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miércoles, 13 de abril de 2011

La escucha. Opinión de Rafael Carcelén

La escucha



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


No podemos escuchar si no prestamos atención a lo que oímos, si no hay voluntad de comprender lo que nos llega al oído. ¿Cuántas veces, en cuántas situaciones, no nos hemos sentido escuchados?. Otras muchas ponemos cara de interés, pero lo que realmente hacemos es pensar qué le vamos a contestar a nuestro interlocutor cuando acabe su turno de palabra. Según los expertos, la mayor parte de los problemas en las relaciones interpersonales estarían generados por la escasa comunicación entre nosotros. O simplemente porque no nos escuchamos con la atención debida los unos a los otros.



Los adolescentes, por ejemplo.  Esa actitud paternalista hacia ellos, interrumpiendo sus puntos de vista con nuestra perspectiva más experimentada o minimizando sus angustias quitándole importancia a lo que les ocurre, son el síntoma más evidente de que no los estamos escuchando. Por el contrario, el simple hecho de que los dejemos explayarse, que perciban que los atendemos, puede generar una corriente de confianza que favorecerá un clima más sincero y a la vez la tranquilidad y la seguridad de quien se siente más valorado que vigilado en sus actividades cotidianas.

No sabe hablar quien no sabe escuchar, vino a decir Plutarco. Sin una escucha activa no podemos crear. Lo ha señalado J. A. Valente: “se escribe por pasividad, por escucha, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir”. Sin esa escucha extrema, sin esa agudeza para percibir hacia dónde dirigirse cuando todo parece perdido, tampoco los científicos avanzarían: Newton, Marie Curie o Einstein fueron paradigmáticos en esto. En el terreno político, por ejemplo, ¿sería posible consenso alguno, satisfactorio para las partes, sin una mutua y atenta escucha?. Cualquier auténtico pacto constituye la síntesis de la cesión de unos y de otros, del reconocimiento mutuo y todo ello la consecuencia lógica tras habernos escuchado.

Mapa del Neolítico europeo

Se calcula en más del doble que la actual la agudeza auditiva del cazador neolítico. No creo que haya actividad humana donde no sea importante saber escuchar. Pero cuidado: ¿de verdad nos está escuchando el dependiente que con cara sorprendida –como si fuese la primera vez que oye una petición como la nuestra- acaba vendiéndonos lo mismo que al cliente anterior?; ¿de verdad nos escucha el terapeuta experto cuando, previo pago y tras diseccionar nuestro discurso, termina diciéndonos lo que queríamos oír?. La auténtica escucha siempre es activa,  al tiempo que receptiva y no condicionada previamente. Y empieza por escucharnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, en primer lugar. Al loro.



Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

domingo, 10 de abril de 2011

La escucha. Opinión de Rafael Carcelén

La escucha



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


No podemos escuchar si no prestamos atención a lo que oímos, si no hay voluntad de comprender lo que nos llega al oído. ¿Cuántas veces, en cuántas situaciones, no nos hemos sentido escuchados?. Otras muchas ponemos cara de interés, pero lo que realmente hacemos es pensar qué le vamos a contestar a nuestro interlocutor cuando acabe su turno de palabra. Según los expertos, la mayor parte de los problemas en las relaciones interpersonales estarían generados por la escasa comunicación entre nosotros. O simplemente porque no nos escuchamos con la atención debida los unos a los otros.



Los adolescentes, por ejemplo.  Esa actitud paternalista hacia ellos, interrumpiendo sus puntos de vista con nuestra perspectiva más experimentada o minimizando sus angustias quitándole importancia a lo que les ocurre, son el síntoma más evidente de que no los estamos escuchando. Por el contrario, el simple hecho de que los dejemos explayarse, que perciban que los atendemos, puede generar una corriente de confianza que favorecerá un clima más sincero y a la vez la tranquilidad y la seguridad de quien se siente más valorado que vigilado en sus actividades cotidianas.

No sabe hablar quien no sabe escuchar, vino a decir Plutarco. Sin una escucha activa no podemos crear. Lo ha señalado J. A. Valente: “se escribe por pasividad, por escucha, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir”. Sin esa escucha extrema, sin esa agudeza para percibir hacia dónde dirigirse cuando todo parece perdido, tampoco los científicos avanzarían: Newton, Marie Curie o Einstein fueron paradigmáticos en esto. En el terreno político, por ejemplo, ¿sería posible consenso alguno, satisfactorio para las partes, sin una mutua y atenta escucha?. Cualquier auténtico pacto constituye la síntesis de la cesión de unos y de otros, del reconocimiento mutuo y todo ello la consecuencia lógica tras habernos escuchado.

Mapa del Neolítico europeo

Se calcula en más del doble que la actual la agudeza auditiva del cazador neolítico. No creo que haya actividad humana donde no sea importante saber escuchar. Pero cuidado: ¿de verdad nos está escuchando el dependiente que con cara sorprendida –como si fuese la primera vez que oye una petición como la nuestra- acaba vendiéndonos lo mismo que al cliente anterior?; ¿de verdad nos escucha el terapeuta experto cuando, previo pago y tras diseccionar nuestro discurso, termina diciéndonos lo que queríamos oír?. La auténtica escucha siempre es activa,  al tiempo que receptiva y no condicionada previamente. Y empieza por escucharnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, en primer lugar. Al loro.



Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

sábado, 9 de abril de 2011

La escucha. Opinión de Rafael Carcelén


La escucha



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


No podemos escuchar si no prestamos atención a lo que oímos, si no hay voluntad de comprender lo que nos llega al oído. ¿Cuántas veces, en cuántas situaciones, no nos hemos sentido escuchados?. Otras muchas ponemos cara de interés, pero lo que realmente hacemos es pensar qué le vamos a contestar a nuestro interlocutor cuando acabe su turno de palabra. Según los expertos, la mayor parte de los problemas en las relaciones interpersonales estarían generados por la escasa comunicación entre nosotros. O simplemente porque no nos escuchamos con la atención debida los unos a los otros.



Los adolescentes, por ejemplo.  Esa actitud paternalista hacia ellos, interrumpiendo sus puntos de vista con nuestra perspectiva más experimentada o minimizando sus angustias quitándole importancia a lo que les ocurre, son el síntoma más evidente de que no los estamos escuchando. Por el contrario, el simple hecho de que los dejemos explayarse, que perciban que los atendemos, puede generar una corriente de confianza que favorecerá un clima más sincero y a la vez la tranquilidad y la seguridad de quien se siente más valorado que vigilado en sus actividades cotidianas.

No sabe hablar quien no sabe escuchar, vino a decir Plutarco. Sin una escucha activa no podemos crear. Lo ha señalado J. A. Valente: “se escribe por pasividad, por escucha, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir”. Sin esa escucha extrema, sin esa agudeza para percibir hacia dónde dirigirse cuando todo parece perdido, tampoco los científicos avanzarían: Newton, Marie Curie o Einstein fueron paradigmáticos en esto. En el terreno político, por ejemplo, ¿sería posible consenso alguno, satisfactorio para las partes, sin una mutua y atenta escucha?. Cualquier auténtico pacto constituye la síntesis de la cesión de unos y de otros, del reconocimiento mutuo y todo ello la consecuencia lógica tras habernos escuchado.

Mapa del Neolítico europeo

Se calcula en más del doble que la actual la agudeza auditiva del cazador neolítico. No creo que haya actividad humana donde no sea importante saber escuchar. Pero cuidado: ¿de verdad nos está escuchando el dependiente que con cara sorprendida –como si fuese la primera vez que oye una petición como la nuestra- acaba vendiéndonos lo mismo que al cliente anterior?; ¿de verdad nos escucha el terapeuta experto cuando, previo pago y tras diseccionar nuestro discurso, termina diciéndonos lo que queríamos oír?. La auténtica escucha siempre es activa,  al tiempo que receptiva y no condicionada previamente. Y empieza por escucharnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, en primer lugar. Al loro.



Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

viernes, 8 de abril de 2011

La base. Opinión de Rafael Carcelén

La base



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 



Acabando el curso pasado, mi buen amigo José Manuel, padre de un alumno que tuve hace años, me transmitía su inquietud por las carencias estructurales de su hijo ya desde Primaria para, por ejemplo, comprender bien un texto o expresarse por escrito con cierta fluidez. Se lamentaba, también, de haber apostado más por su formación tecnológica (informática sobre todo) descuidando algo tan básico como las competencias lingüísticas y que terminando ya la Secundaria iba a ser difícil de recuperar. Y coincidíamos ambos en que sin una base sólida en comprensión y expresión, cualquier otro aprendizaje resulta mucho más difícil de asimilar.

Casualmente, unos días después leí una entrevista con José Antonio Marina donde se preguntaba “¿para qué les sirve tener acceso a toda la información que hay en Internet si luego no entienden una frase de más de diez palabras?”. Efectivamente, pensé, he ahí el quid de la cuestión de nuestra enseñanza hoy. “Estamos tan sumamente fascinados por el uso de las tecnologías, que es una cosa que dominan con mucha facilidad nuestros chavales, que tal vez no nos damos cuenta de que es una simple herramienta y que, si no se sabe manejar, vale para cosas muy superficiales”, continuaba el ensayista, metiendo el dedo en la llaga de todos los niveles educativos.



Bienvenidas sean las pizarras con sus videoproyectores, los portátiles en las aulas, las enciclopedias digitales o las clases on line. Pero nada de todo ello puede suplir la necesidad que tienen nuestros alumnos de saber discurrir y seleccionar con criterio, para lo que se ha de trabajar con ellos, concienzudamente y desde los cursos más bajos, en el manejo de aquellas técnicas de estudio y trabajo que de verdad les ayuden a organizar y saber sintetizar toda la información aprendida de un modo racional, estructurado y fácilmente disponible. Sólo entonces, con unas competencias básicas adquiridas y una formación sólida y cohesionada, se podrá acceder a la red con criterios suficientes para afrontar los caóticos saberes alojados en ella y combatir con garantías los innumerables riesgos y peligros que se expanden en la pantalla tras el más candoroso clic.

A mi modo de ver, hay dos aspectos irrenunciables en nuestras escuelas: favorecer una socialización integradora, decisiva para la convivencia saludable de nuestros alumnos, y transmitirles aquellos hábitos de estudio, valores y enseñanzas que les ayuden mañana a desenvolverse como personas formadas, afrontando los nuevos retos (tecnológicos incluso) con garantías y confianza. Que les permitan mantener además una disposición continua para adquirir nuevos conocimientos durante toda su vida. Parece poca cosa, pero estas adquisiciones han de estar presentes de continuo en nuestras aulas, por mucho que haya necesidad de otros saberes hoy tan novedosos o tan punteros.



El propio Marina lo resume en una frase: un burro conectado a Internet sigue siendo un burro”. Y si la escuela ya no es, como antaño, la única depositaria y portadora del saber acumulado, su función socializadora, su formación en valores o su transmisión de técnicas y destrezas para aprender con criterio, aún siguen vigentes para seguir haciendo pie en un mundo cada vez más virtual. Porque sin el basamento, sin el hormigón humanista que aportan las aulas para una formación de verdad integral, difícilmente podrá sostenerse el edificio tecnológico que estamos levantando en este siglo XXI.




Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

miércoles, 6 de abril de 2011

La base. Opinión de Rafael Carcelén


La base



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 



Acabando el curso pasado, mi buen amigo José Manuel, padre de un alumno que tuve hace años, me transmitía su inquietud por las carencias estructurales de su hijo ya desde Primaria para, por ejemplo, comprender bien un texto o expresarse por escrito con cierta fluidez. Se lamentaba, también, de haber apostado más por su formación tecnológica (informática sobre todo) descuidando algo tan básico como las competencias lingüísticas y que terminando ya la Secundaria iba a ser difícil de recuperar. Y coincidíamos ambos en que sin una base sólida en comprensión y expresión, cualquier otro aprendizaje resulta mucho más difícil de asimilar.

Casualmente, unos días después leí una entrevista con José Antonio Marina donde se preguntaba “¿para qué les sirve tener acceso a toda la información que hay en Internet si luego no entienden una frase de más de diez palabras?”. Efectivamente, pensé, he ahí el quid de la cuestión de nuestra enseñanza hoy. “Estamos tan sumamente fascinados por el uso de las tecnologías, que es una cosa que dominan con mucha facilidad nuestros chavales, que tal vez no nos damos cuenta de que es una simple herramienta y que, si no se sabe manejar, vale para cosas muy superficiales”, continuaba el ensayista, metiendo el dedo en la llaga de todos los niveles educativos.



Bienvenidas sean las pizarras con sus videoproyectores, los portátiles en las aulas, las enciclopedias digitales o las clases on line. Pero nada de todo ello puede suplir la necesidad que tienen nuestros alumnos de saber discurrir y seleccionar con criterio, para lo que se ha de trabajar con ellos, concienzudamente y desde los cursos más bajos, en el manejo de aquellas técnicas de estudio y trabajo que de verdad les ayuden a organizar y saber sintetizar toda la información aprendida de un modo racional, estructurado y fácilmente disponible. Sólo entonces, con unas competencias básicas adquiridas y una formación sólida y cohesionada, se podrá acceder a la red con criterios suficientes para afrontar los caóticos saberes alojados en ella y combatir con garantías los innumerables riesgos y peligros que se expanden en la pantalla tras el más candoroso clic.

A mi modo de ver, hay dos aspectos irrenunciables en nuestras escuelas: favorecer una socialización integradora, decisiva para la convivencia saludable de nuestros alumnos, y transmitirles aquellos hábitos de estudio, valores y enseñanzas que les ayuden mañana a desenvolverse como personas formadas, afrontando los nuevos retos (tecnológicos incluso) con garantías y confianza. Que les permitan mantener además una disposición continua para adquirir nuevos conocimientos durante toda su vida. Parece poca cosa, pero estas adquisiciones han de estar presentes de continuo en nuestras aulas, por mucho que haya necesidad de otros saberes hoy tan novedosos o tan punteros.



El propio Marina lo resume en una frase: un burro conectado a Internet sigue siendo un burro”. Y si la escuela ya no es, como antaño, la única depositaria y portadora del saber acumulado, su función socializadora, su formación en valores o su transmisión de técnicas y destrezas para aprender con criterio, aún siguen vigentes para seguir haciendo pie en un mundo cada vez más virtual. Porque sin el basamento, sin el hormigón humanista que aportan las aulas para una formación de verdad integral, difícilmente podrá sostenerse el edificio tecnológico que estamos levantando en este siglo XXI.




Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

sábado, 19 de marzo de 2011

Escribir. Opinión de Rafael Carcelén

Escribir



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 


Como si de una cebolla se tratase, la escritura contiene varias capas o niveles, cada una de las cuales cumple una misión distinta pero que va englobando a las anteriores, teniendo todas en común una función comunicativa y de expresión de nuestro mundo interior. Un primer nivel podría ser el de la exteriorización en bruto de nuestros sentimientos, nuestras inquietudes o el magma conflictivo que puede anidar en nosotros. Los primeros poemas adolescentes surgen de esta necesidad de desahogo y catarsis de todo lo que bulle dentro. Como un volcán en erupción, escribir tiene aquí una función liberadora y terapéutica de gran magnitud. Recordemos,  por ejemplo, que esa gran poeta que fue Sylvia Plath se sumergió en la escritura a propuesta de su psiquiatra para salir de un proceso depresivo que resultó irresoluble, pero que mitigó el sufrimiento durante largas temporadas de su corta vida.



Esta expresión como terapia, punto de partida también de muchos talleres de escritura, supone con la práctica un proceso de indagación, de autoconocimiento progresivo que nos permite descubrir facetas de nuestro yo hasta entonces desconocidas. Escribir, además, nos obliga a reflexionar a un ritmo distinto al de la oralidad, con lo que nos ayuda a ordenar y sistematizar nuestro pensamiento. El goce obtenido con ese autodescubrimiento de nuestro yo profundo se refleja en el rostro entusiasta con que muchos niños te muestran sus primeras redacciones, sus primeros relatos. Por eso es tan importante transmitirles el gusto por la escritura desde pequeños: porque aprenden a expresarse pero también a conocerse. Porque se comunican con el mundo y, a la vez, con ellos mismos. Igual que nos ocurre dibujando, nadando o bailando.

Una prolongada práctica nos hace adentrarnos en el manejo cada vez más sofisticado de los recursos lingüísticos y literarios, liberándonos a la vez del discurso racional y abriéndonos a un territorio próximo a lo misterioso o lo desconocido. En este nivel, el más propiamente creativo, nuestra escritura coloca al lenguaje en el primer plano y se sirve de él con fines lúdicos, de extrañamiento de la realidad o de proyección y desdoblamiento de nuestra personalidad en textos líricos o narrativos donde tan importante es lo que decimos como la forma en que lo expresamos. Señala Juan José Millás que quien llega hasta aquí se enfrenta a una doble actitud: “voy a ver lo que digo o voy a ver lo que dicen las palabras. La sensata es la intermedia. A veces las palabras quieren decir algo que no estaba en tu intención, pero que es bueno que escuches”.

 Juan José Millás

Como ven, sea cual sea nuestra intención, escribir es una experiencia de autoconocimiento, liberadora,  proyectiva, creativa, terapéutica… tan sorprendente como maravillosa. “Me fascina escribir porque adoro la aventura que hay en todo libro o en todo artículo, porque adoro el abismo, el misterio y esa línea de sombra que al cruzarla va a parar al territorio de lo desconocido, un espacio en el que de pronto todo nos resulta muy extraño, pues vemos que, como si estuviéramos en el estadio infantil del lenguaje, nos toca volver a aprenderlo todo”, ha escrito Enrique Vila- Matas. Pruébenlo; no se lo pierdan: escriban. Escriban hasta obtener, como la Nobel polaca Szymborska, “Alegría de escribir./ Poder de eternizar./ Venganza de una mano mortal”.

Enrique Vila- Matas

Wisława Szymborska

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

LECTURA CONTINUADA DE POEMAS CON MOTIVO DEL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA EN ELDA

LECTURA CONTINUADA DE POEMAS

CON MOTIVO DEL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

El próximo lunes 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, tendrá lugar en la céntrica cafetería le ore una lectura continuada de poemas. Organizada por el grupo Pic- Nic, de 9 a 11 de la noche podrán leer poemas propios o de sus poetas favoritos quienes lo deseen, bien apuntándose previamente en la cafetería o el mismo día durante el acto.
A mitad de la lectura, además, se proyectarán sendas entrevistas con los poetas Ángel González y Guillermo Carnero, así como poemas leídos por los propios autores: Jaime Gil de Biedma, Juan Gelman, Claudio Rodríguez, etc. Del mismo modo, se servirán pequeños pinchos poéticos, preparados para el evento, bajo el sugestivo nombre de verde que te quiero verde, vivo sin vivir en mí o me tiraste un limón y tan amargo, versos todos ellos de reconocidos autores (Lorca, Santa Teresa y Miguel Hernández respectivamente).
Quienes asistan y se animen a leer en ese momento dispondrán de varios ejemplares para elegir algún poema de un poeta que les apetezca y recitárselo a los demás. Y quienes decidan no participar en la lectura, también contribuyen con su presencia allí a convertir la poesía en “esa sustancia que alimenta como esencia”, en palabras de Juan Ramón Jiménez. Una esencia estimulante para solazarnos y meditar entre tanto ajetreo insustancial.

Grupo Pic- Nic

 

viernes, 18 de marzo de 2011

Escribir. Opinión de Rafael Carcelén

Escribir



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 


Como si de una cebolla se tratase, la escritura contiene varias capas o niveles, cada una de las cuales cumple una misión distinta pero que va englobando a las anteriores, teniendo todas en común una función comunicativa y de expresión de nuestro mundo interior. Un primer nivel podría ser el de la exteriorización en bruto de nuestros sentimientos, nuestras inquietudes o el magma conflictivo que puede anidar en nosotros. Los primeros poemas adolescentes surgen de esta necesidad de desahogo y catarsis de todo lo que bulle dentro. Como un volcán en erupción, escribir tiene aquí una función liberadora y terapéutica de gran magnitud. Recordemos,  por ejemplo, que esa gran poeta que fue Sylvia Plath se sumergió en la escritura a propuesta de su psiquiatra para salir de un proceso depresivo que resultó irresoluble, pero que mitigó el sufrimiento durante largas temporadas de su corta vida.



Esta expresión como terapia, punto de partida también de muchos talleres de escritura, supone con la práctica un proceso de indagación, de autoconocimiento progresivo que nos permite descubrir facetas de nuestro yo hasta entonces desconocidas. Escribir, además, nos obliga a reflexionar a un ritmo distinto al de la oralidad, con lo que nos ayuda a ordenar y sistematizar nuestro pensamiento. El goce obtenido con ese autodescubrimiento de nuestro yo profundo se refleja en el rostro entusiasta con que muchos niños te muestran sus primeras redacciones, sus primeros relatos. Por eso es tan importante transmitirles el gusto por la escritura desde pequeños: porque aprenden a expresarse pero también a conocerse. Porque se comunican con el mundo y, a la vez, con ellos mismos. Igual que nos ocurre dibujando, nadando o bailando.

Una prolongada práctica nos hace adentrarnos en el manejo cada vez más sofisticado de los recursos lingüísticos y literarios, liberándonos a la vez del discurso racional y abriéndonos a un territorio próximo a lo misterioso o lo desconocido. En este nivel, el más propiamente creativo, nuestra escritura coloca al lenguaje en el primer plano y se sirve de él con fines lúdicos, de extrañamiento de la realidad o de proyección y desdoblamiento de nuestra personalidad en textos líricos o narrativos donde tan importante es lo que decimos como la forma en que lo expresamos. Señala Juan José Millás que quien llega hasta aquí se enfrenta a una doble actitud: “voy a ver lo que digo o voy a ver lo que dicen las palabras. La sensata es la intermedia. A veces las palabras quieren decir algo que no estaba en tu intención, pero que es bueno que escuches”.

 Juan José Millás

Como ven, sea cual sea nuestra intención, escribir es una experiencia de autoconocimiento, liberadora,  proyectiva, creativa, terapéutica… tan sorprendente como maravillosa. “Me fascina escribir porque adoro la aventura que hay en todo libro o en todo artículo, porque adoro el abismo, el misterio y esa línea de sombra que al cruzarla va a parar al territorio de lo desconocido, un espacio en el que de pronto todo nos resulta muy extraño, pues vemos que, como si estuviéramos en el estadio infantil del lenguaje, nos toca volver a aprenderlo todo”, ha escrito Enrique Vila- Matas. Pruébenlo; no se lo pierdan: escriban. Escriban hasta obtener, como la Nobel polaca Szymborska, “Alegría de escribir./ Poder de eternizar./ Venganza de una mano mortal”.

Enrique Vila- Matas

Wisława Szymborska

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

LECTURA CONTINUADA DE POEMAS CON MOTIVO DEL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA EN ELDA

LECTURA CONTINUADA DE POEMAS

CON MOTIVO DEL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

El próximo lunes 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, tendrá lugar en la céntrica cafetería le ore una lectura continuada de poemas. Organizada por el grupo Pic- Nic, de 9 a 11 de la noche podrán leer poemas propios o de sus poetas favoritos quienes lo deseen, bien apuntándose previamente en la cafetería o el mismo día durante el acto.
A mitad de la lectura, además, se proyectarán sendas entrevistas con los poetas Ángel González y Guillermo Carnero, así como poemas leídos por los propios autores: Jaime Gil de Biedma, Juan Gelman, Claudio Rodríguez, etc. Del mismo modo, se servirán pequeños pinchos poéticos, preparados para el evento, bajo el sugestivo nombre de verde que te quiero verde, vivo sin vivir en mí o me tiraste un limón y tan amargo, versos todos ellos de reconocidos autores (Lorca, Santa Teresa y Miguel Hernández respectivamente).
Quienes asistan y se animen a leer en ese momento dispondrán de varios ejemplares para elegir algún poema de un poeta que les apetezca y recitárselo a los demás. Y quienes decidan no participar en la lectura, también contribuyen con su presencia allí a convertir la poesía en “esa sustancia que alimenta como esencia”, en palabras de Juan Ramón Jiménez. Una esencia estimulante para solazarnos y meditar entre tanto ajetreo insustancial.

Grupo Pic- Nic

 

miércoles, 16 de marzo de 2011

Escribir. Opinión de Rafael Carcelén

Escribir



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 


Como si de una cebolla se tratase, la escritura contiene varias capas o niveles, cada una de las cuales cumple una misión distinta pero que va englobando a las anteriores, teniendo todas en común una función comunicativa y de expresión de nuestro mundo interior. Un primer nivel podría ser el de la exteriorización en bruto de nuestros sentimientos, nuestras inquietudes o el magma conflictivo que puede anidar en nosotros. Los primeros poemas adolescentes surgen de esta necesidad de desahogo y catarsis de todo lo que bulle dentro. Como un volcán en erupción, escribir tiene aquí una función liberadora y terapéutica de gran magnitud. Recordemos,  por ejemplo, que esa gran poeta que fue Sylvia Plath se sumergió en la escritura a propuesta de su psiquiatra para salir de un proceso depresivo que resultó irresoluble, pero que mitigó el sufrimiento durante largas temporadas de su corta vida.



Esta expresión como terapia, punto de partida también de muchos talleres de escritura, supone con la práctica un proceso de indagación, de autoconocimiento progresivo que nos permite descubrir facetas de nuestro yo hasta entonces desconocidas. Escribir, además, nos obliga a reflexionar a un ritmo distinto al de la oralidad, con lo que nos ayuda a ordenar y sistematizar nuestro pensamiento. El goce obtenido con ese autodescubrimiento de nuestro yo profundo se refleja en el rostro entusiasta con que muchos niños te muestran sus primeras redacciones, sus primeros relatos. Por eso es tan importante transmitirles el gusto por la escritura desde pequeños: porque aprenden a expresarse pero también a conocerse. Porque se comunican con el mundo y, a la vez, con ellos mismos. Igual que nos ocurre dibujando, nadando o bailando.

Una prolongada práctica nos hace adentrarnos en el manejo cada vez más sofisticado de los recursos lingüísticos y literarios, liberándonos a la vez del discurso racional y abriéndonos a un territorio próximo a lo misterioso o lo desconocido. En este nivel, el más propiamente creativo, nuestra escritura coloca al lenguaje en el primer plano y se sirve de él con fines lúdicos, de extrañamiento de la realidad o de proyección y desdoblamiento de nuestra personalidad en textos líricos o narrativos donde tan importante es lo que decimos como la forma en que lo expresamos. Señala Juan José Millás que quien llega hasta aquí se enfrenta a una doble actitud: “voy a ver lo que digo o voy a ver lo que dicen las palabras. La sensata es la intermedia. A veces las palabras quieren decir algo que no estaba en tu intención, pero que es bueno que escuches”.

 Juan José Millás

Como ven, sea cual sea nuestra intención, escribir es una experiencia de autoconocimiento, liberadora,  proyectiva, creativa, terapéutica… tan sorprendente como maravillosa. “Me fascina escribir porque adoro la aventura que hay en todo libro o en todo artículo, porque adoro el abismo, el misterio y esa línea de sombra que al cruzarla va a parar al territorio de lo desconocido, un espacio en el que de pronto todo nos resulta muy extraño, pues vemos que, como si estuviéramos en el estadio infantil del lenguaje, nos toca volver a aprenderlo todo”, ha escrito Enrique Vila- Matas. Pruébenlo; no se lo pierdan: escriban. Escriban hasta obtener, como la Nobel polaca Szymborska, “Alegría de escribir./ Poder de eternizar./ Venganza de una mano mortal”.

Enrique Vila- Matas

Wisława Szymborska

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.