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martes, 21 de julio de 2026

La miseria de nuestro periodismo en el genocidio palestino

 

      Periodista y autora satírica italiana.


Dispararon a la gente hambrienta que hacía fila para recibir comida, exterminando a dos mil de ellos, pero no se puede decir que sea un genocidio y de todos modos "Taylor Swift y Travis Kelce presentan a su nuevo cachorro”


Nuesto genocidio.


     Los soldados israelíes han orinado en las cunas, han defecado en las ollas, han quemado los libros, han destrozado las fotos de boda que colgaban de la pared de la casa de los recién casados, se han hecho selfies contoneándose con la ropa interior de la novia, que habían robado de los cajones, por encima del uniforme de camuflaje, han grabado un vídeo para enviárselo a su novia, han grabado un vídeo para aumentar el número de seguidores, pero no se puede decir que sea un genocidio y, en cualquier caso, «Harry y Meghan, junto con sus hijos Archie y Lilibet, se han reunido con el rey Carlos III en Highgrove, la residencia privada del soberano en los Cotswolds».


¿Te encanta matar niños? Hay un lugar para ti en el ejército israelí.

Los soldados israelíes hicieron que los perros destrozaran a un joven discapacitado y lo dejaron morir desangrado, mientras se llevaban a rastras a la madre que les suplicaba que lo ayudaran, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, «Belen conduce la lancha a motor en topless, con una mano sujeta el timón y con la otra se cubre».

Los soldados israelíes han marcado puntos jugando al tiro al blanco. Un día había que disparar a los niños en la cabeza, otro día en los testículos, otro día en la rótula, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Massimo Recalcati analiza psicológicamente a Michele Mari, que ha ganado el premio Strega (y ninguno de los dos dice que sea un genocidio).

El Gobierno israelí bloquea la salida de Gaza y la entrada a los periodistas, a los médicos e incluso a las galletas y la mermelada, porque son demasiado calóricas para las mujeres y los niños, mientras que el 77 % de la población sufre graves niveles de inseguridad alimentaria y, por ello, la mortalidad infantil se ha duplicado, pero no se puede decir que sea un genocidio; y, de todos modos, Dua Lipa se ha casado en Sicilia con 150 cannoli y un helado de sandía con flores de jazmín cristalizadas, recolectadas a las 5 de la mañana.

Han disparado contra las personas hambrientas que hacían cola en los puntos de distribución de alimentos, matando a dos mil de ellas; han destruido la red de abastecimiento de agua, obligando a los supervivientes a sobrevivir con 6 litros por persona, cuando, según la OMS, para garantizar la higiene se necesitan entre 50 y 100, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, «Taylor Swift y Travis Kelce presentan a su nuevo perrito, aunque han decidido mantener la discreción sobre los detalles más íntimos» (No sé, Tgcom24 los llama así).

Han acribillado a balazos el coche en el que una familia intentaba ponerse a salvo; han acribillado a balazos la ambulancia que se dirigía a rescatar a la niña, única superviviente en el habitáculo bajo los cuerpos ensangrentados de sus tíos, acribillaron el habitáculo para matar a la niña superviviente, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Prada propone unas zapatillas de rafia en tonos beige adornadas con el icónico logotipo triangular y acabados en piel.

Han atacado 36 de los 36 hospitales en funcionamiento, han dejado morir a los recién nacidos en las incubadoras tras cortar la corriente, han asesinado a más de 1 500 médicos y enfermeros, han detenido a decenas de ellos sin juicio ni acusación formal, y los han hacinado en cárceles donde los presos son sistemáticamente torturados y violados con objetos punzantes introducidos en el ano hasta lesionarles los órganos internos, en las cárceles donde hay más de 300 niños detenidos por terrorismo en virtud de la ley que considera terrorista al niño que lanza una piedra contra el tanque que está ocupando su pueblo, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Tarantino deja la dirección y vuelve a actuar junto a Kylie Minogue.

Han detenido las ambulancias, han hecho bajar a los paramédicos desarmados, los han asesinado uno tras otro, los han enterrado a los quince junto con sus ambulancias bajo la arena, pero no se puede decir que sea un «genocidio» y, en cualquier caso, Sinner alivia los calambres con zumo de pepinillos.

Han arrasado ciudades enteras, colegios, iglesias, mezquitas, campos de fútbol y cafeterías a orillas del mar; han ocupado militarmente casi el 70 % de la Franja; han destruido todas las universidades; han obligado al 90 % de la población a vivir en tiendas de campaña, incendiado las tiendas, asesinado a más de 72 000 personas —21 000 de ellas niños—, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, este verano puede realzar sus pestañas con postizos desechables para resaltar la mirada sin apelmazarlas.

Han disparado a los pescadores por pescar, a los periodistas por ejercer su profesión, matando a cientos de ellos en ejecuciones selectivas, pero no se puede decir que sea un genocidio; y, en cualquier caso, es el año del Caballo de Fuego en el calendario del horóscopo chino, y los asuntos prácticos, en particular los relacionados con el hogar y la familia, generan tensiones, pero solo si es usted Libra.

Han hecho sobrevolar en plena noche los campamentos de desplazados con drones que emitían llantos de bebés y ladridos de perros para que la gente, aterrorizada, saliera al exterior y luego atacarla, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, sale el nuevo sencillo de Beyoncé.

Han bombardeado sin piedad el Líbano, ocupado el sur del país, arrasado pueblos, obligado a huir a un millón de personas, matado desde el 7 de octubre a más de mil palestinos en Cisjordania, donde no hay Hamás, detenido, en Cisjordania, a uno de cada cuatro palestinos a lo largo de su vida y, también allí, han arrasado pueblos, degollado ovejas, talado olivos, agredido a las monjas, disparado a los sacerdotes y amenazado con armas a los carabineros italianos y a los diputados estadounidenses, además de torturar y secuestrar a activistas internacionales, a los eurodiputados, a los médicos y a los periodistas de todo el mundo; además, han instaurado un sistema de apartheid y han presentado planes de limpieza étnica mediante vídeos generados con IA en los que, en lugar de las casas de los palestinos, aparecen complejos turísticos de lujo y casinos, y a Trump y Netanyahu paseando por el paseo marítimo; pero no se puede decir que sea un genocidio, ni siquiera se pueden interrumpir las relaciones militares, comerciales y estratégicas con Israel, ni tampoco se puede dejar de vender armas a Israel; y solo se puede sancionar 20 —o mejor dicho, 21— veces a Putin por haber invadido Ucrania, pero cero veces a Israel, que ha invadido Palestina, el Líbano, Siria, ha bombardeado seis Estados soberanos con las armas de Trump, quien sanciona a los jueces internacionales, a la ONU y a cualquiera que tenga el valor de decir «genocidio» y de denunciar el apartheid; y, en cualquier caso, Giorgia Meloni, que no dice «genocidio», no reconoce a Palestina, no sanciona a Israel y aumenta el gasto militar tal y como le pide Trump, viste de Cucinelli —que detesta el verde y adora los colores pastel— y no dice «genocidio»; Giorgia Meloni, que promete mano dura contra los maranza, contra los migrantes irregulares y contra los Antifa, pero no mueve un dedo contra los asesinos israelíes y estadounidenses, acude a la peluquería de Mara Carfagna y Elisabetta Gregoraci para hacerse un «long bob» rubio miel con balayage.

Y hay dos cosas que estudiarán las generaciones futuras: cómo fue posible y cómo fue posible que nosotros, los periodistas, habláramos principalmente de otras cosas. «Se nota que todos aspiraban al Premio Strega».



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

lunes, 22 de septiembre de 2025

Aquella brisa de los veranos de antes (12 de 20)

 

 Por  Pedro Costa Morata
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Geopoética de los Estrechos: Messina y Odiseo


Estaba yo, rodeado de pinares por todas partes, pensando en mis deberes mediterráneos cuando me entero de que se relanza el proyecto de un enlace fijo en el estrecho de Messina, uniendo la península italiana con la gran isla de Sicilia. Otra serpiente de verano -me dije- como la del/puente/túnel de Gibraltar, que resurge cada poco y que pretende adquirir forma en este Estado italiano, ahora con la asistencia de Bruselas siempre adicta a las grandes obras y los grandes presupuestos. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, al alimón con ese otro ultra de Matteo Salvini, que es precisamente ministro de Transportes e Infraestructuras, quiere relanzar un proyecto de 14.000 millones de euros (fácilmente duplicables, sobre todo si interviene la Mafia, como dicen que ya se está preparando). Pero la experiencia anuncia que será la obstaculización ecologista la que removerá otras oposiciones, incluida la financiera, y que no debiera haber puente. No obstante, si se empeñan estos neofascistas en emular a Mussolini y sus aires de grandeza, no solo el medio ambiente sufrirá víctima del súper puente, sino que también su poesía -o sea, su historia, geografía, paisaje, memoria- acusará el impacto.


Contemplando el estrecho, desde la orilla siciliana.

Pero a mí lo del puente -de un solo vano de tres kilómetros, de tirantes, de acero y hormigón, concitando la más alta y moderna tecnología de la obra civil, etcétera- solo me ha servido de recuerdo de que tenía pendiente empezar a trabajar en serio mis Mediterráneos (Andares), obra que el futuro habrá de permitirme completar redactando la mayor parte de los 100 “puntos” previstos y que están sin escribir: de los que la mitad solo están esquematizados por alguna visita, pero sin pasar a limpio.


Puente del estrecho de Messina (Recreación).

En el recorrido mediterráneo que me propongo ocupan un singular espacio los estrechos, esos parajes entre mares y entre tierras con sus peñones intimidatorios, sus villas y castillos surgidos y apostados a ambos lados, sus historias y encantos, es decir, su geopoética, porque a su funcionalidad secular llena de vida (el comercio y el intercambio) han de añadir su mortífera connotación (como la guerra, las invasiones y los bloqueos), amén de su rico patrimonio legendario.

De los grandes estrechos mediterráneos, el de Gibraltar lo tengo más que visto, recorrido y estudiado, con su épica, su geología y las ciudades que lo marcan y vigilan: Gibraltar, Algeciras, Tarifa, Ceuta y Tánger. El estrecho turco, cuya agitada vida política le hizo recibir el nombre de “los Estrechos” por antonomasia, consta en efecto de dos canales relativamente estrechos (si los comparamos con los catorce kilómetros de anchura de Gibraltar y los tres de Messina): el Bósforo encañonado por la geología y los Dardanelos ensangrentados por la historia, y también los conocí en su momento. Me falta, pues, el de Suez, que no es estrecho sino canal artificial, aunque comunica dos mares y dos continentes, lo que ya es mucho; aparte de concentrar avatares que en poco o nada nada desmerecen respecto de las otras dos brechas intercontinentales. Y que espera mi visita, extensible a Alejandría (¿puede hablarse del Mediterráneo “saltándose” Alejandría? No) y al delta del Nilo con sus maravillas; y soy muy capaz de olvidarme de las Pirámides, que me conozco.

Aquí hablaré del de Messina, que es un estrecho interior al Mare Nostrum, sí, pero sobradamente interesante; y he dado en conocerlo poco ha, siguiendo mis planes para publicaciones futuras, visitando lugares esenciales del Mediterráneo central, como Malta y Sicilia. En su momento describiré la ciudad de Messina, que sigue sin poder ocultar la impronta española, que es catalano-aragonesa, así como Siracusa y -emoción máxima de aquel viaje- la isla de Strómboli, más tantas cosas del archipiélago maltés. Pero ahora lo que más me atrae es el mero estrecho, esa separación entre Sicilia y Calabria, que ahora se empeñan los políticos italianos en anular con un puente. El lugar me resulta especialmente sugerente, desde luego por la poderosa corriente de agua, pero más todavía por la evocación que perseguí, afanosamente, del Odiseo de la Odisea, más conocido por Ulises: el héroe homérico atravesando ese inquietante brazo de mar con sus compañeros y su frágil embarcación, maltratados ya por tantas penalidades, entre amenazas divinas y peligros mortales.

Me planté, pues, en el extremo nororiental de la gran isla, el cabo Peloro, vértice llamativo del trapecio imperfecto que es Sicilia, junto al que se sitúa Torre Faro como punto más cercano al continente y a donde me llevó desde el centro de Messina el autobús 1..., y me di la gran caminata merodeando por el cabo y “tomándole las medidas” según mi práctica habitual. Así que rodeé la torre (en realidad, fortaleza), saludé al faro (que, renovado, ha conservado gracia y solera), merodeé por las orillas del curioso lago Peloro (cuyo origen geológico me interesó, por raro) y todo ello mirando a levante, observando la orilla de azul oscuro intenso, montañosa y atractiva, queriendo alojar en mis ojos las luces y colores del estrecho que por fin hollaba... Una imagen en majestuosidad y color parecida a la del Yebel Musa, en la orilla africana del estrecho de Gibraltar, cuya ribera europea recorrí hace tiempo entre punta Carnero y Sancti Petri, “empapándome” de luz, viento y geografía.


Torre y faro en cabo Péloro

No se me escapó -imposible ignorarla- la altísima torre metálica que con su pareja divisándose en la otra orilla, sostuvieron en su día los cables eléctricos de interconexión, ahora bajo el agua. Esto y otras cosas que le pregunto me las explica el dueño del bar donde paro a tomarme la birra de mi hora y el premio a mi paseo por tan singular territorio y esos andurriales que, vistos días antes en el mapa, me habían dicho: “te esperamos”. El del chiringuito, de nombre Gino, es atento y parlanchín. Empiezo la conversación en un inglés absurdo (el instintivo de las zonas turísticas de todo el mundo) con crecientes incisiones italianas y saltos gozosos al español universal (como harían los dioses, me digo, sin ningún problema para entenderse), y aprovecho para hablarle de esa teoría que defiende que los latinos hablen entre sí en su propia lengua y hagan lo posible (estudio mínimo de por medio) por entenderse, con la prohibición expresa de recurrir al inglés; a lo que asiente calurosamente. Me explica que no se cree lo del puente del estrecho... y alude a esa torre, la del lado isleño, como “nuestra torre Eiffel”, con sus 260 metros de altura.

Es entonces cuando pienso en mi Odiseo admirado -ejemplo de aventureros, viajero por las buenas y por las malas que paga muy caras sus imprudencias, sensible a encantos, sordo a amenazas-, el que llena ese estrecho y mi mente, al que imagino que arrastra esa misma corriente, digamos, noroeste-sureste, que me envía destellos de plata cuando trata de dominar el oleaje que busca tierra y advierte contra el baño imprudente; un Odiseo sobrecogido, con sus compañeros, entre los horripilantes Escila y Caribdis, que se han propuesto dar al traste con los osados aventureros en su tantas veces penoso divagar. Escila, monstruo y roca, atemoriza desde el continente, y quisiera que la barca de los griegos, a merced de la corriente, se estrellase en su seno hecha trizas en el roquedo afilado; y Caribdis, monstruo y remolino, enseña sus embudos negros del lado de la isla, y quisiera tragarse a los navegantes inermes.


Odiseo y sus compañeros, entre Escila y Caribdis (DTG).

Es lo que cuenta el canto XII de la Odisea, con el majestuoso lenguaje que el poeta gasta que, aunque no fuera Homero, como algunos sospechan, no es menos brillante que el bardo ciego; a no descuidar la hipótesis de quienes, como Robert Graves, consideran que esta epopeya es obra de una poetisa, tal es la finura de la redacción y la omnipresencia femenina en el relato. Y es que, en su descenso del mar Tirreno tras una segunda estancia en los brazos de Circe, más breve que la primera (cuando la diosa hechicera lo retuvo un año y le dio al menos tres hijos), Odiseo es sometido a duras pruebas antes de acabar, tras ardua travesía, en el no menos cálido regazo de Calypso, en una bien segura cueva abierta en el acantilado de la isla maltesa de Gozzo (que este cronista contempló con unción en aquellos mismos días).

Desde los geógrafos y escritores clásicos, el “seguimiento” de Odiseo a través de la Odisea ha sido empeño repetido, tanto es el detalle de la navegación y el realismo geográfico demostrado. Yo también me sentí atraído por esta prueba y por eso celebré tanto el libro del historiador inglés Ernle Bradford, Ulysses found, inicialmente editado en 1964 y que yo adquirí en un viaje a Londres en 1987. Es este libro un entusiasta, así como riguroso, recorrido por el Mediterráneo a la búsqueda de Odiseo, a manos de un escritor que hizo la guerra en este mar en un buque de la Armada Real y que luego insistió por sus medios en aportar toda la exactitud posible a la geografía del poema, seguro de que tendría correspondencia física real.

(Añadiré que no pasó mucho tiempo para que ese libro se tradujera al español como En busca de Ulises, 1989, y que también adquirí, claro. El caso es que lo presté y no lo he recuperado, pero estoy seguro de que en las manos en que esté recibirá el trato merecido, de homenaje a ese leal e intrépido autor, esforzado en dar vida real al Odiseo de la leyenda.)

Y así, la isla de Circe, llamada Eea en la obra, nuestro investigador la ubica en un punto al norte de Nápoles, no necesariamente isla: en el actual monte Circeo hay cuevas y escondites, tanto para el palacio de una diosa hechicera como para resguardar una nave de aquellas... Y las sirenas diabólicas, que obligaron a Odiseo a pedir a sus compañeros que lo ataran al palo del barco para no dejarse llevar por el encanto de sus llamadas, debieron surgir como dominio propio de los islotes llamados Galli, en la entrada norte del golfo de Salerno.

Así que me imaginaba yo a Odiseo y su reducida tripulación en la no menos escueta nave, enfilando el estrecho entre Torre Faro y Scilla (localidad que los calabreses han glorificado con ese nombre eterno), después de superar el agobio de las sirenas y sin saber muy bien por qué peligro optar, si los negros arrecifes o los remolinos espumosos. Y en sus zozobras, me digo yo que Odiseo pensaría que era demasiado penar por las pruebas que el destino y los caprichoses dioses le mandaban recriminándole con descaro, y también con injusticia, su fácil olvido de la paciente y fiel Penélope.

El caso es que una vez más es Atenea, pendiente siempre de los trabajos y miserias de su dilecto protegido, quien salva a Odiseo de rocas y remolinos, y aunque pierde a seis de sus compañeros por las malas artes de Escila, pronto arrumba a la costa de Sicilia, “la isla admirable del dios, donde se encuentran las vacas de grandes testuces y las muchas ovejas del Sol...”. Y donde nuevas desgracias volverán a maltratarlo, así como a sus compañeros.

Cuando me despido Gino no me quiere cobrar, así que me vuelvo a sentar, anoto mis visiones e imaginaciones y me tomo otra birra, empeñado en pagarle.


miércoles, 3 de septiembre de 2025

Cómico y desgarrador - Notas sobre el final de Europa

 

    Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.


     CNN muestra imágenes del funeral de un joven soldado ucraniano. Su esposa llora frente al ataúd y pone flores.

Banderas rojas y negras, una gran A en un círculo en primer plano.

Recuerdo que, desde los primeros días de esta guerra, Vasyl, un amigo ucraniano que se autodenomina anarco-socialista, me escribió: “Si Putin gana, el fascismo prevalecerá en todo el mundo”.

Tenía razón, y hoy el triunfo del fascismo se ve por todas partes.

El problema es que el fascismo habría prevalecido en todo el mundo incluso si Zelenski hubiera ganado la guerra.

Pero ver imágenes de un joven anarquista que podría haber sido mi alumno si hubiera dado clases en Kiev es desgarrador; ver el llanto de esa chica que fue su pareja es desgarrador.

La cumbre de Washington, por otro lado, con Trump saludando a los perdedores con una sonrisa sardónica, fue cómica.

Zelenski, con un traje oscuro alquilado para la ocasión, resultó ridículo.

Sentado en la misma silla que ocupó en febrero cuando Vance lo insultó y Trump lo humilló frente a mil millones de espectadores, el perdedor agradece, agradece y agradece.

No me queda claro por qué les agradece.

El hombre a quien agradece acaba de regresar de una reunión con Putin, buscado por una sentencia penal internacional. En Alaska acordaron temas relacionados con la división del Ártico y también, marginalmente, sobre la rendición incondicional de Ucrania.

De eso trató la cumbre de Alaska, aunque los comediantes europeos (el tío Macron, la tía Meloni, la abuela Ursula y los demás familiares del perdedor ucraniano) finjan hablar de las garantías que se le brindarán a su nieto. Nadie menciona la palabra “Donbás” o la palabra “Crimea”; sería de mal gusto.


Zelenski y Trump, junto a otros líderes europeos, durante la reunión en Washington, del pasado 19 de agosto.

Lo que pasará a la historia como la guerra de Ucrania (si es que en el futuro existen historiadores, cosa que dudo) comenzó como una genialidad del gobierno de Biden. Causar una masacre en la frontera oriental de Europa pretendía destruir Europa y debilitar a Rusia simultáneamente.

El primer objetivo se logró a la perfección. Si quieren entender la importancia de Europa hoy, basta con ver a Macron sentado junto a Trump, quien recientemente lo trató públicamente como un idiota que habla de cosas que desconoce. Sin embargo, Macron finge que todo está bien con el Padrino y, con una expresión bastante nerviosa, dice algo irrelevante mientras el Padrino sonríe con sorna.

El primer objetivo se ha cumplido a la perfección: se han roto las relaciones económicas entre Rusia y Alemania y se ha interrumpido el gasoducto North Stream 2. Vance ha degradado a la Unión: “Primero eran súbditos, ahora son enemigos”, declaró el número dos en Múnich.

Castigados con aranceles que pronto hundirán la economía europea, los súbditos convertidos en enemigos deben ahora invertir su capital en el país que los humilla y comprar armas a quienes traicionaron a Ucrania para abastecer a una Ucrania mutilada.

La guerra interblanca se encamina hacia una conclusión (temporal) con el siguiente resultado: la civilización blanca está dominada por las potencias nucleares del Ártico (EEUU y Rusia), la Unión Europea es un muerto viviente y Ucrania se ha convertido en un país destruido, empobrecido y despoblado, obligado a entregar sus recursos a quienes primero la empujaron a la guerra, luego la engañaron y finalmente la traicionaron.

En cuanto al segundo objetivo (debilitar a Rusia), se falló por completo, porque los estadounidenses, como sabemos, son volubles. Empiezan guerras en lugares lejanos como Afganistán, luego olvidan por qué lo hicieron y dejan a sus protegidos (especialmente sus protegidas) en manos de asesinos.

Así que, en lugar de Biden, el enemigo de los rusos, llegó el mejor amigo de Vladímir Putin, y medio millón de ucranianos (¿más?, ¿menos?, Nunca lo sabremos) murieron por nada. Es decir, para defender las fronteras sagradas de la patria y, como siempre, para dejarse engañar por el nacionalismo de los payasos.



Fuente: CTXT

domingo, 20 de abril de 2025

China aguanta el pulso arancelario y confía en su gran potencial en tierras raras para batir a Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Pekín descarta claudicar en la guerra arancelaria declarada por Trump y apuesta por doblegar a EEUU en el sector de los minerales, clave para las últimas tecnologías.


     En la guerra comercial global declarada por el presidente de EEUU, Donald Trump, para imponer la hegemonía económica estadounidense, China dispone de un arma que podría poner de rodillas a la principal economía del mundo. De momento, Pekín apuesta por utilizarla para devolver la calma a los mercados e impedir un mayor caos comercial internacional.


La búsqueda de tierras raras se ha convertido en una estrategia fundamental en el mundo.

Se trata de su predominio en el sector de las tierras raras, esos minerales críticos imprescindibles para la manufactura de componentes electrónicos de última generación. China se encuentra en una posición en la que podría obligar a cualquier país a arrodillarse y negociar en este ámbito en los próximos años.

Esos minerales estratégicos son utilizados para elementos tecnológicos militares, del transporte y sobre todo de la comunicación, especialmente en la telefonía móvil. La respuesta china a la guerra comercial declarada por Trump con sus aranceles en ristre, además de elevar sus propias tasas a la importación, ha limitado las exportaciones de esas tierras raras.


Vista aérea del puerto de Shanghái​, epicentro del comercio en China.

China tiene el 61% de la producción mundial de tierras raras extraídas, pero controla el 92% del procesamiento. Es decir, tras décadas de silencioso trabajo en este sector, Pekín domina su cadena de suministro y puede decidir qué empresas son abastecidas de esos elementos químicos.

Estados Unidos y muchos otros países han dependido de China en el suministro de estos minerales procesados y ahora comprueban la distancia abismal que les separa con Pekín. Entre 2020 y 2023, Estados Unidos dependió de China para el 70% de sus importaciones de todos los compuestos y metales de tierras raras.

Por eso, las restricciones chinas a la exportación de estos elementos pueden ser un torpedo bajo la línea de flotación de la tecnología estadounidense, en especial en áreas clave como la industria de la defensa.

La guerra comercial con China no le sale bien a Trump

En estos momentos, EEUU y China mantienen las espadas en alto en su disputa arancelaria, detonada por la decisión de Trump de imponer aranceles comerciales prácticamente al planeta entero. El problema es que con Pekín ha querido dar una lección excepcional, identificando a China como un enemigo a abatir y tratando de someter a los productos chinos al escenario que Trump quiere para la economía estadounidense. Ya lo intentó en su anterior mandato presidencial, entre 2017 y 2021, sin mucho éxito.


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, después de firmar dos órdenes ejecutivas que dieron lugar a los aranceles recíprocos.

Ahora, totalmente desatado por su control semidespótico de los principales resortes de poder en EEUU, Trump ha creído que podría presionar a los chinos y someterlos a sus caprichos comerciales sin que estos no alzaran ni una ceja. No ha sido así y tras un toma y daca agudizado en las últimas semanas, actualmente los aranceles impuestos por Washington a los productos chinos ascienden a un disparatado 145%, mientras que las tasas chinas a los bienes estadounidenses se han elevado a un 125%.

En tales circunstancias, el daño a las economías mundiales, empezando por la estadounidense y la china, puede ser incalculable. La tensión de la cuerda es muy alta y podría llegar a romperse.

Aunque las instituciones financieras mundiales descartan una recesión generalizada, si las cosas se ponen feas estaríamos ante una crisis económica que recordaría los peores tiempos derivados de la guerra de Ucrania y de la pandemia de covid estos años atrás.

Una crisis mayor

Hace una semana, Trump decidió dar una tregua a la imposición de los aranceles a sus socios comerciales, que sin ser tan desmesurados como en el caso chino, seguían siendo insoportables. Ese respiro no incluía a China, que ha empezado a movilizarse comercial y políticamente para la resistencia.


Trabajadores en una fábrica de Hefei, en China.

Con el tiempo en contra, la Administración Trump pretende tener el control y cerrar las negociaciones con socios y contrincantes en el próximo mes. Respecto a la Unión Europea, la visita de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a Washington esta semana parece haber desatascado algunas puertas bloqueadas, que podrían abrirse con ciertas cesiones del comercio europeo.

En el caso de China, Trump insiste en que ya hay conversaciones de por medio, pero los avances sustantivos no se ven. Y las amenazas de más inflación y de caída del crecimiento del PIB son reales para Estados Unidos en primer lugar. Pekín se limita a subrayar el error que está cometiendo Trump y a advertir de que tomará las medidas oportunas.

Y ya lo está haciendo, para pánico de los exportadores estadounidenses y de la propia clase política de Washington, que teme una invasión de los mercados por productos chinos muy rebajados en sus precios. Saben que China tiene la fuerza suficiente como para resistir esta oleada y la siguiente.

El doble rasero de EEUU

En un acto de doble rasero y máximo nerviosismo, es la Casa Blanca la que acusa a China de emprender "estrategias agresivas" y dañar a la economía estadounidense. Pero en los propios EEUU ya se empieza a cuestionar la estrategia de Trump y se recuerda que fue éste quien lanzó, al proclamar su "día de la liberación", la primera andanada en una guerra que nadie puede ganar.


Las banderas de Estados Unidos y China en un edificio de una empresa estadounidense de Pekín.

Los últimos aranceles y limitaciones al transporte marítimo chino, con tasas a los buques construidos y operados por China que lleguen a puertos estadounidenses, pueden subir los costes del transporte marítimo global, perturbar la estabilidad de la cadena de suministros y aumentar la inflación sobre todo en EEUU, como argumentó el portavoz de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian.

No parece, pues, que vaya a funcionar ese plazo de "tres o cuatro semanas" del que habló Trump este jueves para alcanzar acuerdos arancelarios con todo el mundo, menos aún con China. La tregua parcial de 90 días declarada la semana pasada ya está contando y el reloj avanza sin demora. Todo el mundo sabe, sin embargo, que sobre estos acuerdos pende la espada de Damocles de la confrontación entre EEUU y China.

China se mueve con cautela; en EEUU sube el nerviosismo

La inquietud cunde en la Casa Blanca. "La pelota está en el tejado chino, es China quien ha de dar el primer paso", afirman en Washington los hombres de Trump. Pekín, entretanto aguarda. Aguarda y espera incluso que el presidente estadounidense pida una cumbre con el líder chino, Xi Jinping, para arreglar las cosas al máximo nivel. Ello supondría una victoria china sin paliativos y muy evidente a los ojos de todo el mundo.

La visita que el presidente chino acaba de finalizar por el sudeste asiático no es casual. Es ese movimiento que demandaba Trump, solo que Xi Jinping lo ha dado en una dirección contraria a la que esperaba el mandatario estadounidense. El mensaje es evidente: China ofrece estabilidad allí donde EEUU está promoviendo el caos.

Que la visita haya sido a una de las zonas comerciales de mayor auge en el mundo, además vecina de China, marca la fuerza del mensaje en una región, Asia Pacífico, donde Trump ha declarado una y otra vez que quiere izar la bandera de EEUU sin que ninguna otra le haga sombra.

El jaque mate chino de las tierras raras

Ahora queda ver el impacto que puede tener en esta guerra arancelaria la decisión china de meter al comercio de tierras raras en la trifulca. Los 17 elementos químicos que conforman las llamadas tierras raras no son tan raros ni difíciles de hallar. El problema es que no se encuentran en casi ninguna parte en los volúmenes precisos para su extracción, explotación, manufacturación y comercio de cara a la fabricación de componentes de telefonía móvil inteligente, pantallas, tecnología médica, láseres, coches eléctricos, cuadros de mando de los aviones de combate más avanzados, circuitos para submarinos, mecanismos sofisticados para satélites y muchos otros usos.

Esas tierras raras son el escandio, el itrio, el cerio, el lantano, el neodimio, el praseodimio, el prometio, el europio, el holmio, el erbio, el terbio, el iterbio, el tulio, el lutecio, el samario, el gadolinio y el disprosio.

Y es China, como se ha indicado, la que detenta casi todo el potencial en su producción y procesamiento, para disgusto de Trump, quien parece que es ahora, y de repente, cuando se ha dado cuenta del patinazo que puede haber dado al declararle al gigante asiático su cruzada arancelaria.

China tiene las mayores minas del mundo de al menos siete de esos elementos químicos raros, con una producción anual de 270.000 toneladas métricas frente a las 40.823 toneladas métricas extraídas en EEUU.

Fabricantes destacados en la industria de la defensa y aeroespacial de EEUU, como Lockheed Martin o Boeing, asisten muy preocupados al pulso entre Pekín y Washington, tras estar sufriendo ya las restricciones chinas. Los emporios del automóvil eléctrico, las comunicaciones y la computación tiemblan más, si cabe.

Si a merced de esta guerra de aranceles global, Pekín impone su monopolio en esos minerales estratégicos, China podría lanzar un jaque mate a EEUU y las consecuencias serían no solo económicas.

El riesgo de guerras regionales por los recursos

A la caza de esas tierras raras y otros metales estratégicos, como el cobalto, el coltán o el tántalo, Washington ya está evaluando una presencia militar en África para desplegarse en países ricos en esas reservas, como la República Democrática del Congo, y desplazar allí a las empresas chinas que comercializan esos minerales.

La misma semana que Trump lanzaba su guerra arancelaria global, su asesor especial para África, Massad Boulos, viajaba al Congo para negociar la ayuda militar que puede prestar EEUU a ese Gobierno a fin de librarlo de la guerrilla del M23 y del apoyo a ésta por parte de Ruanda a cambio de la adquisición de sus reservas de minerales estratégicos.

En un corto espacio de tiempo, África podría arder en guerras locales con EEUU, Rusia, China o Francia apoyando a Gobiernos o milicias rebeldes a fin de controlar la producción de esos minerales imprescindibles también para la fabricación de baterías de teléfonos móviles, ordenadores portátiles y tabletas, y el resto de destinos de última tecnología ya mencionados.

Si en el pasado se desataron guerras por el oro, las especias, el opio o el petróleo las próximas contiendas podrían ser por las tierras raras. Y tanto EEUU como China estarán de una u otra forma implicados.


Fuente: Público