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miércoles, 25 de marzo de 2026

Recuerdos de la costa siria: Ugarit y el alfabeto más antiguo

 

Para un invierno átono y viscoso, sin frío ni calor (10 de 10)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Al final de mi estancia volvería a visitar el Museo Nacional de Damasco, pero la primera y más emotiva impresión ya había quedado bien impresa en mi cabeza, y era aquel mínimo ladrillo, en forma de (medio) dedo, hecho en arcilla endurecida con la grabación de 30 caracteres cuneiformes, descrito como el más antiguo alfabeto conocido... El Museo lo mostraba en urna transparente, embutida en una pared brillante, con aspecto de altar divino: no en vano era, quizás, la joya más preciada en un Museo exuberante de riquezas antiguas (aunque yo mismo había conocido la superior acumulación arqueológica de los grandes museos de la Europa imperial, abastecidos por el saqueo sistemático de Oriente). Y allí mismo, en la tienda del Museo adquirí mi alfabeto, exacta reproducción del original, y desde entonces luce en mi mesa de trabajo, a modo de enlace entre mis pesares del siglo y mis anhelos, frustrados, de investigador de ciudades reveladas al sol; y lo he colgado de mi cuello en numerosas ocasiones, bien por alcanzarme la nostalgia de mis correrías mediterráneas, bien por el gusto de que alguien me pregunte que qué es eso, y por supuesto para explicar a mis alumnos de Telecomunicación los orígenes de la escritura...

El abecedario ugarítico, ¡ah, el abecedario...! está emparentado con el cananeo, que es una lengua de la rama semítica que a través de Biblos y la expansión comercial fenicia dio origen al etrusco y al griego. Y se fecha más o menos en el 1400 a. C., ahí es nada. A Ugarit también se le atribuye el hallazgo de la partitura musical (“escala heptatónica oriental”) más antigua en la historia... con un himno grabado que ha pasado a ser considerado el origen de la música clásica...


Alfabeto ugarítico.

Era mi primera visita a Siria, en noviembre de 1986. Aunque la invitación venía de la Embajada siria en Madrid, es decir, del Ministerio de Relaciones Exteriores, el programa -en el que no intervine- me lo prepararon, en realidad, con contenidos turísticos, lo que en el caso de Siria equivale a decir que fue eminentemente histórico-arqueológico. A mí me interesaba todo de ese país, así que no tuve que proponer ninguna alteración. Mis compañeros eran el competente guía Omar, sirio-argentino (o sea, turco, como dicen allá), y el chófer Muafaq, divertido e ingenioso. Dejando la visita detenida a Damasco para el final, decidimos emprender el recorrido por el norte, región de Alepo, iniciándolo por la costa, con la fijación primera y algo obsesiva por las ruinas de Ugarit, donde se había encontrado el famoso alfabeto y cuyas ruinas ya me habían cautivado, aun sin contemplarlas. Luego visitaríamos Ebla, Apamea, Palmira y, más allá, en el Éufrates, Mari; con especial detenimiento en Alepo, donde mis guías reconocieron que esa Ciudadela, con ínfulas de parecerse a nuestra Alhambra no era, de ésta, sino una pálida sombra.

El sitio arqueológico de Ugarit, llamado Ras el-Shamra (Cabo Hinojo), sin duda uno de los más importantes de la costa del Mediterráneo Oriental, surge a unos diez kilómetros al norte de la gran ciudad mediterránea de Latakia (antigua Laodicea). Ocupa, sobre un tell (colina), unas veinte hectáreas y lo flanquean dos riachuelos por el norte y por el sur. Este asentamiento consta ya en el 7500 a. C., puro neolítico próximo-oriental, y hacia el 3000 a. C. es un activo centro comercial y financiero. En 1800 ya ha adquirido la forma política de entidad independiente, en realidad Ciudad-Estado con un cierto hinterland pero nunca con dimensiones -ni aspiraciones- a reino o imperio: su vocación, de intermediario económico y de productor de barcos, metalurgia o artesanía, se adaptaba mucho mejor a esa existencia pacífica y productiva. Fue una ciudad próspera, en definitiva, y eso duró medio milenio, con máximo esplendor entre los siglos XV y XII a. C. (con más precisión: entre 1450 y 1180 a. C.). Y poco después del fatídico 1200 fue arrasada por los -aún hoy- enigmáticos “pueblos del mar”, y en consecuencia abandonada.

El extenso conjunto urbano muestra una muralla casi enteramente conservada, con curiosa puerta triangular, un imponente palacio real, dos templos en el sector más elevado dedicados a las divinidades sirio-fenicias Baal y Dagón, y algunas viviendas civiles de llamativa extensión y organización. Pensando en la dicha de los arqueólogos, se me permitió recorrer, excitado y feliz, callejas, corredores y habitaciones y tuve buen cuidado de respetar las piedras de los templos de esos dioses todopoderosos, tan benéficos como temibles, cuyo recuerdo llena todo el Próximo Oriente. Me imaginé hollando y aforando, sin importarme el inclemente sol de Oriente y bajo metros de sedimentos seculares, cerámica, tablillas... y ese ladrillito alfabético consonántico (o sea, sin vocales)...


Ruinas de Ugarit.

Ugarit fue “ciudad perdida” hasta 1928, cuando un agricultor con su arado desveló una tumba, anuncio de la necrópolis de la ciudad comercial, que se sitúa entre el tell y el mar, con espesa franja de naranjos y limoneros extendidos hacia el discreto Minet el-Beida (Puerto Blanco) a poniente. El enclave geográfico acaba en el Ras ibn-Hani (Cabo de Felix), su faro y su entorno militar, como sucede con la mayoría de los faros de la costa siria, situados como es normal en apéndices rocosos, cabos o pequeñas penínsulas (ras, en definitiva).

Al poco las excavaciones irrumpieron en toda la zona a las órdenes del arqueólogo francés Claude Schaefer (recordemos que eran los años del Mandato francés de Siria, botín de guerra que, junto con Líbano, se atribuyeron los franceses tras la derrota y extinción del Imperio Turco). A partir de 1948 y en sucesivas campañas fueron surgiendo del suelo miles de tablillas, con más y más luces sobre la vida en Ugarit de aquellos siglos, llenos de vida, comercio y política, todo ello bien adobado de cientos de deidades perfectamente adaptadas a las necesidades -económicas, lúdicas, religiosas- de una población dinámica y culta.

Volví a Ugarit en 1989, tras enrolarme en una misión onusiana del Plan de Acción del Mediterráneo (PNUMA), para estudiar a fondo la costa siria, lo que me proporcionó otras dos estancias y un conocimiento minucioso de ese litoral, ya que se me encomendó su estudio medioambiental.


Esquema del área de Ugarit /Ras ibn-Hani, al norte de la costa siria.

Desde Ugarit y Ras ibn-Hani hacia la frontera turca se extiende un litoral hermoso, de bellos acantilados de blanca caliza y apacibles playas de arenas negras. Con dos cabos (y sus faros), Ras el-Bassit y Ras el-Fasuri, marcando los sectores 1 y 2 de los diez en que yo organicé la costa siria para su mejor estudio (Ibn-Hani separaba el segundo del tercero, dando paso por el sur a la hermosa Latakia. Y fue en esa costa, objeto de mis andanzas estudiosas, donde me sentí fuertemente atraído (no diré tanto como por Ugarit, pero casi, casi) por el Yebel Aqra (Kel Dagi, en turco, 1.717 m), que hace frontera con Turquía y que retiene el nombre clásico de Mons Casius (Kasios, en griego). Fue su visión, majestuosa, desde el mínimo poblado marinero de Badrusiyah, con sus barcas de pesca varadas sobre guijarros, y la espectacular caída hacia el mar, coronado de blanca nube, más la atenta consulta que hice a la Guide Bleu, lo que encendió mis ganas de ascender a su cumbre... Porque si bien se trata de una cúspide sagrada ya en tiempos cananeos, donde se rendía culto a Baal y otras divinidades de otros ciclos religiosos anteriores del Oriente Próximo, lo era también en tiempos griegos, que era cuando se rendía culto a Zeus Kasios, y durante el Imperio romano, por supuesto. De tal modo que la historia asegura -Plinio el Viejo dixit- que nada menos que tres emperadores ascendieron a su cumbre para ofrecer sacrificios a Zeus/Júpiter olímpico...

Me dije que, en honor a Zeus, desde luego, pero también a esos emperadores, todos ellos tan notables como Trajano, Adriano y Juliano (este último injustamente llamado el Apóstata, por oponerse a la incalificable decisión de Constantino de liquidar el divino panteón del Imperio y sustituirlo por el cristianismo como religión oficial), merecía la pena que yo, respetuoso con la memoria de uno y otros, debía intentar su culminación. Vano esfuerzo, ya que el monte hace frontera, sí, pero esa cima sagrada, para mí tan sugerente, resulta que se alza en territorio turco, y ahí la frontera estaba vedada para sirios y turcos; y aunque yo, como extranjero teóricamente habría podido cruzarla, ni estaba previsto ni las autoridades sirias, mis anfitrionas, lo permitirían. Queda pendiente -me dije- para cuando vuelva a este rincón del Mediterráneo que es el golfo de Alejandreta (Iskenderun), mero rincón nororiental del Mare Nostrum cuya adscripción político-territorial hubo que decidirla por referéndum en 1938, ante el conflicto suscitado por sirios y turcos como consecuencia de la I Guerra Mundial; la consulta se decidió a favor de la mayoría turca.


Yebel Aqra (Mons Casius), en la frontera sirio-turca.

Me pareció, pues, que esa esquina geográfica (en la que “encaja” geológicamente la afilada punta nororiental de la isla de Chipre) guardaba notables atractivos políticos e históricos. En esa región, que los sirios siguen considerando irredenta, está la magnífica Antioquía, faro de la Antigüedad, a orillas del no menos clásico río Orontes (Nahr Assi, en árabe), que recorre la región costera siria de sur a norte, y en la misma ladera norte del Yebel Aqra está Seleucia, una más de las ciudades que fundó Seleuco, otro de los lugartenientes, como Antioco, sucesores del gran Alejandro.

Me conformé, vistas las dificultades, con que en mi mente y mi corazón quedara constancia de mi intenso deseo de subir al Mons Casius sagrado y rendir mi pleitesía, si no a los dioses aquellos, sucesivos y persistentes, sí a mi Mediterráneo nutricio que, en esta costa noblemente cananea, fenicia y siria, al revés que en la mía, murciana, el sol se pone por el horizonte marino, y surge del desierto y el corazón sirios.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Israel quiere cambiar la faz de Oriente Medio con su intrusión en Siria, sus guerras en Líbano y Gaza, y el cerco a Irán

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


La destrucción del poder militar sirio, la guerra a Hizbulá en Líbano, el genocidio palestino en Gaza y el asedio a Irán forjan la estrategia de Israel en la región.


     Da igual que la comunidad internacional tenga su mirada en Siria y cruce los dedos para que termine la guerra civil que asola este país desde 2011 sin que se desate un conflicto aún mayor. Israel está decidido a desarmar al nuevo Estado sirio que surja de la caída del dictador Bachar al Asad, con la destrucción de la capacidad militar de este país. Y al tiempo que alimenta la guerra en Siria, Israel cierra el puño sobre el Líbano, para asfixiar a Hizbulá, y persiste en sus matanzas en Gaza, con nuevos crímenes de guerra contra la población civil.

De poco sirvieron este jueves las palabras de la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y de los jefes de las diplomacias de Alemania, España, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido a favor de "la preservación de la integridad territorial de Siria y de su independencia".

La hoja de ruta del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya está trazada y pasa por la conformación de un nuevo Israel sobre las ruinas de los territorios palestinos —con buena parte de su Gobierno partidario de la anexión y colonización judía de Gaza y Cisjordania—, y por el blindaje de sus fronteras mediante la anexión de franjas de seguridad en el Líbano y Siria, sin importarle las denuncias internacionales.


El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la Asamblea de la ONU.- Michael Kappeler -dpa-Europa Press.

La última fase de ese plan, y no la menos importante, pasa por la anulación de la influencia en Oriente Medio del Irán de los ayatolás, ya muy dañada por la erradicación de sus aliados en Siria, con la caída de Al Asad, y en Gaza, con el aplastamiento de las milicias palestinas de Hamás, mientras en el Líbano se mantiene la ofensiva contra Hizbulá, la mano derecha de Teherán en la región.

El líder supremo iraní, Alí Jameneí, llegó a acusar este miércoles a Israel y a Estados Unidos de ser los "principales conspiradores" contra el régimen dictatorial de Al Asad y de orquestar su caída. También responsabilizó a Turquía, aún sin citarla directamente, de jugar "un papel obvio" en los acontecimientos que llevaron finalmente a la toma de Damasco el pasado domingo por una amalgama de fuerzas insurrectas lideradas por el movimiento islamista radical Hayat Tahrir al Sham.

EEUU, el titiritero de la tragedia siria; Israel, el matarife

Rusia, junto a Irán, fue el principal valedor de Al Asad, a quien evacuó a Moscú, y ahora intenta no perder su presencia militar en las bases de Tartús y Lakatia. Este jueves, el Kremlin acusó a EEUU de ser "el titiritero" que movió los hilos para el derrocamiento del dictador sirio.

Pero si los movimientos de EEUU y Turquía son entre bambalinas, Israel no tiene problema alguno para mostrar abiertamente su poderío con el bombardeo de las instalaciones del Ejército sirio y acercando sus tanques a menos de 30 kilómetros de Damasco, tras ocupar una franja de 300 kilómetros cuadrados junto a la frontera israelí.

"Estamos cambiando la faz de Oriente Medio", reconoció esta semana Netanyahu, ya sin tapujo alguno para ocultar la "guerra total" en la que está inmerso Israel.

Cazas de Israel sobrevolando Damasco

Desde la caída de Damasco en manos de los islamistas el 8 de diciembre y cuando días después se formaba en esa capital un gobierno de transición encabezado por Mohamed al Bashir, las primeras reuniones del nuevo Ejecutivo sirio se celebraron bajo el rugido de los aviones israelíes sobrevolando Damasco y bombardeando sus inmediaciones.


Bombardeo de las inmediaciones de Damasco por la aviación sionista.

Antes de ser evacuado por los rusos, Al Asad ordenó la disolución del Ejército. Quedaban intactos los silos de misiles, los sistemas antiaéreos, supuestos almacenes de armas químicas, centenares de tanques y sistemas de artillería, así como otros equipos militares que habrían servido para dotar al ejército del nuevo Estado sirio.

Inmediatamente, Israel se dedicó con ahínco a la destrucción de "la mayoría de los arsenales de armas estratégicas de Siria" para "impedir que cayeran en manos de elementos terroristas", tal y como indicó el propio Ejército israelí. Además de las citadas instalaciones, los aviones israelíes hundieron la mayor parte de la flota siria y destruyeron las fábricas de armas en Damasco, Homs, Tartús, Latakia y Palmira.

Y tanques israelíes a 30 kilómetros de la capital siria

El mismo domingo, las fuerzas israelíes sobrepasaron la zona desmilitarizada entre Siria e Israel, ocuparon una nueva franja de varias decenas de kilómetros de profundidad en territorio sirio, junto a los Altos del Golán ya anexionados por Israel, y movieron sus carros de combate hasta las cercanías de Damasco, a menos de 30 kilómetros de esta ciudad.




Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los ataques israelíes de este jueves en las inmediaciones de Damasco afectaron al helipuerto de Aqraba, al suroeste de la capital. Desde la defenestración de Al Asad, la aviación israelí ha participado en medio millar de operaciones militares contra territorio sirio, 350 de ellas aéreas.

En esta situación, pocos se creen ya las afirmaciones del estado mayor israelí de que la intervención en Siria es "limitada y temporal". Los encarnizados combates que en el norte del país tienen lugar entre fuerzas kurdas subvencionadas por EEUU y los rebeldes apoyados por Turquía resaltan el avispero en que se ha convertido Siria, la injerencia de potencias regionales y la necesidad de Israel de afianzarse en sus posiciones aprovechando el caos desencadenado por la caída de Al Asad.

Siria, tercera fase de las guerras de Gaza y el Líbano

La justificación de Israel de atacar Siria para impedir que las armas de Al Asad caigan en manos de los "terroristas" o que las operaciones militares en ese país tengan un plazo limitado no es muy creíble si se tiene en cuenta lo que ocurre en estos momentos en el Líbano y Gaza.

En Líbano, el alto el fuego que rige entre Israel y Hizbulá desde el 27 de noviembre no ha impedido que el Ejército hebreo ataque los depósitos de armas de las milicias proiraníes y dificulte, con sus bombardeos, el despliegue de unidades libanesas que debían reemplazar a las tropas israelíes.

La retirada israelí del Líbano es improbable. La invasión que lanzó el ejército hebreo el 1 de octubre tenía como objetivo no solo la destrucción de las fuerzas de Hizbulá en la zona, sino la creación de un área de contención de futuros ataques de la milicia chií, aunque ello conlleve la ocupación permanente de esa franja.

El pretexto de Israel para atacar a Hizbulá en el Líbano fue el apoyo proporcionado al grupo palestino Hamás por ese movimiento chií, al que respalda Irán y que también cerró filas con el régimen de Bachar al Asad.

Al producirse la ofensiva israelí contra Gaza para castigar la incursión de Hamás en Israel del 7 de octubre de 2023, que asesinó a 1.200 personas y secuestro a 251, Hizbulá se alineó junto a la formación palestina. Aunque los centenares de cohetes lanzados por Hizbulá en el norte de Israel no hicieron demasiada mella, Netanyahu decidió ordenar la invasión del Líbano para combatir allí al grupo proiraní y asegurarse el control del sur de ese país.

Si en el Líbano la guerra desatada por Israel ha causado 4.000 muertos desde el 7 de octubre de 2023, la mayor parte cuando empezaron los bombardeos masivos a fines del pasado septiembre y durante la invasión, la cifra de víctimas en Gaza es espeluznante.

Más de 44.800 palestinos han sido asesinados en un auténtico genocidio, (reconocido así por la ONU) la mayor parte mujeres y niños muertos en el bombardeo de edificios residenciales, campos de refugiados, columnas de desplazados, hospitales y escuelas donde se alojaban los civiles. El 90% de los 2,3 millones de palestinos que habitaban Gaza antes de que Netanyahu acometiera su venganza han tenido que abandonar sus hogares y están sometidos a la falta de agua, alimentos, medicinas e higiene derivadas de la invasión israelí.

Medio centenar de asesinados en dos días en Gaza

En la madrugada de este jueves se produjeron las dos últimas matanzas en la Franja por las bombas del Ejército israelí. Una de las masacres causó 13 muertos en el ataque a un convoy que repartía ayuda humanitaria en la zona de Rafah, en el sur de Gaza. La otra matanza acabó con la vida de 15 personas cuando bombas israelíes destruyeron una vivienda donde se refugiaban desplazados palestinos en el oeste del campamento de Nuseirat, en el centro de Gaza.

El miércoles habían muerto otros 22 palestinos, miembros de una misma familia, en otro bombardeo israelí en Beit Lahia, norte de la Franja.


Bombardeo israelí en Beit Lahia.

Ese mismo día, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por una mayoría aplastante (158 votos a favor y 9 en contra) una resolución a favor de un alto el fuego en Gaza. Esta propuesta no es, sin embargo, vinculante. Tampoco hubiera significado mucho que la hubiera aprobado el Consejo de Seguridad de la ONU, pues Israel ha desoído todos los mandatos para acatar el alto el fuego.

Netanyahu no quiere una tregua

El único acuerdo de alto el fuego logrado hasta ahora entre Hamás e Israel tuvo lugar en noviembre de 2023. En esa pausa de una semana, fueron liberados 105 de los 251 rehenes israelíes a cambio de 240 prisioneros palestinos. Actualmente quedan 96 cautivos en Gaza, de los que 34 pueden estar muertos.

Aunque se está negociando otra tregua, no hay mucha confianza en Netanyahu. Su supervivencia política depende de la guerra de Gaza y los conflictos abiertos en Líbano y Siria.

Además, los rehenes son el pretexto del extremismo gobernante en Israel para continuar la masacre de Gaza, cuyo objetivo, reconocido por los propios radicales judíos es erradicar a los palestinos de la Franja y de Cisjordania para, más tarde o más temprano, anexionar los territorios palestinos a ese Gran Israel en ciernes.


Fuente: Público

viernes, 13 de diciembre de 2024

Los caminos a Damasco

 

 Por Tariq Ali
     Escritor pakistaní, director de cine e historiador.


     Sólo unos pocos compinches corruptos derramarán lágrimas por la partida del tirano, pero no debe haber duda de que lo que estamos presenciando hoy en Siria es una enorme derrota, un mini 1967 para el mundo árabe. Mientras escribo, las fuerzas terrestres israelíes han entrado en este maltrecho país. Todavía no hay un acuerdo definitivo, pero algunas cosas están claras. Assad es un refugiado en Moscú. Su aparato baasista hizo un trato con el líder de la OTAN en el Este, Recep Tayyip Erdoğan (cuyas brutalidades en Idlib son legión), y le ofreció el país en bandeja.




Los rebeldes han acordado que el primer ministro de Assad, Mohammed Ghazi al-Jalali, continúe supervisando el estado por el momento. ¿Será ésta una forma de asadismo sin Assad, incluso si el país está a punto de dar un giro geopolítico que lo aleje de Rusia y de lo que queda del "Eje de la Resistencia"?

Al igual que Irak y Libia, donde Estados Unidos tiene el control del petróleo, Siria se convertirá ahora en una colonia compartida entre Estados Unidos y Turquía. La política imperial estadounidense, a nivel mundial, consiste en desmembrar a los países que no pueden ser absorbidos en su totalidad y eliminar toda soberanía significativa para afirmar su hegemonía económica y política.

Esto puede haber comenzado "accidentalmente" en la ex Yugoslavia, pero desde entonces se ha convertido en una pauta. Los satélites de la UE utilizan métodos similares para garantizar que las naciones más pequeñas (Georgia, Rumania) se mantengan bajo control. La democracia y los derechos humanos tienen poco que ver con todo esto. Es una apuesta global.

En 2003, tras la caída de Bagdad en manos de Estados Unidos, el exultante embajador israelí en Washington felicitó a George W. Bush y le aconsejó que no se detuviera ahora, sino que avanzara hacia Damasco y Teherán. Sin embargo, la victoria estadounidense tuvo un efecto secundario imprevisto pero previsible: Irak se convirtió en un Estado chiíta residual, lo que fortaleció enormemente la posición de Irán en la región.




La debacle allí, y posteriormente en Libia, significó que Damasco tuvo que esperar más de una década antes de recibir la debida atención imperial. Mientras tanto, el apoyo iraní y ruso a Asad aumentó las apuestas de un cambio de régimen rutinario.

Ahora, el derrocamiento de Assad ha creado un vacío de otro tipo, que probablemente será llenado por Turquía, la OTAN, y por Estados Unidos a través de la "ex Al Qaeda" Hayat Tahrir al-Sham (el cambio de nombre de su líder, Abu Mohammad al-Jolani, como luchador por la libertad después de su paso por una prisión estadounidense en Irak es algo normal), así como por Israel. La contribución de este último fue enorme, al haber desmantelado a Hezbollah y destrozado Beirut con otra ronda de bombardeos masivos. Después de esta victoria, es difícil imaginar que Irán se quede solo. Aunque el objetivo final tanto de Estados Unidos como de Israel es un cambio de régimen allí, degradar y desarmar al país es la primera prioridad.




Este plan más amplio para remodelar la región ayuda a explicar el apoyo incondicional brindado por Washington y sus representantes europeos al continuo genocidio israelí en Palestina. Después de más de un año de matanza, el principio kantiano de que las acciones del Estado deben ser tales que puedan convertirse en una ley universalmente respetada parece una broma de mal gusto.

¿Quién reemplazará a Asad? Antes de su huida, algunos informes sugerían que si el dictador daba un giro de 180 grados (rompiendo con Irán y Rusia y restableciendo las buenas relaciones con Estados Unidos e Israel, como él y su padre habían hecho antes), entonces los estadounidenses podrían inclinarse a mantenerlo en el poder. Ahora es demasiado tarde, pero el aparato estatal que lo abandonó ha declarado su disposición a colaborar con quien sea. ¿Hará lo mismo Erdoğan? El Sultán de los Burros seguramente querrá que su propio pueblo, criado en Idlib desde que eran niños soldados, esté al mando y bajo el control de Ankara.

Si logra imponer un régimen títere turco, será otra versión de lo que sucedió en Libia. Pero es poco probable que lo haga todo a su manera. Erdoğan es fuerte en demagogia pero débil en acciones, y Estados Unidos e Israel podrían vetar un gobierno depurado de Al Qaeda por sus propias razones, a pesar de haber utilizado a los yihadistas para luchar contra Asad. De todas formas, es poco probable que el régimen que lo sustituya derogue la Mukhābarāt (policía secreta), ilegalice la tortura u ofrezca un gobierno responsable.

Antes de la Guerra de los Seis Días, uno de los componentes centrales del nacionalismo y la unidad árabes era el Partido Baaz, que gobernaba Siria y tenía una base sólida en Irak; el otro, más poderoso, era el gobierno de Nasser en Egipto. El Baazismo sirio durante el período anterior a Asad era relativamente ilustrado y radical.

Cuando me encontré con el Primer Ministro Yusuf Zuayyin en Damasco en 1967, me explicó que la única manera de avanzar era flanquear al nacionalismo conservador convirtiendo a Siria en "la Cuba de Oriente Medio". Sin embargo, el ataque israelí ese año condujo a la rápida destrucción de los ejércitos egipcio y sirio, lo que allanó el camino para la muerte del nacionalismo árabe nasserista. Zuayyin fue derrocado y Hafez-al Assad fue impulsado al poder con el apoyo tácito de los EE.UU. -muy parecido a Saddam Hussein en Irak, a quien la CIA proporcionó una lista de los cuadros superiores del Partido Comunista Iraquí. Los radicales Baazistas de ambos países fueron descartados, y el fundador del partido, Michel Aflaq, dimitió disgustado al ver hacia dónde se dirigía.

Sin embargo, estas nuevas dictaduras baasistas contaban con el apoyo de ciertos sectores de la población, siempre que proporcionaran una red de seguridad básica. El Iraq de Sadam Husein y la Siria de Assad padre e hijo fueron dictaduras brutales, pero sociales. Assad padre provenía de las capas medias del campesinado y aprobó varias reformas progresistas para garantizar la felicidad de su clase, reduciendo la carga fiscal y aboliendo la usura.

En 1970, una gran mayoría de las aldeas sirias sólo tenían luz natural; los campesinos se despertaban y se iban a dormir con el sol. Un par de décadas después, la construcción de la presa del Éufrates permitió la electrificación del 95% de ellas, con energía fuertemente subvencionada por el Estado.

Fueron estas políticas, más que la represión por sí sola, las que garantizaron la estabilidad del régimen. La mayoría de la población hizo la vista gorda ante la tortura y el encarcelamiento de ciudadanos en las ciudades.

Assad y su camarilla creían firmemente que el hombre era poco más que una criatura económica y que, si se podían satisfacer necesidades de este tipo, sólo una pequeña minoría se rebelaría (“uno o doscientos como máximo”, observó Assad, “eran los tipos para los que originalmente estaba destinada la prisión de Mezzeh”). El levantamiento final contra el joven Assad en 2011 fue provocado por su giro hacia el neoliberalismo y la exclusión del campesinado. Cuando se calcificó en una amarga guerra civil, una opción habría sido un acuerdo de compromiso y de reparto del poder, pero los apparatchiks que actualmente están negociando con Erdoğan desaconsejaron cualquier acuerdo de ese tipo.

Durante una de mis visitas a Damasco, el intelectual palestino Faisal Darraj me confesó que el agente de la Mukhābarāt que le daba permiso para salir del país para dar conferencias en el extranjero siempre ponía una condición: «Que traigas de vuelta lo último en Baudrillard y Virilio». Siempre es bueno tener torturadores educados, como hubiera dicho el gran novelista árabe Abdelrahman Munif –saudí de nacimiento y destacado intelectual del Partido Baath–.

La novela de Munif de 1975 Sharq al-Mutawassit (Al este del Mediterráneo) es un relato devastador de la tortura y el encarcelamiento políticos, que el crítico literario egipcio Sabry Hafez describió como un libro de «poder y ambición excepcionales, que aspira a escribir la prisión política definitiva en todas sus variantes». Cuando hablé con Munif en los años noventa, dijo, con una mirada triste en su rostro, que esos eran los temas que dominaban la literatura y la poesía árabes: un comentario trágico sobre el estado de la nación árabe. Hoy, eso no da señales de cambiar. Aunque los rebeldes han liberado a algunos de los prisioneros de Assad, pronto los reemplazarán con los suyos.

Estados Unidos y la mayor parte de la Unión Europea pasaron el año pasado sosteniendo y defendiendo con éxito un genocidio en Gaza. Todos los estados clientes de Estados Unidos en la región siguen intactos, mientras que tres no clientes –Irak, Libia y Siria– han sido decapitados. La caída de este último país elimina una línea de suministro crucial que vincula a varias facciones antisionistas.




Geoestratégicamente, es un triunfo para Washington e Israel. Esto debe reconocerse, pero la desesperación no sirve de nada. Cómo se reconstituirá una resistencia efectiva depende del choque que se avecina entre Israel y un Irán asediado, que está involucrado en conversaciones subterráneas directas con Estados Unidos y algunos miembros del séquito de Trump, al tiempo que acelera el desarrollo de sus planes nucleares. La situación está llena de peligros.

                                     Fuente: SIDECAR

miércoles, 11 de diciembre de 2024

La sombra de Israel se cierne sobre Siria cuando aún no se ha apagado el eco de la caída de Al Asad

 

     Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia.

La toma por Israel de una franja del sur de Siria, su bombardeo de bases y arsenales, y la cercanía de sus fuerzas a Damasco disparan la alarma en el país recién liberado del puño de Al Asad.


Cientos de personas celebran el derrocamiento de Bachar al Asad, este pasado domingo en la ciudad de Homs.

     La caída de la dictadura de Bachar al Asad, tras la múltiple ofensiva insurgente lanzada en Siria, ha acelerado la estrategia de Israel sobre el país vecino, hasta ahora uno de sus mayores enemigos en la región, con la toma de la zona desmilitarizada que los separa, el ataque masivo a bases y arsenales del régimen derribado y el peligroso acercamiento de sus tanques a Damasco.


Ciudadanos sirios celebran la huida del presidente Bashar al-Assad tras cinco décadas de dictadura

Ya lo subrayó el alto mando israelí tras producirse la caída de Damasco en manos de las fuerzas islamistas suníes opositoras a Al Asad. El jefe del Estado Mayor israelí, Herzi Halevi, subrayó que Siria es ya “el cuarto frente” en el que combaten las fuerzas terrestres de su país, junto a Gaza, Cisjordania y el Líbano.

Y aunque los amigos europeos y estadounidenses de Israel miran para otro lado y no se fijan en estas acciones bélicas en Siria, el intervencionismo militar israelí en el país vecino es ya una realidad.

Fue el primer ministro Benjamin Netanyahu quien ordenó el despliegue de soldados israelíes en territorio sirio, en la que hasta ahora era una zona desmilitarizada cercana a los Altos del Golán. Según el líder israelí, había "colapsado" el llamado "Acuerdo de Separación" firmado con Siria en 1974, tras la guerra de Yom Kippur en 1973.


Soldados israelíes apostados en la línea de alto el fuego entre Siria y los Altos del Golán ocupados por Israel, a 9 de diciembre de 2024.

La "oportunidad" siria de Israel

Netanyahu adelantó que Israel va a aprovechar "las importantes oportunidades" derivadas de la caída del tablero estratégico de Oriente Medio de la dinastía Al Asad. Y subrayó que los Altos del Golán, ocupados a Siria en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, y anexionados ilegalmente en 1981, pertenecen ya a Israel "por la eternidad".

Según Netanyahu, el régimen de Bachar al Asad era un "eslabón central" del "eje del mal" de Oriente Medio y su caída la consecuencia directa de la guerra desatada por Israel contra Hisbulá en el Líbano y de la presión ejercida sobre Irán. "Esto ha creado una reacción en cadena en todo Oriente Próximo", agregó el primer ministro en una visita a los Altos del Golán para supervisar la operación militar.

Según el pretexto de Tel Aviv, la decisión de entrar en Siria fue motivada por el ataque en la madrugada del domingo, sin precisar de quién, a los cascos azules de la Fuerza de Naciones Unidas de Observación de la Separación (UNDOF) desplegados en la zona de "amortiguamiento", como se conoce a esa área desmilitarizada en territorio sirio.

Es decir, los primeros pasos para ocupar ese área se produjeron horas antes de que las fuerzas insurrectas sirias tomaran Damasco y derribaran al régimen de Al Asad, lo que refuerza la idea de que la caída del dictador estuvo pactada con otros actores de este conflicto, posiblemente Turquía, Israel y Estados Unidos.

Israel se adelanta al posible fracaso del nuevo Estado sirio

Es la primera vez que Israel invade esa zona de unos 400 kilómetros cuadrados desde 1974, cuando quedó establecida. Ahora simplemente ha aprovechado la ocasión para supuestamente asegurar un cortafuegos en territorio sirio pero controlado por Israel ante eventuales conflictos.

Conflictos como el que se está fraguando en Siria en opinión de los halcones militaristas israelíes, nada convencidos de que la designación de Mohamed al Bashir para encabezar un Gobierno de transición vaya a evitar una nueva guerra civil en ese país árabe.


Mohammed Bashir, jefe del llamado Gobierno de Salvación del grupo rebelde islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), a 28 de noviembre de 2024.

Son muchas las facciones que ayudaron a derribar el régimen de Bachar al Asad, desde los islamistas del Hayat Tahrir al Sham (HTS), cuyo líder, Abu Mohamed al Julani, se ha convertido en la cara más conocida de la revuelta, a los proturcos del Ejército Nacional Sirio (ENS) o los kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) apoyadas por Estados Unidos, entre otros.

En estas circunstancias que no auguran mucha estabilidad al nuevo Gobierno de transición sirio, no es extraño que, más que un cortafuegos o una zona "tampón" para evitar ataques desde el norte en dirección al territorio israelí, en realidad esa franja ahora ocupada por Israel a Siria parezca más bien una cabeza de puente para avanzar desde el sur sobre Damasco, como se denunció este martes.

El propio Ministerio de Defensa israelí tuvo que desmentir la noticia difundida por medios de información libaneses de que sus tanques estaban ya enfilando hacia la capital siria. El canal independiente de televisión libanés Al Mayadeen había indicado a primera hora del martes que carros de combate israelíes habían cruzado ya la zona de los Altos del Golán y se encontraban en las afueras de Damasco.

Más cerca de Damasco

En realidad, el avance israelí sí parece haber excedido la zona desmilitarizada inicialmente ocupada. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ordenó este lunes la creación de una "zona de seguridad" libre de armas pesadas en el sur de Siria y "más allá" de la zona desmilitarizada entre los dos países.

"Las Fuerzas de Defensa de Israel se han desplegado en la 'zona de amortiguación' y en una serie de áreas que es necesario defender, a fin de garantizar la seguridad de las comunidades de los Altos del Golán y de los ciudadanos de Israel", indicó un comunicado del ejército israelí.

Esta acción israelí ya ha desatado la ira de otra de las potencias regionales muy interesadas en Siria y participante con armas, dinero y apoyo logístico en la ofensiva que llevó a la caída de Al Asad. Así, el Ministerio de Exteriores turco condenó "enérgicamente" el avance militar israelí en la zona desmilitarizada entre Israel y Siria, "que viola el acuerdo de separación de fuerzas de 1974".

"En un momento tan delicado, cuando parece surgir la posibilidad de paz y estabilidad tan esperada por el pueblo sirio, Israel exhibe una vez más su mentalidad de ocupante", indicó el comunicado turco.

También Arabia Saudí denunció la ofensiva israelí. La operación en el Golán Sirio, indicó el Ministerio saudí de Exteriores, "sabotea" las opciones de Siria para recuperar su "seguridad, estabilidad e integridad territorial" y "confirma la continua violación por Israel de las normas del derecho internacional".

El propio secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue claro: la caída de Al Asad "no debe usarse por parte de sus vecinos para invadir el territorio de Siria".

Damasco, ¿próximo objetivo de Israel?

No es el sur de Siria la única zona de este país que está deparando la "atención" de Israel, lo que podría apuntar a unos planes más amplios de intervención militar israelí en el país vecino.

Netanyahu dijo este martes que había ordenado destruir las "armas estratégicas", el armamento químico, los sistemas de misiles, las lanzaderas de cohetes y las baterías antiaéreas que figuraban en las bases y arsenales del ejército sirio. El ministro de Defensa Katz concretó por su parte que navíos israelíes dotados con misiles habían lanzado también una "operación a gran escala" contra la flota siria hasta hundirla.

Según Netanyahu, el objetivo es evitar que esas armas "caigan en manos de los yihadistas". Es decir, Israel quiere tener muy contraladas las armas que en un momento determinado los islamistas en el poder en Damasco podrían apuntar hacia el sur. O, quizá, despejar el camino para un avance israelí hacia Damasco.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos denunció más de 320 ataques israelíes en menos de tres días sobre posiciones sirias e insistió en que las fuerzas israelíes han avanzado 14 kilómetros en territorio sirio, fuera de la llamada zona desmilitarizada y en dirección a Damasco.

Israel ha "destruido las instalaciones militares más importantes de Siria, incluidos aeropuertos y sus almacenes, escuadrones de aviones, radares, estaciones de señales militares y muchos depósitos de armas y municiones" por todo el país, agregó el Observatorio. Los bombardeos se extendieron este martes a las fábricas de armas y arsenales en las afueras de Damasco.

La huida hacia delante de Netanyahu

La caída de Al Asad y la posibilidad de que el aventurerismo de Netanyahu lleve a profundizar más su actual avance sobre Siria traen un balón de oxígeno al líder israelí, acosado estos días por la justicia de su país, una espada de Damocles que no ha podido apartar ni con conquistas ni con masacres ni con crímenes de guerra, de los que también es acusado en cortes de justicia internacionales.

Este martes, Netanyahu compareció ante un tribunal de Tel Aviv para responder a los cargos que pesan sobre él de fraude, soborno y abuso de confianza, por hechos ocurridos entre 2007 y 2019 (cuando fue imputado). Una minucia si se tiene en cuenta que la propia ONU le acusa de genocidio en Gaza, donde el ejército israelí ha asesinado a casi 45.000 palestinos desde el 7 de octubre de 2023.


La llegada del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al tribunal de distrito de Tel Aviv, a 10 de diciembre de 2024.

En todo caso, su mente ahora está en los réditos que pueda sacar del río revuelto que es ahora la vecina Siria, uno de los enemigos jurados de Israel durante el medio siglo de dictadura de los Al Asad, Bachar y su padre Hafez.

Porque cada día que pasa parece más claro que la hoja de ruta puesta en marcha ese 7 de octubre con su guerra de venganza contra Hamás no solo incluía la erradicación de los palestinos de Gaza y la decapitación de Hizbulá en Líbano. No, el plan es más amplio y pasa por la eliminación de los enemigos de Israel en Damasco y Teherán.

Además, para forjar el "Gran Israel" exigido por los ultranacionalistas y extremistas judíos que integran su Gobierno, Netanyahu debe crear en torno a su país extensas áreas de contención y disuasión ante actuales y futuros enemigos.

Y eso es lo que está haciendo en el Líbano y lo que puede hacer ahora en Siria gracias a las "importantes oportunidades" que le han brindado los insurrectos con el derrocamiento de Bachar Al Asad.


Fuente: Público