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sábado, 19 de septiembre de 2026

Las elecciones del domingo miden la resistencia de Berlín al auge de la extrema derecha

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto


Un joven pasa por delante de los vestigios del Muro de Berlín.

     La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones en Sajonia-Anhalt ha sacudido los cimientos de la política alemana incluso más de lo que se esperaba.


Ulrich Siegmund, político alemán miembro del Parlamento Regional de Sajonia-Anhalt desde 2016 – Colíder del grupo estatal del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD).

La agresividad en las declaraciones a los medios de comunicación de los principales representantes de AfD durante estos últimos días es claramente mayor y no sólo por los resultados obtenidos: este domingo se celebran elecciones al Senado de Berlín y en el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y el partido quiere explotar todo lo posible el tirón electoral.

Es difícil que AfD pueda repetir los resultados de Sajonia-Anhalt. En Berlín las encuestas de intención de voto le proporcionan un respetable 18%, mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –otro estado de la antigua República Democrática Alemana (RDA) rezagado económicamente– sería la primera fuerza con entre un 36% y un 37%, pero el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), al que se le pronostica entre un 30% y un 33% de los votos, podría formar un gobierno con La Izquierda (10-12%) y Los Verdes (5-6%). La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que tendrá un papel clave en la gobernabilidad de Sajonia-Anhalt, dejaría de tenerlo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y podría ser extraparlamentaria en Berlín si no logra superar el umbral del 5%.

A pesar de toda la tinta vertida, la escisión nacional-populista de La Izquierda (Die Linke) quedaría a día de hoy fuera del Bundestag, en los estados federados de la antigua Alemania oriental sus porcentajes de intención de voto se mantienen en torno al umbral en el que podría entrar o quedarse fuera, y en los occidentales todavía se alejan más de esa cifra (3%). Por lo demás, BSW ya no forma parte de ninguno de los gobiernos en los que entró: en Brandeburgo gobierna ahora una Gran Coalición y el partido en Turingia ha implosionado por tensiones internas –antes las hubo en Brandeburgo– que podrían muy bien reproducirse en otros sitios tras el voto para elegir al ministro-presidente de Sajonia-Anhalt.

Berlín como antítesis de Sajonia-Anhalt

Las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –uno de los Länder con menos población y que menos contribuye al PIB del país– tienen poco peso en el conjunto, a diferencia de Berlín, que además es la capital y la sede del gobierno, y tiene por ello un alto valor simbólico.

Aquí la partida es otra, porque el liderazgo se lo disputan La Izquierda, que alcanza entre un 21% y un 23% en las encuestas de intención de voto, y la Unión Cristiano Demócrata (CDU), con entre un 19% y un 20%. Si se mantienen estos resultados, La Izquierda podría gobernar Berlín en una coalición con Los Verdes –que obtienen entre un 15% y un 16% en los sondeos– y los socialdemócratas –entre un 10% y un 15%–, un tripartito conocido como R2G.

Actualmente Die Linke participa en una coalición de gobierno con los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y con socialdemócratas y verdes en Bremen, pero una victoria en Berlín supondría su regreso a la presidencia de un Land desde que perdió la de Turingia en las elecciones de 2024. Con todo, los medios locales advierten de que la ultraderecha intentará alzarse con la victoria en un antiguo granero de votos de La Izquierda en Berlín, el distrito de Marzahn-Hellersdorf, de nuevo con la ayuda de los votos de BSW si ésta logra superar el 5%.

La Izquierda lleva meses trabajando cuidadosamente en la campaña de Berlín con un programa centrado en poner fin a la subida de los alquileres, un transporte público accesible y el refuerzo de los servicios públicos. La campaña de su candidata, Elif Eralp, parece seguir, en su forma y en su contenido, la misma estrategia que llevó a La Izquierda a remontar en las encuestas de intención de voto en las elecciones federales de febrero de 2025 y entrar finalmente en el Bundestag con un 8,8%.

La Izquierda de la capital, que en el pasado formó parte de varios gobiernos de Berlín con el SPD –en la legislatura de 2006-2011, con Klaus Wowereit; en la de 2016-2021, con Michael Müller; y en la de 2021-2023, junto con Los Verdes, con Franziska Giffey–, ha sufrido, como en el resto del país, fuertes tensiones internas de las que se presenta ahora libre.

Uno de los nombres más repetidos durante esta campaña es el de Zohran Mamdani como ejemplo de cómo la izquierda puede llegar al poder en los lugares aparentemente más difíciles.


Zohran Mamdani en un mitin político diez días antes de la elecciones.

Los críticos desde la izquierda, no obstante, se han apresurado a señalar que La Izquierda, a diferencia de Mamdani, sigue esquivando la cuestión palestina por miedo a que este tema pueda volver a dividir a sus militantes y a sus votantes, una disputa amplificada por unos medios de comunicación siempre interesados en que esto sea lo que precisamente ocurra agitando el espantajo del antisemitismo.

Debates sobre táctica aparte, La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto, mejorando su mejor marca electoral hasta la fecha, que fue la de las elecciones al Bundestag de 2009, en las que obtuvo un 11,9%. Buena parte de los partidos de la izquierda europea espera también con interés los resultados de estas elecciones por si una victoria de La Izquierda en Berlín sirve a un mismo tiempo para crear una “isla roja” dentro de una Europa escorada cada vez más a la derecha –como ocurre, a otro nivel, en la ciudad austríaca de Graz– y como impulso a unas izquierdas que siguen sin dar con la fórmula que les permita recobrar fuerza.

La carrera de fondo de AfD

Aunque quede fuera del gobierno en ambas elecciones, la estrategia de AfD se mantiene firme: avanzar y afianzarse. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental su crecimiento se ha nutrido, como en el resto de Alemania, del desplome de la CDU, que obtendría un testimonial 6-7% de los votos según los sondeos. La presión sobre el canciller, Friedrich Merz, ha aumentado estos días, en los que se han multplicado de nuevo los rumores sobre su posible dimisión como presidente de la CDU y hasta como canciller. En los medios de comunicación ha vuelto a aparecer el nombre del ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), como recambio de Merz al frente del gobierno, y los del ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, y del ministro-presidente de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, como futuro líder de la CDU.

En ausencia de una base de apoyo sólida, empero, nadie parece dispuesto a querer dar ese paso por ahora y ponerse al frente de un partido en crisis. La situación podría empeorar a partir de este domingo si La Izquierda consigue ganar en Berlín y la CDU desaparece del Landtag de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, como señalan algunas encuestas de intención de voto. “Si la CDU pierde Berlín, donde ha gobernado hasta ahora, Friedrich Merz será entonces como un boxeador que ha tenido que encajar tres golpes claros”, ha comentado el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Rostock Wolfgang Muno al medio ZDF, “y entonces uno se pregunta si caerá KO o no”.

Todo ello sin tener en cuenta la situación económica: a la sucesión de noticias sobre la crisis de modelo industrial vino a sumarse a comienzos de esta semana la de la subida del combustible en las estaciones de servicio como consecuencia de los últimos acontecimientos en los conflictos en Irán y en Yemen.


Planta de Volkswagen en Osnabrück (Baja Sajonia).

“Un precio del crudo a 100 dólares se traslada en precios más elevados para la gasolina, el diésel, el gasóleo, el keroseno y otros productos derivados”, ha observado el analista Wolfgang Münchau, “un invierno severo podría llevar a un déficit de gas natural en Alemania, donde las reservas se encuentran en niveles históricamente bajos.” Y un precio de 100 dólares el barril, remacha, “no es uno con el que nuestras economías occidentales funcionen sin fricciones.”

A nivel federal la CDU se encuentra a entre 9 y 10 puntos porcentuales en las encuestas de intención de voto de AfD, que bate récords históricos con porcentajes del 29% y del 30%. Su socio de coalición actual, el SPD, sigue con entre un 11% y un 13%, por detrás de Los Verdes, con un 15%, en consonancia acaso con los cambios sociales del país, en los que la tradicional base de votantes de los socialdemócratas ha envejecido y se ha erosionado, mientras que la de Los Verdes –la clase profesional-directiva (PMC) teorizada por John y Barbara Ehrenreich a finales de la década de los setenta– se ha consolidado. La consigna de aportar estabilidad, lejos de favorecer al SPD, empeora sus resultados. Los socialdemócratas se oponen a los recortes al sistema social que los conservadores defienden como necesarios, pero su manifiesta debilidad no los hace aparecer ni como un dique de contención ni como un motor del cambio, sino como sostén de una gestión del declive. De acuerdo con Muno, un gobierno liderado por los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental podría refozar una candidatura de la jefa de su ejecutivo, Manuela Schwesig, a escala federal, con la que, quizás, poder frenar y revertir la caída.

En una entrevista con el medio austríaco de ultraderecha AUF1 publicada el pasado 11 de septiembre, la co-presidenta de AfD, Alice Weidel, exponía algunas de las medidas que su partido llevaría a cabo en caso de llegar a la cancillería, evidenciando que el programa de su partido se encuentra entre los más radicales de todo el espacio de la extrema derecha europea: poner fin a la ayuda financiera a Ucrania y exigir a Kíev que devuelva parte del dinero entregado; expulsar a refugiados ucranianos –especialmente a los varones en edad militar– y a los refugiados sirios; terminar con las contribuciones a la Unión Europea (“vamos a dejar de co-financiar la fiesta para nuestros países vecinos, queremos nuestro dinero de vuelta […] veremos el drama que se producirá en Bruselas y Estrasburgo cuando dejemos de financiar este circo”). Como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) en el país vecino, AfD parece haber hecho suya la propuesta del escritor fascista Julius Evola de que, para vencer al tigre, la mejor manera es cabalgarlo hasta que se agote.


Pegatina contra Herbert Kickl, líder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) desde 2021.


Fuente: El Salto

viernes, 4 de septiembre de 2026

La ultraderecha alemana prepara su laboratorio sajón

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


El estado federado de Sajonia-Anhalt celebra unas elecciones en las que Alternativa para Alemania (AfD) lidera desde hace meses las encuestas de intención de voto


Ulrich Siegmund, político alemán miembro del Parlamento Regional de Sajonia-Anhalt desde 2016. Colíder del grupo estatal del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) desde 2022.


     Cuenta atrás en Alemania para evitar un terremoto político. El próximo 6 de septiembre el estado federado de Sajonia-Anhalt celebra unas elecciones que han centrado toda la atención de los medios de comunicación alemanes, pero también europeos.

Alternativa para Alemania (AfD) lidera desde hace meses las encuestas de intención de voto, con un porcentaje de entre el 41 y el 42%. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz está a casi veinte puntos de diferencia, con un 22%, seguida por La Izquierda, con entre un 12% y un 13%, y el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), con un 7%. El resto de formaciones dependen de uno o dos puntos porcentuales para poder superar el umbral del 5% y entrar en la cámara regional. Ése es el caso de Los Verdes, los liberales del FDP y la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW).

Con una ventaja sólida desde hace meses en los sondeos, AfD se ve ya como ganadora. La ultraderecha también lidera las encuestas a nivel federal con entre un 27% y un 28% —entre siete y ocho puntos por delante de la CDU—, por lo que Sajonia-Anhalt podría presentarse como la primera victoria del partido en un Land y, al mismo tiempo, y si nada impide su llegada al gobierno, el laboratorio político de lo que podría ser una Alemania gobernada, o cogobernada, por ellos.

A mediados de julio el candidato local de la formación ultra, Ulrich Siegmund, presentó su “programa de 100 días”, un plan de diez puntos con algunas de las medidas que asegura que pondrá en obra si llega al gobierno. Entre sus promesas figura eliminar las subvenciones a la radiotelevisión pública y a las organizaciones no gubernamentales dedicadas a lo que denominan despectivamente “la industria de la integración y el asilo” y “la industria de la salvación climática”, así como el apoyo a los programas públicos de lucha contra el racismo o la LGTBIfobia en el sistema educativo y las partidas públicas destinadas a las fundaciones de los partidos políticos.

La inmigración ocupa como es esperable un lugar destacado, y AfD ha prometido expulsar a los inmigrantes irregulares e incluir a los solicitantes de asilo en programas de trabajo. En el capítulo educativo, prevé crear aulas especiales para los hijos de los exiliados —“para reforzar el mensaje de que su estancia en Alemania es solamente temporal”— y la presencia de agentes de servicios de seguridad privada en las escuelas con problemas. De acuerdo con la formación, “el experimento inclusivo ha fracasado”, y apuesta también por suprimir las clases de religión islámica y ampliar las clases de idioma ruso, un legado del pasado comunista de la región.

Un punto entero de su programa lo dedica AfD a las “guerras culturales”: propone prohibir las banderas arcoiris de las escuelas, que significan, para ellos, “la desvalorización de la familia y de la normalidad social tradicional”, y su sustitución por la bandera alemana “para educar a los niños en el espíritu del amor a su pueblo y a su patria”. AfD también propone cambiar el lema del gobierno actual —una coalición entre CDU, SPD y FDP— de #moderndenken por #deutschdenken.


El éxito de la ultraderechista AfD abre grietas en el cordón sanitario alemán.

De acuerdo con la formación, el ejecutivo de Sven Schulze ha intentado convertir en su referente cultural la Bauhaus —en Dessau se construyó en 1925 su célebre escuela, hoy Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, con diseño de Walter Gropius, oriundo de la ciudad—, a la que acusa de haber intentando borrar “todo símbolo de raigambre nacional” (un ataque que guarda similitudes con los realizados en su día por el nacionalsocialismo).

El “programa de 100 días” de AfD también propone reducir la cifra de ministerios del gobierno del estado federado y la creación de una comisión para la investigación de la gestión del coronavirus, con el fin de dilucidar las supuestas irregularidades y medidas contrarias a la constitución durante la pandemia. Siegmund presentó su programa flanqueado de carteles con lemas hiperbólicos —pero ya habituales de este espacio político en toda Europa— como “ciudades seguras”, “todo es posible” o “recompensar a quienes se esfuerzan”.

Como señalaron oportunamente algunos medios, ninguna de estas propuestas concreta cómo van a resolverse los problemas que aquejan a este estado federado, especialmente si, como planea AfD, se aprueba una rebaja de impuestos. Sajonia-Anhalt es uno de los antiguos estados de la República Democrática Alemana (RDA) que peores resultados económicos ha tenido desde la Reunificación: ha pasado de tener una población de 2.873.957 habitantes en 1990 a 2.120.252 en 2025, con una tasa de desempleo del 8%.

La paradoja de Sajonia-Anhalt es que, debido a su situación económica actual, y a sus perspectivas, que no son mucho mejores, es uno de los estados federados con menores inveles de inmigración, uno de los temas estrella de AfD. Por lo demás, en arreglo a su cosmovisión racista, la inmigración de Sajonia-Anhalt es mayoritariamente “blanca”, liderada por ucranianos (18,6%), seguidos por sirios (15,9%), polacos (7,8%), rumanos (6%) y afganos (4,9%) (datos de 2022). Al mismo tiempo, es la economía lo que impulsa a la formación ultra en los sondeos ante la parálisis y el agotamiento del resto de partidos políticos a ojos de los votantes, una situación demasiado familiar en el resto de Alemania y Europa. Cuando el semanario Der Spiegel publicó una portada con la fotografía de Siegmund y el titular “El hombre más peligroso de Europa”, lejos de lamentarlo, AfD lo celebró como una muestra de su lucha contra los medios de comunicación establecidos y el sistema político que los sostienen.

El dilema de La Izquierda

La Izquierda, en tercer lugar, podría demostrarse clave para impedir la formación de un gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt. No hay ningún otro partido mejor posicionado para evitarlo llegado el caso, ya que pese a su liderazgo en los sondeos AfD no cuenta con una mayoría absoluta. Un correo interno enviado por La Izquierda a sus afiliados en el mes de agosto recordaba que uno de cada siete votantes sigue sin haberse decidido por una opción electoral —unas 200.000 personas que podrían decantar decisivamente la balanza— y ha llamado a sus militantes a sumarse a una campaña informativa puerta a puerta como la que les dio tan buenos resultados en las pasadas elecciones federales.

El propio partido ofrecía un ejemplo de este tipo de campaña: “’No tienen nada que hacer aquí’, nos dicen en una puerta. A pesar de ello, nuestros equipos insisten. Rendirse no es una opción. Un piso más arriba un hombre abre la puerta y afirma que esto no va con él. Al final terminamos hablando sobre los alquileres, la educación y las pensiones, y asegura que durante la conversación se ha acercado a nuestras posiciones”.

Pero incluso si La Izquierda transforma a todos esos indecisos en votos para su partido, ello implicaría entrar en una coalición de gobierno inédita con los conservadores y los socialdemócratas, o con los dos anteriores y otro partido si logra superar el umbral del 5%, o, al menos, apoyar a un gobierno en minoría de la CDU desde el parlamento. El copresidente del partido, Luigi Pantisano, aseguró en una entrevista para la televisión ZDF que ésta era la consecuencia lógica del antifascismo. “Se trata de evitar que un partido de extrema derecha llegue al poder”, declaró señalando los casos de Turingia y Sajonia, donde La Izquierda apoya desde el parlamento a gobiernos en minoría para bloquear las iniciativas legislativas de AfD. Desde Berlín, no obstante, la cuestión se trata con visible discreción, ya que el apoyo a la CDU —cuyo programa se encuentra, huelga decirlo, en las antípodas del de La Izquierda— podría llegar a empañar sus perspectivas electorales en otros estados federados, en particular en Berlín, donde cuenta con posibilidades de llegar al gobierno.

La duda de la Alianza Sahra Wagenknecht

Aunque la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) se quedó fuera el Bundestag en las pasadas elecciones, mantiene una fuerza relativa en los antiguos estados federados de Alemania oriental y, aunque desde enero ya no forma parte del gobierno de Brandeburgo, sí que se mantiene en el de Turingia, con fuertes disputas con la dirección central del partido, que presiona a la dirección local para que lo abandone.


Sahra Wagenknecht ha fundado su propia Alianza Sahra Wagenknecht – por la Razón y la Justicia (BSW).

Esta escisión de La Izquierda en torno a una de sus figuras más controvertidas se ha pronunciado, como en elecciones anteriores, con ambigüedad sobre lo que haría de entrar en la cámara regional. Wagenknecht adelantó a los medios de comunicación que, de formar parte de ella, su grupo parlamentario se abstendría en una tercera votación para la elección del presidente antes que forzar una nueva convocatoria electoral, lo que, en efecto, posibilitaría la llegada de AfD al gobierno de Sajonia-Anhalt.

Asimismo, BSW tampoco votaría por el candidato conservador, Schulze, por su oposición al programa económico y social de la CDU. Ante los rumores que circularon semanas atrás, la copresidenta de BSW, Amira Mohamed Ali, ha excluido la posibilidad de entrar en una coalición de gobierno con AfD. “Programáticamente, AfD está muy lejos de nosotros”, explicó Ali en una entrevista con Deutschlandfunk, “AfD apoya el rearme, AfD apoya los recortes sociales, y, además, AfD tiene, en parte, miembros que son de extrema derecha, que son fascistas: con un partido así no podemos formar coalición”. En una entrevista anterior con el diario Die Welt, Ali propuso la elección de un candidato de consenso independiente cuyo programa de gobierno esté sometido a las negociaciones y votaciones entre los partidos representados en el parlamento.

Una medida así, no obstante, no sólo cuenta con la oposición del resto de partidos, sino de sectores de la propia BSW. En paralelo a la campaña en Sajonia-Anhalt, durante este verano se han registrado tensiones entre la dirección en Berlín y el partido en Turingia, que forma una coalición de gobierno con socialdemócratas y conservadores. El partido en Turingia se niega a abandonarla más o menos por los mismos motivos que defiende La Izquierda en Sajonia-Anhalt: para no permitir la llegada de AfD al poder. El presidente de AfD en ese Land, Björn Höcke, no sólo hizo este verano suya la propuesta de Ali de elegir a un candidato independiente, sino que incluso ofreció el puesto de ministra-presidente a la propia Wagenknecht, que ha rechazado la oferta y retado a Höcke a un debate televisado al que este último ha hecho oídos sordos.

La opción nuclear: prohibir AfD

Frente al ascenso de AfD en las encuestas de intención de voto, este verano ha resurgido en Alemania una tercera opción para impedir su llegada al gobierno: prohibir directamente el partido. A comienzos de agosto, el vicecanciller y copresidente del SPD, Lars Klingbeil, publicó en Die Zeit un artículo en el que calificaba de “deber democrático” estudiar un dictamen en este sentido publicado por un grupo de “académicos independientes” que “han demostrado que AfD trabaja sistemáticamente para destruir nuestra democracia y nuestro estado de derecho”.


Pancartas contra AfD desplegadas por antifascistas en un campo de fúbol alemán.

“Si la ideología de extrema derecha llega al poder, nadie estará a salvo”, advertía Klingbeil, para quien “debería examinarse cuidadosamente si se dan las condiciones para una prohibición por parte del Tribunal Constitucional de Alemania”.

Los problemas de una medida de este calibre no son, como cabe imaginar, pocos. Para empezar, existen problemas legales, porque las declaraciones de miembros individuales del partido no equivalen a propuestas políticas, y AfD, como todos los partidos de este espacio político, ha aprendido a caminar por la cuerda floja. Además, cuando hubo un intento parecido por prohibir el Partido Nacional-Democrático de Alemania (NPD) en 2017, el Tribunal Constitucional alegó que, aunque los motivos legales eran sólidos, el partido era demasiado pequeño y poco representativo como para amenazar el orden constitucional. Adicionalmente, fuentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad pidieron que no se prohibiese el NPD, pues, en su opinión, eso sólo llevaría a sus militantes a la clandestinidad y a una radicalización aún más violenta (desde la izquierda se señaló que esas mismas fuentes temían que se revelase, además de los agentes de policía infiltrados en el NPD, las vínculos personales entre miembros individuales de ambas).

Pero también hay problemas políticos, porque ¿puede prohibirse un partido que, de acuerdo con las encuestas de intención de voto, cuenta actualmente el apoyo de más de una cuarta de la población a nivel federal? El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, ha defendido que la exclusión de los “enemigos de la constitución” no es “inherentemente antidemocrática”, sino “la expresión de una democracia defensiva”. Argucias retóricas aparte, ¿no podría esa misma argumentación aplicarse algún día, con otra constelación política en el gobierno, a La Izquierda?

La pregunta no es baladí cuando este año se ha conmemorado el 70º aniversario de la prohibición del Partido Comunista de Alemania (KPD) en Alemania occidental, una decisión que acarreó graves consecuencias profesionales y personales para los afectados. El propio recurso a vías legales aparece también a ojos de muchos como una medida desesperada, que no tuvo mucho efecto por lo demás en la última campaña electoral de Donald Trump en Estados Unidos y no parece tenerlo tampoco en los sondeos para la candidata de Agrupación Nacional (AN) en Francia, Marine Le Pen. Como han señalado varios analistas, una medida de este tipo también podría ser contestada por la Casa Blanca, donde la formación ultra cuenta con simpatizantes como el vicepresidente JD Vance: cabe recordar que en su viaje a Múnich de 2025 rehusó reunirse con el entonces canciller, Olaf Scholz, y lo hizo con la co-presidenta de AfD, Alice Weidel. Así, Washington podría adoptar medidas de represalia, como sanciones personales a sus responsables y aranceles económicos al país.

Mientras se debate, a diferentes intensidades, la prohibición de AfD, la formación ultra —como ha ocurrido con el caso de la portada de Der Spiegel arriba mencionada— trata de sacar partido a la situación, presentándose como la opción más opuesta al establishment. Incluso si el resto de partidos logran impedir la llegada de AfD al gobierno de Sajonia-Anhalt, el problema está lejos de acabarse en ese estado federado: en el último sondeo publicado, el de Insa del pasado 29 de agosto, AfD llegaba al 29%, y un 22%, o uno de cada cinco encuestados, aseguraba que abandonaría al país si la ultraderecha llegaba al poder.


Fuente:
El Salto