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lunes, 27 de abril de 2026

Los tres riesgos que retroalimentan un cambio de régimen financiero global

 

 Por Juan Laborda   
      Profesor de Finanzas, Universidad Politécnica de Madrid.



La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará la economía, sino si los mercados financieros han incorporado ya un futuro demasiado perfecto


     Los mercados bursátiles internacionales atraviesan un periodo de fuerte optimismo impulsado por el rápido desarrollo de la inteligencia artificial y por expectativas de crecimiento asociadas a la digitalización avanzada de la economía. El Nasdaq Composite Index continúa registrando máximos históricos en un entorno en el que numerosas empresas han anunciado desarrollos estratégicos hacia modelos de negocio vinculados a la IA, generando revalorizaciones bursátiles extraordinarias en periodos muy breves de tiempo.


Riesgos que retroalimentan un cambio de régimen financiero global.

Este fenómeno recuerda inevitablemente al observado durante el ciclo de la burbuja puntocom de finales de los años noventa. En aquel periodo, el simple hecho de asociar el nombre de una empresa a internet era suficiente para desencadenar fuertes subidas en bolsa, independientemente de la existencia de modelos de negocio sostenibles. Hoy, la etiqueta “IA” desempeña un papel similar en determinados segmentos del mercado. La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará la economía global —lo cual resulta altamente probable—, sino si los precios actuales de los activos financieros ya incorporan expectativas excesivamente optimistas respecto a la magnitud y velocidad de dicha transformación. Como ha mostrado la historia económica, las grandes revoluciones tecnológicas suelen combinar avances estructurales genuinos con episodios de exuberancia financiera.

Uno de los indicadores más utilizados para evaluar el grado de sobrevaloración estructural es el CAPE (Cyclically Adjusted Price-to-Earnings ratio), desarrollado por Robert J. Shiller. Este indicador, basado en el promedio de beneficios reales ajustados a lo largo de diez años, se encuentra actualmente en niveles comparables a los observados durante el periodo 1998–2000, inmediatamente anterior al colapso del Nasdaq del 78%. Aunque el CAPE no constituye una herramienta predictiva a corto plazo, su evidencia histórica sugiere que niveles persistentemente elevados suelen asociarse con menores rentabilidades futuras y mayor vulnerabilidad ante shocks adversos.

El contexto macroeconómico: una tormenta perfecta

Pero, además, el actual entorno macroeconómico presenta una combinación particularmente compleja de riesgos que podrían desencadenar una corrección bursátil global, especialmente en Estados Unidos. Considero, en este sentido, que la aparición simultánea de tres perturbaciones macroeconómicas que se refuerzan mutuamente amplificarán el daño final: el shock arancelario-legal en Estados Unidos derivado de la invalidación parcial del uso de la IEEPA (International Emergency Economic Powers Act) para imponer aranceles; el conflicto geopolítico en Oriente Medio con impacto directo sobre el precio de la energía; y el elevado nivel de apalancamiento corporativo en los Estados Unidos. La confluencia de estos factores configura un escenario de elevada incertidumbre macroeconómica caracterizado por presiones inflacionarias persistentes y una desaceleración del crecimiento económico. Pero, vayamos por partes.


La Administración Trump comienza a devolver 166-000 millones de dólares por aranceles cobrados indebidamente.

Un elemento especialmente relevante del escenario actual es el shock institucional derivado de la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de limitar el uso de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) como instrumento para la imposición de aranceles comerciales. De ello apenas se habla, pero la sentencia genera un vacío legal que introduce incertidumbre sobre la política comercial futura de Estados Unidos, afectando negativamente a las decisiones de inversión empresarial. La literatura académica muestra que la incertidumbre en política comercial actúa como un freno significativo para la inversión privada, promoviendo comportamientos de “wait and see” que amplifican el impacto de otros shocks negativos sobre el crecimiento económico. En un contexto en el que las cadenas globales de valor ya se encuentran sometidas a tensiones derivadas de rivalidades geopolíticas, el aumento de la incertidumbre institucional puede contribuir a una ralentización adicional del comercio internacional.

En segundo lugar, el conflicto en Oriente Medio ha incrementado el riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito del comercio energético mundial. Aproximadamente el 25% del comercio marítimo de petróleo y el 19% del comercio global de gas natural licuado atraviesan este punto estratégico, lo que convierte cualquier disrupción en un shock de oferta global significativo. El encarecimiento de los costes de transporte marítimo y de las primas de riesgo en seguros logísticos ha generado un aumento generalizado de los costes energéticos y de fertilizantes, ampliando las presiones inflacionarias en sectores agrícolas y alimentarios. Este canal de transmisión energía-fertilizantes-alimentos constituye uno de los mecanismos más relevantes para explicar la persistencia de la inflación incluso en un contexto de desaceleración económica

Finalmente, y quizás el elemento menos analizado en los mass media, sea la enorme fragilidad de la deuda corporativa estadounidense. Uno de los principales focos de riesgo para los mercados financieros globales es el elevado nivel de endeudamiento corporativo en Estados Unidos. La deuda de las corporaciones no financieras estadounidenses supera los 14 billones de dólares, un nivel históricamente elevado que incrementa la sensibilidad del sector empresarial a cambios en los tipos de interés y a deterioros en los beneficios.

El CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, ha advertido que el próximo ciclo crediticio podría ser más severo de lo habitual debido al deterioro de los estándares de concesión de crédito y al crecimiento del mercado de crédito privado con cláusulas contractuales más laxas. El aumento de los spreads en el mercado high yield podría desencadenar un incremento significativo de las tasas de impago en un contexto de crecimiento débil y costes de financiación elevados. Históricamente, los episodios de aumento rápido de impagos corporativos han coincidido con correcciones significativas en los mercados bursátiles.

El riesgo de un cambio de régimen financiero

La combinación de valoraciones elevadas, incertidumbre institucional, tensiones geopolíticas y elevado apalancamiento corporativo sugiere la posibilidad de un cambio de régimen financiero caracterizado por mayor volatilidad y menores rentabilidades esperadas. Los periodos de transición tecnológica suelen generar tanto ganadores estructurales como episodios de destrucción de valor en segmentos sobrevalorados del mercado.

El paralelismo con el periodo 1998–2000 no implica necesariamente una repetición exacta de la dinámica de la burbuja puntocom, pero sí pone de relieve la posibilidad de que las expectativas de crecimiento vinculadas a la inteligencia artificial estén siendo incorporadas a los precios con un grado elevado de optimismo. En entornos de elevada concentración sectorial, como el actual mercado tecnológico estadounidense, las correcciones pueden amplificarse debido al peso dominante de un número reducido de compañías en los principales índices bursátiles.

El carácter global de los mercados financieros implica que una corrección significativa en Estados Unidos tendría efectos de contagio sobre otras economías desarrolladas y emergentes. La interconexión entre mercados de capitales, cadenas de suministro y flujos comerciales aumenta la probabilidad de transmisión internacional de shocks financieros. La combinación de tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y cambios estructurales en la política industrial global sugiere que la economía mundial podría estar entrando en una fase de mayor volatilidad estructural.

Como corolario final podemos afirmar que la inteligencia artificial representa una tecnología con un potencial significativo para transformar la economía global, pero, sin embargo, la experiencia histórica sugiere que los mercados financieros tienden a sobrerreaccionar ante innovaciones disruptivas. Los niveles actuales del CAPE de Shiller, combinados con un entorno macroeconómico caracterizado por riesgos estanflacionarios y elevada fragilidad financiera, sugieren la necesidad de adoptar una perspectiva prudente respecto a las valoraciones actuales del mercado bursátil estadounidense.

El principal riesgo no reside en la tecnología en sí misma, sino en la posibilidad de que los precios actuales de los activos financieros reflejen un escenario excesivamente optimista respecto al crecimiento futuro. Como en episodios anteriores de cambio tecnológico, el desafío para los inversores consiste en diferenciar entre innovación estructural sostenible y exuberancia especulativa. En un contexto de elevada incertidumbre macroeconómica, la probabilidad de episodios de corrección significativa en los mercados bursátiles globales no puede descartarse.

La historia muestra que los ciclos de innovación suelen ir acompañados de fases de exuberancia seguidas de procesos de ajuste. La cuestión fundamental no es si la inteligencia artificial transformará la economía, sino si los mercados financieros han incorporado ya un futuro demasiado perfecto.


Fuente: El Salto

jueves, 19 de marzo de 2026

Lecciones del Mar Menor

 

      Economistas sin Fronteras.


El Mar Menor simboliza el choque entre desarrollo y sostenibilidad. De su colapso ambiental a su reconocimiento como sujeto de derechos, su historia combina crisis, innovación y esperanza para repensar nuestra relación con la naturaleza


     El Mar Menor es una laguna de 135 km² ubicada en Murcia, equivalente aproximadamente a un tercio de Andorra o a la mitad de Malta. Ha sido ocupado por los humanos desde el Paleolítico y en él se han encontrado restos arqueológicos de civilizaciones íberas. Los romanos lo llamaron Belich Mare Palus, “laguna”; y los árabes, Buhayrat al-Qasr, “la Albufera del Alcázar”. Tras la Reconquista se le denominó simplemente Albufera, hasta que se impuso su nombre actual: Mar Menor. Esta denominación lo diferencia de su hermano mayor, el Mediterráneo, unas 18.500 veces más extenso y del que le separa una manga de 21 kilómetros. Desde el siglo XX fue uno de los paisajes más reconocibles del sureste: un ecosistema singular, con un fuerte vínculo cultural local y un motor económico.

Sin embargo, el modelo de desarrollo nunca tuvo en cuenta el equilibrio con el ecosistema. La agricultura y la ganadería se intensificaron; el sector turístico apostó por el volumen más que por el valor añadido, con una presión creciente sobre el territorio; y los impactos de otras actividades, como la minería en las sierras cercanas, fueron acumulándose.

El resultado fue un colapso multicausal. A partir de la década de 1960, el Mar Menor pasó a verse —en palabras de Teresa Vicente— “como un vertedero y como una fuente de beneficios”.


Colapso multicausal del Mar Menor.

Teresa Vicente, catedrática de Filosofía del Derecho, es precisamente una de las figuras clave en esta historia. Lideró una iniciativa popular sin precedentes, respaldada por 640.000 firmas, para dotar al Mar Menor de personalidad jurídica. La iniciativa dio lugar a una ley pionera en Europa: por primera vez, un ecosistema obtenía derechos propios reconocidos en el ordenamiento jurídico. El cambio era conceptual. El Mar Menor dejaba de ser únicamente un objeto de protección ambiental para convertirse en un sujeto de derechos: derecho a existir, a evolucionar de forma natural, a ser protegido, conservado y restaurado.


El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.

Este hecho histórico es un referente por múltiples razones. Fue el primer proceso de este tipo en Europa y, además, nació directamente desde la ciudadanía y no de partidos políticos. La iniciativa ha tenido un fuerte reconocimiento internacional: la ONU lo ha reconocido como uno de los World Restoration Flagships, Teresa Vicente recibió el Premio Goldman, considerado el Nobel ambiental, y el caso ha servido de inspiración para otras iniciativas, como la del río Tins en Galicia o el creciente interés en ecosistemas como el Manzanares, la Albufera de Valencia, el Delta del Ebro o Doñana.

Situación actual: la personalidad jurídica en práctica

Lejos de ser el final del camino, la personalidad jurídica del Mar Menor es el inicio de un intento de curar un ecosistema en estado crítico. La ley fue ratificada por el Tribunal Constitucional frente a la oposición de algunos partidos, y hoy el Mar Menor tiene NIF, cuenta bancaria y una estructura de gobernanza compuesta por tres órganos: un Comité de Representantes, una Comisión de Seguimiento —los “guardianes”— y un Comité Científico. La ley establece que cualquier vulneración de sus derechos puede generar responsabilidad penal, civil, ambiental y administrativa.

Esto ya no es teórico. El Mar Menor, a través de sus representantes, ha comenzado a personarse en procedimientos judiciales, por ejemplo frente a daños derivados de vertidos.

El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.


En paralelo, se ha puesto en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor, con un presupuesto de 675 millones de euros. Entre sus medidas destacan la creación de un cinturón verde alrededor de la laguna, el cierre de miles de hectáreas de regadío ilegal, la restauración de ecosistemas en la cuenca vertiente o el replanteamiento de ciertas infraestructuras, como puertos.

Sin embargo, las tensiones persistenTeresa Vicente ha dimitido como Tutora del Mar Menor, denunciando obstáculos y fricciones con las administraciones estatal y autonómica, a las que acusa de priorizar sus propios intereses frente a la defensa del ecosistema.

Y, mientras tanto, ¿cómo está la laguna en 2026? El Mar Menor sigue enfermo. No se han repetido episodios como el de 2019, pero, por ejemplo, en octubre de 2025 se produjo un nuevo episodio de anoxia, breve pero intenso, tras la dana Alice. La propia Teresa Vicente lamenta que “en una zona semidesértica donde la lluvia debería ser motivo de celebración, la dana nos hace temblar, porque arrastra (los fertilizantes de) la agricultura intensiva y los purines de la ganadería hacia la laguna, lo que unido a otros factores como el calor provoca de nuevo la anoxia”.


Abrazo al Mar Menor.

El Mar Menor: entre esperanzas y tensiones

El caso del Mar Menor es muchas cosas a la vez. Es, en primer lugar, un precedente ambiental y económico. Durante años, los impactos sobre el ecosistema fueron tratados como externalidades o problemas del futuro. Hasta que dejaron de serlo. Cuando el desequilibrio del ecosistema se materializó, el propio modelo económico que lo causó quedó gravemente afectado: el valor de los activos turísticos ha disminuido significativamente, la actividad pesquera se ha visto mermada y la agricultura intensiva junto a la laguna se ha prohibido. Esto muestra que la necesidad de un equilibrio entre economía y naturaleza ha dejado de ser una cuestión teórica, y puede prepararnos para afrontar otras crisis ambientales.

Es también un precedente de ciudadanía. En un contexto de polarización política, más de 640.000 personas se pusieron de acuerdo para defender un bien común, algo que parece inverosímil hoy en día. Esto muestra que los ciudadanos, más allá de los colores políticos con los que se identifican, pueden encontrar espacios de entendimiento y cooperar.

Es, además, un precedente jurídico y de gobernanza. El Mar Menor ya tiene derechos. Pero esto abre una tensión inevitable: sigue sin tener una voz propia y está representado por un grupo de humanos. Y esos humanos tienen intereses e incentivos distintos. Algunos priorizan la protección del capital natural a toda costa; otros, objetivos económicos o políticos. La gobernanza del medioambiente será un espacio de tensión constante, como refleja la dimisión de la líder de este movimiento por la percepción de intereses en las administraciones que van más allá de la protección de la laguna. Sin embargo, esas mismas administraciones, criticadas por defender “lo suyo”, son también las estructuras democráticas que representan la voz de la ciudadanía en ese proceso.

Para mí, el Mar Menor refleja que nada es simple y me enfrenta a varios sentimientos a la vez. El colapso ambiental fue devastador. La reacción ciudadana fue extraordinaria. La innovación jurídica es histórica. Su implementación es compleja. Y el futuro sigue abierto. Este caso puede extrapolarse a otros de los grandes problemas de nuestro tiempo donde conviven el bien y el mal, y la esperanza y las tensiones.

Cierro este artículo con una reflexión del Tribunal Supremo de 1990 citada en la propia ley de personalidad jurídica del Mar Menor: “La diferenciación entre males que afectan a la salud de las personas y riesgos que dañan otras especies animales o vegetales y el medio ambiente se debe, en gran medida, a que el hombre no se siente parte de la naturaleza sino como una fuerza externa destinada a dominarla o conquistarla para ponerla a su servicio. Conviene recordar que la naturaleza no admite un uso ilimitado y que constituye un capital natural que debe ser protegido”.


Fuente: El Salto

jueves, 12 de marzo de 2026

Entrevista a Antonio Turiel: “Si la guerra en Irán se prolonga un mes, va a faltar el 40% del petróleo exportable”

 

 Entrevista de  Diego Delgado   

      Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.


Antonio Turiel (1970, León) lleva muchos años advirtiendo sobre la velocidad a la que nos acercamos al pico máximo de producción mundial de petróleo y, más aún, sobre las consecuencias que ello desencadenará en un mundo incapaz de sacudirse de encima la pulsión del crecimiento infinito.


Retrato del divulgador científico y físico Antonio Turiel.

      El nombre de su blog, The oil crash (que podría traducirse como “la caída del petróleo”), da buena cuenta de la dedicación con la que se ocupa específicamente de esta cuestión.

The Oil Crash.

Hoy, con la actualidad invadida por agresiones y conflictos tras los que asoma, siempre, el afán por controlar lo que queda de petróleo, Turiel se lamenta de llevar “16 años hablando de esto. Y fíjate si me han insultado y me han dicho que eso del peak oil [el pico máximo de petróleo] no es verdad. Pues mira, está aquí”.


Peak Oil Barrel.

¿Cómo se explica la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán desde el punto de vista de los recursos energéticos?

Es bastante interesante un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos, de finales de 2025, en el que ellos ya reconocen un descenso de la extracción de petróleo en el país, aunque prevén que el ritmo del declive será lento. Yo creo que va a ser algo más rápido, porque el problema que tiene EEUU es que la mayoría del petróleo que extrae es de fracking, que aparte de ser de peor calidad, los pozos duran muy poco. En general, un pozo de fracking produce el 80% de su capacidad en los dos primeros años, y al cabo de cinco la mayoría ya están cerrados, ninguno sobrevive más de diez años.

Para mantener la ilusión de que el fracking era maravilloso, Estados Unidos abrió pozos a un ritmo acelerado para compensar los que iban cayendo; pero llega un momento en el que ya no puedes más. Ya se sabía que estábamos llegando a este punto, se sabía desde hace tiempo, incluso teniendo en cuenta que la Administración de EEUU ha dado muchísimos incentivos y exenciones fiscales a un tipo de explotación que hace tiempo que no es rentable, pero ni por esas: llega un momento en que te topas con el límite físico. Aunque quieras perder dinero, da igual, es que ya no puedes. Y esto yo creo que explica la actitud actual de EEUU.

Donald Trump ve que él va a llegar al final de su mandato en una situación en la que el declive de la producción va a ser severo. Es probable que en dos años veamos un descenso que podría reducir la producción de petróleo estadounidense en un 20%. Y sin contar a EEUU, en el resto del mundo la extracción hace tiempo que está estancada o en caída. Así que empiezan a tener prisa porque ven que van a perder una parte importante de su producción e importación. Siempre conviene recordar que EEUU, aunque ahora mismo es el primer productor de petróleo del mundo, no es autosuficiente y tiene que importar. Esas importaciones son como el 40% de su consumo de petróleo.

Entonces, el Gobierno de Trump no está al margen de todo este lío que está generando; el problema que ellos tienen es que su situación se va a debilitar considerablemente en los próximos años, precisamente por este agotamiento del fracking, que se había vendido como la gran revolución.

Esto es una razón muy poderosa para explicar lo que hicieron en Venezuela. Ahora, con Delcy Rodríguez, se ha aprobado un paquete de medidas absolutamente alucinantes que esencialmente entregan todo el sector petrolero a las empresas y bancos estadounidenses, al punto de que si hay algún conflicto que se tiene que resolver en los tribunales, se resolverá en EEUU. Es una concesión de soberanía total; en la práctica Venezuela se ha convertido en un protectorado de EEUU y evidentemente han pretendido hacer algo parecido en Irán.

El plan era crear una situación de mucho estrés en Irán, golpear fuerte, desestabilizar. Mataron a Jameneí con la intención de que el pueblo se alzase y, aprovechando la confusión del momento, poner a su hombre de paja y tener el control de los recursos petroleros. Yo creo que aquí han subestimado, por una parte, la fortaleza de las estructuras políticas actuales en Irán, y por otra no se han dado cuenta de que es un régimen menos personalista que el de Venezuela. Y, al final, hemos entrado en esta situación de impasse en la que estamos ahora. En resumen, no hay ninguna duda de que hay una motivación fuerte por el petróleo.

¿Vamos a ver un continuo de agresiones estadounidenses para paliar su declive de producción petrolera?

EEUU no tiene muchas opciones. No es casualidad que haya ido a atacar al cuarto productor más importante de petróleo del mundo. El primero son ellos; el segundo es Arabia Saudí, donde ya tienen controlados los recursos, hay una comunión total de intereses y se prioriza siempre abastecer a EEUU; con el tercero, Rusia, ya lo han intentado: hay un plan de la CIA de finales de los noventa para romper Rusia en seis Estados porque es muy grande y controla muchos recursos; ¿quién es el cuarto? Irán.

El quinto es Irak, que ya lo tienen más o menos controlado. Ya si vas al sexto, séptimo, etcétera, no es tan sencillo y empiezas a luchar por cantidades marginales de petróleo. En esa lista, entre los diez primeros está Argelia, que yo creo que es donde Europa tiene intención de meterse, y eso es un avispero con un ejército potente y un país con mucha población, más de 40 millones de personas.

No creo que estas potencias imperiales decadentes tengan una capacidad real para ocupar de manera firme un territorio como Irán o Argelia. Entonces no les quedan muchas opciones. Un aviso a navegantes muy interesante es el bombardeo selectivo que hizo Trump en Nigeria, el principal productor de petróleo de África.

Después de Irán, sus opciones se reducen mucho, porque el volumen que se puede conseguir para exportación ya empieza a ser pequeño. Es que en el mundo ya no queda mucho más, ahí está la cuestión. La realidad es que esto se acaba; o sea, no se acaba de golpe, es un proceso que irá con los años, pero es obvio que esto ahora va a ir continuamente bajando, bajando y a ver cómo lo gestionamos.

Claro, si tenemos a los mandos a gente tan hábil y tan inteligente como Donald Trump, pues bueno, es como poner a un elefante a darle patadas a los mandos de un avión.

Los principales afectados por el conflicto en Irán son los países importadores de petróleo y gas natural licuado. ¿Cómo puede afectar a la UE?

Todavía no estamos viendo los efectos de la escasez. Los vaivenes en el precio a los que asistimos son propios de la situación política, pero el efecto sobre la Unión Europea y sobre España dependerá muchísimo de la duración real y efectiva de la guerra. Si se detiene en los próximos días, habrá cierta repercusión, pero tendrá un alcance limitado. El problema es si se prolonga.

Si el conflicto se prolonga, vamos hacia un desastre que no tiene parangón con nada, ni siquiera con las crisis de los años setenta. El episodio en el que más volumen de petróleo se paralizó fue precisamente en aquella década, con el embargo árabe; en aquel momento se paralizaron cinco millones de barriles de petróleo, que vendría a ser como el 10% de todo el consumo mundial, pero además había mucho más petróleo disponible para la exportación, con lo cual, sobre el petróleo comerciable para la exportación debía de ser como un 15%. Por Ormuz pasan hoy unos 20 millones de barriles de petróleo, que es el 20% del consumo mundial, pero como los países productores consumen la mitad del petróleo ellos mismos, para la exportación solo está disponible la mitad, es decir, se está paralizando el 40% del petróleo comerciable. Esto se combina con la paralización del transporte de gas natural, que ahora mismo es muy importante para el suministro eléctrico y la producción de fertilizantes, por ejemplo.

Si fuéramos a una guerra muy prolongada, yo creo que a partir de un mes vamos a empezar a ver efectos muy severos. Un mes, más o menos, es lo que tarda un petrolero en llegar desde el Golfo Pérsico hasta Europa, ahora que no pasan por el Mar Rojo. De momento no se está notando que no llegan los petroleros, pero evidentemente en un mes se va a empezar a notar. Si esto sigue así, vamos a una crisis de dimensiones colosales, porque de repente va a faltar el 40% del petróleo exportable.

Lo único que pueden hacer los Estados en esa situación de prolongación del conflicto, aparte de echar mano de sus reservas estratégicas –que en los países europeos suelen cubrir unos 90 días del consumo nacional y no pueden usarse como si no pasase nada hasta agotarlas–, es empezar a racionar. Y eso, en un sistema capitalista como este, es una catástrofe sin paliativos. Implicaría el cierre de muchas empresas, encarecimiento de productos, incluso podría llegar a haber problemas con los alimentos porque estamos entrando en la primavera y hay que utilizar los fertilizantes, que requieren del gas natural que sale del Golfo. Si esto sigue así de aquí a un mes, entramos en una depresión económica como seguramente no se ha visto nunca, incluso mayor que la de 1929.

Nosotros lo vemos todo desde la perspectiva europea, pero la UE todavía está bastante protegida. Será algo horrible, pero a mí lo que me preocupa es lo que va a pasar en general en el Sur Global, donde va a haber hambrunas y otro tipo de impactos que van a agravar los problemas. La locura de Trump nos puede llevar al colapso de muchos países.

Incluso si el conflicto se detuviese ahora mismo, hay ya un daño estructural causado por los bombardeos que tendrá sus consecuencias: posiblemente va a provocar que en los próximos seis o doce meses vayamos a tener un déficit importante de producción de petróleo.

Existe la sensación, diría que creciente, de que estamos pagando el precio del seguidismo a EEUU. ¿Empieza a definirse un cambio de bloques que acercaría a la UE y China?

Ahora mismo en la Unión Europea claramente hay una especie de pugna entre lo que dice Von der Leyen y lo que está diciendo, por ejemplo, el Parlamento. Es decir, hay una contradicción evidente. Von der Leyen hace un seguidismo, yo diría que obsceno, de EEUU, mientras que instancias más democráticamente representativas de lo que es Europa están diciendo que esto no se puede hacer así.

Yo no creo que favorezca el acercamiento a China porque eso implicaría una confrontación directa con EEUU, así que no sé muy bien qué papel le queda a Europa aquí. Europa hace tiempo que cometió el error estratégico de acercarse demasiado a EEUU en vez de intentar ser un contrapeso, quizá porque hay una generación de dirigentes europeos muy tecnócratas y demasiado americanófilos, por no decir demasiado vendidos al capital directamente. Entonces la salida es mala.

Esto lo que podría favorecer es un acercamiento a Rusia, porque Rusia sí que tiene los recursos que necesita la UE, lo que pasa es que yo creo que los rusos ya están un poco hartos de los europeos. La mejor solución que tiene Europa realmente es echar a sus líderes y evidentemente hacer un cuestionamiento muy fuerte de qué es la Unión Europea. Quizá este es el tipo de cosas que nos tendríamos que empezar a plantear ahora mismo.

¿Estas guerras son la expresión última de la negativa del Norte Global a acoplar los ritmos de producción y consumo al frenazo al que nos obligan los límites del planeta? ¿Cómo evitarlo?

Es una situación obviamente de competición creciente por recursos, precisamente porque estamos chocando contra los límites del planeta y hay una incapacidad de mantener este sistema económico orientado al crecimiento. A nivel de diagnóstico lo tenemos bastante claro.

¿Cómo se puede evitar que haya más guerras de este estilo? Esto al final lo tiene que parar la ciudadanía. La única solución es que la ciudadanía comprenda que tiene que parar a estos líderes. Que el pueblo estadounidense se levante y saque a Trump de allí.

Y nosotros, en España y en Europa, tendríamos también que barrer un poquito nuestra casa, pero no vamos en esa dirección. Lo que estamos viendo en toda Europa es un ascenso de las opciones de ultraderecha, que en estos momentos de agitación social, de angustia e incertidumbre tienen un discurso populista que consigue calar bien, también por culpa de que la izquierda no es capaz de ser valiente y proponer análisis y diagnósticos adecuados. La izquierda no se atreve a hablar de cosas de las que hay que hablar, como la necesidad de una revolución social y económica, un cambio completo de paradigma para que haya una vida digna y adecuada para todo el mundo. Se pretende dar una continuidad, hacer un seguidismo de lo actual y eso nos lleva a estas contradicciones continuas y a este desapego de la ciudadanía.

En ese sentido es curioso el papel de Pedro Sánchez. Nadie diría que es una persona con una fuerte orientación ideológica y, sin embargo, mediante meras expresiones de sentido común, de cosas que se considerarían muy básicas hace 20 años, se está convirtiendo en el referente moral de Europa. Yo creo que esto lo que evidencia es la degradación moral de los otros líderes.

La única manera de evitar esta tentación imperialista de la lucha por los últimos recursos es que los ciudadanos de estos países digan basta. Y atención porque, además, en Europa tenemos un riesgo muy claro de deriva militar hacia los pueblos del norte de África por los últimos recursos. Yo llevo muchos años hablando de que el rearme no está dirigido para luchar contra Rusia, que es una lucha imposible, está dirigido claramente a lanzar nuevas guerras coloniales en el norte de África. Esto hay que empezar a pararlo. Solamente la ciudadanía puede llevar a un cambio de paradigma y a que empecemos a construir cosas alternativas que se pueden construir tanto en lo técnico como en lo social.



Fuente: Ctxt