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lunes, 21 de septiembre de 2026

La victoria de Die Linke en Berlín abre la puerta a la expropiación de vivienda de manos de fondos privados

 


Las elecciones regionales de la región costera dejan espacio para que mantenga el gobierno el centroizquierda. Die Linke obtiene un resultado mejor que el esperado en la capital


Elif Eralp, política alemana perteneciente a Die Linke y vicepresidenta del grupo parlamentario. En septiembre de 2025 fue designada candidata principal de Die Linke para las elecciones a la Cámara de Diputados de Berlín de 2026.


     Una de cada cuatro personas  —y, entre las jóvenes, casi una de cada dos— eligió a Die Linke ayer, 20 de septiembre, en las elecciones estatales de Berlín. El resultado sitúa a Elif Eralp, jurista descendiente de refugiados turcos, como única candidata a regierende bürgermeisterin, equivalente a alcaldesa de la región. La Izquierda obtuvo 38 escaños y subió trece puntos con respecto a sus resultados de 2023. 

El estado federado y ciudad capital de Berlín ha funcionado a contracorriente del resto del país, en el que la extrema derecha Alternativa por Alemania sigue cosechando apoyos. Die Linke, que en 2023 obtuvo el 12,20 % de los votos y fue cuarta fuerza política, ha ascendido a primera fuerza. Lo hace a costa del partido conservador CDU, gran perdedor en la noche de ayer.

Elif Eralp podrá gobernar si llega a un acuerdo, en teoría asequible de obtener, con los socialdemócratas del SPD, que dirigieron la capital desde la reunificación hasta la victoria de CDU en 2023, y con Los Verdes/Alianza 90.


Joschka Fischer fue ministro de Exteriores de Alemania entre 1998 y 2005.

De hecho, Die Linke ya participó en tres gobiernos municipales como socio minoritario bajo el liderazgo de alcaldes socialdemócratas.

Con la denominación de La Izquierda, el partido nunca ha pasado del 20% en Berlín, y el resultado del 20 de septiembre era impensable hace solo tres años, cuando la escisión de Sahra Wagenknecht metió en una grave crisis de dirección a la organización heredera del Partido del Socialismo Democrático (PDS) procedente de la RDA y el WASG (Trabajo y Justicia Social-La Alternativa Electoral) de Oskar Lafontaine.

La vivienda ha sido el foco principal de la campaña de Eralp en la capital. Die Linke ha estado presente en asambleas de inquilinos y lleva como punto de su programa la socialización de las asociaciones de vivienda privadas, una fórmula bajo la que se persigue el objetivo refrendado en 2021 por la ciudadanía berlinesa en referéndum.


‘Esta es nuestra casa’ o ‘Fuera especuladores’. Pintadas contra la especulación en la ciudad.

Con el lema de campaña “Expropiar Deutsche Wohnen & Co.”, Eralp y su equipo devolvieron a la actualidad ese 'sí' a la recuperación de vivienda —unas 270.000 unidades— para el parque público de la ciudad de viviendas en las carteras de los fondos privados Vonovia o la citada Deutsche Wohnen. “Si el Partido de Izquierda gobierna, habrá socialización. Lo he dicho y lo mantengo”, ha subrayado la candidata a alcaldesa de Die Linke. Este punto se señala como uno de los que pueden ralentizar el acuerdo de coalición con el SPD y Los Verdes, menos proclives a la traslación del resultado de la consulta de 2021.

En cualquier caso, el desarrollo de esa expropiación —que consta de varias fases— no es la única medida en materia de alquileres. Inicialmente, la promesa es congelar durante un año los alquileres de las viviendas propiedad de las empresas inmobiliarias estatales para, con posterioridad, topar al 1% el posible crecimiento de las rentas. Die Linke también promueve una política llamada “Vida segura. Por ley!" (Sicher-Wohnen-Gesetz) que pretende, entre otras medidas, que al menos 17.000 apartamentos se alquilen a precios asequibles cada año. Otra de las medidas que ha dado alas a la candidatura de La Izquierda ha sido la promesa de revisión de los costos de calefacción.

Pese a las habituales acusaciones de antisemitismo dirigidas a la izquierda alemana —la más timorata en su denuncia del genocidio israelí en Gaza de todo el continente— Elif Eralp logró reflejar en Berlín el “efecto Mamdani” con unas cifras excepcionales entre los votantes jóvenes. Una encuesta de Infratest dimap estima que Die Linke obtuvo el 48% de los votantes en la cohorte de edad de entre 25 a 34 años y un 42% entre los votantes de 16 a 24 años. Otras encuestas postelectorales muestran que el voto a Die Linke es sustancialmente mayor entre las mujeres que entre los hombres.

La subida de AfD

La victoria de la izquierda se produce en un contexto de reordenación del voto de la derecha. CDU, la fuerza conservadora que dirige el canciller alemán Friedrich Merz ha vivido un septiembre desastroso. Hace dos semanas fueron las elecciones de Sajonia-Anhalt, donde el que era partido de Gobierno se desplomó desde el 37% del voto de 2021 al 17,23%. Ayer,  la caída continuó en Berlín, en una pérdida de cuatro escaños y de diez puntos porcentuales con respecto a 2023 y en las elecciones estatales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde el partido de Merz perdió la representación.

Situado en la costa del mar Báltico, el land de Mecklemburgo-Pomerania Occidental lleva dos décadas siendo dirigido por la socialdemocracia del SPD. En las últimas elecciones (2021), CDU obtuvo el 13,3% y fue tercera fuerza, por detrás de SPD y AfD. En las elecciones de ayer, la extrema derecha se constituyó como primera fuerza con el 38,2% de los sufragios. Sin embargo, las pérdidas de SPD han sido controladas: ha mantenido un 35,5% de los votos (solo cuatro puntos menos que hace un lustro) y podrá gobernar con los apoyos de Los Verdes y La Izquierda, que completan el Parlamento regional.

Ni en Berlín ni en Mecklemburgo-Pomerania Occidental ha obtenido representación la Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia, que sí puede ser crucial en las negociaciones para formar gobierno en Sajonia-Anhalt.

La crisis de la CDU ha provocado una comparecencia del canciller Friedrich Merz, en caída libre de popularidad. Merz aseguró que no dimitirá y seguirá siendo canciller y presidente del partido pese al “desastre” electoral y aspira a lanzar un paquete de reformas para frenar la sangría. En un discurso típico de falsa equivalencia, Merz aseguró que la confianza en las instituciones de nuestro país “está siendo socavada activamente por partidos radicales tanto de izquierda como de derecha”.


Fuente: El Salto

sábado, 19 de septiembre de 2026

Las elecciones del domingo miden la resistencia de Berlín al auge de la extrema derecha

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto


Un joven pasa por delante de los vestigios del Muro de Berlín.

     La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones en Sajonia-Anhalt ha sacudido los cimientos de la política alemana incluso más de lo que se esperaba.


Ulrich Siegmund, político alemán miembro del Parlamento Regional de Sajonia-Anhalt desde 2016 – Colíder del grupo estatal del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD).

La agresividad en las declaraciones a los medios de comunicación de los principales representantes de AfD durante estos últimos días es claramente mayor y no sólo por los resultados obtenidos: este domingo se celebran elecciones al Senado de Berlín y en el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y el partido quiere explotar todo lo posible el tirón electoral.

Es difícil que AfD pueda repetir los resultados de Sajonia-Anhalt. En Berlín las encuestas de intención de voto le proporcionan un respetable 18%, mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –otro estado de la antigua República Democrática Alemana (RDA) rezagado económicamente– sería la primera fuerza con entre un 36% y un 37%, pero el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), al que se le pronostica entre un 30% y un 33% de los votos, podría formar un gobierno con La Izquierda (10-12%) y Los Verdes (5-6%). La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que tendrá un papel clave en la gobernabilidad de Sajonia-Anhalt, dejaría de tenerlo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y podría ser extraparlamentaria en Berlín si no logra superar el umbral del 5%.

A pesar de toda la tinta vertida, la escisión nacional-populista de La Izquierda (Die Linke) quedaría a día de hoy fuera del Bundestag, en los estados federados de la antigua Alemania oriental sus porcentajes de intención de voto se mantienen en torno al umbral en el que podría entrar o quedarse fuera, y en los occidentales todavía se alejan más de esa cifra (3%). Por lo demás, BSW ya no forma parte de ninguno de los gobiernos en los que entró: en Brandeburgo gobierna ahora una Gran Coalición y el partido en Turingia ha implosionado por tensiones internas –antes las hubo en Brandeburgo– que podrían muy bien reproducirse en otros sitios tras el voto para elegir al ministro-presidente de Sajonia-Anhalt.

Berlín como antítesis de Sajonia-Anhalt

Las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –uno de los Länder con menos población y que menos contribuye al PIB del país– tienen poco peso en el conjunto, a diferencia de Berlín, que además es la capital y la sede del gobierno, y tiene por ello un alto valor simbólico.

Aquí la partida es otra, porque el liderazgo se lo disputan La Izquierda, que alcanza entre un 21% y un 23% en las encuestas de intención de voto, y la Unión Cristiano Demócrata (CDU), con entre un 19% y un 20%. Si se mantienen estos resultados, La Izquierda podría gobernar Berlín en una coalición con Los Verdes –que obtienen entre un 15% y un 16% en los sondeos– y los socialdemócratas –entre un 10% y un 15%–, un tripartito conocido como R2G.

Actualmente Die Linke participa en una coalición de gobierno con los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y con socialdemócratas y verdes en Bremen, pero una victoria en Berlín supondría su regreso a la presidencia de un Land desde que perdió la de Turingia en las elecciones de 2024. Con todo, los medios locales advierten de que la ultraderecha intentará alzarse con la victoria en un antiguo granero de votos de La Izquierda en Berlín, el distrito de Marzahn-Hellersdorf, de nuevo con la ayuda de los votos de BSW si ésta logra superar el 5%.

La Izquierda lleva meses trabajando cuidadosamente en la campaña de Berlín con un programa centrado en poner fin a la subida de los alquileres, un transporte público accesible y el refuerzo de los servicios públicos. La campaña de su candidata, Elif Eralp, parece seguir, en su forma y en su contenido, la misma estrategia que llevó a La Izquierda a remontar en las encuestas de intención de voto en las elecciones federales de febrero de 2025 y entrar finalmente en el Bundestag con un 8,8%.

La Izquierda de la capital, que en el pasado formó parte de varios gobiernos de Berlín con el SPD –en la legislatura de 2006-2011, con Klaus Wowereit; en la de 2016-2021, con Michael Müller; y en la de 2021-2023, junto con Los Verdes, con Franziska Giffey–, ha sufrido, como en el resto del país, fuertes tensiones internas de las que se presenta ahora libre.

Uno de los nombres más repetidos durante esta campaña es el de Zohran Mamdani como ejemplo de cómo la izquierda puede llegar al poder en los lugares aparentemente más difíciles.


Zohran Mamdani en un mitin político diez días antes de la elecciones.

Los críticos desde la izquierda, no obstante, se han apresurado a señalar que La Izquierda, a diferencia de Mamdani, sigue esquivando la cuestión palestina por miedo a que este tema pueda volver a dividir a sus militantes y a sus votantes, una disputa amplificada por unos medios de comunicación siempre interesados en que esto sea lo que precisamente ocurra agitando el espantajo del antisemitismo.

Debates sobre táctica aparte, La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto, mejorando su mejor marca electoral hasta la fecha, que fue la de las elecciones al Bundestag de 2009, en las que obtuvo un 11,9%. Buena parte de los partidos de la izquierda europea espera también con interés los resultados de estas elecciones por si una victoria de La Izquierda en Berlín sirve a un mismo tiempo para crear una “isla roja” dentro de una Europa escorada cada vez más a la derecha –como ocurre, a otro nivel, en la ciudad austríaca de Graz– y como impulso a unas izquierdas que siguen sin dar con la fórmula que les permita recobrar fuerza.

La carrera de fondo de AfD

Aunque quede fuera del gobierno en ambas elecciones, la estrategia de AfD se mantiene firme: avanzar y afianzarse. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental su crecimiento se ha nutrido, como en el resto de Alemania, del desplome de la CDU, que obtendría un testimonial 6-7% de los votos según los sondeos. La presión sobre el canciller, Friedrich Merz, ha aumentado estos días, en los que se han multplicado de nuevo los rumores sobre su posible dimisión como presidente de la CDU y hasta como canciller. En los medios de comunicación ha vuelto a aparecer el nombre del ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), como recambio de Merz al frente del gobierno, y los del ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, y del ministro-presidente de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, como futuro líder de la CDU.

En ausencia de una base de apoyo sólida, empero, nadie parece dispuesto a querer dar ese paso por ahora y ponerse al frente de un partido en crisis. La situación podría empeorar a partir de este domingo si La Izquierda consigue ganar en Berlín y la CDU desaparece del Landtag de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, como señalan algunas encuestas de intención de voto. “Si la CDU pierde Berlín, donde ha gobernado hasta ahora, Friedrich Merz será entonces como un boxeador que ha tenido que encajar tres golpes claros”, ha comentado el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Rostock Wolfgang Muno al medio ZDF, “y entonces uno se pregunta si caerá KO o no”.

Todo ello sin tener en cuenta la situación económica: a la sucesión de noticias sobre la crisis de modelo industrial vino a sumarse a comienzos de esta semana la de la subida del combustible en las estaciones de servicio como consecuencia de los últimos acontecimientos en los conflictos en Irán y en Yemen.


Planta de Volkswagen en Osnabrück (Baja Sajonia).

“Un precio del crudo a 100 dólares se traslada en precios más elevados para la gasolina, el diésel, el gasóleo, el keroseno y otros productos derivados”, ha observado el analista Wolfgang Münchau, “un invierno severo podría llevar a un déficit de gas natural en Alemania, donde las reservas se encuentran en niveles históricamente bajos.” Y un precio de 100 dólares el barril, remacha, “no es uno con el que nuestras economías occidentales funcionen sin fricciones.”

A nivel federal la CDU se encuentra a entre 9 y 10 puntos porcentuales en las encuestas de intención de voto de AfD, que bate récords históricos con porcentajes del 29% y del 30%. Su socio de coalición actual, el SPD, sigue con entre un 11% y un 13%, por detrás de Los Verdes, con un 15%, en consonancia acaso con los cambios sociales del país, en los que la tradicional base de votantes de los socialdemócratas ha envejecido y se ha erosionado, mientras que la de Los Verdes –la clase profesional-directiva (PMC) teorizada por John y Barbara Ehrenreich a finales de la década de los setenta– se ha consolidado. La consigna de aportar estabilidad, lejos de favorecer al SPD, empeora sus resultados. Los socialdemócratas se oponen a los recortes al sistema social que los conservadores defienden como necesarios, pero su manifiesta debilidad no los hace aparecer ni como un dique de contención ni como un motor del cambio, sino como sostén de una gestión del declive. De acuerdo con Muno, un gobierno liderado por los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental podría refozar una candidatura de la jefa de su ejecutivo, Manuela Schwesig, a escala federal, con la que, quizás, poder frenar y revertir la caída.

En una entrevista con el medio austríaco de ultraderecha AUF1 publicada el pasado 11 de septiembre, la co-presidenta de AfD, Alice Weidel, exponía algunas de las medidas que su partido llevaría a cabo en caso de llegar a la cancillería, evidenciando que el programa de su partido se encuentra entre los más radicales de todo el espacio de la extrema derecha europea: poner fin a la ayuda financiera a Ucrania y exigir a Kíev que devuelva parte del dinero entregado; expulsar a refugiados ucranianos –especialmente a los varones en edad militar– y a los refugiados sirios; terminar con las contribuciones a la Unión Europea (“vamos a dejar de co-financiar la fiesta para nuestros países vecinos, queremos nuestro dinero de vuelta […] veremos el drama que se producirá en Bruselas y Estrasburgo cuando dejemos de financiar este circo”). Como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) en el país vecino, AfD parece haber hecho suya la propuesta del escritor fascista Julius Evola de que, para vencer al tigre, la mejor manera es cabalgarlo hasta que se agote.


Pegatina contra Herbert Kickl, líder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) desde 2021.


Fuente: El Salto

miércoles, 7 de mayo de 2025

Ines Schwerdtner: “Los conservadores tienen esta estrategia de normalizar la AfD en Alemania, pero eso ha salido muy mal”

 

      Graduado en Relaciones Internacionales @BlanquernaFCRI, Graduado en @CMEPS_MA. Investigador frecuente, a veces escritor: @DAWN_Journal, @RStatecraft, @The_NewArab, @jacobin, @StimsonCenter...


De profesión periodista, Ines Schwerdtner ha sido una de las responsables del ascenso de Die Linke, un partido que pasó de no aparecer en las encuestas a superar el 8% en las elecciones de febrero.


Nacida en 1989 en la extinta República Democrática Alemana 'RDA', Ines Schwerdtner es presidenta federal de Die Linke junto con Jan van Aken.


     Elegida diputada en las elecciones de febrero por el distrito electoral de Berlín-Lichtenberg, Ines Schwerdtner es una de las figuras que han conseguido resucitar a Die Linke. El partido emblema de la izquierda alemana ha vivido un carrusel de emociones en los últimos tiempos. Entre el otoño de 2023 y los primeros compases de 2024, Die Linke sufrió la escisión de su antigua líder, Sahra Wagenknecht, que fundó un nuevo partido a principios de 2024, el Bündnis Sahra Wagenknecht. En octubre de ese año, Ines Schwerdtner y Jan van Aken se comprometieron como copresidentes de Die Linke e iniciaron la difícil labor de levantar las expectativas y el ánimo de un partido que en las anteriores elecciones se había salvado por poco de ser extraparlamentario. La campaña de Die Linke, extraordinariamente focalizada en solo dos temas, dio la razón a quienes apostaron por poner lo material en el centro de las políticas del partido. En la otra orilla, el Bündnis Sahra Wagenknecht, que había irrumpido como un torrente en las encuestas a comienzos de 2024, se quedó un año después a 9.000 votos de alcanzar el 5% necesario para entrar en el Bundestag.


Ines Schwerdtner es la colíder de Die Linke desde octubre de 2024. Con camisa celeste, Jan van Aken, su colega al frente del partido.


El 5 de marzo, el líder de la derecha conservadora CDU, Friedrich Merz, anunció el acuerdo definitivo con la socialdemocracia del SPD para conformar un nuevo gobierno de coalición. Eso da carril a Die Linke como principal partido de la izquierda parlamentaria en un país que aun no ha superado la crisis de identidad derivada del modelo energético anterior, que quedó roto con la invasión rusa de Ucrania de 2022. Este martes, Merz debería haber sido elegido canciller de Alemania por el parlamento alemán con los votos de la CDU, su partido hermano en Baviera, la CSU, y los socialdemócratas. Pero el voto secreto ha generado una sorpresa: Merz ha perdido la votación y tendrá que presentarse de nuevo en dos semanas.

Friedrich Merz, candidato de la CDU a canciller de Alemania en el 2025 elegido en segunda votación.


En el pasado explicaste cómo un viaje de estudios a Cataluña para visitar los lugares donde las tropas republicanas lucharon en la Guerra Civil Española fue clave en tu politización inicial. ¿Puedes contarnos más sobre esta conexión con España?


Tenía 16 o 17 años y era mi primer viaje a un país extranjero. Fuimos a Barcelona y por toda Cataluña. Estuve estudiando castellano en la escuela y fue una gran experiencia para mí. Fuimos a visitar a alcaldes comunistas y al memorial de Walter Benjamin en Portbou. También estuvimos limpiando monumentos a las Brigadas Internacionales, y fue uno de los momentos más importantes para mí como entrada a la vida política. También fue el momento en que Die Linke se fundó como partido. Lo recuerdo como una experiencia espectacular.


Walter Benjamin


Ya en la segunda mitad de enero, a un mes de las elecciones al Bundestag del 23 de febrero, una encuesta del conservador pero reputado instituto Allensbach no pudo registrar el volumen exacto de apoyo a Die Linke porque era demasiado bajo. Un mes después, la misma encuestadora os daba un 7,5% de voto y el día de las elecciones recibisteis el 8,8% de los votos. Cuando visité el último mitin del partido en Berlín, oí a gente decir que la campaña electoral debería haber durado dos semanas más porque habríais conseguido el 10% de los votos. Hoy en día, estáis en el 10% de voto en la mayoría de las encuestas. ¿Podrías explicarles a los lectores qué ocurrió?


Cuando me convertí en colíder del partido junto con Jan van Aken en octubre de 2024, había buenas sensaciones dentro del partido, pero eso no se transmitía a la sociedad. En los medios de comunicación, todo el mundo pensaba que estábamos muertos. El estado de ánimo en el partido era muy bueno después de la escisión. Cambiamos nuestra estrategia para centrarnos en algunos temas, a saber, la crisis del coste de la vida y el alquiler. Y creo que hubo un cambio estratégico importante ya que el partido volvió a tener una identidad y todos trabajamos juntos como un equipo. Y me parece que esto funcionó, en enero teníamos la sensación de que íbamos hacia arriba. Nos acercamos al 5% en las encuestas. Y los otros partidos tuvieron una muy mala campaña.


“La campaña estuvo enfocada en la oposición y en temas específicos, con muchas visitas a las casas de la gente para pedir el voto y un gran compromiso por parte de nuestros miembros” 
 
Los Verdes, especialmente.


Los Verdes, los socialdemócratas también. No se sabía realmente qué posiciones defendían ni quién podía acabar gobernando con los conservadores de la CDU. Nosotros teníamos una clara plataforma de oposición hacia los conservadores y hacia los otros partidos. Las circunstancias también fueron importantes porque los conservadores decidieron votar junto con la extrema derecha en enero [para aprobar una resolución no vinculante contra la inmigración, rompiendo el cordón sanitario habitual contra Alternativa para Alemania (AfD)]. Nosotros éramos el claro partido de la oposición, el claro partido antifascista. Ya antes de la votación en el parlamento habíamos conseguido tener impacto. La dinámica provino de nosotros mismos, pero luego el ambiente político también nos ayudó mucho. Fue una mezcla de estrategia y una campaña enfocada en la oposición y en temas específicos, con muchas visitas a las casas de la gente para pedir el voto y un gran compromiso por parte de nuestros miembros. Esa fue la mezcla, y realmente no es posible planificarla ni replicarla.


Una de las pocas constantes en el panorama de partidos alemanes durante los últimos dos años es que la extrema derecha de la AfD y los conservadores de la CDU/CSU suman alrededor del 50% de los votos. Viendo que la CDU/CSU no es capaz de contener a la AfD como prometían, ¿cuál podría ser el papel de Die Linke para reducir este 50% de los votos de la derecha y, en última instancia, estar en condiciones de formar mayorías a la izquierda de los liberales del FDP?

Ésta es la mayor tarea política que tenemos en los próximos años y en las próximas elecciones, especialmente en el Este de Alemania, pero también en todas partes. Los conservadores tienen esta estrategia de normalizar la AfD y apoderarse de algunas de sus políticas para minimizar su fuerza, pero esto ha salido muy mal. Lo que decimos es que debemos ir a las causas profundas del surgimiento y la fuerza de la extrema derecha. Se trata básicamente de una política neoliberal que conduce a alquileres elevados y a la pérdida de empleos, lo que hace que sea más fácil para la AfD ganar el apoyo de los votantes, especialmente de los de la clase trabajadora. Y para darles una nueva perspectiva, lo que llamamos “economía antifascista”, buscamos luchar contra el proceso de desindustrialización y tener un verdadero proceso de transformación para la industria alemana con salarios más altos y alquileres más bajos. También buscamos más involucración política en el lugar de trabajo, donde hace falta una toma de decisiones más democrática. Nos centramos en políticas que ayuden a la mayoría de la gente, y les ayudamos concretamente, por ejemplo, dando la posibilidad de que los ciudadanos tengan con nosotros horas de consulta. Está en nuestra tradición estar cerca de la gente, tener una alternativa real a mano. Estamos tratando de llegar a todos. En Lichtenberg, donde trabajo como parlamentaria, digo que puedes votar por AfD y aun así venir a mi oficina durante las horas de consulta y te ayudaré.


“Necesitamos hablar sobre criminales de guerra como Netanyahu y sobre detener el envío de armas, pero no fue el foco de nuestra campaña”


En una encuesta realizada a finales de 2024, el 60% de los alemanes dijeron que se oponían a más exportaciones de armas a Israel. Die Linke, junto con el Bündnis Sahra Wagenknecht, fueron los únicos dos partidos que defendieron en campaña este embargo de armas. Sin embargo, el tema no apareció a menudo en la campaña del partido, y cuando lo hizo, fue mayormente porque los periodistas preguntaron sobre esto. ¿Es tan fuerte la facción dentro de Die Linke que quiere que se sigan exportando armas a Israel que la paz interna se habría visto perjudicada si el tema hubiera aparecido más prominentemente en la campaña?


No es el único tema que no recibió tanta atención en la campaña, ese es el inconveniente de centrarse tanto en los alquileres y los precios. Pero cuando nos preguntaron en los medios, sólo nos preguntaron sobre migración, Ucrania e Israel.


A veces parecía que sólo hablabais de ello cuando no había otra opción.

Hablé de ello en nuestras conferencias de prensa semanales, porque cada semana había algo más brutal que comentar. Pero, en realidad, esto nunca recibió mucho interés por parte de los periodistas o de nuestros propios miembros. Necesitamos hablar sobre criminales de guerra como Netanyahu y sobre detener el envío de armas, pero no fue el foco de nuestra campaña. Creo que ahora podemos tener más confianza en nosotros mismos en el Bundestag. Somos el único partido, y esto es preocupante, que se opone al envío de armas en general. Y somos el único partido que critica a Israel. Se pudo ver esto cuando Gregor Gysi [uno de los políticos más relevantes de la historia de Die Linke, que se dirigió al Bundestag como presidente de edad en la primera sesión del nuevo parlamento] dijo algo completamente neutral, que debería haber un Estado palestino, y nadie aplaudió. Ésta es la realidad en el discurso alemán. Se puede decir que fue políticamente incorrecto no centrarse más en Palestina, pero cuando uno es realista y le pregunta a un partido de izquierda con un 3% en las encuestas cuánto cambio puede generar en el mundo, es evidente que necesitamos ser más fuertes para cambiar algo en el discurso en Alemania. Ahora nuestra posición es mejor y no tenemos miedo de que el partido explote por esto. Sin embargo, en la izquierda alemana siempre existe la posibilidad de que un conflicto sobre este tema pueda hacer estallar todo. Es un tema muy delicado.


“Ahora los periodistas saben que queremos imponer nuevos impuestos a los ricos o introducir un límite al alquiler y esto ha cambiado el tipo de preguntas que recibimos”


Dijiste que una de las razones por las que te presentaste como colíder del partido fue que, como periodista, no querías escribir una historia sobre la muerte de Die Linke. La desventaja es que no tuviste la oportunidad de escribir la historia sobre su éxito porque fuiste parte de él. Dejando esto de lado, como experiodista, ¿qué pensaste del enfoque de los medios de comunicación en la reciente campaña electoral, en la que la migración y el asilo parecían dominar todo?


Gran parte de la conversación sobre inmigración estuvo fuertemente vinculada a las estadísticas de criminalidad. Ese era el tema en el 90% de los programas y entrevistas en los que participé, así que tuve que defender posiciones humanísticas básicas, y todavía me miraban como si estuviera loca, y pensé que algo está yendo muy mal. Existe esta responsabilidad de los medios de comunicación por el ascenso de la extrema derecha, por no mostrarnos los intereses reales de la gente y es también por eso que nos ayudó esta campaña previa a las elecciones donde íbamos a casa de la gente para preguntar por sus problemas. La gente normalmente nos hablaba de los alquileres, y de ahí es de donde sacamos nuestro programa. También nos dio confianza para poder decir que estos eran los temas que interesaban a la gente. Aprendimos a vivir con esta conversación mediática y a cambiarla en la medida que obligamos a los medios a hablar sobre los alquileres. Cada mañana pensábamos: ¿Hablamos de migración porque la CDU nos obliga a hablar de ello o nos centramos en nuestros temas? Fue una tarea enorme para el grupo no distraerse de nuestros temas, pero fue un aprendizaje importante. Ahora los periodistas saben que queremos imponer nuevos impuestos a los ricos o introducir un límite al alquiler y esto ha cambiado el tipo de preguntas que recibimos. Ahora hay un poco más de variedad.


Como observador, resultaba casi aburrido porque en cada entrevista, los candidatos de Die Linke siempre se centraban en el mismo tema y lo explicaban de manera similar.


Sí, a veces a mí también me resultaba aburrido.


Fuente: EL SALTO

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Caída de Francia y Alemania

 

Por Claudio Conti


Los líderes europeos –probablemente los peores de la historia– han conducido al continente a una crisis económica profunda y además coquetean con la idea de llevarnos a la guerra. Francia y Alemania, antaño líderes políticos y económicos de la UE, caen con fuerza.


Francia y Alemania caída común, pero en direcciones opuestas.


     El eje franco-alemán está cada vez peor y cuando Draghi hace sus recomendaciones ya no está claro a quién se dirige.

De hecho, la Unión Europea se construyó –en términos de la lógica de los Tratados y de la estructura institucional– sobre la base de las indicaciones impuestas por Alemania y apoyadas por Francia. En ausencia de líderes fuertes en estos dos países, es difícil imponer algo a los otros 25 miembros sin tener que negociarlo.

Y ahora, tanto en Berlín como en París, hay de todo menos líderes sólidos. De hecho, el futuro próximo promete cifras aún más frágiles.

En Alemania, Olaf Scholz logró ayer su objetivo: descorazonado y, por tanto, obligado a dimitir para allanar el camino a nuevas elecciones. En la práctica, todo lo contrario de lo que suele buscar un primer ministro.

Una aparente paradoja que aclara el confuso estado de la política alemana, arrastrada a una guerra que destruyó gran parte del modelo económico sobre el que había construido su hegemonía continental: bajos salarios internos, energía a bajo coste gracias al gas ruso, exportaciones constantes a Moscú y Beijing.

Las encuestas muestran por ahora un importante apoyo a los democristianos liderados por Friedrich Merz (una versión muy derechista de la ultracentrista Angela Merkel), un gran avance de los neonazis del AfD (pero contra la guerra con Moscú) y la radical de izquierda moderada Sahra Wagenknecht, mientras que los liberales «austeros» tendrán que luchar para no desaparecer del todo, al igual que los belicistas «verdes».

Se espera un baño de sangre para el SPD, todavía liderado por Scholz, mientras que Linke, la «izquierda disponible», probablemente será eliminada.

Necesitamos cambiar radicalmente la política presupuestaria europea, abriendo una temporada de gigantescas inversiones públicas para intentar superar la profunda crisis industrial que vive Alemania (Volkswagen, Mercedes, BMW, ThyssenKrupp, etc., están planeando cierres de plantas y despidos masivos).

Pero es exactamente lo contrario de lo que se ha hecho –e impuesto a toda la UE– durante los últimos 30 años. Los democristianos y los liberales no parecen haberse dado cuenta todavía. Por tanto, encontrar un equipo y una mayoría, dependiendo del parlamento que surja de las urnas, será especialmente complicado.

La situación es aún peor en París, donde el banquero que llegó a presidente, Macron, aparece ahora como un loco, atrincherado en el Elíseo, que se niega a irse y nombra a un primer ministro tras otro para que no desconfíen de él y, mientras tanto, permanezca en su cargo. .

La historia revelada por el periódico Politico sobre el nombramiento de Bayrou, líder de un pequeño partido de centro, como primer ministro, es divertida. Macron tenía en mente poner en ese asiento al ministro de Defensa saliente, Sébastien Lecornu, o al exministro de Industria, Roland Lescure. Ambos partidarios leales que habrían sido completamente dependientes de Macron y, por tanto, más maleables.

Pero el viernes por la mañana, cuando Macron invitó a Bayrou al Elíseo para informarle de su decisión, el anciano ex ministro de Educación amenazó con derrocar inmediatamente al próximo ejecutivo si no era nombrado.

Un gran país europeo en manos de chantajistas y banqueros… no es precisamente tener un gran destino por delante.

Este Bayrou, al que los «demócratas» italianos describieron como «más atento a las exigencias de la izquierda» (preparándose así para justificar la posible ruptura de los «socialistas» con la Francia Insumisa de Mélenchon y, por tanto, el fin del Nuevo Frente Popular que salió victorioso en las políticas electorales), abrió sus consultas favoreciendo inmediatamente a… Marine Le Pen.

Bayrou es un viejo navegante de la política francesa, tres veces candidato presidencial y un habitual de cambios radicales y de camisa. Sin embargo, entre sus obsesiones más constantes está la drástica reducción de la deuda pública, un tema en el que su predecesor, el ex comisario europeo Barnier, se quedó corto.

Por lo tanto, se sitúa en una senda programática en continuidad con Barnier, también porque la agencia de calificación Moody’s ha ordenado una rebaja de la calificación de los bonos del Estado francés, lo que «refleja nuestra opinión de que las finanzas públicas del país se verán sustancialmente debilitadas en los próximos años».

En definitiva, es previsible que se abra un proceso difícil, con la habitual búsqueda de «apoyo externo» en cuestiones individuales, que habrá que negociar cada vez y que corren siempre el riesgo de fracasar. Con crisis y resignación relacionadas…

Por un lado tenemos, pues, una Alemania que por fin debería empezar a realizar inversiones públicas (pudiendo permitírselo sin infringir demasiado las «normas europeas» que ella misma ha impuesto); por el otro, una Francia que debería hacer exactamente lo contrario, adoptando las políticas de «lágrimas y sangre» que hasta ahora habían sido adoptadas de forma limitada y en todo caso fuertemente rechazadas por la población (chalecos amarillos, CGT, estudiantes, etc.).

Ambos países, sin embargo, con mayorías compuestas y muy frágiles.

No es exactamente la situación ideal para quienes, aún hoy, afirman ser el centro de gravedad de un continente al borde de una crisis nerviosa y con la guerra a las puertas.

Fuente: EL VIEJO TOPO