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lunes, 20 de abril de 2026

El Estrecho de Ormuz, cuello de botella del Golfo Pérsico

 

 Por David Señorán López   

      Técnico de Fondos en Tragsatec. Analista Internacional, Politólogo e Internacionalista.


     El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico que separa Irán de la Península Arábiga y constituye la única salida del Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán y, posteriormente, el Océano Índico.


Basta con observar un mapa para comprender la importancia del Estrecho de Ormuz, que se erige como un cuello de botella en el golfo Pérsico, rodeado de países ricos en hidrocarburos y con Irán en posición de ejercer capacidad de bloqueo.

En su punto más angosto mide aproximadamente 55 kilómetros, lo que, sumado a su escasa profundidad y al intenso tráfico de buques, hace que solo existan dos canales navegables, convirtiéndolo en un claro cuello de botella.


Escasa profundidad del Estrecho de Ormuz.

El Estrecho de Ormuz ha sido históricamente un punto clave en la navegación y el comercio marítimos, una importancia que se ha visto acrecentada en la actualidad por su papel central en el transporte de hidrocarburos y otros recursos estratégicos.

Rodeado de los países con mayor producción de gas y petróleo del mundo, se estima que solo en 2025 alrededor del 25% del comercio de crudo por vía marítima se hizo a través de Ormuz, así como el 19% del gas licuado de petróleo (GLP). Si bien la inmensa mayoría de estos hidrocarburos se dirige a Asia, cualquier disrupción afecta gravemente al precio a nivel mundial, derivando en escasez y otros problemas asociados.


La importancia del Estrecho de Ormuz para las exportaciones a países del Lejano Oriente.

Esta importancia le otorga a países como Irán una oportunidad única para hacer valer sus intereses, al poder bloquear el paso mediante minas, ataques o distintas amenazas y alterar de forma drástica el flujo de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, Teherán cuenta con varias islas estratégicas en las proximidades del estrecho, como Larak y Qeshm, lo que le permite proyectar con mayor intensidad sus capacidades militares y controlar los movimientos en la zona.


En el contexto de la guerra, Irán está construyendo una nueva arquitectura de seguridad y control marítimo sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán y el control del Estrecho de Ormuz

Estas capacidades no son meramente teóricas, sino que han quedado plenamente demostradas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país persa. En respuesta, Teherán está haciendo uso de todas sus opciones, entre ellas el control del estrecho, afectando gravemente al precio global de la energía y a su disponibilidad en distintos países.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Asimismo, al imponer elevados peajes, pasa a influir de forma decisiva en las exportaciones de Estados como Irak, Kuwait, Catar o Baréin, que dependen de esta vía para transportar sus hidrocarburos al resto del mundo.

Sin embargo, conocedores de este riesgo, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han creado rutas alternativas de exportación. La saudí, en dirección oeste a través del desierto hasta el mar Rojo, transporta petróleo y gas, mientras que la emiratí, en dirección este hacia el golfo de Omán, únicamente transporta petróleo.


Arabia Saudita restablece su oleoducto clave a 7 millones de barriles por día mientras se intensifica la construcción de un oleoducto de circunvalación en el Mar Rojo.

Si bien estas rutas alternativas les confieren mayor autonomía, no ofrecen una solución completa, ya que ya estaban siendo utilizadas parcialmente. Por ello, ante un bloqueo del Estrecho de Ormuz como el actual, el margen para incrementar su capacidad es limitado, especialmente en el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Además de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz también es una importante ruta para el trasporte marítimo de fertilizantes, diversos minerales, helio –del que Catar es uno de los mayores productores– y distintos recursos básicos tales como alimentos, manufacturas y productos de construcción.


El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en el Golfo Pérsico encarecen los fertilizantes clave para la agricultura en India y Bangladés.

En definitiva, esta vía marítima constituye un cuello de botella de enorme importancia estratégica para el golfo Pérsico, Oriente Medio y el conjunto de la economía global, pero su funcionamiento normal no está garantizado.

Mediante el bloqueo, Irán ha evidenciado una capacidad inmensa de influencia y disuasión, poniendo una vez más de relieve la relevancia y fragilidad de las cadenas de suministro globales frente a conflictos internacionales en un contexto de un mundo altamente interpendiente y conectado.


Fuente: Descifrando la Guerra

lunes, 2 de marzo de 2026

La clave de la réplica militar iraní: las ciudades de misiles ocultas en montañas

 

      Periodista de Internacional. Se ocupa de Irán, Afganistán y el Golfo Pérsico.


Teherán dispone de un importante arsenal de esas armas, cuyos sitios de lanzamiento quieren inutilizar Israel y Estados Unidos


     Irán posee uno de los mayores arsenales de misiles de Oriente Próximo, con más de 3.000 de tipo balístico, según un cálculo divulgado en 2022 por el Mando Central del ejército de Estados Unidos. En la última década, el país ha mejorado además una de las principales carencias de estos proyectiles iraníes: su precisión. Occidente y, sobre todo, la némesis regional de Teherán, Israel, el país que este domingo siguió atacando objetivos militares y del régimen religioso iraní, junto con Estados Unidos. Este armamento de la República Islámica es convencional. Teherán no tiene aún armas nucleares ni tampoco dispone —ni está tan cerca de ello como ha afirmado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump— de un misil intercontinental capaz de alcanzar territorio estadounidense.


Imagen satélite donde se aprecian túneles colapsados en la base de misiles Tabriz North, en Irán, este domingo.

Con sus cielos indefensos ante su carencia de aviones de combate modernos —solo dispone de obsoletos Mig-29 y Gunman Tomcut F-14, los icónicos cazabombarderos de la película Top Gun (1986)— y con sus defensas aéreas diezmadas por los 12 días de bombardeos de junio, ese arsenal es la clave de la respuesta convencional de Teherán a los ataques israelíes y estadounidenses. Consciente de ello, en los bombardeos del verano, Israel destruyó muchos de los equipos que permiten disparar esos misiles: lanzaderas móviles, normalmente instaladas en camiones, y también rampas de lanzamiento fijas.


Lanzaderas móviles, normalmente instaladas en camiones, y rampas de lanzamiento fijas.

Precisamente para evitar ese tipo de ataques, Irán ha construido en los últimos años las llamadas rocket-cities o “ciudades de misiles”, bases subterráneas “excavadas en las montañas de Irán” a gran profundidad, incluso a 500 metros bajo el subsuelo, recalca el analista militar y experto en ese tipo de armamento Guillermo Pulido.


Imagen satelital de lanzaderas fijas ocultas en las montañas.

Esas instalaciones, repartidas por todo el país, pueden albergar misiles de largo alcance como el Shahab-3, o los modelos Sejil y Khorramshahr, con alcances de hasta 2.000 km. La Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria iraní, que controla el arsenal de esos proyectiles en Irán, ha divulgado en el pasado videos grabados en los túneles de esas bases como parte de su estrategia de disuasión.

De esos alrededor de 3.000 misiles, indica el analista militar y experto en este tipo de armas Guillermo Pulido, “unos 2.000 pueden alcanzar otros países de Oriente Próximo”. Además, Teherán dispone de “una gran cantidad de drones kamikaze y de misiles de crucero”. Misiles iraníes han impactado desde este sábado contra Israel, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Jordania, Arabia Saudí, países aliados de Washington que albergan bases militares estadounidenses. Según publicó este domingo en su cuenta en X la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, Irán había atacado ya 27 bases de Estados Unidos. También añadió a la lista de Estados atacados a Omán, el país que ejerció de mediador en la fallida negociación de un acuerdo nuclear con Washington.

Incluso si Teherán utilizó ya varios centenares de misiles para responder a los bombardeos israelíes y estadounidenses de junio —desde entonces se cree que ha fabricado más—, Irán dispone aún “a priori de una gran cantidad de municiones” con las que podría seguir atacando esos países, las bases estadounidenses y a buques militares o petroleros en el estrecho de Ormuz, una arteria vital por la que pasa una cuarta parte del petróleo mundial y donde este domingo se ha registrado también el primer ataque directo sobre un barco petrolero que navegaba por el estrecho de Ormuz. Uno de sus tripulantes murió, según la naviera del buque. El sábado, la Guardia Revolucionaria iraní anunció que consideraba “peligroso” el tráfico por esa vía, pero sin decretar oficialmente su cierre.

Sin embargo, recalca Pulido, autor de la obra Guerra multidominio y mosaico (Catarata), la eficacia de la respuesta iraní dependerá de si estos primeros dos días de ataques israelíes y estadounidenses están logrando destruir o dañar gravemente “las bases desde donde salen los misiles”.

Si Israel y Estados Unidos logran dañar “las entradas y salidas de esas ciudades subterráneas”, fácilmente identificables, o “las aberturas” por las que se lanzan los proyectiles, esas “ciudades misiles” se convertirían en “tumbas”, explica Pulido. Los misiles no podrían despegar entonces ni salir los camiones “en los que están instaladas las lanzaderas móviles”. El ejército israelí anunció el sábado que uno de los objetivos atacados en la zona de Tabriz era una base de “unidad de misiles balísticos de Irán”, desde la que “se planeaba lanzar docenas de misiles hacia Israel”. Imágenes por satélite mostraron después algunos de los túneles de la instalación que había colapsado.

Los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán, y la posterior réplica iraní, que este domingo, tras la confirmación del asesinato del líder supremo iraní, Ali Jameneí, se han redoblado, son, de hecho, para Guillermo Pulido un “ejemplo perfecto” de un nuevo tipo de conflicto bélico: la “guerra de salvas” que tiene como elemento clave el intercambio de misiles.

Ese concepto acuñado por este analista militar describe un conflicto que “no se decide por conquistar territorios enemigos, sino por anular las grandes cantidades de proyectiles del adversario que pueden destruir tu Estado. Son guerras ”que se libran por “ejércitos basados en cohetes, en lugar de en tanques, fragatas y aviones, en un cambio de paradigma bastante radical”.

De momento, esta “guerra de salvas” prosigue, lo que demuestra que Teherán conserva al menos parte de su capacidad de lanzar misiles. Con algunos blancos exitosos a ojos de Irán, cuyo objetivo es aumentar el coste de sus bombardeos para Estados Unidos e Israel, especialmente en vidas.

El domingo, Washington anunció la muerte de tres de sus soldados en un ataque, en el que también quedaron heridos graves cinco militares. Un misil iraní que cayó en un refugio de la localidad de Beit Shemesh, en el centro de Israel, mató al menos a nueve personas y dejó heridas a más de una veintena.

Información de inteligencia

Dentro de esas ciudades de misiles objetivo prioritario de Israel y Estados Unidos, la más grande es la de Khorramabad en la provincia de Lorestan, en el oeste de Irán. Se utiliza como lugar de almacenamiento y lanzamiento de misiles tierra-tierra y de crucero, incluido el Shahab-3. Esa base ya fue atacada por Israel en los bombardeos de junio. En la provincia de Azerbaiyán Oriental, se encuentran las instalaciones de Tabriz, el segundo complejo de silos de misiles más grande de Irán, probablemente la misma base que aseguró haber bombardeado este sábado el ejército israelí. Los proyectiles que se custodian en ella tienen un alcance más amplio. Algunos son, teóricamente, capaces de alcanzar los países más orientales de Europa.

La región de Teherán también acoge numerosos sitios de lanzamiento de misiles y de centros de mando. Otras de esas instalaciones se sitúan en Kermanshah, a 525 kilómetros de la capital. Allí se encuentra la base del cañon Kenesht y la de Bakhtaran, ambas cerca de la frontera oeste del país y estratégicamente situadas para alcanzar objetivos en Israel y el Golfo.

La provincia central de Isfahán alberga, por su parte, el sitio de ensamblaje y producción de misiles más grande del país, según la ONG NTI (siglas en inglés de Iniciativa contra la Amenaza Nuclear), que no precisa su ubicación exacta. Construido con ayuda de Corea del Norte y China a finales de la década de los ochenta, en sus instalaciones se producen componentes, propulsores sólidos y líquidos, y se ensamblan modelos como el misil de medio alcance Shabab, con capacidad para alcanzar territorio israelí, a menos de 2.000 kilómetros de distancia. Isfahán alberga además dos sitios de despliegue de misiles, según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres

Atacar esas bases no es muy complicado”, recalca Guillermo Pulido, pero, mientras los ataques israelíes y estadounidenses no logren “destruir los vectores de lanzamiento”, Irán retendrá la capacidad “de hacer daño”. La clave en esta guerra, apunta el también analista militar Jesús Pérez Triana, radicará especialmente “en la información de inteligencia” para poder situar y destruir esas “ciudades de misiles”.


Fuente: El País

domingo, 1 de marzo de 2026

Irán responde a Estados Unidos e Israel y golpea el golfo Pérsico

 

 Por Pablo del Amo           
       Investigador de política exterior en el Real Instituto Elcano.

     Lofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero ha desencadenado una escalada regional de gran magnitud.


La guerra contra Irán adquiere una dimensión regional tras los ataques iraníes contra Israel y bases de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

Lo que comenzó como una campaña aérea masiva contra objetivos estratégicos iraníes se ha transformado en un intercambio de ataques que ya afecta directamente a Israel, a varias monarquías del golfo Pérsico y a infraestructuras energéticas clave para la economía global.


Estados Unidos e Israel atacan Irán en una nueva escalada de hostilidades que podría extender el conflicto a toda la región de Oriente Medio.

Una ofensiva de gran escala

Washington y Tel Aviv iniciaron la operación con bombardeos coordinados contra instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní, infraestructuras militares, centros de mando y capacidades misilísticas. Sin embargo, uno de los objetivos centrales del ataque inicial fue más allá de la degradación militar: un intento de descabezamiento rápido del liderazgo iraní.

En las primeras horas de la ofensiva fue bombardeada la residencia del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en un ataque que acabó con su vida, suponiendo el mayor golpe contra la cúpula política iraní desde la Revolución Islámica de 1979.


Uno de los ataques acobó co la muerte de Aíi Jamenei.

La televisión estatal iraní publicó además la lista de altos cargos muertos en los ataques:

  • Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

  • Mohammad Pakpour, jefe de la Guardia Revolucionaria.

  • Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa.

  • Ali Shamkhani, secretario del Consejo de Defensa

La eliminación simultánea de figuras clave del aparato militar y político apunta a una estrategia diseñada para paralizar la cadena de mando iraní desde el primer momento y provocar un colapso interno acelerado.

En términos operativos, la campaña supone uno de los mayores despliegues aéreos en Oriente Medio en décadas. Según responsables israelíes, hasta ahora se han lanzado alrededor de 1.200 bombas, mientras que Estados Unidos habría empleado más de 1.050.

El dispositivo logístico también refleja la magnitud de la operación: si en la anterior Guerra de los Doce Días participaron cuatro aeronaves de reabastecimiento en vuelo, ahora operan alrededor de 50, permitiendo una presencia aérea prácticamente continua. Israel ha señalado que está preparado para sostener la ofensiva durante un mes o más si fuese necesario.

El objetivo declarado no se limita a frenar el programa nuclear iraní, sino a debilitar su estructura militar, su red regional de aliados y su núcleo de poder hasta forzar una capitulación estratégica o un cambio de régimen.


Irán ataca Israel y el golfo Pérsico

En territorio israelí, misiles iraníes han alcanzado varias localidades. En Tel Aviv, un proyectil impactó en el centro de la ciudad, dejando al menos una persona fallecida y decenas de heridos, y causando daños materiales significativos en zonas urbanas densamente pobladas.

Simultáneamente, Beit Shemesh, en el centro de Israel, también fue alcanzada por misiles iraníes en uno de los ataques más recientes, dejando al menos diez muertos, según informes preliminares. Estos impactos representan la respuesta más directa de Irán contra el corazón civil israelí desde el inicio de la ofensiva.

Además de Israel, Irán ha dirigido misiles y drones contra países árabes que albergan bases o instalaciones de Estados Unidos o que han permitido el uso de su espacio aéreo para operaciones contra Irán: Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudí y Omán.

Las monarquías del Golfo han registrado múltiples ataques, desde impactos cercanos a bases aéreas e instalaciones petroleras hasta interceptaciones en sus espacios aéreos, lo que ha provocado alertas de defensa y daños materiales en varios puntos.

La escalada también se ha reflejado en la aviación civil: varios de los principales aeropuertos del golfo Pérsico, incluidos los de Dubái, Abu Dabi, Doha, Kuwait y Baréin, cerraron temporalmente debido al riesgo de misiles y a las tensiones en la región, dejando a miles de pasajeros varados y desatando una crisis logística en el transporte aéreo internacional.

Respecto a las instalaciones estadounidenses atacadas, además de los impactos en bases alojadas en países del golfo Pérsico, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) aseguró haber disparado cuatro misiles balísticos antibuque contra el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo, los cuales habrían sido derribados en su totalidad según Washington.

Además, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha confirmado que tres militares estadounidenses han muerto y cinco han resultado gravemente heridos en el marco de la Operación Furia Épica. El comunicado no detalla ni la localización ni las circunstancias exactas de las bajas, alegando que la situación sigue en desarrollo y que se facilitará más información una vez se haya notificado a los familiares.

En paralelo, el Ministerio de Defensa británico ha denunciado lanzamientos de dos misiles en dirección a Chipre, donde Reino Unido mantiene bases militares soberanas, lo que evidencia el riesgo de que la confrontación salpique directamente a actores europeos. En Emiratos Árabes Unidos, además, se ha producido un ataque contra Camp de la Paix, base naval francesa en Abu Dabi.


Ormuz: la palanca económica de Teherán

Más allá del frente militar, Irán ha activado su principal herramienta de presión estratégica: el estrecho de Ormuz.


El estrecho de Ormuz es un punto crítico para el comercio internacional de petróleo y gas natural licuado que Irán podría cerrar.
 

La Guardia Revolucionaria anunció un cierre efectivo del paso a la navegación internacional como respuesta a los ataques, una medida que, aunque no siempre se traduzca en un bloqueo formal, tiene efectos inmediatos sobre el tráfico marítimo.

El primer petrolero atacado en la zona, frente a la costa de Omán y con bandera de Palaos, dejó varios heridos y obligó a evacuar a su tripulación. Desde entonces, el tránsito de buques se ha reducido drásticamente, con embarcaciones esperando fuera del golfo Pérsico o modificando sus rutas ante el riesgo de nuevos ataques.


Primer petrolero atacado en el Estrecho de Ormuz según Omán.

En este contexto, las principales navieras del mundo han comenzado a tomar decisiones extraordinarias. La danesa Maersk y la suizo-italiana Mediterranean Shipping Company (MSC), dos de las mayores compañías de transporte marítimo a nivel global, anunciaron la suspensión de todos sus tránsitos a través del estrecho de Ormuz ante el deterioro de la seguridad.

Este estrecho es una arteria fundamental para el suministro energético global. Cualquier interrupción prolongada puede provocar subidas abruptas en el precio del petróleo, tensiones en los mercados y presión adicional sobre economías dependientes de las importaciones energéticas, principalmente China, India, Japón y Corea del Sur.


Fuente: Descifrando la Guerra