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domingo, 6 de octubre de 2024

¡Qué escándalo, aquí se roba agua!

 

Respingos de la calor (9 de 10)


 Por Pedro Costa Morata


Resulta que en la Región de Murcia se roba agua, es decir, que hay quien extrae agua -de pozos, en primer lugar- sin la debida concesión administrativa y durante años. Esto se sabe de siempre, con escasa repercusión pública, ya que si el ladrón es un personaje o una empresa grande difícilmente trasciende; y si llega a tener eco, rápidamente actúa el “sistema” (autoridades, medios de comunicación, tribunales) para hacer pasar suavemente el trago al gran infractor ocultando mientras es posible su identidad, sea individual, sea corporativa; el sistema prefiere ensañarse con los errores o las trampas de los pequeños, que pagan de sobra con el sudor de su pelea con la tierra el agua que puedan detraer. Pero, en general, el sistemático robo de agua pública, diverso en métodos y geografías, pasa desapercibido porque quienes tienen que prevenirlo y castigarlo no tienen por costumbre hacerlo.


Río Luchena, en la pedanía lorquina de La Parroquia, 
cuyas aguas se roban para usar en macrogranjas porcinas.

Se roba agua todos los días en la cuenca del Segura, y solo de vez en cuando -como viene sucediendo con las piraterías descubiertas en los últimos años en la sierra de Almenara- la opinión pública se entera y se indigna; que es cuando ese coro cínico orquestado por la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) nos recuerda la desvergüenza de aquel policía pringado en el negocio ilegal del juego en la inmortal película Casablanca (1942), y la imita, a la murciana, con este “¡Qué escándalo, hemos descubierto que aquí se roba agua!”.

Por esto, cosa bien hipócrita es la repercusión que ha tenido el descubrimiento de que varios empresarios se llevan (cruda) el agua para alimentar el (insultante) campo de golf del (deshabitado y arruinado) resort del paraje de Villareal, una de tantas herencias –en este caso, con la marca de aquel alcalde, Miguel Navarro, que tan fuerte llegó a ser en el PSOE murciano y al que sus conciudadanos lo votaron repetidamente- que nos ha dejado la gloriosa era de los pelotazos, los convenios urbanísticos y la especulación general (y generalizada). Porque ahí, en ese entorno del tramo lorquino de la sierra de Almenara se ha perpetrado -sigo las informaciones de prensa- un abultado y sostenido robo de agua (extraída de una quincena de pozos ilegales y cinco manantiales) durante 17 años y por un valor, digamos, ambiental, de 65 millones de euros, el valor de los dos millones de m3 extraídos en ese tiempo, hasta dejar exhausto el acuífero rapiñado.



El gerente de un resort edificado en el tramo lorquino de la Sierra de Almenara usó durante 17 años un acuífero para regar su campo de golf.

Lo bueno, es decir, lo canalla del caso, es que después de participar la CHS en la investigación del asunto, conjuntamente con el Seprona, su presidente, Mario Urrea se ha sublevado contra los resultados, asegurando que esas cifras, las del desfalco hídrico, no coinciden con “nuestra realidad administrativa”. Según Urrea, solo existían nueve pozos ilegales, otros dos autorizados y cinco manantiales también con autorización. Y que, en todo caso, el abultado volumen extraído no puede conocerse porque, “evidentemente, al ser ilegales, no tenían contadores", así como tampoco es posible determinar la cuantía de los daños. ¡Olé tus cálculos, Mario Urrea!

Del inefable Urrea, que tan frecuentemente se muestra del lado de los empresarios, recuerdo ahora su descaro de funcionario desleal cuando daba garantías a la empresa aquella que quería volver a extraer hierro en Cehegín. Y ahora vuelve a expresarse con semejante estilo, es decir, suavizando el delito, cuando se enfrenta a los informes del Seprona por una investigación que debiera haber realizado la CHS con sus servicios de guardería (que sin duda conocían el asunto desde hace años) y le quita importancia y dimensión al saqueo con argumentos muy similares a los que utilizaría una sentencia emitida por un tribunal escorado al infractor (como sucede tantas veces). O sea, que ni son tantos pozos los ilegales ni es posible evaluar el monto del robo, material o económico: que se exagera, vamos.

No es que confíe en que este revuelo vaya a llevarnos muy lejos, pero el actual momento político-hidrológico parece más favorable para que al menos vayan aclarándose algunos aspectos -con expectativas muy moderadas, desde luego- acerca del latrocinio y el mafierío del agua en esta conservadora, complaciente y subdesarrollada Región de Murcia. Porque parece que se aúnan ciertas fuerzas para señalar y sacarle los colores a ese organismo estatal -hablo, claro, de la CHS-, desvergonzado e irresponsable, enemigo de bienes públicos sagrados e irrecuperables y consolidado nido de prevaricadores. Lo mejor de todo es que nuestros tribunales, cuando las denuncias van contra esta CHS o cuando es evidente su responsabilidad incumplida en tantos contenciosos del agua, toman como referencia documental determinante los informes que se le solicitan y que ella misma aporta, haciéndola en definitiva juez y parte.


Extracciones ilegales de agua en una finca de Archivel.

En la denodada lucha -de pocos y débiles, pero justos- llevada a cabo por defender el buen uso del agua, principal recurso natural de la región, es la CHS la principal enemiga a la que hay que enfrentarse: solamente leer y analizar las contestaciones que da a las denuncias, ya ponen en evidencia la prosa degenerada que ha ido elaborando, lanzándola contra el denunciante como resumen de (1) malhumor por el atrevimiento, (2) instinto defensivo tras quedar en evidencia, y (3) propósito de burlarlas tanto con las artimañas administrativas como con su impunidad instituida.

Concentra esta CHS, con una estructura ingenieril funesta, una incompetencia radical en su gestión del agua-vida, ya que para este organismo se trata de agua-flujo, a entubar, trasvasar y encajar contaminaciones como mal menor; y una caradura cementosa, a prueba de bomba, de sus principales dirigentes. Nada de lo cual hace que siga siendo inaccesible a la reforma o a la “limpieza” de indeseables, y que consiga salirse de rositas de todas sus abominaciones como si no fuera la principal responsable del desastre: del robo de agua, en primer lugar, ya que conociéndolo y teniendo como obligación investigarlo, perseguirlo y sancionarlo, no lo hace con el interés debido; y también de la degradación del recurso, lo que repercute en la evolución de los manantiales y fuentes de las áreas mejor dotadas.

A este papel desgraciado de la CHS hay que adjuntar el de las autoridades autonómicas y municipales, comparsas de la depredación, principalmente por su empeño en sacudirse deberes: para ellas es la CHS la única responsable en los asuntos del agua, por lo que se lavan las manos. Así que no se les ocurre ir contra ella, conociendo la situación provocada por su despolítica y por no atajar los abusos diarios a cargo de empresas y de la propia Administración regional. La alianza contra el agua es, así, cuádruple, con responsabilidades directas proporcionadas y distintas, evidentemente: la CHS, la Administración regional, los ayuntamientos y la sociedad global (desde empresas hasta tribunales, pasando por medios de comunicación).

Concretamente, nuestros ayuntamientos, en esta tierra donde el agua es objeto de todo tipo de insidias, no quieren saber nada del asunto, por más que conocen muy bien, de primera mano y estando en primera línea, los robos y las ilegalidades perpetradas diaria y sistemáticamente. “El agua no es competencia nuestra”, dicen, y se olvidan de su competencia política, que los compromete a trabajar e implicarse en todos los aspectos de la vida municipal, incluyendo el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales. Dejan de lado, en definitiva, su competencia ética, sumergiéndose alegremente en la indiferencia.

Para señalar, por ejemplo, a un ayuntamiento pasota, descreído e intratable, no hay más que mirar al de Caravaca, concentrando la atención en su alcalde, José Francisco García, caso paradigmático de indolencia ante el atraco y el levantamiento del agua en su municipio, del desdén hacia quienes sí se alarman de la evolución de fuentes y manantiales y de clara enemistad hacia sus denunciantes, sabiendo ser -como este cronista comprobó- vengativo y rencoroso frente a quienes ponen en evidencia las miserias que más le escuecen.

El alcalde de Caravaca viene contemplando el trabajo del Consejo para la Defensa delNoroeste -desde su creación en 2017, para proteger los recursos del acuífero, la agricultura de los pequeños y la importancia del secano- con desapego y hostilidad. Y ahora, cuando ya se puede constatar el agotamiento de la fuente de Singla y el pésimo camino que llevan unas cuantas más, parece querer apuntarse a la oleada de indignación que va levantándose por el pillaje de las fuentes de su municipio a causa de los pozos salvajes de la agricultura intensiva; y se ha atrevido a dirigirse a la manifestación reivindicativa del pasado 15 de septiembre, en modo cínico y oportunista, como si se acabara de enterar. Me viene a la memoria cuando, delante de mí y de otro representante del Consejo del Noroeste, nos anunció, indignado, que multaría a la empresa multinacional Moyca, instalada ilegalmente para producir uva transgénica, con un millón de euros (o dos, no recuerdo bien: menuda tontería, dirigida a dos testigos que necesitaba que se llevaran buena impresión de él).


En defensa de la fuente de Singla, cuyas aguas han dejado estancadas, sin flujo.

Pero la realidad es que no me consta que haya adoptado ninguna medida en favor de la legalidad agraria en su municipio, sino que ha consentido transformaciones ilegales del secano al regadío y construcciones piratas de nuevas granjas porcinas; y ha estado perfectamente enterado de que esas granjas no disponían de agua legal y de que, por lo tanto, lo que harían sería obtenerla de pozos ilegales (que, como las granjas y los trabajos de invernadero, por cierto, también necesitan licencia municipal).


                                                                                               Estado actual del Río Quípar.


Gran consentidor de este desorden en un consistorio volcado en festejos y peregrinaciones, disimula ahora una despreocupación bien demostrada por la ruina del principal recurso de su tierra; y -me dicen- ha anunciado en esa aparición, de paripé y postureo, que denunciará a la CHS por no sé cuántas cosas; también he sabido que advirtió a los oyentes que todo esto hay que hacerlo “con rigor”, como si esa fuera la pauta a la que él se ciñe y con la que piensa redimir a su municipio de las exacciones de cada día.

Los antecedentes son imbatibles: este alcalde pertenece al tipo de político que se allana ante los poderosos y los organismos de su cuerda política, y por eso aparenta indignarse con la CHS, que pertenece al Gobierno de Madrid, del perverso Pedro Sánchez. Como si no hubiera demostrado, año tras año, que su ejercicio político está en perfecta consonancia con las maldades de las empresas agrícolas y ganaderas, con la lenidad de la Consejería de Agricultura y, por supuesto, con la negligencia de la CHS.

De modo que, si don José Francisco quiere ganarse el respeto al que un alcalde debe aspirar como guardián de derechos elementales de sus conciudadanos, como es el del agua, decídase a actuar y trabajar, haga algún mérito y consiga que quienes luchan de verdad, sin trampas ni medias tintas, lo puedan considerar uno de los suyos. Siendo, como es, de obligada asunción el arremeter contra la CHS -lo que habrá que loársele si llega a hacerlo-, también le corresponde hacer lo mismo contra el Gobierno regional y, en realidad, contra sí mismo y su corporación, por displicentes y tolerantes ante el desastre.



El rio Argos, que también han secado, por Oicas de Abajo.

(Mientras tanto, los que luchan de verdad por las fuentes y manantiales en Caravaca, no necesitan invitar a este alcalde a figurar y desfigurar, porque eso no lleva a ninguna parte).

viernes, 30 de agosto de 2024

Cómo la extrema derecha conquistó Alemania del Este

 

Reportera de la oficina en Berlín de POLITICO EUROPE

Al atrincherarse en pequeñas ciudades, Alternativa para Alemania (AfD) está rompiendo el cortafuegos diseñado para mantenerla fuera del poder.


El aumento del apoyo a la AfD se produce a pesar de que las autoridades de inteligencia doméstica a nivel estatal han clasificado a las filiales locales del partido. Sean Gallup-Getty Images

     Cuando los miembros del departamento de bomberos voluntarios de Großschirma, una pequeña ciudad en el estado de Sajonia, en el este de Alemania, celebraron el centenario de su institución, era natural que Rolf Weigand estuviera allí.

Weigand, un político de 40 años del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), está profundamente involucrado en la vida de la ciudad. Es miembro activo de la asociación que apoya a la escuela primaria local y también participa en el club de cría de aves de corral local, y una vez obtuvo con orgullo 94 puntos en un concurso con su gallina barbuda de Turingia. A principios de este mes, trabajó en el grifo de cerveza en el concurso de talentos local.

“Siempre hemos buscado el contacto con los ciudadanos aquí en el terreno”, dijo Weigand sobre la AfD durante la fiesta del cuerpo de bomberos mientras los niños saltaban en un castillo inflable. “Creo que esta proximidad con los ciudadanos, este contacto, nos hace especialmente fuertes”.

De hecho, hay pocos lugares en Alemania donde la AfD es más fuerte.

Casi 35 años después de la caída del Muro de Berlín, un cisma político irregular recorre el país, trazando la antigua frontera entre Alemania Oriental y Occidental. En el lado este de la división, la AfD está en auge a pesar de su creciente radicalismo y las persistentes advertencias de los líderes tradicionales de que es un partido extremista, incluso nazi.

En vista de las tres elecciones estatales que se celebrarán en el este de Alemania en septiembre (incluidas las de Sajonia y Turingia este domingo), el partido, que en su día fue marginal, está encabezando las encuestas o cerca de conseguir el primer puesto en todas ellas. Ese éxito se debe a que el partido está cada vez más arraigado en pequeñas localidades del este, como Großschirma, donde en las elecciones municipales y al Parlamento Europeo de junio, la AfD ganó alrededor de la mitad de los votos locales, lo que ilustra hasta qué punto se ha convertido en la fuerza política dominante en la zona.


   Hay pocos lugares en Alemania donde la AfD es más fuerte. 
Sean Gallup-Getty Images

El hecho de que tantos votantes en el este de Alemania se inclinen cada vez más por la extrema derecha es una señal de la cuestión central que subyace a la división: una marcada pérdida de confianza en los partidos, las instituciones y los medios de comunicación tradicionales. Sólo en el estado de Sajonia, sólo el 41 por ciento de los ciudadanos están satisfechos con el funcionamiento de su democracia, según una encuesta encargada por el gobierno estatal. Sólo uno de cada diez ciudadanos afirmó confiar en los partidos políticos, y sólo el 15 por ciento afirmó confiar en los medios de comunicación.

La AfD, aunque se obstina en alimentar esa desconfianza, ha llenado ese vacío y se ha atrincherado cada vez más en la sociedad del este de Alemania en los niveles más locales. Para la AfD, todo es parte de una estrategia más amplia: empezar ganando en los municipios y parlamentos estatales de todo el este. Ese dominio, según la idea, normalizará al partido a pesar de su extremismo, lo que le permitirá un día expandirse a los niveles más altos del gobierno nacional.

En esta estrategia son fundamentales figuras como Weigand, que también dirige su propia empresa de revestimientos cerámicos. En marzo, Weigand ganó casi el 60 por ciento de los votos en una elección para alcalde de Großschirma contra otros dos candidatos centristas. Debido a un tecnicismo, la votación fue anulada, lo que obligó a Weigand a presentarse nuevamente este domingo. Esta vez, se presenta sin oposición.

El aumento del apoyo a la AfD se produce a pesar del hecho de que las autoridades de inteligencia interna a nivel estatal han clasificado a las ramas locales del partido tanto en Sajonia como en Turingia como organizaciones extremistas que pretenden socavar la democracia alemana.

Pero en ciudades como Großschirma, la AfD ya es casi una banalidad. En el aniversario del cuerpo de bomberos, los ciudadanos, incluso los que no apoyan a su partido, elogiaron al alcalde, y una persona lo calificó de "buen tipo".

Weigand, en un momento dado, se dirigió a la multitud.


Weigand, un político de 40 años del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), está profundamente involucrado en la vida de la ciudad. Nette Nöstlinger-POLITICO


“Quiero agradecerles mucho por mantenerse siempre tan unidos, por apoyarse mutuamente, por realmente unirse como uno solo”, dijo, ganándose un entusiasta aplauso al concluir.


El cortafuegos desmoronándose

Los líderes de los principales partidos alemanes son conscientes del hecho de que Adolf Hitler pudo inicialmente llegar al poder en las urnas y que los conservadores luego ayudaron a normalizar a los nazis al participar en gobiernos de coalición con ellos, primero en el estado oriental de Turingia y más tarde a nivel nacional.

Es para evitar que se repita esa historia que los partidos tradicionales ahora prometen mantener un Brandmauer, o cortafuegos, alrededor de la AfD, negándose a incluirlos en gobiernos de coalición o, en todo caso, a cooperar con el partido para aprobar cualquier tipo de legislación.

Sin embargo, los líderes de la AfD pretenden derribar el cortafuegos haciendo imposible evitar la colaboración con el partido en las pequeñas ciudades. Si los representantes electos necesitan cooperar con la AfD para hacer cosas tan mundanas como reparar carreteras y escuelas, piensan que algún día los partidos tradicionales se verán obligados a colaborar con el partido en cuestiones políticas más amplias.

"Si la gente entra en contacto directo con la AfD en el gobierno local, establece contacto y también reconoce que allí se formulan políticas pragmáticas, entonces esto es, por supuesto, un origen o un posible comienzo para la cooperación en otros niveles", dijo a POLITICO Torben Braga, parlamentario estatal de la AfD en Turingia, considerado uno de los principales estrategas del partido en el este de Alemania.

En Großschirma, incluso los políticos locales de partidos opuestos a la AfD dicen que la estrategia está funcionando.


   Los líderes de los principales partidos alemanes son conscientes de que Adolf Hitler pudo llegar al poder inicialmente a través de las urnas. Maryam Majd-Getty Images

Una tarde, Gunter Zschommler, un veterano político local de la centroderechista Unión Demócrata Cristiana (CDU) y productor lechero que se había presentado contra Weigand para alcalde y había perdido, se sentó en la cocina de su granja y se lamentó del estado de la política local mientras las vacas pastaban afuera. La extrema derecha está en ascenso, argumentó, porque los partidos tradicionales han descuidado durante mucho tiempo las áreas rurales.

“En las últimas dos décadas, los principales partidos se han centrado exclusivamente en las ciudades”, afirma Zschommler, un afable hombre de 61 años. “La AfD ha explotado esta brecha, prometiéndole a la gente que se ocupará de ellos”.

El vecino de Zschommler, Volker Scharf, un político local de una alianza de ciudadanos independientes, estuvo de acuerdo y argumentó que surgió una brecha política después de que Alemania Oriental y Occidental se unificaron en 1990.

“Tras la reunificación, primero se fue la industria, luego el Estado”, explica Scharf. “Lo que quedó fue un espacio vacío. Ahí es donde entró en juego la AfD”.

Debido a la popularidad de la AfD en la política local en el este, el cortafuegos ya ha caído en muchos aspectos. Entre 2019 y 2023 hubo más de 120 casos de cooperación en los gobiernos locales entre la AfD y los partidos mayoritarios, la mayoría de ellos con la CDU, según un estudio reciente publicado por la progresista Fundación Rosa Luxemburg.

Ejemplos de esa cooperación incluyen un caso en Sajonia, donde los partidos mayoritarios de un ayuntamiento apoyaron una moción de la AfD para prohibir el uso de lenguaje neutro en cuanto al género en la publicidad del teatro de la ciudad. En otro caso, en Turingia, los partidos mayoritarios apoyaron una moción de la AfD para que se votara la destitución de un alcalde de izquierdas.

“El cortafuegos a nivel de condado ya no existe y esto solo va a empeorar”, dijo Jana Pinka, una política local del partido de izquierda. “Tengo mucho miedo de que esto se vuelva aún más oscuro. A veces busco paralelismos con los años 30”.

La resistencia se debilita

Muchos lugareños dicen que, a pesar de la imagen sana y práctica que proyectan muchos políticos de AfD de pueblos pequeños, la política en la zona se ha vuelto cada vez más cruda desde el ascenso del partido.

Zschommler, el ganadero, dijo que los políticos locales de todos los partidos solían reunirse para tomar cerveza y escalope después de las reuniones del consejo municipal, pero esos días ya pasaron. "Las cosas se han vuelto muy frías", dijo.

Hay ejemplos más claros del clima político cada vez más tenso.

Dirk Neubauer, un independiente que ocupó el cargo de comisario del condado al que pertenece Großschirma, fue durante mucho tiempo uno de los críticos más acérrimos de la AfD en la zona. “Realmente estamos en un camino muy peligroso”, dijo en un mensaje de vídeo después del sólido desempeño de la AfD en Sajonia en las elecciones europeas de junio. “No estamos reescribiendo la historia, estamos repitiéndola”.


    Los partidos de un ayuntamiento apoyaron una moción de la AfD para prohibir el uso de lenguaje neutro en cuanto al género en la publicidad del teatro de la ciudad. Ralf Hirschberger-Getty Images

Pero en julio, Neubauer renunció abruptamente, citando amenazas de extremistas de extrema derecha. “Durante meses, me he enfrentado a una amenaza personal y difusa de grupos de derecha”, dijo en otro mensaje de video . “Recibo cartas anónimas, recibo correos electrónicos anónimos, he tenido uno o dos enfrentamientos personales”, continuó, y agregó: “Todo eso se ha extendido a mi círculo privado, y he llegado a un punto en el que digo: 'Ya es suficiente'”.

La experiencia de Neubauer no es un caso aislado. Según una encuesta nacional realizada a políticos municipales y provinciales, entre mayo y octubre del año pasado, uno de cada dos políticos locales del este de Alemania sufrió hostilidad en forma de ataques verbales, agresiones físicas o mensajes de odio.

En Großschirma, Weigand dijo que está tratando de llegar a sus oponentes políticos para acabar con el clima polarizado. “Debemos crecer juntos como uno solo, eso es lo que defiendo”, dijo a POLITICO.

En las redes sociales, sin embargo, su tono suele ser más intenso.

En su canal de Telegram, publicó una vez una foto de policías fuertemente armados parados frente a una iglesia para protegerla. “Mamá, ¿por qué hay policías con armas grandes parados frente a la iglesia?”, decía un pie de foto.


La extrema derecha puede estar en ascenso porque los partidos tradicionales han descuidado durante mucho tiempo las áreas rurales. Jens Schlueter-Getty Images

“Porque somos de mente abierta y tolerantes”, fue la respuesta de la madre ficticia.

El subtexto era que las políticas migratorias del gobierno alemán habían traído la amenaza de ataques terroristas al país, o, como lo expresó Weigand en el post: “Las consecuencias de la ideología del multiculturalismo progresista fallido en una imagen”.

Añadió: “Recuperaremos nuestro país poco a poco”.

Ese tipo de retórica parecía distante cuando, una noche reciente en Großschirma, Weigand prestó juramento como alcalde interino, a la espera de su inevitable victoria en las elecciones del domingo.

Inmediatamente después, los miembros del consejo municipal se reunieron para una reunión y Weigand recibió un ramo rosa de felicitación.

A continuación, el alcalde interino pasó rápidamente a tratar los temas del orden del día: la reparación de una carretera local, la renovación de la piscina de la ciudad, seguido de un diálogo sobre la hora a la que los vecinos pueden cortar el césped.

Fuente: POLITICO