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lunes, 4 de agosto de 2025

¿Por qué el Gobierno de Trump está haciendo desaparecer los datos climáticos?

 

 Por Kate Yoder   
      Redactora sénior de Grist que cubre el cambio climático desde la perspectiva del lenguaje, la cultura y la historia.


La Administración Trump ha dado un paso más en su negacionismo, que consiste en hacer desaparecer toda evidencia científica del cambio climático


Donald Trump durante su intervención en la Conferencia de Acción Política Conservadora -CPAC-, celebrada en febrero de este año.


     Durante 25 años, un grupo compuesto por algunos de los principales expertos del país ha seguido meticulosamente las formas en que el cambio climático amenaza a todas las regiones de Estados Unidos. Sus hallazgos sirvieron de base para las Evaluaciones Nacionales del Clima, una serie de informes exigidos por el Congreso que se publican cada cuatro años y que traducen la ciencia en advertencias accesibles para los responsables políticos y el público. Pero ese trabajo se detuvo esta primavera, cuando la administración Trump despidió abruptamente a los 400 expertos que estaban trabajando en la próxima edición. Luego, el 30 de junio, todos los informes anteriores también desaparecieron, junto con el sitio web federal donde estaban alojados.


Equipos de búsqueda y rescate revisan los escombros el lunes tras las devastadoras inundaciones ocurridas cerca del río Guadalupe en Ingram, Texas.

Mucha información sobre el cambio climático ha desaparecido durante el segundo mandato del presidente Donald Trump, pero la eliminación de las Evaluaciones Nacionales del Clima es «de lejos la mayor pérdida que hemos visto», señala Gretchen Gehrke, quien monitorea sitios web federales con la Iniciativa de Gobernanza y Datos Ambientales (Environmental Data and Governance Initiative). Las Evaluaciones Nacionales del Clima eran uno de los recursos más accesibles que desglosaban cómo el cambio climático afectará los lugares que le importan a la gente, apunta. Los informes también eran utilizados por una amplia variedad de actores –responsables políticos, agricultores, empresas– para orientar sus decisiones sobre el futuro. Aunque los informes han sido archivados en otros lugares, ya no son tan fáciles de acceder. Y no está claro qué pasará, si es que pasa algo, con el informe que estaba previsto para 2027 o 2028, el cual ya existía en forma de borrador.

Entonces, ¿por qué sobrevivieron los informes al primer mandato de Trump pero no al segundo? Su desaparición puede interpretarse de distintas maneras, señalan los especialistas: como una demostración de poder ejecutivo, una escalada en la guerra cultural sobre el cambio climático o un intento estratégico de eliminar la base científica de las políticas climáticas. “Si suprimes información y datos, entonces no tienes las pruebas necesarias para poder crear regulaciones, reforzar las existentes e incluso combatir la derogación de regulaciones”, sostiene Gehrke.


Vista de una gasolinera quemada y en ruinas en Altadena, California, tras los incendios forestales que arrasaron la ciudad en enero de 2025.

Esto no es negacionismo climático en el sentido tradicional. Los días de debatir en voz alta la ciencia han sido reemplazados en su mayoría por algo más silencioso e insidioso: una campaña para ocultar la información básica. “No sé si seguimos viviendo en una etapa de negacionismo climático”, afirma Leah Aronowsky, historiadora de la ciencia en la Escuela del Clima de Columbia. «Ahora tenemos un nuevo frente de negacionismo mediante la eliminación».

Al recortar fondos para la investigación y retener datos cruciales, la administración Trump está dificultando saber con precisión cómo está cambiando el planeta. En abril, su Gobierno retiró casi 4 millones de dólares en financiación a un programa de Princeton destinado a mejorar los modelos informáticos que predicen cambios en los océanos y la atmósfera, alegando que el trabajo generaba “ansiedad climática” entre los jóvenes. Ese mismo mes, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) no presentó su informe anual a las Naciones Unidas sobre las emisiones de gases de efecto invernadero del país. En mayo, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) puso fin a su tradición de 45 años de seguimiento de desastres meteorológicos de más de mil millones de dólares. Trump también espera cerrar el laboratorio de Mauna Loa en Hawái, que ha medido el aumento constante de dióxido de carbono atmosférico desde los años 50, siendo los primeros datos que demostraron de forma concluyente que los humanos estaban cambiando el clima.


Instalaciones del Observatorio de Mauna Loa, en Hawái, en lo alto del volcán del mismo nombre - NOAA.

“Este tipo de supresión generalizada de todo un campo de investigación financiado por el gobierno federal, hasta donde sé, no tiene precedentes históricos”, asegura Aronowsky.

En respuesta a una solicitud de comentarios, un portavoz de la NASA dijo que “no tiene ninguna obligación legal de alojar los datos de globalchange.gov”, refiriéndose al sitio que albergaba las Evaluaciones Nacionales del Clima, y agregó que el Programa de Investigación del Cambio Global de EE. UU. ya había “cumplido con sus obligaciones legales al presentar sus informes al Congreso”. La EPA remitió a Grist a una página web con informes pasados sobre emisiones de gases de efecto invernadero, así como a una versión del informe que se suponía iba a publicarse este año, obtenida por el Environmental Defense Fund. Sin embargo, la agencia confirmó que los datos más recientes no se han publicado oficialmente. La Casa Blanca declinó hacer comentarios, y la NOAA no respondió.

El año pasado, se filtró un vídeo de formación de Project 2025 —la hoja de ruta política organizada por The Heritage Foundation, un think tank conservador— en el que un exfuncionario de Trump declaraba que los cargos políticos tendrían que “erradicar toda referencia al cambio climático en absolutamente todos lados”. La estrategia parece estar diseñada para reforzar la industria de los combustibles fósiles en un momento en que la energía limpia se ha vuelto competitiva y la realidad del cambio climático es más difícil de ignorar, con inundaciones, incendios y olas de calor cada vez más palpables. “Vamos a perforar, nena, a perforar” («We will drill, baby, drill«), dijo Trump en su discurso de investidura en enero.

La administración no ha sido precisamente sutil sobre sus objetivos finales. Lee Zeldin, el director de la EPA, no niega la realidad del cambio climático (se autodenomina “realista climático”), pero ha desmantelado con fervor programas medioambientales y ha recomendado que la Casa Blanca anule el “hallazgo de peligro” («endangerment finding«), el pilar de la política climática estadounidense. Esta se deriva de una decisión del Tribunal Supremo de 2007 sobre la Ley de Aire Limpio que obligaba a la EPA a regular los gases de efecto invernadero como contaminantes, ya que ponen en peligro la salud pública. Si la administración logra convencer a los tribunales de que el cambio climático no es un problema de salud, podría eliminar esa obligación regulatoria.




“Si eliminas información sobre el cambio climático, su realidad y su impacto sobre las personas, entonces creo que es mucho más fácil argumentar que no es un problema de salud ambiental”, insiste Gehrke.

Existe una palabra para la idea de que la ignorancia puede servir a fines políticos: agnotología (del griego “agnosis”, o “no saber”), el estudio de cómo el conocimiento se oscurece deliberadamente. Lo que Trump está haciendo con la información sobre el cambio climático encaja plenamente en esa tradición, según Aronowsky: “Si la eliminas, entonces, en cierto sentido, deja de existir, y por tanto, ya no hay nada que debatir, ¿no?”

El negacionismo climático comenzó a despegar en los años 90, cuando las compañías petroleras y de gas, junto con think tanks afines a la industria, empezaron a sembrar dudas sobre la ciencia climática. Con el paso de las décadas, a medida que la evidencia se volvió irrefutable, quienes se oponían a reducir el uso de combustibles fósiles pasaron de negar directamente los hechos a atacar soluciones como la energía eólica y solar. Lo que está haciendo ahora la administración Trump marca una ruptura radical con esa tendencia de largo plazo, comenta John Cook, investigador sobre desinformación climática en la Universidad de Melbourne, en Australia. “Esto no es un simple giro, es un giro de 180 grados, una inmersión en algo que nunca habíamos visto”, afirma. Por otro lado, Cook considera que la administración está tomando una táctica clásica del negacionismo climático —pintar a los científicos como “alarmistas” o conspiradores que no son de fiar— y convirtiéndola en política de gobierno.

Medio año después del inicio del segundo mandato de Trump, el trato que se da a la información climática aún no ha alcanzado los niveles de “erradicación” que aspiraba Project 2025, al menos en los sitios web del gobierno. El sitio web de cambio climático de la EPA, por ejemplo, sigue activo, aunque todas las referencias al fenómeno fueron eliminadas de la página principal de la agencia. Hasta ahora, la mayoría de las eliminaciones de sitios web han servido para aislar el cambio climático como un tema separado, borrando su relación con cuestiones como la salud y la infraestructura, apunta Gehrke. Hasta que desaparecieron las Evaluaciones Nacionales del Clima, ella habría dicho que “eliminación climática” no era una caracterización adecuada de lo que está ocurriendo. “Pero ahora, ya no estoy tan segura”, dijo.

Rachel Cleetus, directora de políticas del Union of Concerned Scientists, cree que las acciones de la administración van más allá de la eliminación. “Están tratando, literalmente, de cambiar la base sobre la que se sustenta gran parte de la formulación de políticas: la base científica, la base legal y la base económica”, dijo. Su mayor preocupación no es solo qué hechos han sido eliminados, sino qué propaganda política podría reemplazarlos. “Eso es aún más peligroso, porque realmente deja a la gente en una especie de zona crepuscular, donde lo que es real, lo que importa y lo que va a afectar sus vidas diarias está siendo oscurecido.”


Fuente: Grist

lunes, 3 de marzo de 2025

La arrogancia yanqui, la derrota europea y la tragedia ucraniana

 

      Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.


Uno contiene la respiración mientras los dementes hombres blancos del Ku Klux Klan global desatan su último baile, cortando y saqueando recursos que son vitales para miles de millones de personas. Se preparan para un genocidio a gran escala, y mientras tanto se preparan para luchar entre ellos, mientras los incendios y las inundaciones devoran la tierra y lo que queda de la civilización se desmorona.


Sevilla, La Cartuja.


La arrogancia de los ganadores imaginarios


     En Vuelta de Siglo Bolívar Echeverría explicó hace unos años que la transición al siglo XXI consiste esencialmente en la instauración de la cosmovisión barroca en lugar de la arquitectura gótica de la sociedad industrial.

Jean Baudrillard ya lo sabía cuando, en 1977, escribió el libro más importante de esa década, Intercambio simbólico y muerte. Mario Perniola lo dijo muy claramente en La sociedad de los simulacros: en el mundo futuro el simulacro ocupará el lugar de la realidad.


El mundo que estaba por venir ya ha llegado



Un programa informático generó el vídeo que pone la situación en su justo lugar en el desolado desierto de Gaza.


En la Documenta de Kassel de 2017, me atreví a proponer una performance llamada Auschwitz en la playa, pero los medios alemanes me acusaron de antisemitismo y un ministro me acusó de provocador de mal gusto.


Auschwitz en la playa.

El arrogante Donald Trump copió mi idea y produjo un video que muestra cómo Auschwitz en la playa fue trasladado a Gaza.


Donde ayer había campos de concentración, niñas muriendo de hambre, sed y frío, tanques aplastando cuerpos ensangrentados, columnas de familias reducidas al agotamiento y perseguidas por drones asesinos, finalmente se han levantado rascacielos, caen dólares de una estatua dorada de Trump, niños resucitados de fosas comunes corren felices a recoger el maná que bíblicamente cae del cielo y finalmente el buen Netanyahu está tomando el sol en la playa en una tumbona al lado del buen Papá Noel Donald Trump.

Mientras tanto, el acrobático Musk despide a miles de personas de departamentos gubernamentales, ordena a los funcionarios del FBI que revelen lo que han hecho en la última semana y lanza proyectos faraónicos para la colonización del espacio exterior.

Ya era hora, los estaba esperando desde que un pequeño periódico llamado A/traverso declaró con valentía: Las informaciones falsas producen hechos verdaderos. Era el año 1976.


Atención chicos. No hay necesidad de sorprenderse. No es momento de defender los derechos humanos, la constitución, los buenos sentimientos, la democracia y todas esas cosas viejas y pasadas de moda. La generación que vino al mundo con un joystick en una mano y un teléfono móvil en los ojos no escuchará: se deslizará como otros tantos ratones en la picadora algorítmica que los transformará en esclavos deprimidos pero felices hasta que despierten, y entonces será demasiado tarde.

El cinismo es parte del juego barroco. La realidad gótica se borra por la fuerza de la enunciación algorítmica, montones de cadáveres se amontonan por todas partes, gigantescas excavadoras los entierran junto con el siglo XX, y finalmente podremos volar en alas de la fantasía asistida por computación, inteligencia artificial e inmersión virtual en el Mediaverso introyectado con un dispositivo Neuralink.

Aguanten la respiración, muchachos, y esperen un poco.

No es un hecho que los genios de la informática hayan entendido todo acerca de cómo funciona la realidad de los cuerpos que gimen, sufren y a veces mueren.

No sé cómo termina (nadie lo sabe), pero haré mi profecía, y como siempre me arriesgo a acertar.


El aventurerismo mediático-demiúrgico ya está produciendo un desmoronamiento de la realidad geopolítica global, y pronto producirá efectos de desmoronamiento de la propia sociedad estadounidense.


Todos esos millones de trabajadores estadounidenses a los que Musk amenaza alegremente tienen un rifle en su sótano. Decenas de miles de funcionarios del FBI humillados y tratados como niños de escuela por una banda de alegres violadores manejan bases de datos y pueden perturbar el orden de la vida estadounidense. El Estado profundo es real, no es una invención de Steve Bannon y, tarde o temprano, está destinado a tomar represalias en defensa de sus sórdidos intereses que Elon cree que puede ignorar.

(Y tal vez las milicias de Steve Bannon se aliarán con los enemigos de Musk).

“Aquí nadie tiene coraje”, dijo a CNN un empleado de la Agencia de Protección Ambiental. “Musk quiere acabar con la EPA porque no le importa el medio ambiente. Los funcionarios de la EPA están tratando de ser complacientes con la esperanza de evitar recortes más profundos. Pero cuando intentas apaciguar a un acosador con obediencia, sólo le das permiso para acosarte aún más".

Los trumpistas ganaron las elecciones contra un Partido Demócrata de idiotas e hipócritas corruptos, pero la arrogancia de los ganadores está despertando una némesis subterránea que pronto estallará, con la ayuda de los incendios en las metrópolis y las próximas epidemias inminentes para las que Kennedy ha desplegado la alfombra roja.

Contengamos la respiración y veamos cómo se desarrolla esto, dicen millones de trabajadores estadounidenses. Mientras tanto, no estamos colaborando.

Por supuesto, desertan. ¿Qué más pueden hacer?


Sevilla, La Cartuja.


La derrota europea, la tragedia ucraniana


“Un pueblo aplastado y burlado por la cobardía de los gobiernos americano y europeo después de dos años de heroísmo y sangre, alimentará el resentimiento por generaciones y confiará el sacrosanto deseo de redención a los nacionalismos más viles, hasta a los nuevos fascismos, solo para esperar revocar los veredictos. Otra democracia que se derrumba, alimentando las fuerzas antidemocráticas que se están extendiendo en Europa”. (Flores d'Arcais: El invasor recompensado y la derrota de la democracia Micromega 21 de febrero de 2025).

Flores tiene razón en denunciar la traición, pero también debería hacer un mea culpa, porque él, como otros intelectuales europeos, creyó y, lo que es peor, hizo creer que Biden era una persona confiable, que los estadounidenses estaban realmente empeñados en una defensa desinteresada de la democracia ucraniana (que nunca existió). En enero de 2022, la señora Clinton dijo sin rodeos: tenemos la intención de proporcionar un nuevo Afganistán para Rusia. Y Biden había dicho: o Alemania decide renunciar al Nord Stream 2, o somos capaces de ocuparnos de ello.

Se encargaron de ello, y Alemania se rindió y ahora se hunde mientras el partido nazi supera el 20% de los votos con el apoyo entusiasta de un rico racista sudafricano.


No puedo creer que Flores fuera tan ingenuo como para creer que Estados Unidos estaba en una misión del dios de la democracia. Tampoco puedo creer que Flores sea tan ingenuo como para creer que era posible obligar a Rusia a aceptar a la OTAN en su frontera sin una respuesta atómica del régimen fascista que gobierna en Moscú.

La guerra de Ucrania fue desde el principio una guerra estadounidense contra la Unión Europea, una guerra destinada a destruir al pueblo ucraniano y robarle sus recursos. Estados Unidos y Rusia son aliados estratégicos en este proyecto, aunque en 2022 eran enemigos tácticos.

Biden preparó el escenario provocando a Rusia para que invadiera el país. Ahora, después de cientos de miles de muertes, Trump se reúne con Putin y se reparten el botín de Ucrania, una víctima sacrificial de la ferocidad occidental no menos que de la ferocidad rusa. Después de empujar a Ucrania a una guerra suicida, los estadounidenses la entregan a los invasores y, a cambio de esta traición, quieren apoderarse de sus recursos minerales con la ayuda de los rusos. “Venid al Donbass, es nuestro”, le dice Putin a Trump. “Juntos exprimiremos a Ucrania hasta agotarla, después de haberla destruido y humillado”.

En un libro de 2016 titulado Tierra Negra: El Holocausto como Historia y como Advertencia, Timothy Snyder recuerda que en la Segunda Guerra Mundial Hitler quiso apoderarse (y se apoderó) de las tierras negras de Ucrania, y advierte que el nazismo no murió con Hitler y que el genocidio puede regresar.

Ahora ha vuelto: Trump quiere las tierras ucranianas como compensación por el dinero que Biden despilfarró. Putin ya ha tomado Crimea y Donbass. Los dos Führers de la raza blanca triunfan juntos. El pueblo ucraniano cayó en la trampa más cruel: creyó que los estadounidenses eran gente de confianza, como si no supieran el destino de las mujeres afganas.


Donald Trump y Volodimyr Zelenski.

El pueblo ucraniano sale de esta guerra destruido: seis millones (en su mayoría mujeres ucranianas) están en el extranjero y no sé si regresarán a casa. Los recursos del país han sido devastados en gran medida por Putin, y ahora Trump promete quitarles lo que queda. Un país traumatizado, sobrearmado y traicionado.

Zelenski se resiste al diktat de sus antiguos aliados: «No existe ninguna deuda de 500 mil millones con EEUU, quiero que quede claro en esto» Esta cifra es el resultado de no sé qué conjeturas. Pero supongamos que Estados Unidos quisiera tan sólo 100 mil millones de dólares, aún así no firmaría. Nadie vino nunca a decirnos: aquí están las armas, aquí está la letra de cambio. “No puedo aceptar que lo que nos fue otorgado como subvención ahora se transforme en deuda porque simplemente no es así”.

¿Y Europa?

Europa debe aceptar su derrota. Derrota militar, derrota política, pero sobre todo derrota moral.

La tarea de la Unión Europea, si existiera, si alguna vez existiera, habría sido imponer una mediación pacífica, rechazando el chantaje de Biden. En cambio, aquí está ahora, de rodillas frente a Putin y, sobre todo, frente a su amigo de la Casa Blanca.

Aquí estamos en el nuevo episodio de la tragedia.

La Unión Europea se pregunta cómo salvar su honor y su democracia liberal. La democracia liberal está jodida. Una tras otra, las capitales europeas se van convirtiendo al nacionalliberalismo de Musk y Bannon.

En cuanto al honor, no puedo evitar reírme.

En lugar de salvar el honor de Europa, los dirigentes franceses, ingleses y alemanes deben salvar su propio pellejo, y la Unión Europea es un muerto viviente.

¿Recuerdan el 1 de marzo de 2022, cuando el ingenuo Zelenski dijo en el Parlamento Europeo: “Ucrania está dispuesta a morir por Europa, ahora veremos si Europa está dispuesta a morir por Ucrania”?

Ahora veremos si morimos por Zelenski, pero esta vez no se trata de una metáfora poética. Esta vez sí moriríamos.

Pensémoslo: Trump envió a Vance a Munich para decir que Estados Unidos ya no nos ama y que Putin es su nuevo aliado.

Pete Hegseth, violador y Secretario de Defensa, ha declarado que Europa ya no debe confiar en el escudo estadounidense y debe defenderse.

Para defenderse, Europa debe multiplicar su gasto militar, pero eso no puede hacerse en uno o dos meses. La señora von den Leyen anuncia que a partir de ahora nos armaremos hasta los dientes. Pero ¿por qué debería Putin esperar hasta que Europa se haya armado, ahora que Estados Unidos ya no está allí para defender a Europa?

Tengo la impresión de que los rusos se están preparando para aplastar el rearme europeo antes de que se convierta en un peligro para ellos. Si viviera en Vilnius o Riga estaría muy preocupado. Y aunque viviera en Varsovia.

Flores asegura que “esta tragedia para la democracia será también una catástrofe para Europa. “El regalo de Trump a Putin se hace a costa de Europa, al precio de su desintegración”, y en este punto sólo podemos estar de acuerdo con él.

Sabemos desde hace mucho tiempo que la Unión Europea está muy lejos de lo que sus fundadores querían que fuera, muy lejos de las ilusiones de los 68istas que se convirtieron al europeísmo en el último momento. Sabemos desde hace mucho tiempo que la Unión Europea es sólo un capítulo de la contrarrevolución liberal.

Pero ahora la Unión se hunde en la confusión mental.


Fuente: Il disertori