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viernes, 13 de febrero de 2026

La cutrificación

 

 Por Antonio Turiel    

      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Empiezo este post a bordo de un tren, de Madrid a Barcelona, reflexionando sobre los eventos que han marcado las últimas semanas.  

Para mi personalmente han sido días muy complicados por los problemas de movilidad que se están experimentando en Cataluña. Dependo del tren para ir a trabajar, y a pesar de contar con dos opciones para desplazarme (convencional y alta velocidad), los retrasos y cancelaciones de trenes han sido estos días la tónica. Han bastado unas lluvias persistentes en Cataluña para agravar el deterioro de una infraestructura, la del tren convencional, que lleva muchos años desatendida. El accidente mortal en Gelida, con el desprendimiento de un muro de contención que impactó contra un tren, desencadenó la protesta masiva de los maquinistas y del resto del personal de RENFE y ADIF, que llevan años denunciando el abandono de las instalaciones, y que ha abierto una grave crisis institucional que ha llevado al caos actual. La reducción generalizada de velocidad y la multiplicación de incidencias solo han servido para confirmar que, efectivamente, las instalaciones están en muchos puntos en un estado precario y peligroso.


'El curso del imperio, destrucción' - Thomas Cole, 1836.

Mientras mi tren, de alta velocidad, avanza, recuerdo también el otro accidente ferroviario, aún más grave, en Adamuz, éste en la infraestructura de alta velocidad. Se da la paradoja de que la razón siempre alegada por la que ADIF destina menos dinero al tren convencional es porque dedicaría más a la alta velocidad. Lamentable excusa, pero es que a raíz del accidente de Adamuz se han establecido limitaciones de velocidad en diversos tramos de la línea de alta velocidad, originando cambios de horarios y supresión de algunas circulaciones. Lo cual evidencia, de nuevo, que efectivamente también hay un problema de mantenimiento en la vía de alta velocidad.

Mi tren sigue avanzando. Es un Iryo, no un AVE. Mi reunión en el Ministerio acabó más temprano de lo previsto y yo, que tengo otro viaje a Alicante mañana, pensé que me merecía la pena cambiar el billete y no llegar al filo de la madrugada a Figueres, como estaba previsto. Pero la aplicación de RENFE no permitía comprar billetes, el servicio estaba "momentáneamente" no disponible. Me he acercado en Atocha a la oficina de venta de billetes, y estaba desbordadísima: tenía 100 personas por delante de mi para comprar billete para hoy. Así que me he ido al stand de enfrente y me he sacado un billete para el siguiente Iryo, a Barcelona, no a Figueres, pero teniendo en cuenta lo barato que ha costado me sale más que a cuenta. No me lo he sacado con el móvil porque la aplicación de Iryo tampoco funcionaba correctamente, en su caso porque se encallaba pidiéndome que confirmara si tenía un título de familia numerosa que no tengo.

Las aplicaciones informáticas fallan continuamente, es verdad. Todo está cada vez peor programado: los formularios se reinician, borran opciones, se visualizan de manera incompleta, se atascan sin botón de escape en opciones imposibles... No se invierte mucho en el desarrollo, muchas veces la mayor parte de la programación se externaliza a macrofactorías en la India, donde se tiene que producir tantas líneas de código al día, y falla la verificación, la adaptación, a veces la traducción... Pero da igual, todo se va a aceptando y se tira para adelante. Todo es cada vez de peor calidad, todo es cada vez más cutre, pero se acepta. La sociedad se cutrifica.

Y no solo fallan las aplicaciones orientadas al consumidor: en estos días de caos, el centro de gestión de cercanías de Catalunya ha colapsado varias veces, bloqueando todos los trenes. De vez en cuando, caes en una página web de una gran compañía que no funciona, que no carga... Muchos servicios están alojados en servidores de Amazon, lo cual es más barato pero también menos resiliente: si algo falla, de golpe fallan muchas empresas y servicios, a veces incluso gubernamentales.


0 Dias.

Hace unos días tuve que hacer los preparativos para un viaje en breve a Glasgow. Asistiré a una reunión de la Asociación Geofísica Americana. Este año han decidido hacerla fuera de EE.UU., probablemente para evitar problemas de visado y alguna que otra experiencia desagradable a los colegas que vienen de fuera de los EE.UU. - también la situación geopolítica es más cutre, como lo es la situación interna de ese país. Como de costumbre, tuve que usar el poco intuitivo y bastante pesado procedimiento de la Administración General del Estado española. Como de costumbre, tuve que guiar a la agencia de viajes contratada por la AGE (y de uso obligatorio) para que me proporcionara los billetes de avión a horarios razonables y evitar también que los facturara al doble de precio por el que yo los podía conseguir en la web. Como de costumbre, tuve que proponerle una lista de hoteles y escoger el más barato. Como de costumbre, el precio del hotel - para nada lujoso - se sale del límite que marcó el Ministerio en 2002 y que aún no ha actualizado, así que tendré que hacer otro formulario explicando que eso es lo que me da la agencia y que necesito que me cubran la diferencia. Más papeleo cutre para cubrir un control cutre y sin sentido, cuando yo soy el primero que busco la opción más barata en todo y poder así estirar los recursos de los proyectos que manejamos.

Pero sí que hay una cosa nueva: ahora, para ir al Reino Unido, hay que rellenar un formulario nuevo, una autorización electrónica de viaje (en inglés, ETA). No lo había hecho nunca, así que busqué por Google la página y fui rellenando los campos hasta que, en el momento de ir a pagar - porque, sí, tienes que pagar unas 20 libras para que te hagan ese papel -, por instinto me fijo en la dirección de la web y me doy cuenta de que no es ninguna dirección institucional del gobierno del Reino Unido. Afortunadamente no dí ningún dato bancario, pero desde ese día recibo mensajes de los estafadores avisándome de que no he completado el trámite. Todo tipo de cutreces para conseguir sacarte el dinero. Por cierto que, cuando entré en la página correcta, te obligan a descargarte una app para el móvil y después de marearte un rato con fotos y reconocimientos electrónicos, te toca pagar pero tienes que usar tarjeta de crédito, no de débito. Lo cual implica que lo tienes todo, móvil y tarjeta de crédito. Y 20 libras. Total, para que a los 5 segundos te llegue un mail que dice que, efectivamente, no eres ningún criminal y que puedes viajar al Reino Unido. Cutre, todo cutre.

En Glasgow hablaremos de la AMOC y de poner en marcha iniciativas para usar todos los datos disponibles para su monitoreo. Si tenemos suerte, conseguiremos dinero para avanzar en esto. 


Circulación de la AMOC.

Mientras tanto, la ola reaccionaria que avanza por el mundo lleva a cuestionar a las instituciones científicas por recordar que el mundo es finito y que no se puede sacrificar todo en aras de  crecimiento económico cada vez más imposible. Pero en mi actividad de divulgación me encuentro con cada vez más frecuencia en foros donde se cuestiona lo que es evidente, donde se porfía en contra del cambio climático o se gañanea diciendo que eso del peak oil no está claro (cuando la AIE zanjó completamente el debate el septiembre pasado, y por si había alguna duda ahí está Trump). Del otro lado, se porfía en favor del fallido modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, y en medio de la retirada masiva de las grandes empresas, se tiran millones de euros públicos para apuntalar algo que no va a ninguna parte. Mientras tanto, el capital entra en masa hacia la nueva burbuja renovable, el biogás y la biomasa, que prometen causar nuevos problemas ambientales y sociales sin dar un rendimiento económico ni energético. Las discusiones son absurdas y vacías. Nadie entra en el fondo de las cuestiones. Nadie quiere realmente buscar soluciones viables. El nivel del debate público es cada vez más bajo y más vacío. Todo es cutre.


Planta de biomasa en Puertollano inaugurada en 2020.

Estoy saliendo de un Madrid tomado por los agricultores que protestan por el tratado de la UE con Mercosur, y llego a una Cataluña donde los profesores de infantil, primaria y secundaria han cortado las carreteras para protestar por un nuevo atropello y el viejo abandono del sector. Los médicos también están de huelga estos días, en toda España. Sé por mi mujer que se están planteando una huelga indefinida. Mi mujer misma visita 60 pacientes al día y vuelve a casa siempre tarde, muy tarde, porque ella es una de esos muchos profesionales que intentan mantener esto a flote en medio de un mundo cutre, de cutrez desbordante. De desidia y de abandono. De primacía de unos intereses cortos de miras y centrados solamente en el sector económico.

Recuerdo mi conversación hoy en el Ministerio. Una de las personas asistentes trabaja para la Comisión Europea, como técnica. No he podido evitar tener muchas fricciones con ella, y eso que he querido morderme la lengua, no ser la nota discordante. Pero no puedo. Los bosques no son plantaciones, son ecosistemas. La gestión del bosque va mucho más allá de su rentabilización económica. El problema sí es, siempre ha sido, el capitalismo: no hay solución viable dentro de él. Y no porque lo diga yo: lo dice la Agencia Europa del Medio Ambiente. También el sentido común, pero de esto andamos más escasos últimamente.

Hablando de sentido común, mañana hay previsión de fuertes vientos en Cataluña: quizá no podré tomar mi tren a Alicante. La Generalitat suspenderá la actividad educativa y las operaciones sanitarias no urgentes. Es la nueva (a)normalidad en la que estamos instalándonos, una en la que las emergencias se convierten en la tónica. Que se lo digan a las comarcas más castigadas de Andalucía durante la oleada de temporales que les azotaron la semana pasada. Y ahora viene una nueva tempestad. Y este sábado, una impresionante bajada de presión en el Mediterráneo Occidental puede dar lugar a una ciclogénesis muy peligrosa, de devenir incierto. La aceleración del aumento de la temperatura de la atmósfera y del océano, la mayor cantidad de agua precipitable en la atmósfera, los ríos atmosféricos y los crecientes meandros de la Corriente de Chorro Polar están llevando a patrones más agresivos de precipitación, viento y a ratos sequías. Olas de calor se suceden con olas de frío, sin solución de continuidad, en un clima cada vez más descabalado en un planeta que cada vez se parece menos a aquél en el que yo crecí. Un planeta donde la dureza ambiental se combina con la creciente dejadez y cutrez para hacer un cóctel explosivo de decadencia y degradación.




He hablado de lo que ha pasado en España porque es donde vivo, pero España no es particular. La tormenta Harry, que hizo colmar el vaso de la degradación ferroviaria en Cataluña, en realidad azotó con mayor fuerza a Sicilia y el sur de Italia, causando grandes destrozos. Las tormentas que dieron lugar a las inundaciones de Andalucía fueron las mismas que han asolado el noroeste de Marruecos, dejando un peaje de decenas de muertos. Muy lejos de aquí, diversas oleadas polares han martilleado los EE.UU. En Argentina han encadenado terribles fuegos forestales con tempestades inauditas. Mientras, la Europa Central pasa el invierno más seco y cálido en décadas.

Lo mismo pasa con la cutrez. Es algo generalizado, universalizado, mundial. Los anglosajones tienen un término para designar algo parecido: shitification. En todas partes se degradan los productos, los servicios, las infraestructuras, la acción del gobierno, el debate político y la discusión pública. Todo se degrada. Todo es decadente, peor. Sin solución y sin esperanza.

La cutrificación está en todos los ámbitos de la vida. Es la balda de la puerta de mi nevera que se cayó cuando hacía dos años que la había comprado, porque la puerta de la nevera está hecha de una espuma cutre recubierta de plástico, y la tuvimos que arreglar clavando dos tornillos. Son todas las piezas críticas de tantos productos, hechas de un plástico rígido y poco duradero que se rompe a la primera de cambio. Es esa leche que compras y está cortada. Es esa red eléctrica doméstica que hace picos de tensión que rompe los LEDs, y luego en la tienda te los cambian sin más porque están en garantía, pero no los paga la empresa sino el estado porque es consciente de la mala regulación de la red. Son esos transformadores municipales que se queman. Son esos electrodomésticos que se queman, en parte por la red mierdosa, en parte porque ellos mismos son cutres. Es ese bote de suavizante que ha cambiado de forma porque ahora por el mismo precio te dan 100 mililitros menos. Es ese paquete de pasta que ya hace tiempo es de 450 gramos en vez de 500. Es ese cajero que no da billetes o que se traga la libreta.

Me acaba de llamar la persona del Ministerio que ha organizado la reunión de hoy y que se ha ocupado de gestionar mi viaje. Mi AVE ha sido cancelado. Da igual, yo ya estoy cerca de Barcelona. Qué haré una vez allí, no lo sé. Pero no importa. Recuerdo la máxima los días de la erupción volcánica del Eyjafjallajökull en abril de 2010, que fue la misma cuando la tormenta de nieve en Cataluña en marzo de ese mismo año, o cuando cayó la nevada de la tormenta Filomena en enero de 2021. Keep on moving: sigue moviéndote. Es la única manera de sobrevivir a la cutrez: seguir moviéndote. Tener un propósito, una dirección, un anhelo de vida, para ser capaz de moverte con la mierda llegándote a los tobillos, a la cintura o al cuello. Ten convicción y sepas a dónde vas.




Nada de lo que pasa, por supuesto, es casual. Toda esta decadencia física y moral tiene su origen en el necrocapitalismo terminal. Un sistema económico que necesita del crecimiento infinito en un planeta finito. Un sistema económico que ya está chocando con fuerza contra los límites biofísicos de este planeta, tanto ambientales como de recursos o sociales. En el intento desesperado de mantener la tasa de ganancia del capital, se recorta en todo, se sacrifica todo. Por eso los materiales son más cutres, el servicio es más cutre, se paga peor a los trabajadores que hacen el trabajo con desgana o sin poder dedicarle el tiempo suficiente o sin tener la cualificación requerida pero son más baratos. Todo este proceso de cutrificación tiene su origen en la creciente dificultad de que el capital consiga las tasas de ganancia históricas. Y para poder mantener este estado de cosas, es también necesario cutrificar toda la discusión, tanta la política como la pública, para que nadie ponga el dedo en la llaga, para que nadie plantee las preguntas incómodas. Por eso la discusión se llena de ruido sin sentido, incoherente. En el mundo físico navegamos entre mierda, y en el de las ideas, entre ruido.

Decía Marc Badal en la reunión de hoy una frase que me ha gustado mucho, aunque sé que no es de él: No podemos dedicarnos a la administración del desastre. No tiene sentido que sigamos remando dentro de este paradigma que se autoderrota, que no puede menos que hacernos nadar en la cutrez y entre la mierda. No se trata de elegir el mal menor, unas medidas un poco menos cutres en frente de otras medidas todavía más cutres. Se trata de cambiar totalmente de dirección y salir de en medio de este lodazal en el que estamos. El primer paso para ello es comprender que estamos en un lodazal. El segundo, saber hacia dónde queremos ir.



Fuente: The Oil Crush

sábado, 29 de noviembre de 2025

El caos climático ya está aquí: Irán plantea trasladar su capital e Islandia ve amenazada su existencia

 

 Por Andrés Actis     
      Periodista licenciado en Comunicación Social (UNR-Argentina). Colabora en diferentes medios, entre ellos El Salto.


Sin un horizonte político de eliminación de los combustibles fósiles y con un objetivo de +1,5ºC muerto, los científicos climáticos piden una adaptación social ya no sólo a los fenómenos extremos, sino también a los “puntos de inflexión”, la posible desestabilización de los grandes sistemas que regulan el clima global. Islandia ha dado el primer paso.


Hielo marino fracturado entre Islandia y Groenlandia en imagen de la misión satelital CryoSat para medir los cambios en el hielo terrestre.


     Eclipsado por la COP30, el anuncio de Islandia pasó bastante desapercibido, con muy poca atención política y mediática. Su ministro de Medio Ambiente, Energía y Clima confirmó que el posible colapso de la AMOC, una de las corrientes oceánicas fundamentales en la regulación del clima global, ya es una “amenaza existencial” para el país, por lo que a partir de ahora este riesgo será abordado como un “asunto de seguridad nacional”. “Esta es la primera vez que un fenómeno específico relacionado con el clima se presenta formalmente ante el Consejo de Seguridad Nacional como una posible amenaza existencial”, admitió a la prensa local.


Una playa en la costa de Islandia.

El gobierno, liderado por el partido progresista, ha empezado a evaluar qué investigaciones son necesarias para enfrentar esta amenaza y cuáles son las políticas de preparación ante desastres que exige la nueva realidad climática. “Nuestra resiliencia está en juego”, admitió el ministro Johann Pall Johannsson al realizar este anuncio. Su cartera ha elaborado un documento con las consecuencias e impactos de la detención de la Circulación de Retorno Meridional del Atlántico (o AMOC, por sus siglas en inglés), que, según todas las evidencias científicas, se está ralentizando por el calentamiento del planeta.


Anomalías de temperatura a nivel global en el año 2015, con la 'mancha fría' sobre el Atlántico norte.

“Esto podría significar un enfriamiento local significativo en Islandia y en el norte de Europa, lo que amenazaría nuestras condiciones de vida, mientras que la mayor parte del planeta se calentaría mucho. Por supuesto, hay gran incertidumbre sobre cuán probable es que se materialice un escenario de este tipo, pero ciertamente sería una amenaza muy seria para nosotros los islandeses”, se señala en este informe interno.

¿Qué se sabe sobre el posible colapso de la AMOC? Stefan Rahmstorf, prestigioso oceanógrafo y climatólogo alemán, uno de los científicos que más ha estudiado el estado y proyección de esta corriente oceánica, explica que su debilitamiento es una “evidencia irrefutable” y su posible colapso, “una posibilidad” no tan lejana.


Stefan Rahmstorf: «La ralentización de la AMOC ya está teniendo impactos en España».

Rahmstorf brindó en mayo una clase magistral sobre este tema en la Universidad Autónoma de Madrid (IFIMAC-UAM). “Mi conclusión es que la AMOC se está debilitando, que es un punto de inflexión del sistema climático que no sabemos cuándo colapsará, pero que los últimos estudios nos dicen que puede ocurrir en este siglo”, resumió en aquella exposición.

De ocurrir este colapso, el norte de Europa sufriría un fuerte enfriamiento, mientras que otras regiones del planeta, incluido el sur del continente (España), agudizarían su calentamiento: “Pero creo que lo que está relativamente claro es que, en general, el norte de Europa tenderá a enfriarse. Y el sur de Europa se calentará, lo que significa que la brecha de temperatura en toda Europa será mucho mayor”.

Lo que es seguro —dijo el científico en su visita a Madrid— es que un colapso de esta corriente “conducirá a fenómenos meteorológicos extremos sin precedentes en Europa”, con impactos devastadores en la cadena alimentaria, sobre todo en la agricultura y la ganadería.

El debilitamiento de la AMOC

Este sistema de corrientes es determinante para el clima porque, básicamente, transporta eficazmente calor y sal (nutrientes) a través del océano global. “Se trata de un factor importante en el cambio climático pasado y muy probablemente futuro”, explica Rahmstorf.

La AMOC pasó de un estado muy débil al actual con el fin de la última glaciación, hace 12.000 años. La expansión y el desarrollo del ser humano se debe, en parte, a la reactivación de esta corriente.

Una evidencia del debilitamiento que está sufriendo esta corriente es la única “mancha fría” que existe hoy en un mapa mundial que no ha parado de calentarse en las últimas décadas. Mientras las costas de Norteamérica sufren un calentamiento excesivo, una franja que se extiende desde sur de Groenlandia e Islandia hasta aproximadamente la latitud del norte de la península ibérica, frente a las costa canadiense, no para de enfriarse.

¿Cuál es la explicación? Debido a su debilitamiento, la AMOC está trayendo menos calor al Atlántico norte. El científico ha explicado que la principal causa de esta desaceleración, en torno al 15% en la actualidad, es por el aumento de precipitaciones en partes de esta región y el deshielo en Groenlandia y el Ártico. El agua dulce reduce la salinidad —la densidad del agua— en la superficie del océano. Esto significa que una menor cantidad de agua superficial se hunde, lo que ralentiza el flujo de la corriente. “La salinidad superficial del mar más baja en menos de 20 años es otro fuerte indicio de la desaceleración del AMOC. Nada sucede drásticamente de inmediato. Lo que sabemos es que la AMOC está condenada y morirá lentamente”, sentencia Rahmstorf.

La preocupación científica tras la COP30

Con el (nuevo) triunfo del capital fósil en la cumbre del clima en Belém —una declaración sin ninguna mención a la eliminación de los combustibles que están calentando el planeta—, Johan Rockström, director del Instituto de Potsdam, y James Dyke, director adjunto del Instituto de Sistemas Globales de la Universidad de Exeter, otros dos científicos de prestigio internacional, escribieron un artículo titulado “El mundo perdió la apuesta climática: ahora se enfrenta a una nueva y peligrosa realidad”.


Manifestación de los pueblos en la COP30 de Belem.

Con la meta de limitar el calentamiento global medio a 1,5ºC sobre los niveles preindutriales muerta, los fenómenos climáticos extremos que ya estamos experimentando, como sequías, inundaciones, incendios y olas de calor, aumentarán en número y gravedad. La adaptación a estos eventos es hoy un eje central de las políticas climáticas de todos los países.

Sin embargo, la “nueva realidad” conlleva otro peligro: los puntos de inflexión de los grandes sistemas reguladores de la Tierra, como la AMOC, la selva amazónica y las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental, entre otros. “Esto se traduce en riesgos existenciales para miles de millones de personas. No en un futuro lejano, sino en los próximos años, en caso de eventos extremos, y en décadas, en caso de puntos de inflexión”, alertan estos dos investigadores.


Gráfico con el recorrido de la Corriente de Retorno del Atlántico (AMOC).

Este “cambio ambiental” y sus correspondientes retroalimentaciones —la desaparición acelerada de las selvas tropicales liberaría miles de millones de toneladas de dióxido de carbono y elevaría aún más las temperaturas— exigirá una adaptación drástica y radical, aunque no exenta de mucho sufrimiento. Islandia, ya preparándose para un posible colapso de la AMOC, está mostrando el camino.

Este escenario de “Tierra invernadero”, término que han bautizado estos científicos para describir un mundo desestabilizado por completo, todavía es evitable. Eso sí, requiere una acción inmediata a escala global, una hoja de ruta que, tal como ha quedado reflejado en la COP30, el capitalismo no está dispuesto a poner en práctica. “La magnitud del sufrimiento aún depende en gran medida de nosotros”, concluyen Rockström y Dyke.


El planeta corre el riesgo de encaminarse hacia el estado de 'Tierra invernadero'.

El país fósil que ya sufre el caos climático

En Teherán, capital de Irán, el sufrimiento climático ya está ocurriendo. La ciudad padece una sequía casi crónica, de las peores que se recuerden. La falta de lluvias —cinco años sin precipitaciones— no sólo está arruinando a la agricultura y provocando una crisis alimentaria. Está generando una catástrofe humanitaria de tal envergadura que llevó al presidente del país, Masoud Pezeshkian, a analizar la evacuación de esta metrópolis.

Descartada esta medida —el desplazamiento de 10 millones de personas—, el mandatario quiere que Teherán deje de ser la capital. La intención es que la región costera meridional de Makran asuma este papel, lo que podría “aliviar la sobrepoblación, la escasez de energía y el estrés hídrico de Teherán”, según ha explicado Pezeshkian.


Área de descanso en una autopista cerca de Teherán.

La “catástrofe ambiental” ya está ocurriendo, ha lamentado el presidente. El terreno de Teherán se hunde y el suministro de agua disminuye cada día. Ante esta situación, Pezeshkian ha pedido la colaboración de todos los partidos políticos para evitar un “futuro sombrío”. “Proteger el medio ambiente no es broma. Ignorarlo puede ser la causa de nuestra propia destrucción”.

Irán lleva cinco años sufriendo una sequía extrema por el aumento de las temperaturas. El otoño suele ser lluvioso, pero en estos meses no ha caído ni una gota de lluvia en Teherán. Las precipitaciones en la capital han alcanzado en 2025 su nivel más bajo en un siglo.


Cambio Climático en Irán.

La principal presa, ubicada en el río Karaj, uno de los cinco embalses que abastecen a la capital, se está secando. Según las autoridades locales, sólo contiene 14 millones de metros cúbicos, una cifra crítica. Durante el mismo periodo del año pasado, el embalse contenía 86 millones de metros cúbicos. Ahora solo tiene suficiente para mantener el suministro a la región de Teherán durante menos de dos semanas.

“Hay muchos factores que han dejado a la ciudad sin preparación para la sequía actual, entre ellos el crecimiento de la población, la mala gestión del agua y las sanciones, pero el rápido calentamiento del clima sólo agrava sus problemas”, explica Robert Rohde, científico de Berkeley Earth. Su tuit lleva una gráfica con el aumento de temperatura de Irán, que ya supera los 2ºC respecto a la época preindustrial.

En su última declaración pública, el presidente reconoció que si la sequía se prolonga más allá de fin de año, habrá que “racionar el agua” en Teherán, una medida que puede ser insuficiente. “Incluso si la racionamos y sigue sin llover para entonces, nos quedaremos sin agua”. Mientras Pezeshkian lanzaba esta advertencia, Shina Ansari, su vicepresidenta, acordaba desde Belém, junto a otros países petroleros, una estrategia de boicot a la eliminación gradual de los combustibles fósiles.


Fuente: El Salto