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jueves, 21 de mayo de 2026

Rusia y China consolidan su alianza estratégica frente a la "ley de la selva" desatada por Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Putin y Xi hacen de la cooperación energética el pilar de la alianza sino-rusa, bajo la bandera de una "igualdad" que rechaza el caos geopolítico y económico de Trump


Una mujer cerca de una pantalla gigante que muestra imágenes del encuentro entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo ruso Vladimir Putin.


     El pacto energético bilateral que han remachado el presidente chino, Xi Jinping, y el ruso, Vladímir Putin, en Pekín ayudará aún más a China a reducir el coste del corte del suministro de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico por la crisis de Irán, y a Rusia a mantener su economía de guerra ante Ucrania, donde los más de cuatro años de contienda están haciendo ya mella en Moscú, sin visos de solución a medio plazo. 

Cuando aún no se había apagado el eco de la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a Pekín la semana pasada, chinos y rusos consolidaron este miércoles su alianza estratégica sobre la "piedra angular" de la energía, pero con decenas de acuerdos más y una apuesta decidida contra el "unilateralismo", el "hegemonismo" y "la ley de la selva" que, según dijo Xi y tal y como se incluyó en la declaración conjunta de la cumbre, se está expandiendo por el planeta. La alusión al caos comercial, militar y de seguridad global era una referencia directa a Trump y su múltiple estrategia de injerencia y agresión militar.

La decisión de Pekín de recibir en menos de una semana a los líderes de las dos superpotencias fue una jugada maestra que ha vendido mejor la apuesta china por el multilateralismo. Una apuesta en la que el gigante asiático se apunta una victoria diplomática frente a la estrategia avasalladora desplegada por Trump desde que llegó al poder el 20 de enero de 2025.


El presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo chino Xi Jinping toman el té tras su reunión en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, China, el 20 de mayo de 2026.

La visita de Putin coincidió con el 25 aniversario de la firma del tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia, que ampliaron este miércoles, y con el trigésimo aniversario del establecimiento de la asociación estratégica entre los dos países. El viaje estaba calculado al milímetro y el momento también, especialmente por ese hecho de que siguiera en muy pocos días al de Trump y que el contenido de la visita del líder ruso sobrepasara al fausto en torno al presidente estadounidense.

Un nivel excelso de las relaciones sino-rusas 

China y Rusia, dijo Xi, se hallan "en el nivel más alto de su historia". Putin vino a decir lo mismo: "Los lazos entre los dos países han alcanzado un nivel sin precedentes". Y todo ello, en parte gracias al escenario que ha dejado sembrado Trump con su caótica y depredadora nueva doctrina de seguridad nacional que pone al resto del mundo a merced de los intereses estadounidenses. 

También añadió Xi que Rusia y China guardan "una estrecha comunicación estratégica a todos los niveles" y "se apoyan firmemente" en cuestiones que afectan a sus "intereses fundamentales". Esta asertividad apuntaba una simbiosis de las estrategias china y rusa que debería preocupar mucho a sus contrincantes. Por ejemplo, en su cumbre con Putin, el presidente chino propuso alinear el XV plan quinquenal chino que regirá la economía de su país hasta 2030 con la agenda económica rusa, sobre todo para impulsar la cooperación energética y tecnológica, con la conectividad y la inteligencia artificial en mente.


El presidente ruso Vladímir Putin y el presidente chino Xi Jinping asisten a una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Pekín.

Xi le está diciendo al mundo que quiere la paz con todos, pero que los auténticos aliados son unos pocos, entre ellos Rusia. Y la confluencia de las actuales circunstancias internacionales, emponzoñadas por la avidez de Trump, da más valor a la estrategia pacífica china. Sobre todo si en la balanza se confrontan la guerra comercial con la que amenaza siempre la Casa Blanca y, por ejemplo, la cooperación energética con Moscú. 

En rueda de prensa, Xi insistió en que China quiere erigirse como una "fuerza de estabilidad global". Si se lo permiten las circunstancias, porque en la cumbre con Trump, el presidente chino ya advirtió al estadounidense sobre la tentación omnipresente de EEUU de traspasar la línea roja del apoyo a Taiwán y defender su independencia. La ominosa disputa en torno a esa isla cuya soberanía reclama China fue la mayor espina que marcó la visita del líder republicano a Pekín. Poco después de terminar el viaje, la prensa más conservadora de EEUU empezó a acusar a China de preparar un ataque contra Taiwán en los próximos años.

Una veintena de acuerdos, con el petróleo ruso como "piedra angular"

Xi y Putin firmaron una declaración principal y una secundaria, además de veinte acuerdos y memorandos de entendimiento. En estos documentos, los presidentes chino y ruso reforzaron la cooperación energética de sus dos países, que ambos reconocieron como "la piedra angular" de la relación bilateral, y defendieron un mundo multipolar. 

Si en estos momentos, el intercambio bilateral ha superado durante tres años consecutivos los 200.000 millones de dólares, es de esperar que a fin de 2026 esa cifra se dispare, pues ya en los cuatro primeros meses de este año creció un 20%.

China obtenía de los países del Golfo Pérsico, especialmente de Irán, el 45% del petróleo que alimentaba su industria, el transporte y las infraestructuras civiles. El cierre del estrecho de Ormuz y el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes levantó un aparente muro para los intereses chinos. Estos, sin embargo, supieron aprovechar la corriente de compras que desde hace cuatro años habían establecido con el petróleo y el gas rusos, a raíz de las sanciones occidentales tras la invasión de Ucrania y el fin de la venta de crudo de Rusia a Europa. Como este miércoles indicó Putin, Rusia es un proveedor "fiable y estable" para China, suceda lo que suceda en Oriente Medio.

Quedó en el aire, en esta visita, el cierre de un acuerdo definitivo sobre el plan de trasiego de gas ruso a China denominado Fuerza de Siberia-2, que contempla el despacho de 50.000 millones de metros cúbicos de ese hidrocarburo a través de Mongolia. Pekín es muy cauteloso al respecto y prefiere no correr mucho. Una cosa es una alianza energética de iguales con Rusia y otra pasar a depender totalmente del gas de este país. Hay otros lugares de suministro de gas natural, como Turkmenistán, y China prefiere diversificar. Pekín ha aprendido bien la lección de Irán y el Golfo Pérsico, y no quiere riesgo alguno en las fuentes de abastecimiento de hidrocarburos.

Condena expresa a EEUU e Israel por la guerra de Irán

Precisamente, en este encuentro entre Putin y Xi hubo críticas a la guerra desatada por el Pentágono e Israel contra Irán, que ha puesto patas arriba el tablero económico y geopolítico mundial, con Trump presionado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el lobby judío en EEUU en un caos del que el líder republicano se ve ahora incapaz de salir.

"Rusia y China subrayan la necesidad de un pronto retorno al diálogo y a las negociaciones de todas las partes implicadas en el conflicto para evitar una ampliación de la zona de conflicto", apuntó la declaración conjunta de Xi y Putin. Ambos compartieron "la opinión de que los ataques militares de EEUU e Israel contra Irán violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales, y minan gravemente la estabilidad en Oriente Medio".

Si durante la visita de Trump a Pekín la semana pasada Xi evitó cargar las tintas sobre la agresión a Irán, con Putin al lado sí acentuó la ilegalidad de la agresión al país persa, cuyo cese "es imperativo", así como "el asesinato de dirigentes de países soberanos, la desestabilización de la situación política interna, la instigación de un cambio de poder y el descarado secuestro de líderes nacionales para su enjuiciamiento", en referencia al secuestro de Nicolás Maduro.

Este ha sido uno de los ataques verbales más duros lanzados contra la estrategia filibustera de Trump en Oriente Medio, junto a su pretoriano Netanyahu, en realidad el mayor instigador de este crimen internacional, continuado con más saña por Israel en el Líbano con la experiencia del genocidio cometido en Gaza desde octubre de 2023.

Sobre esta franja palestina, Xi y Putin abogaron por la consecución de una "tregua sólida", con lo cual estaban diciendo que la actual "paz" preconizada falsamente por Trump solo es una farsa en la que continúan los asesinatos de gazatíes y el asedio con el hambre de ese territorio palestino. En este sentido, los dos líderes reclamaron "el acceso ininterrumpido de la ayuda humanitaria a todos los necesitados".

Sin insistir en la guerra de Ucrania

No hubo, sin embargo, en el encuentro entre Xi y Putin muchas alusiones a la otra gran crisis que sacude a la comunidad internacional. Ambos apoyaron una solución política para la guerra en Ucrania, pero sin mayores pretensiones y con la sospecha de que Pekín también ve en esta crisis demasiados intereses, no solo los del expansionismo ruso.


Un edificio destruido tras un ataque ruso en Donetsk (Ucrania).

Y al contrario que con el ataque a Irán, Pekín adolece de una definición precisa sobre el conflicto de Ucrania y no ha planteado una condena sin paliativos a la invasión rusa, lo que añade dudas a su voluntad real para ayudar a poner fin a esa guerra.

Una guerra que se encuentra estancada y que no parece que vaya a variar en los próximos meses, salvo que una ofensiva rusa desatascase en el verano el actual empantanamiento del frente. Hace tiempo que Rusia debería haber tomado las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, en la parte de la región de Donetsk que aún controlan los ucranianos (un 20%), para completar la conquista de todo el Donbás, ese territorio ucraniano que Moscú considera ruso.

Putin exige la entrega de todo el Donbás y parte de otras regiones invadidas para empezar a negociar con seriedad. Sin embargo, los éxitos militares rusos no acompañan en estos momentos a estas reclamaciones. Aunque la desventaja en tropas de Ucrania es evidente, Kiev ha sabido convertir la guerra en un tablero donde los drones son los protagonistas. El dinero europeo ha permitido a los ucranianos hacerse con miles de ellos dotados de una eficacia que iguala o supera incluso a los rusos, alcanzando diariamente refinerías, bases militares e infraestructuras muy en el interior de Rusia. Incluso Moscú está en el radio de acción de estos aparatos y de la inteligencia militar que los emplaza, procedente del propio Pentágono o de la tecnológica Palantir, aliada de Trump.

La cautela china sobre este conflicto en la visita de Putin debería, no obstante, remover en sus sillas a los dirigentes ucranianos. La renovación de la asociación estratégica y de amistad, y la apuesta por ese entente energético entre Moscú y Pekín sugieren que habrá muchos miles de millones de dólares más para apuntalar la operación militar rusa en Ucrania.

Y lo que parece claro es que termine cuando termine la guerra, con China a su lado Rusia no será el estado proscrito en el que los países europeos de la OTAN pretenden convertirla alegando que Moscú es el mayor peligro para Europa, incluso cuando las mayores y más concretas amenazas contra la Unión Europea han venido de Trump, con la guerra arancelaria, sus intentos de apoderarse de Groenlandia o las humillaciones constantes a las que somete a Bruselas y a muchos de los Veintisiete.


Una bandera de Groenlandia ondea en una calle de Nuuk, la capital de la isla.

La cumbre entre Xi y Putin ha remarcado que existe una voluntad de romper el actual statu quo de subordinación a EEUU, que China será uno de los pivotes del nuevo paradigma de seguridad mundial y que contará con Rusia para imponer con mecanismos económicos capaces de derribar los gobiernos más poderosos esa multipolaridad que no desean ni Washington ni sus lacayos europeos.


Fuente: Público

miércoles, 6 de mayo de 2026

Quién es Iván Cepeda, el sucesor de Gustavo Petro que busca ser presidente de Colombia

 

 Por Eduardo García   
      Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.



     En un contexto marcado por la sucesión del primer gobierno de izquierdas en la historia reciente de Colombia, el Pacto Histórico escogió hace unos meses al sucesor de Gustavo Petro: Iván Cepeda.


Gustavo Petro tomó posesión como presidente de Colombia al frente de un gobierno plural y de mayorías.

Senador y filósofo de formación, Cepeda ha construido su capital político como opositor al uribismo, lo que le permitió posicionarse como favorito en la interna de la izquierda colombiana.


Iván Cepeda es candidato del Pacto Histórico a la presidencia de Colombia y sucesor de Gustavo Petro como líder de la izquierda en el país.

En octubre de 2025, se impuso a Carolina Corcho, ministra de Salud durante un año bajo el gobierno de Petro, con más del 65% de los votos en la consulta presidencial del Pacto Histórico. Desde entonces, el senador ha sido virtualmente el líder de la izquierda colombiana en un período marcado por la imposibilidad del propio Petro de busca su reelección presidencial. 


Quién es Iván Cepeda

Durante varios años, Cepeda ha destacado entre las filas de la izquierda colombiana como parte del movimiento por la memoria histórica en el país, muy en particular tras haber creado la Fundación Manuel Cepeda Vargas, en honor a su padre, asesinado en 1994.

Cepeda ha reivindicado los procesos de memoria de los militantes de Unión Patriótica asesinados por el Estado colombiano desde 1984 y considerados víctimas de un genocidio político por organismos como el Centro Nacional de Memoria Histórica.


Las huellas del genocidio para las víctimas de la Unión Patriótica.

Asimismo, ha definido su perfil político en torno a la defensa de los derechos humanos y, más específicamente, alrededor de su participación en los procesos de paz. Entre 2012 y 2016, intervino como facilitador en los diálogos entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), así como en acercamientos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Desde su asiento en el poder legislativo, ha sostenido esa misma línea.


Una caseta con la inscripción “Vamos por la nueva Colombia” da la bienvenida a la ZVTN Carlos Perdomo.

El candidato del Pacto Histórico ha vivido en el exilio en distintas ocasiones. Primero, durante su juventud, como consecuencia de su militancia política en el Partido Comunista y la Unión Patriótica; más tarde, como consecuencia de las amenazas que sobre él recayeron tras el asesinato de su padre. Una vez en el Senado, ha sido una figura destacada dentro de la Comisión de Paz.

Tras la victoria de Petro en 2022, Cepeda se acercó al Pacto Histórico, desde donde ha ido ganando un notable peso hasta convertirse en su candidato para las elecciones presidenciales de 2026. En esta amplia coalición conviven espacios como el Polo Democrático Alternativo, de orientación socialista y latinoamericanista, la Unión Patriótica e incluso el Partido Comunista Colombiano. 

Iván Cepeda defiende una línea continuista en materia de derechos humanos y lucha contra el cambio climático, de forma que su programa de gobierno acostumbra a incluir “enfoques ambientalistas” a sus distintas propuestas.

En su estrategia política, bajo el lema “El Poder de la Verdad”, reivindica la reforma agraria de Gustavo Petro y un cambio en la matriz energética, además de rechazar la “instalación de nuevas bases militares extranjeras [en América Latina]”, apoyar el “multilaterlaismo” y la “no pertenencia a alianzas bélicas como la OTAN”. 

En el mismo documento, el candidato habla de “nuestra agua, nuestra tierra, nuestro cielo, nuestra biodiversidad, nuestros recursos minerales, nuestro hidrocarburo y nuestra selva amazónica” para aclarar que “no son recursos para ser saqueados por intervenciones militares, bombardeos ni portaviones”. 

Junto a Iván Cepeda concurrirá Aida Quilcué, senadora, líder indígena del pueblo nasa, exconsejera de derechos humanos y paz en la UNESCO, que proviene de las filas del Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS).


Aída Quilcué en su primera entrevista como candidata a la Vicepresidencia.
 

Qué dicen las encuestas en Colombia

Todo parece indicar, a la luz de las encuestas, que Iván Cepeda es el candidato con mayor intención de voto. El Pacto Histórico tendría virtualmente asegurada su participación en la segunda vuelta de las presidenciales, habiendo además reforzado su posición en el poder legislativo tras los comicios de marzo de 2026.

El escenario más optimista para el oficialismo es una victoria en primera vuelta, aunque semejante resultado se antoja a priori bastante improbable. Para que Cepeda lograse ser electo presidente de Colombia sin necesidad de un ballotage, tendría que alcanzar la mitad más uno de los votos emitidos. De lo contrario, habría un desempate entre los dos candidatos más votados el 21 de junio. 

En ese más que probable ballotage podría estar alguno de los candidatos de la derecha colombiana, siendo Abelardo De La Espriella, de la extrema derecha de Defensores de la Patria, y Paloma Valencia, del uribista Centro Democrático, los mejor posicionados.


Encuesta presidencial en Colombia.

Pero más allá de la distribución concreta del voto, las encuestas reflejan un sistema político estructurado en dos grandes bloques: por un lado, el oficialismo progresista articulado en torno al Pacto Histórico.

Por otro, una derecha que ha reforzado sus posiciones en torno a discursos de seguridad, orden y estabilidad económica, y que aspira a unificar el sufragio en segunda vuelta alrededor de Valencia o De la Espriella, aunque ese escenario dista mucho de estar garantizado.

No hay un consenso claro entre las encuestadoras. Algunas sugieren que Cepeda se impondría en segunda vuelta ante cualquiera de los candidatos de la oposición colombiana, mientras que otras sugieren que, si se dieran un trasvase absoluto del tercer al segundo espacio más votado, el Pacto Histórico podría perder la presidencia.



Fuente: Descifrando la Guerra

lunes, 20 de abril de 2026

El Estrecho de Ormuz, cuello de botella del Golfo Pérsico

 

 Por David Señorán López   

      Técnico de Fondos en Tragsatec. Analista Internacional, Politólogo e Internacionalista.


     El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico que separa Irán de la Península Arábiga y constituye la única salida del Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán y, posteriormente, el Océano Índico.


Basta con observar un mapa para comprender la importancia del Estrecho de Ormuz, que se erige como un cuello de botella en el golfo Pérsico, rodeado de países ricos en hidrocarburos y con Irán en posición de ejercer capacidad de bloqueo.

En su punto más angosto mide aproximadamente 55 kilómetros, lo que, sumado a su escasa profundidad y al intenso tráfico de buques, hace que solo existan dos canales navegables, convirtiéndolo en un claro cuello de botella.


Escasa profundidad del Estrecho de Ormuz.

El Estrecho de Ormuz ha sido históricamente un punto clave en la navegación y el comercio marítimos, una importancia que se ha visto acrecentada en la actualidad por su papel central en el transporte de hidrocarburos y otros recursos estratégicos.

Rodeado de los países con mayor producción de gas y petróleo del mundo, se estima que solo en 2025 alrededor del 25% del comercio de crudo por vía marítima se hizo a través de Ormuz, así como el 19% del gas licuado de petróleo (GLP). Si bien la inmensa mayoría de estos hidrocarburos se dirige a Asia, cualquier disrupción afecta gravemente al precio a nivel mundial, derivando en escasez y otros problemas asociados.


La importancia del Estrecho de Ormuz para las exportaciones a países del Lejano Oriente.

Esta importancia le otorga a países como Irán una oportunidad única para hacer valer sus intereses, al poder bloquear el paso mediante minas, ataques o distintas amenazas y alterar de forma drástica el flujo de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, Teherán cuenta con varias islas estratégicas en las proximidades del estrecho, como Larak y Qeshm, lo que le permite proyectar con mayor intensidad sus capacidades militares y controlar los movimientos en la zona.


En el contexto de la guerra, Irán está construyendo una nueva arquitectura de seguridad y control marítimo sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán y el control del Estrecho de Ormuz

Estas capacidades no son meramente teóricas, sino que han quedado plenamente demostradas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país persa. En respuesta, Teherán está haciendo uso de todas sus opciones, entre ellas el control del estrecho, afectando gravemente al precio global de la energía y a su disponibilidad en distintos países.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Asimismo, al imponer elevados peajes, pasa a influir de forma decisiva en las exportaciones de Estados como Irak, Kuwait, Catar o Baréin, que dependen de esta vía para transportar sus hidrocarburos al resto del mundo.

Sin embargo, conocedores de este riesgo, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han creado rutas alternativas de exportación. La saudí, en dirección oeste a través del desierto hasta el mar Rojo, transporta petróleo y gas, mientras que la emiratí, en dirección este hacia el golfo de Omán, únicamente transporta petróleo.


Arabia Saudita restablece su oleoducto clave a 7 millones de barriles por día mientras se intensifica la construcción de un oleoducto de circunvalación en el Mar Rojo.

Si bien estas rutas alternativas les confieren mayor autonomía, no ofrecen una solución completa, ya que ya estaban siendo utilizadas parcialmente. Por ello, ante un bloqueo del Estrecho de Ormuz como el actual, el margen para incrementar su capacidad es limitado, especialmente en el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Además de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz también es una importante ruta para el trasporte marítimo de fertilizantes, diversos minerales, helio –del que Catar es uno de los mayores productores– y distintos recursos básicos tales como alimentos, manufacturas y productos de construcción.


El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en el Golfo Pérsico encarecen los fertilizantes clave para la agricultura en India y Bangladés.

En definitiva, esta vía marítima constituye un cuello de botella de enorme importancia estratégica para el golfo Pérsico, Oriente Medio y el conjunto de la economía global, pero su funcionamiento normal no está garantizado.

Mediante el bloqueo, Irán ha evidenciado una capacidad inmensa de influencia y disuasión, poniendo una vez más de relieve la relevancia y fragilidad de las cadenas de suministro globales frente a conflictos internacionales en un contexto de un mundo altamente interpendiente y conectado.


Fuente: Descifrando la Guerra