Periodista
de Internacional. Se ocupa de Irán, Afganistán y el Golfo Pérsico.
Teherán
dispone de un importante arsenal de esas armas, cuyos sitios de
lanzamiento quieren inutilizar Israel y Estados Unidos
Irán
posee uno de los mayores arsenales de misiles de Oriente Próximo,
con más de 3.000 de tipo balístico, según un cálculo divulgado en
2022 por el Mando Central del ejército de Estados Unidos. En la
última década, el país ha mejorado además una de las principales
carencias de estos proyectiles iraníes: su precisión. Occidente y,
sobre todo, la némesis regional de Teherán, Israel, el país
que este
domingo siguió atacando objetivos militares y
del régimen religioso iraní, junto con Estados Unidos. Este
armamento de la República Islámica es convencional. Teherán no
tiene aún armas nucleares ni tampoco dispone —ni está tan cerca
de ello como ha afirmado el presidente de Estados
Unidos, Donald Trump—
de un misil intercontinental capaz de alcanzar territorio
estadounidense.
Imagen satélite donde se aprecian túneles colapsados en la base de misiles Tabriz North, en Irán, este domingo.
Con
sus cielos indefensos ante su carencia de aviones de combate modernos
—solo dispone de obsoletos Mig-29 y Gunman Tomcut F-14, los
icónicos cazabombarderos de la película Top
Gun (1986)—
y con sus defensas aéreas diezmadas por los 12 días de bombardeos
de junio, ese arsenal es la clave de la
respuesta convencional de Teherán a
los ataques israelíes y estadounidenses. Consciente de ello, en los
bombardeos del verano, Israel destruyó muchos de los equipos que
permiten disparar esos misiles: lanzaderas móviles, normalmente
instaladas en camiones, y también rampas de lanzamiento fijas.
Lanzaderas móviles, normalmente instaladas en camiones, y rampas de lanzamiento fijas.
Precisamente
para evitar ese tipo de ataques, Irán ha construido en los últimos
años las llamadas rocket-cities o “ciudades de misiles”, bases subterráneas “excavadas en las
montañas de Irán” a gran profundidad, incluso a 500 metros bajo
el subsuelo, recalca el analista militar y experto en ese tipo de
armamento Guillermo Pulido.
Imagen satelital de lanzaderas fijas ocultas en las montañas.
Esas instalaciones, repartidas por todo
el país, pueden albergar misiles de largo alcance como el Shahab-3,
o los modelos Sejil y Khorramshahr, con alcances de hasta 2.000 km.
La Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria iraní, que controla el
arsenal de esos proyectiles en Irán, ha divulgado en el pasado
videos grabados en los túneles de esas bases como parte de su
estrategia de disuasión.
De
esos alrededor de 3.000 misiles, indica el analista militar y experto
en este tipo de armas Guillermo Pulido, “unos 2.000 pueden alcanzar
otros países de Oriente Próximo”. Además, Teherán dispone de
“una gran cantidad de drones kamikaze y de misiles de crucero”.
Misiles iraníes han impactado desde este sábado contra Israel,
Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Jordania, Arabia
Saudí, países aliados de Washington que albergan bases militares
estadounidenses. Según publicó este domingo en su cuenta en X la
agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, Irán había
atacado ya 27 bases de Estados Unidos. También añadió a la lista
de Estados atacados a Omán, el
país que ejerció de mediador en la fallida negociación de
un acuerdo nuclear con Washington.
Incluso
si Teherán utilizó ya varios centenares de misiles para responder a
los bombardeos israelíes y estadounidenses de junio —desde
entonces se cree que ha fabricado más—, Irán dispone aún “a
priori de una gran cantidad de municiones” con las que podría
seguir atacando esos países, las bases estadounidenses y a buques
militares o petroleros en el estrecho de Ormuz, una arteria vital por
la que pasa una cuarta parte del petróleo mundial y
donde este domingo se ha registrado también el primer ataque directo
sobre un barco petrolero que navegaba por el estrecho de Ormuz. Uno
de sus tripulantes murió, según la naviera del buque. El sábado,
la Guardia Revolucionaria iraní anunció que consideraba “peligroso”
el tráfico por esa vía, pero sin decretar oficialmente su cierre.
Sin
embargo, recalca Pulido, autor de la obra Guerra
multidominio y mosaico (Catarata),
la eficacia de la respuesta iraní dependerá de si estos primeros
dos días de ataques israelíes y estadounidenses están logrando
destruir o dañar gravemente “las bases desde donde salen los
misiles”.
Si
Israel y Estados Unidos logran dañar “las entradas y salidas de
esas ciudades subterráneas”, fácilmente identificables, o “las
aberturas” por las que se lanzan los proyectiles, esas “ciudades
misiles” se convertirían en “tumbas”, explica Pulido. Los
misiles no podrían despegar entonces ni salir los camiones “en los
que están instaladas las lanzaderas móviles”. El ejército
israelí anunció el sábado que uno de los objetivos atacados en la
zona de Tabriz era una base de “unidad de misiles balísticos de
Irán”, desde la que “se planeaba lanzar docenas de misiles hacia
Israel”. Imágenes por satélite mostraron después algunos de los
túneles de la instalación que había colapsado.
Los
ataques de Israel y Estados Unidos a Irán, y la posterior réplica
iraní, que este domingo, tras la confirmación del asesinato del
líder supremo iraní, Ali Jameneí, se han redoblado, son, de hecho,
para Guillermo Pulido un “ejemplo perfecto” de
un nuevo tipo de conflicto bélico: la “guerra de salvas” que
tiene como elemento clave el intercambio de misiles.
Ese
concepto acuñado por este analista militar describe un conflicto que
“no se decide por conquistar territorios enemigos, sino por anular
las grandes cantidades de proyectiles del adversario que pueden
destruir tu Estado. Son guerras ”que se libran por “ejércitos
basados en cohetes, en lugar de en tanques, fragatas y aviones, en un
cambio de paradigma bastante radical”.
De
momento, esta “guerra de salvas” prosigue, lo que demuestra que
Teherán conserva al menos parte de su capacidad de lanzar misiles.
Con algunos blancos exitosos a ojos de Irán, cuyo objetivo es
aumentar el coste de sus bombardeos para Estados Unidos e Israel,
especialmente en vidas.
El
domingo, Washington anunció la muerte de tres de sus soldados en un
ataque, en el que también quedaron heridos graves cinco militares.
Un misil iraní que cayó en un refugio de la localidad de Beit
Shemesh, en el centro de Israel, mató
al menos a nueve personas y
dejó heridas a más de una veintena.
Información
de inteligencia
Dentro
de esas ciudades de misiles objetivo prioritario de Israel y Estados
Unidos, la más grande es la de Khorramabad en la provincia de
Lorestan, en el oeste de Irán. Se utiliza como lugar de
almacenamiento y lanzamiento de misiles tierra-tierra y de crucero,
incluido el Shahab-3. Esa base ya fue atacada por Israel en los
bombardeos de junio. En la provincia de Azerbaiyán Oriental, se
encuentran las instalaciones de Tabriz, el segundo complejo de silos
de misiles más grande de Irán, probablemente la misma base que
aseguró haber bombardeado este sábado el ejército israelí. Los
proyectiles que se custodian en ella tienen un alcance más amplio.
Algunos son, teóricamente, capaces de alcanzar los países más
orientales de Europa.
La
región de Teherán también acoge numerosos sitios de lanzamiento de
misiles y de centros de mando. Otras de esas instalaciones se sitúan
en Kermanshah, a 525 kilómetros de la capital. Allí se encuentra la
base del cañon Kenesht y la de Bakhtaran, ambas cerca de la frontera
oeste del país y estratégicamente situadas para alcanzar objetivos
en Israel y el Golfo.
La
provincia central de Isfahán alberga, por su parte, el sitio de
ensamblaje y producción de misiles más grande del país, según la
ONG NTI (siglas en inglés de Iniciativa contra la Amenaza Nuclear),
que no precisa su ubicación exacta. Construido con ayuda de Corea
del Norte y China a finales de la década de los ochenta, en sus
instalaciones se producen componentes, propulsores sólidos y
líquidos, y se ensamblan modelos como el misil de medio alcance
Shabab, con capacidad para alcanzar territorio israelí, a menos de
2.000 kilómetros de distancia. Isfahán alberga además dos sitios
de despliegue de misiles, según
un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de
Londres
“Atacar
esas bases no es muy complicado”, recalca Guillermo Pulido, pero,
mientras los ataques israelíes y estadounidenses no logren “destruir
los vectores de lanzamiento”, Irán retendrá la capacidad “de
hacer daño”. La clave
en esta guerra,
apunta el también analista militar Jesús Pérez Triana, radicará
especialmente “en la información de inteligencia” para poder
situar y destruir esas “ciudades de misiles”.
Fuente:
El
País