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jueves, 29 de enero de 2026

El imperio virtuoso

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

Después de Gaza la pregunta que se hace, desde el vértigo, el sector consciente de la opinión pública europea es la de cómo explicar la complicidad y cooperación de los gobiernos, instituciones y medios de comunicación europeos con el genocidio colonial israelí. La respuesta está en la historia: es la historia colonial europea la que emparenta a los gobiernos occidentales con la masacre israelí

     La industria del entretenimiento es una herramienta fundamental del hegemonismo occidental. En estrecha colaboración con el complejo político, militar, financiero y mediático, su producción penetra diariamente en todos los hogares desempeñando una función ideológica clave, perfectamente identificada y conocida.

Mirada en retrospectiva, la industria de Hollywood logró convertir en proezas, epopeyas y románticos relatos, esa enciclopedia universal de la infamia que contiene la historia del colonialismo europeo y muy particularmente la de los británicos, parientes directos del actual hegemón.

La lista de las películas ensalzadoras de los grandes crímenes coloniales está aún por hacer, pero basta citar clásicos como “Lawerence de Arabia” (1962), “55 días en Pekín” (1963), “Zulú” (1964) o “Khartum” (1966) para recordar cómo toda una generación creció arrullada y entretenida por ese género exaltador cuya leyenda interiorizó.

Resulta ilustrativo cotejar la lectura de cualquier obra seria sobre la acción del imperio británico en India o China con películas como “Victoria y Abdul” (2017), de Stephen Frears, o “Tai Pan” (1986) de Daryl Duke, para mesurar el nivel de vileza de tal bombardeo. Frears presenta la relación de cálida amistad entre la reina Victoria y su criado indio en una época en la que los indios morían de hambre en espantosas crisis directamente relacionadas con la gestión colonial.

La película de Duke se inspira en la figura de William Jardine (1784-1843) para montar una ficción romántica, erótica y heroica alrededor del principal narcotraficante de la historia que condenó a la drogodependencia a 150 millones de chinos y se convirtió en uno de los hombres más poderosos y ricos de su tiempo.

Mantenido durante mas de dos siglos de violencia, racismo y explotación, el imperio británico todavía se presenta de la forma más altiva y arrogante como una empresa civilizadora y modélica, al lado de los imperios francés, español, portugués etc., declarados defectuosos o manifiestamente fallidos.

Para algunas naciones, España por ejemplo, la apertura del mundo fue una invitación a la prosperidad, al boato y la ambición, un antiguo modo de proceder. Para otras, como Holanda e Inglaterra, fue la ocasión de hacer cosas nuevas, de subirse a la ola del progreso tecnológico”, escribe David S. Landes. (En: La riqueza y la pobreza de las naciones. 1998).

Esa coherencia con el más que ambiguo “vector del progreso” que apunta con satisfacción el ilustre historiador de Harvard, quizá explique la actual y renovada nostalgia por el imperio británico, sobre la que advierten dos autores críticos con el fenómeno (Hickel y Sullivan).

Libros de gran repercusión como Empire: How Britain Made the Modern World, de Niall Ferguson y The Last Imperialist, de Bruce Gilley, han afirmado que el colonialismo británico trajo prosperidad y desarrollo a India y otras colonias. Hace dos años una encuesta de YouGov reveló que el 32% de los británicos se sienten orgullosos de la historia colonial del país”, apuntan.

Ese mismo orgullo hacia el pasado colonial está, sin duda, vergonzosamente vigente en muchas otras viejas naciones imperiales, pero en ninguna parte como entre los “ingleses de ambos lados del Atlántico” que Benjamín Franklin definió como “el núcleo más importante del pueblo blanco”, tiene ese sentir más consecuencias para el presente.

El imperio tal y como había sido, llegó a su fin formalmente en la década de 1960, pero su infeliz legado sigue presente en el mundo actual, donde se producen numerosos conflictos en los antiguos territorios coloniales”, observa Richard Gott en su compendio sobre el imperialismo británico (Britain´s Empire, 2012).

Si Gran Bretaña tuvo tanto éxito con sus colonias, ¿por qué muchas de ellas siguen siendo fuentes importantes de violencia y disturbios?”, se pregunta. Los británicos -reducidos ahora a la humilde categoría de ayudantes del Sheriff, en aún mayor medida que el resto de los europeos- “han seguido librando guerras en las tierras de su antiguo imperio en el siglo XXI, y gran parte de la población británica ha regresado sin cuestionamientos a su antigua postura de aceptar sin pensar lo que se hace en su nombre en lugares lejanos del mundo”, dice Gott.

El papel que en el siglo XIX desempeñaron la “civilización”, el “comercio” y el “cristianismo” impuestos a los “salvajes”, lo desempeña ahora la ideología de los derechos humanos la igualdad de géneros y otras nobles causas. Por todo ello, recordar las ejemplares hazañas de tan virtuoso imperio no es un ejercicio histórico sino un imperativo para la comprensión del presente y muy en particular para la comprensión de la complicidad europea (política, financiera, comercial, militar y mediática) con el genocidio palestino.

El Gulag británico

El imperio británico era una dictadura militar en la que los gobernadores coloniales imponían la ley marcial a la menor disensión. Durante más de 200 años fue escenario de constante revuelta y violencia represora. En la propia metrópoli centenares de miles fueron confinados en el Gulag insular de su majestad.

Especialmente después de que la independencia de Estados Unidos cerrara aquel territorio colonial del nuevo mundo –en los treinta años anteriores a 1776 la cuarta parte de los emigrantes llegados a Maryland eran convictos– islas del Caribe como las Bermudas y Roatán, en Honduras, de Asia, como Penang, en Malasia, o del Índico como las Seychelles o Andamán, formaron parte del presidio insular británico, que también envió a muchos reclusos indios y chinos a Singapur.

En el XIX, las Seychelles fueron prisión para líderes de revueltas y notables locales, de Zanzibar, Somalia, Egipto o Ghana, que por una u otra razón no podían ser ejecutados. El arzobispo Makarios, líder del nacionalismo helénico de Chipre, estuvo ahí recluido en fecha tan cercana como 1956. Pero fue Australia, la gran isla-continente que ofrecía espacios ilimitados, el gran destino que el gobierno necesitaba para los detritos sociales de su catastrófica revolución industrial, gran hito de ese “progreso” glosado por Landes.

En 1840 la mitad de la población de Tasmania, unos 30.000, la formaban reclusos. Como mantener a los presos en las cárceles metropolitanas era caro, las sentencias mínimas de deportación a Australia para sacárselos de encima, incluso por pequeños hurtos, eran de siete años. Entre 1788 y 1868, 162.000 condenados fueron enviados a Australia, entre ellos 4000 sindicalistas, cartistas, luditas, las famosas “hijas de Rebeca” de Gales, que rompían peajes y barreras para protestar contra la privatización y los peajes en las carreteras, así como 2000 revolucionarios irlandeses.

La terrible situación de represaliados y condenados de la metrópoli represaliando y masacrando a su vez a la población nativa en las colonias, que tan vivamente se dio en los Estados Unidos con las naciones indias, se repitió en otras colonias europeas y también en Australia. En 1824 el gobernador militar de Nueva Gales del Sur, dio licencia a los colonos, muchos de ellos ex convictos deportados, para matar aborígenes a discreción. El gobernador se llamaba Thomas Brisbane y su apellido da hoy nombre a una de las grandes ciudades australianas.

La hambruna de Irlanda

Algunos consideran la hambruna de China durante el Gran Salto Adelante (1958-1962) como la mayor de la historia. Un siglo antes, la hambruna de Irlanda (“An Gorta Mór”) fue bastante peor que la china si se tiene en cuenta la proporción de población implicada. Con ocho millones de habitantes, el hambre y sus consecuencias se llevaron a entre uno y dos millones de irlandeses. Algunos lugares perdieron la tercera parte de su población, la mitad muerta y la otra mitad por emigración. (Patrick Joyce, 2024 Remembering Peasants. A personal History of a Vanished World).


La hambruna de la patata en Irlanda.

He visitado los desoladores restos de lo que en su momento fueron nobles pieles rojas en sus reservas de norteamérica y he explorado los barrios negros donde están degradados y esclavizados los africanos”, escribía en 1847 James Hack Tuke, un filántropo cuáquero inglés en una carta tras su visita a Connaught, “pero nunca he visto tanta miseria, ni una degradación física tan avanzada, como la de los moradores de los lodazales de Irlanda”.

Otros países como Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Rusia, también sufrieron plagas de la patata en 1846/1847, pero a diferencia de lo que ocurrió en Irlanda bajo el dominio británico, paralizaron las exportaciones de los demás alimentos para compensar la pérdida. La política inglesa destinaba a la exportación los alimentos producidos en Irlanda, una estrategia cuyo mantenimiento se consideraba más importante que la vida de los irlandeses. Uno de los protagonistas de esa política, el subsecretario de Hacienda Charles Trevelyan, estaba mas preocupado por “modernizar” la economía irlandesa que por salvar vidas, así que vio en la hambruna una oportunidad para aplicar reformas radicales de libre mercado.

No nos cabe la menor duda de que, por causa de las inescrutables pero invariables leyes de la naturaleza, el celta es menos activo, menos independiente y menos trabajador que el sajón. Esta es la arcaica condición de su raza”, escribía The Times el diario central del establishment imperial.

The Economist, el mismo semanario que en los años noventa del siglo XX predicaba las virtudes de la terapia de choque rusa, que dejó por el camino una factura demográfica de medio millón -sobre todo hombres en edad laboral – mientras denostaba la mala reforma china, publicaba el 30 de enero de 1847 un editorial dedicado a la crisis irlandesa: “Que los inocentes sufran junto con los culpables es una triste realidad”, decía, “pero es una de las grandes condiciones en las que se basa la existencia de toda sociedad. Cada violación de las leyes de la moral y el orden social conlleva su propio castigo. Esa es la primera ley de la civilización”. (En: The Economist and the Irish Famine — Crooked Timber).

Desde el siglo XVI en Irlanda estaba vigente un diezmo por el cual los irlandeses mayormente católicos debían pagar la décima parte de sus ingresos anuales para financiar la iglesia protestante. Hasta 1829 los católicos que rechazaban el juramento protestante de lealtad a la corona no podían acceder a empleos públicos.

Durante la hambruna los teólogos protestantes ingleses atribuían la plaga de la patata al “papismo”, es decir al catolicismo, que había “provocado la cólera de Dios”. El semanario satírico Punch publicaba constantemente caricaturas que presentaban a los irlandeses como simios brutos, sucios, perezosos, violentos y únicos responsables de su propia desgracia.

En 1847, mientras el Times ignoraba los desastres de la hambruna, en Estados Unidos se puso en marcha una campaña de ayuda que puso en evidencia al gobierno de Londres. Los paquetes en los que ponía “Irlanda” eran transportados gratuitamente en ferrocarril y se fletaron 114 barcos con ayuda.

El holocausto irlandés continuaba para los que lograban emigrar. En el último de los tres siglos de la trata negrera a lo largo de la cual unos diez millones de africanos fueron transferidos al nuevo mundo, con la mitad de ellos muertos en el proceso de captura y transporte, según uno de los grandes historiadores de ese tráfico (Joseph Miller, 1988, en Way of Death), los emigrantes irlandeses conocieron un destino no muy diferente. En los barcos ingleses que transportaban a los emigrantes irlandeses a América, las condiciones eran tan espantosas que uno de cada cuatro moría durante el viaje o en los seis meses posteriores a su llegada al nuevo mundo.

La mortandad registrada en lo que fue descrito como “buques ataúd”, no era inferior a la de los barcos que transportaban esclavos africanos a las colonias. Que esa mortalidad fuera particularmente alta en los barcos ingleses, describe una clara negligencia criminal: por cada muerte de un emigrante a bordo de un barco americano, había cuatro en uno británico y por cada enfermo que llegaba a Estados Unidos en un barco norteamericano, llegaban cinco en un buque británico.


Representación del interior de un 'buque ataúd' transportando migrantes irlandeses a América (Rodney Charman, 1970).

En 1847 de los 98.000 emigrantes que llegaron a Canadá en barcos ingleses, 25.000 murieron en el viaje o a los seis meses de su llegada. Todo esto fue noticia en la prensa de Estados Unidos y de Canadá, pero el Times de Londres lo ignoraba. El gobierno británico solo comenzó a tomar medidas en 1854, siete años después. (Thomas Gallagher. Hambre en Irlanda: la elegía de Pady. 2007).

La industria del entretenimiento ha ignorado por completo la hambruna de Irlanda, pero en 2018 una rara excepción irlandesa producida en Luxemburgo presentó en 2018 “Black 47”, del director y guionista Lance Daly, una película de acción con trepidante ritmo de western construida sobre el entramado de aquella histórica tragedia. 

The Times resaltó esta vez la “machista teatralidad” del film del que apuntó que “todo es profundamente absurdo, pero dentro de un entorno inquietantemente profundo”. The Independent destacó el carácter “excesivamente sombrío” de lo que calificó como “western de patatas” en alusión a los spaghetti western, y The Guardian lamentó que “la caricaturización de los villanos disminuya el impacto” de esa estupenda película que de todas formas fue un éxito de taquillaje…

Irlanda en Occidente y Birmania en Oriente fueron los territorios más potentes y tenaces en su resistencia a los ingleses, por lo que la represión fue allí particularmente cruda, pero también en India las convulsiones, hambrunas y revueltas fueron crónicas.

India

Según una estimación reciente, solo en los cuarenta años que van de 1880 a 1920 la colonización británica causó en la India unos 100 millones de muertes provocadas por el empobrecimiento de la población y la mayor frecuencia y mortandad de las hambrunas. (Jason Hickel, Dylan Sullivan, How British colonialism killed 100 million Indians in 40 years). “Se trata de una de las mayores crisis de mortalidad inducida por políticas de la historia de la humanidad”, señalan los autores.


El hambre en India victoriana.

Es mayor que la suma combinada de muertes que se produjeron durante todas las hambrunas de la Unión Soviética, la China de Mao, Corea del Norte, la Camboya de Pol Pot y la Etiopía de Mengistu”, todas ellas en el siglo XX, dicen. Antes de eso, en 1770, una gran hambruna asoló Bengala matando a unos 10 millones de sus habitantes, la tercera parte de la población.

La situación fue agravada por el monopolio del arroz y otros productos impuesto por la Compañía Británica de las Indias Orientales que gobernaba el territorio. El colapso y los impuestos, combinados con la sequía y el hambre, marcaron el inicio del dominio inglés en India, un cuadro que se mantendría durante 200 años.

Desde su llegada al subcontinente en el siglo XVII, Gran Bretaña destruyó el sector manufacturero de la India, que exportaba tejidos a todo el mundo. El régimen colonial eliminó los aranceles para los productos textiles británicos y creó un sistema de impuestos y de barreras internas que impedían a los indios vender sus productos dentro del país y aun menos exportarlos.

Si la historia del dominio británico de India tuviera que condensarse en un único dato, sería este: entre 1757 y 1947 no hubo incremento del ingreso per cápita y en la segunda mitad del XIX los ingresos se redujeron seguramente en más de un 50 por ciento”, dice Mike Davis (Late victorian Holocausts, 2002). La nueva economía colonial fragilizó a las poblaciones ante las sequías y fenómenos naturales adversos que propiciaban el hambre.

Según el historiador Robert C. Allen (Global Economic History: A Very Short Introduction, 2011) bajo el dominio británico la pobreza extrema pasó del 23% en 1810 a más del 50% a mediados del siglo XX, los salarios reales disminuyeron y las hambrunas se hicieron más frecuentes y más mortales. ¿Pasado remoto?

El político inglés más importante de la Segunda Guerra Mundial, Wiston Churchill, fallecido en 1965, era un racista confeso. En los años cuarenta del siglo XX se refirió a los indios como “un pueblo bestial con una religión bestial” y de la hambruna de 1943 en Bengala, que dejó tres millones de muertos, afirmaba que “fue culpa suya por reproducirse como conejos”. En 1919 Churchill se declaró “totalmente a favor del uso del gas venenoso contra las tribus incivilizadas”.


La represión de la rebelión india por los británicos.

En los años treinta definía a los palestinos como “hordas bárbaras que solo comen estiércol de camello”. Antes de la guerra fue un admirador de Mussolini (“no pude evitar sentirme encantado por su porte gentil y sencillo y su sereno aplomo”) y tenía palabras de elogio para Hitler en 1937, el año de Guernika: “a uno le puede disgustar el sistema de Hitler y, sin embargo, admirar sus logros patrióticos. Si nuestro país fuera derrotado, espero que encontremos un campeón tan admirable que nos devuelva el valor y nos conduzca de nuevo a nuestro lugar entre las naciones”. En la campaña electoral de 1955 Churchill propuso para el partido conservador un lema que muchos europeos suscriben hoy: “mantener a Gran Bretaña blanca”.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

viernes, 28 de noviembre de 2025

‘Black friday’ para Amazon: sus trabajadores se movilizan por sus derechos laborales

 

 Por Laura L. Ruiz     
      Periodista en El Salto.


Huelga en logística en Murcia, un ERE por deslocalización en la parte corporativa española y una campaña mundial: los frentes abiertos de la empresa de Jeff Bezos


     La semana de oro en el comercio online se le atraganta a una de las empresas líderes en el ‘retail’ digital. La campaña ‘Make Amazon Pay Day 2025’, que se celebra entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre, en plena campaña del ‘Black Friday’ coincidiendo con el Día de Acción de Gracias y con las pre navidades, quiere visibilizar en más de quince países de forma física y en muchos más de forma virtual que la plantilla de Amazon tiene muchas cosas que mejorar. Más aún cuando en países como España, hay huelgas en los centros de logística o se plantea un ERE de miles de trabajadores en el sector digital de la plataforma.




Desde Nueva Delhi hasta Montreal y más allá, miles tomarán las calles, líneas de piquete, almacenes, oficinas y centros de datos para hacer que Amazon pague por sus abusos laborales, su degradación ambiental y sus amenazas a la democracia”. Así anuncian la campaña global desde los sindicatos UNI Global Union y Progressive International. Acusan al dueño de Amazon, Jeff Bezos, de apoyar “un futuro tecno-autoritario” y de provocar con su modelo de negocio una profundización en la desigualdad y acabar con “los derechos fundamentales de los trabajadores a organizarse, negociar colectivamente y exigir lugares de trabajo seguros y justos”.


Huelga de trabajadores de Amazon en Polonia en noviembre de 2021.

Mientras en EEUU se pelea porque el movimiento sindicalista pueda sobrevivir en Amazon, en España están en pie de guerra por las últimas decisiones. Empezando por logística de Amazon en Murcia, donde el pasado día 26 comenzaba una huelga de tres días que se repetirá del 16 al 23 de diciembre si no escuchan sus reclamos. Estos pasan por mejorar sus retribuciones, pagar los domingos trabajadores, corregir errores en las nóminas y mucho más. “Las trabajadoras y los trabajadores han decidido que la huelga es la única opción que les ha quedado tras estancarse la vía del diálogo entre las plantillas y la dirección empresarial”, explican el comité de huelga de CGT en el centro logístico que la multinacional del comercio tiene en Corvera y llamado RMU1.




El seguimiento ha llegado al 80% de la plantilla y estamos unas 300 personas concentradas en la puerta, consideramos que ha sido una respuesta muy positiva”, explica a El Salto Alfonso Martínez Valero, delegado CGT y trabajador del centro. explica a este medio que cuando al principio se sentaron a negociar la empresa aseguró que ellos no dialogaban con sindicatos y que cuando convocaron la huelga, les aplazaron a los “cauces de comunicación corrientes” para dirigir sus reclamos. “les hemos tenido que decir que en España la huelga es un medio legítimo para reivindicar derechos, mejoras y que se puede negociar”, indica el delegado de CGT, que destaca que España no es EEUU. “La verdad es que cuando rechazaron a los sindicatos nos quedamos alucinados, juegos ya logramos que se sienten a escuchar pero nunca ceden en nada”, comenta Alfonso Martinez Valero que considera sus reivindicaciones “cosas sencillas”. “Somos el centro logístico que más horas hace, con 1.826 anuales, pero el que menor cobra porque eso pedimos una equiparación salarial con los demás”, reclama.




Además del tema remunerado, la plantilla en huelga de Amazon Murcia piden que haya asignaciones de turno más justas, el cumplimiento “efectivo” de permisos, vacaciones y derechos familiares, además de mayor seguridad laboral. Desde CGT denuncian que estos centros de trabajo se convierten en una “picadora” de trabajadores. “El 90% de los accidentes laborales reconocidos son ‘ni itinere', es algo que no tiene sentido en un lugar donde hacemos movimientos repetitivos y con peso”, explica este trabajador, que destaca el ritmo de rotación tan alto que tiene la plantilla. También por despidos disciplinarios: “Tienen un programa donde los jefes apuntan todo, cosas muy ambiguas, como que no sé quién miró mal a alguien y cosas así”, relata. Según fuentes sindicales, en este centro trabajan 1500 personas fijas, a las que habría que sumarle unas 500 temporales. 

Un conflicto aún mayor se espera en las oficinas digitales de Amazon Spain Services y Amazon Digital Services, que responden a la parte corporativa de la empresa en este país. La empresa de Jeff Bezos ha anunciado un recorte que podría llegar a afectar a 1200 de estos cuatro centros, que se encuentran en Madrid y Barcelona. De los 28000 trabajadores que tiene en la actualidad, en estas empresas con 2392 en MAD15, 1521 en MAD12, 1192 en BCN10, 573 en BCN15 y 2117 personas en remoto. En total, 7795 personas, de las más del 15% podrías ser despedidas o salir de la empresa, un 4% del volumen total de los 28000 trabajadores que tiene Amazon en España.


AWS es la nube de Amazon, fundamental para la campaña de exterminio de las FDI israelíes.

La empresa solo mandó un mail en octubre diciendo que afectaría a 978 personas, luego en el comunicado dijo 1200”, explica a El Salto una trabajadora que no quiere dar su nombre por miedo a represalias. Las sospechas de la plantilla pasan por una deslocalización masiva. “Han dicho que el ERE sería por el impacto de la Inteligencia Artificial y para eliminar mandos intermedios, pero ya hemos visto ofertas de trabajo similares a los que quieren eliminar en India o Irlanda”, explica esta trabajadora que incluso cuenta que en otros departamentos ya se han puesto en contacto con compañeros trabajadores indios para preguntarles cómo es el día a día.




Desde CCOO y UGT, sindicatos más presentes en la negociación juntos a trabajadores por libre, han logrado que la empresa les informe de qué departamentos estarán poco, medio y muy afectados por estos despidos y bajas, aunque no han trascendido más detalles al momento. De hecho, se prevee que hasta el 15 de diciembre no se tengan noticias nuevas de la negociación, ni ofertas de salida ni nombres concretos. Algo que puede que hagan coincidir con la campaña de navidad arrancada y así tengan menos tiempo de movilización.




Una “codicia” por aumentar beneficios recortando gastos laborales, fiscales y sociales que se reflejará en la campaña global que arranca hoy. “Amazon se encuentra en el corazón de la maquinaria que impulsa la fusión entre la codicia corporativa, la vigilancia, la destrucción sindical y el autoritarismo de extrema derecha: junta el despiadado afán de lucro con sistemas de control y violencia. Es un ataque a la democracia y a la libertad en el lugar de trabajo y más allá”, explican desde los sindicatos convocantes del Make Amazon Pay Day

Estoy en una zona de empaquetado donde he llegado a meter en cajas bolsas de patatas para Bélgica o botellas de agua para Francia, sin ser ninguna marca especial”, explica el trabajador de Murcia, que asegura que él se ha dado cuenta del problema de salud mental y compras compulsivas que hay. “Queremos que la gente se de cuenta que este imperio gigantesco tiene un trastorno tétrico” y recuerda, con ironía, que “si la gente no compra este año en Amazon, tampoco pasa nada”.


Fuente: El Salto


Imágenes de Israel Sánchez (La Opinión) de la huelga en el centro logístico de Amazon en Corvera (Murcia)























El comité de huelga de Amazon en Murcia resalta el "seguimiento masivo" de los trabajadores a los paros


 Por Adrián González      
      Redactor de Economía y Empresa en La Opinión de Murcia.

Entre el 80% y el 90% de la plantilla del centro logístico de Corvera habría apoyado la primera tanda de movilizaciones, aseguran

     Ecomité de huelga de los trabajadores que Amazon tiene en el centro logístico de Corvera aseguró este viernes que la huelga convocada desde el pasado miércoles y que finaliza este viernes -en una primera tanda de paros anunciados- ha alcanzado "un seguimiento masivo, con cifras estimadas entre el 80% y el 90% de participación entre la plantilla".

Este nivel de apoyo evidencia "de manera incontestable", dicen, el "profundo malestar existente" entre los trabajadores, así como la necesidad urgente de que la empresa "reconozca la situación y abra un proceso real de negociación".

A pesar de la contundencia del seguimiento y de la clara voluntad de diálogo mostrada por la plantilla y sus representantes, el comité de huelga denuncia que la dirección de Amazon "continúa negándose a sentarse a negociar, manteniendo una postura de bloqueo que agrava el conflicto y prolonga la tensión laboral".

Ante esta "falta de voluntad" por parte de la empresa, la asamblea celebrada este viernes ha decidido "reforzar la movilización mediante nuevas acciones durante las próximas semanas, así como mantener y preparar la convocatoria de huelga prevista para diciembre", en los días previos a la Navidad.

En el comunicado lanzado este viernes advierten que la plantilla del centro logístico RMU1 de la pedanía murciana está dispuesta "a llegar hasta el final para defender unas condiciones laborales dignas, la estabilidad en el empleo y el respeto que merecemos".

Ante esta "falta de voluntad" por parte de la empresa, la asamblea celebrada este viernes ha decidido "reforzar la movilización mediante nuevas acciones durante las próximas semanas, así como mantener y preparar la convocatoria de huelga prevista para diciembre", en los días previos a la Navidad.

En el comunicado lanzado este viernes advierten que la plantilla del centro logístico RMU1 de la pedanía murciana está dispuesta "a llegar hasta el final para defender unas condiciones laborales dignas, la estabilidad en el empleo y el respeto que merecemos".


Fuente: La Opinión de Murcia