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sábado, 15 de noviembre de 2025

Peter Thiel y el Anticristo ecologista

 

 Por Elena de Sus     
      Periodista de Ctxt.


El inversor de capital riesgo que coordina la maquinaria de vigilancia y deportación de Trump aboga por eliminar regulaciones en ciencia y tecnología con un discurso integrista



     Con frecuencia los medios estadounidenses describen a Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, primer inversor externo de Facebook y principal donante en Silicon Valley de la primera campaña presidencial de Trump, como un personaje misterioso y contradictorio.

Thiel justifica su interés por las criptomonedas, el seasteading (creación de comunidades flotantes en aguas internacionales) o la colonización del espacio exterior por un deseo de escapar de la opresión del Estado.




Sin embargo, es uno de los fundadores de Palantir, una empresa de software dedicada al análisis masivo de datos, que recibió muy pronto financiación de la CIA, tiene como principal cliente a la Administración estadounidense y obtiene más de la mitad de sus ingresos de contratos estatales. Este año el Pentágono ha adjudicado a Palantir un contrato de 10.000 millones de dólares que convertirá su software en una infraestructura básica del ejército estadounidense.


Yael Grosman, teniente coronel del ejercito de Israel, durante su charla en el DTS.

Por la naturaleza de su negocio, Palantir siempre ha contratado a personal con experiencia en la administración pública, sobre todo en inteligencia y defensa, pero en este segundo mandato de Donald Trump, con el protegido de Thiel, JD Vance, en la vicepresidencia, el tráfico en las puertas giratorias entre Palantir y la Casa Blanca se ha intensificado, tal y como documenta la investigadora Francesca Bria. Gregory Barbaccia, el nuevo director de tecnología del gobierno estadounidense, ha trabajado en Palantir durante diez años. El jefe de tecnología de Palantir, Shyam Sankar, ha sido nombrado teniente coronel.


J.D. Vance, durante su visita al papa en el Vaticano, el 20 de abril.

En 2024, Palantir fue la empresa con mejor rendimiento del índice bursátil SP500, que reúne a las compañías cotizadas más importantes de Estados Unidos, con un crecimiento del 340%. Sus acciones se dispararon con la segunda llegada a la Casa Blanca de Trump, y han seguido aumentando su valor en lo que llevamos de 2025. En los foros de pequeños inversores, su CEO, Alex Karp, es apodado “papi Karp”. Cuando un usuario de Reddit le preguntó a Thiel si Palantir era una tapadera de la CIA, respondió: “La CIA es una tapadera de Palantir”.




Palantir lleva más de una década trabajando con el ICE, el servicio de inmigración y aduanas estadounidense, conocido entre los hablantes hispanos como La Migra. Este año ha obtenido un contrato de 30 millones de dólares para “agilizar” las identificaciones y deportaciones. El Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) que dirigió Elon Musk utilizó su software para reunir información de distintas bases de datos en el asalto con motosierras al IRS, la seguridad social estadounidense, en el que estuvieron implicados empleados de la compañía. Palantir también analiza datos para el ejército israelí, el ucraniano, el Ministerio de Defensa español, la sanidad pública británica, los servicios de inteligencia franceses o la policía alemana.

Curiosamente, la peor versión del futuro que imagina Thiel es aquella en la que el miedo a amenazas como el cambio climático incita a la creación de un gobierno mundial todopoderoso que acaba con las libertades individuales. Por eso dice que las ideas de gente como Greta Thunberg son “superopresivas” y afirma que si existiera el Anticristo, sería alguien parecido a ella.

Thiel está casado con el banquero de inversión Matt Danzeisen, con quien tiene dos hijas por gestación subrogada, y declaró en la Convención Nacional Republicana de 2016 que estaba “orgulloso de ser gay, orgulloso de ser republicano”, pero ha catapultado a la vicepresidencia del país a JD Vance, que manifiesta su oposición al matrimonio igualitario.


Peter Thiel

Estudió Derecho y Filosofía en Stanford y últimamente el Anticristo es uno de sus temas de conversación preferidos, pero considera que las humanidades son mucho menos importantes que las ciencias puras. 

Ha pasado los últimos meses dando charlas y explicando en todos los podcasts del espectro de la derecha estadounidense que el progreso en Occidente se ha estancado. Señala problemas como la concentración excesiva de la inversión en vivienda, con el consiguiente aumento de los precios, o el encarecimiento de la educación superior, que obliga a los jóvenes a endeudarse y genera “rendimientos decrecientes”. Según la forma de entender el capitalismo de Thiel, “la competencia es para perdedores” (en su libro De cero a uno recomienda a los emprendedores buscar nichos en los que puedan establecer un monopolio) y los jóvenes de hoy en día “tienen que competir más para lograr menos”.

Estos días se ha difundido un email que envió al equipo de Facebook en 2020 en el que aseguraba comprender las tendencias socialistas de los jóvenes: “Cuando alguien tiene demasiada deuda estudiantil y la vivienda no es asequible, tendrá capital negativo durante mucho tiempo o le resultará muy difícil acumular capital inmobiliario, y si alguien no forma parte del sistema capitalista, puede volverse contra él”. 

Un análisis de izquierdas atribuiría estas situaciones a la financiarización de la economía tras la crisis del petróleo, las políticas neoliberales, el final de la Guerra Fría o la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, pero Thiel pone el foco en que “los hippies ganaron” e implantaron una cultura en la que “las instituciones tienen aversión al riesgo” y “la humanidad se ha convertido en una especie más dócil”.

Su propuesta para resolver esta situación es “tomar muchos más riesgos” y eliminar regulación en ciencia y tecnología. 

Thiel, que se ha definido como libertario, expresa nostalgia de las políticas del New Deal: “Serían lo que fueran pero invertían en ciencia”. Admite que se han dado grandes avances en el área de las tecnologías de la información, como internet, pero lo considera insuficiente: “Queríamos coches voladores, tuvimos 140 caracteres”. La IA tampoco le entusiasma porque genera “ideas convencionales”, pero la apoya porque considera que es el único campo en el que se está avanzando. Sueña con las promesas de la ciencia ficción de su infancia: viajes a Marte, aviones supersónicos, energía nuclear, personas inmortales y resurrecciones. 

En coherencia con estas ideas, Thiel también financia un proyecto de su amigo Aron D’Sousa llamado Enhanced Games (Juegos Mejorados), una competición deportiva en la que estará permitida cualquier sustancia dopante.

En realidad, este discurso no es nuevo. Sus ideas centrales ya se perfilan en el artículo que escribió en 2009 para el think tank ultraliberal Cato Institute, “The education of a libertarian” (La educación de un libertario) que incluye una de sus frases más recordadas: “Ya no creo que la democracia y la libertad sean compatibles”.

El enorme aumento del número de beneficiarios de prestaciones sociales y la ampliación del derecho al voto a las mujeres –dos grupos de votantes que son muy difíciles para los libertarios–”, escribió Thiel, “han convertido la noción de ‘democracia capitalista’ en un oxímoron”.

Esta afirmación generó polémica y Thiel publicó una nota aclaratoria en la que, tras lamentar que el debate se hubiera focalizado en una parte tan trivial de su argumentación, declaró: “No pienso que se le deba quitar el derecho al voto a nadie, pero tengo pocas esperanzas de que votar haga mejorar las cosas”. En su reciente aparición en el podcast de Joe Rogan, Thiel menciona la “feminización” de la política entre las causas de la decadencia de Occidente.

Quizás la mayor novedad en el discurso de Thiel sean las referencias cristianas apocalípticas y la vinculación del ecologismo con el Anticristo. La cita bíblica que ha encontrado para apoyar esta argumentación es Tesalonicenses 5:3, que dice así: “Que cuando digan: paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”.

Un crítico de la diversidad criado en el apartheid

Thiel nació en 1967 en Frankfurt, en la República Federal Alemana. Cuando tenía apenas un año, la familia emigró por primera vez a Estados Unidos, a Ohio, pero poco después se trasladaron a Swakopmund, en lo que entonces era África del Sudoeste, hoy Namibia. Entre 1884 y 1915, África del Sudoeste había sido una colonia alemana en la que se había llevado a cabo el expolio y el genocidio de los pueblos herero y nama (al menos 75.000 personas asesinadas). Tras la Primera Guerra Mundial quedó bajo control de Sudáfrica, que impuso su régimen de apartheid. Klaus Thiel, el padre de Peter, era ingeniero químico y llegó allí para trabajar en la mina de uranio de Rössing. Las ambiciones frustradas de la energía nuclear son una de las obsesiones de Thiel. Invierte en la compañía Valar Atomics, que ha entrado en un programa piloto del Departamento de Energía de Trump para construir pequeños reactores que puedan alimentar instalaciones como centros de datos.

En 1977, los Thiel se trasladaron de nuevo a Estados Unidos, esta vez a Foster City, en la bahía de San Francisco. Thiel era un niño que destacaba en el ajedrez y las matemáticas, jugaba a juegos de rol y leía libros de fantasía y ciencia ficción. Le gustaba mucho El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien. Los nombres de muchos de sus proyectos hacen referencia al mundo de fantasía de Tolkien. Por ejemplo Palantir (análisis de datos a gran escala), Anduril (tecnología militar), Valar (un fondo de inversión y también una empresa de energía nuclear) o Mithril y Narya (los fondos en los que trabajó JD Vance). 

Thiel estudió Derecho en la cercana y prestigiosa Universidad de Stanford, donde fundó la revista conservadora The Stanford Review. Sus compañeros lo describen como un joven correcto y reservado. Parece que la experiencia universitaria no le resultó muy satisfactoria. En 1995 publicó, junto a David O. Sacks (sudafricano, hoy en día asesor de Trump para la IA), el panfleto The Diversity Myth. Multiculturalism and Political Intolerance on Campus (‘El mito de la diversidad. Multiculturalismo e intolerancia política en el campus’) en el que consideraba erróneas y opresivas las políticas de inclusión de la universidad, entre ellas la sustitución del curso introductorio sobre Cultura Occidental por uno más plural. También lamentaba que, en esa supuesta ola de persecución e intolerancia en el campus, la definición de violación “se había ampliado” a “seducciones de las que luego se arrepentían [las mujeres]”, aunque en 2016 se disculpó por ello.

El desprecio a la institución universitaria es una de las ideas más constantes en el discurso de Thiel. De hecho, en 2011 creó una beca para emprendedores, la Thiel Fellowship, que tiene como requisito abandonar la universidad. Más recientemente, Palantir ha lanzado su propia beca de cuatro meses para estudiantes de instituto que se anuncia como alternativa a la formación universitaria. En diciembre, Alex Karp, CEO de Palantir, bromeó con que la empresa era “una secta sin sexo y con muy pocas drogas”.

Thiel y Karp se conocieron en Stanford. A diferencia de Thiel, Karp es donante del Partido Demócrata y votó a Kamala Harris en 2024, pero comparte con él su preocupación por la supervivencia de la civilización occidental.

En Stanford, Thiel asistió a una serie de encuentros con el filósofo cristiano francés René Girard. La obra más importante de Girard es la teoría mimética, según la cual los seres humanos tendemos a copiar los deseos de los demás, lo que genera una competencia que desemboca en una pulsión violenta. A menudo las sociedades han resuelto esta pulsión creando un chivo expiatorio sobre el que descargar la violencia (aunque todo esto se volvió más complejo desde que Jesús nos mostró que la víctima es inocente). Hay quien interpreta la obra de Girard como una advertencia. Sin embargo, hay indicios de que Thiel y sus seguidores la ven como una receta

La mafia de PayPal

Tras graduarse en Stanford, Thiel duró poco en el ámbito del Derecho. Con el apoyo de amigos y familiares, reunió un millón de dólares para su primer fondo de inversión. No tuvo mucho éxito hasta que en 1998 conoció al ingeniero Max Levchin y participó en la fundación de Confinity, un sistema de pagos a través de aquellos dispositivos llamados PDA.

Al no triunfar este modelo de negocio, Confinity se convirtió en un programa que facilitaba los pagos por internet en plataformas como eBay, donde los pequeños vendedores no contaban con la infraestructura para el pago con tarjeta. En el año 2000, Confinity se fusionó con su rival X.com, fundado por Elon Musk, otro sudafricano. Sin embargo, la gestión de Musk era un tanto errática y Thiel orquestó una rebelión para sustituirlo como CEO de la empresa, que en 2001 cambió su nombre a PayPal. Hoy en día Thiel y Musk siguen considerándose amigos, aunque Thiel afirma que Musk ha perdido ambición. 

En 2002, eBay compró PayPal por 1.500 millones de dólares. Los fundadores, bautizados como “la mafia de PayPal” destinaron parte del dinero que obtuvieron a la creación de empresas que acabarían teniendo una gran influencia en las siguientes décadas, como Youtube, Linkedin o Yelp.

Thiel, por su parte, detectó una oportunidad en el ambiente de patriotismo, miedo y recortes de libertades de la “guerra contra el terror” posterior al 11-S en Estados Unidos. En 2004, con las guerras de Irak y Afganistán en marcha, fue uno de los fundadores de Palantir, una empresa de análisis de datos orientada a la colaboración con las fuerzas de seguridad y la lucha contra el terrorismo. 

Ese mismo año publicó The Straussian moment, un ensayo de 26 páginas en el que argumentaba que el 11-S debía ser un punto de inflexión para Occidente, que no estaba preparado para la necesaria guerra de civilizaciones contra un enemigo como el islamismo radical: “Hoy, el puro instinto de supervivencia nos obliga a mirar el mundo con nuevos ojos, a pensar extraños nuevos pensamientos y por lo tanto a despertar del tan largo y rentable periodo de amnesia y letargo intelectual que se ha llamado erróneamente la Ilustración”.

Hoy en día, Thiel reconoce que el tema del islam ya no le parece tan importante, en cambio, piensa que la “corrección política” es el arma de una nueva amenaza existencial, China. 

El desengaño con la política y la apuesta por Trump

En 2007, el medio sensacionalista Gawker sacó del armario ante el público a Thiel. La venganza se sirvió fría. Cinco años más tarde, en 2012, Gawker publicó un vídeo sexual de Hulk Hogan, estrella del pro wrestling (lucha libre guionizada). Thiel confesaría más tarde que animó a Hogan a denunciar al medio y le apoyó con unos diez millones de dólares hasta que logró llevar al panfleto a la bancarrota, incapaz de hacer frente a una sentencia que le obligaba a pagar 140 millones de dólares de indemnización a Hogan. 

Ese mismo año, Thiel apoyó la candidatura presidencial del ultraliberal Ron Paul, del Partido Libertario. Era donante del Comité para la Protección de los Periodistas. Cuando le preguntaron cómo encajaba el silenciamiento de un medio de comunicación con esta ideología, respondió: “Me niego a creer que el periodismo implique violaciones masivas de la privacidad”. 

Apoyó a Donald Trump en 2016, según le dijo a Ross Douhat, periodista de The New York Times, por probar, pensando que era “mejor que lo que había” y que “nadie se habría enfadado conmigo si hubiera perdido”. Ese mismo año contrató a JD Vance en su fondo Mithril Capital, aunque sus compañeros no recuerdan verlo mucho por la oficina. Vance se estaba haciendo famoso por su biografía Hillbilly Elegy, la historia de un hombre blanco de origen humilde que, oh, vaya, se siente rechazado en el ambiente de Yale, una universidad de élite. 

En 2020, Thiel no apoyó a ningún candidato a la presidencia. En las elecciones legislativas de 2022 dio 35 millones a las campañas de JD Vance y Blake Masters (que perdió) pero volvió a mantenerse al margen en 2024, al menos económicamente. 

En noviembre de 2022, Jeff Thomas, modelo e influencer amante de Thiel, le contó al reportero Ryan Grim de The Intercept que había intentado convencerlo de que abandonara la “guerra cultural” por “el daño que estaba haciendo al colectivo” gay. Por desgracia, Thomas falleció al caer del balcón de su casa en un rascacielos de Miami el 8 de marzo de 2023. 

Thiel es un admirador de la obra filosófica de Leo Strauss, que defiende que los grandes pensadores se ven obligados a ocultar su verdadero mensaje de forma esotérica bajo una apariencia más convencional, para que pase desapercibido a quienes podrían censurarlo y perseguirlo mientras llega con claridad a los iniciados. El enfoque straussiano nos permite entender las aparentes contradicciones, el presunto misterio del pensamiento de Thiel. No es difícil deducir, por ejemplo, cuando señala como enemigo a “el Estado”, Thiel se refiere a otra cosa. En realidad, nunca ha sido muy sutil.


Fuente: Ctxt

viernes, 7 de marzo de 2025

Detrás de Musk y Trump: la emergencia de una élite al margen de la ley

 

 Por Rubén Juste de Ancos                         Profesor de Sociología en la Universidad de Castilla-La Mancha.


El ecosistema que nació en Silicon Valley, con Bernard Madoff como líder espiritual, (Facebook, Google, Paypal, Airbnb…) conecta bien con los políticos de ultraderecha: todos rechazan la rendición de cuentas.


          “¿También tú te has propuesto perseguirme?”, decía a su amigo el protagonista de Crimen y castigo, la afamada novela de Dostoyevski, haciendo evidente el sentimiento de hostigamiento que vivía después del crimen cometido. Este pasaje recuerda al discurso de la ultraderecha a nivel global y, particularmente, al de las élites que hoy la apoyan. La manía persecutoria la exponen públicamente en forma de migrante al acecho (del delito, de nuestras propiedades, de nuestro trabajo), aunque para las élites es un Estado policial el que lleva décadas acusándolos, como expresan sus máximos representates: Milei, Trump o Ayuso.

En esa tesis se cimienta la reciente unión entre el presidente de Estados Unidos y el CEO de Tesla y ahora jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental. En su primera conversación conocida, retransmitida en X -antes Twitter- después del atentado sufrido por Trump, Musk no dejó de agitar el fantasma de la conspiración del Estado: “¿Cómo pudo ocurrir eso? ¿Cómo dejaron que ocurriera?”.


Donald Trump y Elon Musk durante una entrevista el 19 de febrero de 2025.



La manía persecutoria no es pura ideología, sino que está basada en un hecho empírico. Algunos incluso les ponen cifras: 4.095 casos judiciales. En el documental Trump: an American dream se expone la vida del hoy presidente de Estados Unidos y sus problemas judiciales a lo largo de cinco décadas como empresario en el sector inmobiliario y del entretenimiento. Problemas que comenzaron con sus primeras edificaciones en Nueva York, por evasión de impuestos, falta de permisos administrativos o incumplimiento de contratos y pagos.

En muchos de los casos le defendió el abogado que después se convertiría en alcalde de Nueva York (1994-2001), Rudy Giuliani (hoy enfrentado con Trump). Desde el Ayuntamiento, se encargó de cerrar muchas de las causas abiertas y darle vía libre a su emporio inmobiliario en la ciudad de los rascacielos. Las más numerosas de esas causas, unas 1.863, se refieren a su negocio más lucrativo, los casinos, que se remontan a la década de los ochenta con sus primeros negocios y terminan en 2016, tras su victoria en las urnas frente a Hilary Clinton.

Las sentencias destacan que los casinos de Trump no hacían lo suficiente para evitar convertirse en tapaderas de lavado de dinero y evasión de impuestos. Apostar en el casino una parte de dinero “negro” en metálico y luego hacer efectivo lo demás es una práctica habitual de lavado de dinero. Simplemente se hace caja de lo restante y se puede depositar el cheque en cualquier banco de EEUU. Esta práctica, según algunos medios y personas que conocen el entorno del presidente, sería lo que más le acerca a cualquier trama rusa, y no su contacto con esferas del Kremlin, como sugería la investigación del Senado de EEUU.

Uno de los quebraderos de cabeza para Trump ha sido el Casino Trump Taj Mahal de Atlantic City. En pleno paseo marítimo de la ciudad de New Jersey (al estilo de la serie Boardwalk Empire), este casino de reminiscencias hindúes y estilo recargado ha sido uno de los más emblemáticos del imperio Trump. Tiene 2.600 máquinas, 204 tableros de póker, 18 restaurantes, bares, piscinas y 2.248 habitaciones. En 2004 se declaró por primera vez en bancarrota y Trump cedió la mayoría de su accionariado, aunque se quedó con una participación minoritaria. Desde entonces y hasta 2014, fueron once veces las que se declaró en bancarrota, junto con el resto de sociedades del imperio Trump.


Donald Trump frente a su casino Taj Mahal de Atlantic City en 1990.


En el estado de Delaware, donde radican la mayoría de sus sociedades, la declaración de bancarrota permite eliminar obligaciones legales de pago de deudas, y evitar la confiscación de bienes para el pago de las mismas. En 2015, la unidad de investigación de delitos financieros (FinCen) determinó que desde 2003 el casino había violado cuatro requerimientos de Bank Secrecy Act, como la falta de medidas contra el lavado de dinero, que incluyen la comunicación de actividades financieras fraudulentas en su interior, la comunicación de transacciones financieras, o la existencia de un registro de clientes y actividades.

El mismo estado, conocido por la baja presión fiscal sobre empresas y la permisividad de las regulaciones, ha sido hasta fechas recientes la sede de las empresas de Musk y todavía lo es de otras de Silicon Valley como Alphabet (Google) o Meta (Facebook). Esta luna de miel entre Delaware y las compañías más ricas del país empezó a comienzos del milenio (es la sede del 70% de las 500 empresas estadounidenses con más ingresos) y duró hasta que su Corte de Justicia paralizó una megacompensación de Tesla a Elon Musk (consejero y CEO de la misma) en 2018 por valor de 56.000 millones de dólares en acciones de la empresa (que hoy valdrían 100.000 millones de dólares).


Tipo de empresas radicadas en el estado de Delaware.

Esa misma operación fue autorizada por el consejo de administración de Tesla como parte de un programa de remuneración al CEO de la empresa por determinados resultados de la compañía (superar los 650.000 millones de capitalización). En enero de 2024, meses antes de que Musk diera su apoyo a Trump, la Corte del estado de Delaware se pronunció a favor de eliminar dicha compensación alegando que fue aceptada por un consejo de administración afín y en contra de los intereses de otros accionistas, y exigió a Tesla el pago de una multa de 345 millones de dólares a la defensa legal de los demandantes.

Desde entonces, una ola de empresas amenaza con abandonar Delaware, y Musk ha sido el primero en domiciliar en Texas las de su propiedad (SpaceX, Xai o Tesla). Debido a la presión, legisladores del estado han impulsado una batería de medidas que impidan a los accionistas algunos derechos de litigación o el acceso a información de la compañía.


Elon Musk reacciona el día de su encuentro con el primer ministro indio Narendra Modi en Washington, DC.

La Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB) investigaba a las empresas de Musk por vulneración de derechos del consumidor y publicidad engañosa en sus vehículos Tesla. Además, el Departamento de Trabajo del Gobierno Federal de EEUU tiene abiertas 54 investigaciones a Tesla por siniestralidad laboral que han derivado en multas por valor de 235 millones de dólares. Sus fábricas en Fremont (California) y Austin (Texas) tienen una siniestralidad laboral muy por encima de lo habitual en la industria. El último caso investigado sucedió el 1 de agosto de 2024, cuando un electricista subcontratado en la planta de Texas murió electrocutado en sus instalaciones. Otras investigaciones se refieren a despidos fraudulentos o vulneración de derechos laborales (no está permitida la sindicación en sus empresas). Desde su posición como jefe del Departamento de Estado de Eficiencia de la Administración (DOGE en inglés), Musk ha cerrado la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB) y ha solicitado el acceso a información del Departamento de Trabajo. Estas medidas han llevado a sus trabajadores a protestar frente a su sede el pasado 4 de febrero, y ha puesto en pie a la mayoría de sindicatos que mantienen litigios contra Trump por vulneración de derechos de los trabajadores.


Protesta contra Elon Musk frente a la oficina de gestión de personal en Washington DC.

A pesar de las desavenencias que puede haber entre ellos, Elon Musk y otros inversores que rodean a Trump coinciden en tener una animadversión por la rendición de cuentas, sea ante la empresa o ante el Estado. O lo que es lo mismo: que la empresa rinda cuentas (fiscales, políticas o laborales; o lo que se llegó a denominar los criterios de Responsabilidad Corporativa ESG) entra en colisión con los intereses del inversor. Musk ha llevado esta política más lejos que sus adversarios, bloqueando y subordinando dentro y fuera de sus empresas a los cuerpos directivos y empleados. La diferencia frente a un inversor común radica en el concepto y naturaleza del poder sobre el que se asientan: un grupo pequeño, que dirige y condiciona el campo financiero y tecnológico global, bajo una práctica que torpedea todas las normas clásicas del mundo corporativo, asimilando empresas competidoras y dominando personalmente el conglomerado que poseen.

Esta práctica no se aleja mucho del concepto de mafia o de crimen organizado por su desafío a las leyes vigentes. Edwin Sutherland, en su famoso libro El delito de cuello blanco (1978), decía que “los hombres de negocios generalmente sienten desprecio hacia la ley. En este sentido, se asemejan a los ladrones profesionales, quienes desprecian a la ley, los policías, los fiscales y los jueces”.

Esta máxima nos remite al origen del mundo tecnológico de Silicon Valley. Si recuerdan el nombre de Bernard Madoff no será como el primer presidente de Nasdaq, el índice bursátil que reúne a las tecnológicas, sino por ser el gran estafador del siglo XX a través de un esquema Ponzi de inversión piramidal. Los beneficios prometidos a sus clientes (del 10% al 20%) se pagaban con nuevos inversores y una estrategia de inversión sobre el índice (apostar a la subida o bajada del valor del índice bursátil y no el de una empresa; que hoy se replica con los fondos indexados ETF).

Gracias al relato de una denuncia anónima, se destapó un fraude que llegó a los 50.000 millones de dólares y afectó a grandes y pequeños inversores de todo el mundo, entre ellos el Banco Santander y el BBVA.

Antes de ser borrado de todos los registros oficiales del Nasdaq, Madoff era el líder espiritual del mundo tecnológico y quien atrajo al mundo financiero al Valle de Silicio. El concepto bajo el que reunía a los inversores era el de “red social”, el mismo sobre el que se asentó Facebook: un grupo de conocidos que se vinculan entre sí por redes de afinidad y confianza.

Así empezó la burbuja de las punto com a fines de los noventa (entre otros, gracias al entorno financiero de Bernie Madoff) y así surgió la camada de empresarios de las redes sociales a partir de 2004, de la que emergen los actuales líderes tecnológicos: Zuckerberg (Facebook), Sergei Brin y Larry Page (Google), o Brian Chesky (Airbnb). Un sector asociado a los hedge funds o capital riesgo, cuya diferencia con un inversor es la apuesta sobre riesgos elevados de empresas emergentes. Es decir, sobre una expectativa de crecimiento de la inversión o caída de elevado riesgo.

De ahí que los depósitos de los inversores tengan que permanecer más tiempo de lo habitual. Este mecanismo de funcionamiento como “red pequeña” es algo propio del sector tecnológico, y nada habitual en el mundo empresarial general.

Como ejemplos de este ecosistema siempre aparecen los fundadores de Paypal (inicialmente llamada X), a los que después se denominó Paypal Mafia, formada por Elon Musk y otros ejecutivos como Reid Hoffman (inversor inicial y cofundador de Linkedin) o Peter Thiel (inversor inicial de Facebook y miembro de su consejo y fundador de Palantir, la compañía de software conocida por suministrar vigilancia controlada por IA a Estados Unidos e Israel). Thiel es un reconocido donante del Partido Republicano y Trump, y quien acercó a Musk a este último en una de las primeras citas. Ha empleado al hoy vicepresidente de EEUU, JD Vance, en una de sus compañías, y financió la carrera de este al Senado en 2022.

Otro actor a considerar en este ecosistema es Robert Mercer, presidente y fundador del fondo de capital riesgo Renaissance Technologies. Esta empresa tiene 4.940.233 acciones de Facebook de Clase A (a 20 de septiembre de 2019) por valor de 879 millones de dólares, además de ser uno de los accionistas principales (con un 6%, por detrás de Vanguard, que tiene un 8,76%) de la empresa de sistemas de seguridad Palo Alto Networks, que proporciona sistemas de protección (firewall) a las principales compañías estadounidenses. Es también socio fundador de Cambridge Analytica, junto al activista ultraconservador Steve Bannon (asesor de Donald Trump y de Mateo Salvini).

Facebook ha sido investigada en varias sedes parlamentarias de EEUU y Gran Bretaña por formar parte de un entramado de empresas que colaboró en campañas como el Brexit o la victoria de Trump en 2016, a través de un esquema de control de datos confidenciales de usuarios que se alejaba de los parámetros legales de uso para campañas electorales. El comité del Parlamento británico concluyó en 2019 que “AIQ usó los datos recabados por Aleksandr Kogan para apuntar a votantes en las elecciones estadounidenses” y que “por las evidencias recabadas, parece que hay mayor relación entre AIQ/Cambridge Analytica/SCL de la que normalmente se consideraría en una relación estrictamente contractual. AIQ trabajó en las elecciones primarias presidenciales de EEUU y para las organizaciones pro-brexit”.

Los datos evidencian que el mundo de las nuevas finanzas ha conectado bien con Silicon Valley y con nuevos actores políticos asociados a la ultraderecha. ¿Por qué? Quizá por algo que mencionaba también Sutherland, de cómo “el desprecio del hombre de negocios por la ley, al igual que el ladrón profesional, surge del hecho de que la ley obstruye su comportamiento”.


Fuente: CTXT