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miércoles, 15 de octubre de 2025

Magnates amigos, banqueros pro Israel y diplomáticos trumpistas: quiénes integrarían la junta de Blair para Gaza

 

 Por Bruno Sgarzini   
    Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.

     A pesar de los recientes acuerdos entre Hamas e Israel, todavía queda negociar la propuesta de Donald Trump de que una junta internacional, liderada por él y Tony Blair, dirijan la Franja de Gaza con el respaldo de una coalición militar internacional hasta un traspaso futuro, sin fecha cierta, a una Autoridad Nacional Palestina, según lo establece la hoja de ruta de la Casa Blanca.

Un tema sobre el que existen pocos detalles sobre la Junta Internacional y sus integrantes. Solo un borrador hecho por el Instituto Tony Blair para el Cambio Global que establece un organigrama de gobierno que ubica a la Junta por encima de varias secretarías y un gobierno tecnocrático palestino nombrado por estos “burócratas” internacional. Según este documento, Blair sería el presidente de esta autoridad responsable de las relaciones con otros países, organizaciones internacionales y donantes; lo que incluye la diplomacia de seguridad estratégica con actores externos, como Israel, Egipto y Estados Unidos. El organigrama propuesto establece varias secretarías, dedicadas a la administración, asuntos humanitarios, reconstrucción y asuntos legales, que estarían por encima de una Autoridad Ejecutiva Palestina. Entre los funcionarios de estas secretarías habrían funcionarios respaldados por los países árabes y musulmanes garantes del acuerdo.

El modelo plantea un órgano de gobierno compuesto por entre 7 y 10 miembros internacionales, que incluye al menos un representante palestino cualificado y figuras de alto nivel, que ejercerían la autoridad política y legal suprema sobre Gaza durante un período transitorio. Esta junta internacional tendría poder para emitir decisiones vinculantes, aprobar legislaciones y realizar nombramientos clave. La Autoridad Ejecutiva Palestina constituiría el brazo de entrega de servicios del sistema con el liderazgo de un tecnócrata palestino nombrado por la junta internacional. Esta estructura administraría departamentos técnicos de salud, educación, infraestructura, planificación y finanzas con directores nominados por el tecnócrata palestino pero sujetos a aprobación de la junta. El documento especifica que todos los líderes departamentales estarían sujetos a revisión de desempeño y podrían ser removidos según por el gobierno transitorio. Las municipalidades de Gaza operarían bajo supervisión similar, con alcaldes y administradores nominados por la autoridad palestina pero formalmente nombrados por la junta internacional.




El plan contempla una Fuerza de Estabilización Internacional (ISF) compuesta por unidades de Estados participantes, que operarían junto a una Fuerza de Policía Civil de Gaza reclutada nacionalmente. La ISF se encargaría de “la seguridad fronteriza, la respuesta contra amenazas de alto riesgo y protección de operaciones humanitarias y de reconstrucción, mientras que la policía civil palestina mantendría el orden público cotidiano”. Un Centro de Coordinación de Seguridad Conjunta (JSCC) serviría como plataforma de integración operacional entre estas fuerzas, bajo la presidencia de un Comisionado de Supervisión de Seguridad. El documento también establece que el jefe de la junta internacional tendría la responsabilidad de negociar temas espinosos como la “desmilitarización de Hamas” y la retirada “gradual” de Israel de la Franja de Gaza.

Lo que refuerza la idea de que esta Junta, en realidad, es un intento de transferir la responsabilidad de Israel de gobernar un Territorio Palestino Ocupado. Esto ahorra a Tel Aviv los procesos judiciales internacionales futuros por no cumplir con los deberes que tiene un Estado ocupante según la Convención de Ginebra y el reglamento de La Haya de 1907.

Los nombres propuestos para la Junta representan esquemas de negocios e intereses pro israelíes

Esto queda más claro cuando empiezan a verse los nombres propuestos por el documento, presentado por Blair y su instituto, financiado, casi en su totalidad, por Larry Ellison, dueño de la compañía de sofware Oracle, y amigo personal de Benjamín Netanyahu al punto que el primer ministro israelí pasó unas vacaciones en su isla en Hawai. La única diplomática importante de rango que aparece es Sigrid Kaag, coordinadora principal de asuntos humanitarios y reconstrucción de las Naciones Unidas para Gaza desde fines de 2023 hasta mediados de 2025.

Kaag fue funcionaria de la ONU en Beirut, Damasco y Jerusalén, así como ministra por el partido Liberal en su país natal, los Países Bajos”, según Middle East Eye. Kaag ha sostenido, por ejemplo, que; “la vida se ha vuelto invivible en Gaza hasta el punto de que de repente se escuchan propuestas como, ‘bueno, podemos convertir Gaza en la Riviera’ y la gente debería emigrar voluntariamente”. También ha hablado de que los ataques israelíes han traumatizado a los palestinos y “privado a la población de “básicamente todo lo que constituye la dignidad humana”. Gaza será, en su opinión, “una mancha en nuestra conciencia colectiva”.

Pero Kaag, según la propuesta, tendría que lidiar contra otros personajes cercanos a la visión de Netanyahu. Uno de ellos es Aryeh Lightstone, la mano derecha de Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca para las negociaciones entre Hamas e Israel. Lightstone es considerado por la periodista israelí Liza Rozovsky como uno de los defensores y promotores de la Fundación Humanitaria de Gaza, creada por funcionarios israelíes y estadounidenses para sustituir a la ONU en la entrega de medicinas y alimentos en Gaza con el fin de usar este mecanismo para promover una limpieza étnica en Gaza. La fundación, además, era un embrión de un gobierno internacional de la Franja, según una propuesta israelí presentada a funcionarios estadounidenses después del asesoramiento de Boston Consulting Global.




Al igual que Blair, Lightstone, participó de las conversaciones para el “día después de Gaza”. El funcionario estadounidense, además, es director ejecutivo del Instituto de Paz de los Acuerdos de Abraham, fundado por el yerno de Trump, Jared Kushner, e integrado por personal del Foro Político Kohelet, vinculado al partido de gobierno israelí Likud. El instituto, adquirido por la Heritage Foundation, está dedicado a la normalización de relaciones de Israel con varias monarquías de El Golfo. Lighstone, como asesor del embajador de Estados Unidos en Israel entre 2017 y 2021, trabajó en favor del establecimiento de la sede diplomática estadounidense en Jerusalén. Además, “se desempeñó durante un tiempo como director ejecutivo de Shining City y afirmó que estaba centrado en “desarrollar educación para funcionarios estatales y federales sobre los peligros” de los boicots contra Israel”, según Middle East Eye.

Otra figura controvertida que aparece es la de Marc Rowan, director ejecutivo de Apollo Global Management, un fondo de inversión que administra 840.000 millones de dólares en activos. Rowan dirige la UJA-Federation, una entidad filantrópica judía estadounidense que recauda un total de 250 millones de dólares por año. También es miembro fundador y presidente del Youth Renewal Fund y vicepresidente de Darca, la principal red educativa de Israel que opera 53 escuelas con más de 30,000 estudiantes en sus comunidades.




Después del 7 de octubre, Rowan, un antiguo donante de campaña de Trump, se convirtió en uno de los billonarios pro Israel que más combatió contra las protestas pro Palestina en los campus universitarios. Como presidente del consejo asesor de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, y gran donante de este centro de estudios, criticó a su rectora Liz Magill por permitir la organización de un festival con Roger Waters y no publicar mensajes condenando el ataque de Hamas. “Las microagresiones son condenadas con extrema indignación moral y, sin embargo, la violencia, en particular la violencia contra los judíos, el antisemitismo, parece haber encontrado un lugar de tolerancia en el campus. No es antisemitismo, es antiamericanismo”, señaló en este contexto.

En una entrevista con el capitalista de riesgo israelí Michael Eisenberg, uno de los promotores de la fundación humanitaria de Gaza y del plan para expulsar a medio millón de palestinos, Rowan afirmó que es un “orgulloso partidario de Israel, y su ejército”, y lo calificó como el “refugio del pueblo judío”. También dijo que la invasión israelí en Gaza era una guerra justa que servía para cambiar la ecuación con Irán.

Rowan, con buenas relaciones con las monarquías de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, representa el ala empresarial a cargo de ejecutar el plan de “reconstrucción” de Gaza que establece zonas francas, libres de impuestos, y prevé jugosos contratos de construcción. De acuerdo al medio Israel Hayom; “la dimensión económica del plan se basa en la creación de un fondo internacional denominado “Fondo de Rehabilitación e Inversión en Gaza”, gestionado por los empresarios mencionados en el documento. Se prevé que el fondo se financie mediante donaciones de los países del Golfo, principalmente Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, inversiones occidentales y préstamos con garantía internacional. El modelo operativo estaría orientado a la rentabilidad empresarial: las empresas invertirían en proyectos de rehabilitación e infraestructura y participarían en las ganancias generadas”.

Esto es parecido a lo que un grupo de empresarios israelíes, cercanos a Roman Gopman, el secretario militar de Benjamín Netanyahu, presentaron hace unos meses a los funcionarios estadounidenses bajo el título “Gran Confianza: De un representante iraní demolido a un próspero aliado abrahámico”. Esta hoja de ruta planteaba poner en manos de un fideicomiso la gestión de Gaza hasta que esté “desmilitarizada y desradicalizada” y la autoridad pueda ser transferida a un “sistema político palestino independiente”. La iniciativa, además, incluía megaproyectos como “las autopistas “MBS Ring“ y “MBZ Central“, llamadas así en honor a los príncipes de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, Mohammed Bin Salman y Mohamed bin Zayed al-Nahyan, respectivamente, y una Zona de Manufactura Inteligente Elon Musk en la frontera entre Gaza e Israel, donde empresas estadounidenses de vehículos eléctricos fabricarían automóviles para su exportación a Europa”. También la creación de “Islas Trump”, donde se “instalen resorts de clase mundial a lo largo de la costa en pequeñas islas artificiales similares a las Islas Palm de Dubái”, de acuerdo a The Financial Times.

En esta línea, otra de las figuras que aparecen como posibles miembros de la junta internacional es un amigo y viejo conocido de Tony Blair; Naguib Sawiris. El empresario egipcio es patriarca del conglomerado Orascom, una multinacional creada por su padre con negocios en las telecomunicaciones y la minería, entre otros negocios. En 2011, su compañía Mobinil quedó envuelta en un escándalo de espionaje porque varios de sus empleados fueron acusados de espiar a funcionarios egipcios y pasar la información a Tel Aviv.

Sawiris es tan cercano a Blair que en 2020, el exprimer ministro británico estuvo entre la lista de invitados de la boda de su hija, Ansi, frente a las pirámides de Giza. También se han reunido en el yate de lujo del empresario egipcio en su yate de lujo de Sawiris en Saint Tropez, y en su avión privado,en El Cairo y en Sudáfrica. “En 2016, The Times informó que Blair convenció a Sawiris para que invirtiera en un proyecto turístico en el Mar Caspio mientras asesoraba al gobierno kazajo. En 2017, Sawiris viajó con Blair a Costa de Marfil para felicitar al presidente Alassane Ouattara, mientras presionaba para un acuerdo para adquirir una participación del 25% en la mina de oro de Ity”, de acuerdo al medio Sunna Files.




Sawiris participó en la reconstrucción de Afganistán tras la invasión del país liderada por Estados Unidos y el Reino Unido, y fue en esa época cuando también trabajó con Blair”, según Middle East Eye. Para Nihal El Aasar, escritor e investigador egipcio, “la principal especialidad de Sawiris es la instalación de redes móviles, así que creo que se centrará más en la infraestructura o la reconstrucción”. Sawiris, crítico del gobierno egipcio de Abdel Al Sissi y de Israel, parece estar alineado con la visión de los Emiratos Árabes Unidos de que Gaza sea una zona de capital libre parecida a Dubai. Detrás, por supuesto, están jugosos negocios que involucran capitales árabes, israelíes, estadounidense y europeos garantizados por Blair y el yerno de Trump, Kushner, quien después de su paso como asesor en la Casa Blanca, creó el fondo Affinity Parteners con capitales de las monarquías de Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

El instituto de Blair, en los últimos años, ha estado involucrado más que nada en promover iniciativas gubernamentales, y de infraestructuras, relacionadas con negocios de empresarios cercanos al exprimer ministro británico. Gaza, según el borrador de su propuesta, sería otra piñata más que romper para llenar de dinero a sus amigos con contratos y tratos sucios.


Fuente: Bruno Sgarzini

domingo, 5 de octubre de 2025

Aquella brisa de los veranos de antes (17 de 20)

 

 Por  Pedro Costa Morata
       Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Israel y los ilustres ignorantes


Los mitos de Israel, es decir, sus falsedades y falseamientos, impregnan la historia mundial y la conciencia de muchos millones de ciudadanos del mundo, no solo los que pertenecen al tronco religioso o cultural judeocristiano. A esto contribuyen líderes políticos, periodistas, escritores o intelectuales, tanto si se trata de ignorancia o desgana por conocer la realidad como si es cosa de mentes retorcidas que, captadas por la propaganda israelí o sencillamente debido a su mala voluntad, se expresan alineándose con los crímenes de Israel, aun con disimulo. y de alguna manera los justifican.

Quiero tomar en consideración cuatro casos de personalidades -dos políticos, un escritor y un intelectual- que se han expresado acerca del actual genocidio israelí en Gaza, tratándolos de la forma diferenciada propia de cada uno. En primer lugar, es José María Aznar, expresidente del Gobierno y notable conservador, fracción pro ultra, quien en sus dominios de la Fundación FAES, evitando calificar de genocidio los sucesos de Gaza, insistió en atribuir al ataque de Hamás del 7 de octubre y al secuestro de rehenes poco menos que la responsabilidad de las masacres (aunque él aludió a los 65.000 asesinados como “lo que está haciendo Israel”, sin más precisión), dando a entender que si esos rehenes fueran liberados la paz volvería a la Franja. Una indecencia de quien en su momento y siendo jefe del Gobierno de España, se mostró partidario de los derechos palestinos y ahora niega el Estado palestino. Sin embargo, lo que a este cronista le pareció más destacable fue este aserto: “Si Israel pierde, Occidente se pondrá al borde de una derrota total”.


José María Aznar (Europa Press).

Lo que me recordó que durante el franquismo España era el “centinela de Occidente”, a más de histórica y denodada defensora de la fe y el cristianismo, y ahora este papel lo ha cedido nuestro prohombre, a modo de traición imperdonable, al Estado sionista, a fin de cuentas una creación de ayer, como quien dice, escuchimizado y lleno de ruidosos criminales y fanáticos de una fe que ni es la verdadera ni puede compararse con la nuestra, la cristiana surgida en su momento para superar a la judía y a toda su tradición. Así que, para Aznar, Israel es el muro de contención de Occidente, este mundo político y religioso que a base de una superioridad neta e incontestable ha asombrado a la Historia con su civilización, sus masacres, su arte, sus esclavos, su fe, sus colonias, su filosofía, sus guerras de exterminio, etcétera. Con todo lo que perdería el mundo en caso de que Israel fuera destruido por unos cuantos miles de milicianos malamente armados y asediado por varios millones de seres hambrientos y descuartizados. Pero recalquemos, por si fuera necesario, que en términos no excesivamente relativos Israel resulta el Estado más sanguinario de la Historia (a más de artificial e ilegítimo), lo que incluye esa parte del relato bíblico auto atribuido por más que resulte fantasioso, pero casi siempre violento y perturbador; y teniendo esto en cuenta, ni Israel ni ese Occidente que lo acoge tienen en conjunto demasiado de qué enorgullecerse.

Al poco, Felipe González -que podría haber sido al alimón con Aznar, tanta es su coincidencia y tantas las veces que se juntan-, otro expresidente empeñado en iluminar la mala marcha de los asuntos de España (desde que fuera desalojado del poder), se dirigía a su auditorio con amenazante gesto de dinosaurio iracundo y mirada flamígera y cuellicorta, con la delicada frase de que “si queremos que Israel deje de matar a niños y mujeres, que Hamás suelte a los rehenes”. Interpretaba, así, lo que es generosa política israelí desde 1948, tratando a los palestinos, como todo el mundo sabe y él mismo, con ecuanimidad y equilibrio, y así lo dicen las cifras: si Hamás retiene medio centenar de rehenes en condiciones penosas, las cárceles israelíes retienen, sin juicios ni delitos, a unos diez mil presos palestinos, por supuesto que lustrosos y bien atendidos. González sabe muy bien que este ataque a Gaza, con ser el más terrorífico, es el quinto o sexto en veinte o treinta años, sin que esas otras veces se esgrimieran como pretexto para masacrar a cientos o miles de palestinos civiles, nada más que los modestos ataques defensivos gazatíes.


Felipe González (Europa Press).

 Este socialista, que lo ha traicionado todo en esta vida, fue el artífice de que su Gobierno reconociera en 1986 al Estado de Israel, frente a la evidente hostilidad de la opinión pública española, a la que se no se le consultó. Lo que en aquel momento fue calificado por Felipe Gonzáles como un “reto histórico”, cediendo a la presión de la UE y de la Internacional Socialista, fue una concesión indecente a un Estado que ya era un baldón para la Humanidad. El verborréico Felipe mejor debiera esconderse y cortarse las venas por tan fatídica aportación al mundo. (Me importa recordar la condena que varios amigos periodistas hicimos de aquel reconocimiento diplomático, sabiendo lo que acarrearía: España-Israel: un reencuentro en falso, de 1987.)



España-Israel. Un reencuentro en falso (1987).

Destaco a una tercera figura opinante, la del escritor Arturo Pérez Reverte quien, en una entrevista en “El Hormiguero”, tras reconocer que ante el conflicto de Gaza siente la contradicción de “detestar y simpatizar, a la vez, a palestinos e israelíes”, enjuicia a Hamás calificándolo de “movimiento criminal, terrorista y fanático religioso” pero se olvida de añadir, aunque solo sea por prolongar esa situación de contradicción en la que se ve inmerso, que Hamás también es “un movimiento de la resistencia palestina de siempre, anticolonial y de liberación”; y no creo que esté dispuesto a defender que haya diferencias sustanciales de Hamás con los movimientos primeros de la resistencia palestina, como Al Fatah, FLP, FPLP… de los que hace años que no se habla como tales, y que llevan vegetando a la sombra -desprestigiada, incluso traidora- de la Autoridad Nacional Palestina; Hamás es la continuación, con sus circunstancias, de la misma lucha originaria.


Pérez Reverte en 'El Hormiguero'.

Porque la violencia y las atrocidades son inevitables en cualquier movimiento anticolonial, y así lo muestra la historia de las luchas habidas de ese tipo en África y Asia que aun así ni llegan ni pueden llegar a la violencia y las atrocidades del poder colonial, que nunca capitula si no se lo desafía con la fuerza de las armas (estoy seguro que Pérez Reverte conoce muy bien los casos del FLN argelino y del FNL vietnamita). Violencia y política merecen un análisis medido y matizado, no vaya a ser que se deslegitime el derecho de autodeterminación e independencia de tantos pueblos en el mundo y la historia (que es lo que exigen los palestinos con toda la razón desde 1922, si no antes) por la violencia utilizada como medio, generalmente necesario, para lograrlas.

De todas formas, lo que más me ha interesado de esa entrevista es la frase “quien diga -y hay mucho estúpido diciéndolo- que tiene claro quién es el bueno y el malo en ese conflicto, una de dos, o es tonto perdido o se lo han contado mal”. Todo ello en el estilo sobrado y desafiante del personaje, que no por ello deja de mostrar evidente debilidad si no es capaz de resolver esa doble contradicción personal, lo que debiera urgirle. Lo del bueno y el malo no viene a cuento en un caso como éste, en el que tan claro está, o debiera estarlo, quién es el invasor y asaltante, el colonizador y el criminal en la historia de Palestina desde las últimas décadas del siglo XIX, todo agravado bajo el protectorado británico, que consintió la inmigración masiva de europeos que no tenían nada que ver -étnica, histórica o geográficamente- con Palestina. Lo que dio lugar a la autoproclamación del Estado de Israel sobre una base ilegítima (religiosa y mítica), por medios ilegales (la Declaración Balfour, la previsión del Mandato, la decisión de partición del territorio por la Asamblea General de las Naciones Unidas) y un desarrollo atroz, violento y expansionista, es decir, netamente antidemocrático desde su nacimiento. Quien ignore todo esto -y señalo al lenguaraz Pérez Reverte- “o es tonto perdido o se lo han contado mal”. Hay sin embargo otras dos posibilidades: que se trate de un ignorante de la Historia del siglo XX (por más que demuestre en sus novelas conocer bien nuestro siglo XVII), o de un prosionista camuflado.

La cuarta referencia me la proporciona el prestigioso profesor del CSIC, Reyes Mate, que muestra en su artículo “Sin autoridad para condenar y con el deber de estar” (El País, 16 de septiembre de 2025) una inesperada mezcla de ignorancia, tendenciosidad y exculpación en definitiva de los crímenes de Israel en Gaza. Porque si bien declara que Israel está protagonizando “una guerra injusta por lo desproporcionada”, elude la esencial cuestión de que Israel es un Estado colonial e invasor, por lo que las únicas guerras justas son las defensivas y de resistencia de los palestinos, de tal manera que incurre en el disparate de calificar de “torpeza” la negativa de los palestinos a aceptar la partición de su país en 1947-48, que les impedía la autodeterminación y daba paso a un Estado racista y expansionista. Y cuando alude, al “terrorismo de Hamás”, ignora que es un movimiento de liberación; y, como este “tiene a Alá por objetivo”, lo califica de “fundamentalismo totalitario”, como si Israel no estuviera determinado por el fanatismo sionista, religioso y político, e insistiera en que sus “derechos” se fundan en la Biblia…


Manuel-Reyes Mate Rupérez.

Es sorprendente que Reyes Mate asevere que “los españoles somos parte de la historia antisemita que propició en el siglo XIX la creación del movimiento sionista y en el XX la existencia de los campos de exterminio” (al igual que le corresponde a los alemanes, dice). Se supone que se remonta a los Reyes Católicos porque en la historia de España posterior no consta más aversión a los judíos (puntual, localizada) que la existente en toda Europa, y por los mismos motivos: causas y orígenes que son los judíos los que debieran aclarar, ante sí mismos y de una vez, y dejar de quejarse de la maldad y la envidia hacia ellos del mundo entero (los “gentiles”, considerados humanos inferiores). El particularismo judío, “fundado” en una base bíblica disparatada y grotesca, siempre ha sentado mal a todo el mundo y con razón. Mate, como tantos otros, debiera afrontar la tragedia inevitable de los judíos que se creen distinguidos por un Dios propio y obsequiados con una tierra ajena.

Y aunque quiere -yo creo que innecesariamente, pero, bueno- que se distinga entre judaísmo y sionismo, no duda en dar por sentado que Israel es un Estado judío, que representa o acoge al judaísmo perseguido, lo que no tiene nada que ver con la realidad. Los sionistas que pusieron en marcha la “segunda conquista de Canaán” (igual de injusta y pirata que la primera, la de Josué, por más que no haya referencia histórica alguna sobre esto, pero así lo quieren las fantasías de la Biblia), eran un grupo de asaltantes que organizaron la apropiación de un territorio que no les pertenecía y al que no tenían ningún derecho, ya que carecían -no me canso de repetirlo- de relación étnica o geográfica con la Judea histórica o la Palestina posterior. Es el vínculo judaico religioso-cultural lo que “une” (que es mucho decir) al judaísmo actual, habiendo servido como mero pretexto de colonización y apropiación de Palestina por los sionistas, es decir, de saqueo y robo. Los sionistas del tiempo de Herzl y los de ahora son gente europea sin el menor gen judío, y en gran mayoría ateos o laicos.

Y sobre la agresiva afirmación de que “Hamás provocó la guerra”, parece mentira que haya que recordarle que la permanente opresión, las exacciones y los asesinatos contra palestinos constituyen un estado “natural” de guerra en la realidad -necesaria y fatal- de Israel, por lo que nunca hallará la paz.