Desde
que se iniciaran las hostilidades entre estos dos últimos, la
madrugada
del 12 de junio, la tensión no ha hecho más que aumentar. Solo
ha faltado la implicación del presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, para que la región se acerque al abismo.
El régimen de Tel Aviv busca un Irán contenido, debilitado y
militarmente desmoronado; una situación en la que Israel siempre
tenga el derecho
a atacar y a responder, similar a lo que hace en Líbano o en
Siria.
Ataque Israelí al edificio de la compañía de radiodifusión de la República Islámica de Irán que ha dejado 18 muertos.
En
las últimas horas, Trump ha desplegado decenas de aviones en la
región, ha asegurado “tener localizado” al líder supremo iraní,
el ayatolá Ali Jameneí, y ha pedido la rendición de Irán. Ha
dejado claro en su red social Truth que no quiere un acuerdo entre
las dos partes, sino una rendición. Sin embargo, la volatilidad del
presidente estadounidense y sus cambios de opinión de un día para
otro hacen que su palabra esté exenta de credibilidad. De hecho, las
últimas informaciones publicadas apuntan a que el presidente
estadounidense tiene un plan para atacar a Irán, pero que aún no ha
tomado una decisión final al respecto.
Misiles iranies cayendo en Tel Aviv el 14 de junio.
Degradar
la capacidad militar de Teherán y… ¿acelerar su programa nuclear?
Las
hostilidades bélicas ya han causado casi 250 muertos en Irán y una
cincuentena en Israel. Además, este último ha conseguido destruir
algunas de las infraestructuras militares clave del régimen de los
ayatolás. Esta es la crisis más seria que vive Irán desde la
guerra con Iraq, en la década de los 80. Y, a pesar de que el
régimen ha conseguido alcanzar algunos puntos estratégicos de
Israel, concretamente en Tel Aviv y el puerto de Haifa, también el
hospital Soroka (Beersheba, en el sur del territorio), en las últimas
horas, lo cierto es que Israel ha conseguido interceptar el 90% de
los ataques con misiles.
En
un seminario impartido el martes 17 de junio por Chatham
House, Sanam Vakil, directora del Programa para Oriente Medio de
esta organización, aseguraba que los acontecimientos recientes han
dejado expuestas las vulnerabilidades de Irán y que los ataques
israelíes están afectando a su confianza en términos
armamentísticos. Sin embargo, y a pesar de que Israel ha asesinado
a altos cargos de la Guardia Revolucionaria y la inteligencia del
país, la estructura más importante, el complejo nuclear de Fordo,
fuertemente fortificado y a 80 metros bajo tierra bajo tierra,
continúa operativo. Israel no tiene la capacidad para alcanzar estas
instalaciones, pero Estados Unidos, sí.
Paradójicamente,
en un intento de degradar las capacidades militares de Irán, esta
nueva ronda de hostilidades, lo que puede comportar es precisamente
lo contrario, la aceleración de su programa nuclear. Y, si bien
Israel es la potencia militar más importante de la región, continúa
necesitando de la ayuda de Estados Unidos, concretamente de sus
aviones de combate, para alcanzar sus objetivos.
Vakil
recuerda la “asimetría” de las capacidades militares de Irán y
la necesidad del régimen de mantener su legitimidad: “El ataque a
Teherán, en particular, ha creado una presión real sobre el sistema
y el Estado, lo que ha alarmado a la población”. Considera la
analista, que ahora mismo, el principal objetivo de los ayatolás es
demostrar su capacidad de “resistencia”. “Como la parte más
débil, Irán solo puede resistir por un tiempo, por lo tanto ahora
para el país es primordial demostrar que su estructura de mando está
preparada para un ataque y que el Gobierno del país sigue operativo.
Quieren evitar la capitulación. Sabiendo, además, que esto
terminará en una mesa de negociaciones, el régimen quiere llegar en
las mejores condiciones posibles [...] En última instancia, Irán
también persigue desgastar la política israelí y ver cómo crece
la presión internacional para detener esta guerra y alcanzar un alto
el fuego”.
Paralelamente,
los ayatolás se están centrando, estas últimas horas, en la
reconstrucción y reestructuración de los puestos de mando tanto de
la Guardia Revolucionaria como de la inteligencia iraní, en estos
momentos, decapitados tras perder a sus principales dirigentes.
Ksenia
Svetlova, investigadora asociada del Programa para Oriente Medio y el
Norte de África de la misma organización, también es de la opinión
de que en esta última ronda de hostilidades Irán se está
debilitando. “A pesar de las promesas de los líderes de la
República Islámica de asestar un golpe mortal a Israel, lo cierto
es que la cantidad de cohetes que utilizan en cada lanzamiento ha ido
disminuyendo. Comenzaron con unos 100 misiles, luego 50, y en las
últimas 24 horas, entre 20 y 30. Esto significa que el el régimen
iraní está intentando ahorrar. Sin embargo, sus infraestructuras
nucleares clave no han sufrido daños tan graves como para que
podamos hablar de un cambio radical”. Para ella, esto abre la
puerta a que, en términos de capacidad balística Irán vea reducida
su fuerza pero que apriete el acelerador en materia de capacidad
nuclear.
Estados
Unidos, el tercero en discordia y actor clave en la reconfiguración
de la región
Si
algo parece evidente de todo lo que ha sucedido en los últimos días
es que una participación directa y plena de Estados Unidos
empeoraría claramente la situación, y no solo tendría efectos en
Irán, sino en toda la región.
Israel
no ha escondido nunca sus intenciones de que Estados Unidos se
involucrase en esta guerra,
ya que sin la implicación de los estadounidenses, hoy por hoy,
resulta complicado que Tel Aviv pueda acabar por sí mismo con el
programa nuclear iraní. Pero con un presidente impredecible como
Trump, resulta complejo hacer predicciones. “Esta guerra fue
diseñada por Israel con la esperanza de que Estados Unidos se
uniera, pero si no lo hace, habrá sido un gran error de cálculo que
puede costarle muy caro”, explica Svetlova y añade: “En Israel
existe la expectativa de que Trump no les presione para el alto el
fuego antes de que hayan cumplido sus objetivos”, apuntó Svetlova
durante el seminario.
Renad
Mansour, investigador principal del Programa para Oriente Medio y el
Norte de África e integrante de Iniciativa para Iraq, explicó cómo
la invasión de Gaza por parte de Israel, iniciada el 7 de octubre de
2023 y también este nuevo ataque por parte de los israelíes están
cambiando considerablemente la configuración de la región, que se
dirige a un futuro incierto. “Todos los grupos y todos los países
están en modo de supervivencia”.
Restos de un bombardeo en un campo de refugiados.
El
analista hizo referencia al debilitamiento de grupos tradicionalmente
aliados de Irán, como Hezbolá en Líbano o el régimen de Assad,
derrocado a finales del año pasado, o los hutíes en Yemen. “La
cuestión es que cada uno de estos grupos no es solo un
‘representante’ de Irán, sino que responde principalmente a sus
propios intereses locales, y eso es precisamente lo que está
intentando salvaguardar. De hecho, para muchos de ellos, el conflicto
actual perjudica sus negocios, que necesitan estabilidad”.
Para
Mansour, y esto es algo en lo que coincidieron los otros ponentes,
las áreas de influencia tradicionales, o ideológicas, se están
transformando, y se ven “desafiadas por mecanismos de supervivencia
primarios, económicos y políticos”. Esto se observa, según él,
en la posición de Iraq, que desde la invasión del 7 de octubre, se
ha mantenido al margen. “Iraq ha estado en el centro del conflicto
durante los últimos años, pero ahora se mantiene al margen.
Mientras que en lugares como Líbano, Yemen, Palestina o Siria se ha
organizado un eje de resistencia, en Iraq no ha habido ese
movimiento; ya que la entrada en el conflicto perjudicaría
seriamente sus intereses locales [...] Por otra parte, los diferentes
grupos que conforman la movilización popular y que operan en Iraq no
están unidos, como sucede en Líbano con Hezbolá. Algunos de estos
grupos están en el Gobierno, y les va muy bien. Luego hay otros
grupos que, en algún momento, se desarrollaron con el apoyo de Irán,
pero durante muchos años han tenido su propia independencia
económica y política, por lo que siguen su camino propio”.
Quienes
sí están muy atentos por las implicaciones que puede tener para
ellos una escalada del conflicto regional son los países del Golfo.
A pesar de que, hoy por hoy, no se estén viendo directamente
afectados por las tensiones entre Irán e Israel, esto podría
cambiar en un futuro.
Como
apunta Mohammed Baharoon, director general del Dubai Public Policy
and Research Center existe una seria preocupación por la
radiación en el Golfo si se producen ataques directos a reactores
activos en Irán, lo que podría afectar la seguridad nacional, el
suministro de alimentos y agua, y a la capacidad de exportar
petróleo. “Este conflicto afecta a la seguridad nacional de toda
la región, donde se esperaba que Israel fuera un socio de paz. Hoy,
sin embargo, se ha convertido en un foco de inestabilidad. No es un
aliado ni para la paz ni para la seguridad”.
Baharoon
considera que una implicación total de Estados Unidos en este
conflicto, solo empeorará la situación, y recuerda que para los
países del Golfo, más allá de lo regional o lo global, pueden
sufrir un impacto en su seguridad nacional.
El
papel del Golfo Pérsico y los esfuerzos diplomáticos
“Ahora
no lo vemos, aún pero en el futuro nos daremos cuenta del fracaso de
los gobiernos internacionales. Ninguna entidad puede hoy detener a
Israel. Ni la ONU, ni la UE, ni el Consejo de Cooperación del Golfo,
ni la Liga Árabe, ni la Organización de Cooperación Islámica.
Nadie. Estados Unidos le apoya. La pregunta que debemos hacernos aquí
es: ¿qué tipo de respaldo surge cuando estallan las guerras? A
estas preguntas ya se enfrentó el mundo entero durante la Primera y
Segunda Guerra Mundial”, reflexiona Baharoon.
Preguntado
acerca del futuro en la región y las implicaciones de los
acontecimientos actuales, el analista no tiene ninguna certeza:
“Cuando los Estados y las organizaciones internacionales no cumplen
con su labor, se crea un vacío, y son los individuos quienes lo
llenan. Este conflicto podría provocar un resurgimiento de grupos
como Al Qaeda y el Daesh. Lo único que parece evidente es que el
programa nuclear no puede ser completamente desmantelado sin que haya
consecuencias importantes tanto para el pueblo iraní, como para toda
la región”, advierte; y asegura que esta escalada supondrá una
reevaluación de las perspectivas sobre la región y el papel de
Israel. “Emiratos Árabes ha sido uno de los primeros en intentar
encontrar una manera para que Israel coexista en la región; y no
solo exista, sino para que pueda tener más alcance económico. Se
intentaba convencer a Israel de que había una manera de coexistir en
la región; por eso lo de ahora supone un gran revés”.
La
pregunta que cabe hacerse es si los países del Golfo, en un intento
de defender sus propios intereses y su papel como mediadores
presionarán a las partes implicadas para llegar a una solución
diplomática del conflicto. Y quizás ahí podría estar una de las
claves. A pesar de que no ha trascendido, Mohammed Baharoon explica
que los líderes de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Omán y
Qatar están en conversaciones con ambas partes para intentar
estabilizar la situación. “Están intentando convencer a Irán de
que acepte cierto compromiso para llegar a un acuerdo”. El tiempo,
sin embargo, “apremia”, reconoce el experto.
Por
otra parte está el tema del precio y el flujo del petróleo. Y no
solo el flujo continuará disminuyendo y el precio continuará
subiendo, también lo hará el precio de los seguros, y esto no son
buenas noticias para países como India, Japón, Corea o China, que
son los mayores compradores de petróleo de Irán. Tampoco para
Estados Unidos y en especial para Donald Trump que sostiene buena
parte de su narrativa “social” en los bajos precios del petróleo
para el consumidor final.
¿Podría
colapsar el régimen iraní?
La
gran pregunta que se hacen todos los analistas, pero también
aquellos y aquellas que siguen esta nueva ronda de hostilidades entre
Israel e Irán, la más grave de los últimos años, es si la
ofensiva de Israel podría acabar con el sistema iraní. En un
principio ese no era el objetivo de Israel, si bien en los últimos
días —y en una huida hacia adelante— las voces del Gobierno de
Benjamin Netanyahu, apuntan a que el objetivo es la caída del
régimen en Teherán.
Todos
los expertos del panel lo ven improbable sin la implicación directa
de Estados Unidos. Vakil considera que, llegado a este punto, hay
poco que Irán pueda hacer sin arriesgar mucho y sin exponerse a una
nueva etapa de aislamiento pero que, si bien el país se encuentra
“acorralado”, no es tan fácil que Israel lo aniquile.
“Irán
no busca una guerra regional y aún posee cierta influencia para
presionar en la mesa de negociaciones”, explica. La analista
vaticina que, si bien se podría avecinar un cambio de régimen en
los próximos años, parece poco probable que sea efecto de esta
ofensiva. “No creo que el colapso sea el resultado inmediato. Creo
que lo que podemos ver es un desmoronamiento con el tiempo. Y es más,
considero que Israel no quiere ser el responsable del cambio de
régimen, sino atribuirse el mérito cuando llegue la ocasión. Irán
ya está en proceso de transición, e Israel lo único que hace es
acelerar ese proceso. Este cambio, sin embargo, no será fruto de la
gestión de actores externos, sino que será una cuestión de
alineaciones internas”.
Por
otra parte y, si bien Netanyahu ha declarado, desde el principio que
su objetivo es la degradación del programa nuclear y balístico de
Irán, tampoco se cree que el objetivo de Israel sea aniquilar el
régimen de los ayatolás, considera Svetlova. “Su objetivo es
debilitar significativamente al régimen iraní para reducir sus
capacidades, y, eventualmente, llevarlo a la mesa de negociaciones”.
De
hecho, y a pesar de que en las últimas horas el Jefe del Estado
Mayor del Ejército iraní ha expresado su intención de continuar
bombardeando “cualquier objetivo del agresor sionista”, Irán ya
ha mencionado su disposición a un alto el fuego si Israel también
lo acepta, y ha expresado su confianza en mantener las conversaciones
con Estados Unidos. A tal efecto, existe la posibilidad de una
“salida temporal” o un “alto el fuego temporal” para evaluar
la voluntad de Irán de negociar un acuerdo; y en esta línea, una
reunión entre Washington y Teherán, con el apoyo de los países del
Golfo, podría ayudar a definir los contornos de un posible acuerdo
entre ambas potencias.
El
analista Baharoon, sin embargo, considera lo contrario y cree que
Netanyahu sí busca un cambio de régimen, y no solo la decapitación
o su degradación. “Israel quiere acabar con el programa de misiles
y el programa nuclear de Irán; y también quiere acabar con su
liderazgo. En las últimas horas se ha hablado seriamente sobre la
posibilidad de asesinar a Alí Jamenei, lo que prácticamente
significaría un cambio de régimen. Estos objetivos, si se cumplen,
tendrán grandes repercusiones en la región”, añade.
La
legitimación de Netanyahu
Otra
realidad evidente a lo largo de esta semana de intercambio bélico
entre Irán e Israel es que Gaza
ha desaparecido prácticamente de los titulares de las principales
cabeceras mediáticas. En cuestión de una semana, Gaza ha dejado de
ser la prioridad para Netanyahu (y para el resto del mundo), que se
ha centrado en los iraníes. “También ha sido percibido así tanto
por los familiares de las personas aún retenidas por Hamás como por
los familiares de los soldados que se oponen a la guerra en Gaza”,
apunta Svetlova.
Desplazados esperan el reparto de comida.
Con
esta ofensiva contra Irán, Netanyahu ha conseguido otro de los fines
que perseguía: una tregua en el debate
público sobre la guerra en Gaza. El ataque sobre Irán ha hecho
que se legitimase no solo ante su población, sino también ante los
diferentes agentes internacionales. Netanyahu, persona non grata para
muchos líderes mundiales, con una orden
de arresto por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) por
crímenes de lesa humanidad y con una serie de ministros sancionados
por Reino Unido, ahora vuelve a recibir toda la atención. Y no lo
hace por ser un genocida.
Ksenia
Sevetlova afirma: “A él le gusta estar en el centro, recibir la
atención del mundo entero. En este nuevo contexto, se puede
presentar como ganador, algo que no puede hacer en el contexto de
Gaza”. Y prosigue: “Durante años se creyó que los líderes
israelíes preferían no ir a la guerra, y eso fue algo que Netanyahu
también repitió en varias ocasiones: ‘No queremos ver los ataúdes
de nuestros soldados. No queremos ver los ataúdes de nuestros
ciudadanos’; pero ahora esto ha cambiado; porque la percepción
pública de cómo se deben tratar los ‘asuntos pendientes’ se ha
transformado [...] A diferencia de la guerra en Gaza, o los ataques
en Líbano, existe un consenso increíble sobre esta guerra. A pesar
de las divisiones sociales, la población israelí apoya esta
operación, a pesar del precio que está pagando Israel. La gente [en
Israel] parece estar dispuesta a llegar hasta el final, si eso
implica derrocar al régimen iraní”, concluye.
¿Dónde
está Rusia? ¿Y China ¿O la India?
Para
hablar de la postura de países como China o la India, pero también
Brasil o Sudáfrica, hay que pensar ya no solo en términos
económicos, sino de estabilidad. “La riqueza de algunos países
llamados ‘el sur global’ no es como la de los países del G7,
pero se trata de países con un gran número de población. La
postura de estos países ante esta situación es bastante clara:
Israel es un peligro potencial porque es un agente desestabilizador,
algo que anteriormente se le había atribuido a Irán”, dice
tajantemente Barahoon.
Por
eso los y las expertas coinciden en que se está produciendo un
cambio importante en la percepción global. El baile de nuevas
dinámicas trae consigo una reconfiguración de no solo en la región,
sino en la consideración que hay hacia ciertos regímenes.
Para
Renad Mansour, esta nueva situación es más peligrosa que nunca. “El
mundo es un lugar mucho más peligroso. En 2024 se produjeron el
mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial.
El número de guerras aumenta cada año; y se está produciendo una
transformación global en la que los derechos humanos y el derecho
internacional ya no son relevantes. Mucha gente ya no ve la
existencia de una arquitectura de seguridad global, ni siquiera de un
orden basado en reglas que supuestamente gobernaba el mundo. Todo
esto ha terminado. Israel, tanto en términos militares como en
términos de derecho internacional, está mostrando al mundo cómo
será la guerra”.
Para
el analista, las dicotomías regionales, fruto de la Segunda Guerra
Mundial, están desapareciendo o ya no funcionan. “Los acuerdos de
paz ya no conducen a una paz sostenible. Por eso, la relación con
China, India y otros países se vuelve cada vez más importante en la
región, porque estamos hablando de la configuración de un nuevo
orden global”.
Termina
la sesión y Barahoon se muestra contundente en su diagnóstico, que
funciona también a modo de conclusión: la situación actual es un
“fracaso de la gobernanza global”, puesto que no hay nadie que
aparentemente esté dispuesto o pueda “pararle los pies al Gobierno
de Netanyahu”.
Fuente:
EL
SALTO