma constructiva por parte de los bálticos, es decir, tendiendo la mano a Moscú para la reconciliación; al menos, habría merecido la pena intentarlo.

Corredor de Suwalki

El corredor de Suwalki describe el espacio geográfico entre Bielorrusia y el enclave de Kaliningrado y se extiende a lo largo de unos 100 kilómetros. Los dos Estados miembros de la OTAN, Polonia y Lituania, limitan entre sí en esta zona. El término «corredor de Suwalki» deriva de la ciudad polaca de Suwalki, situada en esa zona. Los expertos en seguridad parten de la base de que, en caso de conflicto, Rusia intentaría cerrar la brecha de Suwalki, es decir, establecer la conexión terrestre entre el enclave de Kaliningrado y la aliada Bielorrusia, con el fin de asegurar así la conexión logística con Kaliningrado. Si Rusia cerrara ese corredor, ello supondría, lógicamente, la creación de un nuevo «corredor de Suwalki», es decir, la separación geográfica entre Lituania y Polonia. De este modo, quedaría cortada la conexión terrestre entre los Estados bálticos de la OTAN y el resto de los Estados europeos de la OTAN. Para ambas partes, la brecha de Suwalki, en cualquiera de sus dos versiones, es una opción poco aceptable desde el punto de vista estratégico.

En vista de ello, solo una desmilitarización verbal y material de la región, así como una conexión de transporte sin obstáculos por ferrocarril y carretera entre Bielorrusia/Rusia y el enclave de Kaliningrado, pueden crear una cierta estabilidad mínima, tal vez incluso una normalidad de buena vecindad.

La «flota fantasma rusa» en el mar Báltico

La UE o la OTAN, o bien determinados Estados miembros de la UE o de la OTAN, se esfuerzan por detener (capturar) la denominada «flota fantasma» rusa o incluso por bloquear el acceso de estos buques al mar Báltico (bloqueo marítimo). (Sobre la cuestión jurídica de la «flota fantasma», véase aquí: Der Ostseeraum – das verkannte Pulverfass ).Con ello, ya no se estaría actuando en una zona gris del Derecho internacional, sino de forma claramente ilegal. De hecho, supondría una violación flagrante del Derecho internacional. La libertad de navegación (artículos 17, 58, 87 y 90 de la Convención sobre el Derecho del Mar), un valor fundamental en el Derecho internacional, quedaría suspendida. Es más: supondría una violación del principio de no uso de la fuerza de la Carta de las Naciones Unidas (artículo 2, apartado 4), ya que los buques que navegan bajo pabellón ruso tienen nacionalidad rusa (art. 91 de la Convención sobre el Derecho del Mar). La parte rusa estaría entonces facultada para reaccionar en consecuencia y ya ha amenazado con tomar medidas preventivas Russland Sagt, Dass Jeder Dänische Schritt Zur Einschränkung Der Navigationsfreiheit… | MarketScreener Deutschland . De hecho, en los últimos tiempos se han capturado repetidamente buques mercantes que navegan bajo pabellón ruso, incluso en el mar Báltico. Mientras tanto, Rusia refuerza la protección de su flota mercante, entre otras cosas, con buques de escolta de la Flota del Báltico y demostraciones de fuerza de la Fuerza Aérea Rusa. El potencial de escalada es enorme.

Un bloqueo marítimo del mar Báltico en el estrecho danés para los buques rusos o un bloqueo marítimo frente a Kaliningrado o San Petersburgo sería el casus belli definitivo. Una ausencia de reacción militar solo sería concebible si Rusia renunciara a su soberanía. La doctrina nuclear actualizada de la Federación Rusa ha formulado respuestas al respecto.

Conclusión

El riesgo de que estalle este polvorín debe considerarse igualmente elevado en todos los casos mencionados. Independientemente de cuál sea el punto caliente que estalle primero, todos los demás le seguirían inmediatamente, ya que todos ellos no son más que piezas de un rompecabezas que forma parte de un panorama general: la guerra por el reordenamiento mundial de principios del siglo XXI.

Las élites decisorias europeas deben despertar a su responsabilidad para con sus pueblos y redescubrir la diplomacia, en lugar de caminar sonámbulas hacia la guerra guiadas por una ética de convicciones. Este camino carece de legitimidad democrática.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

jueves, 13 de marzo de 2025

Peligrosa ineptitud europea

 

       Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis.


Los políticos europeos deberían abrir su propia negociación con Rusia en lugar de mendigar un puesto en la mesa de Trump. Antes, tendrían que reconocer que la única ‘garantía de seguridad’ para Ucrania es su neutralidad


     La élite política europea se caracteriza por su ineptitud. En casi su totalidad se trata de gente que durante décadas externalizó a Estados Unidos la función de pensar políticamente, adoptando el infantilismo político, el narcisismo y la arrogancia de unos “principios y valores” que, desde luego, la Unión Europea no encarna, practicando una política basada en la imagen, y creyéndose su propia propaganda mediática sobre el motivo y origen del conflicto de Ucrania, a saber: el deseo de un malvado dictador de ampliar su imperio y recrear una especie de URSS.


Carteles propagandísticos que hacen referencia a la unidad europea contra el comunismo.

La Unión Europea no puede resolver un conflicto cuyos motivos no entiende. Es incapaz, por tanto, de negociar, porque desconoce sus propios intereses: no los ha formulado, y se ha limitado a seguir los de Estados Unidos, que ahora gira y la deja en la estacada.

Europa no quiere acabar la guerra de Ucrania, porque su burocracia oligárquica ha encontrado en la confrontación con Rusia la fórmula para consolidar su poder, su razón de ser. Este cúmulo de circunstancias explica su actual despropósito: pretender ganar sin Estados Unidos una guerra, que en su actual estado y a lo largo de tres años ha perdido con Estados Unidos. ¿De dónde van a salir los 800.000 millones anunciados para el rearme? Alemania, su principal potencia, está a las puertas de otro año de recesión. ¿De dónde saldrán los hombres dispuestos a morir en la enésima cruzada de la historia europea contra Rusia? Sus principales potencias militares –Inglaterra, Alemania y Francia– apenas cuentan, cada una, con una decena de sistemas de defensa antiaérea y antimisiles, pero para cubrir mínimamente el espacio ucraniano (ciudades e industrias clave). En la época soviética, allí se disponía de centenares de esos sistemas. Es solo un ejemplo.


Sistema de defensa aérea terrestre de mediano alcance IRIS-T SLM fabricados por la empresa alemana Diehl Defense.

Es verdad que los presupuestos de defensa combinados de los Estados europeos suman cifras enormes, bien superiores a las de Rusia, pero eso no cambia la realidad de un mosaico operativamente incoherente de retazos de diferentes sistemas de armas, cuya complicada interacción ha demostrado la estrategia militar occidental en Ucrania. Respecto a la invocada “invasión rusa de Europa”, es una fantasía. Choca con la propia realidad del lento y penoso avance militar ruso en Ucrania y con la propia narrativa europea. Durante años, la UE ha mantenido que la inclusión de Ucrania en la OTAN es la garantía de seguridad, porque Rusia no se atrevería a atacar a la OTAN, pero al mismo tiempo se afirma esa posibilidad al agitar el “que vienen los rusos”.


Presupuestos de defensa totales de Europa comparados con los de Rusia.

Lo que deberían hacer los políticos europeos es abrir su propia negociación con Rusia en lugar de mendigar un puesto en la mesa de Trump. Antes, deberían reconocer que la única “garantía de seguridad” para Ucrania es su neutralidad. Seguramente es pedirles demasiado…

A poco más de seis semanas desde que Trump asumió la presidencia –cuando se escriben estas líneas– y en medio de una desconcertante y a veces contradictoria sucesión de declaraciones y anuncios, sigue sin haber apenas perspectiva para pronósticos y conclusiones. Es difícil imaginar que se cumpla, por ejemplo, lo que dice el ayudante presidencial Elon Musk de que Estados Unidos se vaya de esa OTAN que el propio secretario de Defensa, Pete Hegseth, quiere “más fuerte y letal”. Aún más que abandone Europa, pieza fundamental de la proyección del poder americano en el mundo. Sin embargo, el mero hecho de que el primero en la cadena de mando de la guerra entre la OTAN y Rusia que se libra en Ucrania exprese comprensión hacia los intereses rusos e insista en acabar la guerra, ha quebrado la narrativa occidental sobre el conflicto y crea una enorme confusión en las filas europeas, unidas en su hostilidad a Rusia, lo que abre una ventana de oportunidad a Moscú.

En el Kremlin se preguntan hasta qué punto es firme esa oportunidad. Tras décadas de deslocalización y desindustrialización en busca del máximo beneficio cortoplacista, la dependencia de la economía de Estados Unidos de sus suministradores es grande. Los castigos arancelarios anunciados pueden crear rupturas y carestías. El mundo ya conoció, en la Rusia de Boris Yeltsin de los años noventa, grandes promesas de “volver a hacer grande” el país que se saldaron con un fenomenal desbarajuste. En los inicios de Trump, el presidente (recordemos que sufrió dos atentados durante la campaña electoral) tiene a su favor la inercia del shock que provoca el frenético anuncio de sus iniciativas políticas entre sus adversarios en Estados Unidos y en Europa, pero su posición está lejos de ser firme. Su mayoría en el Congreso es exigua, de solo tres votos. En el dossier ucraniano, todo el partido demócrata y parte del republicano no sintonizan con el giro hacia un acuerdo con Rusia. En el probable caso de que la economía se le tuerza, Trump perderá en dos años la mayoría en las elecciones de midterm y recibirá la suma de la energía opositora que ya se está gestando contra él. Desconocemos también cuánto durará la unidad en su bizarro equipo, formado por criterios de fidelidad.

Sea como sea, nadie puede garantizar que el siguiente presidente de Estados Unidos se vuelva a parecer más a Joe Biden que a Donald Trump. Ese escenario de “paréntesis anómalo” en Washington puede ser la esperanza de futuro de los ineptos dirigentes europeos que buscan en la continuidad de la guerra una loca salida a su debacle. ¿Podría coordinarse ese loco belicismo europeo con la oposición a Trump en el establishment de la seguridad de Estados Unidos y del Partido Demócrata para hacer fracasar el vector de una negociación en Ucrania? Por supuesto, el propio Trump parece consciente de tal peligro. En sus recepciones en la Casa Blanca maltrató a Zelenski, pero se cuidó mucho de hacer lo mismo con Macron y Starmer, gente que, aliada con sus enemigos en Estados Unidos, puede ser peligrosa.

En términos históricos, parece que el hegemonismo occidental se está desmoronando en el mundo. La conducta de los que van a menos en el actual tránsito está plagada de peligros. Eso incluye a Rusia, pero en el ámbito de los objetivos, los de Moscú están claros: 1- restablecer la neutralidad de Ucrania y evitar allí el despliegue de bases y armas de la OTAN, 2- restablecer los derechos de la población rusófila de la región y 3- renegociar un sistema de seguridad europeo integrado en el que los intereses de Rusia sean tenidos en cuenta. Los objetivos estadounidenses están menos claros, aunque entre todo lo declarado, se extrae una lógica de economía de recursos para poder seguir dominando el mundo. En el caso de Europa, no hay objetivos definidos. Hay un partido de la guerra, con gran peso de bálticos, polacos y nórdicos, que arrastra al resto y que podría degenerar fácilmente en una guerra del norte en el área del Mar Báltico. Mientras todo eso se cuece, es indudable que se ha abierto una ventana de oportunidad para la distensión entre Estados Unidos y Rusia, en la que Moscú podría retirar sus tropas de Bielorrusia a cambio de una retirada de tropas americanas de Europa del Este, así como una retirada mutua de misiles de medio alcance de ambos espacios. El planeta tiene otras prioridades urgentes perfectamente claras y definidas. Europa debe dejar de ser la vanguardia del despropósito.


Fuente: Ctxt



Llamamiento a favor de la paz y el desarme


Iniciativa colectiva





     Alarmados por las declaraciones de los dirigentes europeos que presentan gratuitamente a Rusia como una amenaza para toda Europa si no se la para en Ucrania, profesionales de varios países hemos redactado un manifiesto a favor de las soluciones diplomáticas, la paz y el desarme.

Si bien condenamos inequívocamente la invasión rusa de Ucrania, consideramos que esas declaraciones, incluidas las de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, tienen como único objetivo “manufacturar el consenso” de los ciudadanos en torno al rearme.

El rearme acelerado que aquéllos proponen tendrá con seguridad un impacto muy negativo en los servicios públicos, supondrá una erosión del Estado de bienestar, aumentará la deuda pública y, sobre todo, en ausencia de acuerdos de control de armamentos, hará más probable la guerra con una potencia atómica como es Rusia.

Pedimos vuestra firma para decirles a nuestros gobernantes que trabajen por la paz y no a favor de las empresas de armamento.


Razones


Alarmados por el lenguaje orwelliano que se ha instalado en el discurso político europeo según el cual la guerra es el camino hacia la paz mientras que la paz sólo lleva a más guerra, hacemos un llamamiento a la cordura.


Los ciudadanos europeos nos hemos convertido en pasajeros involuntarios de un tren conducido por unos gobernantes que, con el declarado pretexto de “hacer sangrar a Rusia”, pretenden ignorar las consecuencias desastrosas de un conflicto del que todos seremos perdedores.


En vísperas de anteriores conflictos europeos, por ejemplo la Primera Guerra Mundial, valientes intelectuales de las naciones enfrentadas, entre ellos Jean Jaurès, Romain Rolland, Bertha von Suttner o Bertrand Russell, se pronunciaron públicamente a favor de la paz, aunque por desgracia sus voces no fueran atendidas.


Hoy es atronador en todos los países el silencio de los intelectuales, que, al igual que el resto de los ciudadanos europeos, parecen preocupantemente anestesiados. Y cuando alguno decide hacer oír su voz a favor de la diplomacia es inmediatamente difamado como “marioneta de Putin”.


Condenamos inequívocamente, por contraria al derecho internacional, la invasión rusa de Ucrania, pero somos conscientes de que esa tragedia es consecuencia también de la persistencia de una organización militar, la OTAN, calificada de “defensiva” y que, lejos de disolverse al no tener ya enfrente al bloque comunista, siguió ampliándose y llevó su expansión hasta las fronteras mismas de Rusia frente a las promesas que se hicieron entonces al más alto nivel.





La guerra de Ucrania dura ya tres años; los muertos a ambos lados superan con mucho el millón, aunque ninguno de los países enfrentados dé cifras oficiales, y el número de heridos y tullidos para siempre es incontable.


A lo que hay que añadir los millones de ucranianos que huyeron del país, unos a Europa Occidental, otros a Rusia, todos ellos intentando escapar de la violencia. Un auténtico desastre humano.


Los Estados Unidos de Donald Trump, más preocupados por lo que perciben como el creciente poderío de China o la situación de Oriente Medio, parecen decididos a expoliar a Ucrania, y de paso también, a endeudar a Europa, debilitando aún más nuestro Estado social, en beneficio de la industria militar estadounidense.


Y nuestros gobiernos, negándose a aceptar que, dada la desigual relación de fuerzas, la guerra está perdida, arropan al presidente ucraniano prometiendo el envío de más armas y dinero para que el ejército ucraniano siga luchando hasta el último hombre o la última mujer.


Todo ello mientras proponen militarizar de modo acelerado nuestras naciones con el espantajo de un enfrentamiento con Rusia.


¿Han pensado nuestros gobernantes que, al no existir ya aquellos acuerdos de limitación de armamentos firmados durante la Guerra Fría y que tanto contribuyeron al mantenimiento de la paz, el enfrentamiento militar con una potencia nuclear como Rusia podría desembocar en una tercera, y esta vez definitiva, guerra mundial?


Hacemos un llamamiento a los políticos para que no olviden las dos grandes guerras que ensangrentaron el pasado siglo el continente y, abandonando la neolengua de George Orwell, trabajen activamente a favor de la diplomacia.


Es la única manera de evitar futuras masacres que arrasen naciones para el mero lucro de la poderosa industria armamentística.


Para firmar este escrito:

https://www.openpetition.eu/petition/online/llamamiento-a-favor-de-la-paz-y-el-desarme#petition-main


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu