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martes, 23 de junio de 2026

Ucrania, Europa y la seguridad mundial

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


El artículo del ministro de exteriores ruso que no se publicó en Bruselas


     El 19 de junio, el ministro de exteriores ruso escribió un artículo para la revista Politico-Europe, con sede en Bruselas, pero, tras una decisión de última hora del equipo editorial su publicación se canceló.


El artículo de S.V. Lavrov estaba previsto inicialmente para su publicación en la revista europea Politico Europe, pero en el último momento, por decisión de los editores, se canceló la publicación.

En el, Sergei Lavrov respondía a las resoluciones de la cumbre de las tres principales potencias europeas, Alemania, Inglaterra y Francia sobre el conflicto de Ucrania, resoluciones que describe como un ultimátum.


La guerra, que Rusia ni quiere ni ha buscado, no debe ser el futuro de Europa.


Lavrov dice que “Rusia no se opone a mantener contactos con ninguna de las partes, sin embargo consideramos que Europa es una parte empeñada en la derrota de Rusia, por lo que el diálogo con Europa no puede llevarse a cabo como si se tratara de un observador imparcial”. “El verdadero objetivo de los líderes europeos no es negociar con Rusia sino fortalecer el régimen de Zelensky y preservarlo como plataforma de lanzamiento para una confrontación continuada contra Rusia. Con esto en mente, los líderes europeos se apresuran a conseguir un alto el fuego lo antes posible y por una única razón: evitar el colapso de las Fuerzas Armadas de Ucrania en el campo de batalla”.

Si los periodistas de los medios europeos hicieran su trabajo, la posición rusa en el conflicto con la OTAN en Ucrania se conocería, pero no es el caso. La mayoría de ellos se ha puesto el uniforme de camuflaje dispuestos a servir en la cruzada bélica que se prepara. Defienden la ficción de que Ucrania está dando un vuelco a la guerra, silencian las muertes de civiles en la retaguardia rusa ocasionadas por armas fabricadas, donadas o financiadas por los países europeos que abren diariamente los informativos en Rusia y se suman a la cruzada informativa.

Los tres líderes de las principales potencias europeas, unidos por un desprestigio interno superior al 70% sin precedentes, están conduciendo a sus países a un conflicto directo con Rusia sin pensar por un momento en sus consecuencias. El rearme y la guerra son hoy el extremo recurso de cohesión de una Unión Europea ciega, dividida y en profunda crisis interna.

Autor: Sergei Lavrov

En una reunión celebrada en Londres el 7 de junio de 2026, los líderes de Gran Bretaña, Francia y Alemania, así como Vladimir Zelensky, establecieron cinco condiciones previas para que Rusia garantice una «paz justa y duradera» en Ucrania. La Europa unida presenta ahora esta lista de exigencias como base para el diálogo con Moscú.

Antecedentes

Más de dos décadas de negociaciones con Europa, como parte del Occidente colectivo, solo permiten llegar a una conclusión: entablar un diálogo con Rusia ha servido de cortina de humo diplomática para la expansión geopolítica de las instituciones occidentales —sobre todo la OTAN y la Unión Europea— hacia el este, hasta las mismas fronteras de Rusia.

La complicidad de Europa en el agravamiento de la crisis ucraniana es innegable. Junto con Estados Unidos, los países europeos orquestaron la Revolución Naranja en Kiev en 2004. Para crear una cabeza de puente antirrusa en Ucrania, pasaron años sobornando a políticos y a partidos enteros, reescribiendo la historia y los planes de estudios, cultivando y alimentando el nacionalismo ucraniano, y no escatimaron esfuerzos para alejar a Ucrania de Rusia.

En 2013, la Unión Europea rechazó de plano nuestra propuesta de compromiso sobre el acuerdo de asociación —un acuerdo que Bruselas llevaba mucho tiempo presionando a Víktor Yanukóvich para que firmara—. Vale la pena recordar que a Ucrania se le ofreció una apertura unilateral del mercado, sin compromisos recíprocos, unas condiciones que habrían resultado incompatibles con la permanencia de Kiev en la zona de libre comercio de la CEI. Cuando Víktor Yanukóvich solicitó un aplazamiento, los europeos incitaron a disturbios callejeros que se convirtieron rápidamente en un golpe de Estado en Kiev en febrero de 2014.

Alemania, Francia y Polonia demostraron entonces ser igualmente traicioneras. Tras haber garantizado que se respetaría el acuerdo alcanzado entre la oposición y Víktor Yanukóvich, se lavaron las manos en el instante en que esa misma oposición, fruto de su propia obra, tomó el poder. «La democracia», dijeron encogiéndose de hombros, «da giros inesperados».

A partir de entonces, Europa prestó su apoyo a las nuevas autoridades. En Odesa, el 2 de mayo de 2014, el hecho de que decenas de inocentes partidarios de estrechar los lazos con Rusia fueran quemados vivos no suscitó ni una sola palabra de condena por parte de las capitales europeas.

Como cogarantes de los Acuerdos de Minsk de 2015, Francia y Alemania animaron de hecho al régimen ucraniano a sabotear sus propios compromisos. Tal y como admitieron posteriormente Angela Merkel y François Hollande —una vez que la operación militar especial ya había comenzado—, la aplicación por parte de Kiev de los Acuerdos de Minsk, aprobados por unanimidad por el Consejo de Seguridad de la ONU, nunca fue una intención genuina. El objetivo, admitieron, era simplemente ganar tiempo: reforzar las Fuerzas Armadas de Ucrania e inundarlas de armamento occidental.

Rusia, por su parte, exploró todas las vías diplomáticas para calmar la crisis de seguridad en Europa. Sin embargo, en enero de 2022, Estados Unidos y la OTAN rechazaron la propuesta rusa de garantías de seguridad mutuas jurídicamente vinculantes. Los miembros europeos de la OTAN respaldaron activamente ese rechazo.

Tras el inicio de la operación militar especial, la Europa unida respaldó los esfuerzos del primer ministro británico por sabotear las negociaciones de Estambul entre Rusia y Ucrania. El llamamiento de Boris Johnson a Kiev —«no firméis nada, simplemente luchad»— cerró de golpe la puerta a una diplomacia auténtica en un futuro previsible.

Situación actual

Entonces, ¿qué ha llevado a los líderes europeos a cambiar repentinamente su retórica y empezar a hablar de negociaciones, y qué pretenden conseguir con estas declaraciones? Por ejemplo, la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, ha declarado que el objetivo de cualquier diálogo con Rusia es imponer las condiciones de Europa. Entre ellas se incluyen: el pago de «reparaciones» a Ucrania; la retirada de tropas de Transnistria y del Cáucaso Meridional; la derogación de la ley de «agentes extranjeros»; y la aceptación de límites estrictos al tamaño de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Según su planteamiento, «no puede haber una paz justa y duradera sin que Rusia rinda cuentas».

Durante la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU del 19 de mayo de 2026, un representante de la UE lo dejó claro de forma inequívoca: «apoyar militarmente a Ucrania no contradice la búsqueda de la paz, sino que constituye un requisito previo fundamental para cualquier negociación creíble y de buena fe».

El plan de Europa consiste en dialogar con Rusia y, al mismo tiempo, seguir adelante con una campaña de guerra jurídica orquestada a través del Consejo de Europa. Dentro de esta organización, que en su día fue respetable, se está creando toda una infraestructura con el propósito expreso de «hacer que Rusia rinda cuentas»: un Registro de Daños, una Comisión de Reclamaciones y un Tribunal Especial.

La Unión Europea también ha dado luz verde a la detención de buques mercantes en alta mar. Ya se han producido varios incidentes en el Báltico y en el Atlántico. Al mismo tiempo, Occidente desvía cuidadosamente la mirada de los actos terroristas de sabotaje perpetrados por las Fuerzas Armadas de Ucrania en el mar Negro y el mar Mediterráneo.

El verdadero objetivo de los líderes europeos, por tanto, no es negociar con Rusia. Es fortalecer el régimen de Zelensky y preservarlo como plataforma de lanzamiento para una confrontación continuada contra Rusia. Con esto en mente, los líderes europeos se apresuran a conseguir un alto el fuego lo antes posible y por una única razón: evitar el colapso de las Fuerzas Armadas de Ucrania en el campo de batalla. El plan consiste en «congelar» el conflicto sin abordar sus causas fundamentales y, a continuación, desplegar rápidamente contingentes militares de la «coalición de voluntarios» anglo-francesa en territorio ucraniano.

Es de sobra conocido que las élites europeas han invertido su «capital político» en el enfrentamiento con Rusia, destinando cientos de miles de millones de dólares a apuntalar el régimen de Kiev y a aumentar los presupuestos militares de los Estados miembros de la UE y de la OTAN. Europa se ha fijado ahora como objetivo alcanzar la «preparación defensiva» frente a Rusia para 2030. Hasta entonces, pretenden ganar tiempo por todos los medios a su alcance. En unas declaraciones sorprendentemente sinceras realizadas este mes de abril, el jefe del Estado Mayor belga lo expresó sin rodeos: «Todavía nos quedan unos años. Gracias al valor y a la sangre de los ucranianos, que nos están ganando ese tiempo».

La Europa unida sigue soñando con la expansión. Pretende absorber a Ucrania y Moldavia, al tiempo que atrae a Armenia a su esfera de influencia. La OTAN ya se ha expandido hacia el este, incorporando a Finlandia y Suecia. En cuanto a Ucrania, se la considera cada vez más como el «puño de ataque» de una futura fuerza militar europea, independiente de Estados Unidos y de la OTAN.

Riesgos para la seguridad mundial

Esta situación plantea graves amenazas para la seguridad mundial. Un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia podría derivar rápidamente en un intercambio de ataques nucleares, con consecuencias catastróficas.

Bajo la bandera de la «autonomía estratégica», Europa está siendo testigo de un importante refuerzo de sus capacidades militares, incluso en el ámbito nuclear. La intención de París de extender su «paraguas nuclear» a varios Estados miembros de la UE y de la OTAN es motivo de profunda preocupación. Esto no contribuirá en absoluto a reforzar la seguridad de la propia Francia ni la de los destinatarios de su supuesta protección.

A pesar de todo ello, la clase política y militar europea sigue atribuyendo a Rusia planes agresivos —planes que, según afirman, van mucho más allá de Ucrania—. El presidente ruso ha declarado en numerosas ocasiones que todo esto son tonterías, provocaciones y desinformación, todo ello con el único objetivo de obtener fondos presupuestarios para la lucha contra Rusia. Ese no es precisamente el clima adecuado para un diálogo sustantivo.

La posición de Rusia

En cuanto a las negociaciones, Vladímir Putin reiteró en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo que Rusia no se opone a mantener contactos con ninguna de las partes. Sin embargo, consideramos que Europa es una parte empeñada en la derrota de Rusia —una postura que los propios europeos reconocen abiertamente—. Por lo tanto, el diálogo con Europa no puede llevarse a cabo como si se tratara de un observador imparcial.

Rusia preferiría alcanzar los objetivos de la operación militar especial por la vía diplomática. Para ello es necesario garantizar de forma fiable la seguridad a lo largo de las fronteras occidentales de Rusia y asegurar el respeto y la dignidad de nuestros ciudadanos y compatriotas, incluido el derecho a hablar su lengua materna, el ruso, y a practicar la fe cristiana ortodoxa. Una mayor expansión militar, política y económica por parte de Occidente es inaceptable: va en contra de los imperativos de un mundo multipolar.

Los líderes europeos deberían reconocer que el modelo de seguridad regional construido en Europa a lo largo de décadas, desde la adopción del Acta Final de Helsinki en 1975, ha sido destruido por sus propias manos. Y nunca se restablecerá. Ahora debemos avanzar hacia la creación de una arquitectura de seguridad a escala continental, abierta a todos los países euroasiáticos y que refleje la realidad multipolar actual.

El principio de seguridad igualitaria e indivisible, pisoteado por los euroatlantistas, puede plasmarse en una nueva arquitectura euroasiática. Cuando llegue el momento oportuno, también Europa podrá sumarse a este gran esfuerzo.

La clave es que un diálogo significativo requiere restablecer la confianza, que quedó destrozada por las acciones antirrusas de Occidente —y de Europa como parte de él— en la era posterior a la Guerra Fría. La confianza solo puede recuperarse mediante medidas concretas que demuestren un compromiso sincero de dejar de utilizar la diplomacia como tapadera para ambiciones expansionistas. La confianza no puede restablecerse, ni puede reanudarse el diálogo, mediante ultimátums como el que se lanzó a Rusia en Londres el 7 de junio de 2026.


P. D.: Cabe destacar que el ultimátum de Londres fue reafirmado de manera inequívoca por los embajadores de Gran Bretaña, Francia y Alemania en la reunión celebrada en el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso el 11 de junio de 2026, una reunión que ellos mismos habían solicitado con tanta insistencia. Ese fue el único propósito de su visita al Ministerio.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

viernes, 16 de enero de 2026

En la Unión Europea ya rige una ley marcial no declarada


    Por Norbert Häring   
     Escritor de negocios alemán y autor de varios libros de divulgación económica. Escribe para el diario económico Handelsblatt.


La condena de la UE contra los periodistas críticos se remonta a una decisión tomada en la cumbre de la OTAN de 2023


     6 de enero de 2026 | La «Agenda Estratégica» de la UE de 2024 contiene una declaración de guerra contra los periodistas críticos con la UE y la OTAN que casi nadie ha notado. Con esta agenda, el Consejo de la UE aplicó fielmente las directrices de la cumbre de la OTAN celebrada en Vilnius en 2023. El resultado son sanciones drásticas contra periodistas como Hüseyin Doğru, Alina Lipp, Thomas Röper y Jacques Baud.

Los gobiernos de la OTAN anunciaron en su cumbre de Vilnius de 2023 que cooperarían con la UE en sus esfuerzos redoblados por desarrollar la resiliencia social (también conocida como capacidad bélica), especialmente en lo que respecta a la lucha contra la desinformación:

«A medida que intensificamos nuestros esfuerzos para desarrollar la resiliencia, seguiremos colaborando con nuestros socios que realizan esfuerzos similares, en particular con la Unión Europea. (…) Seguiremos luchando contra la desinformación y la información errónea, entre otras cosas mediante una comunicación estratégica positiva y eficaz (es decir mediante propaganda. Nota del autor). También seguiremos apoyando a nuestros socios en el fortalecimiento de su resiliencia frente a los retos híbridos».

Esto puede interpretarse como un reconocimiento de que la OTAN está detrás de la lucha contra la llamada desinformación. No es casualidad que Bruselas sea la capital tanto de la UE como de la OTAN. Y así fue como la UE, con su «Agenda Estratégica 2024-2029» anunciada en junio de 2024, se embarcó de lleno en la carrera armamentística. Debido a una nueva «realidad geopolítica», el Consejo de la UE promete (a la OTAN) «reforzar la resiliencia (de la UE) en el marco de un enfoque que abarque todos los peligros y toda la sociedad», prestando especial atención a la resiliencia social y democrática. El razonamiento y la elección de palabras se asemejan mucho a los que se encuentran en las declaraciones de la OTAN sobre el tema de la resiliencia.


Agenda Estratégica 2024-2029.

En esta «agenda estratégica», el Consejo de la UE califica sumariamente como intento de desestabilización todo lo que entra dentro de una definición muy amplia de «desinformación». La «siembra de la división» se menciona en el mismo contexto que el terrorismo y el extremismo violento:

«Reforzaremos nuestra resiliencia democrática, entre otras cosas, (…) defendiéndonos de los intentos de desestabilización, incluidos la desinformación y el discurso de odio. (…) Contrarrestaremos los intentos de sembrar la división, la radicalización, el terrorismo y el extremismo violento».


'No estamos en guerra, pero tampoco estamos en paz', afirma el Canciller alemán Friedrich Merz.

De hecho, la UE declara así enemigos del Estado a los críticos del Gobierno y de la OTAN.

Los medios de comunicación no tomaron nota de ello. Y tampoco debían hacerlo. Mi advertencia de entonces sobre esta declaración de guerra de la UE a los publicistas críticos se haría realidad muy pronto y de forma muy drástica. Los publicistas que atacan la narrativa estratégica de la OTAN y la UE en lo que respecta a Ucrania y, en el caso de Doğru, también en lo que respecta a Palestina, fueron condenados a un ostracismo medieval. Se les privó de casi todos sus derechos humanos y civiles.

Debemos ser conscientes de que esto no solo parece una ley marcial. En la UE ya rige una ley marcial no declarada. No es casualidad que el canciller federal y otros nos repitan una y otra vez que, aunque todavía no estamos en guerra, tampoco estamos en paz. Esto significa que la OTAN gobierna en segundo plano y que las garantías habituales del Estado de derecho en tiempos de paz, como la libertad de expresión y de información, ya no se aplican cuando se trata de cuestiones importantes para la OTAN.


'Una mirada fría a los agentes de desinformación': Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.



Solidaridad con el ex coronel suizo tras las medidas coercitivas de la UE. El banco retira el mínimo vital al periodista berlinés Hüseyin Doğru


Por Max Grigutsch     

       Periodista alemán del diario junge Welt.



     En Alemania se produjo una gran indignación cuando el Gobierno estadounidense impuso sanciones a dos directoras generales alemanas de la organización «Hate Aid». Mientras tanto, la Unión Europea, con el consentimiento de Alemania, sigue añadiendo personas a sus propias listas de sanciones, la última de ellas el suizo Jacques Baud.


El ex coronel suizo Jacques Baud.

Se acusa al ex coronel de ser «invitado habitual en programas de televisión y radio prorrusos» y de actuar como «portavoz de la propaganda prorrusa», según se afirma en la página web de la Comisión Europea. Sin embargo, una carta de solidaridad publicada el jueves afirma que «no es un delito llamar la atención de los lectores sobre las falsedades y la propia propaganda de la UE y la OTAN». Se exige «el levantamiento inmediato de las sanciones ilegales contra Jacques Baud, así como contra todos los periodistas, científicos y ciudadanos de la UE».

El mismo día, el periodista berlinés de izquierdas Hüseyin Doğru, sancionado desde mayo de 2025 con pretextos poco convincentes, informó de que su banco privado le había bloqueado incluso el acceso a un mínimo vital de 506 euros al mes. Esto significa que ya no tiene dinero para alimentar a su familia, entre la que hay dos bebés. «De hecho, la UE también ha sancionado a mis hijos», escribió Doğru al respecto en la plataforma X.


El periodista berlinés Hüseyin Doğru.

El periodista no tenía información sobre los motivos del bloqueo el viernes, según declaró a Junge Welt. El banco había dejado pasar el plazo correspondiente de sus abogados. «Es responsabilidad del Gobierno federal y de la UE garantizar que tenga acceso al menos a los 506 euros», afirmó Doğru. Según la ley, tiene derecho a esta suma. El Banco Federal Alemán, responsable en Alemania de la aplicación de las medidas coercitivas de la UE, no proporcionó más información el viernes a petición de Junge Welt. Se trata de una «relación contractual de derecho privado entre una persona determinada y una empresa».

La UE justificó las sanciones, entre otras cosas, alegando que Doğru, con sus reportajes sobre Palestina, sembraba «discordia étnica, política y religiosa» y contribuía así a las «actividades desestabilizadoras de Rusia». Hasta la fecha, no ha presentado pruebas sólidas de que exista una conexión con Moscú.

Mientras tanto, la portavoz de política europea del grupo parlamentario Die Linke en el Bundestag, Janina Böttger, se mostró conforme con la UE. El Frankfurter Rundschau citó el jueves su declaración: «La desinformación rusa es un problema grave, las sanciones impuestas hasta ahora contra los propagandistas financiados y apoyados por Rusia en la UE son instrumentos de una democracia capaz de defenderse y actuar». En este sentido, Böttger también entiende la decisión del Consejo de la UE en diciembre de sancionar a Baud y a otras doce personas físicas. Sin embargo, ve de otra manera las medidas contra «Hate Aid»: «En este momento estamos asistiendo a una intimidación impulsada por el Gobierno de EE. UU. contra diversos actores que defienden el Estado de derecho y los valores democráticos fundamentales».

Con este comentario Böttger aprueba «el castigo extrajudicial», apoya «la supresión de la libertad periodística y la libertad de expresión» y, en el fondo, el «desmantelamiento de la democracia burguesa», señaló Doğru, refiriéndose al doble rasero de la política de izquierda. «Le recomiendo que viva por un día la vida de una persona sancionada». Böttger no respondió a una consulta antes del cierre de la edición. «Amigos, estad alerta», advirtió mientras tanto el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis en X. Lo que la UE le ha hecho a Doğru también se le puede hacer a otros.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

lunes, 22 de septiembre de 2025

Aquella brisa de los veranos de antes (12 de 20)

 

 Por  Pedro Costa Morata
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Geopoética de los Estrechos: Messina y Odiseo


Estaba yo, rodeado de pinares por todas partes, pensando en mis deberes mediterráneos cuando me entero de que se relanza el proyecto de un enlace fijo en el estrecho de Messina, uniendo la península italiana con la gran isla de Sicilia. Otra serpiente de verano -me dije- como la del/puente/túnel de Gibraltar, que resurge cada poco y que pretende adquirir forma en este Estado italiano, ahora con la asistencia de Bruselas siempre adicta a las grandes obras y los grandes presupuestos. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, al alimón con ese otro ultra de Matteo Salvini, que es precisamente ministro de Transportes e Infraestructuras, quiere relanzar un proyecto de 14.000 millones de euros (fácilmente duplicables, sobre todo si interviene la Mafia, como dicen que ya se está preparando). Pero la experiencia anuncia que será la obstaculización ecologista la que removerá otras oposiciones, incluida la financiera, y que no debiera haber puente. No obstante, si se empeñan estos neofascistas en emular a Mussolini y sus aires de grandeza, no solo el medio ambiente sufrirá víctima del súper puente, sino que también su poesía -o sea, su historia, geografía, paisaje, memoria- acusará el impacto.


Contemplando el estrecho, desde la orilla siciliana.

Pero a mí lo del puente -de un solo vano de tres kilómetros, de tirantes, de acero y hormigón, concitando la más alta y moderna tecnología de la obra civil, etcétera- solo me ha servido de recuerdo de que tenía pendiente empezar a trabajar en serio mis Mediterráneos (Andares), obra que el futuro habrá de permitirme completar redactando la mayor parte de los 100 “puntos” previstos y que están sin escribir: de los que la mitad solo están esquematizados por alguna visita, pero sin pasar a limpio.


Puente del estrecho de Messina (Recreación).

En el recorrido mediterráneo que me propongo ocupan un singular espacio los estrechos, esos parajes entre mares y entre tierras con sus peñones intimidatorios, sus villas y castillos surgidos y apostados a ambos lados, sus historias y encantos, es decir, su geopoética, porque a su funcionalidad secular llena de vida (el comercio y el intercambio) han de añadir su mortífera connotación (como la guerra, las invasiones y los bloqueos), amén de su rico patrimonio legendario.

De los grandes estrechos mediterráneos, el de Gibraltar lo tengo más que visto, recorrido y estudiado, con su épica, su geología y las ciudades que lo marcan y vigilan: Gibraltar, Algeciras, Tarifa, Ceuta y Tánger. El estrecho turco, cuya agitada vida política le hizo recibir el nombre de “los Estrechos” por antonomasia, consta en efecto de dos canales relativamente estrechos (si los comparamos con los catorce kilómetros de anchura de Gibraltar y los tres de Messina): el Bósforo encañonado por la geología y los Dardanelos ensangrentados por la historia, y también los conocí en su momento. Me falta, pues, el de Suez, que no es estrecho sino canal artificial, aunque comunica dos mares y dos continentes, lo que ya es mucho; aparte de concentrar avatares que en poco o nada nada desmerecen respecto de las otras dos brechas intercontinentales. Y que espera mi visita, extensible a Alejandría (¿puede hablarse del Mediterráneo “saltándose” Alejandría? No) y al delta del Nilo con sus maravillas; y soy muy capaz de olvidarme de las Pirámides, que me conozco.

Aquí hablaré del de Messina, que es un estrecho interior al Mare Nostrum, sí, pero sobradamente interesante; y he dado en conocerlo poco ha, siguiendo mis planes para publicaciones futuras, visitando lugares esenciales del Mediterráneo central, como Malta y Sicilia. En su momento describiré la ciudad de Messina, que sigue sin poder ocultar la impronta española, que es catalano-aragonesa, así como Siracusa y -emoción máxima de aquel viaje- la isla de Strómboli, más tantas cosas del archipiélago maltés. Pero ahora lo que más me atrae es el mero estrecho, esa separación entre Sicilia y Calabria, que ahora se empeñan los políticos italianos en anular con un puente. El lugar me resulta especialmente sugerente, desde luego por la poderosa corriente de agua, pero más todavía por la evocación que perseguí, afanosamente, del Odiseo de la Odisea, más conocido por Ulises: el héroe homérico atravesando ese inquietante brazo de mar con sus compañeros y su frágil embarcación, maltratados ya por tantas penalidades, entre amenazas divinas y peligros mortales.

Me planté, pues, en el extremo nororiental de la gran isla, el cabo Peloro, vértice llamativo del trapecio imperfecto que es Sicilia, junto al que se sitúa Torre Faro como punto más cercano al continente y a donde me llevó desde el centro de Messina el autobús 1..., y me di la gran caminata merodeando por el cabo y “tomándole las medidas” según mi práctica habitual. Así que rodeé la torre (en realidad, fortaleza), saludé al faro (que, renovado, ha conservado gracia y solera), merodeé por las orillas del curioso lago Peloro (cuyo origen geológico me interesó, por raro) y todo ello mirando a levante, observando la orilla de azul oscuro intenso, montañosa y atractiva, queriendo alojar en mis ojos las luces y colores del estrecho que por fin hollaba... Una imagen en majestuosidad y color parecida a la del Yebel Musa, en la orilla africana del estrecho de Gibraltar, cuya ribera europea recorrí hace tiempo entre punta Carnero y Sancti Petri, “empapándome” de luz, viento y geografía.


Torre y faro en cabo Péloro

No se me escapó -imposible ignorarla- la altísima torre metálica que con su pareja divisándose en la otra orilla, sostuvieron en su día los cables eléctricos de interconexión, ahora bajo el agua. Esto y otras cosas que le pregunto me las explica el dueño del bar donde paro a tomarme la birra de mi hora y el premio a mi paseo por tan singular territorio y esos andurriales que, vistos días antes en el mapa, me habían dicho: “te esperamos”. El del chiringuito, de nombre Gino, es atento y parlanchín. Empiezo la conversación en un inglés absurdo (el instintivo de las zonas turísticas de todo el mundo) con crecientes incisiones italianas y saltos gozosos al español universal (como harían los dioses, me digo, sin ningún problema para entenderse), y aprovecho para hablarle de esa teoría que defiende que los latinos hablen entre sí en su propia lengua y hagan lo posible (estudio mínimo de por medio) por entenderse, con la prohibición expresa de recurrir al inglés; a lo que asiente calurosamente. Me explica que no se cree lo del puente del estrecho... y alude a esa torre, la del lado isleño, como “nuestra torre Eiffel”, con sus 260 metros de altura.

Es entonces cuando pienso en mi Odiseo admirado -ejemplo de aventureros, viajero por las buenas y por las malas que paga muy caras sus imprudencias, sensible a encantos, sordo a amenazas-, el que llena ese estrecho y mi mente, al que imagino que arrastra esa misma corriente, digamos, noroeste-sureste, que me envía destellos de plata cuando trata de dominar el oleaje que busca tierra y advierte contra el baño imprudente; un Odiseo sobrecogido, con sus compañeros, entre los horripilantes Escila y Caribdis, que se han propuesto dar al traste con los osados aventureros en su tantas veces penoso divagar. Escila, monstruo y roca, atemoriza desde el continente, y quisiera que la barca de los griegos, a merced de la corriente, se estrellase en su seno hecha trizas en el roquedo afilado; y Caribdis, monstruo y remolino, enseña sus embudos negros del lado de la isla, y quisiera tragarse a los navegantes inermes.


Odiseo y sus compañeros, entre Escila y Caribdis (DTG).

Es lo que cuenta el canto XII de la Odisea, con el majestuoso lenguaje que el poeta gasta que, aunque no fuera Homero, como algunos sospechan, no es menos brillante que el bardo ciego; a no descuidar la hipótesis de quienes, como Robert Graves, consideran que esta epopeya es obra de una poetisa, tal es la finura de la redacción y la omnipresencia femenina en el relato. Y es que, en su descenso del mar Tirreno tras una segunda estancia en los brazos de Circe, más breve que la primera (cuando la diosa hechicera lo retuvo un año y le dio al menos tres hijos), Odiseo es sometido a duras pruebas antes de acabar, tras ardua travesía, en el no menos cálido regazo de Calypso, en una bien segura cueva abierta en el acantilado de la isla maltesa de Gozzo (que este cronista contempló con unción en aquellos mismos días).

Desde los geógrafos y escritores clásicos, el “seguimiento” de Odiseo a través de la Odisea ha sido empeño repetido, tanto es el detalle de la navegación y el realismo geográfico demostrado. Yo también me sentí atraído por esta prueba y por eso celebré tanto el libro del historiador inglés Ernle Bradford, Ulysses found, inicialmente editado en 1964 y que yo adquirí en un viaje a Londres en 1987. Es este libro un entusiasta, así como riguroso, recorrido por el Mediterráneo a la búsqueda de Odiseo, a manos de un escritor que hizo la guerra en este mar en un buque de la Armada Real y que luego insistió por sus medios en aportar toda la exactitud posible a la geografía del poema, seguro de que tendría correspondencia física real.

(Añadiré que no pasó mucho tiempo para que ese libro se tradujera al español como En busca de Ulises, 1989, y que también adquirí, claro. El caso es que lo presté y no lo he recuperado, pero estoy seguro de que en las manos en que esté recibirá el trato merecido, de homenaje a ese leal e intrépido autor, esforzado en dar vida real al Odiseo de la leyenda.)

Y así, la isla de Circe, llamada Eea en la obra, nuestro investigador la ubica en un punto al norte de Nápoles, no necesariamente isla: en el actual monte Circeo hay cuevas y escondites, tanto para el palacio de una diosa hechicera como para resguardar una nave de aquellas... Y las sirenas diabólicas, que obligaron a Odiseo a pedir a sus compañeros que lo ataran al palo del barco para no dejarse llevar por el encanto de sus llamadas, debieron surgir como dominio propio de los islotes llamados Galli, en la entrada norte del golfo de Salerno.

Así que me imaginaba yo a Odiseo y su reducida tripulación en la no menos escueta nave, enfilando el estrecho entre Torre Faro y Scilla (localidad que los calabreses han glorificado con ese nombre eterno), después de superar el agobio de las sirenas y sin saber muy bien por qué peligro optar, si los negros arrecifes o los remolinos espumosos. Y en sus zozobras, me digo yo que Odiseo pensaría que era demasiado penar por las pruebas que el destino y los caprichoses dioses le mandaban recriminándole con descaro, y también con injusticia, su fácil olvido de la paciente y fiel Penélope.

El caso es que una vez más es Atenea, pendiente siempre de los trabajos y miserias de su dilecto protegido, quien salva a Odiseo de rocas y remolinos, y aunque pierde a seis de sus compañeros por las malas artes de Escila, pronto arrumba a la costa de Sicilia, “la isla admirable del dios, donde se encuentran las vacas de grandes testuces y las muchas ovejas del Sol...”. Y donde nuevas desgracias volverán a maltratarlo, así como a sus compañeros.

Cuando me despido Gino no me quiere cobrar, así que me vuelvo a sentar, anoto mis visiones e imaginaciones y me tomo otra birra, empeñado en pagarle.


lunes, 13 de enero de 2025

Ucrania, incapaz de frenar a Rusia, pide tropas a Occidente

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Ninguneado por Trump, Zelenski utiliza su último cartucho y reclama la entrada de tropas occidentales en Ucrania y su implicación directa en la guerra contra Rusia


     El presidente electo estadounidense, Donald Trump, que asumirá su cargo el 20 de enero, lo ha vuelto a decir alto y claro: Ucrania no entrará en la OTAN, el premio de consuelo de Kiev por su derrota ante Moscú. Esta semana, Trump mostró su simpatía al rechazo ruso a esa adhesión, que consideró “una provocación innecesaria”. Kiev ha respondido con un órdago: que los aliados de Ucrania den un paso al frente y envíen sus propios contingentes militares al país en guerra.

Sin paños calientes, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, demandó este jueves en Berlín a sus socios occidentales que fueran “prácticos” y “valientes”, y que desplegaran en Ucrania sus tropas para “obligar a Rusia a ir hacia la paz”. Zelenski recordó que el presidente francés, Emmanuel Macron, ya propuso el año pasado que fuerzas europeas entraran en Ucrania.

Esta propuesta fue entonces rechazada en bloque, salvo por algún país báltico, sin capacidad operativa para mandar esas fuerzas. Ahora Zelenski indica que tiene incluso el apoyo de Londres.

Creo que ese despliegue de contingencia de los socios es uno de los mejores instrumentos. Seamos más prácticos para hacerlo posible. Y ya hemos escuchado señales de algunos de nuestros socios que nos apoyan en esto, del Reino Unido en apoyo de esto. Debemos ser valientes y proponer instrumentos verdaderamente fuertes”, aseveró Zelenski.

Zelenski: “Debemos ser valientes y proponer instrumentos verdaderamente fuertes”

El presidente ucraniano participó en la XXV reunión en la base estadounidense de Ramstein, Alemania, del grupo de 50 países que prestan apoyo militar a Ucrania. Es la última reunión de este Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania que convoca el presidente estadounidense, Joe Biden, antes de ser sustituido por Trump.

Y es posible que no haya más encuentros en Ramstein, pues Trump ya ha repetido que quiere poner fin a la guerra de Ucrania o al menos acabar con la participación estadounidense. A Zelenski se le notaron en Alemania los nervios ante la debacle que puede traer para su causa la llegada de Trump al poder, capaz de dejar solos a sus aliados europeos en defensa de la causa ucraniana.

Pérdida de confianza de los ucranianos en Zelenski

Nervioso también ante el rechazo que su dirección de la guerra está deparando en su propio país, donde casi tres años de contienda han llevado a la muerte de decenas de miles de soldados y de más de 12.300 civiles.

Según una encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS), la confianza de los ucranianos en Zelenski se ha desplomado a lo largo de la guerra. Del 90% de apoyo que tenía Zelenski en mayo de 2022, apenas a tres meses de comenzar la invasión rusa, el respaldo se sitúa ahora en el 52%.

En mayo de 2022 solo un 7% no creía en Zelenski. Ahora es un 39% el que subraya abiertamente su desconfianza. Un 9% de los encuestados en este sondeo realizado en diciembre pasado considera difícil contestar a esa pregunta.

Por esta razón, Zelenski está también nervioso. Nervioso porque ese malestar interno crecerá, si continúan las batidas de reclutamiento forzoso de jóvenes para obligarles a ir al frente, donde el problema de la falta de efectivos es el más grave que afronta el ejército ucraniano, de ahí ese canto del cisne de Zelenski llamando a la guerra total en Europa para impedir el colapso ucraniano ante Rusia.


Soldados del ejército ucraniano descansan en la región de Donesk.

Deserciones y falta de soldados

Sin más soldados, sin muchos más soldados, Ucrania tiene perdida la guerra. De nada sirven los misiles de largo alcance occidentales, que apenas causan daños localizados en Rusia, o los carros de combate o los aviones F-16. Sin el correspondiente despliegue terrestre de miles de soldados, es imposible consolidar ningún avance ni aún menos detener los continuos asaltos de las fuerzas rusas.

Mermado por las deserciones, el cansancio y la desmoralización creciente, el ejército ucraniano solo puede defenderse, bombardeos limitados o protagonizar ofensivas puntuales que son fagocitadas inmediatamente por las respuestas rusas. Acaba de suceder con la última incursión ucraniana en Kursk, la región rusa invadida por el sur en agosto por miles de soldados ucranianos, que intentaron consolidar una cabeza de puente hacia el corazón de Rusia.

En vano, puesto que cinco meses después, las fuerzas rusas no solo han detenido el avance ucraniano en Kursk, sino que lo han hecho retroceder y ahora las unidades de Kiev controlan unos 400 kilómetros cuadrados, una tercera parte de lo invadido inicialmente. La ofensiva lanzada esta semana también se topó con una férrea defensa rusa que anuló la efectividad del ataque y además recuperó territorio.

Occidente: el arsenal de la democracia ucraniana

Ante esta situación bélica no es de extrañar que Trump vea con ojos muy distintos lo que ocurre en Ucrania a cómo lo hacen sus socios europeos o sus antecesores demócratas en la Casa Blanca. Éstos se dejan llevar por un enardecimiento chovinista que sigue viendo en Ucrania el campo de batalla donde Occidente se juega su propia existencia.

En Ramstein, donde se palpaba ya el ambiente de ruptura de la unidad en el apoyo a Ucrania, las actuales autoridades estadounidenses insistieron en defender un frente común ante Rusia. El presidente Biden ha sido el principal impulsor de la ayuda armamentística a Kiev y aún trata de sacar los últimos paquetes de asistencia militar, aunque tales montos no puedan darle ya la vuelta al conflicto.

No debemos detenernos ahora. La coalición no debe flaquear, no debe vacilar y no debe fracasar”, dijo al concluir el encuentro de Ramstein el todavía secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin. El jefe del Pentágono lanzó una soflama sobre los peligros que Rusia supone para el mundo entero y defendió de forma elocuente el papel de la coalición liderada por Estados Unidos como “arsenal de la democracia ucraniana” y “motor de la seguridad mundial”.

Los aliados de Kiev han proporcionado hasta ahora ayuda militar por cerca de 122.000 millones de dólares, de los que más de 70.000 millones correspondieron a la ayuda estadounidense. En Ramstein, Austin anunció un paquete final de ayuda, con Biden como signatario, por otros 500 millones de dólares.

El Pentágono ya mira la confrontación con Rusia en una nueva etapa

Pero más allá de las proclamas por un mundo “libre” que se imponga sobre el “imperialismo ruso” lanzadas por el representante estadounidense, Austin no pudo evitar poner los pies en la tierra y sugerir que esta guerra tiene los días contados.


Una mujer sentada sobre las ruinas de una casa destruida por un ataque nocturno con drones rusos, en Odesa, en el sur de Ucrania.

Lo hizo cuando se refirió a las hojas de ruta elaboradas por los 15 países que lideran al medio centenar reunidos en Ramstein y que prevén cubrir las necesidades militares más urgentes de Ucrania.

Austin dijo que tales planes se extienden hasta 2027 y que los aliados de Kiev “pueden seguir ayudando a Ucrania a crear una fuerza que disuada otra agresión rusa a largo plazo, mientras que Ucrania implementa sus propias reformas esenciales en la movilización y otras áreas”.

Es decir, el jefe del Pentágono ya contempla la defensa de Ucrania en una segunda etapa, con vistas a una eventual “agresión rusa a largo plazo”, después de que Kiev haga sus propios deberes, como la reforma del reclutamiento para conformar un nuevo ejército que pueda volver a enfrentarse a Rusia en el futuro.

Hasta el propio Zelenski admitió el cambio que se va a producir a partir del 20 de enero. “Está claro que comienza un nuevo capítulo para Europa y para todo el mundo” , aseveró en Ramstein.

Trump con Putin en el rechazo a la entrada de Ucrania en la OTAN

Esta semana, Trump lamentó no haberse podido reunir con el presidente ruso, Vladímir Putin, antes de su investidura dentro de menos de diez días. En una rueda de prensa en su club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, Trump de nuevo dejó entrever el cambio de rumbo que puede dar la política internacional antes de que termine enero.

Trump dijo entender la posición del Kremlin rechazando la entrada de Ucrania en la OTAN.

Una adhesión que, subrayó, había sido impulsada por Biden y sus amigos de la Alianza. Esto, junto con otras circunstancias, llevó a la actual confrontación con Moscú, dijo.

Ya en la cumbre de la OTAN de Bucarest en 2008 se planteó a Ucrania y Georgia esa posibilidad de integrarse en la Alianza. La consecuencia fue, ese mismo año, la invasión de Georgia por Rusia. Pero ni siquiera entonces se supo ver en Bruselas el alcance de la oposición radical de Moscú a la entrada ucraniana en la OTAN.

En Palm Beach, Trump consideró esta posibilidad como una provocación innecesaria de consecuencias muy peligrosas a las que Biden contribuyó con sus renovadas promesas a Kiev meses antes de que Moscú lanzara su invasión. “Rusia siente que tiene al enemigo a las puertas y yo podría entender sus sentimientos al respecto”, añadió.

El fin de la guerra antes del verano y una inminente cita con Putin

Aunque Trump ha reiterado que podría poner fin a la guerra de Ucrania en 24 horas, esta vez se mostró más cauto con los plazos. “Espero disponer de seis meses. Quiero pensar que podría conseguirlo antes de seis meses”, afirmó Trump cuando le preguntaron si solucionaría el conflicto en el plazo de medio año.


La gente inspecciona los edificios dañados tras un ataque con misiles rusos en Ucrania.

Una pista preocupante para Zelenski de lo que puede decidir Trump la puso de manifiesto esta semana cuando decidió posponer, hasta después de la jura de su cargo, la anunciada visita a Kiev del que será su enviado especial para Ucrania, el general retirado Keith Kellogg.

Kellogg también tenía previsto reunirse con destacados cargos gubernamentales europeos, en Roma y París, por ejemplo. El retraso del viaje podría indicar que Trump pretende hacer algún anuncio importante, dirigido especialmente a Rusia, sobre la política que adoptará su Administración en torno a Ucrania.

Ese mensaje podría ser incluso el de un próximo encuentro entre Trump y Putin, tal y como el nuevo mandatario estadounidense sugirió en su rueda de prensa.

Fuente: Público