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miércoles, 15 de abril de 2026

‘Trump siempre se acobarda’: repaso de un año de estrategia TACO

 

      Coordinador de la sección de economía en El Salto.


Desde las treguas en sus ataques bélicos hasta las retiradas de aranceles, repasamos todas las veces que el presidente ha hecho méritos para ganarse la fama de ‘Trump Always Chickens Out


     Amenazas, exabruptos, intimidación, más amenazas, fechas límite, más faltas de respeto, violencia verbal… Si obtiene el resultado esperado, araña una victoria. Si no lo obtiene, pues se echa atrás sin cumplir las amenazas mientras se da aires de ganador que ocultan que se haya acobardado.

Podría ser la estrategia de un matón de patio de colegio en un instituto, pero es la del presidente de la primera potencia del mundo. La última ha sido el alto el fuego en Irán tras amenazar con “destruir una civilización” si el régimen iraní no aceptaba a abrir el estrecho de Ormuz y unas condiciones de rendición que no han aceptado, sino que ha sido Trump el que ha aceptado un decálogo que sabe a derrota y genuflexión ante los ayatolás.


Ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra zonas residenciales de Teherán, que causaron muertos y heridos entre la población civil – Barrio de Sohrevardi, Teherán.

Imagen de satélite del Estrecho de Ormuz con los cargueros en color verde y los tanqueros de petróleo y gas en rojo el 23 de marzo.

Pero no es la primera vez. De hecho, este 9 de abril se cumple un año del más sonado de los Trump Always Chickens Out (TACO por sus siglas en inglés) y pistoletazo de salida de un año en el que la credibilidad de las amenazas de Trump cada vez es menor.

El 2 de abril de 2025, Donald Trump proclamaba el Día de la Liberación. Con ese rimbombante y marketiniano nombre que evocaba a la emancipación de los esclavos, el presidente le declaró la guerra comercial a todo el planeta. Tablillas en mano como si de una figura bíblica se tratara, mostró al mundo unas relaciones de países y porcentaje de aranceles que no tenía mucho sentido económico. Con impuestos mínimos del 10% a todo el globo, otros países llegaban a alcanzar porcentajes próximos al 50% por el simple hecho de tratarse de economías exportadoras de manufacturas, como Camboya o Vietnam.


Donald Trump anunciando los aranceles que impuso inicialmente a muchos páises desde el 2 de abril de 2025.


Trump rompía las reglas del juego del comercio global que habían sido impuestas por la propia potencia norteamericana. No se libraba de esta guerra ni una pequeña isla donde sólo viven focas y pingüinos.


La diminuta isla Diego García solo está habitada por focas y pingüinos y Donald Trump también le puso aranceles.

Las bolsas se desplomaron. Los mercados entraron en caos. El mayor comprador de manufacturas del mundo decidía gravar todas esas importaciones, lo que podría provocar distorsiones de todo tipo, stocks que se acumulan, precios que se encarecen en Estados Unidos, fábricas que se cierran en algún otro lado del planeta. Pero los mercados se guardaban un as en la manga que no dudaron en sacar cuando Trump decidió romper las reglas sobre las que se cimenta su beneficio económico sin que hubiera un plan b para proteger las ganancias de las empresas en Estados Unidos y de estas en el resto del mundo.

Durante los siguientes días, los mercados empezaron a dar la espalda a los bonos norteamericanos. Los inversores aceleraron las ventas de deuda, lo que hizo subir el bono del Tesoro estadounidense a diez años por encima del 4,5%, el termómetro de la confianza que tienen los mercados en Estados Unidos y en el dólar como valor de refugio en tiempos de crisis. En lugar de correr a comprar dólares, como ocurre en otros shocks económicos, los inversores se deshacían de ellos, la capacidad de financiarse de la Casa Blanca se encarecía y el dólar perdía valor. Igual que le ocurrió a Liz Truss, quien tuvo que retirar su paquete fiscal y dimitir de la presidencia de Reino Unido, los mercados torcieron el brazo a Trump.

El 9 de abril anunció una prórroga en la implementación de los aranceles de 90 días. “Aunque Trump logró resistir la caída del mercado bursátil, una vez que el mercado de bonos también comenzó a debilitarse, era solo cuestión de tiempo antes de que desistiera de sus exorbitantes aranceles", explicaba Paul Ashworth, economista jefe para Norteamérica de Capital Economics, en unas declaraciones recogidas por la BBC.

Las bolsas, felices con su hazaña, se dispararon y recuperaron gran parte de lo perdido en esa semana sin reglas. Trump se había acobardado y no sería la única vez, sino que acabaría siendo tan común que se acabó acuñando un término que en el último año ha pasado a formar parte del lenguaje periodístico, de las estrategias geopolíticas de los países que se enfrentan a las amenazas de Trump e incluso a los inversores. Trump Always Chickens Out, significa ‘Trump siempre se acobarda’, aunque una traducción más literal y despectiva podría ser ‘Trump siempre hace el gallina’.


Imagen satírica de Donald Trump que referencia el TACO.

Si bien el término ya se había utilizado con anterioridad, la gran recogida de cable y repliegue de tablillas bíblicas del 9 de abril con la prórroga de los aranceles del Día de la Liberación marcaba un antes y un después en la consolidación de TACO como estrategia común del empresario convertido en presidente. Los mercados habían acobardado a Trump porque se habían plantado ante él y sus desmanes económicos que ponían en riesgo el beneficio de sus inversiones.

México y Canadá ya lo han digerido

Sin duda, la marcha atrás del Día de la Liberación fue el más sonado y el que ayudó a identificar el TACO, pero no había sido la primera en este segundo mandato. Con la excusa del fentanilo y la inmigración, Trump disparó primero sobre sus vecinos, con los que mantiene uno de los acuerdos comerciales de última generación más antiguos que se conocen. En noviembre de 2024, nada más ganar las elecciones, Trump anunció aranceles del 25% a las importaciones desde México y Canadá.

Pero poner barreras arancelarias a países de los que dependes industrial o energéticamente tras años de cooperación es un tiro en el pie. Primero fue la industria del automóvil, deslocalizada en México y pieza fundamental del sector manufacturero estadounidense. Los aranceles a los componentes de automóviles pusieron en jaque a una de las industrias más poderosas del país. Luego vino el problema energético con Canadá, que provee electricidad a varios estados del norte del país con los que hace frontera. Además, Canadá también es el mayor proveedor de acero y aluminio de su vecino, lo que impactó nuevamente en la industria del automóvil.

Tanto Canadá como México tomaron medidas, más cosméticas que reales, sobre el supuesto comercio de fentanilo en sus fronteras para contentar a la narrativa de Trump, pero también se plantaron y respondieron con paquetes de impuestos a los productos estadounidenses. Canadá fue primero, con aranceles por valor de 20.000 millones de dólares. México no llegó a anunciar el paquete de medidas en respuesta que estaba planeando ya que Trump se volvió a acobardar. El mandatario no calculó bien lo que suponía amenazar a sus dos socios principales y que estos no cedan a las advertencias. El 9 de marzo, pocos días antes de que ocurriera lo mismo con la tablilla de los aranceles a todo el planeta, Trump se veía obligado a rebajar sus amenazas y aranceles sobre México y Canadá. Aunque, como siempre, lo vendió a sus votantes como una victoria.

A China no le asustan los matones

Si hay algo que sobrevuela todo lo que hace Estados Unidos a nivel geopolítico es su guerra por la hegemonía con China. La intervención de Venezuela, las amenazas sobre Groenlandia o Panamá, las sanciones a países que deciden dejar de comprar crudo en dólares o incluso la guerra en Irán tienen a la rivalidad con el gigante asiático como telón de fondo. No es de extrañar que los mayores ataques comerciales hayan ido dirigidos a su oponente, pero Xi Jinping tiene suficientes armas como para defender sus intereses y no temer al matón.

A comienzos de febrero de 2025, Trump impuso un arancel a China del 10%. El Partido Comunista contestó con aranceles del 15% a ciertos productos. El 4 de marzo, Trump subió la apuesta al 20%. China aumentó su listado de productos y porcentajes añadiendo varios nuevos. La Casa Blanca no ha sido capaz de torcer el brazo a China y siguió subiendo impuestos a sus importaciones. Trump ha llegado a subir los aranceles a los productos chinos hasta un 145% creyendo que sus amenazas arrodillaría a Xi Jinping. Pero no fue así porque China tiene un as en la manga: las tierras raras.

El gigante asiático puso restricciones a las exportaciones de tierras raras y algunos minerales estratégicos de los que no sólo es poseedor de gran porcentaje de las reservas, sino que tiene la tecnología y la capacidad de separarlas y procesarlas. El embudo que genera cerrando el grifo de estas exportaciones puso en jaque a la economía global, incluida la estadounidense, ya que estos materiales son necesarios para la carrera armamentística, tecnológica y energética. Se volvió a vivir otro momento TACO. Trump tuvo que rebajar el tono, reunirse con Xi Jinping y llegar un acuerdo en el que tuvo que bajar los aranceles a China a cambio de que abriera de nuevo el grifo de las tierras raras.

En Europa también se come TACO

Además de las tablillas con impuestos incluso para los productos importados de islas habitadas por pingüinos, la Casa Blanca también ha utilizado la amenaza y la coerción comercial con otros países o zonas comerciales como la Unión Europea. Trump siempre ha mantenido un tono amenazante y reproches hacia el Viejo Continente al que ha tildado de llevar estafando comercialmente a Estados Unidos desde hace décadas. La balanza comercial industrial negativa que ha mantenido en los últimos años, sino décadas, con los 27 países europeos es interpretado por el empresario presidente como una forma de engaño, sin tener en cuenta que la balanza en servicios es contraria y que ese poder comercial es causado por la fortaleza del dólar, no porque los europeos sean estafadores comerciales.

El 12 de julio de 2025, Trump anunció aranceles del 30% a los productos importados desde la UE. Los impuestos a las importaciones entrarían en vigor el 1 de agosto. Además de la tasa mínima anunciada, la Casa Blanca amenazó con incrementar otro 30% más si alguno de los Estados miembro decidía tomar algún tipo de represalia comercial en respuesta. Pero, otra vez más, a Trump le plantaron cara y tuvo que acobardarse.

La Comisión Europea y los Estados miembro siempre se han mostrado apaciguadores y dispuestos a negociar, pero también tuvieron que amenazar con paquetes arancelarios contra las importaciones desde Estados Unidos a productos como el acero, aluminio, aves, carnes e incluso un arancel del 50% al whisky norteamericano. Algo que no sentó bien a Trump, que amenazó con imponer uno del 200% a las bebidas alcohólicas europeas. Otra amenaza que nunca cumplió. Al final, aunque se han incrementado, los aranceles recíprocos entre Washington y Bruselas están muy por debajo de las primeras bravuconerías de Trump.

Groenlandia, el “trozo de hielo” que obsesiona a Trump

La estrategia de amenazar y amenazar hasta que cedan o acobardarse no ha sido tan sólo una cuestión arancelaria. Hemos visto estos últimos días cómo se ha cedido en Irán tras amenazar con la destrucción total del país, pero también hubo un caso en el que no se llegó a usar las armas pero potencias europeas tuvieron que plantarse ante Trump, Groenlandia.

Desde le comienzo del segundo mandato, Groenlandia ha sido una obsesión para el presidente. “Vamos a hacer algo con Groenlandia, por las buenas o por las malas”, “podría ir allí y quedármela y nadie haría nada” y amenazas similares han salido de la Casa Blanca en referencia a la isla bajo soberanía del Reino de Dinamarca. Trump utiliza la excusa de que China y Rusia pretenden hacerse con el “trozo de hielo”, pese a que ninguna de las dos potencias ha realizado ningún movimiento en la zona más allá de abrir nuevas vías comerciales a base de barcos rompehielos.

Tras varias semanas de amenazas constantes, desprecios al Gobierno de Dinamarca y a los habitantes de la propia Groenlandia, países europeos como Francia, Alemania, Suecia, Noruega o la propia Dinamarca enviaron efectivos militares a la isla como muestra de que no pretendían quedarse quietos ante las amenazas. Otros países no enviaron tropas, pero mostraron su apoyo total a Dinamarca. Ante esta respuesta en bloque, Trump ha rebajado el tono sobre sus intenciones en Groenlandia y ha anunciado varias veces que hay un supuesto acuerdo sobre la protección de la isla frente a otras potencias que nadie sabe muy bien en qué consiste.

Los mercados ya no creen a Trump

Pese al tono amenazante cuando hace de matón y triunfalista cuando se acobarda, la estrategia TACO está empezando a hacer mella en la credibilidad del presidente. Los mercados ya no acaban de creerse las amenazas de Trump y cada vez ven más posible que sus exabruptos acaben en la técnica de la gallina. No es que sus locas publicaciones en su red social no se sientan en los mercados, pero los temblores de los mercados ya no son los terremotos que sacudían las bolsas hace un año.

En los días previos al alto al fuego, en los que la Casa Blanca amenazó con destruir toda Irán y sus infraestructuras energéticas, el precio del petróleo subió hasta los 110 dólares. Aumentó, sí, pero no llegó ni a tocar los 118 dólares que sí que se alcanzaron de máximos estas semanas cuando Irán se opuso a rendirse a las exigencias de Estados Unidos e Israel. Una amenaza así, debería haber disparado los precios del barril a cotas de la guerra de Rusia en Ucrania, pero la realidad es que los mercados están hartos de Trump y su chulería.

Al movimiento MAGA no le gustan los gallinas

A los votantes republicanos y a la base del movimiento Make America Great Again (MAGA) no les gustan las guerras costosas en dinero y vidas de soldados, y menos todavía les gusta que los precios en las gasolineras se disparen. Los vaivenes y chulerías del presidente cada vez empiezan a hacer más mella en la base social de Trump y en su propia imagen. “La popularización del concepto TACO seguro que molesta personalmente en su ego narcisista, pero además también afecta a su imagen de autoritaria de ‘macho Alfa’, varonil y disruptiva que tiene Trump dentro del MAGA”, explica a El Salto Miguel Urbán, exdiputado europeo y autor del libro Trumpismos (Verso Libros, 2024).

Pero en ese mismo movimiento es donde Urbán también ve que existe una diversidad de vertientes que pueden explicar, en cierto modo, esos vaivenes de la política exterior de la Casa Blanca. “La incapacidad de contentar a las diferentes fracciones del MAGA e incluso a las diferentes fracciones del gobierno, hace que dé pasos hacia adelante impulsados por ciertos sectores y pasos hacia atrás”, afirma Urbán.

No es una cuestión sólo de seguidores, el propio gabinete del presidente también está mostrando sus grietas en las últimas semanas ante el apoyo incondicional a Israel y ante una guerra que no parece acabar del todo y que tendrá unas consecuencias económicas duraderas. El ex eurodiputado apunta a la ruptura entre pro-israelitas y los contrarios a Israel. Entre los sectores neocon estilo marco Rubio y los de American First anti guerras lejanas. E, incluso, incluso a las diferentes fracciones del partido republicano preocupados por el midterm o los empresarios preocupados por una crisis económica mundial. “El TACO es una representación de las propias contradicciones del gabinete de Trump”, apunta Urbán.

En lo único en lo que Trump no se ha acobardado ha sido en todo aquel escenario donde nadie le ha plantado cara. Porque esa es exactamente la estrategia del hombre de negocios: exigir, incluso amenazar con romper la baraja, y siempre llevarse lo máximo posible cuando nadie le para los pies. Si la operación sale bien, se vuelve a intentar sobre el mismo objetivo o repitiendo las formas que funcionaron la vez anterior. Por eso, tal y como predijo en una entrevista a El Salto Olga Rodríguez un mes antes de que Israel y Estados Unidos desataron esta guerra ilegal pero poco después de la captura de Nicolás Maduro, “Venezuela ha servido de entrenamiento para hacer lo mismo en Irán, igual que Panamá fue el ensayo de lo que luego hicieron en Irak”. Si nadie le ha parado los pies a Trump con Venezuela y a Netanyahu con Gaza, los matones vuelven a repetir sin acobardarse. Con la credibilidad de Trump por los suelos, los mercados ignorando los post del presidente en su red social, con Irán plantando cara y la imagen de la coalición EEUU-Israel cada vez más deteriorada, el panorama para el presidente se oscurece con cada una de las veces que se acobarda.


Fuente: El Salto

miércoles, 23 de abril de 2025

Dólar, déficits y crisis

 

      Profesor de economía de la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad de Buenos Aires.


El 9 de abril, cuando se derrumbaban las acciones en Wall Street y en el resto del mundo, hubo ventas masivas de títulos del Tesoro. “Los bonos del Tesoro estadounidense se están liquidando a un ritmo poco común, niveles que históricamente han provocado algún tipo de intervención por parte de la Reserva Federal”, señaló Lale Akoner, analista Global de Mercados de eToro.



     Producto de estas ventas cayeron los precios de los títulos, con su contrapartida, el aumento de los rendimientos: el miércoles 9 de abril la tasa del bono a 10 años pasó del 3,9% al 4,5%; la tasa del bono a 30 años subió a 4,79%. Fue la mayor suba desde la pandemia, en 2020. Dado que se referencia en la tasa de los bonos públicos, la tasa hipotecaria a 20 años llegó a subir 20 puntos básicos. También subieron los rendimientos de los bonos corporativos con menor calificación (junk bonds). Y bonos de Gran Bretaña, Australia y Japón.

En los días posteriores los rendimientos bajaron (o sea, se recuperaron los precios de los bonos), pero queda el interrogante de por qué la caída de los títulos. En especial porque fue a contramano de lo ocurrido en crisis anteriores, en las que los inversores que salían del mercado bursátil demandaban títulos del Tesoro, a modo de refugio. Por ejemplo, cuando estalló la crisis financiera de 2008-2009 los títulos del Tesoro subieron. ¿Por qué no ocurrió algo similar en la presente crisis?

Tres explicaciones

Una primera explicación que se ha dado de la caída de los precios de los títulos del Tesoro es que China salió a vender masivamente, en respuesta a la guerra comercial desatada por Washington. Es una explicación plausible, pero nada indica que China haya aumentado significativamente la venta de bonos en los últimos días. Más importante, la tenencia china de bonos del Tesoro de EEUU ha venido disminuyendo en los últimos años; hoy ronda los US$0,8 billones.

Una segunda explicación (adelantada entre otros por analistas del UBS) es que fondos de cobertura (hedge funds) se vieron forzados a desarmar posiciones que apostaban a la suba de los activos. Estos fondos operan con alto grado de apalancamiento. De ahí que cuando el mercado no se mueve en el sentido en que han hecho sus apuestas (al alza o a la baja) necesitan hacerse de liquidez a cualquier precio, ya sea porque deben reponer garantías estipuladas en los contratos con los prestamistas, como devolver el dinero a los clientes que piden el reembolso de sus inversiones. De ahí las ventas forzadas de títulos del Tesoro, que son altamente líquidos (sobre los mecanismos del apalancamiento, aquí).

La tercera explicación de la caída de los precios de los bonos tiene que ver con una cuestión fundamental: la desconfianza de los inversores. Esto es, la demanda de los títulos del Tesoro no habría aumentado en la medida en que aumentó la oferta porque estaría disminuyendo la confianza de los inversores. Por eso, los bonos y letras del Tesoro no fungieron, ante la crisis, como reservas de valor. En palabras de un analista de Bloomberg, “se ha mandado un mensaje… la confianza del inversor ya no se puede considerar garantizada. Se plantea la posibilidad de que EE UU se esté convirtiendo en un lugar menos atractivo para invertir a largo plazo. La imprevisibilidad de las políticas y el menor crecimiento pueden generar una mayor preocupación por la sostenibilidad fiscal”.

Señalemos dos antecedentes: en 2011 Standard & Poor bajó, por primera vez en la historia, la calificación de la deuda de EEUU, de AAA a AA+. Y Fichte hizo lo mismo en 2023. El argumento fue el creciente déficit fiscal y “la falta de gobernanza”. El efecto no fue relevante, en términos prácticos, pero manifiesta el temor de que en algún momento EEUU no pueda pagar su deuda. O que deba aumentar significativamente las tasas ofrecidas para refinanciar la deuda. Lo que agravaría considerablemente el peso de los servicios de deuda, además de repercutir en el valor del resto de los activos financieros.

Estas cuestiones se vinculan con los déficits de cuenta corriente y fiscal, y la evolución de la posición inversora de EEUU. Lo presentamos brevemente en los cuadros que siguen.

Déficit de cuenta corriente, posición inversora neta, y déficit fiscal de EEUU en perspectiva

El primer cuadro registra la evolución de la cuenta corriente en los últimos 44 años. Para los lectores que no son economistas recordamos que la cuenta corriente registra el comercio en bienes (automóviles, chips, soja, etc.) y servicios (fletes, turismo, etc.); más salidas o entradas de dinero por intereses, ganancias y utilidades, royalties, salarios, etcétera.


Entre 2022 y 2024 el déficit anual promedio fue superior al billón de dólares.

Si el balance de la cuenta corriente es negativo, debe financiarse con superávit en la cuenta de capital. Esto es, los residentes deberán vender activos a extranjeros, o tomar créditos. Y si la entrada de capitales no cubre el déficit de cuenta corriente, o sea, si la balanza de pagos es deficitaria, el Banco Central perderá reservas; lo opuesto si hay superávit en la balanza de pagos.

De lo anterior resulta la posición inversora internacional neta. Es la diferencia entre las inversiones que realizan los residentes del país en el exterior (activos) y las inversiones que realizan los extranjeros en el país (pasivos). La presentamos en el segundo cuadro:




Desde 1990 la posición inversora neta internacional de EEUU ha sido negativa; y crecientemente negativa. Al finalizar 2024 lo era por US$26,23 billones: los activos totalizaban US$35,89 billones y los pasivos US$62,12 billones. Al finalizar 2023 la posición neta estaba en rojo por US$19,85 billones. O sea, aumentó más del 30% entre 2023 y 2024. Por último, presentamos un cuadro de la evolución de la deuda nacional bruta en la última década.

Recordemos que la deuda nacional es el monto de dinero tomado en préstamo que el gobierno federal acumuló a lo largo del tiempo. Se compone de la deuda en manos del público y la deuda con las agencias gubernamentales (por ejemplo, la seguridad social). La más relevante desde el punto de vista económico es la que está en manos del público. Esta deuda se ha vendido en los mercados de crédito e influencia directamente las tasas de interés. Consiste de inversión en títulos del Tesoro: bonos (vencimientos entre 20 y 30 años); notas (2 a 10 años) y letras (4 semanas), comercializados en operaciones privadas.




La deuda pública en marzo 2025 alcanza los US$36,22 billones. La deuda en manos del público es de US$28,96 billones. La intra-gobierno es de US$7,26 billones. El 77% de la deuda total está en manos de residentes de EEUU (la Reserva Federal es el mayor tenedor, US$5,2 billones, el 15% del total). El 23% es deuda externa (los acreedores son bancos centrales y otras entidades estatales, inversores y empresas extranjeros). Japón posee US$1,1 billones, que es el 3% del total; China US$0,8 billones, 2%; Gran Bretaña 0,69 billones, 2%. Otros países poseen US$5,3 billones (Charted: Here’s Who Owns U.S. Debt).

Mundialización del capital, el dólar y el déficit de cuenta corriente

Empecemos por los dos primeros gráficos, el déficit de la cuenta corriente y la posición crecientemente deudora de la economía estadounidense. El marco es la mundialización, o globalización del capital. Significa que la relación capitalista se ha extendido, y el planeta de conjunto es el terreno de operaciones de los capitales más concentrados.

Entre las consecuencias de esta globalización, una de las fundamentales es que la movilidad de las inversiones ha incrementado el poder del capital sobre el trabajo. Una dinámica que se intensificó desde la crisis capitalista de mediados de los 1970. Dada la intensificación de la competencia que ocurrió en aquellos años (en especial, entrada de empresas japonesas y alemanas en el mercado estadounidense), y la sobreproducción, los capitales más poderosos de los países centrales desplazaron muchas inversiones hacia países o regiones en que los salarios eran más bajos. Alternativamente, fueron a países que les otorgaban facilidades fiscales; o acceso privilegiado a fuentes de materias primas, además de salarios bajos y elevadas tasas de explotación.

Abiertamente, los empresarios amenazaban a los sindicatos con transferir operaciones al «tercer mundo» si no se avenían a sus exigencias. Y, de hecho, lo hicieron. El norte de México, con las maquiladoras, es un ejemplo. Las cadenas globales de valor, a lo largo de países industrializados y atrasados, son otro ejemplo. Las empresas que fabrican zapatillas en Vietnam o Camboya son otro ejemplo, y así podríamos seguir. Este proceso fue particularmente intenso en EEUU. Como resultado, la participación del empleo industrial en el total del empleo pasó del 25% en 1977 a menos del 10% en 2019.

La mundialización de la producción y realización del valor y la plusvalía fue, pues, un rasgo dominante de la época. No hubo estafa alguna a EEUU (ese disparate solo se le ocurre a un esperpento como Trump) sino explotación del trabajo intensificada y globalizada. Lo cual contribuyó al restablecimiento de la rentabilidad del capital. Cuando una empresa, por caso, invertía, o invierte, en México para vender su producto en EEUU, pagando apenas una fracción del salario que pagaría en EEUU, y produciendo con una tecnología avanzada, está apropiándose de una plusvalía extraordinaria. Y esto ocurrió, y sigue ocurriendo, a escala global.

Sin embargo, el proceso no es lineal, ya que los espacios nacionales de valor no son homogéneos. La economía mundial no es una totalidad abstracta, plana, sino concreta. Los espacios nacionales o regionales de valor se erigen sobre distintos niveles de productividad (desarrollo tecnológico) y valores de la fuerza de trabajo, y están conectados por los tipos de cambio. Lo cual remite a una jerarquía de monedas, con el dólar como moneda mundial.

Destacamos que la dominancia del dólar como moneda mundial ha sobrevivido a la caída del sistema de Bretton Woods y a la disminución de la participación del producto de EEUU en el producto mundial. Más aún, su participación en la facturación del comercio global, en la deuda internacional, y el crédito no bancario internacional supera su participación en el comercio, la emisión internacional de bonos y empréstitos y los préstamos transfronterizos. Incluso después de la crisis financiera de 2008-2009 aumentó su participación en la deuda internacional y los empréstitos bancarios. Ninguna moneda ha sido rival del dólar en este rol. A comienzos de los 2000 se vislumbró que el euro podría desafiarlo, pero esto no ocurrió. El rol del euro como moneda mundial está estancado. Tampoco el renminbi pudo, por ahora, desplazar el rol del dólar (nos basamos en “The Stealth Erosion of Dollar Dominance: Active Diversifiers and the Rise of Nontraditional Reserve Currencies”, Serkan Arslanalp, Barry Eichengreen, and Chima Simpson-Bell, IFM, WP/22/58, 2022).

Esto hace que el capital dinero -acumulación de plusvalías producidas a nivel global- en tanto se mantiene como reserva de valor, o atesorado, lo haga, principalmente a través de la compra de activos financieros estadounidenses y/o nominados en dólares. Una situación de este tipo adquiere especial relevancia cuando se produce lo que Marx llamó una plétora del capital: los capitales se mantienen en estado líquido -o sea, no se reinvierten en la producción. Valorizados por plusvalía producida y realizada en diferentes países y regiones, esos capitales consideran al dólar y a la economía estadounidense como refugios seguros. Mucho de esto ha ocurrido en los años previos a la crisis financiera. De ahí la entrada de capitales que financian el déficit de cuenta corriente, participan del financiamiento del déficit fiscal y por ahora contribuyen al sostenimiento del valor del dólar.

La perspectiva de una crisis del dólar en tanto dinero mundial

Por lo desarrollado, se plantea una contradicción entre el rol del dólar como moneda nacional y su rol como dinero mundial. Es que, en tanto moneda nacional, y según los patrones clásicos del comercio internacional, debería depreciarse, dado el déficit en la cuenta corriente. Pero en su rol de dinero mundial, es imprescindible que encarne valor y sea medio de atesoramiento. Agregando que ese rol explica la entrada de capitales y el consiguiente financiamiento de los déficits.

El tema es, sin embargo, que el dólar como moneda mundial flota sobre un mar de deudas, y esto es intrínsecamente contradictorio con su papel de dinero mundial. Las necesidades de financiamiento de los dos déficits -cuenta corriente y fiscal- siguen creciendo. Por caso, en 2025 el gobierno de EEUU debe refinanciar deuda por US$7 billones. El déficit en cuenta corriente no se achica y las medidas proteccionistas que acaba de implementar Washington solo empeorarán las cosas. La perspectiva de una recesión global -en el marco de sobreproducción, guerras de precios y enfrentamientos geopolíticos- es real. Una depresión global dispararía una gigantesca destrucción de valores. El dólar no sería inmune a ella. Sin embargo, en tanto moneda mundial, debe ser poder, “la forma siempre pronta, absolutamente social de la riqueza” (Marx, El capital, p. 160, t. 1). Es desde ese lugar que “funciona como medio general de pago, medio general de compra y concreción material, absolutamente social de la riqueza en general” (ibídem, p. 175). Esta contradicción, entre el rol del dólar como dinero mundial, y las gigantescas deudas que se acumulan, es la causa última de la desconfianza de los inversores.

Los síntomas no son nuevos. En los últimos años China, Rusia (antes de la invasión a Ucrania) y Turquía han estado comprando oro. También India, en 2024. Entre 2022 y 2024 bancos centrales compraron más de 1000 toneladas de oro por año. El justificativo: “es el dinero sin riesgo”. También “es el único activo que no es pasivo de ningún gobierno”, A su vez, China, Arabia Saudita y Brasil han bajado la tenencia de títulos del Tesoro.

La caída de los precios de los títulos del Tesoro en la crisis en curso es otro llamado de alerta. Todo indica que la mencionada contradicción que atraviesa al dólar debería desembocar, en algún punto, en una crisis monetaria y financiera de proporciones. Por ejemplo, si los inversores comienzan a pedir más tasa para financiar el déficit fiscal de EEUU; o si se frena la entrada de capitales a EEUU. En esta última eventualidad habría una crisis en la balanza de pagos que empujaría a una devaluación del dólar. Con el agravante que EEUU puede pagar sus deudas emitiendo su propia moneda. Si ocurriera, se aceleraría la depreciación del dólar y los acreedores (bancos centrales, entidades financieras, empresas y otros tenedores de títulos del Tesoro) sufrirían pérdidas gigantescas. Cualquiera de esos escenarios, desataría crisis al interior de los países afectados. En particular, será necesario seguir la evolución de la crisis inmobiliaria que se está desarrollando en China. Así como los cambios que están ocurriendo a nivel geopolítico, que por momentos apuntarían a la formación de bloques económicos en creciente tensión.



Fuente: Rebelión

domingo, 20 de abril de 2025

China aguanta el pulso arancelario y confía en su gran potencial en tierras raras para batir a Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Pekín descarta claudicar en la guerra arancelaria declarada por Trump y apuesta por doblegar a EEUU en el sector de los minerales, clave para las últimas tecnologías.


     En la guerra comercial global declarada por el presidente de EEUU, Donald Trump, para imponer la hegemonía económica estadounidense, China dispone de un arma que podría poner de rodillas a la principal economía del mundo. De momento, Pekín apuesta por utilizarla para devolver la calma a los mercados e impedir un mayor caos comercial internacional.


La búsqueda de tierras raras se ha convertido en una estrategia fundamental en el mundo.

Se trata de su predominio en el sector de las tierras raras, esos minerales críticos imprescindibles para la manufactura de componentes electrónicos de última generación. China se encuentra en una posición en la que podría obligar a cualquier país a arrodillarse y negociar en este ámbito en los próximos años.

Esos minerales estratégicos son utilizados para elementos tecnológicos militares, del transporte y sobre todo de la comunicación, especialmente en la telefonía móvil. La respuesta china a la guerra comercial declarada por Trump con sus aranceles en ristre, además de elevar sus propias tasas a la importación, ha limitado las exportaciones de esas tierras raras.


Vista aérea del puerto de Shanghái​, epicentro del comercio en China.

China tiene el 61% de la producción mundial de tierras raras extraídas, pero controla el 92% del procesamiento. Es decir, tras décadas de silencioso trabajo en este sector, Pekín domina su cadena de suministro y puede decidir qué empresas son abastecidas de esos elementos químicos.

Estados Unidos y muchos otros países han dependido de China en el suministro de estos minerales procesados y ahora comprueban la distancia abismal que les separa con Pekín. Entre 2020 y 2023, Estados Unidos dependió de China para el 70% de sus importaciones de todos los compuestos y metales de tierras raras.

Por eso, las restricciones chinas a la exportación de estos elementos pueden ser un torpedo bajo la línea de flotación de la tecnología estadounidense, en especial en áreas clave como la industria de la defensa.

La guerra comercial con China no le sale bien a Trump

En estos momentos, EEUU y China mantienen las espadas en alto en su disputa arancelaria, detonada por la decisión de Trump de imponer aranceles comerciales prácticamente al planeta entero. El problema es que con Pekín ha querido dar una lección excepcional, identificando a China como un enemigo a abatir y tratando de someter a los productos chinos al escenario que Trump quiere para la economía estadounidense. Ya lo intentó en su anterior mandato presidencial, entre 2017 y 2021, sin mucho éxito.


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, después de firmar dos órdenes ejecutivas que dieron lugar a los aranceles recíprocos.

Ahora, totalmente desatado por su control semidespótico de los principales resortes de poder en EEUU, Trump ha creído que podría presionar a los chinos y someterlos a sus caprichos comerciales sin que estos no alzaran ni una ceja. No ha sido así y tras un toma y daca agudizado en las últimas semanas, actualmente los aranceles impuestos por Washington a los productos chinos ascienden a un disparatado 145%, mientras que las tasas chinas a los bienes estadounidenses se han elevado a un 125%.

En tales circunstancias, el daño a las economías mundiales, empezando por la estadounidense y la china, puede ser incalculable. La tensión de la cuerda es muy alta y podría llegar a romperse.

Aunque las instituciones financieras mundiales descartan una recesión generalizada, si las cosas se ponen feas estaríamos ante una crisis económica que recordaría los peores tiempos derivados de la guerra de Ucrania y de la pandemia de covid estos años atrás.

Una crisis mayor

Hace una semana, Trump decidió dar una tregua a la imposición de los aranceles a sus socios comerciales, que sin ser tan desmesurados como en el caso chino, seguían siendo insoportables. Ese respiro no incluía a China, que ha empezado a movilizarse comercial y políticamente para la resistencia.


Trabajadores en una fábrica de Hefei, en China.

Con el tiempo en contra, la Administración Trump pretende tener el control y cerrar las negociaciones con socios y contrincantes en el próximo mes. Respecto a la Unión Europea, la visita de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a Washington esta semana parece haber desatascado algunas puertas bloqueadas, que podrían abrirse con ciertas cesiones del comercio europeo.

En el caso de China, Trump insiste en que ya hay conversaciones de por medio, pero los avances sustantivos no se ven. Y las amenazas de más inflación y de caída del crecimiento del PIB son reales para Estados Unidos en primer lugar. Pekín se limita a subrayar el error que está cometiendo Trump y a advertir de que tomará las medidas oportunas.

Y ya lo está haciendo, para pánico de los exportadores estadounidenses y de la propia clase política de Washington, que teme una invasión de los mercados por productos chinos muy rebajados en sus precios. Saben que China tiene la fuerza suficiente como para resistir esta oleada y la siguiente.

El doble rasero de EEUU

En un acto de doble rasero y máximo nerviosismo, es la Casa Blanca la que acusa a China de emprender "estrategias agresivas" y dañar a la economía estadounidense. Pero en los propios EEUU ya se empieza a cuestionar la estrategia de Trump y se recuerda que fue éste quien lanzó, al proclamar su "día de la liberación", la primera andanada en una guerra que nadie puede ganar.


Las banderas de Estados Unidos y China en un edificio de una empresa estadounidense de Pekín.

Los últimos aranceles y limitaciones al transporte marítimo chino, con tasas a los buques construidos y operados por China que lleguen a puertos estadounidenses, pueden subir los costes del transporte marítimo global, perturbar la estabilidad de la cadena de suministros y aumentar la inflación sobre todo en EEUU, como argumentó el portavoz de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian.

No parece, pues, que vaya a funcionar ese plazo de "tres o cuatro semanas" del que habló Trump este jueves para alcanzar acuerdos arancelarios con todo el mundo, menos aún con China. La tregua parcial de 90 días declarada la semana pasada ya está contando y el reloj avanza sin demora. Todo el mundo sabe, sin embargo, que sobre estos acuerdos pende la espada de Damocles de la confrontación entre EEUU y China.

China se mueve con cautela; en EEUU sube el nerviosismo

La inquietud cunde en la Casa Blanca. "La pelota está en el tejado chino, es China quien ha de dar el primer paso", afirman en Washington los hombres de Trump. Pekín, entretanto aguarda. Aguarda y espera incluso que el presidente estadounidense pida una cumbre con el líder chino, Xi Jinping, para arreglar las cosas al máximo nivel. Ello supondría una victoria china sin paliativos y muy evidente a los ojos de todo el mundo.

La visita que el presidente chino acaba de finalizar por el sudeste asiático no es casual. Es ese movimiento que demandaba Trump, solo que Xi Jinping lo ha dado en una dirección contraria a la que esperaba el mandatario estadounidense. El mensaje es evidente: China ofrece estabilidad allí donde EEUU está promoviendo el caos.

Que la visita haya sido a una de las zonas comerciales de mayor auge en el mundo, además vecina de China, marca la fuerza del mensaje en una región, Asia Pacífico, donde Trump ha declarado una y otra vez que quiere izar la bandera de EEUU sin que ninguna otra le haga sombra.

El jaque mate chino de las tierras raras

Ahora queda ver el impacto que puede tener en esta guerra arancelaria la decisión china de meter al comercio de tierras raras en la trifulca. Los 17 elementos químicos que conforman las llamadas tierras raras no son tan raros ni difíciles de hallar. El problema es que no se encuentran en casi ninguna parte en los volúmenes precisos para su extracción, explotación, manufacturación y comercio de cara a la fabricación de componentes de telefonía móvil inteligente, pantallas, tecnología médica, láseres, coches eléctricos, cuadros de mando de los aviones de combate más avanzados, circuitos para submarinos, mecanismos sofisticados para satélites y muchos otros usos.

Esas tierras raras son el escandio, el itrio, el cerio, el lantano, el neodimio, el praseodimio, el prometio, el europio, el holmio, el erbio, el terbio, el iterbio, el tulio, el lutecio, el samario, el gadolinio y el disprosio.

Y es China, como se ha indicado, la que detenta casi todo el potencial en su producción y procesamiento, para disgusto de Trump, quien parece que es ahora, y de repente, cuando se ha dado cuenta del patinazo que puede haber dado al declararle al gigante asiático su cruzada arancelaria.

China tiene las mayores minas del mundo de al menos siete de esos elementos químicos raros, con una producción anual de 270.000 toneladas métricas frente a las 40.823 toneladas métricas extraídas en EEUU.

Fabricantes destacados en la industria de la defensa y aeroespacial de EEUU, como Lockheed Martin o Boeing, asisten muy preocupados al pulso entre Pekín y Washington, tras estar sufriendo ya las restricciones chinas. Los emporios del automóvil eléctrico, las comunicaciones y la computación tiemblan más, si cabe.

Si a merced de esta guerra de aranceles global, Pekín impone su monopolio en esos minerales estratégicos, China podría lanzar un jaque mate a EEUU y las consecuencias serían no solo económicas.

El riesgo de guerras regionales por los recursos

A la caza de esas tierras raras y otros metales estratégicos, como el cobalto, el coltán o el tántalo, Washington ya está evaluando una presencia militar en África para desplegarse en países ricos en esas reservas, como la República Democrática del Congo, y desplazar allí a las empresas chinas que comercializan esos minerales.

La misma semana que Trump lanzaba su guerra arancelaria global, su asesor especial para África, Massad Boulos, viajaba al Congo para negociar la ayuda militar que puede prestar EEUU a ese Gobierno a fin de librarlo de la guerrilla del M23 y del apoyo a ésta por parte de Ruanda a cambio de la adquisición de sus reservas de minerales estratégicos.

En un corto espacio de tiempo, África podría arder en guerras locales con EEUU, Rusia, China o Francia apoyando a Gobiernos o milicias rebeldes a fin de controlar la producción de esos minerales imprescindibles también para la fabricación de baterías de teléfonos móviles, ordenadores portátiles y tabletas, y el resto de destinos de última tecnología ya mencionados.

Si en el pasado se desataron guerras por el oro, las especias, el opio o el petróleo las próximas contiendas podrían ser por las tierras raras. Y tanto EEUU como China estarán de una u otra forma implicados.


Fuente: Público