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domingo, 24 de mayo de 2026

La derrota de Trump en Irán

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Estados Unidos ha perdido la partida en Irán. No tiene opción de salida que no parezca una derrota


La derrota de Trump en Irán.


     En Irán estamos presenciando una derrota sin paliativos de Estados Unidos. Eso es algo que los estrategas y propagandistas imperiales comienzan a reconocer. El ideólogo neocón Robert Kagan mencionaba la semana pasada (en The Atlantic) “una derrota que no podrá repararse ni ignorarse. No habrá un regreso a la situación anterior a la guerra, decía.

En los últimos meses, el Presidente Trump ha fijado plazos para que Irán acepte sus condiciones en cinco ocasiones. Ha amenazado a Irán con la “edad de piedra” y con “arrasar una civilización”, pero no le han hecho caso. “No está claro si, detrás de su bravuconería, Trump comprende realmente la limitada naturaleza de sus opciones militares”, dice el columnista del Financial Times, Gideon Rachman (el 21/04/2026).


Un avión de combate de EEUU, en el portaaviones ‘USS Tripoli’, durante la operación militar Epic Fury contra Irán.

Lo de Irak también fue un desastre, pero lo de Irán es mucho peor. En Irak se venció militarmente y se derrocó al régimen, lo que inicialmente parecía una victoria, recuerden el “mission accomplished”(“misión cumplida”) proclamado por el iluso George W. Bush sobre la cubierta de un portaaviones antes de que se le incendiara aquella “victoria”. Pese a todo, las repercusiones internacionales de la catástrofe de Irak fueron limitadas. No hubo una crisis del petróleo, ni escasez de alimentos, ni interrupciones en las cadenas de suministro. Ahora el cierre del estrecho de Ormuz provoca todo eso. Convierte a Irán en un actor mundial clave. Su régimen no ha caído sino que más bien parece que se ha fortalecido.

Irán coloca manifiestamente a Estados Unidos y a Israel en el papel de desestabilizadores mundiales.

Sus aliados en el Golfo han descubierto que las bases y la protección americana les convierte en objetivo militar. Constatan la impotencia de su protector ante la evidencia de que están a merced de la destrucción total de sus economías. Y parece que están reaccionando. Turki al Faisal, un importante miembro de la familia real saudí que fue embajador en Estados Unidos e Inglaterra y dirigió los servicios de inteligencia saudíes, responsabiliza directamente a Israel de la guerra. Según el ex analista de la CIA Larry Johnson, “los chinos y los rusos están trabajando entre bastidores – utilizando a Pakistán como testaferro – para erigir una nueva arquitectura de seguridad en el Golfo Pérsico. El objetivo actual es convencer a Arabia Saudí y a Qatar de que rompan efectivamente sus lazos militares con EE.UU. y firmen un acuerdo estratégico que estará garantizado por Rusia y China. Si Arabia Saudí y Qatar se mantienen firmes en su prohibición de que EE.UU. utilice sus bases y su espacio aéreo para una nueva serie de ataques contra Irán, EE.UU. podría verse obligado a cancelar los ataques previstos”. Habrá que ver.

Los aliados asiáticos de Washington (Japón, Corea del Sur, taiwaneses y filipinos) ven su suministro energético en peligro. Cae necesariamente entre ellos la confianza hacia Estados Unidos. Todo eso sube las acciones de Rusia y China que llevan años proponiendo una nueva “arquitectura de seguridad colectiva” en el Golfo que sustituya al paraguas de defensa estadounidense centrado en el cerco a Irán.

En el fondo es lo mismo que en Europa: un cerco a Rusia en lugar de la arquitectura de seguridad colectiva que se prometió a la URSS de Gorbachov y que Rusia ha venido reclamando treinta años desde entonces.

La guerra de Irán no tiene salida para Trump.

Si ataca con aún mayor fuerza, restando aun más capacidades al frente ucraniano y trasladando al Golfo Pérsico aún más fuerzas militares destacadas en la contención a China en Asia Oriental, lo más probable es que la respuesta de Irán sea aún más dañina para las economías del Golfo y la economía mundial.

Sin electricidad y agua, los países del Golfo son países muertos. En esos países la mitad del año no se puede vivir sin aire acondicionado y si se destruyen las plantas de desalinización no hay recursos hídricos disponibles. Un cable de la CIA fechado en Riad y divulgado en 2008 por Wikileaks estimaba que en caso de destrucción por Irán de la planta desalinizadora que abastece de agua a la capital saudí (7 millones de habitantes, 20% de la población total del reino) la ciudad “debería ser evacuada en una semana”. Irán también es un país muy seco, pero la situación climática e hídrica allí es muy diferente. Todavía ahora, en primavera, las fotos de Teheran permiten ver una cadena montañosa nevada detrás de la ciudad. Cualquier cosa que Estados Unidos haga contra Irán, Teheran la puede devolver con mayor efecto, porque tiene el control de la escalada.

El país ha sufrido mucho. A 8 de abril registraba 3540 muertos, de ellos 1616 civiles y 244 niños, con trescientas instalaciones sanitarias dañadas solo en Teheran, 760 escuelas y 46.000 edificios. Pero, según estimaciones de la CIA, se conserva un gran stock de misiles, así como la capacidad de producirlos y lanzarlos en instalaciones subterráneas (Ver: U.S. Intelligence Shows Iran Retains Substantial Missile Capabilities – The New York Times). Las derrotas de Estados Unidos en Vietnam y Afganistán no tuvieron las consecuencias que tendrá la derrota en Irán. Porque el contexto mundial ha cambiado.

En los últimos 35 años hemos presenciado una sucesión de guerras continuas, todas ellas cosechando desastres con una factura humana monstruosa y bien conocida. (ahí están las cifras del estudio “Cost of Wars” de la Universidad Brown de Estados Unidos, particularmente recomendable.Costs of War | Brown University)

El motivo fundamental de esos desastres fue la creencia de Washington de que, concluida la guerra fría, su mundo bipolar y la autodisolución de la URSS, Estados Unidos era la única superpotencia. Así que podía dictar su voluntad e ignorar los intereses de los demás. Eso les llevó a cometer un error detrás de otro. En los últimos cuatro años esto se ha acelerado y evidenciado con tres errores de cálculo.


Donald Trump, durante la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en junio de 2025.

-El primero fue el de Rusia. Se creía que provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro.

-El segundo fue creer que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas contra China doblegarían a Pekín.

-El tercero es lo que estamos viendo ahora con Irán.

Estos tres errores están unidos por la misma voluntad de contener e impedir militarmente la emergencia de un mundo multipolar, es decir basado en la interacción de las potencias y el multilateralismo, que ya es una realidad que no se puede soslayar y que es incompatible con el hegemonismo. Como dice el especialista en Irán Tirsa Parsí, “el peligro para Estados Unidos es continuar manteniendo una estrategia diseñada para un mundo que ya no existe”.

Rusia, China e Irán no son aliados pero están unidos por el vector de la integración euroasiática. Son eslabones de una misma cadena con motor chino que cambia por completo la correlación de fuerzas mundial y que acabará dando lugar a un nuevo sistema de gobernanza internacional. Y eso, en Occidente, se vive como una amenaza cuando lo único que exige es una adaptación que reconozca la nueva realidad de que el hegemonismo ya no funciona. En eso hay cierta analogía con el fin de los imperios coloniales europeos tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo había cambiado, el colonialismo ya no funcionaba, pero hasta que las metrópolis coloniales se dieron cuenta y pusieron en marcha una nueva estrategia conjunta de dominio que acabó concretándose en la Unión Europea, se derramó mucha sangre.

Ahora estamos en algo parecido, con la diferencia de que la presión del cambio global del capitalismo antropocéntrico no nos deja mucho tiempo para evitar un desastre planetario y que la situación de la capacidad de destrucción masiva y sus riesgos ha aumentado considerablemente.

Ocho de las nueve potencias nucleares (todas menos China) están hoy directamente implicadas en guerra o son partícipes en tensiones militares. Israel contra Irán, que es un estado cuasi nuclear. Estados Unidos contra Rusia en Ucrania y contra Irán. Rusia con Ucrania y con la OTAN. Corea del Norte, ayudando con tropasa Rusia y combatiendo en la región de Kursk el año pasado. India en tensión con incidentes militares con Paquistán, recientemente. Paquistán, con India y con Afganistán. Francia e Inglaterra, contra Rusia vía el “proxy” ucraniano y con Irán, colaborando en la defensa de Israel y su genocidio.

Comparado con esto la situación de la guerra fría era un juego de niños. Ahora los peligros se han multiplicado. En los ochenta los euromisiles sacaron a los europeos a la calle. Hoy a los alemanes, y a los europeos en general, se les está llevando de la oreja a la guerra Este año la guerra podría extenderse en Europa – Rafael Poch de Feliu y no se mueve nadie… Que Estados Unidos esté perdiendo la partida en Irán no es una mala noticia, pero en absoluto suscita tranquilidad.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

lunes, 20 de abril de 2026

El Estrecho de Ormuz, cuello de botella del Golfo Pérsico

 

 Por David Señorán López   

      Técnico de Fondos en Tragsatec. Analista Internacional, Politólogo e Internacionalista.


     El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico que separa Irán de la Península Arábiga y constituye la única salida del Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán y, posteriormente, el Océano Índico.


Basta con observar un mapa para comprender la importancia del Estrecho de Ormuz, que se erige como un cuello de botella en el golfo Pérsico, rodeado de países ricos en hidrocarburos y con Irán en posición de ejercer capacidad de bloqueo.

En su punto más angosto mide aproximadamente 55 kilómetros, lo que, sumado a su escasa profundidad y al intenso tráfico de buques, hace que solo existan dos canales navegables, convirtiéndolo en un claro cuello de botella.


Escasa profundidad del Estrecho de Ormuz.

El Estrecho de Ormuz ha sido históricamente un punto clave en la navegación y el comercio marítimos, una importancia que se ha visto acrecentada en la actualidad por su papel central en el transporte de hidrocarburos y otros recursos estratégicos.

Rodeado de los países con mayor producción de gas y petróleo del mundo, se estima que solo en 2025 alrededor del 25% del comercio de crudo por vía marítima se hizo a través de Ormuz, así como el 19% del gas licuado de petróleo (GLP). Si bien la inmensa mayoría de estos hidrocarburos se dirige a Asia, cualquier disrupción afecta gravemente al precio a nivel mundial, derivando en escasez y otros problemas asociados.


La importancia del Estrecho de Ormuz para las exportaciones a países del Lejano Oriente.

Esta importancia le otorga a países como Irán una oportunidad única para hacer valer sus intereses, al poder bloquear el paso mediante minas, ataques o distintas amenazas y alterar de forma drástica el flujo de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, Teherán cuenta con varias islas estratégicas en las proximidades del estrecho, como Larak y Qeshm, lo que le permite proyectar con mayor intensidad sus capacidades militares y controlar los movimientos en la zona.


En el contexto de la guerra, Irán está construyendo una nueva arquitectura de seguridad y control marítimo sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán y el control del Estrecho de Ormuz

Estas capacidades no son meramente teóricas, sino que han quedado plenamente demostradas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país persa. En respuesta, Teherán está haciendo uso de todas sus opciones, entre ellas el control del estrecho, afectando gravemente al precio global de la energía y a su disponibilidad en distintos países.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Asimismo, al imponer elevados peajes, pasa a influir de forma decisiva en las exportaciones de Estados como Irak, Kuwait, Catar o Baréin, que dependen de esta vía para transportar sus hidrocarburos al resto del mundo.

Sin embargo, conocedores de este riesgo, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han creado rutas alternativas de exportación. La saudí, en dirección oeste a través del desierto hasta el mar Rojo, transporta petróleo y gas, mientras que la emiratí, en dirección este hacia el golfo de Omán, únicamente transporta petróleo.


Arabia Saudita restablece su oleoducto clave a 7 millones de barriles por día mientras se intensifica la construcción de un oleoducto de circunvalación en el Mar Rojo.

Si bien estas rutas alternativas les confieren mayor autonomía, no ofrecen una solución completa, ya que ya estaban siendo utilizadas parcialmente. Por ello, ante un bloqueo del Estrecho de Ormuz como el actual, el margen para incrementar su capacidad es limitado, especialmente en el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Además de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz también es una importante ruta para el trasporte marítimo de fertilizantes, diversos minerales, helio –del que Catar es uno de los mayores productores– y distintos recursos básicos tales como alimentos, manufacturas y productos de construcción.


El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en el Golfo Pérsico encarecen los fertilizantes clave para la agricultura en India y Bangladés.

En definitiva, esta vía marítima constituye un cuello de botella de enorme importancia estratégica para el golfo Pérsico, Oriente Medio y el conjunto de la economía global, pero su funcionamiento normal no está garantizado.

Mediante el bloqueo, Irán ha evidenciado una capacidad inmensa de influencia y disuasión, poniendo una vez más de relieve la relevancia y fragilidad de las cadenas de suministro globales frente a conflictos internacionales en un contexto de un mundo altamente interpendiente y conectado.


Fuente: Descifrando la Guerra

domingo, 29 de marzo de 2026

El primer mes de guerra exhibe la torpeza de Trump en Irán y deja manos libres a Israel en el Líbano

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


La guerra empuja a Oriente Medio hacia el abismo, mina la economía global, expone las debilidades de EEUU y refuerza el hegemonismo israelí


     Un mes después de ordenar la ofensiva bélica contra Irán, Donald Trump no ha doblegado a Teherán a pesar de sus más de 10.000 objetivos alcanzados por sus bombas y de acabar con buena parte de su cúpula dirigente. El presidente de Estados Unidos, entre continuas contradicciones, busca a la desesperada una salida a una de las mayores crisis mundiales en lo que va de siglo. Una crisis a la que Washington ha sido instigado por Israel y su supremacismo en Oriente Medio, y en la que Irán está mostrando una sorprendente resistencia y una temible habilidad para golpear a la economía internacional con sus contraataques en el Golfo Pérsico y el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, arteria vital para gran parte de los hidrocarburos que consume el planeta.


El carguero con bandera de Tailandia Mayuree Naree envuelto en humo negro en el Estrecho de Ormuz, 11 de marzo de 2026.

La guerra de Irán ha puesto contra el muro a las economías más fuertes y a las más débiles, con los vaticinios más oscuros si se alarga siquiera un mes más el conflicto. De momento, ha terminado de descoser las costuras de la OTAN, con insultos desaforados de Trump a sus aliados por no acompañarle en una aventura bélica desorganizada y complaciente con los intereses del hegemonismo israelí, las petroleras estadounidenses y los fabricantes de armas.

En Irán, las acciones militares de EEUU e Israel decapitaron al régimen islámico, con el asesinato el primer día de su líder supremo, Alí Jameneí, y con la matanza en las jornadas siguientes de los más destacados miembros dela jerarquía iraní. Sin embargo, el resultado ha sido una mayor radicalización del sistema, con el hijo de Jameneí, Mojtaba, como su sucesor y con un mayor poder para los Guardianes de la Revolución islámica. Al tiempo, la guerra ha propiciado el cierre de filas con los nuevos dirigentes del país de buena parte de la población que hace dos meses clamaba en las calles por el fin de la teocracia iraní.

La guerra ha disparado la ira y el odio a estadounidenses e israelíes, y la destrucción por los misiles, bombas y drones del Pentágono y el ejército judío dejará una cicatriz que marcará a Irán y a Oriente Medio durante décadas.

Otra vez, las guerras de las mentiras

De nuevo, Washington cometió el mismo error que en 2001, cuando atacó Afganistán, y en 2003, cuando invadió Irak por la presunta amenaza de que Bagdad tenía armas de destrucción masiva. Trump se valió, como hizo entonces su colega republicano George W. Bush, de la mentira de que Irán estaba a punto de obtener armas nucleares para justificar esta ofensiva masiva, que comenzó el pasado 28 de febrero sin ser consultada al Congreso de EEUU.

Dos días antes habían tenido lugar en Ginebra unas negociaciones clave de EEUU con Irán, para controlar y desmantelar buena parte de su programa nuclear con cierta aquiescencia de Teherán a cambio del levantamiento de sanciones que pesan sobre el régimen islámico. Lo que no sabían los iraníes es que a principios de esa semana, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había convencido ya a Trump para lanzar un ataque a gran escala contra Irán y asesinar en las primeras horas de la ofensiva a Jameneí y su Estado mayor militar y político, reunidos en un fatídico encuentro que conocía Israel.

Los bombarderos de israelíes y estadounidenses destrozaron en los días siguientes las fuerzas navales de Irán, gran parte de los silos de misiles del ejército persa, los cuarteles principales de los Guardianes de la Revolución -el ejército paralelo y más temible del régimen islámico-, atacaron las instalaciones nucleares con bombas capaces de penetrar cualquier blindaje de acero u hormigón, y arrasaron aeródromos y puertos por todo el país persa.

La población, la primera víctima de esta guerra ilegal

Los misiles estadounidenses e israelíes también han matado a unos 3.300 iraníes, de ellos 1.400 civiles, una cifra que seguramente sea mucho mayor, pues el Gobierno de Teherán se guarda mucho de alarmar más si cabe a la población. Esta ocultación es, sin embargo, difícil de mantener, como sucedió en Minab, en el sur de Irán. En esta localidad de la provincia de Hormozgán, un doble bombardeo estadounidense con misiles contra una escuela de primaria asesinó el 5 de marzo a al menos 168 personas, la mayor parte niñas de entre siete y 12 años, despedazadas por las bombas o enterradas vivas entre los cascotes del colegio.


Tumbas para víctimas de un ataque contra una escuela en Minab, Irán.

Trump llegó a acusar a los propios iraníes de haber lanzado el ataque, pero las primeras investigaciones pronto dejaron claro quién era al auténtico autor de la masacre, una repetición calcada de los bombardeos de civiles en el genocidio cometido por Israel en Gaza e igual que aquí denunciada por la ONU como crimen de guerra.

A pesar de que ya en las primeras jornadas de la guerra, Trump afirmó una y otra vez que la capacidad militar de Irán había sido destruida, sin embargo, el Ejército iraní no ha cesado de responder. Ni es verdad que Israel y EEUU han destruido toda la potencia misilística de Irán, ni las alabadas defensas israelíes o los sistemas antimisiles desplegados por el Pentágono en el Golfo han sido capaces de interceptar todos los proyectiles lanzados por los iraníes.

Oficialmente las armas iraníes han causado en Israel unas 15 víctimas mortales. En el caso de las fuerzas estadounidenses desplegadas en Oriente Medio son 13 los soldados muertos y 300 los heridos. También han sido asesinados por los misiles y drones iraníes una docena de civiles en los países árabes de la región.

La batalla de Ormuz

El terror causado por esta capacidad de represalia iraní continúa en el Golfo Pérsico, a pesar de que Trump y Netanyahu insisten en que ya no deberían quedar misiles ni lanzaderas ni apenas drones iraníes. Este pánico, provocado con ataques iraníes muy seleccionados a objetivos civiles, incluidos los depósitos y refinerías de crudo y gas en esos países del Golfo Pérsico, así como las amenazas lanzadas contra la navegación en el estrecho de Ormuz y otras zonas de ese mar, está siendo suficiente como para paralizar buena parte del tráfico marítimo en la región y golpear con fuerza la economía mundial. En las últimas horas, Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más atacados por Irán, ha propuesto formar una coalición en el Golfo para entrar también en la guerra y abrir Ormuz.

Por el estrecho de Ormuz circulaba el 20% del crudo y el gas mundiales, y un tercio de los fertilizantes, por citar solo dos ejemplos. En estos momentos solo pasan los contados buques que permite Irán, especialmente los chinos; el miedo y los precios impuestos por las navieras y las aseguradoras han hecho el resto.

En el plan de paz de 15  puntos brindado por Trump a los iraníes esta semana se exigía la apertura total del estrecho de Ormuz, so pena de arrasar las centrales eléctricas de Irán. La respuesta de Teherán fue rechazarlo, exigir el fin de los ataques para comenzar a negociar y reclamar para sí el control total de esa vía de comunicación vital entre el Golfo Pérsico y el océano Índico, proponiendo en contrapartida la imposición por Irán de tarifas al paso de barcos por la zona.

Israel a la conquista del Líbano

La otra cara de esta guerra quizá no sea tan dolosa económicamente, pero está reconfigurando también el mapa de Oriente Medio.


El humo surge de edificios en Beirut tras un nuevo ataque de Israel.

Al empezar la contienda, las milicias de Hizbulá, estacionadas en el Líbano, lanzaron una andanada de misiles contra Israel, sin que causaran víctimas mortales en un primer momento. El Ejército israelí respondió con una ofensiva total contra el sur del Líbano y los barrios chiíes de Beirut, donde podría haber milicianos de Hizbulá.

Los bombardeos israelíes han dejado incomunicada esa parte meridional del Líbano, con la voladura de los puentes del río Litani. La intención de Netanyahu es invadir ese zona, casi un 10% del Líbano, y asimilarlo a Israel como una zona de contención, aunque la idea de los radicales judíos en su Gobierno es que pueda ser ocupado poco a poco por colonos ilegales israelíes.

De momento, la guerra de Irán llevada al Líbano por Israel ha acabado con la vida de más de un millar de personas y ha obligado a desplazarse desde el sur a un millón de libaneses. Netanyahu ha ordenado la llamada a filas de 400.000 reservistas israelíes, un paso que permite adivinar qué es lo que va a pasar en los próximos meses en el Líbano.

Lo adelantó el ministro de Defensa israelí, Israel Katz: se aplicará en el Líbano la misma estrategia de tierra quemada que en Gaza, con aldeas arrasadas, demolición de viviendas, destrucción de infraestructuras y limpieza étnica de su población, empujándola hacia el norte.

La apuesta de Israel para aniquilar al régimen iraní e invadir el Líbano se ha convertido en un obstáculo casi infranqueable para que EEUU e Irán acuerden un alto el fuego. En última instancia, Netanyahu podría frenar sus ataques aéreos en Irán, pero será a cambio de tener las manos totalmente libres en el Líbano.

Una trampa para Trump

No parece que Trump lo tenga nada fácil para detener la guerra. Aunque hay negociaciones en la sombra, no parece probable una capitulación de Irán, pese a los planes de EEUU de lanzar una ofensiva terrestre, a pesar del altísimo riesgo que supone tal paso.

El Pentágono prepara nuevos refuerzos importantes a los cerca de 50.000 soldados que tiene en Oriente Medio. Esta semana se habló de hasta 10.000 nuevos efectivos, entre ellos tropas de élite de la 82 división aerotransportada. Estas unidades son normalmente enviadas a zona de guerra como paso previo a una invasión.

El 6 de abril se cumple el postrer ultimátum dado por Trump para que Irán despeje el paso de Ormuz. Una opción es el ataque a algunas de sus islas del Golfo Pérsico, entre ellas la de Jarg, que gestiona el 90% de las exportaciones petrolíferas de Irán. Su captura pondría en manos del ejército estadounidense mucho, muchísimo petróleo.

Según la web estadounidense Axios, que cita fuentes oficiales, además de Jarg, el Pentágono estaría considerando tomar otras islas iraníes, como Larak y Abu Musa, claves para el control del estrecho de Ormuz. Igualmente se evalúa el abordaje e incautación de los petroleros y mercantes que transporten crudo iraní hacia el Índico. Esta acción no le gustaría nada a China, el mayor cliente del petróleo iraní.

Los partidarios de tales acciones consideran que un éxito militar así podría impulsar a Trump a declarar el fin de la guerra y apuntarse un tanto que le permita salvar algo la cara en medio del desastre.

Desafección creciente en EEUU

Estas amenazas, que no parecen alterar mucho a los iraníes, están siendo cuestionadas en los propios EEUU, donde aumenta la desafección a la política exterior de Trump y al empantanamiento en una guerra que se podría haber evitado.


Un manifestante prende fuego a una imagen que muestra la foto policial del presidente estadounidense Donald Trump con la inscripción
‘Se Busca’.

La subida de los precios de los combustibles y el fantasma de la inflación enervan cada vez más a una población que rechaza la estrategia errática de Trump.


Protestas contra la guerra de EEUU e Israel en Irán.

Todo ello, con las elecciones de medio término a la vista, en noviembre, cuando los estadounidenses votan la renovación de buena parte del Congreso.

En este sentido, son ya unos cuantos los miembros destacados del Partido Republicano que están manifestando su desacuerdo con su jefe. Un ejemplo lo dio esta semana la representante republicana Nancy Maceal rechazar una ofensiva terrestre: "No sacrificaremos vidas estadounidenses por las mismas políticas exteriores fallidas", dijo tajante Mace, en una bofetada directa a esta guerra y a sus artífices.


Fuente: Público

sábado, 14 de marzo de 2026

La guerra sin salida entre Irán, Estados Unidos e Israel

 

 Por Pablo del Pozo   
      Asesor de Admisiones en IE University | Geopolítica y Estudios Estratégicos | Relaciones Internacionales y Cooperación – Descifrando la Guerra.

     Dos semanas después del inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, el conflicto parece haber entrado en una fase aún más compleja y potencialmente más prolongada.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Los acontecimientos de los últimos días muestran una expansión simultánea en múltiples ámbitos –militar, marítimo, energético y regional– que complica cada vez más cualquier escenario de desescalada.


La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos continúa escalando, afectando a más actores y sin visos de una salida negociada a corto plazo.

Aunque las operaciones aéreas continúan siendo el elemento central de la campaña militar, el desarrollo del conflicto está generando incidentes cada vez más frecuentes fuera del campo de batalla directo, afectando a infraestructuras energéticas, al tráfico marítimo internacional y a fuerzas militares de terceros países desplegadas en la región.

Uno de los episodios más delicados de los últimos días se produjo en el norte de Irak, donde un ataque con drones contra una base conjunta franco-kurda en Erbil dejó varios soldados franceses heridos y provocó la muerte de uno de ellos, marcando la primera baja confirmada de un país europeo en la guerra.


La muerte de un soldado francés en Irak vuelve a poner el foco sobre el papel de Francia en Oriente Medio y las contradicciones de su estrategia en la región.

El incidente ha aumentado la preocupación en gobiernos occidentales por el riesgo de que fuerzas internacionales desplegadas en la región queden cada vez más expuestas a ataques indirectos vinculados al conflicto.

La contienda también ha dejado nuevas bajas en las fuerzas estadounidenses tras el accidente de un avión cisterna KC-135 Stratotanker en el oeste de Irak, una aeronave clave para sostener la campaña aérea en la región. Según confirmó el Mando Central estadounidense (CENTCOM), los seis miembros de la tripulación murieron mientras participaban en una misión vinculada a las operaciones.


El ejército estadounidense afirma que los seis tripulantes de la aeronave de reabastecimiento de combustible que se estrelló en Irak han fallecido.

El aparato formaba parte de una misión en la que participaban dos aeronaves; la segunda aterrizó sin incidentes. Las autoridades estadounidenses han señalado que no hay indicios de fuego enemigo o aliado, aunque las causas exactas del accidente siguen bajo investigación.

El siniestro eleva a 13 el número oficial de militares estadounidenses muertos desde el inicio de la guerra, mientras que el de heridos también ha aumentado. Fuentes citadas por Reuters señalan que hasta 150 soldados estadounidenses han resultado heridos, muy por encima de los ocho reconocidos inicialmente por el Pentágono.

La guerra marítima se recrudece

Mientras tanto, el frente marítimo se ha convertido en uno de los escenarios más sensibles. Durante los últimos días se han registrado ataques contra petroleros, buques comerciales e infraestructuras energéticas en el golfo Pérsico, lo que ha contribuido a reducir aún más el tráfico marítimo en la región y ha elevado la presión sobre los mercados energéticos.

En este contexto, funcionarios estadounidenses han afirmado que Irán habría comenzado a desplegar minas navales en el estrecho de Ormuz, utilizando pequeñas embarcaciones rápidas tras la destrucción de buques iraníes de mayor tamaño.


El minado del estrecho de Ormuz por parte de Irán agravaría aún más las disrupciones en el tráfico marítimo de la región y en los mercados energéticos globales.

Según estas evaluaciones, el objetivo sería colocar minas a un ritmo que dificulte su limpieza y aumente el riesgo para la navegación, reforzando así el efecto disuasorio sobre el tránsito marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del mundo.

Sin embargo, Teherán ha negado haber minado el estrecho, mientras que sus dirigentes han reiterado públicamente que el bloqueo de esta vía marítima constituye una de sus principales herramientas de presión estratégica.

En su primer mensaje desde el inicio de la guerra, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, señaló que “la palanca de bloquear el estrecho de Ormuz debe seguir utilizándose”, en referencia a la capacidad de Irán para interrumpir el paso de buques si lo considera necesario.


La República Islámica de Irán selecciona al hijo de Alí Jamenei, Mojtaba, para sucederle como Líder Supremo en una decisión continuista y más pragmática que teológica.

El resultado de todo ello es una creciente presión sobre el sistema energético global. Pese a la liberación coordinada de alrededor de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, el precio del petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, reflejando el temor a que las exportaciones del Golfo continúen afectadas durante un periodo prolongado.

Expansión del conflicto regional

Al mismo tiempo, la guerra sigue generando tensiones en otros escenarios regionales. Los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá continúan activos en el sur del Líbano, y la situación podría escalar aún más. Israel estaría considerando una gran ofensiva terrestre para ocupar toda el área al sur del río Litani, lo que supondría una de las operaciones militares más ambiciosas en el frente libanés desde el inicio del conflicto.

Sin embargo, una incursión de este tipo podría tener un elevado coste en vidas humanas y exponer a las fuerzas israelíes a un escenario extremadamente peligroso, similar al que enfrentaron durante la guerra de 2006, cuando Hezbolá logró infligir importantes bajas mediante emboscadas, misiles antitanque y guerra de guerrillas en el terreno montañoso del sur del Líbano.


Dos aeronaves del ejército de Estados Unidos durante la Operación Furia Épica contra Irán, en la que también participa Israel.

La escalada ya está teniendo un fuerte impacto humanitario. Según agencias de Naciones Unidas, casi 700.000 personas han sido desplazadas en Líbano desde el comienzo de la guerra, entre ellas alrededor de 200.000 niños, mientras miles de familias intentan cruzar la frontera hacia Siria para escapar de los combates y los bombardeos.

A este escenario se suma el riesgo de que otros frentes se activen. Un alto responsable hutí, Mohammed al-Bukhaiti, afirmó que el grupo ha decidido respaldar militarmente a Irán y que anunciará el “momento cero” de su intervención cuando lo considere oportuno.

Si el frente yemení se activa plenamente, los ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo podrían intensificarse y añadir una nueva dimensión al conflicto regional, bloqueando aún más el comercio mundial.

Una guerra sin salida clara

Tras casi dos semanas de guerra, empieza a hacerse evidente que la administración Trump subestimó seriamente la complejidad del conflicto que estaba abriendo. Aunque Estados Unidos e Israel lograron varios éxitos operativos en los primeros días, esos golpes no han producido el efecto político esperado dentro de Irán ni han generado una vía clara hacia una negociación.

Por el contrario, la guerra ha empezado a generar costes precisamente en los ámbitos más sensibles para Washington. La disrupción del tráfico marítimo en el Golfo, los ataques contra petroleros e infraestructuras energéticas, el aumento del precio del petróleo y la retirada de aseguradoras y navieras de la región han convertido el conflicto en un problema económico y energético global.

A ello se suman las bajas militares, el consumo acelerado de munición avanzada y el despliegue de más fuerzas estadounidenses para contener una escalada que inicialmente se esperaba breve.

En este contexto, cada vez resulta más evidente que no existía una planificación clara sobre cómo terminar la contienda antes de iniciarla. Washington se enfrenta ahora a la dificultad de encontrar una salida que pueda presentarse como una victoria sin haber alterado decisivamente el equilibrio político en Irán.

Frente a ello, Irán está proyectando una lógica distinta. Pese a los daños sufridos, el gobierno iraní ha mostrado señales de una preparación previa para un escenario de conflicto prolongado: continuidad del aparato político, movilización interna y capacidad para seguir presionando militar y económicamente a sus adversarios. La negativa explícita de Teherán a aceptar un alto el fuego refleja esta lógica de resistencia y supervivencia.

El resultado es un escenario en el que ninguna de las partes parece dispuesta a detenerse, pero en el que tampoco existe una vía clara para poner fin a la confrontación. Esa combinación –errores de cálculo iniciales y una estrategia de resistencia prolongada– hace que terminar la guerra resulte ahora mucho más difícil que haberla iniciado.


Fuente: Descifrando la Guerra