Mostrando entradas con la etiqueta Orinoco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orinoco. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de enero de 2026

Trump, Venezuela, Groenlandia y el petróleo que debe quedar bajo tierra para evitar un planeta inhóspito

 

 Por Andrés Actis   

      Periodista licenciado en Comunicación Social (UNR-Argentina). Colabora en diferentes medios, entre ellos El Salto.


Mientras la geopolítica global y las agresiones estadounidenses centran el debate, el mundo ignora las advertencias de la comunidad científica sobre las consecuencias de quemar las ingentes reservas de crudo de Venezuela


     El secuestro de Nicolás Maduro y la intervención de Donald Trump en Venezuela ha generado un sinfín de especulaciones sobre qué hará Estados Unidos con las reservas de petróleo que tiene el país sudamericano, una de las más grandes del planeta. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), este crudo equivale a aproximadamente 303.000 millones de barriles, lo que representa el 17 % de las reservas mundiales. La geopolítica ha monopolizado un debate que, a una semana del bombardeo, sigue obviando las advertencias científicas sobre el impacto climático y ambiental de estas futuras emisiones de CO2 cuya conclusión es clara: el petróleo de Venezuela debe quedar bajo tierra para evitar un planeta inhóspito.


Panorama energético de Venezuela, 2021.

Así lo revela el atlas del petróleo no extraíble en el mundo, un mapa diseñado en 2024 con criterios medioambientales y sociales que alerta sobre qué recursos petroleros no deben explotarse para evitar que la temperatura del planeta aumente por encima del 1,5 ºC respecto a la era preindustrial, una línea roja que pronto va a sobrepasarse. Según este estudio, dirigido por el profesor Martí Orta-Martínez, de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona, el 71% de los recursos existentes de petróleo convencional debe permanecer sin quemarse para no cruzar este crítico umbral.

El atlas identifica las regiones del planeta donde la explotación de petróleo sería altamente incompatible con los objetivos climáticos. Estas incluyen: áreas naturales protegidas, zonas prioritarias para conservación de biodiversidad y regiones con alta riqueza de especies endémicas. Dos cuencas de Venezuela, la oriental y la de Maracaibo, figuran en este mapa.


Planta de distribución de la empresa petrolera estatal de Venezuela (PDVSA).

Nuestro trabajo revela cuáles son los recursos petroleros que deben mantenerse bajo tierra y sin explotación comercial, con especial atención a aquellos yacimientos que se superponen a zonas de alta riqueza de endemismos o bien coinciden con valores socioambientales destacados en diferentes regiones del planeta”, explica el profesor Martí Orta-Martínez. “Los resultados muestran que la explotación de los recursos y reservas seleccionados es totalmente incompatible con la consecución de los compromisos del Acuerdo de París”, continúa.

Los puntos de no retorno del sistema Tierra

Existe un amplio consenso entre la comunidad científica sobre la necesidad de limitar el calentamiento global a 1,5°C si se quiere evitar que se llegue a los conocidos como “puntos de no retorno” del sistema climático terrestre. Es el caso del deshielo del permafrost, la pérdida de hielo marino ártico y la capa de hielo antártico y de Groenlandia, los incendios forestales de los bosques boreales, etc. “Si se superan estos umbrales, podría provocarse una emisión brusca de carbono a la atmósfera. Esto amplificaría los efectos del cambio climático y desencadenaría una cascada de efectos que comprometen al mundo con cambios irreversibles y a gran escala”, agrega el científico.


Circos glaciares en Groenlandia.

Paasha Mahdavi, profesora asociada de ciencias políticas en la Universidad de California en Santa Bárbara, es otra de las expertas que en estos días de agitación política mundial está poniendo la lupa en los impactos de aumentar la producción del petróleo venezolano. Su cálculo es que si el país recupera su pico máximo de extracción —3,7 millones de barriles diarios, más del triple de los niveles actuales— “socavaría aún más el ya vacilante esfuerzo mundial para limitar el peligroso calentamiento global”.

Con un aumento de 500.000 barriles diarios —el país produce entre 900.000 y 1,1 millones de barriles por día, según las últimas cifras de la empresa estatal PDVSA— se generarían más de 550 millones de toneladas de dióxido de carbono al año al quemar este combustible. Esto representa una mayor contaminación de CO2 que la que emiten anualmente algunas de las principales economías, como el Reino Unido y Brasil.

Si hay millones de barriles diarios de petróleo nuevo, eso agregará una gran cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera y la gente de la Tierra no puede permitírselo”, ha resumido esta semana John Sterman, experto en clima y economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en diálogo con The Guardian.


Una central de energía eléctrica en el sur de Alemania.

Los analistas del mercado mundial de petróleo son más cautos respecto al aumento de la producción del crudo de Venezuela, tanto por las inversiones de infraestructura que se necesitan como por una demanda que decrece año a año. “El mundo probablemente no necesite mucho más petróleo contaminante y costoso. El sueño de una inundación transformadora de crudo venezolano probablemente seguirá siendo ilusorio”, aclara Robert Cyran, columnista de Reuters, magíster en Economía por la Universidad de Birmingham.

Faja del Orinoco, uno de los mayores humedales de Sudamérica

Cyran, no obstante, revela que las reservas de Venezuela son enormes, en especial las que se encuentran en la Faja Petrolífera del Orinoco, que se estima que representa más de un billón de barriles.

La Faja Petrolífera del Orinoco es parte de un sistema petrolero dentro de la cuenca de Venezuela Oriental. Se extiende por unos 50.000 km², con depósitos petrolíferos muy pesados. El crudo es de muy alta viscosidad, lo que hace que su extracción sea más compleja y dependiente de técnicas especiales, según un informe técnico de la U.S. Geological Survey (USGS), una agencia científica de la Casa Blanca dedicada a estudiar la Tierra, sus recursos naturales y los riesgos naturales.

Esta región está ubicada al norte del caudaloso río Orinoco y se extiende por cinco Estados venezolanos: Guárico, Anzoátegui, Monagas, Delta Amacuro y norte de Bolívar. Según datos de la propia PVDSA, la zona tiene bajo tierra petróleo para extraer una cuota de 3 millones de barriles diarios de crudo (10.808 pozos) durante los próximos 300 años.

Cuando se habla de esta franja se suele omitir que es uno de los mayores humedales que existe en Sudamérica, como detalla un estudio técnico elaborado por especialistas en biodiversidad, geografía y planificación ambiental del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad Simón Bolívar (USB).

Este enorme humedal cuenta con sistemas inundables que conectan ríos y lagunas, esenciales para la migración de peces, aves y otros animales. Es un área importante para aves migratorias como los playeritos (Calidris) y otros grupos de aves que viajan desde el Ártico hacia Sudamérica. También es el hábitat de especies emblemáticas y amenazadas como el caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), clasificado en peligro crítico de extinción, y la tortuga arrau (Podocnemis expansa).

Los datos recabados en este informe muestran que una parte significativa de la Faja Petrolífera está asociada a “zonas de alto valor ecológico” especialmente vinculadas a los sistemas de drenaje e inundación que sostienen la biodiversidad. La cuenca alberga más de un millar de especies de peces documentadas. También incluye especies emblemáticas como el delfín de río (Inia geoffrensis), el manatí, jaguares, aves como las guacamayas y otras de alto interés biológico y conservacionista.

Asimismo, la Faja Petrolífera del Orinoco está enclavada en una zona que fue creada por la acumulación de los sedimentos provenientes de la Cordillera de los Andes y en donde el gran protagonista es el agua. “Allí se forma una dinámica biológica que es clave para todo el planeta”, explican los autores de este trabajo.

Groenlandia y un deshielo que permitirá la extracción de petróleo y minerales

Groenlandia, territorio autónomo que pertenece a Dinamarca, que Trump ha amenazado con invadir tras la intervención de Venezuela, también tiene petróleo bajo sus enormes capas de hielo.


Groenlandia responde a las amenazas: 'No queremos ser estadounidenses'

Un estudio de USGS publicado en 2019 estimó que esta región tiene reservas que pueden alcanzar los 31.400 millones de barriles equivalentes de petróleo, gas natural y líquidos de gas natural, algo que en dinero rondaría los dos billones de dólares. Se trata de una estimación geológica de recursos aún no descubiertos que podrían ser técnicamente recuperables si se exploraran.

Además de petróleo, el subsuelo groenlandés contiene materias primas estratégicamente críticas como uranio, gas natural, níquel, cobre, oro y grafito. Para hacerse con ellos se necesita que el hielo desaparezca, proceso que está ocurriendo por el calentamiento global.

Las últimas mediciones revelan que Groenlandia se está acercando a tres décadas de pérdida anual continua de hielo

Según el informe Estado de la criosfera 2024: pérdida de hielo, daños globales, publicado el año pasado y firmado por más de 50 científicos que estudian las regiones de nieve y hielo de la Tierra, Groenlandia pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora y sufre hoy una merma de hielo cinco veces mayor que hace 20 años por el calentamiento global.


Groenlandia, la isla que pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora.

Las plataformas de hielo en el norte de Groenlandia han perdido el 35% de su volumen total desde 1978, según se describe en este documento. Tres de ellas ya se han derrumbado por completo. También han aumentado las precipitaciones, un 33% desde 1991, otro factor que acelera la fusión del hielo.

Las últimas mediciones revelan que Groenlandia se está acercando a tres décadas de pérdida anual continua de hielo, siendo el periodo 1995-96 el último en que la gigantesca capa de hielo aumentó en tamaño. En la temporada 2024/25, el territorio perdió 105 mil millones de toneladas de hielo, según datos de Carbon Brief. El derretimiento se extendió durante septiembre, mes del año en que la capa de hielo gana nieve en la superficie.


Comportamiento de la capa de hielo en Groenlandia en 2025.

El inicio de la temporada de deshielo, definida como el primero de al menos tres días consecutivos con derretimiento de más del 5% de la capa de hielo, tuvo lugar el 14 de mayo. Esto supone 12 días antes que el promedio del período 1981-2025. En el balance general, el período 2024-25 fue el vigésimo noveno año consecutivo con pérdida de masa total de la capa de hielo de Groenlandia. La última vez que Groenlandia experimentó una ganancia neta anual de hielo fue en 1996.

La estadística debe ser motivo de festejo en la Casa Blanca. Trump está convirtiendo cada advertencia climática y ecológica en una nueva oportunidad de negocio.


Fuente: El Salto

miércoles, 7 de enero de 2026

Motivos para no desesperarse ante la Doctrina ‘Donroe’

 

 Por Andy Robinson   
      Periodista que actúa como corresponsal volante de ‘La Vanguardia’ con especial dedicación y especialización en Latinoamérica.

 El ataque a Caracas y la convivencia con el chavismo son una muestra de debilidad en lugar de fuerza

     En momentos como estos conviene escuchar Reasons to Be Cheerful, de Ian Dury. Porque a pesar de la muestra terrorífica de poderío militar estadounidense en el secuestro de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, yo veo algunos motivos para no sentir una desesperación total ante el imperio que contraataca.


Donald Trump. Marco Rubio y Pete Hegseth siguen los ataques de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro.

El primero es la sensación espontánea de júbilo que yo, al menos, sentí cuando Trump anunció que María Corina Machado no va a ser presidenta de Venezuela, “tirándola debajo del autobús”, como se suele decir en Estados Unidos.

Será muy difícil que ella [Corina Machado] sea líder; no tiene ni el apoyo ni el respeto dentro del país”, anunció el presidente estadounidense ante el asombro de los periodistas y los medios que han elogiado a la nueva premio Nobel pese a que apoyase el bombardeo de su propio país. 

Obviamente, Trump no rechaza a Corina Machado porque sea una creación de los medios, aunque es cierto que la opositora ha perdido mucho apoyo, según los sondeos.


Rechazo a María Corina Machado, según los sondeos.

El verdadero motivo por el que Trump ha dado la espalda a la política que más lo adora es que no quiere perder tiempo con elecciones. El presidente estadounidense, o mejor dicho Marco Rubio, el secretario de Estado, cree que la vicepresidenta y ahora presidenta chavista Delcy Rodríguez será un instrumento más manejable para la entrada de Exxon, ConocoPhillips y demás petroleras estadounidenses, incluso más que un gobierno títere de Corina Machado o de su alter ego Edmundo González.


Delcy Rodríguez, en su primer Consejo de Ministros, el 4 de enero, en el Palacio de Miraflores de Caracas.

Rubio, el neoconservador cubano americano que manda a la hora de diseñar la doctrina Donroe (Donald más Monroe), parte de la base de que puedan abusar impunemente de un gobierno cuya legitimidad democrática se cuestiona, sobre todo en Miami.


La doctrina 'Donroe'.

Que el enemigo derrotado haga el trabajo sucio. Esa es la idea audaz de una mente fría y cruel como la de Rubio. ¿Pero cuál es el instrumento de poder que logre que el chavismo se convierta en el autor de su propia destrucción?

Rubio cree que la diplomacia de cañonero –eufemismo nacido en las guerras coloniales– y la presencia de la US Navy en el Caribe son suficientemente amedrentadoras para que el chavismo se convierta en una mansa bestia de carga para transportar el crudo pesado desde el Orinoco a Houston. “Este es el leverage (palanca) que tenemos”, se jactó el secretario de Estado en el programa 60 Minutes el domingo 4 de enero.

Trump es más directo. Lanzó duras amenazas contra Delcy Rodríguez si no hace lo que él quiere: “Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”, le dijo a Michael Scherer de The Atlantic.


Donald Trump amenaza a la nueva líder de Venezuela, Delcy Rodríguez, con un destino peor que el de Maduro.

Pero yo tiendo a pensar que elegir a Delcy Rodríguez en lugar de a María Corina Machado para gestionar el saqueo de Venezuela puede ser un grave error de cálculo por parte de los intrépidos gestores del ya senil imperio estadounidense. 

Corina Machado es una aliada de clase de Trump y Rubio, “la prototipo de la sifrina [pija] de Caurimare”, según bromeó un amigo venezolano en referencia a la canción del pop setentero venezolano que se burla de la élite blanca caraqueña. 

Delcy Rodríguez, en cambio, se ha curtido en las luchas contra las dictaduras apoyadas por la CIA –su padre fue torturado y asesinado–. Es pragmática y hasta maquiavélica; quién sabe, quizá haya decidido que con Nicolás no había forma. Pero no es una aliada de clase de Donald Trump.

Es más, Rodriguez cuenta, al menos de momento, con el apoyo de las fuerzas armadas. “El chavismo se mantiene en el poder, van a continuar ejerciendo el control militar”, explicó Francisco Rodríguez, exasesor de Henri Falcón, de la oposición moderada, ahora afincado en EE.UU. La decisión de dar la espalda a Machado se debe a que “Trump ha decidido que la estructura del Estado con el chavismo es más gobernable”, añadió. 

Controlar un país rebelde sin expulsar a los rebeldes es una extraña innovación política, incluso para el trumpismo. “El presidente afirmó que ahora estamos gobernando Venezuela. Pero esto plantea un pequeño problema, ya que no contamos con soldados ni diplomáticos sobre el terreno. Puede que hayamos decapitado al Gobierno venezolano, pero el Estado venezolano permanece intacto”, sostiene Noel Maurer, de la George Washington University, en un artículo en Substack

En este sentido, las amenazas al estilo Don Corleone que llegan a Caracas desde Mar-a-Lago y Washington pueden ser más una muestra de debilidad que de fuerza. Son necesarias porque, a diferencia de otras épocas imperiales, Trump no puede ni quiere invadir. Aunque fanfarronee, Trump no cuenta con apoyo ni dentro ni fuera del movimiento MAGA para poner las “botas en el terreno” venezolano. Esto no es la invasión de Panamá –Noriega se entregó el 3 de enero de 1990–, cuando la ocupación del país supuso un despliegue de 20.000 soldados.


El verdadero virus del Trumpismo.

La reticencia a invadir es comprensible. Aunque muchos expatriados venezolanos más o menos sifrinos y afincados en el barrio de Salamanca aplaudirían al ver a los Marines embarcando en la costa venezolana, no es así en el caso de los caraqueños con los que yo hablé hace tres semanas en Caracas.

Yo ya estoy armado y preparado; he vivido más de lo que me queda por vivir y no tengo temor”, me dijo el diputado chavista afrovenezolano por San Agustín, Noel Márquez. La operación Resolución Absoluta acabó sin respuesta venezolana el 3 de enero, pero una ocupación militar “acabaría siendo un baño de sangre”, me dijo Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de Florida en Miami. 

Puede que las amenazas de Trump y el portaaviones Iwo Jima navegando por el Caribe sean suficientes para intimidar a Delcy Rodríguez y al chavismo. Pero la diplomacia de cañonero solo funcionaba porque de vez en cuando EEUU invadía de verdad, con los Marines bajando de los buques para mancharse las botas en las playas desde Veracruz hasta Puerto Cortés. Según Greg Grandin, entre 1889 y 1897 hubo 5.800 incidentes en los que buques de guerra llegaron a puertos latinoamericanos, pero hubo también más de 300 invasiones con “boots on the ground”. 

Eso fue cuando América era grande de verdad y dispuesta a ocupar su patio trasero. Ahora Trump puede bombardear a distancia y secuestrar a presidentes con el fin de someter a Venezuela. Pero si no está dispuesto a invadir y ocupar, la insumisión de Delcy Rodríguez podría acabar en el caos que se produciría si decidieran lanzar un segundo ataque militar para matarla a ella y a los líderes chavistas.  Y el caos es precisamente lo que petroleras como Chevron, que ya produce en Venezuela, quieren evitar. Rodríguez ya estará calculando hasta donde llega el bluf de Trump y Rubio.

Hay otro motivo para no caer en la desesperación ante la dictadura Donroe (dada la improvisación de Trump, propongo llamarla la doctrina Dunno [abreviatura de don’t know, “no lo sé”)]. Al presidente le gustan las muestras pomposas de poder y de narcisismo militar. Pero hasta la fecha, el grueso de la nueva doctrina es retórica. Ni en Panamá se ha cumplido la promesa que hizo Trump en abril del año pasado de que recuperaría el control estadounidense del Canal. 

Ni la retórica ni las amenazas sirven para subyugar a América Latina. Pero sí para movilizar a mucha gente indignada que se inclina por apoyar a políticos nacionalistas de la izquierda latinoamericana. Gustavo Petro sube en las encuestas de popularidad, y su candidato para las presidenciales de 2026, Iván Cepeda, es favorito.

Delcy va a unir al pueblo en torno a la indignación por las groserías de Trump”, me dijo el politólogo venezolano Andrés Pierantoni, con el que cené en el restaurante El Limón al lado del Parque Central de Caracas hace tres semanas. Como suele ocurrir, la conversación duró cinco horas y estuvo salpicada de sesudas alusiones a la historia de rebeliones y revoluciones contra el colonialismo y el imperialismo de Europa y EEUU, a lo largo de la historia del país de Simón Bolívar.


Fuente: Ctxt

lunes, 5 de enero de 2026

Venezuela y la crisis del modelo imperial estadounidense

 

 Por Antonio Turiel  

       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Con el sorpresivo secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, Donald Trump ha inaugurado una nueva etapa del declive energético en el que llevamos ya dos décadas inmersos, desde que en 2005 la producción de petróleo crudo convencional llegara a su máximo histórico y comenzara un proceso de lento declive.




Una etapa que promete ser bastante turbulenta, porque las urgencias de la escasez energética hacen que caigan las caretas y que los países muestren su verdadera cara, lo que están dispuestos a hacer con tal de preservar su situación de dominio económico.

Durante las últimas semanas, la administración Trump ha alimentado el discurso de que Venezuela es una gran plataforma del narcotráfico hacia los EE.UU., responsabilizando personalmente al presidente de Venezuela de este tráfico de cocaína. Las acciones de los EE.UU. han sido progresivamente más agresivas con Venezuela: primero, la destrucción de algunas embarcaciones de narcotraficantes; luego, el cierre del espacio aéreo venezolano; más tarde, el apresamiento de varios petroleros; y ahora el secuestro en su palacio presidencial en Caracas de Nicolás Maduro y su mujer por medio de un grupo especial de ejército americano. Lo cierto es que no se entiende este nivel de agresividad y urgencia con un problema que obviamente hace décadas que dura, y además del cual Venezuela solo es una ruta, mientras que el origen de la cocaína está obviamente en Colombia y Bolivia. Ítem más, se hace extraño que personalice el problema en el presidente del país, que probablemente tenga poca o nula relación con todo esto, pero que en todo caso no se ha aportado ningún elemento de prueba que demuestre que efectivamente está implicado. E incluso si lo estuviera, las relaciones entre los países no se pueden gestionar ni se gestionan de manera expeditiva cargando contra sus representantes, por múltiples motivos pero, entre otros, porque tal manera de hacer difícilmente puede despertar las simpatías de la población. La acción de los EE.UU. ha sido una clara violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, y algo absolutamente extemporáneo e injustificable.

Pero toda la cuestión del narcotráfico pasó rápidamente a segundo plano cuando Donald Trump compareció delante de los medios el día 3 para explicar la operación. Sin solución de continuidad, Donald Trump explicó que las empresas petroleras de EE.UU. van a invertir miles de millones de dólares en el sector petrolífero de Venezuela, de manera que en pocos años puedan garantizar que la producción de petróleo venezolano suba desde los lánguidos 900.000 barriles diarios de hoy en día hasta los 4 ó 5 millones de barriles por día (Mb/d). En su alocución, el presidente Trump mencionó la palabra "petróleo" un total de 29 veces, más del doble de las que mencionó "narcotráfico", dejando meridianamente claro de qué iba todo esto.

La clave de todo está, por supuesto, en la Faja del Orinoco, una zona en la que se supone que hay unas reservas que se publicitan como de hasta 300.000 millones de barriles de petróleo (aunque el geólogo Art Berman siempre insiste que la mayoría de éstas son las famosas "reservas de papel", de la época en la que la OPEP infló sus números, y que en realidad hay más bien unos 100.000 millones de barriles - igualmente, una cantidad nada desdeñable).

La Faja del Orinoco es una región dentro de la cuenca hidrográfica del río Orinoco, situada a una distancia de entre 150 y 300 kilómetros de la costa, en plena selva y en territorio con una pendiente importante. La Faja del Orinoco limita al sur con el Arco Minero, donde hay importantes depósitos de diamantes, níquel y torio y muchos otros minerales estratégicos como el oro.




En la Faja del Orinoco hay petróleo extrapesado, bitumen de características similares al que se explota en Canadá.


Arenas asfálticas de Canadá.

Venezuela tiene otros yacimientos con petróleo de mejores características, más convencional, sobre todo en la Bahía de Maracaibo, pero esos yacimientos han pasado ya hace mucho tiempo su máximo de extracción. La razón principal por la que la producción petrolífera de Venezuela ha bajado de los 3,5 Mb/d de finales del siglo pasado a menos de 1 Mb/d actualmente es precisamente el agotamiento de sus pozos de aguas poco profundas - y es que Venezuela, efectivamente, hace tiempo que pasó su peak oil. Es cierto que las continuas sanciones y el deterioro económico han perjudicado a la industria local y que posiblemente podría producir más de lo que produce ahora mismo, pero también es cierto que la única manera de aumentar de manera creíble la producción venezolana es mediante el petróleo extrapesado. De hecho, desde hace ya muchos años la producción de petróleo extrapesado representa aproximadamente dos tercios de todo el petróleo extraído en Venezuela.

Al igual de lo que pasa con el bitumen canadiense, el petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco es una sustancia muy viscosa y para nada fluida, semejante al alquitrán. Su extracción es muy compleja y costosa, más que en Canadá porque mientras que en el país del arce las arenas bituminosas están en la superficie, en la Faja del Orinoco están enterradas a centenares de metros. Así pues, su extracción y procesado directo tal y como se hace en Canadá (que es más una operación de minería) es inviable en Venezuela, y la única solución es abrir un pozo que inyecte ingentes cantidades de vapor de agua para fluidificar un poco los lodos bituminosos, y al tiempo, desde otros pozos auxiliares, inyectar gases para incrementar la presión y obligar a los lodos a subir a la superficie. Una vez en superficie, se debe de lavar el bitumen para separarlo de la arena. Pero, de nuevo, estamos hablando de algo parecido al alquitrán, que no fluye, así que generalmente lo que se ha hecho es mezclarlo con petróleos ligeros o bien con agua con surfactantes (la famosa Orimulsión) para poder introducirlo en los oleoductos y llevarlo a las refinerías de la costa o bien para ser quemado en centrales térmicas. Venezuela importó durante muchos años petróleo ligero de Argelia para mezclarlo con su bitumen porque con el petróleo que extraían en Maracaibo no tenían suficiente para mover todo el bitumen que producían en la Faja.

Y de ese modo se empieza a entender el interés de los EE.UU. por el petróleo venezolano. Porque, a priori, Venezuela no debería ser el objetivo principal de los norteamericanos, dada la mala calidad (y bajísima TRE) de la mayoría de la producción petrolífera venezolana. Además, EE.UU. es ahora el principal productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d, así que, ¿por qué perder el tiempo con el petróleo de baja calidad de un país cuya producción es cada vez más marginal?

La clave es que, aunque EE.UU. haya conseguido  gracias al fracking aumentar de manera espectacular su producción en los últimos años, el tipo de petróleo que está produciendo no es tampoco de buena calidad. De los 13 Mb/d que produce los EE.UU., algo más de 4 Mb/d provienen de pozos tradicionales que producen petróleo de buena calidad, en tanto que más de 9 Mb/d son de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking. Ese petróleo está formado por hidrocarburos de cadena corta y tiene un menor rendimiento a la hora de producir diésel... justo en el momento en que empezamos a tener problemas con la producción mundial de diésel.


Rendimiento óptimo comparativo de diversos tipos de petróleo, en producción de nafta (gasolinas), destilados medios (gasoil, diésel, keroseno) y residuales.

En general, el petróleo ligero de roca compacta proporciona alrededor de la mitad de diésel que el petróleo convencional, lo que lleva a una sobreproducción de gasolina y un defecto de producción de diésel, comprometiendo la viabilidad económica de las refinerías y creando un problema logístico muy grande. A este problema los EE.UU. le dieron una solución sencilla hace años: importar petróleo extrapesado de las arenas bituminosas de Canadá, que se puede hacer circular por los oleoductos tras mezclarlo con la fracción más ligera de su petróleo extraligero de fracking (en una proporción de 2 a 1, el doble de petróleo extrapesado que de condensado ligero). De hecho, EE.UU. ha adaptado muchas de sus refinerías para trabajar con esa mezcla, con buenos resultados. Pero Canadá hace tiempo que tocó techo con su producción de petróleo extrapesado, con una producción de algo más de 4 Mb/d, y eso se queda lejos de las necesidades de EE.UU. para producir diésel y para aprovechar su petróleo ligero de baja calidad. Recordemos, además, que en EE.UU. se consumen 21 Mb/d, es decir, quen aún tiene que importar de manera neta 8 Mb/d o el 40% de su consumo.

Por eso mismo, el petróleo extrapesado de Venezuela les resulta interesante: porque les permitiría rentabilizar su petróleo de fracking y resolver el acceso al diésel. Y esto también explica la urgencia de los EE.UU: la producción mundial de diésel hace tiempo se está moviendo entre un 10 y un 15% menos que el máximo de producción que se consiguió entre 2015 y 2017. Falta diésel en muchos países (miren los problemas en Bolivia, Nigeria o incluso en Irán), y dentro de poco comenzará a faltar también en los países occidentales. 

Hay un bonus para los EE.UU. de su intervención en Venezuela, y es intentar barrer a China fuera de lo que consideran su hemisferio, el hemisferio occidental, en una reedición de la doctrina Monroe. Probablemente no por casualidad, el día antes de que Maduro fuera apresado, éste recibió en Caracas al enviado especial de China.

Pero en realidad toda la maniobra de EE.UU. lo que revela con más claridad es la debilidad de su sistema imperial. Una acción tan precipitada, con una violación tan descarada de la legalidad internacional, no es propia de un país que controla el relato de "garante de la paz" y "faro de la democracia universal". La manera tan grosera con la que directamente Trump relacionó la acción con el petróleo venezolano, sin intentar disimular un poco, dejó claro que ahora lo que mandan son las prisas y no hay tiempo para guardar las formas. Pero es que además es dudoso que el plan les salga bien. De entrada, tienen que conseguir que Venezuela se someta a sus dictados, cosa que no está tan clara que puedan conseguir. Pero incluso si Venezuela abre la mano y permite a las empresas estadounidenses campar a sus anchas en la Faja del Orinoco, la complejidad de la operación en esa zona, con los lodos bituminosos enterrados a centenares de metros, en medio de la selva, en lugares escarpados, hacen que los costes sean astronómicos. Encima, tendrían que transportar el petróleo de fracking en grandes cantidades desde los EE.UU. para disolver el bitumen y poder moverlo hacia la costa. Es dudoso que las empresas petroleras hagan esto si no reciben copiosas subvenciones del estado, y eso obligará a los EE.UU. a implementar nuevas formas recaudatorias, seguramente a imponer al resto del mundo, para poder financiar toda la operación. Hay demasiadas cosas que pueden salir mal, y encima, como dice Art Berman, se necesitaría al menos una década para desarrollar toda la infraestructura necesaria. Y una década parece demasiado en la situación actual. En la práctica, lo mejor que podría hacer los EE.UU. es mejorar la extracción en los yacimientos de Maracaibo y resto de yacimientos convencionales, y poco más.

En todo caso, mientras no haya una verdadera revolución o guerra en Venezuela, no parece que vaya a haber ninguna influencia en el precio del petróleo. La cuestión es demasiado local, y Venezuela hoy en día no es un actor tan importante a escala global. En realidad, los mayores riesgos para el mercado global de petróleo, y en particular para España, están en otros lugares: en la inestabilidad de Nigeria, en las incipientes revueltas en Irán y en las refinerías rusas bombardeadas por drones ucranianos.

Para concluir mi análisis, no puedo dejar de mencionar que he visto con cierta sorpresa como algunos de los más significados industrialistas o griniudileros patrios (todos ellos ácidos y desabridos detractores de mi persona) han creído oportuno gritar a pleno pulmón que el petróleo tiene poco o nada que ver con lo que ha pasado en Venezuela (para su desgracia, ay, pocas horas antes de que la rueda de prensa de Trump dejara claro que obviamente, sí, tiene todo que ver con el petróleo).


Negar el decrecimiento.

En su batiburrilo de argumentos mal hilados y peor pensados insisten en que el triunfo del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) hace que el petróleo sea cada vez más irrelevante. Por desgracia para ellos, las muchas contradicciones internas del REI están haciendo que el sector se esté hundiendo, por más que ellos neciamente insistan en lo contrario. Durante 2026, veremos quebrar a muchos promotores de proyectos solares y fotovoltaicos, y muchos proyectos ser abandonados, y poco a poco será cada vez más claro que el REI ha fracasado, que el REI está muerto. Pero ellos necesitan seguir gritando con porfía, incluso cuando la realidad nos demuestra que, por desgracia, el petróleo sigue moviendo el mundo y que la preocupación ambiental ocupa un lugar cada vez más relegado en la agenda de los gobiernos. Aunque es normal que griten. Les va literalmente su sueldo en ello. Sinceramente, me parecen dignos de lástima. Ojalá en algún momento reconozcan su error y pidan perdón por el daño enorme que han causado.


Fuente: The Oil Crush