Entrevista
de
Diego
Delgado Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.
Antonio Turiel (1970, León) lleva muchos años advirtiendo sobre la velocidad a la que nos acercamos al pico máximo de producción mundial de petróleo y, más aún, sobre las consecuencias que ello desencadenará en un mundo incapaz de sacudirse de encima la pulsión del crecimiento infinito.
Retrato del divulgador científico y físico Antonio Turiel.
Hoy, con la actualidad invadida por agresiones y conflictos tras los que asoma, siempre, el afán por controlar lo que queda de petróleo, Turiel se lamenta de llevar “16 años hablando de esto. Y fíjate si me han insultado y me han dicho que eso del peak oil [el pico máximo de petróleo] no es verdad. Pues mira, está aquí”.
¿Cómo se explica la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán desde el punto de vista de los recursos energéticos?
Es bastante interesante un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos, de finales de 2025, en el que ellos ya reconocen un descenso de la extracción de petróleo en el país, aunque prevén que el ritmo del declive será lento. Yo creo que va a ser algo más rápido, porque el problema que tiene EEUU es que la mayoría del petróleo que extrae es de fracking, que aparte de ser de peor calidad, los pozos duran muy poco. En general, un pozo de fracking produce el 80% de su capacidad en los dos primeros años, y al cabo de cinco la mayoría ya están cerrados, ninguno sobrevive más de diez años.
Para mantener la ilusión de que el fracking era maravilloso, Estados Unidos abrió pozos a un ritmo acelerado para compensar los que iban cayendo; pero llega un momento en el que ya no puedes más. Ya se sabía que estábamos llegando a este punto, se sabía desde hace tiempo, incluso teniendo en cuenta que la Administración de EEUU ha dado muchísimos incentivos y exenciones fiscales a un tipo de explotación que hace tiempo que no es rentable, pero ni por esas: llega un momento en que te topas con el límite físico. Aunque quieras perder dinero, da igual, es que ya no puedes. Y esto yo creo que explica la actitud actual de EEUU.
Donald Trump ve que él va a llegar al final de su mandato en una situación en la que el declive de la producción va a ser severo. Es probable que en dos años veamos un descenso que podría reducir la producción de petróleo estadounidense en un 20%. Y sin contar a EEUU, en el resto del mundo la extracción hace tiempo que está estancada o en caída. Así que empiezan a tener prisa porque ven que van a perder una parte importante de su producción e importación. Siempre conviene recordar que EEUU, aunque ahora mismo es el primer productor de petróleo del mundo, no es autosuficiente y tiene que importar. Esas importaciones son como el 40% de su consumo de petróleo.
Entonces, el Gobierno de Trump no está al margen de todo este lío que está generando; el problema que ellos tienen es que su situación se va a debilitar considerablemente en los próximos años, precisamente por este agotamiento del fracking, que se había vendido como la gran revolución.
Esto es una razón muy poderosa para explicar lo que hicieron en Venezuela. Ahora, con Delcy Rodríguez, se ha aprobado un paquete de medidas absolutamente alucinantes que esencialmente entregan todo el sector petrolero a las empresas y bancos estadounidenses, al punto de que si hay algún conflicto que se tiene que resolver en los tribunales, se resolverá en EEUU. Es una concesión de soberanía total; en la práctica Venezuela se ha convertido en un protectorado de EEUU y evidentemente han pretendido hacer algo parecido en Irán.
El plan era crear una situación de mucho estrés en Irán, golpear fuerte, desestabilizar. Mataron a Jameneí con la intención de que el pueblo se alzase y, aprovechando la confusión del momento, poner a su hombre de paja y tener el control de los recursos petroleros. Yo creo que aquí han subestimado, por una parte, la fortaleza de las estructuras políticas actuales en Irán, y por otra no se han dado cuenta de que es un régimen menos personalista que el de Venezuela. Y, al final, hemos entrado en esta situación de impasse en la que estamos ahora. En resumen, no hay ninguna duda de que hay una motivación fuerte por el petróleo.
¿Vamos a ver un continuo de agresiones estadounidenses para paliar su declive de producción petrolera?
EEUU no tiene muchas opciones. No es casualidad que haya ido a atacar al cuarto productor más importante de petróleo del mundo. El primero son ellos; el segundo es Arabia Saudí, donde ya tienen controlados los recursos, hay una comunión total de intereses y se prioriza siempre abastecer a EEUU; con el tercero, Rusia, ya lo han intentado: hay un plan de la CIA de finales de los noventa para romper Rusia en seis Estados porque es muy grande y controla muchos recursos; ¿quién es el cuarto? Irán.
El quinto es Irak, que ya lo tienen más o menos controlado. Ya si vas al sexto, séptimo, etcétera, no es tan sencillo y empiezas a luchar por cantidades marginales de petróleo. En esa lista, entre los diez primeros está Argelia, que yo creo que es donde Europa tiene intención de meterse, y eso es un avispero con un ejército potente y un país con mucha población, más de 40 millones de personas.
No creo que estas potencias imperiales decadentes tengan una capacidad real para ocupar de manera firme un territorio como Irán o Argelia. Entonces no les quedan muchas opciones. Un aviso a navegantes muy interesante es el bombardeo selectivo que hizo Trump en Nigeria, el principal productor de petróleo de África.
Después de Irán, sus opciones se reducen mucho, porque el volumen que se puede conseguir para exportación ya empieza a ser pequeño. Es que en el mundo ya no queda mucho más, ahí está la cuestión. La realidad es que esto se acaba; o sea, no se acaba de golpe, es un proceso que irá con los años, pero es obvio que esto ahora va a ir continuamente bajando, bajando y a ver cómo lo gestionamos.
Claro, si tenemos a los mandos a gente tan hábil y tan inteligente como Donald Trump, pues bueno, es como poner a un elefante a darle patadas a los mandos de un avión.
Los principales afectados por el conflicto en Irán son los países importadores de petróleo y gas natural licuado. ¿Cómo puede afectar a la UE?
Todavía no estamos viendo los efectos de la escasez. Los vaivenes en el precio a los que asistimos son propios de la situación política, pero el efecto sobre la Unión Europea y sobre España dependerá muchísimo de la duración real y efectiva de la guerra. Si se detiene en los próximos días, habrá cierta repercusión, pero tendrá un alcance limitado. El problema es si se prolonga.
Si el conflicto se prolonga, vamos hacia un desastre que no tiene parangón con nada, ni siquiera con las crisis de los años setenta. El episodio en el que más volumen de petróleo se paralizó fue precisamente en aquella década, con el embargo árabe; en aquel momento se paralizaron cinco millones de barriles de petróleo, que vendría a ser como el 10% de todo el consumo mundial, pero además había mucho más petróleo disponible para la exportación, con lo cual, sobre el petróleo comerciable para la exportación debía de ser como un 15%. Por Ormuz pasan hoy unos 20 millones de barriles de petróleo, que es el 20% del consumo mundial, pero como los países productores consumen la mitad del petróleo ellos mismos, para la exportación solo está disponible la mitad, es decir, se está paralizando el 40% del petróleo comerciable. Esto se combina con la paralización del transporte de gas natural, que ahora mismo es muy importante para el suministro eléctrico y la producción de fertilizantes, por ejemplo.
Si fuéramos a una guerra muy prolongada, yo creo que a partir de un mes vamos a empezar a ver efectos muy severos. Un mes, más o menos, es lo que tarda un petrolero en llegar desde el Golfo Pérsico hasta Europa, ahora que no pasan por el Mar Rojo. De momento no se está notando que no llegan los petroleros, pero evidentemente en un mes se va a empezar a notar. Si esto sigue así, vamos a una crisis de dimensiones colosales, porque de repente va a faltar el 40% del petróleo exportable.
Lo único que pueden hacer los Estados en esa situación de prolongación del conflicto, aparte de echar mano de sus reservas estratégicas –que en los países europeos suelen cubrir unos 90 días del consumo nacional y no pueden usarse como si no pasase nada hasta agotarlas–, es empezar a racionar. Y eso, en un sistema capitalista como este, es una catástrofe sin paliativos. Implicaría el cierre de muchas empresas, encarecimiento de productos, incluso podría llegar a haber problemas con los alimentos porque estamos entrando en la primavera y hay que utilizar los fertilizantes, que requieren del gas natural que sale del Golfo. Si esto sigue así de aquí a un mes, entramos en una depresión económica como seguramente no se ha visto nunca, incluso mayor que la de 1929.
Nosotros lo vemos todo desde la perspectiva europea, pero la UE todavía está bastante protegida. Será algo horrible, pero a mí lo que me preocupa es lo que va a pasar en general en el Sur Global, donde va a haber hambrunas y otro tipo de impactos que van a agravar los problemas. La locura de Trump nos puede llevar al colapso de muchos países.
Incluso si el conflicto se detuviese ahora mismo, hay ya un daño estructural causado por los bombardeos que tendrá sus consecuencias: posiblemente va a provocar que en los próximos seis o doce meses vayamos a tener un déficit importante de producción de petróleo.
Existe la sensación, diría que creciente, de que estamos pagando el precio del seguidismo a EEUU. ¿Empieza a definirse un cambio de bloques que acercaría a la UE y China?
Ahora mismo en la Unión Europea claramente hay una especie de pugna entre lo que dice Von der Leyen y lo que está diciendo, por ejemplo, el Parlamento. Es decir, hay una contradicción evidente. Von der Leyen hace un seguidismo, yo diría que obsceno, de EEUU, mientras que instancias más democráticamente representativas de lo que es Europa están diciendo que esto no se puede hacer así.
Yo no creo que favorezca el acercamiento a China porque eso implicaría una confrontación directa con EEUU, así que no sé muy bien qué papel le queda a Europa aquí. Europa hace tiempo que cometió el error estratégico de acercarse demasiado a EEUU en vez de intentar ser un contrapeso, quizá porque hay una generación de dirigentes europeos muy tecnócratas y demasiado americanófilos, por no decir demasiado vendidos al capital directamente. Entonces la salida es mala.
Esto lo que podría favorecer es un acercamiento a Rusia, porque Rusia sí que tiene los recursos que necesita la UE, lo que pasa es que yo creo que los rusos ya están un poco hartos de los europeos. La mejor solución que tiene Europa realmente es echar a sus líderes y evidentemente hacer un cuestionamiento muy fuerte de qué es la Unión Europea. Quizá este es el tipo de cosas que nos tendríamos que empezar a plantear ahora mismo.
¿Estas guerras son la expresión última de la negativa del Norte Global a acoplar los ritmos de producción y consumo al frenazo al que nos obligan los límites del planeta? ¿Cómo evitarlo?
Es una situación obviamente de competición creciente por recursos, precisamente porque estamos chocando contra los límites del planeta y hay una incapacidad de mantener este sistema económico orientado al crecimiento. A nivel de diagnóstico lo tenemos bastante claro.
¿Cómo se puede evitar que haya más guerras de este estilo? Esto al final lo tiene que parar la ciudadanía. La única solución es que la ciudadanía comprenda que tiene que parar a estos líderes. Que el pueblo estadounidense se levante y saque a Trump de allí.
Y nosotros, en España y en Europa, tendríamos también que barrer un poquito nuestra casa, pero no vamos en esa dirección. Lo que estamos viendo en toda Europa es un ascenso de las opciones de ultraderecha, que en estos momentos de agitación social, de angustia e incertidumbre tienen un discurso populista que consigue calar bien, también por culpa de que la izquierda no es capaz de ser valiente y proponer análisis y diagnósticos adecuados. La izquierda no se atreve a hablar de cosas de las que hay que hablar, como la necesidad de una revolución social y económica, un cambio completo de paradigma para que haya una vida digna y adecuada para todo el mundo. Se pretende dar una continuidad, hacer un seguidismo de lo actual y eso nos lleva a estas contradicciones continuas y a este desapego de la ciudadanía.
En ese sentido es curioso el papel de Pedro Sánchez. Nadie diría que es una persona con una fuerte orientación ideológica y, sin embargo, mediante meras expresiones de sentido común, de cosas que se considerarían muy básicas hace 20 años, se está convirtiendo en el referente moral de Europa. Yo creo que esto lo que evidencia es la degradación moral de los otros líderes.
La única manera de evitar esta tentación imperialista de la lucha por los últimos recursos es que los ciudadanos de estos países digan basta. Y atención porque, además, en Europa tenemos un riesgo muy claro de deriva militar hacia los pueblos del norte de África por los últimos recursos. Yo llevo muchos años hablando de que el rearme no está dirigido para luchar contra Rusia, que es una lucha imposible, está dirigido claramente a lanzar nuevas guerras coloniales en el norte de África. Esto hay que empezar a pararlo. Solamente la ciudadanía puede llevar a un cambio de paradigma y a que empecemos a construir cosas alternativas que se pueden construir tanto en lo técnico como en lo social.
Fuente: Ctxt



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