Mostrando entradas con la etiqueta Nazismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nazismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de octubre de 2025

El premio Quisling y la bancarrota moral del occidente imperial

 

      Historiador y docente colombiano.



Se llamaba Vidkun Abraham Lauritz Jonssøn Quisling [1887-1945] y fue un político noruego que pasó a la historia a raíz de la invasión nazi a su país de origen. Cuando eso sucedió, los ocupantes germanos se dieron a la tarea de crear un gobierno títere e incondicional a sus intereses a la cabeza del cual colocaron a Quisling


De izquierda a derecha: el noruego Vidkun Quisling sentado al lado de Heinrich Himmler, Josef Terboven y Nikolaus von Falkenhorst frente a oficiales de las Waffen-SS, el Ejército y la Fuerza Aérea en 1941.


     En estos días mucho se ha hablado sobre el Premio Nobel de la Paz (sic) que El Comité Noruego le asignó a la delincuente y prófuga de Venezuela María Corina Machado. Con toda razón, desde perspectivas críticas se ha recordado todas las infamias que rodean a la que ahora falsimedia occidental cataloga como “combatiente por la libertad”, “demócrata a carta cabal”, “luchadora incansable”, la “Juana de Arco de nuestro tiempo”, “Sor Teresa de Calcuta sin hábito de monja” y mil estulticias de índole similar.

Entre las múltiples infamias de la trayectoria de Corina Machado se recuerda que es una guarimbera mayor, golpista consumada, empleada a sueldo de los Estados Unidos, defensora incondicional y admiradora de tiempo completo de los principales genocidas de nuestro tiempo, los carniceros de Washington (Donald Trump) y Tel Aviv (Benjamín Netanyahu), entre otros atributos de su carácter y ADN gamberro y gansteril.

A todo ello, debe agregarse un hecho que sobresale y distingue la premiada, y que la convierte en un modelo de “vendepatria de primera línea”, difícil de emular por su abyección, servilismo y carácter cipayo. Por eso, el Comité del Nobel ha inaugurado en esta ocasión una versión mejorada del Premio Nobel de la Muerte (o de La Guerra, El Genocidio. La Agresión, El Golpismo…) al incorporar un elemento de índole nacional de Noruega, el que puede catalogarse como el Síndrome de Quisling.  En consecuencia, ahora nos encontramos con el Premio Quisling, que premia la traición, la felonía, la sumisión ante poderes imperiales, y cuyo símbolo representativo debe ser la de una figura arrodillada y postrada ante los amos del mundo, que chorrean sangre por todos sus poros.

Pero esto también revela un asunto que debe recalcarse, porque las cargas suelen estar al lado de la guarimbera con cara de “pacifista”, y no se enfatiza suficientemente que ese galardón, lleno de sangre y sufrimiento, dice mucho sobre el carácter moral de quienes lo entregan, que representa a Europa en particular y al Occidente imperial en general.

Quisling, el síndrome del traidor

Se llamaba Vidkun Abraham Lauritz Jonssøn Quisling [1887-1945] y fue un político noruego que pasó a la historia a raíz de la invasión nazi a su país de origen. Cuando eso sucedió, los ocupantes germanos se dieron a la tarea de crear un gobierno títere e incondicional a sus intereses a la cabeza del cual colocaron a Quisling como Ministro-Presidente, al servicio de los nazis, entre 1940 y 1945, luego de realizar un golpe de Estado. El golpe, con participación alemana, generó un gobierno fantoche, precedido por Quisling, que fue reconocido por Hitler el mismo día. Aunque tuvo algunas discrepancias al comienzo, el cipayo nórdico, luego de un viaje a Alemania, fue convertido en la pieza clave del gobierno colaboracionista. No se le dificultaba porque en la década de 1930 era un nazi convencido, tanto que le enviaba mensajes de saludo a Adolfo Hitler en el que le agradecía por haber salvado a Europa del “bolchevismo y la dominación judía”.

En ese puesto, Quisling se encargó de cumplir con todas las ordenes de los ocupantes alemanes, entre ellas las de matar a compatriotas suyos afiliados al Partido Comunista y de perseguir judíos a nombre de la pureza racial de Noruega. Para ello, prohibió el ingreso de Judíos a Noruega, reestableciendo una Ley de 1851 y envío a centenares de judíos a campos de concentración.

Tras la derrota alemana, Noruega fue liberada y Quisling fue juzgado y condenado a muerte. Fue ejecutado el 24 de octubre de 1945. Su régimen de “Pequeño Hitler” ha sido catalogado como la mezcla de un “dictador y un payaso”.

Durante toda la Segunda Guerra Mundial la palabra quisling fue usada como expresión abyecta de traidor, un calificativo insultante que uso por primera vez el periódico londinense The Times en abril de 1940, al afirmar que para “los escritores, la palabra Quisling es un regalo de los dioses. Si se les había ordenado inventar una nueva palabra para traidor… difícilmente habrían dado con una combinación más brillante de letras. Auditivamente logra sugerir algo resbaladizo a la vez que tortuoso”.​

De tal manera, los cinco HP (Honorables Parlamentarios, no se nos malinterprete) del Comité Noruego del Nobel no tuvieron que hacer mucho esfuerzo ni buscar con cuidado para encontrar el personaje que representa como ninguno en la historia del siglo XX la encarnación de la traición y del entreguismo, porque en su propia historia lo encuentran, como una aportación lingüística del noruego para el mundo, la de quisling. Y no tuvieron que indagar mucho para encontrar que la persona que mejor encarna la esencia traidora de quisling en nuestro tiempo es la burguesita venezolana que dirige guarimbas y que clama porque su país y nuestra Patria Grande sea invadida por los genocidas de Estados Unidos e Israel.

Quisling, en síntesis, es un término infame, que representa lo peor de la actuación de un político o de una persona en general ante un poder extranjero, arrodillarse, ser vendido e incondicional a los intereses de una potencia extranjera y ocupante. 

Por ello, esos HP de Noruega no se esforzaron demasiado para convertir el Premio Nobel de ahora en adelante en el Premio Quisling, cuya primera entrega se hizo a la guarimbera mayor María Corina Machado en 2025, algo que queda en la historia universal de la infamia e implica un baño de ignominia eterna para la decadente Europa.

Bancarrota moral del Occidente Imperial

Los sionistas llevan adelante el genocidio de los Palestinos y bombardean en forma criminal e inmisericorde a varios países (Yemen, Líbano, Siria, Qatar, Irán…), masacrando a miles de personas y los Estados Unidos asesina a humildes pescadores en aguas del Mar Caribe, que ellos siempre han concebido como su Mare Nostrum y parte esencial de su “Patio Trasero”. Esta realidad no existe para los HP del comité noruego del Premio Nobel de la Paz y por ello no existe ninguna mención ni reconocimiento de esos asesinatos que llevan a cabo dos Estados terroristas (Estados Unidos e Israel) con la participación estrecha de Europa, que proporciona armas, financiación y cobertura mediática y cultural a los genocidas de Israel.

Han decidido entregar el Premio Quisling, como era previsible, a una connotada guarimbera, para darle un barniz “humanitario” y seudo pacifista a la agresión contra Venezuela, que está en marcha, pero que ahora se renueva con miembros del Complejo Militar Industrial Gusano de Miami, empotrados en la Casa Blanca, a la cabeza del cual está un gánster y criminal de guerra nato, Marco Rubio. La infamia es todavía más cínica porque en el trasfondo se encuentran los miles de niños aplastados por las “bombas inteligentes” Made in USA y Alemania, y accionadas por los sionistas de Israel, o a los cientos de periodistas asesinados en Gaza, o a las miles de mujeres que a diario luchan por sobrevivir en medio de la criminal agresión o los médicos, profesores, activistas que tanto en Palestina como en otros lugares del mundo enfrentan y denuncian el genocidio.

Bajo una pretendida aureola pacifista, Europa, empezando por la Pérfida Albión (Inglaterra), lleva mucho tiempo apoyando a los guarimberos de Venezuela y por eso en 2024 se le concedió a María Corina Machado y a Edmundo González, candidato derrotado de los golpistas de ese país, el Premio Sájarov a la “Libertad de Conciencia” por parte del parlamento Europeo. Esto además es una reincidencia de vieja data, porque en 2017 se lo entregaron a la Asamblea Nacional de Venezuela, en ese momento controlada por la oposición guarimbera, en la que se incluían golpistas como Julio Borges, Leopoldo López y Antonio Ledezma.

Si se tiene en cuenta la catadura moral de un personaje como Corina Machado no deja de ser un chiste cruel de muy mala factura repetir el estribillo de los premios que cada cierto tiempo se concede a la “democrática oposición guarimbera de Venezuela”. En 2017 se dijo que “al otorgar este premio, defendemos las constituciones, las instituciones, la separación de los poderes. Esta es la base de la democracia”. Como siempre, el democracimetro occidental en acción dando lecciones al resto del mundo, mientras los europeos apoyan a golpistas y guarimberos. En 2024, se repitió el estribillo, cuando el parlamento Europeo sostuvo que Corina Machado y Urrutia «luchan para restaurar la libertad y la democracia frente a la injusticia». Y en 2025, se subió el listón de la vergüenza, cuando los HP del Comité del Premio Quisling sostuvieron que se lo concedían a Guarimba Machado, con una broma de muy mal gusto, y pretendida seriedad y carácter solemne: “por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”

Difícil decir tantas mentiras en tan pocas líneas por unos parlamentarios de Noruega que no tienen ni idea de dónde está localizada Venezuela y que se limitan a repetir el estribillo de las corporaciones de Falsimedia, desconociendo la injerencia imperialista de Estados Unidos y la Unión Europea, así como el robo sistemático y el saqueo del oro venezolano y de su petrolero desde Washington, Bruselas y Londres. Además, que gran autoridad moral de la Unión Europea y su supuesto apoyo a elecciones libres cuando reconocieron a un pelele como presidente de Venezuela, a Juan Guaidó, designado desde Estados Unidos, y quien nunca fue candidato en una elección presidencial. Esas son las lecciones europeas sobre “elecciones libres” que nuevamente nos brindan los patéticos y decadentes poderes de quinta categoría de la Europa contemporánea.

Los coparticipes del genocidio del pueblo palestino nuevamente nos vienen a dar lecciones de democracia, derechos humanos, libertades, justicia… cuando son los mismos que tienen untadas las manos de la sangre de los niños palestinos, de los periodistas de Gaza, de medio millón de asesinados por el régimen sionista. Esos mismos son los que ahora nos quieren dar lecciones a los latinoamericanos, y darle carta de credibilidad a golpistas, conspiradores, vendepatrias, guarimberos con lo que se untan todavía más las manos de sangre. Esta es la verdadera democracia de la Unión Europea, y su amo Estados Unidos, cuyo objetivo es democratizar la muerte, el dolor y el sufrimiento de los seres humanos del Sur Global, no importa donde se encuentren, en Palestina o en Venezuela.


INTERVENCIONISMO ABIERTO


La Jornada, octubre 16 de 2025.


Las palabras y acciones de “paz y concordia” de la Quisling del Patio Trasero

María Guarimba Machado no tiene hoja de vida sino de muerte y un extenso prontuario criminal de larga duración desde hace un cuarto de siglo cuando apoyó el golpe de 2002 contra el gobierno de Hugo Chávez. De ese momento en adelante ha sido una de las voces cantantes de la mal llamada “oposición civilista” en Venezuela, que tiene de todo menos de civilista. Es responsable directa del asesinato y linchamiento de decenas de venezolanos humildes, por el hecho de ser chavistas, por las guarimbas en 2014 y 2017, patrocinadas por Estados Unidos y los escuálidos. Desde hace décadas es financiada por los Estados Unidos, siendo una vasalla incondicional, hasta el punto de que cada cierto tiempo les implora a los amos imperiales de Estados Unidos que invadan a su propio país. Así lo hizo en febrero de 2019 cuando, bajo el paraguas de supuesta ayuda humanitaria se preparaba en Cúcuta la invasión de Venezuela, y ella mientras tanto pedía en la Asamblea Nacional que aprobara el ingreso de tropas extranjeras si no se permitía la entrada de la pretendida ayuda humanitaria.

Dado su carácter de la quisling del Patio Trasero opera con toda impunidad para promover su agenda de agresión de Estados Unidos e Israel contra la patria de Bolívar.

En los últimos meses ha renovado sus solicitudes a Donald Trump para que invada el país, y eso lo ha ratificado, con el descaro que genera la impunidad y el patrocinio de los poderes imperiales. Eso la ha llevado al extremo vergonzoso de aplaudir que venezolanos sean llevados a las cárceles de Bukele.  Al respecto afirmó que prefería ver a los migrantes que fueran capturados en Estados Unidos en cárceles de El Salvador y no en su país natal. Sostuvo que encarcelar a ciudadanos en las mazmorras de Bukele “es una propuesta muy poderosa que ha formulado en conjunto el presidente de El Salvador y el secretario de Estado”. Agregó, con mentalidad de carcelera y torturadora que a los migrantes les espera “no es la impunidad de regresar a Venezuela, sino la justicia más severa en los Estados Unidos o en un tercer país”.

Así, la flamante Premio Quisling, que supuestamente es una defensora de derechos humanos y promotora de la paz y la concordia, está de acuerdo con que poderes extranjeros, el del amo imperial y su lacayo Bukele, encarcelen, masacren, torturen y hasta asesinen a los migrantes originarios de Venezuela porque así lo han determinado en Estados Unidos, sin ningún tipo de juicio ni de prueba.

María Guarimba Machado al agradecer a Trump y dedicarle el premio Quisling confirma lo acertado de su nominación como traidora a la patria grande latinoamericana, porque lo hace en el mismo momento en que lo Estados Unidos masacra a quienes viajan en lanchas por el caribe y lleva a cabo un inusitado despliegue de portaviones, aviones de combate, tropas de asalto y 10 mil soldados, listos para invadir Venezuela o Colombia, al tiempo que el mismo Trump reconoce que la CIA adelanta acciones intervencionistas en la patria de Hugo Chávez.

Para que no quede duda de su nivel de entreguismo, al matarife de Washington le dijo: “¡Dedico este premio al sufrido pueblo de Venezuela y al presidente Trump por su decidido apoyo a nuestra causa!”. Vaya terrible oxímoron, porque si alguien es responsable del sufrimiento de los venezolanos es el poder imperialista, encarnado ahora por Trump, y que, para más inri, en estos instantes está matando a venezolanos, colombianos, ecuatorianos, trinitenses en aguas del caribe.

María Guarimba Machado confirma que se merece el Premio Quisling por su nivel de abyección, que la lleva al punto de agradecer al personaje que ordena bombardear lanchas de humildes pescadores, lo que indica que ella es cómplice, coparticipe y apologista de un crimen de guerra que viola las más elementales normas del Derecho Internacional y del Derecho de Gentes. Ella también está untada con la sangre de los 30 latinoamericanos que desde el 2 de septiembre han sido asesinados por Estados Unidos en el mar caribe en siete cobardes bombardeos a pequeñas lanchas.

Su carácter de “pacifista humanitaria” se evidencia también en la llamada telefónica y en el mensaje virtual que la flamante Premio Quisling le envío al Carnicero de Tel Aviv, a quien felicito efusivamente por “los logros de la guerra” contra Palestina. Entre esos grandes logros de tipo humanitario y enormes gestos de paz del matarife sionista se encuentran: el asesinado de 680 mil palestinos, de miles de niños, de 1600 trabajadores humanitarios, de 350 trabajadores de la ONU, la detención de 10 mil palestinos, lanzar explosivos en una cantidad equivalente a ocho de las bombas de Hiroshima, destruir el 90% de la franja de gaza, matar de hambre a miles de personas, arrasar con la infraestructura sanitaria y educativa de Gaza, utilizar fosforo blanco y otras sustancias prohibidas, adelantar una limpieza étnica de los palestinos, que en Cisjordania los colonos ocupantes estén matando a centenares de palestinos en los dos últimos años… Estos son solo algunos de los “grandes logros” de Benjamín Netanyahu, el genocida de Tel Aviv, y de la cúpula sionista de Israel, de los que además presume con toda la impunidad que le proporciona la cobertura de Estados Unidos y la Unión Europea, como lo hizo con desparpajo, al decir ante el Parlamento de Israel este 21 de octubre, en medio de un supuesto alto al fuego, que “Hamás sintió ayer nuestro poder, atacamos a Gaza con 153 toneladas de bombas”.

Este asesino es el mismo que días antes fue felicitado por María Guarimba Machado por sus grandes logros en la guerra y, además, fue felicitado por bombardear a Irán y a otros países, y de ser el impulsor de un “plan visionario” que contribuya a una paz justa y duradera en el oriente medio. Sí, claro, el mismo plan que quiere que se aplique en Venezuela, que no es otra cosa sino la imposición del dominio colonial y neocolonial y por eso ofrece, en caso de llegar a la Presidencia, a las multinacionales los minerales y riquezas naturales del país y la privatización de las grandes empresas. Esa es la paz que desea María Guarimba Machado, la misma de Israel y Estados Unidos, la de los sepulcros. Por ello, el carnicero Netanyahu la halagó por “expandir el círculo de la paz mundial”

Conclusión: La paz es la guerra, la muerte y la destrucción.

El comité noruego de HP al concederle el Premio Quisling a una guarimbera, golpista y declarada admiradora y empleada a sueldo de los genocidas de Estados Unidos e Israel ha ratificado de esta forma que vivimos en una época en la cual el capitalismo realmente existente ha entrado en la fase del brutalismo. Esa brutalidad absoluta la encarnan personajes de la catadura de Biden, Trump, Netanyahu y Guarimba Machado. Como dice el pensador africano Achille Mbembe:

Bajo el brutalismo, el asesinato dejo de ser una excepción. […] La figura del asesino, del jefe, del sicario se metamorfosea a medida que los instintos de crueldad se liberan […]. La repugnancia por matar y el tabú del homicidio se están viendo erosionados. Los instintos antaño censurados se liberan. Las conductas de guerra se valorizan como tales y migran al terreno civil. La deshumanización se convierte en una práctica corriente […]. La ‘limpieza’ se transforma en programa. Deshacerse de individuos sin tener que dar cuenta a nadie es la norma, lo mismo que rematar a los heridos y matar a los prisioneros”.

Este brutalismo tiende a hacerse dominante y a constituir un nuevo sentido común en el capitalismo de nuestro tiempo y por ello ahora la muerte ahora se disfraza de amor a la vida, los actos de guerra se presentan como hechos de paz, los criminales aparecen como grandes hombres y mujeres que merecen ser reconocidos como luchadores de la libertad y la justicia, los genocidas claman porque les entreguen el Premio Nobel y lo alcanzan sin mucho esfuerzo, pues solo tienen que demostrar su instinto asesino y que están dispuestos a hacer lo que sea para alcanzar sus fines.




Allí se inscribe, justamente, el papel de María Guarimba Machado, que es presentada por falsimedia mundial y los intelectuales orgánicos del capitalismo realmente existente y del sionismo, como una mansa paloma que no quiebra un plato, porque “el brutalismo también funciona sobre la base de una desrealización tanto de los hechos como de sus efectos. La desrealización consiste en ocultar lo repugnante de la violencia y, en especial de la muerte en masa”. [Achile M bembe, Brutalismo, Paidos, Barcelona, 2022, pp. 36-37]. 

En este momento, cuando Israel masacra a miles de personas y Estados Unidos bombardea a pescadores en el mar Caribe ‒un territorio que forma parte entrañable de Venezuela y de Colombia‒, los HP del comité noruego del Nobel pretendieron taparse los ojos y mirar para otro lado, y de esa forma desconocer la carnicería que el imperialismo occidental lleva a cabo, y de la cual la decadente Europa es parte constitutiva. Como si durante los dos últimos años no se hubiera confirmado el genocidio por parte de Israel, al punto que instancias burocráticas e inútiles se vieron obligadas a reconocer el genocidio (como el Comité de Derechos Humanos de la ONU) y hasta otras piden la captura de Benjamin Netanyahu para ser juzgado como criminal de guerra, (la Corte Penal Internacional). Y el Premio Quisling es la constatación plena tanto del brutalismo como la decadencia moral del occidente imperial.


Fuente: Rebelión

lunes, 6 de octubre de 2025

Las nuevas derechas y el placer de la crueldad

 

 Por Hannah Leffingwell    
      Escritora e historiadora. Enseña en el Instituto de Investigación Social de Brooklyn y en la New School.


El autoritarismo de derecha aleja a las personas de la promesa de democracia, paz e igualdad y las lleva hacia la violencia destructiva ofreciéndoles un atractivo clave: el placer de hacer daño a otras personas


     Si has visto la exitosa serie de Netflix The Hunting Wives, sabrás que el autoritarismo de la derecha estadounidense no es más que una carga libidinal. A lo largo de esta serie pulp y sangrienta, que tiene lugar en lo más profundo de Texas, una camarilla de mujeres blancas adineradas hace alarde de sus privilegios haciendo el amor con sus rifles de caza y participando en abundantes relaciones sexuales lésbicas. Cazan animales, se cazan entre ellas, asisten a mítines políticos conservadores, van a la iglesia. El resultado es el asesinato y el caos.

A primera vista, la serie podría parecer una crítica a la feminidad MAGA, ejemplificada por mujeres de gatillo fácil como Kristi Noem y Marjorie Taylor Greene, pero la contrapartida de la serie en la costa este, un personaje fuera de lugar llamado Sophie, no sale mucho mejor parada. Una mujer blanca, heterosexual y casada que parece considerarse progresista antes de mudarse de Boston a Texas, rápidamente se une a las esposas tradicionales que se comportan mal (por no mencionar que se acuesta con ellas) y termina comprando armas, bebiendo hasta perder el conocimiento, engañando a su santo marido y cometiendo un asesinato, todo ello debido a una histerectomía de urgencia que la dejó estéril.

Esta serie es sensacionalista, sin duda. También es una fantástica ilustración del fascismo posmoderno.

El «fascismo posmoderno», término definido por la historiadora Dagmar Herzog en su nuevo ensayo The New Fascist Body [El nuevo cuerpo fascista], describe la segunda llegada del fascismo como algo arraigado en los fascismos históricos, pero a la vez distinto de ellos. Es un fascismo que perpetúa el desdén de sus predecesores por «los ideales de igualdad y solidaridad humanas», la crueldad hacia «aquellos que identifica como vulnerables», la proliferación de «explicaciones racializadas para lo que en realidad son dinámicas económicas y sociales complicadas» y «anhelos narcisistas de grandeza».




Lo que lo hace posmoderno es su tendencia a la deconstrucción. Esta reinvención contemporánea del fascismo es «ingeniosamente autorreflexiva», nos dice Herzog, «y juega alegremente con la inevitable controversia y con la inestabilidad de la verdad».

Herzog, cuyo trabajo sobre el fascismo alemán ha sido muy influyente en los estudios de género, los estudios sobre discapacidad y la historia europea, destila los argumentos clave de su investigación en The New Fascist Body, aportando ideas sobre la historia del nazismo para influir en la dinámica de los movimientos transnacionales de extrema derecha contemporáneos.


Dagmar Herzog

Centrándose en dos rasgos clave que se solapan en el fascismo posmoderno, el «racismo sexy» y la «hostilidad obsesiva hacia las personas con discapacidad», utiliza los mensajes del partido de extrema derecha alemán Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania, AfD) como punto de referencia analítico. 

Si antes los judíos eran el principal objetivo del fascismo alemán, hoy en día la ideología de extrema derecha en Europa señala a los inmigrantes árabes y africanos como el otro racial por excelencia. En todo caso, ciertas voces de extrema derecha en Alemania han defendido recientemente opiniones filosemitas, convirtiendo efectivamente a los judíos alemanes en miembros valorados de la «raza blanca» y afirmando que su inteligencia superior los convierte en contrapesos ideales para los inmigrantes morenos, supuestamente inferiores.

Herzog cita a Mathias Döpfner, director general del grupo Axel Springer, como una de las voces que ha pedido que Alemania se vuelva «más judía» en los últimos años. Hizo esta afirmación en un ensayo publicado un año después de los atentados del 7 de octubre en Israel, en el que elogiaba el elevado número de premios Nobel otorgados a judíos en comparación con el escaso número otorgado a musulmanes e hindúes. Aquí hay una notable diferencia con respecto al fascismo histórico, aunque, por supuesto, el antisemitismo sigue vivo y presente en muchos círculos de extrema derecha.

Lo que hace única a la visión de Herzog sobre el agitado sentimiento antimigrante actual es su enfoque en el sexo y la discapacidad. Herzog, una destacada estudiosa del tema de la política sexual durante el Tercer Reich, ha dedicado gran parte de su reciente investigación a la historia a largo plazo de los programas de «eutanasia» y esterilización forzada del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra contra las personas con discapacidad incluyó el uso de las infames cámaras de gas de monóxido de carbono T4 para asesinar a los residentes de hogares de ancianos para discapacitados, así como decenas de miles de procedimientos de esterilización forzada llevados a cabo a personas consideradas racialmente no aptas. Se necesitaron décadas para que las personas con discapacidad de Alemania fueran reconocidas como víctimas del genocidio nazi, y solo recientemente los activistas por la discapacidad han logrado que se aprueben leyes que reconocen la autodeterminación de las personas con discapacidad.

La AfD parece empeñada en desmantelar las protecciones que los defensores de las personas con discapacidad han conseguido con tanto esfuerzo en las últimas dos décadas, especialmente en lo que se refiere a la educación inclusiva. Su retórica violentamente nacionalista se centra en el odio a la debilidad y la adoración de la fuerza bruta, y están obsesionados con la «inteligencia» y el coeficiente intelectual. Aunque, como señala Herzog, hay mucho resentimiento hacia las personas con discapacidad en la retórica de la extrema derecha estadounidense, el fascismo alemán parece tener una fijación única por el coeficiente intelectual como determinante de la ciudadanía.

En Estados Unidos, por el contrario, el fervor antiintelectual del Partido Republicano de Donald Trump se ha manifestado a menudo como odio hacia la educación pública y una alegre reivindicación de la estupidez por parte de sus políticos (lo cual no es un fenómeno nuevo, basta recordar a George W. Bush). Lo que conecta las versiones alemana y estadounidense del fascismo es un desprecio compartido por los ciudadanos improductivos, ya sean discapacitados, enfermos mentales, homosexuales o personas sin hijos.

Uno de los acontecimientos más preocupantes de los últimos años ha sido la generalización de ciertas ideas fascistas que antes se consideraban extintas, o al menos profundamente marginales. Esto incluye la obsesión de la AfD con la «remigración», una palabra elegante para referirse a la deportación masiva de migrantes y solicitantes de asilo de Alemania. Como nos dice Herzog: «Un efecto principal de la introducción de este concepto es que otros partidos políticos alemanes están debatiendo ahora qué migrantes son lo suficientemente trabajadores y están lo suficientemente integrados culturalmente como para que se les permita quedarse».

Cada vez más, los partidos de extrema derecha marcan los términos del debate, haciendo que los políticos moderados cedan ante los planteamientos fascistas mientras siguen creyendo que están ofreciendo una reprimenda. La productividad como medida de la ciudadanía es uno de esos marcos que vemos desarrollarse en muchos contextos diferentes en todo el mundo.

Históricamente hablando, esto se remonta al creciente resentimiento hacia las personas con discapacidad que se apoderó de Alemania en las décadas previas al Tercer Reich, cuando los llamamientos a la «eutanasia» de los alemanes discapacitados llevaron incluso a los supuestos moderados a ceder en la cuestión de la esterilización. La extremidad de estas propuestas de eutanasia llevó a los comentaristas moderados a parecer ecuánimes cuando propusieron la esterilización como solución al supuesto problema hereditario de la discapacidad. En el proceso, «ya antes de 1933 se había vuelto socialmente aceptable (y, para muchos, simplemente intuitivo e incluso moralmente correcto) expresar desprecio o desear invisibilizar a las personas con discapacidades intelectuales o enfermedades psiquiátricas».

En lo que respecta al «racismo sexy», Herzog nos recuerda que el fascismo alemán contemporáneo, al igual que su antecedente histórico, se centra principalmente en el sexo, y no solo en reprimirlo. El fascismo se basa en la incitación al placer que proviene de la ruptura colectiva de los tabúes, lo que da a los partidarios del régimen fascista una falsa sensación de poder a través de la indiscreción.

El racismo sexy describe «mensajes cargados de libido para movilizar el miedo, la indignación y la aversión o, alternativamente, para transmitir la emoción del dominio frente a diversas formas de vulnerabilidad racializada». Por su parte, la AfD «se deleita provocativamente en una sensualidad deliberada», desde carteles de campaña que muestran a mujeres blancas desnudas como víctimas potenciales de violencia sexual a manos de los migrantes, hasta vídeos que promueven la llamada «remigración» mostrando a mujeres blancas vestidas de forma sensual que asisten alegremente a un vuelo de deportación ficticio.

Herzog observa un cambio en el énfasis de este racismo cargado de libido en los últimos años, y sostiene que, entre 2019 y 2024, el alarmismo sexualizado ha dado paso a «una forma de fanfarronería total, en la que reina la Shadenfreude y, como dijo Adam Serwer sobre el trumpismo, «la crueldad es lo importante»». Continúa argumentando: «El mensaje secreto del fascismo a sus seguidores no es la represión. Al contrario, es un mensaje de permiso, de licencia e impunidad».

Me parece que este es el argumento más llamativo y persuasivo de Herzog, uno que ha defendido con fuerza a lo largo de su carrera, especialmente en su libro Sex After Fascism. El fascismo funciona porque ofrece algo en lugar de la democracia, la paz y la igualdad, algo que es capaz de alejar a la gente de la promesa de la creación y acercarla a la violencia de la destrucción, y eso es el placer en el dolor ajeno. Esto ayuda a explicar la vieja pregunta, planteada por tantos teóricos después de la Segunda Guerra Mundial, de cómo los ciudadanos de una democracia como la República de Weimar pudieron estar tan equivocados como para votar «en contra de sus propios intereses» y elegir a los nacionalsocialistas.

El miedo y la rabia, nos recuerda Herzog, no son una base afectiva suficiente para el fervor fascista: se necesitan «placeres de agresión, mezquindad y violencia» por parte de sus adeptos. Y debemos reconocer la «eficacia multifuncional tanto de la erotización de la supuesta superioridad como de la insistencia repetitiva en rejerarquizar el valor humano». 

Lo instructivo de Hunting Wives como artefacto del fascismo posmoderno no es su política, si es que tiene alguna, sino más bien su retrato de la transgresión sexual como puerta de entrada al fascismo. Sophie parece abandonar rápidamente su política progresista cuando se le da permiso para seguir sus impulsos más vergonzosos. Se bebe el proverbial Kool-Aid de sus amigos de derecha cuando empieza a encontrar «el placer en la crueldad», por citar a Herzog.

Aquí pienso en una fotografía de 1939 incluida en el libro de Herzog, que muestra a una pareja heterosexual en la playa abrazándose bajo una guirnalda de esvásticas. Ningún régimen anterior en la historia «se había propuesto de forma tan sistemática estimular y validar los deseos (hetero)sexuales, especialmente de los jóvenes, al tiempo que negaba precisamente que eso era lo que estaba haciendo». Este «estímulo desublimador para romper con la moderación y la tradición sirvió para vincular a los jóvenes emocionalmente, pero de forma aún más directa, al Estado».

Si solo pensamos en el autoritarismo de derecha en términos de represión —decirle a la gente lo que no puede hacer—, entonces perdemos la oportunidad de comprender, y con suerte desmantelar, los vínculos emocionales que guían el apoyo de muchas personas al fascismo contemporáneo. El «nuevo cuerpo fascista» es aquel que se deleita en romper las reglas, que se regodea en una prerrogativa antisocial para disfrutar a costa de los demás, que erotiza la superioridad y sexualiza la violencia, y no la izquierda acusada de libertinaje por estos autoritarios.




Si algo me dejó insatisfecha del libro de Herzog fue una imagen más clara de lo que podemos hacer con esta idea una vez que tenemos acceso a ella. ¿Cómo redirigimos las energías libidinales de los votantes con inclinaciones fascistas en Estados Unidos y en otros lugares? ¿Cómo fomentamos el placer en la comunidad y la creación frente al neoliberalismo destructivo? ¿Cómo desincentivamos la crueldad y promovemos el cuidado?


Fuente: JACOBIN

jueves, 5 de junio de 2025

¿Caerá la democracia en Estados Unidos?

 

 Por Adam Przeworski  
      Profesor de Ciencia Política y uno de los principales teóricos y analistas de temas relacionados con la democracia y la economía política.


El autor refleja en estas reflexiones su temor a que EEUU se convierta en una autocracia y confiesa que le resulta difícil evitar las analogías con Hitler


Donald Trump compareciendo ante los medios de comunicación en abril de 2025.


     Decidí tomar nota de mis pensamientos a medida que transcurrían los acontecimientos, escribiendo un diario. He estado leyendo sobre las reacciones de ciudadanos alemanes ante el ascenso del nazismo y me llamó la atención su dificultad para comprender en qué podían desembocar los acontecimientos que vivían a diario. En retrospectiva, sabremos lo que pasó, analizaremos todo y los sucesos cobrarán sentido, todo se habrá definido. Podremos concluir, como Amos Elon (The Pity of It All), que lo que ocurrió no era inevitable, que la historia podría haber tomado un rumbo diferente. Sin embargo, prospectivamente, solo podemos sentir miedo o albergar esperanzas, y no sabemos con cuál quedarnos. Tengo oscuros presentimientos, pero es lo único que tengo. Así que mi único propósito es informar sobre lo que en el futuro acabará siendo un análisis retrospectivo, dejando constancia de mis reacciones viscerales ante los acontecimientos diarios a medida que suceden.

Martes, 11 de febrero de 2025

He pasado buena parte de mi vida, cincuenta años, pensando en los regímenes políticos, clasificándolos, estudiando su dinámica y sus consecuencias. Y me siento perdido. Intento encontrar categorías en las que adscribir la situación actual y precedentes históricos de los que extraer algo de claridad. Fracaso en ambas empresas.

Las medidas, anunciadas o ya adoptadas, se suman a un cambio revolucionario de la relación entre el Estado y la sociedad. El objetivo inmediato de la Administración de Trump es reducir el tamaño del Gobierno y utilizar la lealtad como criterio exclusivo de servicio público: el control total del aparato del Estado es, por cierto, el instrumento de todos los gobiernos revolucionarios. El segundo objetivo es reducir drásticamente el alcance y la magnitud de los servicios gubernamentales al ámbito de las instituciones privadas y a los particulares.




A lo largo de los años he desarrollado una teoría sobre las condiciones en las que las democracias procesan en libertad y paz los conflictos que surgen en la sociedad. De hecho, mi nombre está asociado a una frase que escribí hace unos treinta y cinco años, a saber: “Democracia existe cuando los partidos pierden las elecciones”. Pensé que las condiciones necesarias para que las elecciones procesen pacíficamente los conflictos son que los gobiernos elegidos no hagan que la derrota electoral resulte demasiado costosa para los perdedores en cada momento, lo que supone que esos gobiernos actuarán de forma “moderada”, y que no excluyan la posibilidad de ser destituidos en las elecciones, de manera que la derrota sea temporal, no permanente. Las elecciones no logran mantener la paz cuando originan transformaciones revolucionarias, algo bien confirmado en la historia (salvo que el gobierno utilice la fuerza física, claro).

Asimismo, hay estudios estadísticos que demuestran que las democracias sobreviven en países con una renta per cápita elevada y en los que hay costumbre de alternancia pacífica en el poder mediante elecciones. Cuando aplico este modelo estadístico a EEUU, con su renta y sus veintitrés alternancias partidistas pasadas en el cargo de presidente, descubro que la probabilidad de que la democracia muera en EEUU es de 1 en 1,8 millones de países-año: es decir, cero.




Por lo tanto, mis resultados analíticos y estadísticos no me permiten comprender los acontecimientos que se desencadenan hora tras hora. No se me ocurre ningún marco teórico ni precedente histórico que pueda servir para suscitar ninguna expectativa sobre lo que está a punto de ocurrir. ¿Está muriendo la democracia en Estados Unidos?

Miércoles, 12 de febrero de 2025

La base de la autopercepción estadounidense sobre su sistema político es que se trata de un país que obedece al “Estado de derecho” (rule of law). Conceptualmente es una construcción inestable. Como observó Ignacio Sánchez-Cuenca, “la ley no puede gobernar. Gobernar es una actividad, y las leyes no pueden actuar”. “Estado de derecho” sólo puede significar que todos, gobierno incluido, obedezcan las leyes.




La relación entre democracia y Estado de derecho tiene lugar a través de  dos instituciones: gobiernos y tribunales. Se trata de una relación supeditada a las previsibles consecuencias electorales. Los gobiernos han de obedecer a los jueces porque temen que, de lo contrario, perderían las elecciones, de modo que la ley manda. Sin embargo, los gobiernos pueden creer que ganarían las elecciones desobedeciendo a los jueces: así ocurrirá cuando una mayoría no quiera que los gobiernos sigan el dictado de los jueces. En este caso, se violaría el Estado de derecho, pero mientras las acciones del gobierno estén motivadas por el miedo a perder las elecciones, el sistema sigue siendo democrático, “iliberal” pero democrático.

Como ya observó el vicepresidente Vance, los tribunales carecen de instrumentos para hacer cumplir sus sentencias. Por esta razón Montesquieu pensaba que el poder judicial es el menos eficaz. Actuar contra las universidades de “élite” es una medida popular y probablemente no tiene coste electoral, quizás todo lo contrario. Entonces, ¿ignorarán descaradamente a los tribunales?




Cambiando de tema. El Partido Demócrata ha estado casi mudo durante las últimas semanas. Actúa como si no hubiera nada importante en juego. Además, salvo Elisabeth Warren, su reacción visceral fue salir en defensa de la política gubernamental menos popular, es decir, la ayuda exterior. Hay que reconocer que se encuentran en una situación difícil. Los republicanos acaban de ganar unas elecciones, están aplicando su programa electoral y, hasta ahora, la opinión pública no se ha vuelto contra ellos. Resistirse a las nuevas políticas puede parecer antidemocrático: al fin y al cabo, el gobierno sólo está haciendo lo que los gobiernos recién elegidos tienen la prerrogativa de hacer.

Están surgiendo algunas protestas en la calle pero, teniendo en cuenta la experiencia de Nixon, no sé qué pensar de las consecuencias. Mi temor es que, a menos que sean realmente masivas, sólo sirvan de pretexto para una represión selectiva, que confirmaría el lenguaje de Trump cuando habla de “enemigos internos”. Además, pueden desembocar en un aumento de la violencia descentralizada que sería tolerada por el FBI y el Departamento de Justicia. Hay que tener en cuenta que, por ahora, dichas organizaciones únicamente están siendo purgadas y reorganizadas. Sin embargo, no puedo evitar pensar que lo peor está por llegar, es decir, que reprimiran enérgicamente a los oponentes políticos.

Jueves, 13 de febrero de 2025

Algunas reflexiones sobre la ofensiva antiinmigrante. Antes de que Trump asumiera el cargo, yo, como muchos otros, creía que sus declaraciones eran una mera estrategia de campaña. Teniendo en cuenta la dependencia de la mano de obra inmigrante por parte de varios sectores de la economía estadounidense, así como los costes y la logística de las deportaciones masivas, esperaba que Trump llevara a cabo algunas maniobras muy visibles y ya. Ahora pienso que quizá haya sido demasiado optimista.

Intento mantenerme alejado de las reacciones emotivas, pero no puedo evitarlo. Conozco a una familia que emigró de un país latinoamericano hace dos décadas y ahora tiene hijos nacidos en Estados Unidos. Todos viven aterrorizados. Todos los días, cuando el padre se va a trabajar, sus hijos le dan un fuerte abrazo ante el temor de que no vuelva a casa. En las escuelas de Nueva York se enseña a los niños qué hacer si vuelven a casa y sus padres no están. Yo soy inmigrante, desde hace varias décadas ciudadano estadounidense, pero pasé por algo parecido, pues en un par de ocasiones se denegó el derecho a permanecer en el país y, habiéndome marchado, también se me impidió regresar. Sé lo que se siente en las entrañas, aunque mis desventuras palidezcan en comparación con el terror que viven millones de personas en este momento.

Viernes 14 de febrero de 2025

Trump anunció una nueva política arancelaria, “recíproca”. Esta medida fue duramente atacada por un artículo de opinión en The Wall Street Journal: “Los aranceles recíprocos no tienen sentido”. El subtítulo explica por qué: “¿En qué beneficia al interés nacional estadounidense dejar que otros países decidan qué aranceles pagamos?”. Bloomberg, Financial Times y The Wall Street Journal parecen escépticos con las políticas económicas de Trump, pero la bolsa se mantiene estable. Me resulta desconcertante.

Creo que entiendo el atractivo del trumpismo para los hombres blancos. La visión de la sociedad en la que todas las personas de origen europeo son opresoras no tiene mucho sentido. Díselo a un hombre blanco de cincuenta años que no encuentra trabajo tras el cierre de la única fábrica de su ciudad. Díselo a millones de hombres blancos que sobreviven día a día con el salario mínimo. Diles que “ellos” son los responsables de la injusticia racial del pasado. ¿Quiénes son “ellos”? ¿Sus abuelos que emigraron de algún pueblo europeo abandonado para pavimentar las calles por las que ahora caminamos? ¿Los abuelos que fueron asesinados por organizar sindicatos? ¿Sus descendientes, que intentan desesperadamente escapar del destino de sus padres? ¿Son “ellos” los responsables?




Así pues, nunca me cautivó la imagen de la sociedad que generaron las políticas de DEI [Diversidad, equidad, inclusión]. Pero el ataque de Trump contra ellas, el lenguaje vituperable, el rencor, me recuerdan mi vida bajo el comunismo. Cuando vivía en Polonia, el gobierno comunista censuraba las palabras “élite” (porque la usaba Milovan Djilas para criticar a los partidos comunistas) o “burocracia” (porque la usaba León Trotsky para referirse a los bolcheviques). Ahora las agencias gubernamentales estadounidenses han generado largas listas de palabras que se usan para cancelar proyectos de investigación.

Está claro que los cuadros trumpistas creen que deben actuar de forma inmediata e indiscriminada. No están abiertos a ninguna discusión. Y están dispuestos a utilizar el poder que tienen sin ningún escrúpulo. Queda por ver a dónde llevará esto. Hasta ahora, el instrumento de coacción ha sido el dinero. ¿Utilizarán la represión política?

Lunes, 17 de febrero de 2025

Me ha llamado la atención un comentario de Pete Buttigieg, alguien a quien realmente respeto. Dijo: “Si quisieras reducir el despilfarro, el fraude y el abuso, darías más poder a los inspectores generales” (en lugar de despedirlos). Esto, obviamente, es cierto, pero lo que me impresionó es que esta no refleja bien la magnitud de la ofensiva de Trump o Musk. Lo que pretenden es destruir el gobierno, no retocarlo con reformas institucionales. ¿Se da cuenta el Partido Demócrata de la magnitud de los problemas?

Actualmente, por todo el país, están teniendo lugar varias manifestaciones en la calle. Me pregunto si Trump reaccionará ante ellas y, en caso afirmativo, cómo.

Miércoles, 19 de febrero

La purga continúa: la Administración Federal de la Vivienda, varias instituciones dependientes de Salud y Servicios Sociales, la NSF, el IRS (Servicio de impuestos internos), la Administración Federal de Aviación. Sigo sin saber si los NIH (Institutos nacionales de la salud) están distribuyendo fondos para las subvenciones ya concedidas en cumplimiento de una orden judicial. Todo son habladurías.

Me desconcierta que Trump y sus acólitos –ayer el senador Ted Cruz– presenten su actuación como una lucha contra la “propaganda neomarxista de la guerra de clases”. Obviamente no tienen ni idea de lo que “marxista” o “neomarxista” significan. “Guerra de clases” podría ser marxismo. Pero el “neomarxismo” no tiene que ver con la clase, sino con la raza y el género. El enemigo ideológico que Trump, Putin y el partido polaco PiS comparten es la ideología de género.




¿Qué quiere Trump? Todavía no he oído ni leído una respuesta convincente. Quizá sea ésta una de las causas de su fortaleza. Ezra Klein observó en uno de sus podcasts que Trump carece de los mecanismos inhibitorios que todos los políticos tienen.

¿Su objetivo es enriquecerse personalmente? ¿Es aniquilar a quienes percibe como enemigos? ¿Se limita a escuchar los aplausos? Quizás deberíamos interpretar sus palabras al pie de la letra cuando se declara a sí mismo “El Rey” (en el tuit de ayer sobre una zona de tráfico en Nueva York). Según esta interpretación, el objetivo de Trump sería establecer un control personal completo sobre el gobierno, a todos los niveles. La voluntad de obedecer es el único criterio exigido al personal del gobierno. Las agencias gubernamentales implementan lo que a él se le antoje en cualquier momento, sin impedimentos por parte del Congreso o los tribunales. Su poder es absoluto.

Intento no buscar analogías en Hitler, pero me resulta difícil evitarlas. (Me baso aquí en historiadores, pero esto no es un artículo académico, así que me limito a citar sus nombres pero no proporciono referencias exactas). Según Hans Frank, jefe de la Asociación de Abogados Nazis, “el Derecho Constitucional en el Tercer Reich es la formulación legal de la voluntad histórica del Führer”. Richard Evans comenta que “la palabra de Hitler, ..., era por tanto ley, y podía anular todas las leyes existentes”. Cuando un tribunal alemán declaró inocente al pastor Niemöller, Hitler hizo que la Gestapo volviera a detenerlo, anunciando que “ésta es la última vez que un tribunal alemán va a declarar inocente a alguien a quien yo he declarado culpable”. Según la Wikipedia, “ya en 1935, un tribunal administrativo prusiano había dictaminado que las acciones de la Gestapo no estaban sujetas a revisión judicial. El oficial de las SS Werner Best, que fue jefe de asuntos jurídicos de la Gestapo, resumió esta política diciendo: ‘Mientras la policía cumpla la voluntad de los dirigentes, actúa legalmente’”.

La pretensión de Trump de legitimar todas sus acciones es que ganó las elecciones y sigue gozando del apoyo popular. También lo era la de Mussolini, que afirmaba retrospectivamente que “estrictamente hablando, ni siquiera fui un dictador porque mi poder de mando coincidía perfectamente con la voluntad de obedecer del pueblo italiano” (un comentario a un periodista, Ivanoe Fossani, en marzo de 1945). Los límites al poder pueden ser institucionales o únicamente electorales. A pesar de su pretensión, Mussolini no estaba dispuesto a enfrentarse a unas elecciones competitivas. Trump parece dispuesto a ignorar las barreras institucionales. ¿Está dispuesto a obedecer el veredicto de las urnas?

Jueves, 20 de febrero

Para hacer balance de dónde creo que estamos, necesito organizar mis esperanzas y temores.

Primero las esperanzas.

Los malos resultados económicos combinados con la erosión de los servicios públicos deben reducir el apoyo popular a Trump. Y luego está la bomba de relojería a la que me refería antes: unos cientos de miles de empleados públicos que habrán perdido su empleo.

Disensiones internas. Si la economía entra en recesión, las disensiones florecerán. El papel de Musk puede ser el primer objeto de discordia. La alianza entre Trump y Musk no puede ser estable, por lo que es probable que estalle un conflicto entre ellos, con Vance del lado de Musk. No estoy seguro de quién ganaría.




Nótese que no tengo esperanzas sobre el Congreso o los tribunales, así que mis esperanzas se concentran en las elecciones de mitad de mandato. Aquí vienen mis temores.

El Partido Demócrata es extremadamente impopular y está dividido sobre qué estrategia adoptar. Pero supongamos que una mayoría está dispuesta a votar a candidatos demócratas sólo para oponerse a lo que está ocurriendo. Un pequeño cambio es suficiente para cambiar el control de la Cámara y sólo uno ligeramente mayor para el del Senado. Así que vuelvo a las preguntas que me atormentan: ¿Las personas del entorno de Trump están dispuestas a celebrar unas elecciones limpias? Si no es así, ¿qué son capaces de hacer para asegurarse la victoria pase lo que pase?

Aún no hemos visto represión política, pero puede que solo sea “aún”.

Hasta aquí llego. No reacciono a las noticias, repletas de desastres, sino que pienso en el futuro. Crecí bajo una dictadura pero nunca imaginé que podría morir bajo otra. Hoy contemplo esta posibilidad.

Viernes, 21 de febrero

Escribir estas notas me está deprimiendo demasiado. Además, fuera hace un frío tremendo y el cielo está gris. Con todo, hay algunos signos de esperanza.

Los sondeos de opinión. Según la última encuesta de Gallup, el margen de aprobación general de Trump (aprobar-desaprobar) está en -6 puntos: en inmigración -6, en asuntos exteriores -9 y en economía -11. La CNN informa de que la diferencia entre “ha ido demasiado lejos” y “más o menos bien” o “no lo bastante lejos” es de 5 puntos con respecto a la valoración del “uso del poder presidencial y del órgano ejecutivo”, mientras que la diferencia a favor de “no lo bastante” es de 77 puntos con respecto a “intentar reducir el precio de los productos básicos”. Según el blog 538 (FiveThirtyEight), hasta ayer, el 48,2 % de los encuestados tenía una opinión desfavorable de Donald Trump, y el 46,5 % favorable. Otra encuesta: El 84 % de los encuestados, incluido el 79 % de los republicanos, dice que la administración Trump debe acatar las sentencias de los tribunales federales.

Domingo, 23 de febrero

He tenido una larga discusión por Zoom con dos amigos. Ambos creen que las barreras institucionales, los sistemas de separación de poderes, sean cuales sean, no pueden impedir que un órgano ejecutivo que pretenda monopolizar el poder triunfe. Me recordaron algo que el difunto Guilllermo O'Donnell dijo hace cuarenta años en un seminario que impartimos juntos: “No se puede detener un golpe de Estado con un artículo de la Constitución”. Pero si esto es cierto, ¿por qué son tan raras las “tomas del poder ejecutivo”, los autogolpes? ¿Por qué los jefes del ejecutivo se contienen en su búsqueda del poder? ¿Por qué respetan las normas institucionales?

Todos los gobernantes deben delegar, por lo que deben elegir a sus portavoces. En esta elección se enfrentan a una disyuntiva entre lealtad y competencia. Los representantes leales no son necesariamente los más competentes. En China, donde esta elección ha sido objeto de una extensa bibliografía, se resumía como “Rojo contra experto”. Los “rojos” ejecutan ciegamente las órdenes. Ejemplo: el secretario de Agricultura acaba de cancelar una conferencia sobre biodiversidad porque la “diversidad” está relacionada con el DEI. Pero a veces tienen que tomar decisiones, y son unos incompetentes incapaces de hacerlo con criterio. Confiar únicamente en la lealtad genera malos resultados.

Incluso los “gobernantes depredadores”, aquellos que buscan maximizar los ingresos gracias a su cargo, pueden estar mejor con una parte menor de un pastel más grande que con una parte mayor de uno más pequeño. Por lo tanto, necesitan incitar la cooperación de todos aquellos que contribuyen a hacer el pastel más grande: banqueros y bomberos, científicos y albañiles. Y para facilitar esa cooperación, han de refrenar sus instintos depredadores. Tienen que moderarse.

Estos son los fundamentos de por qué, en mi opinión, la mayoría de los gobernantes, democráticos o autocráticos, se reprimen en la búsqueda del poder absoluto. Como todas las teorías, mi explicación puede ser cierta o no. Pero la pregunta que plantea es “¿Por qué ahora?”. Se piense lo que se piense del sistema institucional estadounidense, ha sobrevivido 250 años. Entonces, ¿se ha quebrado algo ahora? ¿Ya no hay “necesidad de cooperación”? ¿O es que esta gente simplemente se ha vuelto loca?

Lunes, 24 de febrero

El caos se está volviendo abrumador. Musk emitió una orden en la que exigía a todos los empleados del gobierno que enumeraran en cinco puntos lo que hicieron la semana anterior, con fecha límite esa misma noche bajo amenaza de despido.

Una lección de Polonia. En el momento en que todo se politiza, restaurar las instituciones democráticas se hace difícil. Cuando Ley y Justicia (PiS) estaba en el poder en Polonia, llenó todas las instituciones, incluidos los tribunales y los medios de comunicación, con sus partidarios. Cuando perdió las elecciones, todo el mundo era partidista, por lo que encontrar personas competentes no partidistas era difícil y el nuevo gobierno sólo pudo volver a llenar todas las instituciones de nuevo con sus partidarios. Cuando la lealtad se convierte en el único criterio, incluso las personas competentes se vuelven partidistas.

Empiezo a pensar que Trump ha olvidado que tiene que gobernar. En su página web parece que se dedica a jugar al golf, a pronunciar largos discursos sobre sí mismo y a vomitar mensajes inanes. Su mente divaga en direcciones dispares. Para sus acólitos debe de ser difícil adivinar lo que realmente quiere. Hasta ahora, el gobierno lo dirige Musk. Pero pronto llegará el momento de aprobar un presupuesto, elevar el techo de la deuda y evitar la paralización del gobierno. Estas cuestiones requieren un planteamiento coherente. ¿Será capaz de hacerlo?

Martes 25 de febrero

Otra interpretación de Trump es que gobierna el país como si fuera un terreno privado. El término “patrimonialismo” lo acuñó Max Weber y se atribuyó a Trump en un libro de Hanson y Kopstein. Destituir a todos los que están en posición de controlar la corrupción es sin duda una prueba a favor de esta opinión.

Mercado de valores: S&P baja un 0,47%, Nasdaq baja un 1,35%, Dow sube un 0,37%. Sigo los índices bursátiles porque todavía tengo la intuición de que la primera oposición efectiva puede venir de los mercados bursátiles.

Viernes, 28 de febrero

Nos encontramos en la siguiente situación: tal vez reaccionar ahora sea demasiado pronto, pero quizá, cuando pensemos que ha llegado el momento, sea demasiado tarde. Puede que sea demasiado pronto porque resistirse al gobierno recién elegido podría parecer antidemocrático. Oponerse a algunas de las políticas del nuevo gobierno es normal en una democracia. Sin embargo, encontrar el momento de oponerse fuera del marco institucional, en las calles y mediante otras formas de desobediencia civil, es una decisión estratégica difícil. Quizás ahora sea demasiado pronto y quizás en algún momento sea demasiado tarde.


Fuente: CTXT