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jueves, 19 de marzo de 2026

Lecciones del Mar Menor

 

      Economistas sin Fronteras.


El Mar Menor simboliza el choque entre desarrollo y sostenibilidad. De su colapso ambiental a su reconocimiento como sujeto de derechos, su historia combina crisis, innovación y esperanza para repensar nuestra relación con la naturaleza


     El Mar Menor es una laguna de 135 km² ubicada en Murcia, equivalente aproximadamente a un tercio de Andorra o a la mitad de Malta. Ha sido ocupado por los humanos desde el Paleolítico y en él se han encontrado restos arqueológicos de civilizaciones íberas. Los romanos lo llamaron Belich Mare Palus, “laguna”; y los árabes, Buhayrat al-Qasr, “la Albufera del Alcázar”. Tras la Reconquista se le denominó simplemente Albufera, hasta que se impuso su nombre actual: Mar Menor. Esta denominación lo diferencia de su hermano mayor, el Mediterráneo, unas 18.500 veces más extenso y del que le separa una manga de 21 kilómetros. Desde el siglo XX fue uno de los paisajes más reconocibles del sureste: un ecosistema singular, con un fuerte vínculo cultural local y un motor económico.

Sin embargo, el modelo de desarrollo nunca tuvo en cuenta el equilibrio con el ecosistema. La agricultura y la ganadería se intensificaron; el sector turístico apostó por el volumen más que por el valor añadido, con una presión creciente sobre el territorio; y los impactos de otras actividades, como la minería en las sierras cercanas, fueron acumulándose.

El resultado fue un colapso multicausal. A partir de la década de 1960, el Mar Menor pasó a verse —en palabras de Teresa Vicente— “como un vertedero y como una fuente de beneficios”.


Colapso multicausal del Mar Menor.

Teresa Vicente, catedrática de Filosofía del Derecho, es precisamente una de las figuras clave en esta historia. Lideró una iniciativa popular sin precedentes, respaldada por 640.000 firmas, para dotar al Mar Menor de personalidad jurídica. La iniciativa dio lugar a una ley pionera en Europa: por primera vez, un ecosistema obtenía derechos propios reconocidos en el ordenamiento jurídico. El cambio era conceptual. El Mar Menor dejaba de ser únicamente un objeto de protección ambiental para convertirse en un sujeto de derechos: derecho a existir, a evolucionar de forma natural, a ser protegido, conservado y restaurado.


El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.

Este hecho histórico es un referente por múltiples razones. Fue el primer proceso de este tipo en Europa y, además, nació directamente desde la ciudadanía y no de partidos políticos. La iniciativa ha tenido un fuerte reconocimiento internacional: la ONU lo ha reconocido como uno de los World Restoration Flagships, Teresa Vicente recibió el Premio Goldman, considerado el Nobel ambiental, y el caso ha servido de inspiración para otras iniciativas, como la del río Tins en Galicia o el creciente interés en ecosistemas como el Manzanares, la Albufera de Valencia, el Delta del Ebro o Doñana.

Situación actual: la personalidad jurídica en práctica

Lejos de ser el final del camino, la personalidad jurídica del Mar Menor es el inicio de un intento de curar un ecosistema en estado crítico. La ley fue ratificada por el Tribunal Constitucional frente a la oposición de algunos partidos, y hoy el Mar Menor tiene NIF, cuenta bancaria y una estructura de gobernanza compuesta por tres órganos: un Comité de Representantes, una Comisión de Seguimiento —los “guardianes”— y un Comité Científico. La ley establece que cualquier vulneración de sus derechos puede generar responsabilidad penal, civil, ambiental y administrativa.

Esto ya no es teórico. El Mar Menor, a través de sus representantes, ha comenzado a personarse en procedimientos judiciales, por ejemplo frente a daños derivados de vertidos.

El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.


En paralelo, se ha puesto en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor, con un presupuesto de 675 millones de euros. Entre sus medidas destacan la creación de un cinturón verde alrededor de la laguna, el cierre de miles de hectáreas de regadío ilegal, la restauración de ecosistemas en la cuenca vertiente o el replanteamiento de ciertas infraestructuras, como puertos.

Sin embargo, las tensiones persistenTeresa Vicente ha dimitido como Tutora del Mar Menor, denunciando obstáculos y fricciones con las administraciones estatal y autonómica, a las que acusa de priorizar sus propios intereses frente a la defensa del ecosistema.

Y, mientras tanto, ¿cómo está la laguna en 2026? El Mar Menor sigue enfermo. No se han repetido episodios como el de 2019, pero, por ejemplo, en octubre de 2025 se produjo un nuevo episodio de anoxia, breve pero intenso, tras la dana Alice. La propia Teresa Vicente lamenta que “en una zona semidesértica donde la lluvia debería ser motivo de celebración, la dana nos hace temblar, porque arrastra (los fertilizantes de) la agricultura intensiva y los purines de la ganadería hacia la laguna, lo que unido a otros factores como el calor provoca de nuevo la anoxia”.


Abrazo al Mar Menor.

El Mar Menor: entre esperanzas y tensiones

El caso del Mar Menor es muchas cosas a la vez. Es, en primer lugar, un precedente ambiental y económico. Durante años, los impactos sobre el ecosistema fueron tratados como externalidades o problemas del futuro. Hasta que dejaron de serlo. Cuando el desequilibrio del ecosistema se materializó, el propio modelo económico que lo causó quedó gravemente afectado: el valor de los activos turísticos ha disminuido significativamente, la actividad pesquera se ha visto mermada y la agricultura intensiva junto a la laguna se ha prohibido. Esto muestra que la necesidad de un equilibrio entre economía y naturaleza ha dejado de ser una cuestión teórica, y puede prepararnos para afrontar otras crisis ambientales.

Es también un precedente de ciudadanía. En un contexto de polarización política, más de 640.000 personas se pusieron de acuerdo para defender un bien común, algo que parece inverosímil hoy en día. Esto muestra que los ciudadanos, más allá de los colores políticos con los que se identifican, pueden encontrar espacios de entendimiento y cooperar.

Es, además, un precedente jurídico y de gobernanza. El Mar Menor ya tiene derechos. Pero esto abre una tensión inevitable: sigue sin tener una voz propia y está representado por un grupo de humanos. Y esos humanos tienen intereses e incentivos distintos. Algunos priorizan la protección del capital natural a toda costa; otros, objetivos económicos o políticos. La gobernanza del medioambiente será un espacio de tensión constante, como refleja la dimisión de la líder de este movimiento por la percepción de intereses en las administraciones que van más allá de la protección de la laguna. Sin embargo, esas mismas administraciones, criticadas por defender “lo suyo”, son también las estructuras democráticas que representan la voz de la ciudadanía en ese proceso.

Para mí, el Mar Menor refleja que nada es simple y me enfrenta a varios sentimientos a la vez. El colapso ambiental fue devastador. La reacción ciudadana fue extraordinaria. La innovación jurídica es histórica. Su implementación es compleja. Y el futuro sigue abierto. Este caso puede extrapolarse a otros de los grandes problemas de nuestro tiempo donde conviven el bien y el mal, y la esperanza y las tensiones.

Cierro este artículo con una reflexión del Tribunal Supremo de 1990 citada en la propia ley de personalidad jurídica del Mar Menor: “La diferenciación entre males que afectan a la salud de las personas y riesgos que dañan otras especies animales o vegetales y el medio ambiente se debe, en gran medida, a que el hombre no se siente parte de la naturaleza sino como una fuerza externa destinada a dominarla o conquistarla para ponerla a su servicio. Conviene recordar que la naturaleza no admite un uso ilimitado y que constituye un capital natural que debe ser protegido”.


Fuente: El Salto

viernes, 16 de enero de 2026

La Policía libera a 65 personas que trabajaban en condiciones de semiesclavitud en una finca agrícola de Ulea (Región de Murcia)

 


 Por Virginia Vadillo   
      Corresponsal de EL PAÍS en la Región de Murcia, donde escribe sobre la actualidad política, social y medioambiental.


El principal investigado está actualmente en prisión por delitos similares cometidos en Albacete


     Trabajaban en el campo en turnos las 24 horas del día, descansaban hacinados en pequeñas habitaciones con colchones en el suelo y cocinaban y comían en unas instalaciones completamente insalubres y llenas de suciedad. Es el infierno del que la Policía Nacional ha rescatado a 65 personas, en su mayoría procedentes de India y Nepal, que trabajaban en condiciones de semiesclavitud para una empresa agrícola del municipio murciano de Ulea.


Una de las habitaciones donde dormían quienes trabajaban en condiciones de semiesclavitud.


El propietario de la empresa y supuesto cabecilla de esta trama de explotación laboral está actualmente cumpliendo prisión por otros delitos similares cometidos con otra empresa en la provincia de Albacete. La Policía ha detenido además a otras cinco personas, tres de las cuales han sido enviadas a prisión provisional por estos hechos.

Los ciudadanos liberados se encontraban en situación irregular en España, y los detenidos aprovechaban esa situación de extrema vulnerabilidad para explotarlos y obligarlos a trabajar en condiciones absolutamente infrahumanas, según destacadas fuentes de la investigación, que se inició el pasado mes de septiembre de 2025 en colaboración con la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Murcia y del Operativo EMPACT de Europol.

Según ha desvelado la investigación policial, estos inmigrantes irregulares eran explotados “bajo unas condiciones totalmente precarias y abusivas”, obligados a trabajar las 24 horas del día en diferentes turnos, y “algunos a unas condiciones indignas e inhumanas”.

Estas personas pasaban todo el tiempo en la finca agrícola en el término municipal de Ulea, una localidad de apenas 1.000 habitantes en el Valle de Ricote, en el interior de la Región de Murcia. En las instalaciones agrícolas se habían habilitado unas estancias que la Policía calificaba de “insalubres” en las que los ahora liberados descansaban hacinados, se aseaban o comían.

Las imágenes facilitadas por la Policía muestran colchones ocupando todo el suelo de las estancias, sobre los cuales se apilan mantas y efectos personales de las personas explotadas, así como pequeños electrodomésticos de cocina con mucha suciedad.

Los cinco detenidos en esta operación están acusados ​​de delitos de contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, favorecimiento de la inmigración ilegal y pertenencia a organización criminal.

En cuanto a las personas liberadas, según han explicado a EL PAÍS fuentes de la investigación, buena parte de ellos han sido derivados a diferentes ONG y asociaciones que trabajan con migrantes en situación irregular con el objetivo de darles apoyo, facilitar su integración en el país y ayudarles a llevar a cabo los trámites para regularizar su situación. No existe un protocolo único para este tipo de casos con víctimas de explotación laboral , sino que cuando se lleva a cabo una operación de este tipo, la Brigada de Extranjería estudia la situación de cada uno de los afectados, su posible arraigo familiar o las posibilidades de ofrecerles una salida legal en el país.

Para Gerardo Medina, secretario general del área de Industria y Agricultura de Comisiones Obreras en la Región de Murcia, los casos de explotación laboral a personas en situación irregular en el campo murciano que son detectados y que salen a la luz son solo “la punta del iceberg” de un problema mucho más amplio. Los datos oficiales sobre economía sumergida apuntan a que esta ronda entre el 20% y el 22% en el sector del campo en la Región de Murcia, por encima del 17% que de media tiene la economía en esa comunidad autónoma, debido en parte a la enorme vulnerabilidad de los trabajadores. “Son personas que quieren trabajar a toda costa y se ven engañados en un país que desconocen y en el que, por pésimas que sean las condiciones, pueden considerarlas mejores que en sus países de origen”, ha lamentado.

En estos casos extremos, el representante sindical ha advertido de que se suman otros en los que las empresas sí tienen datos de alta legalmente a trabajadores de origen extranjero, pero “aunque las contrataciones son legales, luego pagan por debajo del salario mínimo interprofesional, imponen jornadas de más de 12 horas, no respetan los descansos o no facilitan el transporte hasta las fincas”, entre otras irregularidades, por lo que ha subrayado la necesidad de aportar más recursos para inspeccionar este tipo de empresas.


Fuente: EL PAÍS

lunes, 5 de enero de 2026

Alguien robó 56 millones de litros de agua durante los últimos 18 meses en la Región de Murcia. Solo es la punta del iceberg

 

 Por Alejandro Alcolea   
      Responsable de fin de semana en Xataka.

   - Se estima que la actividad se habría dado durante décadas, con daños incalculables al medio ambiente

  • La cantidad de pozos saqueados para la agricultura industrial están teniendo un defecto devastador en las zonas naturales



     Un péndulo y un par de varas de madera son las únicas herramientas que los zahoríes necesitan para, supuestamente, detectar los flujos magnéticos de las corrientes de agua para encontrar aguas subterráneas. Realmente, un zahorí no sirve de mucho, pero es el nombre con el que el SEPRONA bautizó un ciclo de vigilancia para atrapar a los ladrones de aguaUno de los últimos casos es el de los 50 millones de litros saqueados por dos empresarios en un periodo de 18 meses.

Pero ni es un caso aislado ni algo que tenga visos de parar.

Puerto Lumbreras. Una de las últimas operaciones del SEPRONA se ha dado en Puerto Lumbreras, en la Región de Murcia, donde los agentes han abierto diligencias a dos empresarios como presuntos autores de un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente. Se estima que realizaron la actividad de explotación de pozos durante décadas, pero por concretar, sólo en los últimos 18 meses, se habrían sustraído 56 millones de litros de aguas subterráneas.


Intervención del Seprona en Puerto Lumbreras.


Los investigados utilizaban un pozo clandestino sin contador volumétrico que estaba oculto en una de las empresas y no era agua que utilizaran para regar cultivos propios (algo que suele ser común en este tipo de actividades), sino para vender.

Hidrológica pirata. Eran capaces de extraer más de 100.000 litros diarios que vendían y distribuían a través de sus propios camiones cisterna. ¿Su uso?

  • Explotaciones porcinas de ganadería intensiva.

  • Venta a otras empresas.

  • Venta a particulares para el llenado de piscinas.

    ¿Multa o “coste operativo”? El SEPRONA comenzó la investigación tras una denuncia firmada por 128 vecinos de Zarzalico que detectaron una tubería ilegal de varios kilómetros construida para abastecer cebaderos, y se estima que los dos empresarios facturaron unos 275.000 euros durante los 18 meses ya mencionados.

Lo curioso del asunto es que, como decimos, sólo se ha investigado año y medio, por lo que la cifra puede ser astronómica si se cumple esa estimación de que la actividad se realizó durante décadas. 

El robo de agua no es algo nuevo, ni mucho menos, y de hecho hay estudios que apuntan a que, durante más de un siglo, fue una práctica que se dio en el sureste español.




Tiene todo el sentido si tenemos en cuenta que la zona, con Almería o Murcia, siendo la “huerta de Europa”, no es precisamente en la que más precipitaciones se registran, pero sí donde más se necesita para ese cultivo de frutas y verduras.



De hecho, a esto se le llama “agua virtual” que estas zonas exportan en los tomates, lechugas o aguacates.




Ese robo de agua se ha tomado como un “mecanismo de supervivencia”, algo necesario para mantener la actividad durante sequías, y también hay estudios que apuntan que las multas administraciones que reciben los que cometen la infracción son más bajas que el beneficio económico obtenido por el agua robada.


España es el país con mayor sobreexplotación de agua de Europa.


Devastador. El problema es que las cuentas no salen donde más importa: en la naturaleza. El agotamiento sistemático de los acuíferos debido a las actividades de los pozos ilegales han llevado al agotamiento de algunos de los humedales más importantes de nuestra geografía.


Pozos ilegales al sur de España, en Andalucía.


Doñana es el ejemplo claro, ya que el parque nacional ha sido, y está siendo, drenado por cientos de pozos ilegales para el cultivo.


Doñana

Drenado en Doñana.



Pero no hay que irse lejos de Puerto Lumbreras para ver los efectos, y el Mar Menor es otro ejemplo. El agua dulce subterránea es saqueada y, a veces, usada para regar campos agrícolas en los que se usan fertilizantes con nitratos que, debido a la escorrentía, se filtran en la tierra o van a parar directamente al mar. Esto ocasiona que el agua tenga menos oxígeno del que debería, y al ir a parar a la laguna, los peces mueren por anoxia.

Suma y sigue. Lamentablemente, como decimos, ni es un problema nuevo… ni aislado. Estos últimos años hemos ido hablando de decenas de investigados, detenidos y condenados. La empresa de aguas de Málaga, de hecho, ha llegado a contratar a detectives privados para vigilar empleados, proveedores y clientes.




Según WWF, hay más de 500.000 pozos ilegales en España, los beneficios compensan las multas administrativas y fiebres como la del aguacate no ayudan en absoluto.


Hay quienes están regando aguacates irregularmente.

Fiebre del aguacate.


Fuente: Xataka