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miércoles, 29 de abril de 2026

Prepárense para el impacto

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.


Posición de seguridad-apoyo en asientos orientados hacia adelante.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión "catástrofe humanitaria" se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se "normalizase", habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento las 9 refinerías que había, 8 en la península y una en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como "precios del petróleo", a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este "petróleo de papel" no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.

Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como "precio del petróleo" es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos "precios del petróleo" se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.
 

  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.

  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita...

  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa...

 

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular. 

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto.



Fuente: The Oil Crahs

lunes, 20 de abril de 2026

El Estrecho de Ormuz, cuello de botella del Golfo Pérsico

 

 Por David Señorán López   

      Técnico de Fondos en Tragsatec. Analista Internacional, Politólogo e Internacionalista.


     El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico que separa Irán de la Península Arábiga y constituye la única salida del Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán y, posteriormente, el Océano Índico.


Basta con observar un mapa para comprender la importancia del Estrecho de Ormuz, que se erige como un cuello de botella en el golfo Pérsico, rodeado de países ricos en hidrocarburos y con Irán en posición de ejercer capacidad de bloqueo.

En su punto más angosto mide aproximadamente 55 kilómetros, lo que, sumado a su escasa profundidad y al intenso tráfico de buques, hace que solo existan dos canales navegables, convirtiéndolo en un claro cuello de botella.


Escasa profundidad del Estrecho de Ormuz.

El Estrecho de Ormuz ha sido históricamente un punto clave en la navegación y el comercio marítimos, una importancia que se ha visto acrecentada en la actualidad por su papel central en el transporte de hidrocarburos y otros recursos estratégicos.

Rodeado de los países con mayor producción de gas y petróleo del mundo, se estima que solo en 2025 alrededor del 25% del comercio de crudo por vía marítima se hizo a través de Ormuz, así como el 19% del gas licuado de petróleo (GLP). Si bien la inmensa mayoría de estos hidrocarburos se dirige a Asia, cualquier disrupción afecta gravemente al precio a nivel mundial, derivando en escasez y otros problemas asociados.


La importancia del Estrecho de Ormuz para las exportaciones a países del Lejano Oriente.

Esta importancia le otorga a países como Irán una oportunidad única para hacer valer sus intereses, al poder bloquear el paso mediante minas, ataques o distintas amenazas y alterar de forma drástica el flujo de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, Teherán cuenta con varias islas estratégicas en las proximidades del estrecho, como Larak y Qeshm, lo que le permite proyectar con mayor intensidad sus capacidades militares y controlar los movimientos en la zona.


En el contexto de la guerra, Irán está construyendo una nueva arquitectura de seguridad y control marítimo sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán y el control del Estrecho de Ormuz

Estas capacidades no son meramente teóricas, sino que han quedado plenamente demostradas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país persa. En respuesta, Teherán está haciendo uso de todas sus opciones, entre ellas el control del estrecho, afectando gravemente al precio global de la energía y a su disponibilidad en distintos países.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Asimismo, al imponer elevados peajes, pasa a influir de forma decisiva en las exportaciones de Estados como Irak, Kuwait, Catar o Baréin, que dependen de esta vía para transportar sus hidrocarburos al resto del mundo.

Sin embargo, conocedores de este riesgo, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han creado rutas alternativas de exportación. La saudí, en dirección oeste a través del desierto hasta el mar Rojo, transporta petróleo y gas, mientras que la emiratí, en dirección este hacia el golfo de Omán, únicamente transporta petróleo.


Arabia Saudita restablece su oleoducto clave a 7 millones de barriles por día mientras se intensifica la construcción de un oleoducto de circunvalación en el Mar Rojo.

Si bien estas rutas alternativas les confieren mayor autonomía, no ofrecen una solución completa, ya que ya estaban siendo utilizadas parcialmente. Por ello, ante un bloqueo del Estrecho de Ormuz como el actual, el margen para incrementar su capacidad es limitado, especialmente en el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Además de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz también es una importante ruta para el trasporte marítimo de fertilizantes, diversos minerales, helio –del que Catar es uno de los mayores productores– y distintos recursos básicos tales como alimentos, manufacturas y productos de construcción.


El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en el Golfo Pérsico encarecen los fertilizantes clave para la agricultura en India y Bangladés.

En definitiva, esta vía marítima constituye un cuello de botella de enorme importancia estratégica para el golfo Pérsico, Oriente Medio y el conjunto de la economía global, pero su funcionamiento normal no está garantizado.

Mediante el bloqueo, Irán ha evidenciado una capacidad inmensa de influencia y disuasión, poniendo una vez más de relieve la relevancia y fragilidad de las cadenas de suministro globales frente a conflictos internacionales en un contexto de un mundo altamente interpendiente y conectado.


Fuente: Descifrando la Guerra

viernes, 20 de marzo de 2026

Israel impone su estrategia contra Irán pese al riesgo de guerra regional y deja en evidencia la errática gestión de Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Los intereses de Israel para destruir Irán, aunque la guerra rebase Oriente Medio, se imponen a la estrategia de EEUU y exponen la nefasta gestión de la crisis por Trump


Manifestantes iraquíes queman una fotografía tachada del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.


     El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido por activa y por pasiva que las acciones de su país en la crisis de Oriente Medio están supeditadas a los intereses de Israel. Ha afirmado que el devastador bombardeo israelí del campo de gas iraní de Pars Sur fue realizado a iniciativa del Gobierno de Benjamín Netanyahu, sin consulta alguna al respecto. En realidad, según filtraciones del aparato del presidente, Trump no solo conocía con anticipación la decisión israelí de atacar ese campo gasífero, sino que aceptó su bombardeo por Israel y el comienzo, así, de una nueva fase en la crisis de Oriente Medio con las infraestructuras energéticas de la región como objetivo prioritario de los misiles y drones de los contendientes.

Una fase que tiene para Israel su segundo escenario en el Líbano, donde ya ha comenzado la invasión terrestre de este país para acabar con el grupo proiraní Hizbulá. Una ofensiva a semejanza de la efectuada en Gaza, como reconoció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz. En este teatro de operaciones, Israel tiene las manos libres para repetir las matanzas y destrucción que ya acometió en la Franja palestina, sabedor de que todos los países de la región que podrían elevar su voz contra la vejación del Líbano tienen su mirada lejos, centrada en las razias lanzadas por Irán contra sus intereses energéticos como respuesta a los ataques de la aviación judía.

La posición de la Casa Blanca en esta guerra contra Irán es evidente: Washington está a disposición de la agenda militar, geopolítica y supremacista de Israel y del lobby judío estadounidense, como han reconocido miembros de la Administración Trump. Incluso aunque provoque el caos en medio mundo y ello perturbe los cálculos de los oligarcas aliados de Trump. Con estas premisas, la contienda no parará hasta que el principal objetivo de Netanyahu se cumpla, esto es, la aniquilación de Irán, caiga quien caiga, incluido el orden económico global.

En esta trama, las acciones implacables de Israel pretenden atraer a la guerra a un antiguo enemigo, Arabia Saudí, que amenaza con intervenir en la ofensiva contra Irán si este ataca sus instalaciones petrolíferas o gasíferas en respuesta a las acciones israelíes. La jugada de Netanyahu es rotunda y finiquita el acercamiento que Irán y Arabia Saudí firmaron en 2023 con intermediación de China y que tanto nerviosismo causó en Israel.

Tras el ataque israelí a Pars Sur, el mayor campo de gas natural del mundo, en represalia Irán bombardeó la refinería gasífera de Ras Laffan, la más importante de Catar, y algunas instalaciones saudíes. Trump amenazó con respaldar con sus propios ataques la destrucción comenzada por Israel en Pars Sur reflejando así esa comunión de acciones bélicas, eso sí, con Israel al timón. Un Israel empeñado en desmantelar Irán, asesinar al mayor número de sus dirigentes, incluidos aquellos con más experiencia de negociación con Occidente, y remodelar Oriente Medio según la conveniencia también del sionismo arraigado en EEUU y ahora exportado por toda la región en la estela de sus misiles.

Las falacias de Trump al servicio de Netanyahu      

En su red social Truth, el presidente Trump quiso quedar bien ante sus aliados cataríes e insistió en que EEUU "no sabía nada sobre este ataque" contra la mayor central gasífera de Irán perpetrado el miércoles. Sin embargo, horas después, el prestigioso medio digital estadounidense Axios señalaba, citando fuentes de los dos países, que el propio Trump había hablado con Netanyahu sobre los planes israelíes para atacar el campo de gas iraní y escalar así el curso de la guerra. Netanyahu le contó a Trump que así podrían doblegar a Teherán y el mandatario estadounidense se lo creyó.

En declaraciones a la cadena estadounidense CNN, otras dos fuentes israelíes subrayaron incluso que el ataque a las instalaciones de Pars Sur fue coordinado previamente con el Pentágono. Catar, en cambio, no fue avisado de una operación, que previsiblemente, como así ocurrió, desataría una violenta represalia iraní contra objetivos de los países árabes vecinos.


Las instalaciones de producción de gas natural licuado (GNL) de QatarEnergy.

La burda manera en que Trump ha escondido de nuevo la mano tras esa acción israelí refuerza lo que ya miembros de la Casa Blanca vienen reconociendo desde el principio de la contienda, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, quien después se vio obligado a rectificar para no dejar a su jefe en evidencia. Esta es una guerra pagada por EEUU al servicio de Israel y que, pese a la ceguera de Trump, supone un torpedo bajo la línea de flotación de la Casa Blanca.

El peor de los escenarios… también para EEUU      

Según las fuentes de Axios, el ataque israelí pretendía presionar a Irán para que desbloqueara el estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del tráfico mundial de gas y petróleo. Era esta la primera vez que Israel atacaba las instalaciones gasíferas de Irán desde que comenzó la guerra el pasado 28 de febrero. El gas y el crudo constituyen la base de la economía iraní y su destrucción atenta por una parte contra la resistencia bélica de Irán, pero también contra la supervivencia de su población. Y también, claro está, contra los países que reciben los hidrocarburos de Irán y de los países árabes atacados en respuesta. 

El bombardeo israelí ha tenido lugar cuando cada vez se alzan más voces en EEUU para que se detenga esta contienda desencadenada sin base legal internacional alguna. Una guerra, que está dañando ya la economía estadounidense y de medio planeta, y podría crear un foco de inestabilidad en Oriente Medio durante décadas.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) indicó este jueves que si esta guerra se alarga y siguen aumentando los precios del petróleo y el gas, el crecimiento de la economía global se verá reducido en al menos un 0,3%. De esta forma el crecimiento del PIB mundial sería del 2,5%, tres décimas menos que lo pronosticado para 2026. Y estos son los mejores pronósticos.

Además del proceso inflacionario que está provocando el conflicto, de las subidas del precio del crudo, de las caídas de los mercados financieros y del posible repunte del desempleo, en EEUU se teme el efecto que esta guerra vaya a tener en el panorama político a medio plazo y, en este ámbito, Trump podría recibir de plano el impacto del bumerán que soltó el 28 de febrero con su ataque a Irán.

Las elecciones de medio término del 3 noviembre para renovar el Congreso estadounidense tienen mucho peso en este sentido, pues Trump, según las encuestas, lleva las de perder ante el citado deterioro económico interno y la defenestración creciente de la imagen de EEUU en el exterior a las órdenes de los espurios intereses israelíes.


Captura de pantalla de un video del ataque contra el campo de gas de Pars Sur.

Hegseth: "Dinero para matar a los chicos malos" 

Para sostener esta estrategia autodestructiva y la sangría económica que está suponiendo esta crisis, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, confirmó este jueves que el Pentágono pedirá al Congreso otros 200.000 millones de dólares en fondos adicionales. Una suma que, reconoció, podría variar en los próximos días. Esta multimillonaria demanda de dinero noquea a quienes, en las filas de Trump, sigue afirmando que el líder republicano llegó al poder para poner fin a todas las guerras. Claro, si se escucha a Hegseth se entiende esta paradoja: "es dinero para matar a los chicos malos", dijo al anunciar esa partida presupuestaria.

El conflicto de Irán y la subordinación de EEUU ante Israel están horadando los pasillos de la Casa Blanca. Y la felonía de Trump, con la rendición de la política exterior de su país a Israel, ha corroborado las palabras del ya exdirector de la Agencia Nacional de Contrainteligencia de Estados Unidos, Joseph Kent. Este político ultraconservador era uno de los juramentados del presidente estadounidense, pero llegó un momento en que no pudo con tanta iniquidad. Kent presentó su dimisión esta semana precisamente por esa claudicación de Washington ante Tel Aviv y los círculos de presión sionistas en EEUU, con su dominio de buena parte de la oligarquía empresarial en el país estadounidense.

Dos gestiones de la guerra al servicio de Israel      

Desde el punto de vista operativo en la guerra, las acciones de Trump subrayan una realidad: aunque aparentemente EEUU e Israel se muevan al unísono militar (contando con que sea cierto que Tel Aviv está avisando de sus ataques a Washington), sin embargo, sus objetivos son distintos y tal disparidad, a la larga, solo conduce a una mayor desafección dentro y fuera de EEUU.

Mientras teóricamente EEUU se concentra en objetivos militares de Irán que pueden dañar a sus intereses en la región, Israel incluye el asesinato de los principales líderes iraníes y ahora la destrucción de sus infraestructuras energéticas como primer paso de un objetivo final, el aplastamiento de Irán como Estado y, en última instancia, su supervivencia económica. Entre esos blancos se contaron esta semana Ali Larijaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y mandatario de facto de Irán tras el asesinato el primer día de la guerra del líder supremo, Alí Jameneí. También en los últimos días fueron asesinados por Israel el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y el ministro de Inteligencia, Esmail Jatib.

La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, reconoció este jueves esa disparidad de objetivos entre ambos gobiernos, el de Washington y el de Tel Aviv, respecto a la guerra en curso. "El Gobierno israelí se ha centrado en neutralizar a la cúpula iraní y eliminar a varios de sus miembros, empezando obviamente por el ayatolá, el líder supremo (Alí Jameneí), y siguen centrados en ese objetivo", explicó Gabbard ante un comité de la Cámara de Representantes.

Sobre las intenciones de Trump, Gabbard apuntó el desmantelamiento de "la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos, su capacidad de producción de misiles, su Armada, la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica y su capacidad para colocar minas".

Esta aparente diferencia de criterios refuerza en realidad la idea de esa subordinación de la estrategia de EEUU a los planes de Israel en esta guerra. El desmantelamiento de las capacidades ofensivas iraníes que según Gabbard está realizando EEUU es solo un paso para facilitar la decapitación del régimen, la obliteración de su sostenimiento económico y, en definitiva, la conversión de Irán en un erial, en un estado fallido cuya desaparición de la geopolítica regional beneficia en primer lugar a un Israel en expansión gracias a sus vecinos libaneses, palestinos y sirios.

En declaraciones este jueves a Radio Nacional de España, el que fuera secretario general de la OTAN y alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, fue contundente sobre este contubernio israelí-estadounidense: "Estados Unidos se ha sometido a Netanyahu", en una alianza "muy buena para ellos, pero muy mala para el mundo".  Lo más inquietante de todo, agregó el expolítico español, es la falta de coherencia estratégica de Trump, de quien "no se sabe muy bien lo que quiere" ni tampoco "cuál es el objetivo de la guerra" que ha desatado junto a Israel.

Salvo que ese objetivo sea muy simple: hacerle el triple juego a Netanyahu, de cara a las elecciones parlamentarias que en octubre celebra su país, para ayudar a la campaña de perdón del líder israelí, envuelto en varios casos de corrupción y, lo más importante, para impulsar el expansionismo judío en Oriente Medio cuyo objetivo final es la creación de ese Gran Israel que el siionismo reclama desde la constitución del Estado judío en 1948.


Fuente: Público

domingo, 1 de marzo de 2026

Irán responde a Estados Unidos e Israel y golpea el golfo Pérsico

 

 Por Pablo del Amo           
       Investigador de política exterior en el Real Instituto Elcano.

     Lofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero ha desencadenado una escalada regional de gran magnitud.


La guerra contra Irán adquiere una dimensión regional tras los ataques iraníes contra Israel y bases de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

Lo que comenzó como una campaña aérea masiva contra objetivos estratégicos iraníes se ha transformado en un intercambio de ataques que ya afecta directamente a Israel, a varias monarquías del golfo Pérsico y a infraestructuras energéticas clave para la economía global.


Estados Unidos e Israel atacan Irán en una nueva escalada de hostilidades que podría extender el conflicto a toda la región de Oriente Medio.

Una ofensiva de gran escala

Washington y Tel Aviv iniciaron la operación con bombardeos coordinados contra instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní, infraestructuras militares, centros de mando y capacidades misilísticas. Sin embargo, uno de los objetivos centrales del ataque inicial fue más allá de la degradación militar: un intento de descabezamiento rápido del liderazgo iraní.

En las primeras horas de la ofensiva fue bombardeada la residencia del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en un ataque que acabó con su vida, suponiendo el mayor golpe contra la cúpula política iraní desde la Revolución Islámica de 1979.


Uno de los ataques acobó co la muerte de Aíi Jamenei.

La televisión estatal iraní publicó además la lista de altos cargos muertos en los ataques:

  • Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

  • Mohammad Pakpour, jefe de la Guardia Revolucionaria.

  • Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa.

  • Ali Shamkhani, secretario del Consejo de Defensa

La eliminación simultánea de figuras clave del aparato militar y político apunta a una estrategia diseñada para paralizar la cadena de mando iraní desde el primer momento y provocar un colapso interno acelerado.

En términos operativos, la campaña supone uno de los mayores despliegues aéreos en Oriente Medio en décadas. Según responsables israelíes, hasta ahora se han lanzado alrededor de 1.200 bombas, mientras que Estados Unidos habría empleado más de 1.050.

El dispositivo logístico también refleja la magnitud de la operación: si en la anterior Guerra de los Doce Días participaron cuatro aeronaves de reabastecimiento en vuelo, ahora operan alrededor de 50, permitiendo una presencia aérea prácticamente continua. Israel ha señalado que está preparado para sostener la ofensiva durante un mes o más si fuese necesario.

El objetivo declarado no se limita a frenar el programa nuclear iraní, sino a debilitar su estructura militar, su red regional de aliados y su núcleo de poder hasta forzar una capitulación estratégica o un cambio de régimen.


Irán ataca Israel y el golfo Pérsico

En territorio israelí, misiles iraníes han alcanzado varias localidades. En Tel Aviv, un proyectil impactó en el centro de la ciudad, dejando al menos una persona fallecida y decenas de heridos, y causando daños materiales significativos en zonas urbanas densamente pobladas.

Simultáneamente, Beit Shemesh, en el centro de Israel, también fue alcanzada por misiles iraníes en uno de los ataques más recientes, dejando al menos diez muertos, según informes preliminares. Estos impactos representan la respuesta más directa de Irán contra el corazón civil israelí desde el inicio de la ofensiva.

Además de Israel, Irán ha dirigido misiles y drones contra países árabes que albergan bases o instalaciones de Estados Unidos o que han permitido el uso de su espacio aéreo para operaciones contra Irán: Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudí y Omán.

Las monarquías del Golfo han registrado múltiples ataques, desde impactos cercanos a bases aéreas e instalaciones petroleras hasta interceptaciones en sus espacios aéreos, lo que ha provocado alertas de defensa y daños materiales en varios puntos.

La escalada también se ha reflejado en la aviación civil: varios de los principales aeropuertos del golfo Pérsico, incluidos los de Dubái, Abu Dabi, Doha, Kuwait y Baréin, cerraron temporalmente debido al riesgo de misiles y a las tensiones en la región, dejando a miles de pasajeros varados y desatando una crisis logística en el transporte aéreo internacional.

Respecto a las instalaciones estadounidenses atacadas, además de los impactos en bases alojadas en países del golfo Pérsico, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) aseguró haber disparado cuatro misiles balísticos antibuque contra el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo, los cuales habrían sido derribados en su totalidad según Washington.

Además, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha confirmado que tres militares estadounidenses han muerto y cinco han resultado gravemente heridos en el marco de la Operación Furia Épica. El comunicado no detalla ni la localización ni las circunstancias exactas de las bajas, alegando que la situación sigue en desarrollo y que se facilitará más información una vez se haya notificado a los familiares.

En paralelo, el Ministerio de Defensa británico ha denunciado lanzamientos de dos misiles en dirección a Chipre, donde Reino Unido mantiene bases militares soberanas, lo que evidencia el riesgo de que la confrontación salpique directamente a actores europeos. En Emiratos Árabes Unidos, además, se ha producido un ataque contra Camp de la Paix, base naval francesa en Abu Dabi.


Ormuz: la palanca económica de Teherán

Más allá del frente militar, Irán ha activado su principal herramienta de presión estratégica: el estrecho de Ormuz.


El estrecho de Ormuz es un punto crítico para el comercio internacional de petróleo y gas natural licuado que Irán podría cerrar.
 

La Guardia Revolucionaria anunció un cierre efectivo del paso a la navegación internacional como respuesta a los ataques, una medida que, aunque no siempre se traduzca en un bloqueo formal, tiene efectos inmediatos sobre el tráfico marítimo.

El primer petrolero atacado en la zona, frente a la costa de Omán y con bandera de Palaos, dejó varios heridos y obligó a evacuar a su tripulación. Desde entonces, el tránsito de buques se ha reducido drásticamente, con embarcaciones esperando fuera del golfo Pérsico o modificando sus rutas ante el riesgo de nuevos ataques.


Primer petrolero atacado en el Estrecho de Ormuz según Omán.

En este contexto, las principales navieras del mundo han comenzado a tomar decisiones extraordinarias. La danesa Maersk y la suizo-italiana Mediterranean Shipping Company (MSC), dos de las mayores compañías de transporte marítimo a nivel global, anunciaron la suspensión de todos sus tránsitos a través del estrecho de Ormuz ante el deterioro de la seguridad.

Este estrecho es una arteria fundamental para el suministro energético global. Cualquier interrupción prolongada puede provocar subidas abruptas en el precio del petróleo, tensiones en los mercados y presión adicional sobre economías dependientes de las importaciones energéticas, principalmente China, India, Japón y Corea del Sur.


Fuente: Descifrando la Guerra