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martes, 28 de julio de 2026

2025, el año con más guerras de la última década

 

 Por Josep Maria Royo   
      Escola de Cultura de Pau de la UAB.


La Escola de Cultura de Pau de la UAB ha publicado en las últimas semanas su informe anual sobre conflictividad, derechos humanos y construcción de paz, en el que identifica 40 guerras activas en el mundo, la cifra más alta de la última década, y alerta de un aumento de los conflictos internacionales y de sus consecuencias humanitarias


La periferia sur de Beirut es bombardeada cada día por el ejército israelí.

      El mundo vive un nuevo repunte de la violencia armada global. En el año 2025 se registraron 40 conflictos armados activos (37 en 2024), la cifra más elevada desde 2011 y una de las más altas desde que la Escola de Cultura de Pau (ECP) de la Universitat Autònoma de Barcelona elabora sus informes anuales sobre conflictividad internacional. La dinámica de incremento en el número de conflictos armados en los últimos años ha ido en paralelo a un significativo aumento en la cifra de tensiones sociopolíticas a nivel mundial en los últimos años, un total de 113 en 2025.

Estas son algunas de las principales conclusiones del informe Alerta 2026! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, que analiza la evolución de los conflictos armados, las tensiones sociopolíticas y el impacto de las guerras sobre la población civil y los derechos humanos. Según el estudio, durante 2025 hubo 40 conflictos armados y 113 escenarios de tensión sociopolítica en todo el mundo. África continúa concentrando el mayor número de guerras (17), seguida de Asia y el Pacífico (12) y Oriente Medio (7), mientras que Europa y América registran dos conflictos armados cada una.


Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz.

Los conflictos armados de alta intensidad –caracterizados por elevados niveles de letalidad (más de mil víctimas mortales anuales) y severos impactos en términos de desplazamiento de población, destrucción de infraestructuras y consecuencias en el territorio– representaron un 50% de los casos en 2025. El continente afectado por mayor número de conflictos de alta intensidad fue África (11 guerras de alta intensidad y un 55% del total de casos más graves en el mundo), seguido de Oriente Medio (4 casos y un 20% del total de casos más graves en el mundo).


Mapa sobre los conflictos de 2025.

Sin embargo, entre esta veintena de casos de alta intensidad hay algunos que superan ampliamente la cifra de mil víctimas mortales. En la República Democrática del Congo (RDC), sobre todo en el este, se registraron más de 6.800 víctimas en 2025, en su mayoría civiles, según datos de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED). La situación en el este de la RDC durante el año estuvo marcada por el empeoramiento de la ofensiva del grupo armado M23 y de Ruanda en territorio congolés iniciada a finales de 2021, la creciente implicación de Burundi en apoyo de la RDC, y el fracaso de las iniciativas diplomáticas de EEUU y Qatar.

En Haití, según datos de Naciones Unidas, entre enero y noviembre de 2025 se registraron más de 8.100 asesinatos, una cifra que la propia ONU estima que podría ser sensiblemente mayor por las dificultades de acceso a las zonas controladas por las bandas.

El conjunto de la violencia en Somalia causó más de 9.900 víctimas mortales, rozando el umbral de las 10.000, según cifras de ACLED. En relación al conflicto Región Sahel Occidental, la violencia política provocó más de 10.000 muertes en Burkina Faso, Malí y Níger. Un año más, Burkina Faso se consolidó como el país más afectado por la violencia yihadista en la región, representando el 55% de todas las muertes vinculadas al conflicto en el Sahel. Por otra parte, la guerra civil en Sudán causó en 2025 la muerte de más de 17.800 personas, siendo el conflicto armado de mayor letalidad en el continente africano. El conflicto y violencia armada en Myanmar causaron más de 15.300 víctimas mortales en 2025.

La ofensiva israelí contra Gaza siguió en niveles muy elevados de mortalidad. Según el balance de OCHA basado en informaciones del Ministerio de Salud de Gaza, desde octubre de 2023 y hasta finales de 2025 más de 70.000 palestinos y palestinas habían muerto en Gaza, cifra conservadora, según diversos análisis.


Restos de una tienda de campaña en la costa de Gaza.

Finalmente, el conflicto armado más letal en 2025 fue el relativo a la invasión rusa y guerra entre Rusia y Ucrania, que causó más de 78.000 víctimas mortales en Ucrania, según ACLED.

Aumento de las guerras internacionales

El informe alerta especialmente del incremento de los conflictos internacionales. En 2025 se registraron nueve guerras entre diferentes Estados o claramente internacionalizadas, la cifra más alta desde que la ECP utiliza la metodología actual de clasificación. Entre los nuevos conflictos armados identificados están el enfrentamiento entre India y Pakistán, la grave escalada bélica entre Tailandia y Camboya y la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, conocida en 2025 como “la guerra de los 12 días” y que se reabrió en 2026. La ECP advierte que esta evolución refleja un deterioro de la seguridad global y es un espejo de un sistema internacional en el que muchos actores no priorizan la prevención, el abordaje de causas de fondo de las disputas y el apoyo al diálogo.

Finalmente, cabe destacar que este panorama de intensificación de la conflictividad armada y sus graves impactos en civiles se dio en un contexto de incremento de las tensiones geopolíticas a nivel mundial, en un escenario de cambio en el orden global y de creciente militarismo y militarización. En línea con las tendencias observadas en años precedentes, el diagnóstico anual del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) confirmó un incremento sin precedentes del gasto militar a nivel mundial. Según los datos publicados en 2025, este gasto alcanzó los 2.718 millones de dólares en 2024, un aumento del 9,4% en términos comparativos con 2023, el incremento anual más pronunciado desde, al menos, el fin de la Guerra Fría.


Aumento sin precedentes del gasto militar mundial a medida que se dispara el gasto en Europa y Oriente Medio.

Impactos de los conflictos armados en la población civil

En 2025 la población civil continuó padeciendo gravísimas consecuencias derivadas de los conflictos armados, cuyos efectos se interrelacionaron en muchos casos con otras crisis como la emergencia climática, las desigualdades y situaciones de inseguridad alimentaria que agravaron las vulneraciones de derechos en estos contextos. En su informe anual sobre la protección de civiles en conflictos armados, publicado en junio de 2025 y que hace referencia a los hechos acontecidos en 2024, el secretario general de la ONU alertaba de tendencias alarmantes.

Antònio Guterres advirtió sobre el elevado número de víctimas mortales y heridas civiles, incluyendo a causa del uso de bombas de mayor tamaño con explosivos de alta potencia en zonas densamente pobladas, dinámica que se incrementó. También alertó sobre las municiones sin detonar y artefactos explosivos improvisados. Según datos de ese informe, Naciones Unidas registró más de 36.000 víctimas mortales civiles en 14 conflictos armados. Casos como Afganistán, Colombia, Etiopía, Líbano, Myanmar, Siria, la RDC, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Ucrania y Palestina fueron escenarios de elevadas muertes y heridos civiles, señalados por Naciones Unidas.


El 1 de febrero de 2021 el Ejército birmano dio un golpe de Estado – Desde entonces, la población vive asediada por los militares.

El organismo internacional documentó también denuncias de torturas, ejecuciones extrajudiciales, arrestos, detenciones arbitrarias, tomas de rehenes, desapariciones forzadas, violencia sexual y desplazamiento forzado, incluyendo Afganistán, Colombia, Malí, Niger, RCA, la RDC y Palestina. Sobresalieron también daños a bienes civiles e infraestructura crítica en numerosos conflictos, incluyendo por su grave magnitud el caso de Gaza.

Otra tendencia preocupante señalada por Naciones Unidas fue la inseguridad alimentaria en contextos de conflicto. Más de 280 millones de personas afrontaron en 2024 situación de altos niveles de inseguridad alimentaria (fase 3) en 59 países y territorios, gran parte de ellos afectados por conflicto armado. Naciones Unidas también destacó la continuación de la violencia sexual relacionada con los conflictos, con 4.500 casos verificados en 2024. El 93% de las víctimas eran mujeres o niñas. El secretario general también denunció la erosión del respeto al derecho internacional humanitario.

El análisis de los conflictos armados en 2025 constata la continuidad de las preocupantes tendencias señaladas en el informe del secretario general de la ONU. En 2025 sobresalieron casos como Gaza, la RDC (este), Sudán, Sudán del Sur, Somalia, Haití, Rusia-Ucrania o Myanmar, entre otros, por la gravedad de los impactos en civiles. Los niveles de violencia de Israel contra la población palestina continuaron siendo exorbitados y motivaron crecientes denuncias de genocidio. En la RDC (este), el M23 y Rwanda llevaron a cabo una campaña sistemática de represión en las zonas ocupadas, incluidas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzosas y ataques nocturnos a hospitales. Además, el conflicto siguió generando graves problemas de protección de la población civil, como violencia de género, reclutamiento infantil, secuestros y desplazamientos generalizados. Alrededor de 27,7 millones de personas, más de una cuarta parte de la población, necesitaba asistencia humanitaria. 

En Sudán el impacto de la guerra sobre la población civil en 2025 fue devastador. Se estima que más de 21 millones de personas sufrían de inseguridad alimentaria aguda, existiendo focos de hambruna por todo el país, ya que ambos bandos en conflicto bloquean activamente la ayuda humanitaria. En Sudán del Sur, la guerra exacerbó la crisis humanitaria y casi la mitad de la población sufría hambre aguda. En Somalia, la ONU estimó que más de 4,4 millones de personas sufrirían inseguridad alimentaria aguda. En Haití, la crisis humanitaria y de seguridad se agudizó, con alrededor de 9.000 asesinatos y más de la mitad de la población en situación de inseguridad alimentaria. Además, UNICEF alertó de que aproximadamente la mitad de los miembros de las bandas armadas eran menores. Con relación a la guerra Rusia–Ucrania, se produjo durante el año un deterioro grave de las condiciones de vida en las regiones de los frentes de guerra, con daños extensos a viviendas y otras infraestructuras civiles y según OCHA 10,8 millones de personas en Ucrania requerirán asistencia humanitaria en 2026. En Siria fue especialmente grave durante el año la comisión de masacres, con datos de casi 2.700 víctimas mortales en 63 episodios de masacres, según el Syrian Observatory for Human Rights (SOHR).

En numerosos conflictos armados se constató el uso de violencia sexual en 2025, entre ellos Burundi, RCA, la RDC (este), Región Lago Chad (por parte de Boko Haram), Somalia, Sudán, Haití y Colombia. Entre otros casos, en Somalia, cabe destacar la persistencia de la violencia sexual en el conflicto, de carácter generalizado y principalmente cometida por al-Shabaab. Las autoridades recibieron casi 15.000 denuncias de violencia sexual y de género entre marzo y agosto de 2025. En Haití, Naciones Unidas advirtió sobre el aumento de las violaciones grupales y denunció que en 2025 se habían incrementado en un 40% los casos de violencia sexual, casi en su totalidad hacia mujeres y niñas, muy mayoritariamente por parte de las bandas armadas como estrategia de control, terror y venganza contra personas acusadas de colaborar con el Estado.

Afganistán, Siria, Sudán, Ucrania y Venezuela concentran el 65 % de la población refugiada mundial

Cabe destacar que los conflictos armados también continuaron teniendo entre sus impactos más notorios los desplazamientos forzados de población. Según el informe semestral de tendencias publicado por ACNUR en noviembre de 2025, y que contempla datos recopilados durante el primer semestre del año, la población global desplazada forzosamente –tanto refugiadas como desplazadas internas– era de 117,3 millones de personas. Supuso una disminución del 5% respecto a 2024, y en contraste con la tendencia de incremento incesante en los anteriores años. La reducción estuvo asociada, según ACNUR, al marcado aumento de retornos de personas refugiadas y desplazadas en algunas de las crisis más graves, como la RDC, Siria, Sudán y Afganistán.

A finales de año Sudán constituía la crisis de desplazamiento más grave del mundo, con 12,8 millones de personas desplazadas por la violencia, según datos de la ONU, incluyendo 4,3 millones que huyeron del país, principalmente a Egipto, Chad y Sudán del Sur.

Retrocesos en los derechos de las mujeres

Coincidiendo con el 25º aniversario de la resolución 1325 de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad, el informe alerta de un retroceso global de los derechos de las mujeres. Según el estudio, el 70% de los conflictos armados de máxima intensidad tienen lugar en países con niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género. 23 de los 40 conflictos armados que tuvieron lugar en 2025 transcurrieron en países donde había niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género, y 16 de los 20 conflictos armados de alta intensidad de 2025 (80 %) tuvieron lugar en países donde la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex había documentado legislación o políticas criminalizadoras contra la población LGTBIQ+.

Además, la participación de mujeres en procesos de paz impulsados por las Naciones Unidas continúa disminuyendo. La ONU verificó más de 4.600 casos de violencia sexual relacionada con conflictos durante 2024, un 25 % más que el año anterior. El 93 % de las víctimas fueron mujeres y niñas.


Fuente: El Salto

miércoles, 27 de mayo de 2026

El brote de ébola más rápido jamás registrado golpea un Congo devastado por la guerra

 

      Periodista freelance. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.


La nueva cepa Bundibugyo, para la que no existe vacuna, avanza en el este del país entre ataques armados, hospitales destruidos y graves recortes en ayuda humanitaria


El brote de ébola más rápido jamás registrado golpea un Congo devastado por la guerra.


     Hace apenas unos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba sobre una nueva cepa (Bundibugyo) de ébola para la que no hay vacuna y que ya se ha cobrado la vida de más de 220 personas en la República Democrática del Congo. También se han registrado casos en Uganda y en total se habla de casi un millar de personas que podrían estar contagiadas. Se trata del brote de ébola que ha avanzado más rápido desde que hay registros. Este martes, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aseguraba que la situación “empeorará antes de mejorar”. El contagio ya ha sido declarado emergencia de salud pública de importancia internacional (Pheic, por sus siglas en inglés).

La situación, hoy por hoy, es de descontrol, ya que se trata de un brote “extremadamente grave y difícil”, en palabras del director de la OMS. A pesar de los esfuerzos para llevar equipos sanitarios a la región afectada y el refuerzo de las medidas de contención para que la enfermedad no se continúe propagando, lo cierto es que aún no se puede hablar de un control efectivo del brote.

La Unión Africana (UA) ha prometido destinar casi 429 millones de euros para reforzar las medidas de respuesta en la región afectada por este nuevo brote, especialmente al este del país.

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras (RSF) aseguran trabajar “a contrarreloj” para contener la epidemia y han desplegado nuevos efectivos tanto médicos como logísticos. “Solo en la provincia de Ituri, epicentro del actual brote, unos 50 trabajadores internacionales llegarán próximamente a las zonas afectadas para trabajar con unos 480 profesionales contratados localmente”, se puede leer en el último comunicado emitido por la ONG.


Brote de ébola en la República Democrática del Congo.

También se están enviado suministros y equipos médicos fundamentales procedentes de Europa y se está trabajando en las medidas de aislamiento, esenciales para la contención de la enfermedad.

Si bien es demasiado pronto para saber el alcance de la epidemia, la prioridad ahora es aislar a los casos confirmados y así proteger a la población y al personal sanitario. “Hay que reforzar las medidas de higiene, establecer sistemas de triaje y aumentar considerablemente el número de aislamientos”, insisten desde Oxfam. Desde World Vision, David Munkle, director de zona del programa de la Región Este de World Vision en la RDC, asegura que “hay cierta ansiedad e incertidumbre porque no sabemos realmente hasta dónde se ha extendido”. “El hecho de que haya llegado tan lejos [la cepa ha llegado hasta Kampala, en Uganda, y también a Goma y Bukavu, zonas que están a un par de días en coche desde el epicentro] es en sí mismo sorprendente. Se ha propagado, lo que significa que no sabemos cuántas personas más podrían enfermar en los próximos días”, recalca.


Richard Mbagaro, supervisor del campamento de Kigonze para desplazados internos, se dirige por megáfono a los residentes, instándolos a lavarse las manos con jabón o ceniza ante el creciente temor a la propagación del ébola, en Bunia (RDC).



Trabajadores de la Cruz Roja, con equipo de protección personal (EPP), caminan en formación mientras uno de ellos desinfecta el camino en el hospital general de referencia de Mongbwalu (República Democrática del Congo), antes de manipular el cuerpo de un niño fallecido por ébola.

En una zona fuertemente golpeada por el conflicto armado y unos servicios de salud mermados por la falta de inversión tanto local como internacional, este nuevo brote convive con enfermedades endémicas como la malaria, el cólera o el sarampión, entre otras.

Los recortes en ayuda humanitaria han pauperizado los sistemas de salud

La aparición y rápida propagación de este nuevo brote, sin embargo, no es algo casual, sino que se han dado una serie de circunstancias que han contribuido a la situación actual. Uno de los factores que ha propiciado la rápida expansión del virus tiene que ver con los recortes de fondos destinados a ayuda humanitaria, que ha provocado el deterioro de unos sistemas de salud ya de por sí muy vulnerables.

El empobrecimiento de la región, con miles de personas desplazadas y zonas de difícil acceso a causa de la violencia armada, sumado a la ausencia de una vacuna efectiva hacen que la situación sea crítica. En ese sentido, los recortes en ayuda humanitaria de los últimos meses han tenido un papel clave en la proliferación de este último brote. “Una de las diferencias entre este brote y el que hubo entre 2014 y 2016, o el de 2020, es la ausencia de recursos. Antes teníamos una buena financiación y donantes importantes como los británicos o los norteamericanos. La respuesta fue rápida y las cadenas de suministro estaban bien organizadas. Actualmente esto no es así. El material necesario para construir lugares de aislamiento temporales, para montar triajes, para suministrar agua limpia para la desinfección… Todo va muy lento, y los recursos son muy limitados”, explica para El Salto Manenji Mangudu, director de Oxfam en la República Democrática de Congo. Mandugu, originario de Zimbabue, estuvo en el último brote de ébola en la RDC y está actualmente trabajando en este nuevo episodio.

Munkle, sin embargo, considera que no hay que ligar necesariamente la aparición de esta cepa del ébola con los recortes en ayuda humanitaria, pero que sí hay que poner el foco en la respuesta de la comunidad internacional durante los próximos días. Insiste en que la OMS, de momento, no ha calificado el brote de “pandemia” y ve cierta esperanza en que esta situación ayude a poner el foco en la región y aumenten los fondos de ayuda para la población.

Tercera vez en la historia que aparece esta cepa

La cepa Bundibugyo es la tercera vez que aparece desde que hay registros; con lo cual, las autoridades sanitarias tanto locales como internacionales no cuentan con ningún tratamiento aprobado ni vacunas. El hecho de que se trate de una cepa prácticamente desconocida ha influido directamente en la rápida propagación. “Fue a finales de abril cuando tuvimos noticia de un paciente potencial, pero debido a que se trata de una cepa no reconocida, se hizo un mal diagnóstico. Esto ha provocado el aumento de las personas infectadas; porque no se consideró como ébola, en un principio”, explica David Munkle.

Una región remota azotada por el conflicto armado

La provincia de Ituri, al este del país y epicentro del brote, es una región remota severamente afectada por el conflicto armado. Allí, hay varios campos de personas desplazadas, algunos de gran tamaño, con importantes problemas de abastecimiento e infraestructuras. 

La violencia en la región hace que resulte muy complicado hacer llegar la ayuda necesaria para los y las afectadas y compromete la seguridad de los y las trabajadoras humanitarias en terreno.


Las FARDC recibiendo entrenamiento de combate, impartido por la MONUSCO, parte del programa de desarrollo de la capacidad operativa de las fuerzas armadas congoleñas, Kivu del Norte.

En las últimas semanas, la situación en Ituri se ha deteriorado aún más por los enfrentamientos entre grupos armados y el aumento de ataques contra población civil y núcleos desplazados.

Organizaciones humanitarias y agencias de Naciones Unidas llevan meses alertando de asesinatos, saqueos y bloqueos de carreteras que dificultan el acceso a amplias zonas de la provincia y comprometen tanto el suministro de ayuda como la seguridad del personal sobre el terreno. “Pedimos que se garantice el acceso a la ayuda humanitaria, que se respete y que se permita, porque es lo que está establecido en el derecho internacional humanitario”, exige Ricardo Pires, portavoz global de UNICEF. “Si hay un conflicto, los trabajadores humanitarios y los suministros vitales que necesitamos llevar a las comunidades deben llegar a ellas de manera segura, sin impedimentos y de forma continua. Eso es fundamental. Y ahora mismo estamos lejos de un escenario ideal en el que podamos trabajar sin problemas”.

El este de la RDC es una de las regiones más frágiles del mundo, ya al límite, devastado por el conflicto armado, el desplazamiento masivo de personas y los contínuos ataques de las milicias armadas a infraestructuras clave como hospitales o escuelas. Esto complica la gestión de la crisis. “El sistema de vigilancia [epidemiológico] no funcionaba [antes de la irrupción del brote]: la mayoría de los centros de salud de las aldeas han sido quemados. El personal ha huido por el conflicto, porque esta zona es frecuentada por grupos armados”, recuerda Manenji Mangudu, de Oxfam. Otra de las consecuencias de la violencia en la zona tiene que ver con el desplazamiento de sus habitantes: “si la población afectada tiene que irse por la violencia, esto supondrá el aumento de la propagación de la enfermedad. Podría ser devastador y se trata de un escenario muy negativo”, puntualiza Munkley.

Por su parte, Ricardo Pires insiste en la situación que atraviesa ya no solo la región —donde una de cada cuatro personas padece hambre—, sino el resto del mundo actualmente. “El mundo es un lugar mucho más complejo ahora mismo, con todas las crisis abiertas que tenemos, especialmente la de Oriente Medio, que afecta a las cadenas de suministro, la logística y la capacidad de las agencias para llegar rápidamente. La situación es mucho más complicada que en 2014, simplemente por el estado del mundo. Los sistemas de salud se han ido debilitando en las últimas décadas, hay más gente desplazada, más ataques a infraestructuras civiles como hospitales y escuelas, y una inversión crónica insuficiente en los servicios básicos. La RDC necesita mucho más apoyo de la comunidad internacional y de las Naciones Unidas para poder manejar esta crisis”, sentencia.

Munkley va más allá y habla del impacto que este brote puede tener en la economía de la región: “Si hay que confinar, esto tendrá un gran impacto en la población. La gente no puede permitirse quedarse en casa: tiene que salir y ganarse la vida. Esto puede impactar negativamente en miles de niños y familias. Por otro lado, si la gente hace vida normal, el riesgo de propagación aumenta”. Ante lo descrito, el director de zona de World Vision anticipa “más malnutrición” y la consecuente aparición y propagación de enfermedades como “el cólera, el tifus o la malaria”.

Fuente: El Salto

viernes, 20 de febrero de 2026

El gran mito de la desigualdad - No existe correlación entre desigualdad y progreso económico

 

 Por Jorge Majfud   
     Escritor uruguayo. Traductor y autor de estudios académicos, ensayos y ficción.


Sólo por limitarnos a América, desde el polo Norte al polo Sur, la colonización española, portuguesa y anglosajona radicalizaron las diferencias sociales al mismo tiempo que radicalizaban la pobreza


Mural de Diego Rivera (fragmento).

     Como lo analizamos en Moscas en la telaraña (2022), no por casualidad los liberales modernos fueron una continuación-herencia de los nobles medievales que se oponían al poder centralizado de los reyes. Aunque la idea de igualdad indígena era radical e incluía como derecho a todos los grupos sociales de una nación, a todos los géneros (hombres, mujeres, lesbianas y homosexuales) y a todos los grupos étnicos y lingüísticos adoptados, en las democracias liberales se impuso la antigua idea de igualdad: una igualdad y una justicia social entre iguales; es decir, dentro de cada una de las diferentes clases sociales, cuyos miembros eran valorados y juzgados según las leyes estamentales de su clase social.

Luego de la revolución de la Ilustración, esta última tradición de las igualdades estamentales fue abolida, y se creó el sentido común de que las leyes debían ser universales (solo dentro de un mismo país) sin importar raza, religión y clase social. Sin embargo, de la misma forma en que la Declaratoria de la Independencia de Estados Unidos de 1776 afirma que “todos los hombres son creados iguales” y la Constitución de 1789 habla en nombre de “We the people”, en ningún caso esa igualdad incluía a la mayoría de la población: mujeres, indígenas, mestizos, mulatos, blancos pobres, negros y esclavos de todo tipo.

Es decir, no sólo la democracia liberal de Occidente coincidía con los ejemplos restrictivos de democracias de la antigüedad europea, sino que también el mismo concepto de igualdad. Incluso hoy, las democracias liberales son plutocracias (considerar el origen del liberalismo como continuación de la nobleza feudal extendida por el capitalismo), aún más restrictivas y concentradoras del poder que en la antigua Grecia, donde existían límites a la acumulación a través de los impuestos.

Hoy, el mismo concepto de igualdad es brutalmente restringido: todos somos iguales ante la ley, pero no ante la justicia. Un ladrón de bicicletas tiene mil veces más posibilidades de ir a la cárcel en cuestión de días que un millonario que estafó millones manipulando las leyes de un país, las inversiones del club selectivo de hedge funds, o endeudó a todo un país en beneficio propio y de sus amigos. Un ladrón de teléfonos tiene más posibilidades de terminar linchado o en prisión que un pederasta de la clase dominante―para prueba están los archivos Epstein. La justicia no es ciega. La justicia tiene los ojos vendados porque ha sido secuestrada.

Por estas razones, no es una ironía ni una contradicción el hecho histórico de que, mientras los filósofos y los revolucionarios europeos admiraban las sociedades indígenas por los ideales sociales y existenciales que envidiaban y promovían, las ponían como ejemplo de lo que no querían o no era posible. No querían ser salvajes como los pueblos pertenecientes a razas inferiores. No querían perder sus privilegios de clase ni sus antiguos sueños de naciones imperiales, modeladas a imagen y semejanza de la admirable Roma.

Para esto, racionalizaron (incluso el mismo Rousseau) que las reglas de la democracia y la igualdad sólo eran posibles en “sociedades primitivas”, en sociedades pequeñas, en el “paraíso perdido” que ya no podía volver. Su contemporáneo e ícono del liberalismo―hoy sería acusado de socialdemócrata―Adam Smith, continuó esta línea de pensamiento procedente de una Europa plagada de crimen y miseria, pero orgullosa de su arquitectura y de su poderío militar: “La pobreza universal establece su igualdad universal”, escribió. En el medio, con sus mujeres no tan vestidas como en Medio Oriente ni tan desnudas como en Africa, están los sabios y superiores europeos.

Para los pueblos nativos como los iroqueses―incluso para quienes visitaron Europa―, estas mieles del progreso eran ilusorias. No es que los indígenas carecieran de autoridad, sino que ésta estaba legitimada no por el poder económico ni por alguna psicopatología de acumulación y poder, sino por lo contrario: por la habilidad del líder de convencer a los demás a través de argumentos, de las bondades de sus propuestas. No es que los nativos desearan algo que no tenían, sino que, como ellos mismos lo expresaron, no deseaban algo que les quitaría su libertad.

Sin embargo, ni las sociedades con democracia igualitaria (comunista) de los indígenas norteamericanos era pequeña (sólo la población iroquesa sumaba tanto como la de Londres antes de las pandemias europeas) sino que la idea de que existe una correlación entre desigualdad y progreso económico se contradice con lo que podemos observar en varios continentes.

Sólo por limitarnos a América, desde el polo Norte al polo Sur, la colonización española, portuguesa y anglosajona radicalizaron las diferencias sociales al mismo tiempo que radicalizaban la pobreza. Los palacios y mansiones con escaleras de mármol no eran para los obreros y mucho menos para los indígenas. Para ellos era el dolor físico y moral.

Por siglos, la colonización territorial y socioeconómica del Sur Global redujo la expectativa de vida de sus habitantes de 45 años (superior a la europea por siglos) hasta 29 años en pleno siglo XX, como fueron los casos de países ricos, como el Congo o Bolivia. El imperialismo y la brutalidad colonial también redujeron la estatura promedio de su población, al tiempo que aumentaron la adicción al alcohol y a drogas como el tabaco (el tabaco es de origen americano, pero el tabaquismo es europeo, como la mayoría de las adicciones promovidas por el consumismo y la mercantilización de la existencia). Por no mencionar los altos índices de depresión y suicidio exportados por los colonos.

Es decir, por siglos de colonización, la desigualdad no significó progreso material, sino todo lo contrario. Cuando significó un progreso lo fue para una minoría. Al mismo tiempo que John Locke a finales del siglo XVII y Adam Smith un siglo más tarde (y los neoliberales más de tres siglos después) razonaban que la desigualdad era causa y consecuencia del progreso social, Inglaterra se beneficiaba de la expansión de la esclavitud en India, Estados Unidos y Brasil, proveedores del oro blanco y de otros recursos vitales para sus industrias. Al mismo tiempo que se consolidaban las mega fortunas concentradas en el Sur estadounidense y se fundaban las corporaciones que hoy dominan la economía del mundo, los negros vivían en esclavitud y los blancos pobres en servidumbre (cuando no en esclavitud indenture) por apenas unos siglos. De forma simultánea, en los centros del imperialismo europeo, al mismo tiempo que aumentaba la prosperidad material, el desarrollo social y mejoraban las expectativas de vida y la altura de su población tres siglos después del nacimiento del capitalismo, se reducía la desigualdad.

Las explicaciones sobre este nuevo bienestar y desarrollo en Europa (con frecuencia explicaciones políticas, cuando no racistas) con recurrencia atribuyen todas las bondades al capitalismo. Ignoran, sin embargo, realidades básicas: la expectativa de vida en Europa mejoró siglos después por la introducción de la higiene―conocida y practicada por los indígenas por siglos―, como el uso del jabón y las medicinas químicas, conocidas en las abominables civilizaciones musulmanas en Oriente y por los salvajes indígenas en Extremo Occidente.

Sobre todo, ignoran que toda esa prosperidad, con su ápice en la Belle Époque (desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial) estaba sustentada por la vampirización de Asia, Africa y América Latina―continentes que, a su vez, eran usados como ejemplos de retraso económico, cultural, mental y hasta racial.


Fuente: Rebelión