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martes, 28 de julio de 2026

2025, el año con más guerras de la última década

 

 Por Josep Maria Royo   
      Escola de Cultura de Pau de la UAB.


La Escola de Cultura de Pau de la UAB ha publicado en las últimas semanas su informe anual sobre conflictividad, derechos humanos y construcción de paz, en el que identifica 40 guerras activas en el mundo, la cifra más alta de la última década, y alerta de un aumento de los conflictos internacionales y de sus consecuencias humanitarias


La periferia sur de Beirut es bombardeada cada día por el ejército israelí.

      El mundo vive un nuevo repunte de la violencia armada global. En el año 2025 se registraron 40 conflictos armados activos (37 en 2024), la cifra más elevada desde 2011 y una de las más altas desde que la Escola de Cultura de Pau (ECP) de la Universitat Autònoma de Barcelona elabora sus informes anuales sobre conflictividad internacional. La dinámica de incremento en el número de conflictos armados en los últimos años ha ido en paralelo a un significativo aumento en la cifra de tensiones sociopolíticas a nivel mundial en los últimos años, un total de 113 en 2025.

Estas son algunas de las principales conclusiones del informe Alerta 2026! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, que analiza la evolución de los conflictos armados, las tensiones sociopolíticas y el impacto de las guerras sobre la población civil y los derechos humanos. Según el estudio, durante 2025 hubo 40 conflictos armados y 113 escenarios de tensión sociopolítica en todo el mundo. África continúa concentrando el mayor número de guerras (17), seguida de Asia y el Pacífico (12) y Oriente Medio (7), mientras que Europa y América registran dos conflictos armados cada una.


Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz.

Los conflictos armados de alta intensidad –caracterizados por elevados niveles de letalidad (más de mil víctimas mortales anuales) y severos impactos en términos de desplazamiento de población, destrucción de infraestructuras y consecuencias en el territorio– representaron un 50% de los casos en 2025. El continente afectado por mayor número de conflictos de alta intensidad fue África (11 guerras de alta intensidad y un 55% del total de casos más graves en el mundo), seguido de Oriente Medio (4 casos y un 20% del total de casos más graves en el mundo).


Mapa sobre los conflictos de 2025.

Sin embargo, entre esta veintena de casos de alta intensidad hay algunos que superan ampliamente la cifra de mil víctimas mortales. En la República Democrática del Congo (RDC), sobre todo en el este, se registraron más de 6.800 víctimas en 2025, en su mayoría civiles, según datos de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED). La situación en el este de la RDC durante el año estuvo marcada por el empeoramiento de la ofensiva del grupo armado M23 y de Ruanda en territorio congolés iniciada a finales de 2021, la creciente implicación de Burundi en apoyo de la RDC, y el fracaso de las iniciativas diplomáticas de EEUU y Qatar.

En Haití, según datos de Naciones Unidas, entre enero y noviembre de 2025 se registraron más de 8.100 asesinatos, una cifra que la propia ONU estima que podría ser sensiblemente mayor por las dificultades de acceso a las zonas controladas por las bandas.

El conjunto de la violencia en Somalia causó más de 9.900 víctimas mortales, rozando el umbral de las 10.000, según cifras de ACLED. En relación al conflicto Región Sahel Occidental, la violencia política provocó más de 10.000 muertes en Burkina Faso, Malí y Níger. Un año más, Burkina Faso se consolidó como el país más afectado por la violencia yihadista en la región, representando el 55% de todas las muertes vinculadas al conflicto en el Sahel. Por otra parte, la guerra civil en Sudán causó en 2025 la muerte de más de 17.800 personas, siendo el conflicto armado de mayor letalidad en el continente africano. El conflicto y violencia armada en Myanmar causaron más de 15.300 víctimas mortales en 2025.

La ofensiva israelí contra Gaza siguió en niveles muy elevados de mortalidad. Según el balance de OCHA basado en informaciones del Ministerio de Salud de Gaza, desde octubre de 2023 y hasta finales de 2025 más de 70.000 palestinos y palestinas habían muerto en Gaza, cifra conservadora, según diversos análisis.


Restos de una tienda de campaña en la costa de Gaza.

Finalmente, el conflicto armado más letal en 2025 fue el relativo a la invasión rusa y guerra entre Rusia y Ucrania, que causó más de 78.000 víctimas mortales en Ucrania, según ACLED.

Aumento de las guerras internacionales

El informe alerta especialmente del incremento de los conflictos internacionales. En 2025 se registraron nueve guerras entre diferentes Estados o claramente internacionalizadas, la cifra más alta desde que la ECP utiliza la metodología actual de clasificación. Entre los nuevos conflictos armados identificados están el enfrentamiento entre India y Pakistán, la grave escalada bélica entre Tailandia y Camboya y la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, conocida en 2025 como “la guerra de los 12 días” y que se reabrió en 2026. La ECP advierte que esta evolución refleja un deterioro de la seguridad global y es un espejo de un sistema internacional en el que muchos actores no priorizan la prevención, el abordaje de causas de fondo de las disputas y el apoyo al diálogo.

Finalmente, cabe destacar que este panorama de intensificación de la conflictividad armada y sus graves impactos en civiles se dio en un contexto de incremento de las tensiones geopolíticas a nivel mundial, en un escenario de cambio en el orden global y de creciente militarismo y militarización. En línea con las tendencias observadas en años precedentes, el diagnóstico anual del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) confirmó un incremento sin precedentes del gasto militar a nivel mundial. Según los datos publicados en 2025, este gasto alcanzó los 2.718 millones de dólares en 2024, un aumento del 9,4% en términos comparativos con 2023, el incremento anual más pronunciado desde, al menos, el fin de la Guerra Fría.


Aumento sin precedentes del gasto militar mundial a medida que se dispara el gasto en Europa y Oriente Medio.

Impactos de los conflictos armados en la población civil

En 2025 la población civil continuó padeciendo gravísimas consecuencias derivadas de los conflictos armados, cuyos efectos se interrelacionaron en muchos casos con otras crisis como la emergencia climática, las desigualdades y situaciones de inseguridad alimentaria que agravaron las vulneraciones de derechos en estos contextos. En su informe anual sobre la protección de civiles en conflictos armados, publicado en junio de 2025 y que hace referencia a los hechos acontecidos en 2024, el secretario general de la ONU alertaba de tendencias alarmantes.

Antònio Guterres advirtió sobre el elevado número de víctimas mortales y heridas civiles, incluyendo a causa del uso de bombas de mayor tamaño con explosivos de alta potencia en zonas densamente pobladas, dinámica que se incrementó. También alertó sobre las municiones sin detonar y artefactos explosivos improvisados. Según datos de ese informe, Naciones Unidas registró más de 36.000 víctimas mortales civiles en 14 conflictos armados. Casos como Afganistán, Colombia, Etiopía, Líbano, Myanmar, Siria, la RDC, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Ucrania y Palestina fueron escenarios de elevadas muertes y heridos civiles, señalados por Naciones Unidas.


El 1 de febrero de 2021 el Ejército birmano dio un golpe de Estado – Desde entonces, la población vive asediada por los militares.

El organismo internacional documentó también denuncias de torturas, ejecuciones extrajudiciales, arrestos, detenciones arbitrarias, tomas de rehenes, desapariciones forzadas, violencia sexual y desplazamiento forzado, incluyendo Afganistán, Colombia, Malí, Niger, RCA, la RDC y Palestina. Sobresalieron también daños a bienes civiles e infraestructura crítica en numerosos conflictos, incluyendo por su grave magnitud el caso de Gaza.

Otra tendencia preocupante señalada por Naciones Unidas fue la inseguridad alimentaria en contextos de conflicto. Más de 280 millones de personas afrontaron en 2024 situación de altos niveles de inseguridad alimentaria (fase 3) en 59 países y territorios, gran parte de ellos afectados por conflicto armado. Naciones Unidas también destacó la continuación de la violencia sexual relacionada con los conflictos, con 4.500 casos verificados en 2024. El 93% de las víctimas eran mujeres o niñas. El secretario general también denunció la erosión del respeto al derecho internacional humanitario.

El análisis de los conflictos armados en 2025 constata la continuidad de las preocupantes tendencias señaladas en el informe del secretario general de la ONU. En 2025 sobresalieron casos como Gaza, la RDC (este), Sudán, Sudán del Sur, Somalia, Haití, Rusia-Ucrania o Myanmar, entre otros, por la gravedad de los impactos en civiles. Los niveles de violencia de Israel contra la población palestina continuaron siendo exorbitados y motivaron crecientes denuncias de genocidio. En la RDC (este), el M23 y Rwanda llevaron a cabo una campaña sistemática de represión en las zonas ocupadas, incluidas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzosas y ataques nocturnos a hospitales. Además, el conflicto siguió generando graves problemas de protección de la población civil, como violencia de género, reclutamiento infantil, secuestros y desplazamientos generalizados. Alrededor de 27,7 millones de personas, más de una cuarta parte de la población, necesitaba asistencia humanitaria. 

En Sudán el impacto de la guerra sobre la población civil en 2025 fue devastador. Se estima que más de 21 millones de personas sufrían de inseguridad alimentaria aguda, existiendo focos de hambruna por todo el país, ya que ambos bandos en conflicto bloquean activamente la ayuda humanitaria. En Sudán del Sur, la guerra exacerbó la crisis humanitaria y casi la mitad de la población sufría hambre aguda. En Somalia, la ONU estimó que más de 4,4 millones de personas sufrirían inseguridad alimentaria aguda. En Haití, la crisis humanitaria y de seguridad se agudizó, con alrededor de 9.000 asesinatos y más de la mitad de la población en situación de inseguridad alimentaria. Además, UNICEF alertó de que aproximadamente la mitad de los miembros de las bandas armadas eran menores. Con relación a la guerra Rusia–Ucrania, se produjo durante el año un deterioro grave de las condiciones de vida en las regiones de los frentes de guerra, con daños extensos a viviendas y otras infraestructuras civiles y según OCHA 10,8 millones de personas en Ucrania requerirán asistencia humanitaria en 2026. En Siria fue especialmente grave durante el año la comisión de masacres, con datos de casi 2.700 víctimas mortales en 63 episodios de masacres, según el Syrian Observatory for Human Rights (SOHR).

En numerosos conflictos armados se constató el uso de violencia sexual en 2025, entre ellos Burundi, RCA, la RDC (este), Región Lago Chad (por parte de Boko Haram), Somalia, Sudán, Haití y Colombia. Entre otros casos, en Somalia, cabe destacar la persistencia de la violencia sexual en el conflicto, de carácter generalizado y principalmente cometida por al-Shabaab. Las autoridades recibieron casi 15.000 denuncias de violencia sexual y de género entre marzo y agosto de 2025. En Haití, Naciones Unidas advirtió sobre el aumento de las violaciones grupales y denunció que en 2025 se habían incrementado en un 40% los casos de violencia sexual, casi en su totalidad hacia mujeres y niñas, muy mayoritariamente por parte de las bandas armadas como estrategia de control, terror y venganza contra personas acusadas de colaborar con el Estado.

Afganistán, Siria, Sudán, Ucrania y Venezuela concentran el 65 % de la población refugiada mundial

Cabe destacar que los conflictos armados también continuaron teniendo entre sus impactos más notorios los desplazamientos forzados de población. Según el informe semestral de tendencias publicado por ACNUR en noviembre de 2025, y que contempla datos recopilados durante el primer semestre del año, la población global desplazada forzosamente –tanto refugiadas como desplazadas internas– era de 117,3 millones de personas. Supuso una disminución del 5% respecto a 2024, y en contraste con la tendencia de incremento incesante en los anteriores años. La reducción estuvo asociada, según ACNUR, al marcado aumento de retornos de personas refugiadas y desplazadas en algunas de las crisis más graves, como la RDC, Siria, Sudán y Afganistán.

A finales de año Sudán constituía la crisis de desplazamiento más grave del mundo, con 12,8 millones de personas desplazadas por la violencia, según datos de la ONU, incluyendo 4,3 millones que huyeron del país, principalmente a Egipto, Chad y Sudán del Sur.

Retrocesos en los derechos de las mujeres

Coincidiendo con el 25º aniversario de la resolución 1325 de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad, el informe alerta de un retroceso global de los derechos de las mujeres. Según el estudio, el 70% de los conflictos armados de máxima intensidad tienen lugar en países con niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género. 23 de los 40 conflictos armados que tuvieron lugar en 2025 transcurrieron en países donde había niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género, y 16 de los 20 conflictos armados de alta intensidad de 2025 (80 %) tuvieron lugar en países donde la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex había documentado legislación o políticas criminalizadoras contra la población LGTBIQ+.

Además, la participación de mujeres en procesos de paz impulsados por las Naciones Unidas continúa disminuyendo. La ONU verificó más de 4.600 casos de violencia sexual relacionada con conflictos durante 2024, un 25 % más que el año anterior. El 93 % de las víctimas fueron mujeres y niñas.


Fuente: El Salto

martes, 12 de mayo de 2026

Trump sopesa reanudar la guerra contra Irán pero la decisión final dependerá del resultado de su visita a China

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Harto del rechazo iraní a su confuso plan de paz, Trump calibra el impacto que la reanudación de los ataques a Irán podría tener en su estratégico acercamiento a China


El presidente de EEUU, Donald Trump, y la primera dama, Melania Trump, visitan la Ciudad Prohibida junto al presidente de China, Xi Jinping, en 2017.


     Fuentes del Pentágono han indicado a medios estadounidenses, como el canal CNN o la web de análisis Axios, que el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene ya sobre su mesa en el Despacho Oval de la Casa Blanca los planes para reanudar de forma inminente el bombardeo de Irán. Solo frena a Trump su viaje oficial de esta semana a China, uno de los países con lazos económicos más fuertes con el Estado persa y de los pocos con capacidad real para presionar tanto a Wasghington como Teherán y acelerar el fin del conflicto. De momento, Pekín prefiere no hcer mucho ruido y apostar por el desgaste estadounidense en esta guerra impulsada también por Israel, y sacar rédito de la inevitable reestructuración de la economía internacional que surja de esta crisis.

Trump llega a China este miércoles y estará hasta el viernes en el gigante asiático. Con este panorama, no parece que el líder republicano vaya a poner sobre la mesa de las negociaciones con el presidente Xi Jinping una reactivación a gran escala de la ofensiva sobre Irán. El propio Gobierno chino ha indicado que el tema de esta nueva guerra en el Golfo Pérsico figurará en la agenda de las negociaciones, una matización que suena como potente advertencia.

El presidente estadounidense quiere convertir este viaje en el pistoletazo de una nueva era de relaciones comerciales y tecnológicas que arreglue la disputa de aranceles entre ambos países e impulsara la cooperación en materia de Inteligencia Artificial (IA), o al menos de parcelación de las áreas de influencia en este ámbito de los dos colosos económicos. Cualquier paso que dé en falso Trump estos días puede dar al traste con estos planes y alejar de manera irremediable a China, el único país, junto a Rusia e Israel, capaz de chistarle a la Casa Blanca y que esta tiemble.


El presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping.

El salvavidas chino

Trump quiere lavar su imagen ante el mundo y su propio país por los errores cometidos en Irán y piensa que un acuerdo con China podría ser la victoria pírrica que necesita para calmar a los mercados y tranquilizar a los cada vez más depauperados estadounidenses por este conflicto.

Y sin embargo el riesgo de que las cosas se tuerzan en la visita del jefe de la Casa Blanca a la Ciudad Prohibida es alto. Después de que Irán rechazara el último plan de paz de EEUU para convertir la actual tregua en un armisticio y de que Trump entrara en cólera, las espadas están en alto y el riesgo de que se reanuden los ataques es muy elevado. Está en juego la imagen de Trump, vapuleada por Irán.

El presidente estadounidense está harto del juego de los ayatolás, que es el mismo que ha desplegado él en esta crisis que reventó con la ofensiva del 28 de febrero: mentiras, doble juego, amenazas, ultimátums incumplidos y una carrera desbocada hacia el abismo de una catástrofe mundial, económica y de seguridad.

Trump está acorralado, dentro y fuera de EEUU, pero es la situación en su país la que le inquieta más y todo porque un grupo de clérigos y señores de la guerra iraníes no están dispuestos a obedecerle y claudicar ante el futuro de sometimiento y destrucción que les quiere deparar la Casa Blanca manejada desde Israel, el verdadero artífice de esta hecatombe.


La guerra que inició Estados Unidos junto a Israel.

Un oscuro horizonte para Trump

Los datos revelados este martes en Estados Unidos muestran negras perspectivas para Trump y el Partido Republicano de cara a las elecciones de medio término con las que los estadounidenses renovarán la Cámara de Representantes y parte del Senado en noviembre próximo.

Así, los precios al consumo en EEUU se dispararon de nuevo en abril por culpa de esta guerra que ya dura diez semanas y que ha propulsado el coste de los carburantes a pesar de que nunca como hasta ahora el país estadounidense había vendido tanto petróleo y gas al exterior. Así, ese IPC aumentó en abril un 3,8% respecto al mismo mes del año pasado. Los precios de la gasolina aumentaron un 5,4%, por ejemplo, y Trump sabe perfectamente que será este dato y no la victoria pírrica que quiere vender sobre Irán el elemento que impulsara el voto de los electores estadounidenses el 3 de noviembre.

Pero es que, además, la guerra de Irán ya le ha costado al erario público estadounidense más de 29.000 millones de dólares. Esta cifra, multiplicada, seguramente, también estará en la campaña electoral.

No es de extrañar que, tal y como publicó este martes Axios citando fuentes oficiales, que Trump en la reunión celebrada con su equipo de seguridad nacional la víspera tuviera sobre la mesa la reanudación de los ataques contra Irán, incluyendo esta vez la devastación de todas sus infraestructuras civiles.

Trump quiere un acuerdo a toda costa y ha de ser el acuerdo que él envió la semana pasada a Teherán. Pero esto no va a ser así. Los iraníes respondieron a su vez con nuevas demandas que al jefe de la Casa Blanca le parecieron una "locura" y auténtica "basura", llevándole a señalar que la actual tregua estaba en "cuidados paliativos".

En su respuesta (tras diez días tensa espera para Trump), los iraníes lanzaron un órdago. Demandaron el fin de los ataques, no dejaron claro si renunciarían a su programa nuclear (cuyo desmantelamiento clama Trump como un mantra), reclamaron el control del paso de Ormuz (taponado por los iraníes y por el bloqueo estadounidense a los puertos de Irán), la retirada de las sanciones internacionales, el pago de reparaciones de guerra, la liberación de sus activos financieros congelados y el fin de la ofensiva que lanzó Israel en el Líbano para acabar con Hizbulá (grupo chií aliado de Irán) y hacerse con una buena porción de ese país mediterráneo.

"Quieren negociar y nos presentan una propuesta estúpida, es una propuesta estúpida, y nadie la aceptaría. Solo (el expresidente Barack) Obama la habría aceptado", dijo Trump.

Las opciones bélicas de Trump

Según los funcionarios estadounidenses citados por Axios, Trump es favorable de acometer algún tipo de acción militar contra Irán "para aumentar la presión sobre el régimen y forzar concesiones en su programa nuclear". Entre esas acciones se contempla en primer lugar la recuperación de la operación "Proyecto Libertad" para proteger la navegación amiga a través del estrecho de Ormuz. Más arriesgada sería la reanudación de la campaña de bombardeos del cerca del 25% de objetivos militares que aún no han sido dañados. Una apreciación curiosa, pues Trump ha insistido repetidamente que la infraestructura militar iraní fue ya destruida.

Otra posibilidad es lanzar, presionado por Israel, una operación terrestre de las fuerzas especiales estadounidenses para apoderarse de la casi media tonelada de uranio enriquecido al 60% que tiene el régimen islámico y con el cual pretenden (según Washington y Tel Aviv) fabricar armas atómicas para bombardear medio mundo. Esta opción será de un altísimo riesgo.

Como lo sería también un desembarco de marines estadounidenses en alguna de las islas iraníes del estrecho de Ormuz o en la orilla meridional de Irán para crear una cabeza de puente desde la que obligar a los ayatolás a rendirse. También se podría contemplar, como ha dejado caer el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la asunción por Israel de los bombardeos y posibles operaciones terrestres. El riesgo sería enorme, en este caso para el Estado judío.

Todas estas opciones tienen un hándicap inevitable: el viaje de Trump a China. Otros dos asesores de la Casa Blanca indicaron a Axios que no parecía probable que Trump tomara esa decisión de retomar los ataques a Irán antes de volver de Pekín. El propio Trump dijo este martes, a modo de falsa disculpa, que no tenía prisa para tomar una decisión, pues EEUU mantiene el bloqueo sobre Irán y no le permite acceder a ninguna fuente de dinero. Los chinos podrían decir lo contrario.

Esa versión de un país exhausto contradice los informes de la CIA sobre la capacidad que tendría Irán para sostener su economía de guerra al menos cuatro meses más. Un plazo que podría ser muy peligroso para el resto del planeta, incluso para China, que ahora aguanta con sus reservas de crudo y con la diversificación de sus fuentes de energía, pero que ya está sufriendo los primeros embates de la crisis energética provocada por esta crisis del Golfo.

El plan de paz chino

La Administración china ha insistido en la necesidad de alcanzar un acuerdo que pare la guerra y así se lo expondrá Trump y su equipo. Incluso los chinos han puesto sobre el tapete un nebuloso plan de paz que los propios iraníes se apresuraron ya a aplaudir, aunque solo sea para fastidiar a los estadounidenses.

La propuesta china es muy retórica, pero abunda en su defensa del respeto a la coexistencia pacífica, al principio de soberanía nacional, al derecho internacional y a la coordinación entre desarrollo y seguridad para crear un entorno favorable para los países de la región, según citó la agencia EFE. Pekín no tiene problema a la hora de condenar los ataques estadounidenses e israelíes, pero tampoco justifica los bombardeos con misiles y drones iraníes de los países árabes del Golfo Pérsico.

Con lazos profundos con Irán, al tiempo que con excelentes relaciones con otros países productores de crudo y gas en la región ahora represaliados por Teherán, el papel de China podría ser clave para alcanzar un alto el fuego duradero. Si bien ha sido importante la mediación de Pakistán entre iraníes y estadounidenses, el Gobierno de Islamabad es uno de los principales aliados de EEUU en Asia y es visto con más recelos por otros estados del área, incluido el propio régimen iraní.

Pero sobre todo, es la dimensión económica la que podría animar a EEUU y China a adelantar las bases de un armisticio con Irán. Ninguno de las dos superpotencias quiere que se emponzoñe más la difícil relación desatada por la cruzada arancelaria lanzada por Trump el año pasado. En octubre finalmente los presidentes chino y estadounidense llegaron a un principio de acuerdo en el puerto surcoreano de Busan que redujo del 57% al 47% los aranceles a las importaciones chinas a EEUU. También se redujeron en parte las restricciones chinas al acceso estadounidense a sus tierras raras, claves para el desarrollo tecnológico, y se suspendieron las tasas portuarias entre los dos países.

Poco después, el Tribunal Supremo de EEUU invalidó esos aranceles de Trump. Incombustible, este impuso una enésima tasa global del 10% (también bloqueada hace unos días) y muchas negociaciones quedaron en el aire en los sectores agrícola, el transporte aéreo o la fabricación de semiconductores, entre otros.

También EEUU recela de la forma en que China evita las sanciones impuestas a Irán. Tiene en su mirilla a las llamadas refinerías "teapot", esas pequeñas firmas petroleras independientes que en Shandong, con permiso oficial chino, transforman el petróleo iraní sancionado en gasolina, diesel o productos petroquímicos claves para la economía china. Y por mucho que se indigne, Trump no tiene nada que hacer.

En todo caso, si se alcanza una tregua en la guerra económica entre Pekín y Washington, será en el ámbito de la IA y las relaciones entre gigantes tecnológicos donde Trump quiere negociar con China y sacar pingües beneficios. Y sabe perfectamente que no habrá acuerdo alguno si esta semana les dice a los chinos una cosa sobre el futuro de la guerra de Irán y la semana próxima hace otra.


Fuente: Público

miércoles, 29 de abril de 2026

Prepárense para el impacto

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.


Posición de seguridad-apoyo en asientos orientados hacia adelante.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión "catástrofe humanitaria" se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se "normalizase", habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento las 9 refinerías que había, 8 en la península y una en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como "precios del petróleo", a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este "petróleo de papel" no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.

Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como "precio del petróleo" es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos "precios del petróleo" se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.
 

  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.

  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita...

  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa...

 

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular. 

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto.



Fuente: The Oil Crahs

lunes, 20 de abril de 2026

El Estrecho de Ormuz, cuello de botella del Golfo Pérsico

 

 Por David Señorán López   

      Técnico de Fondos en Tragsatec. Analista Internacional, Politólogo e Internacionalista.


     El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico que separa Irán de la Península Arábiga y constituye la única salida del Golfo Pérsico hacia el Golfo de Omán y, posteriormente, el Océano Índico.


Basta con observar un mapa para comprender la importancia del Estrecho de Ormuz, que se erige como un cuello de botella en el golfo Pérsico, rodeado de países ricos en hidrocarburos y con Irán en posición de ejercer capacidad de bloqueo.

En su punto más angosto mide aproximadamente 55 kilómetros, lo que, sumado a su escasa profundidad y al intenso tráfico de buques, hace que solo existan dos canales navegables, convirtiéndolo en un claro cuello de botella.


Escasa profundidad del Estrecho de Ormuz.

El Estrecho de Ormuz ha sido históricamente un punto clave en la navegación y el comercio marítimos, una importancia que se ha visto acrecentada en la actualidad por su papel central en el transporte de hidrocarburos y otros recursos estratégicos.

Rodeado de los países con mayor producción de gas y petróleo del mundo, se estima que solo en 2025 alrededor del 25% del comercio de crudo por vía marítima se hizo a través de Ormuz, así como el 19% del gas licuado de petróleo (GLP). Si bien la inmensa mayoría de estos hidrocarburos se dirige a Asia, cualquier disrupción afecta gravemente al precio a nivel mundial, derivando en escasez y otros problemas asociados.


La importancia del Estrecho de Ormuz para las exportaciones a países del Lejano Oriente.

Esta importancia le otorga a países como Irán una oportunidad única para hacer valer sus intereses, al poder bloquear el paso mediante minas, ataques o distintas amenazas y alterar de forma drástica el flujo de hidrocarburos.

Al mismo tiempo, Teherán cuenta con varias islas estratégicas en las proximidades del estrecho, como Larak y Qeshm, lo que le permite proyectar con mayor intensidad sus capacidades militares y controlar los movimientos en la zona.


En el contexto de la guerra, Irán está construyendo una nueva arquitectura de seguridad y control marítimo sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán y el control del Estrecho de Ormuz

Estas capacidades no son meramente teóricas, sino que han quedado plenamente demostradas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país persa. En respuesta, Teherán está haciendo uso de todas sus opciones, entre ellas el control del estrecho, afectando gravemente al precio global de la energía y a su disponibilidad en distintos países.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Asimismo, al imponer elevados peajes, pasa a influir de forma decisiva en las exportaciones de Estados como Irak, Kuwait, Catar o Baréin, que dependen de esta vía para transportar sus hidrocarburos al resto del mundo.

Sin embargo, conocedores de este riesgo, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han creado rutas alternativas de exportación. La saudí, en dirección oeste a través del desierto hasta el mar Rojo, transporta petróleo y gas, mientras que la emiratí, en dirección este hacia el golfo de Omán, únicamente transporta petróleo.


Arabia Saudita restablece su oleoducto clave a 7 millones de barriles por día mientras se intensifica la construcción de un oleoducto de circunvalación en el Mar Rojo.

Si bien estas rutas alternativas les confieren mayor autonomía, no ofrecen una solución completa, ya que ya estaban siendo utilizadas parcialmente. Por ello, ante un bloqueo del Estrecho de Ormuz como el actual, el margen para incrementar su capacidad es limitado, especialmente en el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Además de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz también es una importante ruta para el trasporte marítimo de fertilizantes, diversos minerales, helio –del que Catar es uno de los mayores productores– y distintos recursos básicos tales como alimentos, manufacturas y productos de construcción.


El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en el Golfo Pérsico encarecen los fertilizantes clave para la agricultura en India y Bangladés.

En definitiva, esta vía marítima constituye un cuello de botella de enorme importancia estratégica para el golfo Pérsico, Oriente Medio y el conjunto de la economía global, pero su funcionamiento normal no está garantizado.

Mediante el bloqueo, Irán ha evidenciado una capacidad inmensa de influencia y disuasión, poniendo una vez más de relieve la relevancia y fragilidad de las cadenas de suministro globales frente a conflictos internacionales en un contexto de un mundo altamente interpendiente y conectado.


Fuente: Descifrando la Guerra