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miércoles, 20 de mayo de 2026

No hay relato único para contar Cuba

 

 Por Mariana Camejo   
      Directora del medio La joven Cuba y de su podcast La Reunión.



La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo por parte de EEUU parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo, deliberadamente desordenado y contradictorio, de información


Vista de La Habana durante un apagón en el marco de la crisis energética de febrero de 2026 – Los cortes ya alcanzan hasta 18 horas consecutivas de interrupción del servicio eléctrico.


     Es 1953 en el Cuyaguateje, Pinar del Río, la provincia en el extremo occidental de Cuba. Las noticias del Oriente llegaban a retazos y sin mucho interés para un niño que tenía mucho campo para correr. Los tiroteos importantes estaban en las revistas de westerns que vendían en estanquillos y Moncada era apenas el apellido de un personaje de aventuras en un programa radial. Tiempos en los que sentía que las noticias reales nada tenían que ver con él.

Ahora es 2026 en La Habana; las noticias no paran de llegar. La falta de petróleo ha hecho que las clases sean desde casa, con la conexión mala y enviando pdfs por Whatsapp. Tampoco es que haya energía para apretujarse en una guagua y llegar a la universidad a pararse frente a los estudiantes.

Para mi padre aquello de correr en el campo quedó hace mucho tiempo atrás. Ha ido disminuyendo esa energía durante 78 años. Aunque la energía, en sentido general, está bastante en falta. La familia que se quedó a vivir en Pinar lo sabe bien, por los largos apagones. Y Trump y Marco Rubio han hecho lo suyo por asegurar que haya muy poca luz para el verano húmedo que está llegando, para que no sea usable un ventilador frente a los mosquitos, y encima, para tener que cocinar con carbón. Hoy mi papá siente que todo tiene que ver con él porque ninguna noticia es buena. Las cosas no son, o no deberían volver a ser, como lo fueron cuando vivía en el Cuyaguateje.

El piso de su casa no era de tierra, pero el de varios vecinos sí. No pocos de sus amigos iban descalzos a la escuela, pisando piedras y sorteando el fango, a estudiar con los libros que pintaban a Fulgencio Batista como un héroe.

De ser hijo de una madre que trabajó de criada para poder mandarlo a La Habana, se fue a alfabetizar con 13 años, impulsado por Fidel Castro, a un pueblo pesquero donde dormía en la hamaca en la sala de alguien. Lo despertaban sobre las 6 am, luego de regresar de la pesca, con un trago de ron.

Mi padre se hizo profesor universitario de los que le dieron carro por asignación y años después tuvo que venderlo porque no había manera de que un salario de profesor costeara mantener un Lada de los tiempos de la URSS. Fue uno de los que llamaron para preguntarle su disposición para ir a Angola y después no los mandaron. Supuso que la idea era que la universidad no parara. Había un aire de esperanza en todo, a pesar de todo.

Lamentable que este sea el tipo de historia de vida sin importancia para muchos que siguen el tema Cuba. También lamentable que este sea el tipo de historia que otros niegan. Pero es una de muchas, de aquellos a los que el proceso revolucionario les cambió las perspectivas de futuro, porque eso es lo que hizo por mucha gente pobre. Fue una Revolución, también, de alientos.

La policrisis actual

Tantos años después, cuando esos jóvenes protagonistas de su época son ya mayores, la vida en Cuba es más angustiosa que en cualquier otro momento desde 1959. La isla está viviendo una policrisis de la que no parece que haya camino fácil ni rápido para salir. Aprovechando esa coyuntura, la presión del gobierno de Trump apuesta por apuntalar el hambre y profundizar, aún más, el deterioro.

Los hijos de esa generación no hemos conocido otra Cuba que no sea la que está en problemas, en Periodo Especial, la que apela siempre al futuro para decir “Venceremos”. Por muchos errores que se le puedan señalar al gobierno cubano, el rol de Estados Unidos ha incidido en la garantía de apagones que a veces llegan a las 48 horas; el país no tiene combustible ni para encender los hogares, ni para el transporte público, ni para garantizar la recogida de basura. Tampoco hay dinero para medicamentos, ni para el sector de salud pública en general. Si bien debió priorizarse desde hace años una estrategia para intentar revitalizar el sector, hoy no parece haber una salida inmediata sin que Cuba pueda disponer de grandes montos de divisas. De eso depende todo.

Desde el 3 de enero del presente año Cuba es leitmotiv en las comunicaciones públicas de Estados Unidos. Eso ha incluido filtraciones y noticias que dan cuenta de lo que aquí llamamos “un p’alante y p’atrás” de la administración Trump en cuanto a qué piensa hacer con respecto a la isla. La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo, parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo —deliberadamente desordenado y contradictorio— de información.

El hecho de que el director de la CIA haya venido a la isla suscitó especulaciones de todo color. En este caso, por primera vez fue el gobierno cubano quien comunicó inmediatamente algo sobre el encuentro.


Cuba y EE.UU. tienen interés en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional.

Aunque no se sabe con mayor detalle qué se conversó allí, la nota estaba centrada en dos asuntos fundamentales: uno, que Cuba no es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos (algo obvio), y dos, que nada tiene que ver con organizaciones terroristas, ni merece figurar en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo.

En el podcast La Reunión, en conversación con Fernando Ravsberg, que fue corresponsal de la BBC en Cuba durante unos 20 años, éste afirmó que considera esta visita como una forma de dar un paso atrás en la calificación de que Cuba es una amenaza. Pudiera ser una acción para aproximarse de otra forma, una opinión que no parece descabellada si se tiene en cuenta que ese mismo día, CBS News dio la noticia de que se estaba fabricando un caso contra Raúl Castro.

Fue precisamente la estrategia que utilizó la administración Trump para tener una excusa y avalar que los Delta Force entraran ilegalmente a Venezuela.

Cuesta creer que se vayan a atrever a intentar llegar a Cuba para sacar a un hombre que rebasa los 90 años. El sitio del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, que ha caracterizado la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba como de “incrementalismo” (ejercer presión mediante acciones y comunicación, sin llegar a la confrontación militar), evalúa que no habrá secuestro, pero sí lo usarán como palanca de negociación. Y lo cierto es que sería una táctica que ya hemos visto en Trump, forzar la mesa desde una posición de leverage, donde sería presumiblemente más fácil lograr concesiones.

Sin embargo, sigue siendo una constante la tentativa de generar un casus belli que pueda servir de justificación para agredir. Por eso en estos días el medio estadounidense Axios, que se ha mantenido publicando filtraciones de información, reportó que la Isla habría adquirido más de 300 drones militares de Rusia e Irán para atacar la Base Naval de Guantánamo, embarcaciones militares estadounidenses y posiblemente Key West, en Florida.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Lo presenta como un intento de Cuba de armarse para atacar, un enfoque muy conveniente para los seguidores de Marco Rubio.

Lo cierto es que es previsible que ante un contexto de hostilidad tan agudizada, todas las acciones de preparación se hayan puesto en marcha. Recientemente, en un texto publicado en Político, titulado “Sí, Trump podría realmente atacar a Cuba”, se afirma que el ambiente en la administración estadounidense ha cambiado.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Pensaron que el gobierno era más débil y el país ha resistido, así que la opción militar se estaría tomando más en serio que antes.

En las calles cubanas la percepción es variopinta. También porque la crisis obliga a centrarse en lo más básico: comer, tener agua, que los niños duerman, que puedan ir a la escuela, transportarse. Lo mismo alguien en un triciclo empieza a hablar repentinamente de Trump, que una vecina te dice que prefiere no pensar en eso, por salud mental.

El doctor Carlos Alzugaray, diplomático cubano entrevistado para este texto, considera que estamos en uno de los momentos de mayor peligro, “en primer lugar, porque esta es una administración que le hace la guerra a cualquier país que encuentra débil o vulnerable. Y segundo, porque es una administración incoherente. Es decir, el presidente Trump no lo piensa mucho y puede cometer un acto totalmente aventurado”. No obstante, señala como elementos disuasorios que Cuba tiene una doctrina militar desde los años 80, que es la llamada doctrina militar de la guerra de todo el pueblo, algo que conocen bien los militares norteamericanos (estrategia de resistencia guerrillera orientada al desgaste prolongado frente a una eventual ocupación); la cercanía con territorio norteamericano (y por eso el revuelo con los drones), o qué hacer con la Base Naval de Guantánamo.

Pero la presión continúa. La Orden Ejecutiva firmada por Trump el primero de mayo, autoriza sanciones contra cualquier persona extranjera —empresa, individuo o entidad— que opere en los sectores de energía, defensa y material conexo, metales y minería, servicios financieros o seguridad de la economía cubana, o en cualquier otro sector de la economía cubana. Además, habilita sanciones secundarias a las instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones significativas con las entidades bloqueadas bajo esta orden.

La medida provocó así la suspensión de operaciones de la canadiense Sherritt International, la mayor inversión extranjera individual en Cuba durante tres décadas, responsable del 70-75% de la producción cubana de níquel y con un tercio de participación en Energas, la empresa mixta de generación eléctrica.

A ello se suma el anuncio este 17 de mayo de que dos grandes empresas navieras —la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd— suspendieron todas sus reservas hacia y desde Cuba hasta nuevo aviso, citando los riesgos de cumplimiento que impone dicha Orden Ejecutiva. La decisión podría comprometer hasta el 60% del tráfico marítimo cubano por volumen. El mayor impacto recaería sobre las mercancías provenientes de China, el norte de Europa y el Mediterráneo. Eso significa que si ya entraban pocos bienes a Cuba, el escenario está servido para que entren muchos menos. Es la apuesta por el hambre.

Alzugaray explica que de eso se trata el overcompliance, el “yo no estoy haciendo nada malo pero, por si acaso, no voy a hacer negocio ahí porque yo no sé lo que puede pasar: es el aspecto invisible de las sanciones que muchas veces no se tiene en cuenta. No es la cuestión formal de las sanciones; es el impacto que tienen desde el punto de vista de crear terror”.

Frente a eso, los cubanos dentro de la isla buscan permanentemente formas de seguir viviendo, con todas las dificultades que ello implica, y también formas de tener alegrías y momentos de alivio. Y aunque es visible la desigualdad entre quienes tienen que esperar horas por un transporte y quienes pueden importar un carro del año, o entre quienes pueden permanecer encendidos y quienes no, lo cierto es que en Cuba aún está pendiente para la gente una vida mejor, un país mejor, y una perspectiva mejor de futuro, y eso impacta en cómo las personas interpretan su presente; la política tiene mucho que ver con lo personal.

Mi padre es de los que advierte que no deberíamos aceptar un retroceso. Él vio a un campesino arrodillarse ante un terrateniente para pedirle dinero y llevar a su hija enferma de leucemia al hospital de Pinar a ver a un doctor. Y también vio al hombre echarlo de allí diciéndole que no era problema suyo, como no era problema de nadie que no hubiera médicos cerca. La Revolución cambió eso, sí, pero sería injusto desconocer que hoy aunque todavía queden médicos, no existe forma de tratarse si no es buscando en el mercado informal, y con dólares, los medicamentos. Un ciclo de quimio en Cuba puede costar 80 dólares, cuando el salario medio es de unos 20. Por eso cuando se habla de resistencia, entre otras cosas, suena a inflación, a noches calurosas a oscuras, a dificultad y a horizonte desdibujado.

No puede contarse a Cuba desde un relato único. A no ser que este comprenda lo complejo de la realidad del país actual, y la multiplicidad de situaciones, historias de vida, y sentires que tienen su reflejo en lo político.


Fuente: El Salto

miércoles, 12 de marzo de 2025

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Hegseth, quiere derrocar al gobierno de China en una "cruzada" contra la izquierda (y el Islam)

 

 Por Ben Norton 
      Periodista y analista independiente, editor de Geopolitical Economy Report.


El secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, se declara un “cruzado” que cree que Estados Unidos está en una “guerra santa” contra China, la izquierda y el Islam. “La China comunista caerá”, prometió en su libro de 2020





     El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, es un autoproclamado "cruzado" que cree que Estados Unidos está en una "guerra santa" contra la izquierda, China y el Islam.

En su libro American Crusade: Our Fight to Stay Free (Cruzada estadounidense: nuestra lucha por permanecer libres), de 2020, Hegseth prometió que, si Trump pudiera regresar a la Casa Blanca y los republicanos pudieran tomar el poder, "la China comunista caerá y se lamerá las heridas durante otros doscientos años".

Hegseth declaró que los chinos "son literalmente los villanos de nuestra generación" y advirtió: "Si no nos enfrentamos a la China comunista ahora, algún día tendremos que enfrentarnos al himno chino".

En la visión conspirativa de Hegseth, los comunistas chinos y la izquierda internacional están conspirando con los islamistas contra Estados Unidos e Israel, que son países sagrados bendecidos por Dios.

Hegseth prometió que bajo el liderazgo de Trump "Israel y Estados Unidos formarán un vínculo aún más estrecho, luchando contra el flagelo del islamismo y el izquierdismo internacional que nunca desaparecerá por completo".

"Los islamistas nunca obtendrán un arma nuclear, pero serán bombardeados preventivamente hasta el año 700 cuando lo intenten", añadió.

En el libro, Hegseth elogió a los cruzados medievales y argumentó que los conservadores occidentales del siglo XXI deberían continuar la guerra santa que iniciaron hace un milenio.

Uno de sus capítulos se titula "Hagamos que la Cruzada vuelva a ser grandiosa".

En la primera página del libro, Hegseth afirma con orgullo que su "cruzada estadounidense" es una "guerra santa" e insiste en que los izquierdistas no son "meros oponentes políticos. Somos enemigos. O ganamos nosotros o ganan ellos; no estamos de acuerdo en nada más".

Hegseth también afirmó con certeza que pronto habrá una guerra civil en Estados Unidos, entre la derecha y la izquierda.

"Sí, habrá algún tipo de guerra civil. Es un escenario horrible que nadie desea, pero que sería difícil de evitar", escribió. Afirmó que existen "diferencias irreconciliables entre la izquierda y la derecha en Estados Unidos que conducen a un conflicto perpetuo que no se puede resolver mediante el proceso político", y predijo un "divorcio nacional".



Pete Hegseth dice que Estados Unidos está "preparado" para la guerra con China



Como secretario de Defensa, Pete Hegseth ha impulsado políticas extremadamente agresivas contra Pekín.

En marzo de 2025, Hegseth le dijo a Fox News que Estados Unidos está "preparado" para ir a la guerra con China.

En un discurso que pronunció ante las fuerzas armadas estadounidenses unos días después de asumir su cargo en enero, Hegseth prometió: "Seguiremos siendo la fuerza más fuerte y letal del mundo".

En otro discurso pronunciado en febrero, expresó su compromiso de "convertir de nuevo nuestras fuerzas armadas en la fuerza más letal y brutal del planeta".

Donald Trump descubrió a Hegseth porque trabajó en Fox News durante una década, a partir de 2014. Fue copresentador del programa de entrevistas conservador Fox & Friends.

Aunque se presenta cínicamente como un "populista", Hegseth tiene un currículum extremadamente elitista. Estudió en la Universidad de Princeton y trabajó como analista bursátil para el banco de inversiones de Wall Street Bear Stearns (que colapsó en la crisis financiera de 2008). Más tarde realizó un máster en la prestigiosa Harvard Kennedy School, que ha formado a una de las figuras más destacadas de la clase política mundial.

Antes del primer mandato de Trump, Hegseth era un republicano neoconservador más. De hecho, era un halcón que echaba espuma por la boca y apoyó con tanta fuerza la invasión ilegal de Irak que se ofreció como voluntario para luchar allí en el ejército estadounidense.

Hegseth trabajó durante un año en el campo de concentración estadounidense de Guantánamo, en territorio cubano ocupado. Cuando sirvió allí, la administración de George W. Bush practicaba brutales torturas.

Como secretario de Defensa, Hegseth ha defendido la decisión de Trump de deportar a los inmigrantes indocumentados a la Bahía de Guantánamo. Visitó el campo de concentración y posó para una sesión fotográfica en el Pentágono para apoyar la política.






Las opiniones teocráticas extremistas de Pete Hegseth



Pete Hegseth está estrechamente vinculado a una iglesia nacionalista cristiana extremista que predica que Estados Unidos debe seguir la ley bíblica.

La iglesia de Hegseth es miembro de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, que cree que la comunidad LGBT debería ser criminalizada. Algunos de sus miembros destacados sostienen que las mujeres deberían perder el derecho al voto e incluso han hablado positivamente de la esclavitud.

Hegseth tiene numerosos tatuajes asociados con movimientos extremistas cristianos y nacionalistas blancos, entre ellos uno de la "Cruz de los Cruzados" y otro que dice "Deus vult", o "Dios lo quiere" en latín. Este eslogan se utilizó durante las Cruzadas.




Su libro de 2020, American Crusade: Our Fight to Stay Free, es un llamado del siglo XXI a continuar las Cruzadas originales, aunque esta vez contra la izquierda política.

Más de la mitad del libro, de casi 300 páginas, está dedicado a atacar a la izquierda. De los 14 capítulos, nueve tratan de lo que él llama "izquierdismo".

Hegseth atacó a la izquierda por el socialismo, el secularismo, el multiculturalismo, el ambientalismo y el llamado "generismo" y "globalismo".

También asoció de forma extraña a la izquierda con el islamismo, al que llamó "el 'ismo' más peligroso". Hegseth dedicó un capítulo entero a demonizar el Islam.

En sus delirantes sueños febriles, los izquierdistas y los islamistas son parte de una conspiración global para destruir a Estados Unidos.

"Junto a los comunistas chinos y sus ambiciones globales, el islamismo es la amenaza más peligrosa a la libertad en el mundo", escribió Hegseth.



La cruzada de Pete Hegseth contra China


En American Crusade, Hegseth denunció a "nuestro mayor enemigo geopolítico, la China comunista".

Mencionó a China y a los chinos 110 veces en el libro.

Los chinos "son literalmente los villanos de nuestra generación", escribió Hegseth.

Citó a Trump, quien dijo en 2019: "China es una amenaza para el mundo en cierto sentido, porque está construyendo un ejército más rápido que nadie".

"Hasta Mickey Mouse entendería que el gobierno comunista chino y su motor económico son una amenaza y que debemos obligar a nuestras empresas a que dejen de facilitarles tecnología estadounidense", argumentó Hegseth. "Debemos hacer que las empresas vuelvan a Estados Unidos, por la fuerza si es necesario".

"China tiene un sueño, se llama el sueño chino, y termina con el restablecimiento del antiguo Imperio chino", afirmó.

Hegseth declaró que, a través del llamado "globalismo", China está librando una "guerra tecnológica, una guerra cultural, una guerra comercial y una guerra militar".

"Si no nos enfrentamos a la China comunista ahora, algún día tendremos que enfrentarnos al himno chino", insistió.

El argumento de Hegseth era profundamente contradictorio. Advirtió que China es una amenaza poderosa y creciente, pero al mismo tiempo insistió en que es débil y frágil.

"La economía china es falsa porque no es libre, pero sí poderosa: se construyó mediante el robo, la intimidación y la debilidad de los oponentes de China", escribió Hegseth.

La dependencia comercial de Estados Unidos respecto de China es "un enorme problema de seguridad nacional; una emergencia, en realidad", escribió. Insistió en que Estados Unidos debería dejar de comerciar con China, sosteniendo que "no se puede comerciar de manera justa con un enemigo que miente, engaña y roba".

Esta cita fue profundamente irónica, considerando que el director de la CIA y secretario de estado en el primer mandato de Trump fue el neoconservador Mike Pompeo, quien declaró infamemente: "Yo era el director de la CIA. Mentimos, engañamos, robamos... Tuvimos cursos de capacitación completos".

En su libro, Hegseth afirmó que existe una "influencia china desenfrenada en los medios y las universidades estadounidenses", sembrando miedo sobre Walt Disney y los Institutos Confucio.

"¿Algún estadounidense sensato piensa realmente que la China comunista es nuestra amiga? ¿Alguien? ¡Por supuesto que no!", escribió Hegseth. Y añadió: "A excepción de Bernie Sanders, amante del comunismo, y sus 'amigos', los estadounidenses con sentido común comprenden lo que representa China".

Hegseth predijo que, si los demócratas ganaran las elecciones estadounidenses de 2020, "el izquierdismo nos esclavizará a todos con un gobierno grande hasta que quede esclavizado por el islamismo" y "habrá alguna forma de guerra civil".

Afirmó que, si Trump perdía las elecciones de 2020, "la China comunista se alzaría y gobernaría el mundo. Europa se rendiría formalmente. Los islamistas obtendrían armas nucleares y buscarían borrar a Estados Unidos e Israel del mapa. La libertad se desvanecería y la tiranía surgiría".

Trump terminó perdiendo las elecciones de 2020, y nada de eso sucedió.

Sin embargo, Hegseth predijo que, si Trump y los republicanos regresaban al poder, “nuestra economía de libre mercado florecería, mientras que China no sería capaz de hacer trampas ni competir, tal como lo hizo la Unión Soviética”. Y escribió triunfante: “El socialismo, derrotado”.

Continuó:

La China comunista caerá y se lamerá las heridas durante otros doscientos años. Europa se rendirá, pero quedarán algunos grupos de resistentes amantes de la libertad. Los islamistas nunca tendrán un arma nuclear, pero serán bombardeados preventivamente hasta el siglo VII cuando lo intenten. Israel y Estados Unidos formarán un vínculo aún más estrecho, luchando contra el azote del islamismo y el izquierdismo internacional que nunca desaparecerá del todo.


Pete Hegseth: Estados Unidos e Israel están librando una "cruzada" para salvar a Occidente


Toda la visión del mundo de Pete Hegseth se opone a la izquierda. En American Crusade, afirmó que su ideología es el "americanismo", que definió como "una lealtad sin complejos a los ideales fundadores de los Estados Unidos de América". Subrayó que el americanismo es "lo opuesto al izquierdismo".

"Otra forma de definir el americanismo es el nacionalismo estadounidense", añadió Hegseth, que se identificó orgullosamente a sí mismo y a Trump como nacionalistas estadounidenses y sostuvo que Estados Unidos es "el único bastión verdadero de la libertad en el planeta".

Al mismo tiempo, sin embargo, el concepto de "americanismo" de Hegseth es internacional. Considera a otros movimientos nacionalistas de extrema derecha en Occidente como aliados en una lucha civilizacional global contra China, la izquierda y el Islam.

"El americanismo está vivo en lugares como Polonia, que rechazan las visiones globalistas de los burócratas izquierdistas de la vieja Europa", escribió Hegseth, y agregó: "Lamentablemente, tenemos más en común con esos luchadores por la libertad internacional que con los demócratas estadounidenses modernos".

"El americanismo está vivo en Israel, donde Benjamin Netanyahu se opone valientemente al antisemitismo y al islamismo internacionales", escribió.

"Si amas a Estados Unidos, debes amar a Israel", afirmó. "Israel es el enemigo número uno tanto para los islamistas como para los izquierdistas internacionales, lo cual es motivo suficiente para amarlo".

El secretario de Defensa Hegseth se reunió con el primer ministro israelí, Netanyahu, en febrero de 2025. El informe del Pentágono señaló que "el secretario enfatizó el vínculo inquebrantable que existe entre Estados Unidos e Israel y elogió a Israel como un aliado modelo en Medio Oriente".


El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, se reúne con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en febrero de 2025.

En American Crusade, Hegseth se jactó de haber visitado Israel varias veces.

Mencionó a Israel y a los israelíes 54 veces en el libro.

Para aprender sobre la historia de Israel, recomendó que sus lectores vean videos del canal de derecha de YouTube PragerU.

"Para nosotros, los cruzados estadounidenses, Israel encarna el alma de nuestra cruzada estadounidense", escribió Hegseth. "La fe, la familia, la libertad y la libre empresa; si amas todo eso, aprende a amar al Estado de Israel".

Según Hegseth, Estados Unidos está liderando una batalla civilizatoria, en alianza con Israel. Imploró a los cristianos de hoy que continuaran las Cruzadas iniciadas en el siglo XI.

Él escribió:

En pocas palabras: si no comprendemos por qué es importante Israel y por qué es tan central para la historia de la civilización occidental (y Estados Unidos es su mayor manifestación), entonces no vivimos en la historia. La historia de Estados Unidos está inextricablemente ligada a la historia judeocristiana y al estado moderno de Israel.

"Nosotros, los cristianos, junto con nuestros amigos judíos y su extraordinario ejército en Israel, debemos tomar la espada del americanismo sin complejos y defendernos. Debemos hacer retroceder al islamismo", añadió.

Al mismo tiempo, Hegseth reconoció que sus opiniones extremistas le habían hecho perder amigos.

"Por esta causa he perdido amigos. Muchos", escribió. "Algunos miembros de mi extensa familia no tienen interés en hablar conmigo, y el sentimiento es mutuo. Personas a las que admiraba me envían cartas y correos electrónicos desagradables diciéndome que soy una persona terrible".



Pete Hegseth: “Debemos luchar contra las fuerzas malignas del secularismo”


Pete Hegseth es un nacionalista cristiano teocrático. Se opone a la separación de la Iglesia y el Estado y cree profundamente que Estados Unidos es una nación cristiana y que sus leyes deben basarse en la Biblia.

"Debemos luchar contra las fuerzas malignas del secularismo", escribió Hegseth en American Crusade. Argumentó que "nuestros fundadores estarían disgustados con la América secularista de hoy".

"Sin Dios, América no es América", declaró, afirmando que el "movimiento secularista es incompatible con el americanismo".

Un capítulo entero de su libro está dedicado a "derrotar a la Iglesia del secularismo".

Si Trump y los republicanos logran permanecer en el poder, predijo Hegseth en 2020, "el aborto será finalmente y para siempre ilegal y nuestras escuelas públicas serán abandonadas o completamente transformadas".

Insistió en que las escuelas deberían promover "la verdadera historia del excepcionalismo estadounidense".

Según Hegseth, Trump es un aliado importante en la lucha por la teocracia.

"El presidente Trump ha frenado la ola de secularismo, al menos por ahora", escribió Hegseth en 2020, durante el primer mandato de Trump. "Apoya abiertamente la fe y lucha contra las corrientes seculares que llevan mucho tiempo presentes en la sociedad estadounidense".

Trump "ha animado a los cristianos, incluidos los pastores, a involucrarse más en la política y en nuestra cultura. ¡Ha inspirado a los cruzados!", afirmó.

(Esta declaración es bastante cómica, dado que es ampliamente conocido que Trump no es religioso. De hecho, cuando se le preguntó en una entrevista cuál era su versículo bíblico favorito, Trump no pudo nombrar un solo versículo. Luego, cuando se le preguntó si prefería el Antiguo o el Nuevo Testamento, Trump dijo ambos.)

En American Crusade, Hegseth también se identificó como un gran fanático del rapero de extrema derecha Kanye West.

"Después de la elección de Donald Trump en 2016, una de las cosas más poderosas que le sucedieron a nuestro país —y a mí— fue la conversión cristiana del rapero Kanye West", dijo Hegseth en 2020.

"Si Kanye está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros?", escribió Hegseth, elogiando repetidamente al rapero, también conocido como Ye.

Después de que Hegseth publicara este libro, Kanye West se declaró nazi y elogió a Adolf Hitler.



La cruzada de Pete Hegseth contra el Islam


Aunque Hegseth quiere que Estados Unidos sea una teocracia cristiana, se opone violentamente no sólo al islamismo (como movimiento político teocrático), sino al Islam mismo (como religión).

En American Crusade, Hegseth escribió que "ningún 'ismo' es más peligroso para la libertad que el islamismo".

Aunque reconoció que muchos musulmanes no son islamistas y que consideran al Islam como una religión distinta del islamismo como movimiento político, Hegseth argumentó que esencialmente no hay ninguna diferencia.

Hegseth criticó incluso a los "musulmanes comunes", afirmando que "creen que el destino del Islam es controlar el mundo".

En su libro, puso entre comillas las palabras mezquitas "moderadas" y musulmanes "pacíficos", negando que puedan existir.

"El Islam no es una religión de paz y nunca lo ha sido", declaró Hegseth.

Incluso utilizó, sin ironía, el término "hordas musulmanas" en el libro, escribiendo:

Junto con los comunistas chinos y sus ambiciones globales, el islamismo es la amenaza más peligrosa para la libertad en el mundo. No se puede negociar con él, no se puede coexistir con él ni comprenderlo; hay que denunciarlo, marginarlo y aplastarlo. Al igual que los cruzados cristianos que hicieron retroceder a las hordas musulmanas en el siglo XII, los cruzados estadounidenses tendrán que hacer acopio del mismo coraje contra los islamistas de hoy.

Demostrando su ignorancia del Islam, Hegseth comparó absurdamente a Irán (un país de mayoría chiíta) con sus enemigos mortales ISIS y Al Qaeda, grupos salafistas-yihadistas extremistas que consideran a los musulmanes chiítas como politeístas heréticos y han buscado exterminarlos.

Durante el primer mandato de Trump, Hegseth apareció en Fox News para pedirle a Trump que bombardeara Irán.

En su libro, Hegseth dijo a los estadounidenses: "Si apoyan los derechos de los homosexuales, en lugar de acosar a los conservadores, protestarían frente a la embajada de Irán". Asimismo, dijo que las feministas deberían dejar de criticar el sexismo en Occidente y, en cambio, deberían protestar frente a las embajadas de Irán y Arabia Saudita.

Hegseth fue especialmente crítico con Turquía. Se quejó de que cuando Turquía fue aceptada como miembro de la OTAN en 1951, "los responsables de la política exterior de entonces creían que permitirle entrar en el club acercaría a su gobierno a Occidente y a nuestros valores occidentales".

Señaló que esto "funcionó por un tiempo, pero hoy se ha desmoronado. En cambio, como en el caso de China, ha ocurrido lo contrario".

Hegseth condenó al líder turco Recep Tayyip Erdoğan, porque "decidió rechazar la tradición secular de sus instituciones" y "desmanteló el ejército entrenado por la OTAN que durante mucho tiempo mantuvo las instituciones seculares de Turquía".

En otras palabras, Hegseth se opone al secularismo en Estados Unidos, pero lo apoya en Turquía.

Hegseth también dijo que Erdoğan "sueña abiertamente con restaurar el Imperio Otomano", y escribió: "Es un islamista con visiones islamistas para Oriente Medio. ¿Y sin embargo los miembros de la OTAN se han comprometido a defender su régimen? La última vez que lo comprobé, la OTAN no se proponía defender ese régimen".

Fuente: Geopolitical Economy