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domingo, 23 de febrero de 2025

OFENSIVA ULTRA: la alternativa al thatcherismo era el turbothatcherismo

 

 Por Oriol Bartomeus  
      Profesor asociado del Departamento de Ciencia Política y Derecho Público de la Universidad Autónoma de Barcelona.


La extrema derecha ha entendido que el miedo y la angustia que generó la caída del sistema tras la crisis de 2008 requería de una respuesta contundente


     Este domingo 23 de febrero, un partido de nombre Alternativa por Alemania (AfD) y de ideología nacionalista, reaccionaria y xenófoba se va a convertir en la segunda fuerza del país más importante de la Unión Europea con el apoyo de probablemente nueve millones de votantes, más del 20% del voto, lo que significa que en cuatro años AfD habría doblado su apoyo electoral.


Alice Weidel, candidata a canciller por AfD, en la inauguración de la campaña electoral en Halle (Alemania).

AfD hace tiempo que ha dejado de ser un partido en el extrarradio de la política alemana para convertirse en mainstream. A pesar de que su base de apoyo más fiel está en el este, ha logrado penetrar consistentemente en el oeste del país. Aunque su voto es muy masculinizado, el apoyo entre las mujeres es similar al que obtienen los socialdemócratas. Si bien sigue siendo la opción favorita entre aquellos que viven en entornos rurales, penetra sin problemas en las ciudades y entre los que tienen estudios superiores, a pesar de que su base se encuentra entre los que tienen un nivel académico bajo.

AfD es realmente la alternativa al actual sistema, como en su momento lo fue Fratelli d’Italia o lo es Rassemblement National en Francia. Lo que antes podría parecer una opción extemporánea, fuera de los lindes, freak, se sitúa hoy en el corazón de los sistemas democráticos europeos, acumulando apoyos de lo más variopinto, provenientes de todos los sectores sociales, con la única promesa de darle una vuelta al sistema, de acabar con la casta política ineficaz y corrupta que se ha mostrado incapaz de mejorar la vida de sus conciudadanos.


Le Pen y Meloni asistieron en 2015 al programa de la televisión italiana 'Di martedi en Roma'.

AfD nace a la contra con un discurso que propugna un thatcherismo aún más puro

Dos ideas para tener en cuenta respecto a AfD. La primera, el nombre. AfD es la alternativa. No lo son otros. AfD nace en 2013 pero su origen se remonta a 2010, cuando Merkel propone el “rescate” de Grecia como la única opción posible, anunciando solemnemente en el Bundestag que “no hay alternativa”. AfD se erige en “la alternativa”, combatiendo la idea tan thatcheriana de que existe un único camino (“there is no alternative”). AfD nace a la contra con un discurso que propugna un thatcherismo aún más puro, el egoísmo como guía de las políticas: que se hundan los griegos por manirrotos, los contribuyentes alemanes no deben salir a su rescate.

[Un inciso. Nadie les dijo a esos contribuyentes alemanes –nadie, excepto Varoufakis– que con su dinero en realidad no estaban rescatando a los ciudadanos griegos, sino a sus propios bancos, entrampados por sus ruinosas inversiones especulativas en Grecia].


Jeroen Dijsselbloem y Yanis Varoufakis.

La segunda idea. También en 2013 Thomas Piketty publica El capital en el siglo XXI, que por un momento pone encima de la mesa lo que entonces se llamó el nuevo keynesianismo como respuesta a la crisis financiera global. Por un breve lapso, la desigualdad aparece como el foco de todas las preocupaciones y hasta en Davos discuten cómo hacerle frente, convencidos de su impacto negativo para la estabilidad de los sistemas democráticos.


Thomas Piketty.

Un espejismo. En la década que ha transcurrido desde entonces se ha ido imponiendo la “alternativa” que representan AfD y todos los partidos de su misma tendencia, frente a las propuestas de Piketty, que ya ha publicado cinco libros sobre la cuestión, con un éxito descriptible en la política real. Así pues, la solución a la crisis final del sistema levantado por la revolución conservadora a principios de los ochenta parece ser una versión más descarnada y radical de los mismos postulados de esa revolución. A la crisis terminal del thatcherismo le habría sucedido el turbothatcherismo. Milei es la versión desacomplejada de Macri, como Trump es el “capitalismo compasivo” de Bush hijo… pero sin compasión.

¿Cómo ha sido posible esta jugada de prestidigitación a gran escala? Principalmente porque la extrema derecha ha sabido entender el nuevo mundo nacido de la crisis de 2008 mucho mejor que la izquierda. La extrema derecha ha entendido que el miedo y la angustia que generó la caída del sistema, la sensación de desamparo de buena parte de la población, requería de una respuesta contundente y sin medias tintas. A diferencia de la izquierda, la extrema derecha ha sabido vehicular ese miedo a su favor, identificando a los culpables: la dictadura progre (lo woke), la élite y sus peones, los inmigrantes. Todos ellos al servicio del gran reemplazo, de la sustitución de los valores tradicionales, del vaciado de las identidades nacionales a favor del “globalismo”.

La respuesta de la extrema derecha ha servido como faro reconocible para aquella parte de la sociedad que se sentía a la deriva después del 2008 y que buscaba refugio, cobijo, ante un mundo desconocido y amenazante. La nostalgia de un pasado supuestamente glorioso, la seguridad de la comunidad de iguales (los hombres, los blancos, los nativos), los parámetros reconocibles, el orden, la simplicidad, la claridad ante un mundo confuso.

El arte de esta respuesta reside en hacerla parecer una alternativa antisistema cuando es una continuación de ese mismo sistema, cuando no una profundización de sus valores dominantes: el individualismo a ultranza, la desaparición de la responsabilidad compartida, la búsqueda individual del éxito, la legitimación de la desigualdad y la exaltación de la riqueza entendida como el baremo del valor social (Musk). Nada que no estuviera en el thatcherismo original. Entonces, la clave de vuelta del sistema era la noción de capitalismo popular, la posibilidad que tenía cualquiera de participar en el gran festín que ofrecía el mundo financiero, entendido como un ágora democrática en la que todos (si queríamos) gozábamos de las mismas posibilidades de hacernos ricos. En el turbothatcherismo la clave de vuelta es el cryptobro, capaz de ganar millones mientras hace burpees.

En el turbothatcherismo la clave de vuelta es el cryptobro

Como entonces, todos estamos invitados al festín y si no nos hacemos millonarios es porque no lo deseamos lo suficiente, porque no lo sudamos lo suficiente. Como entonces, de nada sirve que haya un Estado para corregir las desigualdades puesto que éstas son naturales y la pobreza es la opción que han tomado los flojos, los parásitos y los aprovechados.

Últimamente, la lógica cryptobro también ha tomado las relaciones internacionales, convertidas en un escenario donde una hermandad de potencias agresivas entiende el resto del mundo como una tierra a conquistar, un puñado de pusilánimes que no tienen derecho a limitar el ansia de conquista de los bros.

Mientras ha pasado todo esto, ¿dónde estaba la izquierda? En tres grupos distintos. Los analistas, los bomberos o los savonarolas. Los primeros se lamentan del fallo del ascensor social. Los segundos intentan rescatar algo del sistema. Los terceros se dedican a condenar al fuego eterno a todos aquellos (entre ellos, los segundos) que no se adhieran a sus postulados de pureza ideológica. La utilidad de los tres para mitigar el miedo y la angustia de la ciudadanía es, como mínimo, muy mejorable, lo que explica que la extrema derecha les haya ganado la partida de calle.

Los analistas les han dicho a sus conciudadanos que el ascensor social efectivamente estaba averiado y que su arreglo era extraordinariamente complicado, porque había que tener en cuenta múltiples factores interconectados, así que paciencia que estamos en ello. Los bomberos estaban demasiado ocupados en intentar gobernar, y aún no han entendido que el sistema tal y como aún lo conciben hace tiempo que ha dejado de existir (de este segundo tipo la Unión Europea va sobrada). Finalmente, los savonarolas les han dicho machaconamente que no tienen derecho a sentir miedo ni angustia porque al fin y al cabo son unos privilegiados, por ser europeos, hombres, blancos, heterosexuales y por todo ello cómplices de todos los males del sistema, además de racistas, misóginos, fascistas y tontos rematados por votar a los partidos equivocados.

En su conjunto la izquierda no ha sabido contraponer al discurso de la extrema derecha uno de igual potencia persuasiva, lo cual ha acabado reforzando la propuesta fraudulenta del turbothatcherismo. Así es como J. D. Vance puede denunciar que las democracias europeas aplastan la libertad de expresión o Díaz Ayuso referirse a Pedro Sánchez como tirano o, como ha dicho sin rubor la candidata de AfD, desvelar que Hitler era en realidad un comunista.

Bienvenidos a la era del turbothatcherismo, donde nada es lo que parece, una gran maniobra de desvío de la atención en masa, un guiñol en el que la reacción es la revolución, las percepciones son la realidad y el sistema el antisistema. Un mundo lampedusiano 2.0 avanzando feliz hacia el pasado. Glups (como diría el maestro Martínez).

Fuente: ctxt

lunes, 27 de enero de 2025

Trump deja de lado a Europa para negociar la paz en Ucrania con Putin a nivel de superpotencias

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Trump pactará con Putin el fin de la guerra de Ucrania, aún a costa del protagonismo de sus aliados europeos y de Kiev mismo en las futuras negociaciones.


     La nueva diplomacia del flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere ir al grano y sin actores secundarios o de poca monta. Trump hablará con el presidente ruso, Vladímir Putin, para encauzar el fin de la guerra en Ucrania y con el chino, Xi Jinping, para aliviar la confrontación sino-estadounidense en Asia y apoyar esos esfuerzos de paz. Sobra el factor europeo en esa negociación y la propia Ucrania tendrá que aceptar lo que Trump y Putin acuerden.


Vladímir Putin y Donald Trump en una imagen de la anterior presidencia del estadounidense.

El mandatario estadounidense dejó claro esta semana ante el Foro Económico Mundial reunido en Davos, que los problemas los resuelven quienes llevan las riendas y los demás tienen que acatar.

Eso se refiere también a Ucrania. Y en la resolución de esta crisis, Trump está evidenciando su desconfianza en Europa, a la que, de paso, amenaza con una guerra de aranceles por tratar tan “mal” a Estados Unidos en el ámbito comercial a la vez que manda a sus aliados en la OTAN un mensaje bien definido: "Cuando pongan tanto dinero como EEUU para mantener en funcionamiento a la Alianza, entonces podrán decidir".

En cuanto a Ucrania, Trump sabe que el presidente Volodímir Zelenski al final hará lo que diga el número uno estadounidense, pues está en juego su propia supervivencia.


Volodimir Zelenski y Joe Biden en una imagen de la presidencia estadounidense saliente.


Un plan de paz desconocido



A pesar de que Trump no ha puesto aún sobre la mesa ni siquiera un esbozo de cómo será ese plan de paz para Ucrania, esta semana sugirió en su mensaje telemático en Davos que podría estar pergeñando ya algo.

Nuestros esfuerzos para asegurar un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania ahora están en marcha”, afirmó. Y reveló que hablará cara a cara con Putin “de inmediato” y que, además, tenía el compromiso de Zelenski para empezar a negociar el alto el fuego.

Un acuerdo de paz que será entre superpotencias y dejando de lado la retórica europea que apuesta por llevar la guerra hasta las últimas consecuencias, como reclaman británicos, polacos y bálticos, pero sin comprometerse totalmente en el campo de batalla.

Trump quiere acabar con tres años de guerra en la que Ucrania ha puesto los muertos y Estados Unidos la mayor parte del dinero y las armas, mientras Europa se desgañitaba con argumentos sobre la supuesta cruzada por la democracia y los valores occidentales que se están combatiendo en Ucrania.

El interés de Trump por finalizar la guerra no es humanitario, sino sobre todo comercial y económico. Con la sima sin fondo que supone la contienda ucraniana en la economía mundial, Trump no puede garantizar el proteccionismo estadounidense ni vencer la batalla comercial que pronto se puede desatar con China o la propia Europa.



Trump cuelga la espada de Damocles sobre la OTAN



Por eso, en Davos, lanzó esas afiladas quejas a sus aliados europeos en la OTAN por lo que consideró bajas aportaciones al mantenimiento de la Alianza. Trump quiere que los miembros europeos del bloque militar suban su gasto en defensa hasta el 5% de su PIB.

En estos momentos el objetivo está en el 2% del PIB y son muchos los países que han apostado por un incremento progresivo que tardará algunos años aún en acercarse a ese porcentaje. España, que se ha acogido a este aumento progresivo de su gasto militar hasta llegar al 2% en 2029, dedicó en 2024 el 1,29% de su Producto Interior Bruto a tal concepto.

Pero Trump quiere que esta subida de la contribución europea para armar a la OTAN y pagar sus gastos militares se produzca ya, por lo que ha amenazado en reducir drásticamente la contribución de EEUU si Europa y Canadá no duplican sus aportaciones, así como dejar de entregar dinero y armas a Ucrania.

En esta campaña, Washington tiene de su lado al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, también partidario de que buena parte de ese presupuesto armamentístico sea para reforzar al ejército ucraniano y el resto para impulsar una carrera armamentística acorde con los tiempos.

Rutte ha abogado incluso porque los miembros de la OTAN dediquen a comprar armas parte de sus presupuestos sociales y sanitarios e incluso de las pensiones, algo que no harán todos los socios de la Alianza, salvo los países más militaristas y antirrusos como Gran Bretaña, Polonia o los Bálticos. Estos países son partidarios además de la idea francesa de crear una futura fuerza de interposición europea para ser desplegada en Ucrania, incluso antes de que se alcance un alto el fuego para presionar a Rusia.

Rusia ya ha dejado claro que tal entrada de tropas europeas en Ucrania sería considerada como una declaración de guerra directa de la OTAN.

No parece que Trump vaya a defender esa posibilidad. Más bien, su estrategia respecto a la OTAN es ceder en su liderazgo funcional, gastar menos y que los europeos gasten más, y, sobre todo, acabar con una guerra que esta semana volvió a calificar de “absurda”.



Putin aplaude a Trump



Putin aseguró este viernes que la actual crisis de Ucrania podría haberse evitado si Trump hubiera sido el presidente de Estados Unidos cuando comenzó la invasión rusa en febrero de 2022 y no le hubieran “robado” las elecciones que en 2020 ganó oficialmente Joe Biden.

Trump siempre ha afirmado que esos comicios que llevaron a la presidencia en 2021 a Biden le fueron robados en una extraña conspiración liderada por los demócratas y ciertos lobbies económicos estadounidenses.

No puedo evitar estar de acuerdo (con Trump) en que, si no le hubieran robado la victoria en 2020, tal vez no se habría producido la crisis en Ucrania que surgió en 2022”, afirmó el líder ruso a un canal de televisión de su país.



Y afirma que está listo para reunirse con Trump



En esa entrevista, Putin también se mostró dispuesto a reunirse con Trump y desdeñó las amenazas de sanciones y aranceles comerciales lanzadas por el presidente estadounidense a Rusia para apremiarla a negociar. Advertencias que se contradicen con la urgencia con la que Trump aseguró que tendrá lugar el encuentro con Putin.

El Kremlin reaccionó con calma ante esas amenazas económicas desvaídas de Trump y el propio Putin en esta entrevista se refirió a las mismas: "Trump no solo es una persona inteligente. Es una persona pragmática y difícilmente puedo imaginar que se tomen decisiones que dañen la propia economía estadounidense”.

E insistió en que Rusia “está lista para las negociaciones sobre el tema ucraniano” y esperaba, al respecto, una propuesta concreta por parte de Washington.

El presidente ruso añadió que los dos líderes podrían también examinar el problema de los precios del gas y el petróleo, o del control internacional de armamento en un encuentro “basado en las realidades de hoy día para hablar con tranquilidad de todas esas áreas que son de común interés para los Estados Unidos y Rusia”, agregó.

Ésta ha sido la mayor muestra de disponibilidad por parte del Kremlin para celebrar una cumbre con la Casa Blanca en casi tres años de guerra en Ucrania. La relación de Putin con Biden, el antecesor de Trump, fue de confrontación abierta durante este tiempo.



Putin exige que Zelenski lo reconozca como interlocutor



No obstante, el jefe del Kremlin indicó que hay un hándicap que impediría celebrar conversaciones “serias” con Ucrania. Moscú no se sentará a dialogar con Kiev hasta que Zelenski anule el decreto que en 2022 prohibió cualquier tipo de negociación con el propio Putin por ordenar la anexión ese año de las cuatro regiones invadidas por el ejército ruso y de la península de Crimea, ya anexionada en 2014.

Hasta que se derogue ese decreto, dijo Putin, solo puede haber unos “esbozos preliminares” de negociación. No podrá profundizarse en esa dirección si hay dudas sobre su propia legitimidad, añadió. Putin animó a los países occidentales, patrocinadores de Zelenski, a presionarlo para que cancele esa orden.

Sin embargo, como muestra del doble baremo demostrado por Putin en este asunto de las negociaciones, es preciso recordar que el líder ruso ya vetó por su parte a Zelenski, cuya legitimidad puso en duda al no haber celebrado elecciones en Ucrania cuando terminó su mandato en 2024 y se mantuvo en el poder con el pretexto de la guerra.



Zelenski insiste en que Europa esté en primera línea



Pese al protagonismo que reconoce Zelenski a Trump en unas eventuales negociaciones, el presidente ucraniano considera indispensable el protagonismo europeo.

Por una parte, Ucrania ha comenzado ya el largo proceso de adhesión a la Unión Europea y no quiere que nada empañe esta apuesta europeísta. Además, si EEUU se acabara distanciando del conflicto ucraniano, Europa es la única baza que le quedaría a Kiev para garantizar su seguridad ante Rusia.

El problema en estos momentos es que Trump, por mucho que afirme que tiene el consenso de rusos y ucranianos para sentarse a negociar, no tiene definido el camino que puede seguir el proceso de paz.

Sí ha logrado que Zelenski renuncie a los postulados que venía defendiendo hasta hace muy poco y que insistían en la recuperación de los territorios anexionados por Rusia, algo bastante poco probable. El presidente ucraniano ya ha indicado que dejará para más adelante la reclamación de esos territorios, una vez haya concluido la guerra.

La posición de Zelenski es muy complicada en estos momentos. Si bien ha intentado acercarse reiteradamente a Trump, con halagos y lisonjas, la posición del jefe de Estado estadounidense es de notable desdén hacia el líder ucraniano, mientras que, al contrario, no esconde sus preferencias por Putin.

En su discurso nocturno de este viernes, Zelenski acusó a Putin de “tratar de manipular el deseo del presidente estadounidense de lograr la paz”.

Ante tal evaluación, que lo sitúa como una víctima simplona del maquiavelismo de Putin, no es de extrañar que Trump prefiera de momento dejar a Zelenski fuera de la ecuación negociadora y opte por un pacto entre superpotencias, más complejo y arduo, pero también más directo y sin histrionismos.


Fuente: Público

lunes, 23 de septiembre de 2024

La Edad de Piedra (y la conspiración del “Valle de los Sueños”)

 

Escritor, filósofo y activista de la izquierda italiano.


        La primera vez que escuché esta expresión (la Edad de Piedra) fue en los años 1990, cuando un general estadounidense llamado Schwarzkopf prometió a los iraquíes enviarlos de regreso a la Edad de Piedra. Hubo una guerra contra el Irak de Saddam Hussein. Luego hubo un segundo.


El general estadounidense Herbert Norman, "Stormin Norman", Schwarzkopf con George Bush (padre).



Entre una cosa y otra, quinientos mil niños iraquíes murieron, a causa de las bombas y del embargo de medicamentos. La señora Madeleine Albright, Secretaria de Estado demócrata (con Bill Clinton), cuando fue entrevistada sobre la muerte de medio millón de niños, dijo que sí, que era un precio alto a pagar, pero que valía la pena.


Madeleine Albright.

¿Valió la pena?

¿Cuál fue el propósito?

Devolver a Irak a la Edad de Piedra.

Más o menos lo consiguieron.

Los estadounidenses fueron derrotados y se marcharon después de destruir el país, pero mientras tanto habían hecho lo que había que hacer.


Obra de INSTUBÁLZ

Ahora fue Yoav Gallant, el Ministro de Defensa israelí, quien prometió devolver al Líbano a la Edad de Piedra. Gaza ya ha regresado.


Yoav Gallant

Los Übermenschen sionistas atacaron a los Untermenschen de Hezbollah con su superioridad técnica, les entregaron teléfonos móviles explosivos y mataron a una docena, dejaron ciegos a quinientos e hirieron a cuatro mil.

Así como los nazis de Hitler ganaron la guerra al principio porque habían preparado medios técnicos superiores, hoy los nazi-sionistas han tomado medidas para dotarse de la superioridad que sirve para enviar a quienes representan un peligro para ellos de regreso a la Edad de Piedra.

El problema es que mil quinientos millones de musulmanes son un peligro para Israel.

Y la superioridad tecnomilitar no es eterna, como nos demostró el destino de Hitler.

Por lo tanto podemos apostar: tarde o temprano (y los tiempos son cada vez más rápidos) Israel volverá a la Edad de Piedra.




Pero poco a poco la mayoría de la humanidad está regresando a la Edad de Piedra. Nuestros antepasados, recién descendidos de los árboles, vivieron en la Edad de Piedra pero estaban acostumbrados y se las arreglaron.

Ya no estamos acostumbrados a vivir en cuevas, a no tener servicios de salud pública y a trabajar trece horas bajo el sol.

Éticamente ya hemos regresado a la Edad de Piedra.

En el país emblemático de la civilización occidental, los Estados Unidos de América, es peligroso ir a la escuela porque cada vez es más frecuente que alguien dispare para matar a algún niño.




En Italia hay un gobierno que impide por todos los medios llevar ayuda a quienes se están ahogando en el mar. Un ministro troglodita está siendo juzgado por haber impedido durante semanas la entrada a puerto de un centenar de náufragos. El bruto, agitando el rosario, dice que lo hizo para defender las fronteras de su patria. Muchos italianos (me temo que la mayoría) están de acuerdo con él.

Humillar, violar, torturar, ahogar, exterminar: es la guerra civil global que se ha desatado y tiende a extenderse por todas partes.

Los bancos han colapsado.

Cómo se desploman las orillas de los ríos que invaden las ciudades tras un verano asesino de temperaturas sin precedentes.

La Edad de Piedra es el destino de los nacidos en el nuevo siglo.


Obra de INSTUBÁLZ

En todas partes, en el norte del mundo, las mujeres lo han comprendido y son cada vez más raras las que se dejan convencer por el orden patriarcal para procrear.

Generar inocentes para enviarlos a la Edad de Piedra no parece algo amable.

El Papa dice que necesitamos traer niños al mundo porque sólo así viviremos una vida plena.

Con el debido respeto al buen Francesco, me parece que esto es una tontería.




La elección de traer al mundo víctimas inocentes del nazismo y del clima infernal comienza a parecer una elección cínica, violenta y moralmente inaceptable.

Lo que se nos ofrece es mucho peor que nada.

Vivir es mucho peor que no estar allí.

Y no hay señales de que mañana vaya a ser mejor. De hecho, parece seguro que mañana será peor.

Por eso cada vez más mujeres desertan: evitan por todos los medios tomar esa decisión; En un par de décadas el mundo estará lleno de ancianos que han escapado de guerras e incendios, esperando la extinción de la raza humana que claramente ha fracasado.

¿Pero mientras tanto? Mientras tanto hay una generación que fue traída al mundo de manera irresponsable.

Son pocos, perdidos, bombardeados por un flujo de estímulos infoneurales que los empujan a sacrificarse en el altar del consumo, pero para tener dinero con el que comprar mierda de diseño tienen que trabajar en condiciones de esclavitud.

¿No sería mejor irse?

Busca una isla, o más bien crea una isla.

Encontrar amigos, amantes y escapar con ellos, pequeñas comunidades de desertores que se refugian en lugares donde nada los protegerá de una erupción volcánica o una lluvia atómica. Pero al menos no habremos participado en esta horrible competencia entre asesinos.

Una isla como Vis, en el archipiélago dálmata, no lejos de la isla de Korçula donde en los años 60 grupos de filósofos se reunían para discutir la posibilidad de evitar el infierno.


Isla de Vis

Fallaron.

Ha llegado el infierno nuclear, ha llegado el infierno climático, ha llegado el infierno de la esclavitud.

Busquemos una isla en el infierno y el desierto.

En pequeños grupos o solos.



LA ISLA


La conspiración del “Valle de los Sueños”

Hacia archipiélagos de zonas autónomas permanentes



Todo empezó con una especie de conspiración.
Ahora probablemente pienses que estamos locos: terraplanistas, creyentes en la gente lagarto, fanáticos de Expediente X, teóricos de la conspiración de Davos, entusiastas de las estelas químicas, creyentes del estado profundo, partidarios del Pizzagate... o tal vez te venga a la mente todo un universo de conspiraciones.

Obviamente, la palabra conspiración se convirtió en una mala palabra.
Todo se convirtió en una conspiración, y la conspiración se convirtió en todo.
Hoy en día, al igual que el genocidio, la conspiración se transmite en vivo.

¿Quién estaría tan loco como para proclamarse conspirador?

¿Pero qué pasa si no hay acción colectiva ni comprensión del mundo sin conspiración?

Cuando decimos que todo empezó con una conspiración, pensamos en la conspiración original, primordial: la conspiración de respirar juntos, no simplemente de vivir juntos, en un mismo ritmo o en muchos diferentes.



ISSA antes de la reconstrucción de la antigua casa de piedra, 2022.

Entre los pensadores perspicaces, al menos tres de ellos han profundizado nuestra comprensión de la conspiración en relación con la respiración y el ritmo. Uno es el gran educador Ivan Illich, el otro es el semiólogo Roland Barthes y, por último, pero no menos importante, nuestro propio conspirador Franco “Bifo” Berardi.

En su conferencia El cultivo de la conspiración”, pronunciada en 1998 con motivo de la recepción del Premio de Cultura y Paz de Bremen, Illich recuerda que el origen de la palabra conspiración y el prototipo de conspiración se encuentra en la celebración de la liturgia cristiana primitiva en la que, sin importar el origen, hombres y mujeres, griegos y judíos, esclavos y ciudadanos, engendran una realidad física que los trasciende. El aliento compartido, la con-spiratio, es la paz entendida como la comunidad que surge de ella.

La comunidad”, dice Illich unos años antes de morir, “no es el resultado de un acto de fundación autoritaria, ni un don de la naturaleza o de sus dioses, ni el resultado de la gestión, la planificación y el diseño, sino la consecuencia de una conspiración, un don deliberado, mutuo, somático y gratuito de unos a otros”.

El significado original de conspiratio, que nos acerca a Roland Barthes, proviene del beso boca a boca entre los fieles asistentes a los servicios: originalmente representaba una comunión de aliento.

En sus últimas lecciones en el Collège de France, publicadas más tarde como Cómo vivir juntos, Roland Barthes quedó cautivado por las comunidades en las que cada uno sigue su propio ritmo, aunque al mismo tiempo hay partes de la comunidad que tienen un ritmo común. El objetivo principal de estas comunidades, según Barthes, era “salvaguardar el rhuthmos, es decir, un ritmo flexible, libre y móvil; una forma transitoria, fugaz, pero una forma al fin y al cabo”.

Este tipo de “constelaciones idiorítmicas” y formas de convivencia surgieron en los desiertos sirios y egipcios. A lo largo de la historia de la humanidad, anacoretas, eremitas y marginados buscaron escapar de las reglas y el control de los poderes superiores. El ritmo que investigó Barthes era un ritmo “que permite la aproximación, la imperfección, un complemento, una falta, un idios: lo que no encaja en la estructura”.

Hay una relación consustancial entre poder y ritmo”, advierte Barthes, “antes que nada, lo primero que el poder impone es un ritmo (a todo: un ritmo de vida, de tiempo, de pensamiento, de palabra).

En su libro Breathing: Chaos and Poetry, publicado apenas un año antes del brutal asesinato de George Floyd y el inicio de la pandemia de COVID-19, uno de los conspiradores detrás de ISSA, Franco “Bifo” Berardi, afirma que las palabras “No puedo respirar” expresan el sentimiento general de nuestros tiempos:

La falta de aliento física y psicológica está por todas partes: en las megaciudades asfixiadas por la contaminación, en la precaria condición social de la mayoría de los trabajadores explotados, en el miedo omnipresente a la violencia, a la guerra y a la agresión.”

Es precisamente la respiración la que, según Bifo, puede ayudarnos a comprender el caos contemporáneo: el proceso de “respiración con el caos” o “caósmosis”, que él define como ‘ósmosis con el caos’, es donde surge una “nueva armonía, una nueva simpatía, una nueva sintonía”.

No sólo necesitamos aprender a respirar juntos nuevamente, sino también a respirar con el caos.


Valle de los Sueños” en Vis

S'nova dolca, “El Valle de los Sueños”, isla de Vis.


Cuando llegamos por primera vez al “Valle de los Sueños” en la isla de Vis, un denso y crecido bosque de pinos cubría la tierra.

La última vez que se cultivó fue hace más de medio siglo, medio siglo antes de que pusiéramos nuestros pies y nuestras manos sobre él, para fundar una escuela del futuro, en una remota isla del Adriático.

Los únicos restos en aquella colina cercana a la cueva de Tito, durante varios siglos cultivada como fructíferos viñedos, eran las ruinas de una antigua casa de piedra antaño utilizada para almacenar vino y un pequeño espacio para albergar a un burro, el auténtico proletario entre los animales.

El burro, uno de los símbolos del Mediterráneo, fue domesticado hace aproximadamente cinco o siete mil años en África y desde entonces, tras extenderse rápidamente por Eurasia, se utilizó principalmente para el trabajo. Los burros eran campeones del transporte, pero no pudimos encontrar ninguno en nuestra isla que nos ayudara a llevar el material cuesta arriba para reconstruir la antigua casa de piedra.

La época gloriosa –y agotadora– del burro, al menos en esta parte del mundo, había terminado. Los propietarios de los pocos burros que quedaban en la isla concluyeron acertadamente que pedirlos prestados para nuestro disparatado proyecto sería demasiado exigente para los primeros proletarios.

Así que no tuvimos otra opción que llevar literalmente toneladas y toneladas de material: desde madera, arena y grava hasta herramientas y cientos de libros a mano y a pie. Por suerte, gracias a una temprana donación de nuestra aparentemente única conspiradora, Pamela Anderson, las primeras herramientas en las que invertimos –después de darnos cuenta de que el símbolo y el alma del Mediterráneo estaban desapareciendo– fueron “burros eléctricos”.


El “burro eléctrico” también se puede utilizar para el traslado de libros a la AISS.


Todavía llevamos toneladas de material cuesta arriba a pie y con las manos, pero ahora al menos contamos con el beneficio de la tecnología moderna: dos carretillas eléctricas. Pero incluso con nuestros “burros eléctricos”, nuestro proyecto todavía nos recuerda a veces a una versión mediterránea de Fitzcarraldo.

No somos Klaus Kinski en la película de Werner Herzog transportando un barco de vapor a través de las montañas Anders para construir un teatro de ópera, pero estamos decididos a construir nuestra escuela en el bosque en las colinas, sin otra opción que llevar todo cuesta arriba.

No tenemos intención de construir un teatro de ópera, para nosotros eso es demasiado burgués, aunque aquí también podría celebrarse una ópera.

Además de renovar la antigua casa de piedra y transformarla en la sede de la escuela de la isla –con agua y energía solar, baños secos y duchas, aulas en plena naturaleza, residencias y una biblioteca–, también soñamos con crear un anfiteatro en el “Valle de los Sueños”.

La parte de la isla donde nace ISSA se llama originalmente Sinova dolca (el “Valle del Hijo”), pero también S’nova dolca, que podría interpretarse como “Valle de los Sueños”. Al menos ese es el significado que nos gusta atribuirle.


¿Quiénes somos y por qué hacemos esto?

Al principio la gente pensó que estábamos locos. Muchos isleños probablemente todavía lo piensen.

¿Por qué alguien, en tiempos de turismo global y de crisis mundial, invertiría su tiempo y su vida en algo tan lento y sin ningún beneficio económico?

¿Por qué alguien construiría una escuela en una isla remota en medio del mar Adriático, en una parte de la isla que estuvo abandonada y cubierta de bosques durante más de medio siglo?

¿Quienes somos?

Somos soñadores salvajes, artistas y poetas, filósofos y activistas, constructores y albañiles, que nos cansamos de esperar el “día después”, el día después de un acontecimiento fundamental que cambiaría la forma contemporánea en que vivimos juntos, no sólo entre humanos, sino entre otras especies, con animales y con todo tipo de seres vivos, incluido nuestro único planeta.

¿Por qué hacemos esto?

No somos preppers. No nos estamos preparando para el “día después” del cataclismo. Sabemos que ya ha sucedido.

No nos preocupamos sólo por nuestra propia supervivencia ni estamos interesados en sobrevivir por el mero hecho de sobrevivir.

A diferencia de los preparacionistas actuales, con sus aviones privados, búnkeres nucleares, ciudades libertarias y planes de escape a Nueva Zelanda o Marte, no estamos abandonando a la humanidad ni al planeta.

Como dijo memorablemente DH Lawrence en El amante de Lady Chatterley:

La nuestra es una época trágica, por eso nos negamos a tomarla como tal. El cataclismo ya se ha producido, estamos entre las ruinas, empezamos a construir nuevos pequeños hábitats, a tener nuevas pequeñas esperanzas… Tenemos que vivir, no importa cuántos cielos hayan caído”.

Tenemos que vivir, no importa cuántos cielos hayan caído.

¿Pero cómo debemos vivir?

¿Qué tipos de hábitats podemos y debemos construir?

Poco a poco llegamos a la vieja pregunta de la filosofía: ¿Qué es la “buena vida”?

¿Y qué es la “buena vida” en nuestros tiempos contemporáneos, en el fin de los tiempos, en tiempos de extinción?

Pero antes de que lleguemos, si es que alguna vez lo hacemos, a una respuesta adecuada –ontológica, ética, política, social– a esta pregunta crucial, debemos regresar a la isla, a ese lugar de la Tierra que siempre estuvo, incluso cuando todavía era una montaña, conectado al continente.

Y antes de regresar a la futura isla, debemos ubicarla en algún lugar.

Debemos colocarla en el archipiélago.


¿Qué es un archipiélago?

La definición más común de archipiélago es “grupo de islas”, pero esta definición estándar aborda principalmente su dimensión espacial.

Un archipiélago no es sólo un fenómeno temporal, es a la vez espacial y temporal, geológico y cultural, natural y artificial.

La palabra archipiélago proviene originalmente de arche, del griego “original”, “principal”, “fuente de acción”, “primer principio”, y pelago, que significa “profundo”, “mar” y – “abismo”.

Curiosamente, el gran poeta croata Tin Ujević, en su bello texto sobre la isla de Vis, Komiža y el archipiélago donde fundamos ISSA (“Nit u srcu mora: Komiža na Visu”, 1930) menciona la conexión entre el origen de la palabra Adriático y su relación con el abismo:

Por fin, en un páramo triste y bañado por el agua, ensayé personalmente algo imposible: la felicidad. Era una huida de todas las presiones de la realidad. Allí llevé a mi alma todos los mares infinitos en los que nunca he vomitado, y ¿quién no querría vivir así en la naturaleza, en una felicidad oceánica, otahíta? Dije: Vis me es más querido que todo el Adriático, y San Andrés me es aún más querido que Vis. Las aguas del Atlántico y del Pacífico me llegan, no sólo el Adriático. Y ese Hadria, dije a los oyentes, viene de la palabra dravídica “Hodru”, que en dravídico significa Abismo (abismo), porque en la antigüedad, el agua realmente se abría paso por aquí y sumergía zonas habitadas y cultivadas”.

Las evidencias geológicas que tenemos hoy demuestran que, efectivamente, así fue como se creó el Adriático cuando el agua sumergió la tierra.

Este archipiélago y sus futuras islas fueron el resultado de una abismo de proporciones gigantescas, consecuencia de un volcán submarino hace más de 220 millones de años, cuando el supercontinente Pangea todavía dominaba el mundo.

Hace unos 20.000 años, durante el Último Máximo Glacial, el nivel del mar comenzó a subir en la región del Adriático. Desde la cima de la colina de ISSA, podemos ver lo que hoy se llama Dalmacia y las partes más altas de los Montes Dináricos a lo largo de la costa oriental del Adriático. Todas las islas que podemos ver desde aquí – Hvar, Brač, Korčula, Pelješac – alguna vez fueron parte del continente.

El Adriático durante el Último Máximo Glacial, hace unos 20.000 años.


Antes de que el hielo comenzara a derretirse, el mar Adriático se encontraba 120 metros más bajo y los cazadores-recolectores todavía vagaban por sus valles. Cuando el nivel del mar comenzó a subir, pronto tuvieron que adoptar y encontrar otras formas de supervivencia. Ahora, el mar era el futuro. Luego vino la revolución agrícola, el pastoreo y la domesticación de animales. Y los burros.

Pero sería un error pensar que la revolución neolítica y agrícola fue un acontecimiento, un cambio repentino, como un rápido aumento del nivel del mar y la inmediata interrupción de la caza de animales por parte de los cazadores-recolectores para dedicarse a la pesca. Los datos disponibles muestran que la neolitización del Adriático fue un proceso complejo y arrítmico que tardó casi mil años en concretarse.

En este sentido, el reciente libro de David Wengrow y David Graeber, Dawn of Everything, resulta útil para comprender mejor la historia como un proceso archipelágico en sí mismo.

A diferencia de Steven Pinker o Yuval Noah Harari y su noción teleológica de la historia vinculada a la ideología del “progreso”, Wengrow y Graeber argumentaron de manera convincente que mucho después de la revolución agrícola no había un modelo fijo de organización social, sino una multiplicidad de acuerdos sociales. En resumen, nuestra prehistoria no era uniforme, sino que consistía en una miríada de formas de convivencia: incluso antes de la revolución agrícola, había grandes ciudades, algunas monarquías, algunas igualitarias, otras eran estacionales.

En resumen, la historia y el cambio social en sí mismos son un proceso archipelágico.

Entonces ¿qué es un archipiélago?

Es un documento de una catástrofe anterior, de muchas catástrofes anteriores.

Y de renovación, al mismo tiempo.

Lo que un día fue una catástrofe, hoy es el archipiélago de hoy.

Lo que una vez fue una montaña, ahora es una isla.

Un archipiélago es evidencia tanto de revolución como de evolución.


¿Qué es una isla?

Una isla, aunque la palabra en muchas lenguas eslavas proviene de “arroyo” y “corriente” (otok en croata de tok, teći okolo, ostrvo en serbio de struja, arroyo, ostrov en eslovaco, ostriv en ucraniano), no es simplemente un lugar rodeado de agua.

Como señala Gilles Deleuze en Las islas del desierto: “Es una isla o una montaña, o ambas cosas a la vez: la isla es una montaña bajo el agua, y la montaña, una isla todavía seca. Aquí vemos la creación original atrapada en una recreación, que se concentra en una tierra santa en medio del océano”.


     Gilles Deleuze en una playa, Big Sur, California, 1975 (Foto de Jean-Jacques Lebel).


En otras palabras, percibir una isla como una isla significaría no percibir la geología, el vasto pasado y los grandes eventos planetarios que han conducido a lo que serían las futuras islas.

Deleuze continúa aún más poéticamente:

Algunas islas se han alejado del continente, pero la isla es también aquello hacia lo que se va a la deriva; otras islas han nacido en el océano, pero la isla es también el origen, radical y absoluto. Ciertamente, separarse y crear no son mutuamente excluyentes: hay que mantenerse cuando se está separado, y es mejor estar separado para crear de nuevo; sin embargo, siempre predomina una de las dos tendencias. De este modo, el movimiento de la imaginación de las islas retoma el movimiento de su producción, pero no tienen el mismo objetivo. Es el mismo movimiento, pero una meta diferente. Ya no es la isla la que se separa del continente, es el hombre el que se encuentra separado del mundo cuando está en una isla. Ya no es la isla la que se crea desde las entrañas de la tierra a través de las profundidades líquidas, es el hombre el que crea de nuevo el mundo desde la isla y sobre las aguas”.

Entonces ¿qué es una isla?

Una isla es ante todo una posibilidad de construir no sólo una espacialidad diferente, sino una temporalidad diferente, modos de vivir juntos, de co-respirar, de tener un ritmo o idiorritmia.

Una isla también es un objeto de deseo.

Una especie de deseo utópico: desde el viaje de Platón a Sicilia para convencer a un tirano de su sociedad ideal, la Utopía de Thomas More que representa una sociedad insular ficticia, La tempestad de Shakespeare que se desarrolla en una isla mágica remota, La isla de Aldous Huxley, el legendario refugio pirata Libertalia ubicado en Madagascar, o incluso éxitos de taquilla de Hollywood como La playa con Leonardo di Caprio ambientada en Tailandia (y arruinada su hermosa playa por el exceso de turismo).



Pero también es muy frecuente que una isla se convierta en una distopía. Pensemos en El señor de las moscas, de William Golding, ambientada en una isla tropical remota y deshabitada, o, más recientemente, en Los juegos del hambre, ambientada en un archipiélago postapocalíptico, o en La posibilidad de una isla, de Michel Houllebecq.

Cuando se piensa en islas, es imposible no pensar en colonialismo e imperialismo al mismo tiempo.

También se puede pensar en Próspera, una isla libertaria privada en Honduras. O se puede pensar en Praxis.

Pero cuidado: no hay que confundirla con la famosa escuela filosófica yugoslava del siglo XX llamada Praxis, que organizó la Escuela de Verano de Korčula en una isla del Adriático. La nueva Praxis es otro sueño libertario de una isla privada en algún lugar del Mediterráneo.

Mientras existan islas, la tensión entre utopía y distopía existió y existirá siempre.

Y no nos avergüenza que nos llamen ingenuos, románticos o incluso locos por intentar hacer realidad el deseo utópico de nuestras futuras islas.


Un regalo gratuito el uno para el otro

Mientras llevamos toneladas de material cuesta arriba, mientras construimos y compartimos nuestras respiraciones y ritmos en el “Valle de los Sueños”, no estamos simplemente construyendo una escuela. La escuela, como nos gusta decir, nos está construyendo a nosotros.

Lo que estamos aprendiendo una vez más es cómo respirar juntos: cómo, a través de la cooperación y la pura alegría de construir una comunidad, podemos crear algo más grande que nosotros mismos, tanto en términos de los individuos involucrados como de la temporalidad detrás y delante de nosotros.

Hemos aprendido paciencia y pomalo de la isla a través de su naturaleza, el clima, los vientos y las olas, su gente y sus tradiciones.

También hemos aprendido que debemos abrazar –siguiendo los pasos del gran filósofo martiniqueño Édouard Glissantel pensamiento archipelágico como una epistemología alternativa y una forma de pensar que acepta ambigüedades, ritmos diferentes, rupturas e interacciones de todo tipo.

A diferencia del pensamiento continental, este pensamiento –y práctica (praxis)– archipelágico y meridional desafía la idea universalista del pensamiento promovida por la Ilustración, que no sólo disminuyó todo conocimiento no occidental, sino que también preparó el terreno para el imperialismo, el colonialismo y el totalitarismo.

En su ensayo sobre Herman Melville, Gilles Deleuze habla de una afirmación del mundo como proceso y como archipiélago. Entiende los archipiélagos como un “mundo en proceso”, que está conectado con la multiplicidad.

Todo parte de “la afirmación de un mundo en proceso, un archipiélago. Ni siquiera un rompecabezas, cuyas piezas al encajarse formarían un todo, sino más bien un muro de piedras sueltas, sin cemento, donde cada elemento tiene un valor en sí mismo pero también en relación con otros: relaciones aisladas y flotantes, islas y estrechos, puntos inmóviles y líneas sinuosas”.

Y es aquí donde llegamos a un encuentro bastante inesperado. El encuentro entre Deleuze y una de nuestras actividades favoritas en ISSA: la construcción de muros de piedra seca.

La construcción con piedra seca ha sido parte integral del Mediterráneo durante siglos, incluso milenios. La función de los muros de piedra seca varía y puede ser simultánea: protección contra la erosión del suelo, recolección de agua, protección contra el viento, arquitectura paisajística...

Lo que Deleuze señala, aunque nunca lo imaginemos como un constructor de muros de piedra seca, es el carácter archipelágico de los propios muros de piedra. Si bien los muros se construyen habitualmente para dividir, también se utilizaron para conectar y proporcionar bienestar a las comunidades del Mediterráneo.

No sólo nos interesa aprender de aquellos que han pensado de mil maneras las islas del futuro antes que nosotros, sino que también queremos aprender de los muros de piedra seca, del roble que hay frente a nuestra escuela, de las cigarras y sus ritmos, de los vientos y de la isla misma.

No nos interesa construir una especie de zona autónoma temporal. Sabemos que todo es temporal.

Pero también existe la eternidad junto a las estrellas, como declaró Louis-Auguste Blanqui, otro gran conspirador que pasó más de la mitad de su vida adulta en la cárcel, en su “hipótesis astronómica” en el año de la Comuna de París.

En esta eternidad de las estrellas, abrimos nuestras velas hacia archipiélagos de zonas autónomas permanentes.

Estas zonas ya existen en muchos lugares del mundo, como consecuencia de una conspiración, de un regalo deliberado, mutuo, somático y gratuito unos a otros.

No somos los primeros, y ojalá no seamos los últimos.

Srećko Horvat, septiembre de 2024, Vis.

Fuente: Il Disertori