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lunes, 21 de septiembre de 2026

La victoria de Die Linke en Berlín abre la puerta a la expropiación de vivienda de manos de fondos privados

 


Las elecciones regionales de la región costera dejan espacio para que mantenga el gobierno el centroizquierda. Die Linke obtiene un resultado mejor que el esperado en la capital


Elif Eralp, política alemana perteneciente a Die Linke y vicepresidenta del grupo parlamentario. En septiembre de 2025 fue designada candidata principal de Die Linke para las elecciones a la Cámara de Diputados de Berlín de 2026.


     Una de cada cuatro personas  —y, entre las jóvenes, casi una de cada dos— eligió a Die Linke ayer, 20 de septiembre, en las elecciones estatales de Berlín. El resultado sitúa a Elif Eralp, jurista descendiente de refugiados turcos, como única candidata a regierende bürgermeisterin, equivalente a alcaldesa de la región. La Izquierda obtuvo 38 escaños y subió trece puntos con respecto a sus resultados de 2023. 

El estado federado y ciudad capital de Berlín ha funcionado a contracorriente del resto del país, en el que la extrema derecha Alternativa por Alemania sigue cosechando apoyos. Die Linke, que en 2023 obtuvo el 12,20 % de los votos y fue cuarta fuerza política, ha ascendido a primera fuerza. Lo hace a costa del partido conservador CDU, gran perdedor en la noche de ayer.

Elif Eralp podrá gobernar si llega a un acuerdo, en teoría asequible de obtener, con los socialdemócratas del SPD, que dirigieron la capital desde la reunificación hasta la victoria de CDU en 2023, y con Los Verdes/Alianza 90.


Joschka Fischer fue ministro de Exteriores de Alemania entre 1998 y 2005.

De hecho, Die Linke ya participó en tres gobiernos municipales como socio minoritario bajo el liderazgo de alcaldes socialdemócratas.

Con la denominación de La Izquierda, el partido nunca ha pasado del 20% en Berlín, y el resultado del 20 de septiembre era impensable hace solo tres años, cuando la escisión de Sahra Wagenknecht metió en una grave crisis de dirección a la organización heredera del Partido del Socialismo Democrático (PDS) procedente de la RDA y el WASG (Trabajo y Justicia Social-La Alternativa Electoral) de Oskar Lafontaine.

La vivienda ha sido el foco principal de la campaña de Eralp en la capital. Die Linke ha estado presente en asambleas de inquilinos y lleva como punto de su programa la socialización de las asociaciones de vivienda privadas, una fórmula bajo la que se persigue el objetivo refrendado en 2021 por la ciudadanía berlinesa en referéndum.


‘Esta es nuestra casa’ o ‘Fuera especuladores’. Pintadas contra la especulación en la ciudad.

Con el lema de campaña “Expropiar Deutsche Wohnen & Co.”, Eralp y su equipo devolvieron a la actualidad ese 'sí' a la recuperación de vivienda —unas 270.000 unidades— para el parque público de la ciudad de viviendas en las carteras de los fondos privados Vonovia o la citada Deutsche Wohnen. “Si el Partido de Izquierda gobierna, habrá socialización. Lo he dicho y lo mantengo”, ha subrayado la candidata a alcaldesa de Die Linke. Este punto se señala como uno de los que pueden ralentizar el acuerdo de coalición con el SPD y Los Verdes, menos proclives a la traslación del resultado de la consulta de 2021.

En cualquier caso, el desarrollo de esa expropiación —que consta de varias fases— no es la única medida en materia de alquileres. Inicialmente, la promesa es congelar durante un año los alquileres de las viviendas propiedad de las empresas inmobiliarias estatales para, con posterioridad, topar al 1% el posible crecimiento de las rentas. Die Linke también promueve una política llamada “Vida segura. Por ley!" (Sicher-Wohnen-Gesetz) que pretende, entre otras medidas, que al menos 17.000 apartamentos se alquilen a precios asequibles cada año. Otra de las medidas que ha dado alas a la candidatura de La Izquierda ha sido la promesa de revisión de los costos de calefacción.

Pese a las habituales acusaciones de antisemitismo dirigidas a la izquierda alemana —la más timorata en su denuncia del genocidio israelí en Gaza de todo el continente— Elif Eralp logró reflejar en Berlín el “efecto Mamdani” con unas cifras excepcionales entre los votantes jóvenes. Una encuesta de Infratest dimap estima que Die Linke obtuvo el 48% de los votantes en la cohorte de edad de entre 25 a 34 años y un 42% entre los votantes de 16 a 24 años. Otras encuestas postelectorales muestran que el voto a Die Linke es sustancialmente mayor entre las mujeres que entre los hombres.

La subida de AfD

La victoria de la izquierda se produce en un contexto de reordenación del voto de la derecha. CDU, la fuerza conservadora que dirige el canciller alemán Friedrich Merz ha vivido un septiembre desastroso. Hace dos semanas fueron las elecciones de Sajonia-Anhalt, donde el que era partido de Gobierno se desplomó desde el 37% del voto de 2021 al 17,23%. Ayer,  la caída continuó en Berlín, en una pérdida de cuatro escaños y de diez puntos porcentuales con respecto a 2023 y en las elecciones estatales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde el partido de Merz perdió la representación.

Situado en la costa del mar Báltico, el land de Mecklemburgo-Pomerania Occidental lleva dos décadas siendo dirigido por la socialdemocracia del SPD. En las últimas elecciones (2021), CDU obtuvo el 13,3% y fue tercera fuerza, por detrás de SPD y AfD. En las elecciones de ayer, la extrema derecha se constituyó como primera fuerza con el 38,2% de los sufragios. Sin embargo, las pérdidas de SPD han sido controladas: ha mantenido un 35,5% de los votos (solo cuatro puntos menos que hace un lustro) y podrá gobernar con los apoyos de Los Verdes y La Izquierda, que completan el Parlamento regional.

Ni en Berlín ni en Mecklemburgo-Pomerania Occidental ha obtenido representación la Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia, que sí puede ser crucial en las negociaciones para formar gobierno en Sajonia-Anhalt.

La crisis de la CDU ha provocado una comparecencia del canciller Friedrich Merz, en caída libre de popularidad. Merz aseguró que no dimitirá y seguirá siendo canciller y presidente del partido pese al “desastre” electoral y aspira a lanzar un paquete de reformas para frenar la sangría. En un discurso típico de falsa equivalencia, Merz aseguró que la confianza en las instituciones de nuestro país “está siendo socavada activamente por partidos radicales tanto de izquierda como de derecha”.


Fuente: El Salto

sábado, 19 de septiembre de 2026

Las elecciones del domingo miden la resistencia de Berlín al auge de la extrema derecha

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto


Un joven pasa por delante de los vestigios del Muro de Berlín.

     La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones en Sajonia-Anhalt ha sacudido los cimientos de la política alemana incluso más de lo que se esperaba.


Ulrich Siegmund, político alemán miembro del Parlamento Regional de Sajonia-Anhalt desde 2016 – Colíder del grupo estatal del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD).

La agresividad en las declaraciones a los medios de comunicación de los principales representantes de AfD durante estos últimos días es claramente mayor y no sólo por los resultados obtenidos: este domingo se celebran elecciones al Senado de Berlín y en el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y el partido quiere explotar todo lo posible el tirón electoral.

Es difícil que AfD pueda repetir los resultados de Sajonia-Anhalt. En Berlín las encuestas de intención de voto le proporcionan un respetable 18%, mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –otro estado de la antigua República Democrática Alemana (RDA) rezagado económicamente– sería la primera fuerza con entre un 36% y un 37%, pero el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), al que se le pronostica entre un 30% y un 33% de los votos, podría formar un gobierno con La Izquierda (10-12%) y Los Verdes (5-6%). La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que tendrá un papel clave en la gobernabilidad de Sajonia-Anhalt, dejaría de tenerlo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y podría ser extraparlamentaria en Berlín si no logra superar el umbral del 5%.

A pesar de toda la tinta vertida, la escisión nacional-populista de La Izquierda (Die Linke) quedaría a día de hoy fuera del Bundestag, en los estados federados de la antigua Alemania oriental sus porcentajes de intención de voto se mantienen en torno al umbral en el que podría entrar o quedarse fuera, y en los occidentales todavía se alejan más de esa cifra (3%). Por lo demás, BSW ya no forma parte de ninguno de los gobiernos en los que entró: en Brandeburgo gobierna ahora una Gran Coalición y el partido en Turingia ha implosionado por tensiones internas –antes las hubo en Brandeburgo– que podrían muy bien reproducirse en otros sitios tras el voto para elegir al ministro-presidente de Sajonia-Anhalt.

Berlín como antítesis de Sajonia-Anhalt

Las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –uno de los Länder con menos población y que menos contribuye al PIB del país– tienen poco peso en el conjunto, a diferencia de Berlín, que además es la capital y la sede del gobierno, y tiene por ello un alto valor simbólico.

Aquí la partida es otra, porque el liderazgo se lo disputan La Izquierda, que alcanza entre un 21% y un 23% en las encuestas de intención de voto, y la Unión Cristiano Demócrata (CDU), con entre un 19% y un 20%. Si se mantienen estos resultados, La Izquierda podría gobernar Berlín en una coalición con Los Verdes –que obtienen entre un 15% y un 16% en los sondeos– y los socialdemócratas –entre un 10% y un 15%–, un tripartito conocido como R2G.

Actualmente Die Linke participa en una coalición de gobierno con los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y con socialdemócratas y verdes en Bremen, pero una victoria en Berlín supondría su regreso a la presidencia de un Land desde que perdió la de Turingia en las elecciones de 2024. Con todo, los medios locales advierten de que la ultraderecha intentará alzarse con la victoria en un antiguo granero de votos de La Izquierda en Berlín, el distrito de Marzahn-Hellersdorf, de nuevo con la ayuda de los votos de BSW si ésta logra superar el 5%.

La Izquierda lleva meses trabajando cuidadosamente en la campaña de Berlín con un programa centrado en poner fin a la subida de los alquileres, un transporte público accesible y el refuerzo de los servicios públicos. La campaña de su candidata, Elif Eralp, parece seguir, en su forma y en su contenido, la misma estrategia que llevó a La Izquierda a remontar en las encuestas de intención de voto en las elecciones federales de febrero de 2025 y entrar finalmente en el Bundestag con un 8,8%.

La Izquierda de la capital, que en el pasado formó parte de varios gobiernos de Berlín con el SPD –en la legislatura de 2006-2011, con Klaus Wowereit; en la de 2016-2021, con Michael Müller; y en la de 2021-2023, junto con Los Verdes, con Franziska Giffey–, ha sufrido, como en el resto del país, fuertes tensiones internas de las que se presenta ahora libre.

Uno de los nombres más repetidos durante esta campaña es el de Zohran Mamdani como ejemplo de cómo la izquierda puede llegar al poder en los lugares aparentemente más difíciles.


Zohran Mamdani en un mitin político diez días antes de la elecciones.

Los críticos desde la izquierda, no obstante, se han apresurado a señalar que La Izquierda, a diferencia de Mamdani, sigue esquivando la cuestión palestina por miedo a que este tema pueda volver a dividir a sus militantes y a sus votantes, una disputa amplificada por unos medios de comunicación siempre interesados en que esto sea lo que precisamente ocurra agitando el espantajo del antisemitismo.

Debates sobre táctica aparte, La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto, mejorando su mejor marca electoral hasta la fecha, que fue la de las elecciones al Bundestag de 2009, en las que obtuvo un 11,9%. Buena parte de los partidos de la izquierda europea espera también con interés los resultados de estas elecciones por si una victoria de La Izquierda en Berlín sirve a un mismo tiempo para crear una “isla roja” dentro de una Europa escorada cada vez más a la derecha –como ocurre, a otro nivel, en la ciudad austríaca de Graz– y como impulso a unas izquierdas que siguen sin dar con la fórmula que les permita recobrar fuerza.

La carrera de fondo de AfD

Aunque quede fuera del gobierno en ambas elecciones, la estrategia de AfD se mantiene firme: avanzar y afianzarse. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental su crecimiento se ha nutrido, como en el resto de Alemania, del desplome de la CDU, que obtendría un testimonial 6-7% de los votos según los sondeos. La presión sobre el canciller, Friedrich Merz, ha aumentado estos días, en los que se han multplicado de nuevo los rumores sobre su posible dimisión como presidente de la CDU y hasta como canciller. En los medios de comunicación ha vuelto a aparecer el nombre del ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), como recambio de Merz al frente del gobierno, y los del ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, y del ministro-presidente de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, como futuro líder de la CDU.

En ausencia de una base de apoyo sólida, empero, nadie parece dispuesto a querer dar ese paso por ahora y ponerse al frente de un partido en crisis. La situación podría empeorar a partir de este domingo si La Izquierda consigue ganar en Berlín y la CDU desaparece del Landtag de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, como señalan algunas encuestas de intención de voto. “Si la CDU pierde Berlín, donde ha gobernado hasta ahora, Friedrich Merz será entonces como un boxeador que ha tenido que encajar tres golpes claros”, ha comentado el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Rostock Wolfgang Muno al medio ZDF, “y entonces uno se pregunta si caerá KO o no”.

Todo ello sin tener en cuenta la situación económica: a la sucesión de noticias sobre la crisis de modelo industrial vino a sumarse a comienzos de esta semana la de la subida del combustible en las estaciones de servicio como consecuencia de los últimos acontecimientos en los conflictos en Irán y en Yemen.


Planta de Volkswagen en Osnabrück (Baja Sajonia).

“Un precio del crudo a 100 dólares se traslada en precios más elevados para la gasolina, el diésel, el gasóleo, el keroseno y otros productos derivados”, ha observado el analista Wolfgang Münchau, “un invierno severo podría llevar a un déficit de gas natural en Alemania, donde las reservas se encuentran en niveles históricamente bajos.” Y un precio de 100 dólares el barril, remacha, “no es uno con el que nuestras economías occidentales funcionen sin fricciones.”

A nivel federal la CDU se encuentra a entre 9 y 10 puntos porcentuales en las encuestas de intención de voto de AfD, que bate récords históricos con porcentajes del 29% y del 30%. Su socio de coalición actual, el SPD, sigue con entre un 11% y un 13%, por detrás de Los Verdes, con un 15%, en consonancia acaso con los cambios sociales del país, en los que la tradicional base de votantes de los socialdemócratas ha envejecido y se ha erosionado, mientras que la de Los Verdes –la clase profesional-directiva (PMC) teorizada por John y Barbara Ehrenreich a finales de la década de los setenta– se ha consolidado. La consigna de aportar estabilidad, lejos de favorecer al SPD, empeora sus resultados. Los socialdemócratas se oponen a los recortes al sistema social que los conservadores defienden como necesarios, pero su manifiesta debilidad no los hace aparecer ni como un dique de contención ni como un motor del cambio, sino como sostén de una gestión del declive. De acuerdo con Muno, un gobierno liderado por los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental podría refozar una candidatura de la jefa de su ejecutivo, Manuela Schwesig, a escala federal, con la que, quizás, poder frenar y revertir la caída.

En una entrevista con el medio austríaco de ultraderecha AUF1 publicada el pasado 11 de septiembre, la co-presidenta de AfD, Alice Weidel, exponía algunas de las medidas que su partido llevaría a cabo en caso de llegar a la cancillería, evidenciando que el programa de su partido se encuentra entre los más radicales de todo el espacio de la extrema derecha europea: poner fin a la ayuda financiera a Ucrania y exigir a Kíev que devuelva parte del dinero entregado; expulsar a refugiados ucranianos –especialmente a los varones en edad militar– y a los refugiados sirios; terminar con las contribuciones a la Unión Europea (“vamos a dejar de co-financiar la fiesta para nuestros países vecinos, queremos nuestro dinero de vuelta […] veremos el drama que se producirá en Bruselas y Estrasburgo cuando dejemos de financiar este circo”). Como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) en el país vecino, AfD parece haber hecho suya la propuesta del escritor fascista Julius Evola de que, para vencer al tigre, la mejor manera es cabalgarlo hasta que se agote.


Pegatina contra Herbert Kickl, líder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) desde 2021.


Fuente: El Salto

domingo, 24 de noviembre de 2024

Yeltsin en Washington

 

Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis.


Mientras en Moscú, Teherán y Pekín tenemos en el puente de mando a gente que parece saber jugar al ajedrez, en Washington se dibuja un elefante en la cacharrería.


     Como Boris Yeltsin en la Rusia de los noventa, Donald Trump es un líder con gran instinto e intuición. No ganó las elecciones en su país por casualidad. Supo aunar el interés de los mega millonarios atraídos por las bajadas de impuestos, con el descontento popular por el deterioro del nivel de vida regado con los bajos instintos xenófobos y anti woke del populacho y el hartazgo hacia la pijería de Biden, que Harris reivindicaba y prometía mantener con una irritante y hueca risita.

El olfato y el instinto le han venido bien a Trump para ganar, pero, como Yeltsin, es un perfecto inútil para gobernar. Está nombrando a gente tan dispar y contradictoria que el resultado seguramente decepcionará a todos y puede crear un gran desastre en el país como el que Yeltsin creó en Rusia en los años noventa. Mencionando todo eso, el cineasta ruso Karen Shajnazarov, un habitual de la tele rusa, concluía esta semana: “…y eso nos puede venir muy bien a nosotros”.

Muchos observadores occidentales se equivocan cuando dicen que en Moscú están encantados con la victoria de Trump. Hay demasiada imprevisibilidad en este Yeltsin americano carente de toda estrategia. Sus nombramientos auguran, ciertamente, más presión contra América Latina. También en Oriente Medio, donde, como dice David Hearst, el editor de Middle East Eye, “en su primer mandato Trump creó las condiciones para el ataque de Hamas del 7 de octubre, al trasladar su embajada a Jerusalén, bendecir la anexión de los Altos del Golán e inventar los acuerdos de Abraham y ahora en su segundo mandato, y con un gobierno compuesto por tipos que repiten como loros los planes de Israel para extender su guerra a Siria e Irán, es perfectamente capaz de desencadenar un conflicto regional que escape al control tanto de América como de Israel”. Pero lo de Ucrania, que sin duda es lo que más importa en Moscú, está mucho menos claro.

Alguien que pretende “solucionar el problema en 48 horas” “entendiéndose con Putin”, es que no comprende el asunto. Trump no entendía por qué los norcoreanos se hicieron con la bomba Corea, la actual crisis a la luz de la historia / Rafael Poch | Sociología crítica y lanzaban misiles de vez en cuando, y no logró nada pese a su insólita reunión con Kim Jong-un de junio de 2018. Que en julio de aquel mismo año se reuniera en Helsinki con Putin no impidió que poco después se retirara del acuerdo sobre fuerzas nucleares intermedias (INF), creando las condiciones técnicas para el despliegue de armas nucleares tácticas en Polonia y Rumanía, autorizara la entrega a Ucrania de armas pesadas en grandes cantidades, metiera a la OTAN en Ucrania -aunque Ucrania no estuviera en la OTAN- y aprobara una nueva estrategia de seguridad nacional con la que cambió la prioridad de “lucha contra el terrorismo” por la “competición entre grandes potencias” como foco principal. Seguramente, como Yeltsin cuando firmaba los decretos de reforma económica preparados en Harvard, Trump no entendía demasiado las consecuencias de todo aquello, pero eso cambia poco el asunto. Su escalada en Ucrania fue continuada por su sucesor en la Casa Blanca con maniobras militares sin precedentes de 32 países en el Mar Negro, la bendición de la “Plataforma de Crimea” del gobierno de Kiev, un programa para la recuperación de la península anexionada por Rusia en 2014, por cualquier medio incluido el militar, y la firma con Kíev de los Acuerdos Marco de Defensa Estratégica (agosto de 2021) y la Carta de Asociación Estratégica (US-Ukraine Strategic Defense Framework y Charter on Strategic Partnership, respectivamente). Es decir, la guinda del pastel de la seguridad europea primero sin Rusia y luego contra Rusia cocinado a lo largo de tres décadas y que acabaría provocando la invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022.

Con todo eso en el alero, me parece que las esperanzas en Trump que hay en Moscú tienen más que ver con el follón, la trifulca y el desorden que el futuro presidente de Estados Unidos puede crear en su propio país – en especial la guerra comercial contra todos que creará más inflación y más descenso del nivel de vida para la mayoría – que con sus veleidades para poner fin a la guerra de Ucrania. Si Trump desordena los Estados Unidos y sumerge el país en un paralizador desbarajuste, bienvenido sea, deben pensar.


El entonces presidente Donald Trump saluda al presidente ruso Putin durante una reunión celebrada en 2018. - Trump White House Archived

Mientras tanto en Rusia se barajan distintas interpretaciones sobre el “permiso a Ucrania” para atacar con misiles americanos y europeos la retaguardia rusa. Una es la de hacer ver a Moscú que el coste de prolongar la guerra será elevado, con miras a lograr unos términos menos desfavorables para Occidente en una futura negociación. En ese caso se trataría de una táctica consensuada por Biden y Trump en el marco del pacto de transición que rige el interregno de dos meses en Washington. Los rusos están ganando militarmente, avanzan lenta pero inexorablemente y creen que el tiempo está de su parte. De lo que se trata es de romper esa confianza, algo en lo que los dos presidentes estarían de acuerdo.

Otra interpretación del permiso de Biden a usar los misiles es la contenida en el tweet del hijo de Trump, Donald jr. , sugiriendo una conspiración del Deep State contra su padre: “El complejo militar-industrial parece querer garantizar el inicio de la Tercera Guerra Mundial antes de que mi padre tenga ocasión de lograr la paz y salvar vidas”, escribió el lunes. Es decir, se trataría de un golpe bajo de Biden contra Trump, poniéndole zancadillas y rompiendo el pacto de transición, según el cual ni el electo ni el saliente deben obstaculizarse. Al fin y al cabo,Trump le preparó en 2021 a Biden el “honor” de aquella retirada vergonzante de Afganistán. Ahora se trataría de lo mismo: complicarle las cosas al sucesor.

En cualquier caso, después de que Putin anunciara en septiembre (*) que la utilización de esos misiles (que solo pueden ser operados por militares técnicos y recursos de la OTAN) contra Rusia, significaría la “implicación directa en la guerra de Ucrania” de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, y que eso determinaría una respuesta militar rusa contra ellos, está claro que esta vez no puede no haber una respuesta. Obviamente, mucho depende de la escala y nivel del ataque, porque la respuesta rusa deberá ajustarse al daño recibido…

Los rusos dicen que hace meses que retiraron sus bases aéreas y demás infraestructuras sensibles fuera del radio de acción de 300 kilómetros de los misiles de la OTAN (Atacsms, Scalp y Storm Shadow), por lo que esas armas no cambiarán nada. Si se quiere superar ese alcance lanzando los misiles desde aviones que se internen aún más en territorio ruso, la defensa antiaérea “mejor del mundo” dará buena cuenta de ellos, dicen. Puede que esto sea mera chulería, pero, sea como sea, se trata de un paso peligroso, sobre todo en el contexto internacional de tensión en aumento en tres frentes (Europa, Oriente Medio y Asia Oriental) que uno de los portavoces imperiales escritos de Estados Unidos, la revista Foreign Affairs The Return of Total War: Understanding—and Preparing for—a New Era of Comprehensive Conflict, glosa así en su último número:

«La era de la guerra limitada ha terminado; ha comenzado la era del conflicto total. De hecho, lo que el mundo está presenciando en la actualidad se asemeja a lo que los teóricos del pasado han denominado «guerra total», en la que los combatientes recurren a ingentes recursos, movilizan a sus sociedades, dan prioridad a la guerra sobre todas las demás actividades estatales, atacan una amplia variedad de objetivos y remodelan sus economías y las de otros países».

Esta espiral puede escapar fácilmente al control de sus autores y adquirir vida propia, pese a la voluntad de los dirigentes e imposibilitar toda negociación para acabar el conflicto. En una entrevista «Такое ощущение, что США восстанавливают монархию» — Россия в глобальной политике con el politólogo ruso Fiodor Lukianov, el lúcido embajador americano Chas Freeman, rara avis, se preguntaba “¿cómo resolverán ustedes, los rusos, la crisis ucraniana y qué destino aguarda a los territorios ucranianos ocupados? ¿Qué propuestas de paz presentareis?” Y él mismo se respondía: “Creo que no se discutirá la pertenencia de Crimea (a Rusia), pero tal vez exista la posibilidad de que las regiones de Zaporozhye y Jersón, las repúblicas de Donetsk y Lugansk, y, posiblemente, la región de Járkov, reciban el estatus de autonomías dentro de Rusia con la posibilidad de celebrar referendos dentro de 20-25 años. En tal caso, se votará sobre el futuro estatus de los territorios con la posibilidad de permanecer dentro de Rusia y convertirse en sus súbditos de pleno derecho, conservar el estatus de autonomías dentro de Rusia, reunificarse con Ucrania o independizarse. Si los habitantes expresan su deseo de independizarse, aparecerá una entidad-estatal-colchón en las fronteras rusas, lo que sin duda convendría a Rusia. Si estos territorios aceptan seguir formando parte de Rusia, entonces la guerra estaba justificada. Si prefieren el estatuto de autonomía, Rusia demostrará su magnanimidad a los ucranianos. Si las regiones quieren reunificarse con Ucrania, tendrán que exigir el cumplimiento de los acuerdos de Minsk (en materia de respeto a las minorías)… Hay muchas formas ingeniosas de tratar los territorios, pero sospecho que el daño emocional que dejará la guerra impedirá una resolución muy magnánima del conflicto”.

Con un tipo como Trump en la Casa Blanca es muy difícil imaginar que esta cristalería fina se abra paso. Parece más probable todo lo contrario: que el Yeltsin de Washington dispuesto a arreglarlo todo en 48 horas acabe de romper los frágiles equilibrios que nos separan de una sucesión encadenada de desastres en Europa, Oriente Medio y Asia, contra Rusia, Irán y China. A los adversarios de Estados Unidos les basta con ser fuertes en uno solo de esos escenarios de conflicto para ganar, mientras que Washington tiene que imponerse en los tres simultáneamente. En uno de sus últimos pronósticos la RAND Corporation, principal think tank del Pentágono, presenta un panorama bastante sombrío Commission on the National Defense Strategy | RAND de la capacidad de Washington de salir airoso de este embate. Los Estados Unidos «no están preparados» para una «competición» seria con sus principales adversarios, y es vulnerable e incluso inferior en todos los ámbitos de la guerra, advierte la RAND. Si eso es así y le sumamos los efectos de la “guerra comercial contra todos” anunciada por Trump, la crisis financiera resultante podría abrir un boquete fatal en la línea de flotación del “Hacer de nuevo grande a América” (MAGA). Mientras en Moscú, Teherán y Pekín tenemos en el puente de mando a gente que parece saber jugar al ajedrez, en Washington está un Yeltsin americano. Un elefante en la cacharrería.

(*)El 13 de septiembre Putin declaró lo siguiente desde San Peterburgo: “El hecho es», dijo, »que el ejército ucraniano no está en condiciones (…) y todos los expertos lo confirmarán tanto en nuestro país como en Occidente (…) de atacar con modernos sistemas de precisión de largo alcance de fabricación occidental. Esto sólo es posible con la ayuda del reconocimiento por satélite, del que Ucrania no dispone. Se trata exclusivamente de datos procedentes de satélites de la UE o de Estados Unidos, generalmente satélites de la OTAN. Este es el primer punto. El segundo y muy importante, quizá el decisivo, es que sólo los soldados de la OTAN pueden introducir las coordenadas de los objetivos en este sistema de misiles. (…) Así que no se trata de permitir o no al régimen ucraniano atacar a Rusia con estas armas. Se trata de decidir si los países de la OTAN participan directamente en un conflicto militar o no. Si se toma esta decisión, no significará otra cosa que la implicación directa de los países de la OTAN, Estados Unidos y los países europeos en la guerra de Ucrania”, por lo que Rusia tomaría “las decisiones correspondientes”.


Fuente: Rafael Poch de Feliu

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