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sábado, 26 de julio de 2025

Ricochet

 

 Por Antonio Turiel    
      Físico, matemático y experto en Energía del CSIC.


     Como seguramente sabrán si viven a este lado del Atlántico, el Gobierno de España fracasó recientemente en su intento de convalidar el decreto-ley de medidas urgentes para reforzar el sistema eléctrico. El decreto fue inicialmente aprobado por el Gobierno el 24 de junio, pero necesitaba ser convalidado por el Congreso en el plazo de un mes, y en la votación del pasado 22 de julio fue rechazado (y por tanto queda sin efecto). 

Se le ha dado mucha importancia a este decreto debido al sobresalto que causó el apagón general en España del pasado 28 de abril. Desde el Gobierno y desde las grandes compañías eléctricas se ha insistido en que este decreto era indispensable para evitar futuros apagones. En los últimos días, viendo que no habría una mayoría suficiente para la convalidación del decreto, las grandes eléctricas se prodigaron en declaraciones de todo tipo, inclusive diciendo que, de no aprobarse, se pondrían en riesgo inversiones por valor de 200.000 millones de euros.




Se ha hablado muchísimo sobre las motivaciones de carácter político de los partidos que han votado en contra, y se han agitado con gran aspaviento espantajos caros a los industrialistas, como asegurar que quienes se han opuesto son "negacionistas", "retardistas" o que "atentan contra la causa climática", dando por bueno el muy cuestionable argumento de que este modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI) permite avanzar en la descarbonización, cosa muy discutible por muy buenas razones.










Pero es que encima, esas posiciones maximalistas de los industrialistas generan mayoritariamente el efecto contrario al que persiguen, reforzando la visceralidad de los que rechazan el REI.




En todo caso, yo quisiera dejar de lado esas consideraciones políticas y los dimes y diretes, y centrarme en las cuestiones más de carácter técnico. En particular, qué es lo que dice el decreto derogado y si realmente es tan grave su derogación. Y también, analizándolo, si se puede entender las causas de los partidos que han votado en contra (y a favor).




La primera observación que se puede hacer es que más que un decreto de medidas urgentes para evitar un apagón, lo que tenemos aquí es una ley ómnibus que regula muchos aspectos relacionados con el mercado eléctrico. Peor aún, las medidas que se proponen son muy dispares y algunas de ellas son bastante cuestionables. Se pueden clasificar las medidas en tres grandes bloques: medidas técnicas que efectivamente sí pueden ayudar a prevenir apagones, medidas dirigidas (aunque no se reconozca) a rescatar el sector renovable, y medidas dirigidas al fomento de la electrificación de la sociedad. Esta clasificación no es exhaustiva y así queda aún un buen puñado de medidas misceláneas que no se corresponden a estos tres tipos (incluyendo algunas muy importantes y positivas, como la extensión a 5 km la distancia para constituir comunidades energéticas), pero aún así los tres tipos definidos son el grueso de la norma.

Esto ya plantea una primera reflexión: si esta norma en vez de en forma de decreto-ley se hubiera planteado como una ley, habría dado lugar a la posibilidad de que se realizaran enmiendas a los apartados concretos que son más discutibles, y producir una ley acordada por la mayoría del Parlamento. Por supuesto que una ley tiene una tramitación lenta, pero parecería más lógico haber incluido en el decreto solo las normas de tenor más técnico (que, al tiempo, son las más urgentes) y que por tanto serían menos controvertidas, y dejar para la tramitación de una ley posterior todo lo demás. Con esta argucia de meterlo todo en el mismo decreto-ley y así intentar forzar un trágala al resto de partidos (una mala praxis legislativa por desgracia habitual en España, donde se abusa de los decretos-ley), al final lo que se ha conseguido es que se haya rechazado todo, tanto lo conveniente - y urgente - como lo discutible.

Dentro de las medidas de carácter más técnico, hay muchos aspectos regulación, de supervisión y de instalación de sistemas que dotarían a la red de transporte, que opera Red Eléctrica Española, de una mayor estabilidad y robustez. Sin entrar en el detalle de cada medida, lo que cabe preguntarse es quién pagaría todos esos sistemas que se tienen que instalar - a mi entender, parte de ellos son sistemas de planta, que deben acompañar a cada planta de generación y que por tanto deberían ser pagados por sus titulares.

En cuanto a las medidas de rescate, aparecen mezcladas con otras y a veces tienen una componente de carácter general y otra realmente pensada para favorecer (por no decir rescatar) al sector renovable. Conviene recordar que estamos viviendo, desde hace ya unos meses, un progresivo hundimiento y desinversión en energía renovable y sus derivados, no solo en España sino en el mundo, fruto del fracaso a estas alturas innegable del REI que tanto hemos discutido y sobre al que ahora no volveré. Lo que más se ha discutido estos días es la pérdida por caducidad de las concesiones de acceso a la red para los proyectos aún no acabados (los llamados hitos administrativos), con fechas de ejecución en varias fases y que el decreto ampliaba por tres a cinco años. Obviamente, la pérdida de estos derechos de conexión es un gran varapalo, pero no olvidemos que actualmente hay un exceso de capacidad de generación eléctrica en el estado español (130 GW de potencia instalada para un consumo medio de 26,5 GW) y que realmente ya no hay tanto negocio (y por eso los inversores llevan tiempo retrayéndose). Para mi son mucho más importantes otras medidas que claramente buscaban mejorar la rentabilidad de los proyectos renovables con argucias cuanto menos feas (como eximir en ciertos casos de las declaraciones de impacto ambiental, promover la utilidad pública que favorece expropiaciones forzosas, o dar ciertos privilegios de acceso a las instalaciones con baterías). Justamente, uno de los aspectos que probablemente va a ser el caballo de batalla de los próximos años va a ser el de las instalaciones híbridas, consistentes en renovables y bancos de baterías, que tanto servirán para generar electricidad como para almacenar y ayudar a regular la red. En realidad, dada la clara contracción del negocio de la producción renovable, muchas empresas del sector se están posicionando para dar un nuevo servicio, el de regulación de la red usando baterías. El problema de las baterías, además de sus elevados costes, es que no son generación de electricidad, no producen energía, sólo la gestionan, así que en realidad son más bien un coste. En ese sentido, el decreto abonaba el terreno para que se retribuyese de varias maneras este tipo de instalaciones, siendo el modelo de hibridación una de las fórmulas que más posibilidades ofrecía, tanto a través de ayudas y subvenciones como con un acceso ventajoso a la red.


Mina de lignito a cielo abierto en Nochten.

Otra de las medidas llamativas de rescate es la rebaja temporal y solo aplicable a 2025 de las horas mínimas de funcionamiento exigidas a las plantas fotovoltaicas para poder acceder al régimen de retribuciones que tienen. Esta medida busca compensar el hecho de que desde el 28 de abril se ha forzado una mayor generación con centrales de ciclo combinado para garantizar la estabilidad de la red, y en general el aumento de curtailments por necesidades técnicas. Con una red saturada de plantas fotovoltaicas, es imposible que todas las plantas puedan acceder al régimen de retribución, no ya este sino ningún año a partir de ahora, pero obviamente la esperanza del legislador es que muy rápidamente se instalen un montón de baterías y sistemas de estabilización y se puede conseguir producir más y más energía fotovoltaica. 

Por último, están todas las medidas pensadas para favorecer la electrificación de la sociedad, que en realidad son medidas pensadas para incrementar el consumo eléctrico. Recordemos que en España, al igual que en la Unión Europea, el consumo de electricidad lleva cayendo, con altibajos, desde 2008.




Estas medidas son las clásicas, incluyendo - cómo no - el fomento del coche eléctrico. Por supuesto, una perspectiva completamente alejada de la realidad social de España, y es que aún no han conseguido entender por qué el consumo de electricidad continúa estancado desde hace años en el 23% del consumo de energía final, y que, de hecho, en cifras absolutas sigue cayendo. Algún día, alguien debería plantear una auditoría del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y hacer una reflexión crítica de por qué las previsiones están tan alejadas de la realidad.

El fracaso de la convalidación de este decreto supone que el negocio renovable en España se encuentra en una situación crítica. Entre los curtailments y la desinversión, se vivían momentos muy críticos; pero sin el balón de oxígeno del decreto, necesario para sobrevivir el tiempo suficiente para hacer las reconversiones necesarias, muchos proyectos echarán el cierre y hay el riesgo de que el goteo se convierta en desbandada, y la desbandada en pánico. El sector entero podría colapsar, causando un daño gigantesco a la imagen pública de la energía renovable, y por abuso de extensión, ay, a la lucha contra el Cambio Climático. Todo por haber apostado ciegamente por un modelo erróneo, el REI, ignorando los repetidos signos de que no estaba funcionando. El Gobierno de España intentará relanzar el decreto por otras vías, pero el tiempo se agota y el calendario estival no ayuda. Dependiendo del clima internacional, si no hay un cambio rápido, a la vuelta de vacaciones se puede vivir una auténtica debacle. Y entonces, todos esos industrialistas que nos hostigaron a los que avisábamos de que este modelo era insostenible, deberían de reflexionar si realmente no se han equivocado con su actitud. Y, ya puestos, podrían pedir perdón. Aunque lo más importante en ese momento será ver cómo recomponer los platos rotos y cómo plantear rápidamente un modelo de transición que, éste sí, funcione, porque lo necesitamos urgentemente.


Fuente: The Oil Crush

viernes, 4 de julio de 2025

Yo acuso

 

 Por Antonio Turiel  

      Físico, matemático y experto en Energía del CSIC.


*En vísperas de la tormenta que destruirá la ciudad de Barcelona.


      Acuso a las administraciones, pasadas y actuales, que en medio del caos climático creciente, decidieron que no era un tema lo suficientemente importante como para tomar medidas adecuadas para prepararnos.




Pero acuso principalmente al actual Govern de la Generalitat y al actual consistorio de l'Ajuntament de Barcelona de vivir de espaldas a los crecientes signos del peligro. Los acuso por ser los que conozco mejor, pero también acuso con ellos a todos los gobiernos municipales, autonómicos y del estado español, por la misma temeridad e imprudencia.

Cuando tenemos, ahora mismo, un mar Mediterráneo con una temperatura superficial 3 grados superior a la que tenía en 1980, y en algunas zonas llegando a 5 grados. Cuando estamos sufriendo una de las peores olas de calor marina, en extensión, duración y amplitud, en el Mediterráneo Occidental.

Cuando sufrimos una terrible DANA en la ciudad de Valencia hace 8 meses, lo cual pudo ser tan destructiva, entre otros motivos, por un mar anómalamente cálido, que proporcionó más energía y más agua precipitable a las tempestades.

Cuando los estudios recientes nos muestran que la tasa de calentamiento global se ha multiplicado por cuatro durante la última década y que se está alterando completamente la circulación del océano y la atmósfera, con consecuencias que aún no somos capaces de anticipar. 

Cuando se están ignorando todos los avisos de la comunidad científica, de los grupos ecologistas, de la payesía y de la ciudadanía en general, que dicen que así no, que por aquí no.

Por todo eso, yo les acuso.

Yo les acuso de promover obras que solo sirven para acrecentar el desastre, como la ampliación del aeropuerto de Barcelona o el desbroce de amplias zonas para el paso de nuevas líneas de alta tensión para la evacuación de una hipotética energía eléctrica renovable que no tiene demanda. Simplemente porque solo son capaces de pensar en hacer negocios como siempre, cuando nuestro mundo ha cambiado para siempre y es algo completamente diferente ahora mismo.

Yo les acuso de, a pesar de tener, en este mismo momento, avisos meteorológicos muy claros, como la actual ola de calor y los nada alentadores pronósticos para las próximas semanas, de no haberse lanzado a una campaña de protección de la población, sobre todo la más vulnerable.

Yo les acuso de no haberse preparado para una necesidad masiva de refugios bioclimáticos, y máxime en una situación de interrupción del servicio eléctrico después de una catástrofe. Y de no haber previsto cómo ofrecer agua, alimentos, cobijo y asistencia médica oportuna en medio de la catástrofe prevista.

Yo les acuso de no haber previsto, ni para Barcelona ni para ninguna otra parte, de medidas para disminuir las pérdidas humanas en caso de grandes avenidas, de no haber estudiado qué zonas serían más vulnerables, qué edificios o calles se hundirían.

Yo les acuso de no haber gobernado para la mayoría, para la gente que les ha escogido para representarles.

Pero, por encima de todo, yo les acuso de todas y cada una de las muertes que podían haber evitado y no quisieron evitar por primar una visión miope centrada en el beneficio económico de unos pocos.

Y mi rencor será eterno por el dolor de todas esas personas a las que conozco y que quiero, y que perderán la vida porque ustedes estaban más pendientes de complacer al rico que de servir a los ciudadanos. 


* No hay que tomar esa frase inicial, impactante, al pie de la letra. Obviamente, la tempestad no llegará mañana, si no en un período indefinido de tiempo aunque en todo caso no será de muchos años. Y por supuesto Barcelona no quedará completamente destruida, pero sí que sufrirá daños importantes que la afectarán durante años (o hasta que la siguiente tormenta haga aconsejable ir abandonando cosas). Por último, quizá Barcelona tenga suerte en el futuro más inmediato y sea otra ciudad la que reciba el castigo: poco importa.


Fuente: The Oil Crush

viernes, 9 de mayo de 2025

Lecciones del apagón eléctrico

 

 Por Slavoj Žižek  
      Filósofo, psicoanalista y crítico cultural esloveno.


Los palestinos luchan por recibir comida caliente distribuida por organizaciones benéficas en medio de los continuos ataques israelíes y el bloqueo total de Gaza.


     El 1 de mayo de 2025, vi las noticias de portada habituales en nuestros medios de comunicación: el conocido criminal de guerra Benjamin Netanyahu ha declarado la “emergencia nacional” en Israel y desplegado tropas de las FDI para intervenir… ¿Dónde? ¿Contra quién? ¿Se había producido un nuevo ataque “terrorista” a gran escala en el país? Aquí viene la sorpresa. Se trataba de algo completamente distinto: Israel se enfrentaba a los peores incendios en una década, los bomberos se afanaban en controlar fuegos devastadores que han dejado varios heridos y amenazado con arrasar incluso las afueras de Jerusalén.

Lo que hace que esta noticia sea tan especial es que el territorio controlado por Israel, asociado en la actualidad con el genocidio en Gaza y la limpieza étnica en Cisjordania, estaba ahora afectado por una catástrofe que se está produciendo continuamente en todo el mundo: la crisis ecológica. Recuérdese el caso más reciente: el 28 de abril, lunes, un enorme apagón afectó a toda la península ibérica (España y Portugal al completo) más una pequeña parte del sur de Francia, dejando miles de personas atrapadas en trenes y ascensores, millones sin cobertura de teléfono e Internet, semáforos apagados que causaron atascos inmensos, etc. El martes, con la electricidad restaurada, se hicieron preguntas: ¿cómo se produce con tanta facilidad un apagón que afecta a 60 millones de personas? ¿Qué lo causó?

En un principio se habló de que se habían producido fluctuaciones de temperatura inesperadamente fuertes; pero tanto la operadora española, Red Eléctrica, como el portavoz gubernamental de Portugal rechazaron la posibilidad de que se tratara de un ciberataque, de un error humano o de un fenómeno meteorológico, dando por supuesto que el corte estaba causado por una desconexión repentina entre dos plantas de generación eléctrica en el suroeste de la Península. Tres días después, sigue sin haber respuesta clara, y tal vez tardemos meses en tenerla. Deberíamos prestar una atención especial a la reacción de la nueva derecha populista, que culpa del apagón a la propia “locura verde”, apuntando a que la insistencia “verde” en el uso de coches eléctricos, en lugar de los de combustión, es lo que ha causado la sobrecarga de la red eléctrica.



La cuestión crucial aquí es la siguiente: ¿Puede evitarse un apagón de este calibre, o mayor aún? La respuesta es clara e inequívoca: no. La razón no está solo en amenazas ajenas al control humano (un gran asteroide que golpee la Tierra) o en las consecuencias imprevistas de nuestra propia actividad, sino también en nuestra creciente interconexión. En 2010, ante la posibilidad de que las cenizas volcánicas expulsadas por el volcán islandés Eyjafjallajökull dañasen los motores de los aviones, muchos países europeos cerraron su espacio aéreo, el mayor cierre desde la Segunda Guerra Mundial. Las cancelaciones dejaron en tierra a millones de pasajeros no solo en Europa sino en todo el mundo. Con grandes partes del espacio aéreo europeo cerradas al tráfico, muchos más países se vieron afectados, puesto que se cancelaron tanto los vuelos con destino o procedencia en Europa como los que sobrevolaban el territorio. El hecho de que la nube provocada por una erupción volcánica menor en Islandia –una pequeña perturbación dentro del complejo mecanismo de la vida en la Tierra– sea capaz de paralizar el tráfico aéreo de todo un continente nos recuerda que, pese a su enorme capacidad para transformar la naturaleza, la humanidad sigue siendo una especie más del planeta Tierra… aunque también con una todopoderosa capacidad de autodestrucción.

Esta compleja interconexión no solo permite que los accidentes locales tengan consecuencias mundiales, sino que posibilita asimismo formas de sabotaje sutiles. Es bien sabido que las grandes potencias tienen planes detallados sobre cómo perturbar la vida cotidiana de un país enemigo: cortar el suministro de agua y electricidad, suspender las redes digitales, etc. La interconexión mundial hace que cualquiera de estos sistemas pueda suspenderse con una pequeña intervención en numerosos puntos de entrada. La imagen que yo me he formado de una catástrofe mundial no es la de la superficie terrestre abrasada por explosiones nucleares, sino una nueva realidad en la que todo lo que vemos permanezca exactamente como suele estar, pero sin electricidad, agua corriente, aire acondicionado, conexiones digitales y telefónicas, o previsiones meteorológicas, con caos en las tiendas por falta de dinero en efectivo…

¿Qué podemos hacer, entonces? En la conocida lectura que hace de Marx, Kohei Saito demuestra que, a partir de 1868, Marx abandonó la insistencia en el progreso para centrarse cada vez más en la amenaza que la despiadada explotación capitalista de la naturaleza supone para la supervivencia misma de la humanidad. Saito no se anda con rodeos a este respecto: el problema es el capitalismo en sí. Es consciente de que hoy en día la ecología forma parte de la ideología capitalista convencional, (casi) todos afirman prestarle atención. Por eso, el principal objetivo de Saito no son quienes niegan directamente el calentamiento planetario, sino quienes defienden el “crecimiento sostenible”, el principio organizador fundamental que rige las respuestas al cambio climático. Se muestra especialmente crítico con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a los que califica como “el nuevo opio de las masas”. Al establecerlos, no se ha tenido en cuenta el hecho brutal de que son inalcanzables bajo un sistema capitalista. La ideología del “crecimiento sostenible” desempeña exactamente la misma función que la actitud del Estado de Israel y de las principales potencias europeas hacia la expansión de asentamientos en los territorios ocupados por Israel. Daniella Weiss, la “madrina” de los colonos cisjordanos, hablaba recientemente, en una entrevista concedida a Louis Theroux, de la estrategia de expansión los asentamientos. Su descripción de cómo se relacionan los colonos con el poder estatal israelí no puede sino parecernos una verdad pura y simple:

“Hacemos por los gobiernos lo que ellos no pueden hacer por sí mismos. Fíjate incluso ahora en Netanyahu. Está muy satisfecho con lo que nosotros hacemos aquí, y con nuestros planes de establecer una comunidad judía en Gaza. Le gusta, pero no puede decirlo. Al contrario, afirma que no es realista. Pues bien, nosotros haremos que sea realista. No es forzar al Gobierno, es ayudar al Gobierno. Es brindarle la capacidad, la valentía, el apoyo ciudadano, el respaldo político”.


Un soldado israelí camina cerca de varios tanques desplegados en una posición cercana a la frontera de Israel con Gaza, a 4 de mayo de 2025.


Weiss ve esta estrategia como una continuación de la propia fundación de Israel: primero construyeron gradualmente asentamientos en Palestina, y cuando había suficientes y la situación geopolítica cambió, sus organizaciones formales exigieron que el territorio fuese reconocido como un Estado. Lo crucial aquí es la duplicidad entre el movimiento cívico (de colonos) y la política oficial de los órganos estatales: el movimiento cívico hace aquello que el Estado niega oficialmente desear, aquello que condena incluso. De esta forma, el movimiento cívico crea gradualmente las condiciones para que el Estado acepte lo que es ya un hecho… No podemos dejar de observar tampoco que el Occidente “democrático” está ahora haciendo lo mismo: oficialmente condena la limpieza étnica en Gaza y en Cisjordania, pero la tolera en silencio, es decir, al no tomar medidas serias contra ella, e incluso respaldar a Israel, esperando sin más el momento en el que la máscara caiga y pueda aceptar abiertamente la situación sobre el terreno (el Gran Israel)… No es de extrañar que un grupo de académicos judíos propusiera oficialmente a Daniella Weiss como candidata al premio Nobel de la paz del próximo año.

El gran problema para la hasbara (la propaganda israelí) hoy en día es que, tras los horrores cometidos por Israel en Gaza y en Cisjordania, la mayor parte de la población, incluso en los grandes países occidentales, se muestra crítica con Israel y experimenta una simpatía humanitaria hacia los palestinos. La nueva estrategia es, en consecuencia, la de promover una fuerte movilización de todas las voces proisraelíes unida a formas de censura directas e indirectas. Rara vez podemos leer en los grandes medios de comunicación que la mayoría de la población simpatiza con los palestinos: a quienes manifiestan esta simpatía se les tacha de minoría terrorista antisemita, y grandes plataformas digitales como Instagram reciben con regularidad desde Israel listas de miembros cuyas cuentas son suspendidas por supuesto contenido proterrorista.


Ambulancia frente a las ruinas del hospital Abu Yousef Al-Najjar, en Rafajh -sur de Gaza-, destrozado en ataques israelíes el pasado 20 de enero de 2025.


Esto nos devuelve a nuestro punto de partida: el doble estado de emergencia en Israel. Al igual que la ideología del “crecimiento sostenible” abre efectivamente el camino hacia las catástrofes ecológicas, la incesante palabrería sobre la solución de los dos Estados y la repugnantemente ineficiente simpatía por las víctimas del holocausto que se está perpetrando en Gaza constituyen solo una máscara que permite a la Europa de los derechos humanos esperar cómodamente al hecho consumado del Gran Israel.


Fuente: Público

viernes, 2 de mayo de 2025

El apagón no tiene quien lo explique

 

 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor de la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Aún coleaban las chanzas que levantó la propuesta de la Unión Europea por recomendar a los ciudadanos comunitarios que se vayan dotando de un kit de supervivencia que nos sostenga vivos, al menos durante tres días, en caso de guerra (que es por lo que apuestan estos líderes europeos nuestros, necios y agresivos, y a lo que nos negamos a poner fecha), cuando se abatía sobre españoles y portugueses un apagón eléctrico espectacular, sin precedentes, sin fácil explicación y como una inquietante advertencia sobre las traiciones del progreso aun en tierras desarrolladas y francamente privilegiadas.


Subestación eléctrica.

Lo que nos obligó a dejar de lado la broma y a pensar seriamente, no sólo en ir haciéndonos con ese kit salvífico tan cariñosamente recomendado, sino de completarlo con algunas novedades del desarrollo tecnológico más avanzado, es decir, una vela, unas cerillas y una radio a transistores, lo que nos retraería, a los españoles, a los entrañables años de 1950, cuando la luz se iba cada dos por tres y había que disponer de quinqués de petróleo, candiles de aceite y velas eucarísticas para poder hacer frente a la recurrente adversidad.

Transcurridas las doce horas del desorden, con sus pérdidas globales (incluyendo algunas humanas), nada fáciles de evaluar, se ha abatido sobre el país, la clase política y los medios de comunicación la inevitable -urgente, justa, procedente- indagación sobre las causas del desastre y los responsables del mismo, desplegándose un colorido espectáculo de ideas y puyas, ocurrencias y navajazos.

A ver si ordeno el material y no me equivoco: las eléctricas dicen que si la demanda cayó que ellas no han sido, con los del PP de incondicionales lacayos; Vox, que el culpable es el Gobierno y sus maniobras de ocultación de crímenes oprobiosos; politiquillos de izquierda, pasándose de listos, que hay que nacionalizar la electricidad, como si la propiedad fuera determinante y la experiencia no hubieran demostrado hasta la saciedad que en estas cuestiones de redes y sistemas complejos la tecnocracia domina de forma absoluta e indiscutida (y que los tecnócratas, ya se sabe, carecen de color ideológico, resultando, sin más, peleles sometidos a la tiranía tecno-económica); politiquillos de derechas, reivindicando las nucleares (sin reconocer que nunca conseguirían imponerlas a sus ciudadanos: disparos, pues, de pólvora -oportunista- del rey); y los expertos, ¡ah, los expertos!, pues según de qué pie cojeen, lo natural. Veamos unos cuantos ejemplos y actitudes.


Central nuclear de Cofrentes.

Beatriz Corredor, presidenta de Red Eléctrica, aleja con verbo sobrado la posibilidad de que sea responsable el organismo de control de la red, que tan dignamente preside, y trata de alejar cualquier sospecha sobre las empresas (ya que el rebote contra ella sería inmediato). Y a la sugerencia de si va a dimitir, ha contestado que “en esta casa se ha trabajado bien, así que no voy a dimitir”. Pues claro. Veo oportuno recordar que Corredor fue ministra de Vivienda con Zapatero, cuyos éxitos incontestables (vista la situación de la vivienda en España) habrán debido constituir méritos suficientes para colocarla de jefa de Red Eléctrica, con más de medio millón de euros de salario al año (¡Cómo va a dimitir esta registradora de la Propiedad, ignara en voltios, vatios y hercios!).


Beatriz Corredor

Ignacio Sánchez Galán, amo de Iberdrola, ha dicho que las empresas eléctricas hacen lo que les manda Red Eléctrica (¡toma ya, presidenta Corredor!) y no responde cuando le señalan que la caída de la demanda se produjo “en el suroeste” del país, léase Extremadura, donde las plantas fotovoltaicas se han disparado últimamente y donde uno de los dos reactores de Almaraz estaba parado (todo ello en una geografía dominada por Iberdrola).


El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán.

Pedro Sánchez dice que no descarta ninguna hipótesis, supongo que con la esperanza de poder endosarle a Putin el mochuelo, y junto con su OTAN perspicaz se relame de gusto de solo pensarlo, esparciendo unas dudas maliciosas que han favorecido la credulidad del pueblo rusófobo, como yo comprobé en el bar del que soy parroquiano al iniciarse el apagón.

Antonio Turiel, científico experto en energía y crítico de moda (que me parece que ha optado por un rumbo de agotamiento y que le propongo evite), apunta con criterio y carga contra la improvisación y la falta de rigor con que se ha llevado a cabo la “explosión” de las renovables, dejando de lado las precauciones tecnológicas necesarias: “falta de estabilizadores”, dice, que impedirían oscilaciones excesivas de la frecuencia estándar; ya que inundar el sistema de energía renovable, que es caracterizada y eminentemente variable, es un riesgo permanente para tensión y frecuencia, como se estudia en primero de Electricidad; y no se priva de añadir, cuando le han tirado de la lengua, que “el apagón es producto de la codicia de las empresas eléctricas” (¡qué nos va a contar Turiel a los antinucleares de los 70 y los 80, los del “periodo clásico”).


Central fotovoltaica.

Total, que entre los interesados cuya misión es entorpecer la investigación, los políticos que toman el evento como preciosa ocasión de desenfundar el puñal, los expertos que creen que las soluciones de esta vida son científico-técnicas y los ecologistas vendidos a sus fuentes de financiación, hay que buscar con lupa el rastro del crimen, con el riesgo de seguir, por el barullo noticiero y las neblinas de la mente, pistas falsas y culpables aparentes.

No obstante, en esta como en tantas coyunturas la metodología del análisis ha de ser siempre la misma: acudir a las cuestiones de principio, a los fundamentos profundos, pero básicos, del cataclismo, y a no temer quedar fuera del estúpido cortejo de quienes proponen enmendar los yerros con los mismos hilos con que se han generado: ¿que el problema es de naturaleza tecnológica? ¡pues más tecnología, hombre, que es que no había suficiente!

Es esta, en consecuencia, una oportunidad perdida para ese núcleo de esperanza, resistente entre tanta tontería: el ecologismo avispado y oportuno, al que respalda una realidad inconsistente y una racionalidad mentirosa, y de cuya tradición y núcleo transformador surge el clamor contra la creciente complejidad de los sistemas sociotécnicos y la obsesiva centralización de la actividad y la vida social; lo que es singularmente cierto en el sector eléctrico. En efecto, la dimensión y rigidez de las grandes centrales, sobre todo las nucleares, la discrecionalidad abusiva del sector privado y la opción oficial por la agresividad ecológica (¿por qué llaman transición ecológica a lo que no es más que simple estímulo antiecológico con derroche, falacia y desmadre?). Pues nada de esto he podido apreciar, y aunque solo he dispuesto de la opinión oficial de la organización Ecologistas en Acción, siento que el ecologismo político necesario, el desacomplejado y acusador, no ha comparecido como debiera, y ha hecho mutis por el foro.

Abundaré, pues, en el caso de Ecologistas en Acción, que debieran recordar que solo el ecologismo posee la clave del papel social y ecológico de la energía, muy especialmente la eléctrica, y cuya opinión debiera haber sido la más certera, a la vez que dura y concreta; pero se han descolgado con una nota que muy bien podría haberla emitido el Ministerio de Transición Ecológica (al que están enfeudados, como si fueran un órgano lateral adscrito y dependiente). Y se callan que llevan años apoyando sin fisuras (y hasta con fiereza y espíritu inquisitorial) la inundación del país por energías renovables, declarando como dogma primerísimo que son la esencia, o piedra filosofal, de la lucha climática. A destacar, en esa nota, una mini alusión a las “microrredes…”, sintetizándolas como “acercar la producción a los puntos de consumo” lo que, siendo correcto e iluminador, no ha hecho mover ni un dedo a esta organización en su favor, dando cobertura sin embargo, dentro de su mismo seno, a forofos y codiciosos negociantes de las renovables y sus estudios de impacto.

Insisto en eso de las “microrredes”, elemento tan marginal en la nota de estos ecologistas que más bien debieron ahorrárselo: creo que remiten a lo que este cronista llama “comarcalización energética, y que explicó en 1980 con ocasión de un interesante ciclo celebrado en Zaragoza (Instituto Mediterráneo, Aula Dei) sobre “Electrificación rural y energías alternativas”. Era una ocasión tan oportuna como discreta, cuando estaba claro que la oleada de grandes centrales nucleares era un disparate desde todos los puntos de vista, incluyendo el funcional de la red, y que la racionalidad definitiva, es decir, la estabilidad y la seguridad, debían venir de la descentralización geográfico-energética, con interconexiones, desde luego, pero con la garantía sistémica de que los previsibles problemas técnicos o energéticos quedarían confinados a un área limitada y manejable, sin extenderse a toda la red. Posteriormente, en esta misma línea de racionalidad (que no debe ocultar nunca la oportunidad y sensatez que conlleva el eslogan radicalmente ecologista de que “lo pequeño es hermoso”) otros han llamado a este enfoque de organización de la red eléctrica “distribución eléctrica”, con más o menos el mismo sentido: dotar al territorio de redes locales -comarcales, regionales- que supongan la máxima cercanía y aprovechamiento de las energías naturales (no necesariamente renovables) a la demanda.

Otro elemento de juicio, que resulta tabú entre tanto moderno alienado, es que la informatización de todo añade riesgos adicionales nunca sufridos, que al combinarse con la obsesión de la centralización induce fragilidad y vulnerabilidad irremediables: de ahí que apagones como este resulten inevitables. Solo los ignorantes e incapaces de tener en cuenta las limitaciones (y perversiones) de la tecnología, puesta casi siempre al servicio de los negocios y no de la sociedad, pueden esperar mejoras netas de su aplicación irrestricta en el proceso productivo (cuando suele consistir en aplicaciones ambiguas, inseguras o peligrosas).

Porque, si rechazamos el oportunismo pernicioso de llamar renovables a las energías que siempre fueron consideradas -sobre todo por los ecologistas- como energías alternativas, tendremos que ceñirnos al profundo significado y la exigencia socioecológica de estas energías, que es estimular y adaptarse a una sociedad alternativa, que muestre signos y perspectivas de viabilidad y supervivencia, no como la que rige. Porque no es otra la función social y ética del ecologismo: proponer vías de convivencialidad y de imbricación con la naturaleza, apelando con insistencia y dureza a que los avances tecnológicos han de desenvolverse siempre -para que no traicionen y machaquen- “a la medida del hombre” (y de la mujer, habría que añadir hoy…), dando esperanzas en un mundo en el que sus dirigentes insisten en llevarnos al despeñadero. Por eso, la verdadera racionalidad energética (no la de los farsantes del MITECO y de sus beneficiarios) es seña originaria, prístina e irrenunciable del ecologismo como movimiento sociopolítico de innegociable carácter ético.


Central Eólica.

Y como telón de fondo, aunque resulte inaccesible a tanto zoquete surgido de la política, los negocios, la industria o la ciencia y la tecnología, recuérdese una y otra vez que no podemos seguir creciendo y creciendo, y mucho menos en consumo energético, llenándolo todo de voltios, vatios y amperios, y haciendo del sistema económico una insaciable máquina devoradora de energía, absurdamente compleja y peligrosamente frágil.


Redes de distribución de alta, media y baja tensión.

Sépase, pues, que apagones como este y otras desgracias generadas por el complejo científico-técnico, se repetirán, si no con más frecuencia, sí con mayor potencia devastadora.

martes, 29 de abril de 2025

Post de urgencia de Antonio Turiel: Calambrazo

 

 Por Antonio Turiel   
     Físico, matemático y experto en Energía del CSIC.






     Queridos lectores:

   Ahora que tengo electricidad e internet (y que he terminado de responder a un montón de periodistas, si no me equivoco he concedido 24 entrevistas -y estando afónico-), puedo inaugurar la que probablemente será una nueva serie de posts de mi blog, dados los tiempos que corren: los posts de urgencia, suscitados por algún evento de gran calado. Posts cortos, que van al grano de lo esencial de la situación.

En el caso del post de hoy, hablaré sobre el apagón que ha afectado a España, Portugal y el sur de Francia el día 28 de abril de 2025.


El incidente.

A las 12:33 se produjo el incidente. De acuerdo con la información que ha dado el propio Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en 5 segundos la potencia generada cayó en 15 GW, equivalente al 60% de lo que se estaba produciendo en ese momento. Eso produjo un apagón inmediato en toda la Península Ibérica. Afortunadamente, se mantuvo la generación de aproximadamente 10 GW, y con eso y con la ayuda de las importaciones masivas de electricidad desde Francia y Marruecos fue posible ir reestableciendo progresivamente la red, de manera que a primeras horas de la madrugada del día 29 de abril ya se había reestablecido el suministro de la mayoría del territorio nacional, aunque la señal eléctrica es todavía en este momento algo inestable. Restaurar los sistemas a un punto similar al anterior llevará varios días aún. Hay sistemas importantes con graves afectaciones, como por ejemplo la red de ferrocarriles. Las centrales nucleares permanecen a esta hora en situación de parada.


Las explicaciones iniciales.

Durante las primeras horas se dieron multitud de explicaciones sobre la causa de este apagón masivo e inédito. Se especuló con que fuera un ciberataque, o que se debiera a un usual fenómeno atmosférico, o que un incidente en la línea de interconexión con Francia hubiera generado los problemas. Con el paso de las horas fue quedando claro que nada de eso había pasado. En el momento actual, aún no se ha dado una explicación oficial de la causa del problema. Y eso, como es lógico, preocupa a la ciudadanía, que se pregunta si esta situación puede volver a repetirse en algún futuro cercano.


Qué ha pasado.

La red eléctrica estaba mostrando signos de inestabilidad desde por lo menos las 12:00. Hacia las 12:22 la red estuvo ya cerca de caer. En el momento de la caída, a las 12:33, se produce una separación en frecuencia de aproximadamente 0.15 Hz.




En un momento determinado, determinadas subredes no pueden soportar la sobretensión y se desconectan para evitar daños. Eso aumenta el estrés sobre el resto de subredes y al final acaba cayendo una buena parte de la generación fotovoltaica, en cascada. Al mismo tiempo, la nuclear, que también es inflexible, no puede adaptarse y las centrales entran en parada de emergencia, así que ahí se perdieron 2 GW de potencia adicionales.

La situación experimentada no tiene nada de excepcional. Es un problema repetido en Europa desde hace años y que estuvo en el origen de graves incidentes, como el del 8 de enero de 2021.

El problema de fondo es la integración de grandes volúmenes de generación renovable en la red de alta tensión sin acompañarlos de los necesarios (y desde los cambios de normativa de 2022, preceptivos) sistemas de estabilización de la corriente. Es un tema bien conocido y ampliamente discutido.

Mientras la cantidad de energía renovable que se integraba en la red era minoritaria, esto no era un problema, ya que el resto de fuentes presentes en el mix se encargaban de mantener la estabilidad. El problema es que en días como ayer, en el momento del incidente, la energía renovable representaba el 80% del total de energía eléctrica producida.

Los sistemas de generación eólica y fotovoltaica no tienen flexibilidad. Los sistemas tradicionales, al ser inerciales, aportan cierta facilidad inherente para adaptarse a los cambios en la demanda. Pero eso no pasa en la nueva renovable. Tampoco en la nuclear, que no tiene capacidad de reacción, y por eso cae exactamente igual que la renovable.


Por qué ha pasado.

Conviene recalcar aquí que el problema no son los sistemas de generación renovable. El problema es el modelo de implantación de los mismos que han impuesto las grandes empresas, más preocupadas por sus beneficios que del bien común. Es completamente necesario avanzar en la producción de energía eléctrica renovable por múltiples motivos (ambientales, de escasez de combustibles fósiles...), pero no se puede hacer de cualquier manera. Yo uso el símil de un vendedor que te quiere vender un coche sin frenos. ¿Es el coche intrínsecamente peligroso? No, pero no se puede vender sin frenos. Por el mismo motivo, la renovable tiene que ir acompañada de sistemas de estabilización. No hacerlo es una grave irresponsabilidad. Pero, por un tema de ahorrarse costes, es lo que vienen haciendo las grandes compañías desde hace años.

A falta de sistemas de estabilización, la situación de inestabilidad se hubiera podido solventar si, en los primeros signos (hacia las 12:00, quizá antes incluso) se hubiera aumentado la generación de los sistemas despachables rápidos, es decir, hidroeléctrica y ciclos combinados de gas natural. Pero justo en el momento del incidente, los ciclos combinados representaban solo el 3% del total. Insuficiente para absorber las fluctuaciones y para dotar de estabilidad al conjunto. Peor aún, en el momento del incidente muchas centrales de gas de ciclo combinado estaban en parada fría, y se necesitaban horas para reiniciarlas. Por eso mismo, llevó mucho más tiempo recuperar la red eléctrica. La razón de que no hubiera centrales de gas de ciclo combinado disponibles para dar estabilidad es que estos días el precio de la electricidad ha sido cero o incluso negativo, y eso ha motivado que los dueños de las centrales las apagaran, dándoles igual la seguridad del sistema. Es alucinante que algo así pueda pasar, y que el regulador lo permita, pero es así. Por cierto que no es algo nuevo, como explicamos el año pasado.

Por tanto, el problema fundamental ha sido que las empresas han primado sus ganancias a la estabilidad del sistema. Al tiempo, que el regulador no haya podido obligarlas, por la razón que sea, a que estuvieran disponibles. Esto pone en contexto las recientes declaraciones de Pedro Sánchez, apuntando contra los operadores del sistema eléctrico.


¿Va a volver a pasar?

No a corto plazo. Hoy el 40% de la generación se está haciendo con ciclos combinados, mientras se avanza en el reestablecimiento total del sistema (por cierto que desde aquí quiero reiterar mi admiración hacia los técnicos de Red Eléctrica Española, que una vez más han hecho un trabajo encomiable, dificilísimo y rara vez reconocido). Resulta también evidente que se está limitando el grado de penetración de las renovables. Las centrales nucleares continúan en situación de parada, lo cual suscita múltiples preguntas por sí mismo.

Por tanto: no, no es previsible un nuevo apagón general en breve plazo. Lo que sí va a pasar es que el precio de la electricidad se va a disparar, por el mayor consumo de gas, que va a llevar a su encarecimiento y por ende al de la electricidad.


¿Qué lecciones hay que sacar?

Que hay que invertir en estabilidad (que es muy cara) y en que se tienen que mantener centrales de respaldo (que son caras y emiten CO2). En el largo plazo, que seguramente habrá que reducir el consumo para ajustarlo a algo sostenible.


¿Se podía haber previsto esto?

Qué quieren que yo les diga.


Por cierto que tenía otra posible portada para este post, pero por pudor he preferido dejarla como chascarrillo final.





Fuente: The Oil Crash