miércoles, 6 de abril de 2011

La base. Opinión de Rafael Carcelén


La base



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 



Acabando el curso pasado, mi buen amigo José Manuel, padre de un alumno que tuve hace años, me transmitía su inquietud por las carencias estructurales de su hijo ya desde Primaria para, por ejemplo, comprender bien un texto o expresarse por escrito con cierta fluidez. Se lamentaba, también, de haber apostado más por su formación tecnológica (informática sobre todo) descuidando algo tan básico como las competencias lingüísticas y que terminando ya la Secundaria iba a ser difícil de recuperar. Y coincidíamos ambos en que sin una base sólida en comprensión y expresión, cualquier otro aprendizaje resulta mucho más difícil de asimilar.

Casualmente, unos días después leí una entrevista con José Antonio Marina donde se preguntaba “¿para qué les sirve tener acceso a toda la información que hay en Internet si luego no entienden una frase de más de diez palabras?”. Efectivamente, pensé, he ahí el quid de la cuestión de nuestra enseñanza hoy. “Estamos tan sumamente fascinados por el uso de las tecnologías, que es una cosa que dominan con mucha facilidad nuestros chavales, que tal vez no nos damos cuenta de que es una simple herramienta y que, si no se sabe manejar, vale para cosas muy superficiales”, continuaba el ensayista, metiendo el dedo en la llaga de todos los niveles educativos.



Bienvenidas sean las pizarras con sus videoproyectores, los portátiles en las aulas, las enciclopedias digitales o las clases on line. Pero nada de todo ello puede suplir la necesidad que tienen nuestros alumnos de saber discurrir y seleccionar con criterio, para lo que se ha de trabajar con ellos, concienzudamente y desde los cursos más bajos, en el manejo de aquellas técnicas de estudio y trabajo que de verdad les ayuden a organizar y saber sintetizar toda la información aprendida de un modo racional, estructurado y fácilmente disponible. Sólo entonces, con unas competencias básicas adquiridas y una formación sólida y cohesionada, se podrá acceder a la red con criterios suficientes para afrontar los caóticos saberes alojados en ella y combatir con garantías los innumerables riesgos y peligros que se expanden en la pantalla tras el más candoroso clic.

A mi modo de ver, hay dos aspectos irrenunciables en nuestras escuelas: favorecer una socialización integradora, decisiva para la convivencia saludable de nuestros alumnos, y transmitirles aquellos hábitos de estudio, valores y enseñanzas que les ayuden mañana a desenvolverse como personas formadas, afrontando los nuevos retos (tecnológicos incluso) con garantías y confianza. Que les permitan mantener además una disposición continua para adquirir nuevos conocimientos durante toda su vida. Parece poca cosa, pero estas adquisiciones han de estar presentes de continuo en nuestras aulas, por mucho que haya necesidad de otros saberes hoy tan novedosos o tan punteros.



El propio Marina lo resume en una frase: un burro conectado a Internet sigue siendo un burro”. Y si la escuela ya no es, como antaño, la única depositaria y portadora del saber acumulado, su función socializadora, su formación en valores o su transmisión de técnicas y destrezas para aprender con criterio, aún siguen vigentes para seguir haciendo pie en un mundo cada vez más virtual. Porque sin el basamento, sin el hormigón humanista que aportan las aulas para una formación de verdad integral, difícilmente podrá sostenerse el edificio tecnológico que estamos levantando en este siglo XXI.




Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

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