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viernes, 5 de junio de 2026

Ojo al espacio Báltico, la mecha del polvorín se acorta

 

 Por Alexander Neu   
     Político y politólogo alemán.


     Entre los expertos en seguridad, la región del Báltico se considera actualmente la zona de conflicto con mayor potencial de explosión entre la OTAN y la Federación Rusa. En esta zona se concentran numerosos focos de conflicto.


La región del Mar Báltico: un polvorín subestimado.

Ya en octubre de 2025 publiqué en NachDenkSeiten un artículo sobre el foco de peligro que supone la región del Báltico Der Ostseeraum – das verkannte Pulverfass . Desde entonces, la situación en esta zona se ha agravado aún más. Hace unos días visité la región fronteriza entre Polonia y Rusia. Un silencio fantasmal, escaso tráfico transfronterizo y largos tiempos de espera. La famosa frase «la calma antes de la tormenta» me vino inmediatamente a la mente. A continuación se esbozan algunos de estos focos de conflicto.

El término «región del Mar Báltico» no debe entenderse como un espacio limitado exclusivamente al Mar Báltico, sino que debe abarcar también las zonas rurales situadas mucho más allá de la línea costera de los Estados ribereños, ya que solo así es posible abarcar todos los posibles focos de conflicto.

Datos geopolíticos

El mar Báltico se denomina Ostsee en alemán. Se trata de una masa de agua casi cerrada, con una superficie de aproximadamente 413 000 kilómetros cuadrados y una baja salinidad. La longitud de la costa es de unos 8000 kilómetros. Actualmente, con la excepción de la Federación Rusa, todos los países ribereños del Mar Báltico pertenecen a la OTAN: Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Alemania. La propia Rusia solo dispone de dos pequeños accesos al mar, a través del enclave de Kaliningrado y de San Petersburgo. Así, unos 7.340 kilómetros de costa corresponden a los países de la OTAN y unos 660 kilómetros a Rusia.

En consecuencia, la OTAN controla alrededor del 92 % del litoral y Rusia, apenas el 8 %. El único acceso al Atlántico lo constituyen los estrechos de Dinamarca y los que separan Dinamarca de Suecia (el Gran y el Pequeño Belt y el Öresund). Dinamarca y Suecia, y por ende la OTAN, controlan también estos cuellos de botella. De hecho, en el contexto de la ampliación de la OTAN hacia el este, el mar Báltico se ha convertido en un «mar de la OTAN». El grado en que las esferas de influencia han cambiado con la ampliación de la OTAN queda patente si se tiene en cuenta que, durante la confrontación Este-Oeste, la región del mar Báltico fue, en la práctica, una zona marítima del Pacto de Varsovia liderado por la Unión Soviética. Los Estados ribereños del bloque de poder soviético eran: la RDA, Polonia y la Unión Soviética; los tres Estados bálticos —Lituania, Letonia y Estonia— formaban parte de la Unión Soviética. Así, la zona sur y este del mar Báltico estaba bajo control soviético. El norte era neutral, dada la neutralidad oficial de Finlandia y Suecia. Solo en el extremo occidental del mar Báltico, la RFA y Dinamarca limitaban con este.

El acceso estratégico a ambas costas rusas no resulta especialmente ventajoso, dada la situación actual tras el fin de la Guerra Fría y la amplia ampliación de la OTAN hacia el este.

San Petersburgo

Si bien la ubicación geográfica de San Petersburgo supuso en el pasado una ventaja estratégica, la ciudad ha caído en una trampa estratégica, como muy tarde con la ampliación de la OTAN hacia el este, que incluyó a los países bálticos y a Finlandia:

San Petersburgo se encuentra en el extremo oriental del golfo de Finlandia, que se extiende a lo largo de unos 400 kilómetros. El acceso está controlado al norte por Finlandia y al sur por Estonia, es decir, por la OTAN. La distancia entre las dos costas opuestas varía entre 40 y 120 kilómetros. Allí donde las costas opuestas del golfo de Finlandia se convierten en territorio ruso, el golfo se estrecha hasta convertirse en un canal en el que se encuentra San Petersburgo.

De este modo, el golfo de Finlandia, con las costas de la OTAN al otro lado, está sujeto en parte a los derechos de soberanía exclusivos de Finlandia y Estonia. Esto significa que hay que atravesar por mar partes del «territorio de la OTAN». En caso de guerra, es probable que se pudiera impedir por medios militares la salida de la Armada rusa del golfo de Finlandia.

La Flota del Báltico de la Federación Rusa, estacionada en gran parte en Kaliningrado, no podría, en caso de conflicto, salir del mar Báltico con una probabilidad casi segura, dados los estrechos daneses, sin que la OTAN la hundiera. En general, la situación estratégica de Kaliningrado no es más ventajosa.

La OTAN y el «reto» de Kaliningrado

El enclave de Kaliningrado es el puesto avanzado más occidental de la Federación Rusa. Se trata de un espacio de dimensiones manejables (unos 15 000 kilómetros cuadrados), separado del territorio continental ruso por Lituania. Las líneas de suministro por ferrocarril y carretera pueden ser interrumpidas por Lituania y Polonia, y las líneas de suministro por barco o avión a través de San Petersburgo también pueden ser cortadas por la OTAN. Este mero hecho hacía que la región de Kaliningrado dependiera de la buena voluntad de los países de tránsito. Sin embargo, cuando Lituania se adhirió a la OTAN y a la UE, la situación geográfica de Kaliningrado se convirtió en un «reto» para la OTAN.

«En medio» del territorio de la OTAN se encuentra un enclave ruso y, por tanto, hostil: un portaaviones insumergible. Allí también tiene su base la Flota del Báltico de la Federación Rusa. La existencia del enclave ruso supone ahora un problema para la OTAN. Solo para aclarar la cronología y, con ello, el razonamiento al que cuesta acostumbrarse: el enclave ruso de Kaliningrado existe desde 1991. Antes, toda la región era soviética. La ampliación de la OTAN a los países bálticos y, por tanto, a Lituania tuvo lugar en 2004. Y ahora la OTAN, que ha avanzado hacia el este, declara que la existencia del enclave es un problema de seguridad —una interpretación ya de por sí muy peculiar y presuntuosa: allí donde está la OTAN, los demás actores son un problema de seguridad, según esta peculiar lógica. En el contexto de la agravada situación, el comandante en jefe de EE.UU. para Europa y África, el general Christopher T. Donahue, declaró en julio de 2025 que la OTAN estaba en condiciones de destruir Kaliningrado «desde tierra en un plazo sin precedentes y más rápido de lo que jamás habíamos podido». «Ya lo hemos planificado y ya lo hemos desarrollado» (por «desarrollado» se referirá probablemente a la planificación, A. Neu) Dokumentation: US-Kommandeur zur Bedeutung von Landstreitkräften, Interoperabilität – und zu Kaliningrad – Augen geradeaus!


Comandante estadounidense diserta sobre la importancia de las fuerzas terrestres, la interoperabilidad y Kaliningrado.

Ver también: La ampliación de la guerra de Ucrania está servida y bien anunciada – Rafael Poch de Feliu

El ministro de Asuntos Exteriores lituano, Budrys, exigió recientemente en una entrevista con el NZZ, posiblemente inspirado por las declaraciones del comandante en jefe estadounidense Donahue, incluso abiertamente la necesidad de un ataque de la OTAN contra Kaliningrado:

«Tenemos que demostrar a los rusos que podemos penetrar en la pequeña fortaleza que han construido en Kaliningrado. La OTAN dispone de los medios para destruir allí las bases de defensa aérea y los sistemas de misiles rusos, si es necesario». Litauens Aussenminister Kestutis Budrys über Europa, Russland und die Nato.

Relaciones difíciles: los países bálticos y Rusia

Es sorprendente, o mejor dicho, aterrador, con qué facilidad se está provocando una guerra con Rusia. Precisamente los Estados bálticos se están distinguiendo por una actitud llamativamente belicista, como si estuvieran protegidos en todo caso por la OTAN. Los sobrevuelos de drones ucranianos por el territorio báltico en dirección a San Petersburgo y la región de Leningrado elevan las tensiones a un nuevo nivel. Desconozco si se trata «solo» de un uso tolerado o, aunque no aceptado, apenas criticado del espacio aéreo báltico por parte de los drones ucranianos, o si estos incluso despegan desde territorio báltico. Sin embargo, cabe destacar que ya sería un logro técnico asombroso desarrollar drones de largo alcance que despegaran desde Ucrania, sobrevolaran el espacio aéreo polaco y báltico y atacaran luego objetivos de infraestructura energética en el norte de Rusia. Sea como fuere, en Moscú aumenta la presión sobre el presidente Putin para que exija responsabilidades a los países bálticos por lo que, desde el punto de vista de Moscú, es un uso ucraniano de su espacio aéreo.

Desde el punto de vista del derecho internacional, cabe señalar que el estatus de neutralidad de un Estado se ve afectado por su disposición, o incluso por el mero hecho de tolerar, que su territorio —incluido el espacio aéreo— sea utilizado por fuerzas militares extranjeras, facilitando así la proyección de poder de estas o, en primer lugar, haciéndola posible. El «país anfitrión» ya no puede invocar su condición de neutralidad, ya que, de hecho, es parte beligerante, siempre que no impida el uso militar y operativo de su territorio por parte de fuerzas armadas extranjeras o no se esfuerce de manera creíble por impedirlo. Y eso parece que también se ha entendido así en la sede de la OTAN en Bruselas. De hecho, recientemente un avión de la OTAN derribó un dron ucraniano en el espacio aéreo estoniano, ya que la OTAN es plenamente consciente del inmenso riesgo de escalada.

El reconocido politólogo estadounidense y experto en Europa del Este del Quincy Institute for Responsible Statecraft, Anatol Lieven, ha publicado recientemente una llamada de alerta titulada: «Washington debe actuar para desactivar el polvorín báltico».
Washington must act to defuse the Baltic powder keg | Responsible Statecraft.


Washington debe actuar para desactivar el polvorín del Báltico.

Y también el famoso economista estadounidense Jeffrey Sachs escribió hace unos días una carta abierta al canciller federal Friedrich Merz como un llamamiento urgente a actuar para evitar una guerra europea. Esta carta se publicó en el Berliner Zeitung y merece mucho la pena leerla. La responsabilidad de Alemania – Rafael Poch de Feliu Al mismo tiempo, el 29 de mayo, el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso y expresidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvedev, agravó la situación con la siguiente declaración, según la cual Europa se encuentra ahora en guerra con Rusia y las sociedades europeas no deberían sorprenderse de los golpes:«Ciudadanos de los países de la UE: debéis tener claro que vuestros gobiernos han iniciado unilateralmente una guerra con Rusia. Por lo tanto, estad alerta y no dejéis que nada os pille por sorpresa. Se acabó el sueño tranquilo. ¡Pero ya sabéis a quién debéis preguntar por qué!»

Los Estados bálticos, como países de primera línea, asumen con el rumbo actual un riesgo enorme para sí mismos y para toda Europa: son ellos quienes, en caso de guerra, probablemente serían los primeros en ser destruidos. Una mirada sobria —libre de cualquier estrechez ideológica— a un mapa de Europa del Este puede resultar útil para evaluar adecuadamente la propia situación.

A pesar de toda la comprensión por las experiencias históricas negativas de los bálticos con Moscú, hay que señalar tres hechos que los Estados bálticos también deberían tener en cuenta y asimilar para calmar los ánimos:

En primer lugar: como vecinos extremadamente pequeños y débiles, Tallin, Riga y Vilnius deberían esforzarse por lograr, como mínimo, una relación de coexistencia pacífica con Moscú, en lugar de provocar a los rusos a la menor ocasión y arrastrar así a la OTAN y, en particular, a los europeos a una guerra contra Rusia. A esto hay que añadir que, como mínimo, es dudoso que Estados Unidos entrara realmente en una guerra mundial por los países bálticos. Y es más incierto que seguro que los países europeos de la OTAN —con la excepción de Alemania, Polonia y, posiblemente, el Reino Unido y Francia— se atreverían, al menos de forma unánime, a dar ese paso desastroso. Los paralelismos históricos son evidentes: Polonia también había confiado en 1939 en el apoyo de París y Londres, y luego fue abandonada. Aparte de las declaraciones formales de guerra de Francia y Gran Bretaña el 3 de septiembre contra la Alemania fascista, se hizo muy poco en lo que respecta a la guerra material: Polonia se quedó, literalmente, sola en casa.

En segundo lugar: también los tres Estados bálticos tienen una historia de colaboración poco gloriosa con la Alemania hitleriana durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta hoy se rinde homenaje y se honra a los veteranos bálticos del nazismo. Esto debería suscitar preguntas también en Europa Occidental, en lugar de cerrar los ojos ante la nostalgia nazi. ¿Qué visión de la historia se difunde así también en la UE? A esto se suma que la legislación sobre ciudadanía y lenguas en Letonia y Estonia margina a las minorías rusas que viven allí en lugar de integrarlas. Una política de integración hábil dejaría sin fundamento, al menos en el Báltico, el argumento de Moscú de querer proteger a los rusos en el extranjero, en caso de duda, incluso por la fuerza.

En tercer lugar: a pesar de todos los temores —ya sean fundados o simulados— de una nueva invasión rusa, no hay que olvidar que la Unión Soviética retiró sus fuerzas de seguridad en 1990/91 de los países bálticos, hasta entonces bajo dominio soviético, y también, en los años siguientes, de todos los antiguos «países hermanos» de Europa del Este. Esta medida podría haber sido acogida de forma constructiva por parte de los bálticos, es decir, tendiendo la mano a Moscú para la reconciliación; al menos, habría merecido la pena intentarlo.

Corredor de Suwalki

El corredor de Suwalki describe el espacio geográfico entre Bielorrusia y el enclave de Kaliningrado y se extiende a lo largo de unos 100 kilómetros. Los dos Estados miembros de la OTAN, Polonia y Lituania, limitan entre sí en esta zona. El término «corredor de Suwalki» deriva de la ciudad polaca de Suwalki, situada en esa zona. Los expertos en seguridad parten de la base de que, en caso de conflicto, Rusia intentaría cerrar la brecha de Suwalki, es decir, establecer la conexión terrestre entre el enclave de Kaliningrado y la aliada Bielorrusia, con el fin de asegurar así la conexión logística con Kaliningrado. Si Rusia cerrara ese corredor, ello supondría, lógicamente, la creación de un nuevo «corredor de Suwalki», es decir, la separación geográfica entre Lituania y Polonia. De este modo, quedaría cortada la conexión terrestre entre los Estados bálticos de la OTAN y el resto de los Estados europeos de la OTAN. Para ambas partes, la brecha de Suwalki, en cualquiera de sus dos versiones, es una opción poco aceptable desde el punto de vista estratégico.

En vista de ello, solo una desmilitarización verbal y material de la región, así como una conexión de transporte sin obstáculos por ferrocarril y carretera entre Bielorrusia/Rusia y el enclave de Kaliningrado, pueden crear una cierta estabilidad mínima, tal vez incluso una normalidad de buena vecindad.

La «flota fantasma rusa» en el mar Báltico

La UE o la OTAN, o bien determinados Estados miembros de la UE o de la OTAN, se esfuerzan por detener (capturar) la denominada «flota fantasma» rusa o incluso por bloquear el acceso de estos buques al mar Báltico (bloqueo marítimo). (Sobre la cuestión jurídica de la «flota fantasma», véase aquí: Der Ostseeraum – das verkannte Pulverfass ).Con ello, ya no se estaría actuando en una zona gris del Derecho internacional, sino de forma claramente ilegal. De hecho, supondría una violación flagrante del Derecho internacional. La libertad de navegación (artículos 17, 58, 87 y 90 de la Convención sobre el Derecho del Mar), un valor fundamental en el Derecho internacional, quedaría suspendida. Es más: supondría una violación del principio de no uso de la fuerza de la Carta de las Naciones Unidas (artículo 2, apartado 4), ya que los buques que navegan bajo pabellón ruso tienen nacionalidad rusa (art. 91 de la Convención sobre el Derecho del Mar). La parte rusa estaría entonces facultada para reaccionar en consecuencia y ya ha amenazado con tomar medidas preventivas Russland Sagt, Dass Jeder Dänische Schritt Zur Einschränkung Der Navigationsfreiheit… | MarketScreener Deutschland . De hecho, en los últimos tiempos se han capturado repetidamente buques mercantes que navegan bajo pabellón ruso, incluso en el mar Báltico. Mientras tanto, Rusia refuerza la protección de su flota mercante, entre otras cosas, con buques de escolta de la Flota del Báltico y demostraciones de fuerza de la Fuerza Aérea Rusa. El potencial de escalada es enorme.

Un bloqueo marítimo del mar Báltico en el estrecho danés para los buques rusos o un bloqueo marítimo frente a Kaliningrado o San Petersburgo sería el casus belli definitivo. Una ausencia de reacción militar solo sería concebible si Rusia renunciara a su soberanía. La doctrina nuclear actualizada de la Federación Rusa ha formulado respuestas al respecto.

Conclusión

El riesgo de que estalle este polvorín debe considerarse igualmente elevado en todos los casos mencionados. Independientemente de cuál sea el punto caliente que estalle primero, todos los demás le seguirían inmediatamente, ya que todos ellos no son más que piezas de un rompecabezas que forma parte de un panorama general: la guerra por el reordenamiento mundial de principios del siglo XXI.

Las élites decisorias europeas deben despertar a su responsabilidad para con sus pueblos y redescubrir la diplomacia, en lugar de caminar sonámbulas hacia la guerra guiadas por una ética de convicciones. Este camino carece de legitimidad democrática.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 21 de enero de 2026

Hacer frente al chantaje imperialista de Trump sobre Groenlandia

 

 Por Gabriel Zucman   
      Economista francés. Catedrático en la Universidad de California en Berkeley desde 2015.​

Si la Unión Europea quiere frenar las ambiciones del hombre de la Casa Blanca, tendrá que hacer algo más que protestar. Tendrá que innovar, y eso significa apuntar a los oligarcas estadounidenses

     La idea de anexionar Groenlandia puede parecer una vuelta al imperialismo del siglo XIX. Pero la situación actual no tiene precedentes en algunos aspectos, tanto por las profundas relaciones económicas entre Europa y Estados Unidos como por la naturaleza idiosincrásica del actual ocupante de la Casa Blanca.


Donald Trump en una reunión con ejecutivos de empresas de gas y petróleo en enero de 2026.

No hay una respuesta fácil a los espinosos retos que plantea el expansionismo trumpista. Por lo tanto, el primer paso debe ser la humildad.

El segundo es tener claro qué es lo que realmente impulsa esta presión sobre Groenlandia.

La sociedad estadounidense no tiene ningún interés en anexionar Groenlandia. La idea no entusiasma a casi nadie, ni siquiera dentro de las filas republicanas. A diferencia de la campaña contra Nicolás Maduro en Venezuela, Groenlandia no encaja en una cruzada ideológica capaz de movilizar a la derecha estadounidense. Dinamarca no es un Estado enemigo. Es un aliado leal.

Por lo tanto, la explicación hay que buscarla en otra parte.

Como ha demostrado Casey Michel en The New Republic, las verdaderas fuerzas en juego son económicas. Las empresas extractivas estadounidenses codician la riqueza mineral de Groenlandia. Los multimillonarios de la tecnología y Wall Street cercanos a Trump ya han invertido allí. Y parte de la derecha libertaria fantasea con convertir Groenlandia en un patio de recreo desregulado para el capital.


Los oligarcas que presionan por la conquista de Groenlandia.

Este patrón no es del todo nuevo. Estados Unidos ya lo ha visto antes.

Durante la Edad Dorada (1870-1913), la extrema concentración de riqueza en el país coincidió con la expansión en el extranjero. Esa época, tan a menudo idealizada por Trump, fue también la era del colonialismo estadounidense, marcada por la anexión de Hawái, Puerto Rico, Guam y Filipinas.

Hawái, en particular, ofrece un precedente revelador. Su anexión fue orquestada por los magnates azucareros estadounidenses, que encubrieron sus intereses comerciales con el lenguaje de la geoestrategia y la seguridad nacional.

No hay necesidad de reducir el imperialismo únicamente a la economía. Pero la historia demuestra que cuando se celebran la desigualdad, la especulación y el extractivismo, pronto se produce una expansión más allá de las fronteras nacionales.

La diferencia entre la Edad Dorada y la era de Trump no es de naturaleza, sino de escala.

En 1910, el 0,00001 % más rico de los estadounidenses poseía una riqueza equivalente al 4 % de la renta nacional de Estados Unidos. Hoy en día, esa cifra ha aumentado hasta el 12 %. La riqueza y el poder de los oligarcas superan con creces su máximo alcanzado en la Edad Dorada.




Nota de lectura: Este gráfico muestra la evolución de la riqueza que posee el 0,00001 % más rico de los estadounidenses (es decir, las 19 mayores fortunas en 2025 y las 4 mayores en 1913), expresada como porcentaje de la renta nacional de Estados Unidos. Fuente: Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, véase https://gabriel-zucman.eu/files/SaezZucman2020JEP.pdf

¿Qué se puede hacer?

La historia ofrece poco consuelo. Los movimientos antiimperialistas de finales del siglo XIX y principios del XX no lograron detener la expansión colonial, un fracaso que, en última instancia, contribuyó a la catástrofe de la Primera Guerra Mundial.

No hay una respuesta preparada. Europa debe inventarla.

La opción más prometedora es lo que podríamos llamar proteccionismo antioligárquico: construir un amplio frente antiimperialista que una a los oponentes internos de Trump con los países a los que amenaza.

Trump ha dejado claras sus intenciones. Planea apoderarse de Groenlandia, por consentimiento o por la fuerza. Ahora amenaza a ocho países europeos que se oponen a ello (Francia, Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia) con aranceles del 10 % a partir de febrero, que aumentarán al 25 % en junio.




Si el imperialismo está impulsado por el poder oligárquico, entonces hay que hacer frente al poder oligárquico.

Europa debería responder al chantaje de Trump con medidas específicas dirigidas no a los consumidores estadounidenses, sino a los multimillonarios estadounidenses.

El acceso al mercado europeo –por parte de los multimillonarios y las empresas de su propiedad– debería condicionarse al pago de un impuesto sobre el patrimonio: en efecto, un arancel para los oligarcas.

Si Elon Musk, por ejemplo, quiere seguir vendiendo Teslas en Europa, debería pagarlo. Si se niega, Tesla perdería el acceso al mercado europeo.

Este enfoque es factible y eficaz. El acceso al mercado podría condicionarse simplemente a que las multinacionales extranjeras identificaran a sus principales accionistas y proporcionaran pruebas de que se ha pagado el impuesto requerido.

Esta política tendría sentido incluso si Groenlandia no estuviera en juego. Lógicamente, debería aplicarse a todos los multimillonarios y a todas las multinacionales, no solo a los estadounidenses. Pero el expansionismo de Trump crea el momento político para actuar.


¡Pronto!

¿Cuáles son las alternativas?

No hacer nada invita a un chantaje sin fin. Europa lo está aprendiendo por las malas: en el verano de 2025 aceptó los aranceles estadounidenses sin represalias con la esperanza de resolver el asunto. El resultado no fue la estabilidad, sino la escalada. La extorsión trumpista no tiene un final natural.

Las herramientas existentes, como el mecanismo anticontracoacción de la UE, tienen un papel útil que desempeñar. También lo tienen el avance en la creación de un mercado profundo de eurobonos y la tributación adecuada de los gigantes tecnológicos. Pero el proteccionismo antioligárquico tiene una ventaja decisiva: abre una lucha en dos frentes contra Trump, en el ámbito nacional y en el internacional.

Al centrarse en la riqueza oligárquica en lugar del orgullo nacional, Europa puede frenar la capacidad de Trump para movilizar el resentimiento nacionalista y reunir a parte de la opinión pública estadounidense en torno a su agenda imperial.

Sigue existiendo el riesgo de que Trump tome represalias abandonando Ucrania, una amenaza que ya ha condicionado la reticencia de Europa a responder.

Pero la respuesta a ese problema no ha cambiado. Europa debe asumir la responsabilidad de su propia defensa y librar una guerra económica contra el poder estatal ruso: identificar los activos de los oligarcas, confiscarlos y gravar las grandes fortunas europeas para financiar la seguridad colectiva.

La lección se expuso hace décadas en el Manifiesto de Ventotene y no ha perdido nada de su fuerza: los momentos de crisis exigen el valor de descartar ideas obsoletas, aceptar lo impensable y rechazar los sistemas que ya no funcionan.


Fuente: Ctxt

miércoles, 7 de enero de 2026

Las ambiciones territoriales de Trump en Groenlandia ponen en jaque a la OTAN

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


La reclamación de Groenlandia como la nueva presa imperialista de Trump torpedea la esencia de la OTAN y confronta a EEUU con Europa, Rusia y China en el Ártico


     El intervencionismo de Estados Unidos en Venezuelaviolando su soberanía y la legalidad internacional, y las posteriores amenazas directas vertidas por el propio presidente Donald Trump y destacados miembros de su Gabinete contra otros países vecinos, como CubaColombia o México, han hecho sonar todas las alarmas. Pero no solo en Latinoamérica.


Lugares bombardeados por la aviación estadounidense durante el ataque a Venezuela.


Bombardeos en Caracas.

Collage con tres imágenes, una de maduro secuestrado, Caracas bombardeada y Trump en rueda de prensa.

Trump ha reclamado de nuevo Groenlandia como un territorio imprescindible para EEUU, aunque pertenezca a un país, Dinamarca, aliado de Washington en la OTAN. El Gobierno de Copenhague ha respondido sin tapujos: cualquier agresión de EEUU a Dinamarca para anexionarse Groenlandia significará el fin de la Alianza Atlántica.


Un hombre camina junto a la bandera danesa que ondea en Nuuk, capital de Groenlandia.

"Necesitamos Groenlandia, absolutamente. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de nuestra seguridad nacional. Y Dinamarca no podrá manejar esto", afirmó Trump en una entrevista, enardecido por el éxito de la operación militar estadounidense en Venezuela que llevó a la detención arbitraria del hasta ahora presidente de este país, Nicolás Maduro.


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el traslado al juzgado de Manhattan.


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, trasladado para ser sometido a un juicio estodounidense.


En el estado caribeño se utilizó el pretexto de que Maduro era un supuesto terrorista que utiliza el narcotráfico para amenazar a EEUU. La realidad, reconocida por el propio Trump, tras el bombardeo estadounidense de varios objetivos en Venezuela que dejaron decenas de muertos y permitieron el derrocamiento y secuestro de Maduro, es que EEUU necesita los inmensos yacimientos de petróleo venezolanos.


Riqueza de biocombustibles petrolíferos venezolanos.


Eje petrolífero del Orinoco en Venezuela.


En el caso de Groenlandia, el trasfondo es similar. Los recursos naturales de la mayor isla del planeta y su posición estratégica en el Ártico son, según Trump, indispensables para la seguridad nacional de EEUU. Incluso aunque ello lleve a demoler la OTAN y todo el sistema de defensa occidental.


La dísputa por el Ártico.

El fin de la OTAN y su paradigma de seguridad

Lo dijo este lunes la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, tras esa amenaza directa lanzada por Trump horas antes: "Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará. Incluida nuestra OTAN y, en consecuencia, la seguridad que ha proporcionado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial", aseveró la jefa de Gobierno de Dinamarca en una entrevista con la cadena TV2.

Frederiksen advirtió de que Copenhague se toma en serio las intenciones de Trump, pero que no aceptará una amenaza semejante. Inmediatamente fue respaldada por algunos de los países europeos con una mayor fuerza en la OTAN, como Alemania, Francia o Polonia. "La OTAN perdería su sentido si dentro de esta alianza se produjeran conflictos o acciones agresivas mutuas", afirmó el primer ministro polaco, Donald Tusk. 

En una declaración conjunta emitida este martes, España, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Polonia y Dinamarca defendieron la seguridad del Ártico como "una prioridad clave para Europa y es fundamental para la seguridad internacional y transatlántica". Según el documento, "la seguridad en el Ártico debe lograrse, por tanto, de manera colectiva, en coordinación con los aliados de la OTAN, incluidos los Estados Unidos".

No es esta la visión de Trump, sin embargo. Las ambiciones territoriales de EEUU en Groenlandia minan la fuerza de la OTAN en unos momentos de máxima tensión para la Alianza debido a su participación con armas, dinero e inteligencia en la guerra de Ucrania. Esta contienda llevó al seno de la OTAN a dos países con territorios en el Ártico, Suecia y Finlandia. Países que no solo suponen un obstáculo al expansionismo ruso en la región, sino que ahora pueden convertirse en adversarios de los planes de Trump.  

En unas declaraciones a bordo del avión presidencial, éste reiteró su objetivo: "Necesitamos Groenlandia. ¡Es tan estratégica!". Y lo justificó: "Justo ahora Groenlandia está rodeada de barcos rusos y chinos". Trump desdeñó la capacidad de Dinamarca para garantizar la seguridad regional, obviando que la principal fuerza armada estacionada en la isla es una base de EEUU con dispositivos de alerta temprana capaces de detectar cualquier movimiento de tropas o misiles en las costas rusas del Ártico. Esta base, fundamental para los sistemas defensivos de la OTAN, es fruto de un acuerdo estratégico de Washington con Copenhague enmarcado en su cooperación en la Alianza Atlántica.


Un modelo en 3D del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, y la bandera de Groenlandia.

La jefa del Gobierno danés defendió, en este sentido, el esfuerzo que está haciendo Dinamarca para garantizar esa seguridad en Groenlandia. Según Frederiksen, Copenhague ha dedicado más de 12.000 millones de euros a ese propósito.  

Recordó que Dinamarca es un aliado de la OTAN y Groenlandia, como parte del reino danés, está amparada por la Alianza. En 1951, EEUU y Dinamarca firmaron un tratado que permitió a Washington establecer bases en Groenlandia según las necesidades de la OTAN. Fue entonces cuando EEUU desplegó la base aérea de Thule, clave en tiempos de la Guerra Fría y que ahora es la punta de lanza de las aspiraciones militares estadounidenses.

Bajo bandera de EEUU, "pronto"   

Trump parece ya estar pergeñando su hoja de ruta groenlandesa, que abordará en su momento, aunque sin dejar pasar mucho tiempo, según destacó a bordo del Air Force One. "No quiero hablar de Groenlandia. Hablemos de Venezuela, Rusia, Ucrania... Nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses. Hablemos de Groenlandia en veinte días", afirmó críptico.



Una persona se manifiesta contra Trump en la embajada de EEUU en Buenos Aires.


Protesta frente a la Casa Blanca por la intervención del Gobierno de Donald Trump en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro.


Quizá no tanto. La exvicesecretaria de prensa del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU durante el primer mandato de Trump, Katie Miller –esposa de Stephen Miller, el asesor más influyente del presidente estadounidense– colgó en sus redes sociales tras la intervención en Venezuela una inquietante imagen de Groenlandia cubierta por la bandera de EEUU y encabezada por la palabra "soon", en español "pronto".


Pronto.

El propio Miller fue más allá y señaló en una entrevista con la cadena CNN que Trump ha sido siempre muy claro al defender que Groenlandia "debería ser parte de los Estados Unidos". Según Miller, artífice de algunas de las campañas propagandísticas más controvertidas de Trump, como el acoso a la inmigración, "la cuestión real es: ¿en base a qué derecho Dinamarca ha de tener el control sobre Groenlandia, cuál es la base de su reclamación territorial, cuál es la base de que Groenlandia sea una colonia de Dinamarca?". Y remachó: "EEUU debería tener a Groenlandia como parte de EEUU"

A estas provocaciones, respondió en Facebook el presidente del Gobierno autónomo de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen: "La imagen que Katie Miller ha compartido, en la que Groenlandia aparece cubierta por una bandera estadounidense, no cambia nada. Nuestro país no está en venta y nuestro futuro no se decide en las redes sociales".


Jens-Frederik Nielsen.

"No más insinuaciones. No más fantasías de anexión", agregó Nielsen, quien pidió evitar el "pánico" e instó a aumentar la colaboración con EEUU sin presiones. "Cuando el presidente de EEUU dice 'necesitamos Groenlandia' y nos relaciona con Venezuela y la intervención militar, no solo se equivoca. Es una auténtica falta de respeto", añadió. 

 Un territorio clave para el Gran Juego del Ártico   

Pero el respeto no está entre las habilidades políticas de Trump. Tampoco su destreza para enmascarar sus auténticas motivaciones en las crisis que ha provocado desde que llegó al poder hace un año. Y Groenlandia es, como subrayó, un lugar "estratégico" para el Gran Juego entre superpotencias en el Ártico cuyo valor se ha multiplicado en los últimos cinco años. Entre los recursos de esta isla hay ingentes reservas de petróleo y gas, y enormes yacimientos de oro, níquel, litio y tierras raras, imprescindibles para fabricar componentes electrónicos de última generación destinados, por ejemplo, a la industria militar.

Un plus para el interés de Trump es que Groenlandia controla sus propias riquezas, lo que ha permitido abrirse a empresas mineras británicas, canadienses y australianas. No así las estadounidenses, tendencia que pretende ahora revertir la Casa Blanca.

Groenlandia está, además, en el camino de algunas de las rutas que el deshielo por el cambio climático ha abierto en el Océano Glacial Ártico. Entre esos pasos está el que por la costa septentrional de Siberia enlaza los puertos de China con el oeste de Rusia y el Atlántico. En caso de que pudiera alcanzarse la paz en Ucrania, esos buques con mercancías chinas podrían arribar a Europa Occidental con un ahorro de tiempo muy notable. 

Por eso, dominar Groenlandia, una ambición de Washington desde el siglo XIX, ayudaría a ganar el pulso tecnológico a China, la mayor exportadora mundial de tierras raras, y el comercial, controlando las rutas desde el Ártico hacia el Atlántico. Podría incluso plantearse algún acuerdo entre Washington Pekín, con Rusia de intermediario, para disparar ese comercio. En la agenda de Trump la geopolítica es clave, pero siempre supeditada a los intereses geoeconómicos. Y de nuevo Europa quedaría rezagada y a merced de las superpotencias.

Un enviado especial de Trump para Groenlandia   

La semana pasada, antes de que desatara la pesadilla para Maduro, Trump lanzó otro aviso sobre la importancia que otorga a Groenlandia: el nombramiento como enviado especial para la isla danesa del actual gobernador de Luisiana, Jeff Landry, uno de los miembros más destacados de su guardia pretoriana de políticos-empresarios.


Trump enfurece al gobierno de Dinamarca al nombrar al enviado especial Jeff Landry para Groenlandia.

Este nombramiento levantó una ola de protestas en Dinamarca y la propia Groenlandia. Entre los asuntos que tiene Landry en su agenda groenlandesa no figura tanto el desarrollo pesquero sostenible, que sirve de sustento principal, junto con los subsidios daneses, a los 57.000 habitantes de la isla, sino precisamente la transición económica hacia la explotación minera. El hecho de que buena parte de la población de Groenlandia quiera conseguir una mayor autonomía o incluso la independencia de Dinamarca ya marca a Landry una fina senda de maniobra al margen de acciones militares.


La población de Groenlandia protesta contra el anexionismo de EEUU frente a su consulado, en Nuuk.

Por eso fue también tan contestada la visita que realizó el vicepresidente de EEUU, JD Vance, en marzo pasado a la base espacial estadounidense de Pituffik, en Groenlandia. "Nuestro mensaje a Dinamarca es muy sencillo: No han hecho un buen trabajo con el pueblo de Groenlandia. No han invertido lo suficiente en la población de Groenlandia y no han invertido lo suficiente en la arquitectura de seguridad de esta increíble y hermosa masa continental", dijo entonces Vance. 

Groenlandia obtuvo en 2010 un nuevo estatuto de autonomía que reconoce el derecho de autodeterminación. Esta posibilidad y la adecuada presión por parte de EEUU abre alternativas a la anexión por la fuerza. Ya en su primer mandato (2017-2021), Trump mostró su interés en comprar Groenlandia. Y recién elegido para su segundo término, insistió en que era una "necesidad absoluta" la propiedad y el control estadounidense de la isla, pues beneficiaría a los groenlandeses. Estos, sin embargo, no son muy favorables a ese cambio de pasaporte y menos bajo la coerción. Según algunas encuestas, hasta el 85% de los habitantes de la isla rechazan formar parte de EEUU, pese a los "billones para hacerse ricos" prometidos por Trump. 

En todo caso, si como pretende Trump en todas sus acciones de política exterior, la economía marca el rumbo, siempre podría alcanzarse algún tipo de supeditación groenlandesa a EEUU al margen de Dinamarca y la UE. Y esta es la tarea que tiene por delante el enviado Landry: equilibrar en Groenlandia la presión económica con la estratégica y al tiempo promover los sentimientos favorables a la autodeterminación como paso previo a ese control total.


Fuente: Público