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domingo, 21 de junio de 2026

La rendición

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.



     Aprovechando la invitación del presidente Emmanuel Macron de visitar el palacio de Versalles después de la cumbre del G7 en Évian, Donald Trump firmó físicamente el Acuerdo de Entendimiento (Memorandum of Understanding) con Irán para poner fin a las hostilidades bélicas que comenzaron hace más de tres meses.


Trump y Pezeshkian firman el acuerdo entre EE.UU. e Irán.

El anuncio la semana pasada de que se había llegado a este Acuerdo disparó las bolsas e hizo bajar el precio del petróleo. El Brent se mantiene desde entonces en la raya de los 80$. Los analistas se felicitan por el acuerdo y se preparan para una inundación de petróleo que hará bajar el precio hasta valores no vistos en años y a un boom económico que dejará detrás todos los malos augurios. Las preocupaciones se despejan y los noticiarios se centran en las cuestiones más locales (sin necesidad de seguir forzando el foco de atención lejos del conflicto central ahora mismo), como los continuos casos de corrupción o, en clave más ligera, los mejores destinos para pasar las vacaciones.

Hay, sin embargo, un problema con esta narrativa: es total y radicalmente mentira. En realidad, nada ha cambiado. La situación sigue siendo terrible y seguimos yendo rumbo a estrellarnos con graves problemas de abastecimiento en las próximas semanas y meses. Incluso en el mejor de los escenarios posibles, se necesitan muchos meses para poder volver a algo que se parezca a la situación anterior, y no tenemos tanto tiempo. Pero es que tampoco estamos en el mejor escenario posible.

Empecemos por lo más básico: no se ha firmado un Acuerdo de Paz. Lo que se ha firmado es un Acuerdo de Entendimiento. Es decir, un compromiso de negociar un Acuerdo de Paz durante los próximos 60 días, que son prorrogables si las dos partes así lo deciden. Durante estos 60 días, ambas partes deben mostrar actos de buena voluntad que certifiquen que realmente quieren llegar un acuerdo.

Pero hay muchos elementos que hacen del Acuerdo algo muy frágil. Para empezar algo muy básico: Israel, con quien EE.UU. empezó esta guerra, no participa de él. Y para el actual gobierno de Israel las condiciones del Acuerdo son completamente inaceptables, porque impone no solo la imposibilidad de atacar a Irán, sino también a otros países como Líbano. Para el alucinado gobierno de Benjamín Netanyahu, la única salida aceptable de esta guerra es con el hundimiento del régimen de los ayatolás, y por eso este Acuerdo es una claudicación en una condición no negociable (y si la guerra acabase en falso, Netanyahu tendría que hacer frente a múltiples frentes domésticos que podrían acabar haciendo caer su gobierno). De hecho, los bombardeos de primera hora de hoy en Líbano causaron que Irán volviera a cerrar el estrecho de Ormuz por unas horas.

Tampoco el acuerdo es aceptable para los sectores más duros de los EE.UU. Las condiciones del Acuerdo de Entendimiento que se ha difundido se parecen más a una rendición incondicional de los EE.UU. que a otra cosa. De entrada, los EE.UU. retiran su bloqueo naval a Irán y levantarán todas las sanciones contra ese país y desbloquearán todos los activos congelados que tiene en el extranjero. Además, EE.UU. se compromete a no interferir ni políticamente ni militarmente en Irán. Por último, los EE.UU. organizarán un fondo de 300.000 millones de dólares de lo que solo puede calificarse como de reparaciones de guerra. Por la parte de Irán, tan solo se compromete a no desarrollar una bomba atómica (cosa que Irán siempre ha dicho que no quiere hacer, sus líderes religiosos han prohibido en más de una ocasión que Irán intente tener tal arma demoníaca), a entablar conversaciones más adelante sobre el uranio enriquecido y a permitir el libre paso por Ormuz durante 60 días (pero después de esos 60 días establecerá un sistema de peaje, con lo que se encarecerá para siempre el transporte por esa zona e Irán tendrá ingresos extra permanentemente).

Fíjense que con este acuerdo, EE.UU. básicamente no solo fracasa en los objetivos que se fijó cuando inició la operación militar, sino que marcan un retroceso, una nueva situación peor que la de partida que explicita un debilitamiento estructural de la hegemonía de los EE.UU. en la zona y por extensión en el mundo. La mayoría de las bases militares de los EE.UU. en los países vecinos a Irán han sido destruidas o están gravemente dañadas, y de hecho la mayoría no volverán a abrir - vista su nula eficacia militar y el riesgo de mantener objetivos tan vulnerables y económicamente costosos. Los países aliados de los EE.UU. en la región han confirmado que no solo EE.UU. es impotente militarmente frente a Irán, sino que a la hora de la verdad no les da suficiente protección (todos han sufrido graves daños en infraestructuras clave) y encima a la primera de cambio les deja en la estacada, huyendo de la escena. Seguramente todos ellos estarán tomando nota y en el futuro reconfigurarán sus alianzas siguiendo nuevos ejes (por ejemplo, el BRICS+). Por último, el fondo de reparación de nada más y nada menos de 300.000 millones de dólares supone reconocer lo injusto de la agresión inicial y la obligación moral de la reparación del daño, y muy probablemente va a ser sufragada por los aliados de EE.UU.

Como todo lo que rodea a Donald Trump tiene ese tono zafio y grotesco que le es tan característico, es difícil de saber si la elección de Versalles para firmar el Acuerdo de Entendimiento se hecho por torpeza extrema o con una astucia realmente diabólica. Versalles fue la cuna del infame Tratado de Versalles de 1919, por el cual las potencias aliadas, y particularmente Francia, impusieron a Alemania unas condiciones de resarcimiento por la Primera Guerra Mundial absolutamente ignominiosas y abusivas, y que en mucho favorecieron no solo un sentimiento de humillación y de deseo de venganza en el pueblo alemán, sino también el hundimiento económico de la República de Weimar tras el crack del 29, el ascenso de Adolf Hitler y la Segunda Guerra Mundial. La manera ramplona, bobalicona incluso, ajena a todo sentido de la diplomacia, prudencia o decoro con la que Trump reconoció que no le quedaba más remedio que firmar este acuerdo porque a EE.UU. solo le quedaban 4 semanas de petróleo y se generaría el caos, puede hacer pensar que, efectivamente, el tipo es un auténtico botarate. Pero vayamos más allá y pensemos quién realmente pierde aquí.

Objetivamente, EE.UU. no depende tanto del petróleo del Golfo Pérsico. Es cierto, en 2025 EE.UU. consumió 20,6 millones de barriles diarios (Mb/d), de los cuales solo produjo autóctonamente unos 13,6 Mb/d, y por tanto tuvo que importar alrededor de 7 Mb/d para cubrir su consumo (en realidad, importaron 8 Mb/d, como ahora explicaremos). Pero en realidad parte del consumo de petróleo en los EE.UU. se dirige a su industria de exportación de productos refinados, que totaliza unos 7 Mb/d, aparte de la exportación directa de crudo de baja calidad que producen con el fracking, por un total de unos 10 Mb/d (a comparar con los 8 Mb/d importados).


Comercio total de energía primaria por fuente (2000-2025).

Así que su balance neto es de algo más de 2 Mb/d exportados. Por supuesto, todo es más complejo. Estas estadísticas mezclan volúmenes de sustancias diferentes, que ya no es solo que tengan contenidos energéticos diferentes, sino que tienen usos y demandas diferentes. Por ejemplo, EE.UU. puede producir mucho petróleo ligero, pero le falta petróleo medio para producir diésel que tiene que importar; y una vez refinado, produce más gasolina de la que necesita (eso es inevitable, ya que sale un porcentaje determinado de cada producto en una refinería dada). Por tanto, para mantener sus ritmos de consumo domésticos necesita importar petróleo adecuado para refinar lo que necesita y que otros países puedan absorber sus excedentes de algunos productos. Al mismo tiempo, la industria del petróleo es una industria importante para la economía de los EE.UU., así que la cosa no se circunscribe solamente a los productos petrolíferos realmente consumidos en el suelo de los EE.UU. Sin embargo, estos números evidencian que EE.UU. tiene más versatilidad de lo que parece para jugar con una situación de cierre más o menos definitivo del estrecho de Ormuz. Y máxime después de la jugada estratégica de apropiarse de los activos petroleros de Venezuela.


Instalaciones para la extracción de petróleo en Venezuela.

Los EE.UU. pueden mirar (y de hecho hace tiempo que miran) hacia América Latina. EE.UU. puede conseguir garantizar tener suficiente petróleo para mantenerse (seguramente con una industria reconvertida, pero mantenerse) con el petróleo que pueda conseguir en Brasil (principal exportador de América Latina, con más de 2 Mb/d en 2025) y posiblemente de otros países. Claro que eso implicaría que estos países rompan sus contratos con China y con Europa. Pero, recordemos que la doctrina Monroe ha vuelto con fuerza...


Caricatura titulada «Vete, pequeñín, y no me molestes» aparecida en el New York World, en 1903, haciendo alusión a las negociaciones entre Estados Unidos y Colombia por los derechos del istmo de Panamá, donde Roosevelt es mostrado apuntando un cañón

EE.UU. puede haber perdido la guerra en Irán, cierto. Pero EE.UU. no va cejar en su belicosidad. Simplemente, la va a redirigir hacia territorios más cercanos. La producción de petróleo de los EE.UU. va a seguir estancada o en ligera tendencia a la baja en lo que queda de año, y aunque el Departamento de Energía de los EE.UU. ahora anticipa una remontada el año que viene, lo cierto es que el fracking estadounidense está llegando a su fase final.


Imagen de Peak Oil Barrel.

Por tanto, lo que cabe esperar en los próximos meses es que EE.UU. comience una escalada de agresividad en algunos rincones de aquella parte del mundo, hasta garantizar que redirige los flujos de petróleo hacia sí misma. 

En este contexto, el Acuerdo de Entendimiento puede también entenderse en el marco de un cambio de estrategia de los EE.UU. Irán habrá sido el último intento de ejercer un control sobre el mercado mundial del petróleo; pero si eso no es posible, los EE.UU. se centrarán en el control del petróleo de todo el continente americano. Así pues, el Acuerdo solo es una estrategia para ganar tiempo mientras todo se resitúa.

¿Quién pierde realmente entonces con este frágil de Acuerdo de Entendimiento? Se podría pensar que China, y ciertamente Asia en su conjunto es la principal damnificada, pero después viene Europa.

No hay Acuerdo de Paz. Tanto los EE.UU. como Israel pueden forzar tantas veces como quieran cierres parciales o totales del estrecho de Ormuz por períodos variable de tiempo, si así les interesa; Israel, por sus objetivos geoestratégicos; EE.UU., por consolidar su control de los recursos del continente americano y su posición hegemónica en aquella parte del mundo.

Los petroleros no van a volver en masa al Golfo Pérsico. Un superpetrolero con capacidad para cargar 2 Mb puede valer 250 millones de dólares: ningún armador va a arriesgar alegremente a perder tal cantidad de dinero, y eso sin contar con que el tiempo de construcción de uno nuevo es de más de dos años - y nadie puede tener una pérdida de capacidad tan grande durante tanto tiempo. Los barcos van a ir pasando, tanteando tímidamente el terreno, pero con mucha prudencia, y al primer indicio de cierre todo el movimiento de operaciones hacia la zona se va a detener. Los armadores van a apostar por rutas donde sus activos principales no corran tanto riesgo, al margen de si eso supone que no llegará (tanto) petróleo a algunas regiones del mundo. 

Además, después de todos los daños causados en estos meses en terminales de carga y refinerías, habrá que hacer muchas largas y costosas reparaciones durante meses antes de recuperar toda la capacidad. Y, de nuevo, se irá con pies de plomo, porque si hay un recrudecimiento de las hostilidades podrían volver a ser atacadas, haciendo inútil el esfuerzo y el gasto.

Por otro lado, la detención tan prolongada de la extracción de petróleo de los campos del Golfo Pérsico ya habrá pasado su peaje en términos de recimentación de la roca reservorio y de sellado por acumulación de alquitranes. Aún no sabemos cuánta producción se ha perdido para siempre, pero probablemente está en el rango de los 1-2 Mb/d.

EE.UU. está empujando la pelota del control de recursos en otra dirección. No es casualidad el giro actual de Ucrania de atacar refinerías rusas, comprometiendo la capacidad exportadora del único país que podría poner en peligro la nueva situación. Y para terminar de complicar la situación para Europa, si el precio de la gasolina en los EE.UU. sigue subiendo (y previsiblemente seguirá subiendo, dado lo volátil de la situación), en cualquier momento la administración Trump puede decidir un embargo de las exportaciones de petróleo, lo cual sería una catástrofe para Europa y para España, que importan (ambas) alrededor del 15% del petróleo que consumen desde allí.

Aquí, mientras tanto, seguimos consumiendo nuestras reservas comerciales sin restricciones, esperando un rápido reestablecimiento del flujo de petróleo que no va a suceder, y sin incorporar el riesgo de la redefinición estratégica de los EE.UU., como si todavía fuera nuestro aliado, como si sus intereses no fueran cada vez más los exactamente contrarios a los nuestros. Quizá, con su firma en Versalles, Trump representaba lo que fue Francia en 1919 y nosotros, sin siquiera firmar aquel papel, hemos adoptado el rol de Alemania en aquel entonces.

Eso no ha acabado. Esto ha acabado de empezar.


Buque cisterna diseñado para transportar líquidos a granel, con una característica cubierta roja llena de tuberías. Este tipo de embarcación se utiliza comúnmente para el transporte de hidrocarburos en aguas internacionales.

Por cierto, cabe decir The Honest Sorcerer ha escrito un artículo que va en la misma línea de lo que aquí he escrito (y que sin duda me ha servido de referencia).



Fuente: The Oil Crash

sábado, 21 de marzo de 2026

Irán es el Suez de Estados Unidos

 

      Periodista y escritor.

Es aún pronto para afirmar que esta guerra sea el Stalingrado de Trump. En todo caso, sí parece haber descubierto que algo ha cambiado, que, a diferencia de 1956, ya no puede hacer lo que quiera, a menos que no sean Estados precarios


Columna de humo en Puerto Saíd tras el asalto anglofrancés al canal de Suez

     1- Las guerras no son sonetos, por lo que explican cosas extraordinariamente sencillas. Pero, en contrapartida a esa sencillez, las guerras son muy difíciles de leer. Por eso cansan tras su novedad inicial. En el Madrid de 1914-18, por ejemplo, se puso de moda pasear por la calle con una cuartilla prendida con alfileres en la solapa, en la que se leía: “No me hable de la guerra”. En el presente artículo se hablará de la guerra, en tanto todo habla de la guerra desde el 28F. Pero, en mi defensa, la guerra aparecerá para aludir a su propia gramática, a lo que la guerra explica debajo de sí misma. Esta semana, por cierto, la guerra ha sido rica en matices gramaticales. Que es, me temo, la única riqueza que crea.

2- Es aún pronto para afirmar, como parece, que esta guerra es el Stalingrado de Trump –no se pierdan el punto 13–. En todo caso, sí que parece que es su invasión de Suez.

3- Invasión de Suez, definición: en 1956, Francia y UK, aprovechando una movida previa de Israel, invaden el Sinaí para hacerse con el control del Canal de Suez, bloqueado por el Gobierno nacionalista de Nasser. El objetivo era una acción rápida, que depusiera a Nasser y que devolviera el canal a sus accionistas. Plis-plas. Se trataba de la acción colonialista un millón. Pero tanto EEUU como la URSS hicieron saber a Francia y UK que estábamos en otra casilla, que eso del imperialismo ya no se llevaba, salvo que lo practicaran ellos. Y, al poco, Francia y UK se retiraron no solo de Suez, sino de la época que se inauguraba. Todo el mundo sabía que, tras la IIGM habían finalizado los imperios europeos. Pero una cosa es saberlo y otra es comértelo con patatas. Tras ese banquete de patatas, se iniciaba oficialmente, lo dicho, otra época. El mundo bipolarizado, un mundo gestionado por lo nunca visto: dos superpotencias nucleares.

4- Pues bien, independientemente de que la guerra de Irán aporte nuevos conceptos, creo que ya ha aportado este: Suez. Irán es el Suez de Estados Unidos. EEUU, una superpotencia nuclear en un momento confuso en el que conviven aún elementos contradictorios y poco nítidos, de entre-épocas, ha descubierto que algo ha cambiado. No puede invadir Suez.

5- Es decir, no puede hacer lo que quiere en el mundo. Puede hacerlo, claro, con Estados próximos, precarios, apollardados, en crisis –como Venezuela, como Panamá…–. Pero no puede hacer lo propio con Estados operativos. Finaliza una época que empezó en 1945, que sé constató en 1956 y que se prolongó, tras 1989/el fin de la URSS, a través de una sola hiperpotencia, hasta el boom de las guerras ilegales de principios del XXI. Hoy, en fin, estamos en otra época, aún sin nombre, aún por conocer al detalle. En todo caso, en esta época, en ese mundo no reglado, hay amplias regiones del mundo en las que EEUU ya no puede intervenir militarmente. No, al menos, con éxito. No, al menos, sin provocar una crisis económica y humanitaria planetaria absoluta, inasumible incluso para Estados Unidos. EEUU lo sabía –lo que alude a que ha realizado un proceso de toma de decisiones chungo; no se pierdan el punto 17–. Pero ahora lo sabe, en su modalidad más amarga: la modalidad con patatas amargas.

6- O lo que es lo mismo, el mundo, carente de orden internacional, no carece de potencias regionales con poder llamativo en su área. Les explico, en ese sentido, una manifestación de poder –poco anecdóticas; descomunal– de Irán.

7- Irán no ha cerrado Ormuz. Le ha puesto peaje. Lo que, como manifestación de poder, no está mal. Por ahí circulan barcos. A tutiplén. Con destino a China e India. Y –se dice; no he podido confirmarlo; ni yo ni nadie– con petróleo y gas licuado pagado en la divisa china –lo que es otro fracaso europeo; no se pierdan el punto 21–. Emilio Rodríguez-Díaz, profe de la Universidad de Cádiz y experto en transporte marítimo, explica que Ormuz está cerrado, sí, pero solo para buques de EEUU, Israel y occidentales. Desde el 1M hasta el 15M, han pasado por ahí 77 barcos. La mitad en modo oscuro –sin radio, en modo manual; a pelo, a la aventura–. Lloyd’s/las aseguradoras asumen ese hecho y solo ofrecen cobertura a buques con mercancía para China/India. Si Lloyd’s/las aseguradoras dan por válida esa dinámica, es que esa dinámica es la dinámica y va a misa.

8- O, lo que es lo mismo, se puede solucionar, a bombazo limpio, un Ormuz cerrado a cal y canto. Pero no un Ormuz que filtra barcos por destino y por alineamiento geopolítico. Eso solo se soluciona con diplomacia. Y de eso no tenemos.

9- ¿Qué tenemos?

10- Lo que tenemos apunta, lo dicho, a un posible Stalingrado/un error táctico estructural y dramático, que se verificará, o no, en el tiempo. Tal vez muy poco. En todo caso, se ha intentado colapsar el Estado iraní a) matando a su élite. Por ahora, se han pelado –solo– a una decena de miembros de su staff. Algo dramático y desestabilizador. Y, además, carísimo –no se pierdan el punto 12–. Pero no necesariamente fatal: hasta el Rayo Vallecano puede ir tirando con diez grandes ideólogos menos en su staff. También se ha intentado el colapso b) atacando, el 18M, infraestructuras energéticas iraníes, con el resultado de más ataques, por parte de Irán, a otras infraestructuras energéticas de la región. Lo que ha tenido consecuencias llamativas.

11- Desde ese ataque –que lo cambia todo; imprime otra gramática a la guerra, que explica a gritos que será larga y costosa: y global–, el precio de los combustibles se ha ido al garete. Ese mismo día, el barril de Brent superaba los 110$ –recuerden: la catástrofe está calculada en 140$, el precio previsto, antes del 18M, para finales de marzo–. El gas licuado, en el mercado europeo, llegaba, a su vez, a los 56€ m/h. Es decir, el 18M y gracias a un ataque coordinado de Israel y EEUU –confuso; Israel asumió posteriormente esa metedura de pata, tal vez para proteger a Trump; de no ser así, la coalición Trump-Netanyahu podría dar señales iniciales de desgaste–, todo ha cambiado. El cambio es importante: a Trump la situación se le ha ido de las manos. Así como suena.

12- A este error, se le suman otros que empiezan a afectar, de alguna forma, al proyecto Trump –se dice rápido–. Uno, y no es el menor, es el mismísimo concepto económico de coste de oportunidad de la guerra. La guerra, en fin, está costando un huevo. Que no solo impide hacer otras cosas –por ejemplo, otras guerras– sino que está comprometiendo seriamente la seguridad de EEUU. Informa el Financial Times que el coste de un misil Tomahawkes de 3,6M$, y que solo en las primeras 10 horas de guerra se consumieron, zas, 168 unidades. En total –y siempre corroborando todo con las tres fuentes necesarias en el periodismo anglosajón–, EEUU ha gastado, desde el 28F, varios años de materiales críticos, como es el caso de los Tomahawkese bien hoy escasoEs decir, EEUU está dilapidado su capacidad de respuesta futura en este u otro conflicto. Y, por lo mismo, está hablando de su futuro a sus enemigos –ojo: es muy posible que también lo esté haciendo Israel–. Dramáticamente: el FT calculaba que el Pentágono pediría 50.000$ al Congreso, para ir tirando en esta guerra. Pues bien, esta semana ha decidido pedir, finalmente, 200.000 M$.

13- Una guerra, que estaba ganada, según Trump, el 12M, el 18M cambiaba, lo dicho, de gramática. Y eso ha provocado un conflicto interno en el maguismo, que podría ser determinante. O no. Es importante señalar que se trata de una crisis interna del maguismo, en la que el maguismo se basta así mismo para enfrentarse a Trump. Se trata, por así decirlo, de un conflicto entre las SS y las SA. En todo caso, empieza a haber tensiones entre el colectivo tertuliano maga –pieza clave del maguismo– y Trump. La metáfora es Tucker Carlson, tertulianólogo, miembro del movimiento Trump1.0, que empezó a marcar distancias severas con Trump2.0, hoy, tras el 28F. Esas perturbaciones en la Fuerza, motivadas por el rechazo a participar en guerras externas –una constante del maguismo, pero también del republicanismo, no intervencionista en 1917 y antes de 1941–, están llegado al mismísimo Gobierno. Joe Kent, que llevaba el pack inteligencia, presentaba su dimisión el 16M, en tanto el ataque a Irán estaba injustificado: “Irán no representa una amenaza inminente”, explica en su carta de dimisión. Kent, un ultraderechista, exboina verde, sin especial experiencia en inteligencia, es una metáfora de cómo funciona el sistema de toma decisiones en el trumpismo. Un sistema de toma de etc. que Kent ha explicado, horas después de su dimisión.


Joe Kent

14-  Kent ha señalado que la inteligencia no fue convocada para la toma de decisiones ante lo de Irán. Y dio más detalles: la inteligencia no tenía permiso para trasladar a Trump sus dudas, de manera que las decisiones las tomó un reducido núcleo, próximo a Trump, que no disponía de gran formación e información al respecto. El grueso de la información, de hecho, fue facilitada por Israel. Se trató de una información que, a su vez, la inteligencia de EEUU no pudo verificar. Es decir:

15– La decisión de iniciar una guerra, la decisión de continuarla, de ampliarla el 18M, no estaba sustentada, no solo en la ley, sino tampoco en la información y el conocimiento. Este dato es muy importante, pues explica la gramática de la guerra.

16- No la hay. Es decir, EEUU, tal vez Israel, otro núcleo de toma de decisiones reducido, sometido también al mito y al apriorismo –desde 2005, por ejemplo, el integrismo se ha introducido en el Ejército, en el que hoy ya hay soldados, oficiales y mandos ultranacionalistas; el oficial laico e ilustrado, del que hablaba Le Carré en su introducción a La chica del tambor, hoy puede no existir de manera definitiva–, pueden haber tomado sus decisiones con lo que viene siendo el culo. Algo, como el lector ya sabe, muy propio de los sistemas propagandísticos, que forman su staff a través de la selección negativa. A través de meter en la inteligencia a tipos incapaces como Kent que, además, ni se consultan, ni se atienden en caso de marrón.

17Es importante saber que la toma de decisiones en este conflicto se ha realizado a través de cargos aportados por selección negativa, pues eso explica lo que está realizando Trump en el interior de EEUU y a través de su política exterior. No se vuelvan locos interpretándolo, pues se trata de acciones que no responden a pensamiento alguno. Es más, como diría Hannah Arendt, “desafían el pensamiento”, pues el pensamiento siempre precisa de cierta profundidad, que aquí no se da, pues solo el mal –y esta es su originalidad– es superfluo y carece de profundidad alguna. De ahí, glups, su banalidad. Será más fácil ir leyendo la guerra, su gramática, al cabo inteligible, que las pulsiones, la banalidad del mal, que la han creado.

18- No sé a ustedes, pero a mi el punto 17 me deja de pasta de boniato.

19- Sobre la banalidad del mal en EEUU. Esta semana, el instituto Sueco Varieties of Democracy ha devaluado el sistema democrático de EEUU hasta la categoría “democracia electoral” –vamos, que cada X años se vota; poco más–. Y ha llamado la atención sobre la rapidez de su proceso postdemocrático. En un año a) se ha reforzado el poder del Ejecutivo y b) se ha concentrado el poder en el presidente. Es un proceso más rápido que el vivido en Hungría, Serbia e India.

20- El otro gran fenómeno de la semana ha sucedido en Europa. Tras un año de asunción pasiva del trumpismo, la UE da muestras de cierta rebeldía organizada. El 15M los Estados de la UE se negaban a participar en una operación en Ormuz. Abandonaban de una forma a veces nítida, a veces menos, a Trump en su guerra. El 19J, en una reunión del Consejo Europeo a la que asistió el secretario general de la ONU –lo que es un gesto– , se intentaba corregir la salida de madre de Von der Leyen de la semana pasada, en la que asumía el trumpismo como buena nueva, como Francia y UK hicieron en 1956.

21- Europa es, aun así, endeble en sus decisiones. Sus tomas de decisiones suceden también en núcleos pequeños. Y el acceso al staff europeo se produce con material sobrante de los Estados. Unos Estados, además, en crisis democrática. Una parte de esa crisis es el alejamiento de la política de personas que, antes del neoliberalismo, participaban en ella y que hoy han huido de ella. Vamos, que a Europa llegan personas que han acabado su ciclo en sistemas estatales en los que la política es disuasoria, de manera que solo se acercan a ella perfiles concretos. El staff europeo no solo es eso, sino que, en esa categoría, tal vez es el peor de la historia: Von der Leyen, Kallas, Rutte explican más y mejor Europa que la reunión del Consejo Europeo del 19J. Explican, por ejemplo, que en un año de trumpismo no haya habido conflicto hasta ahora. Explican la ausencia de la apuesta industrial. La continua amenaza de la austeridad como solución a todo. Explican que Europa no haya aprovechado la ocasión para hacer del euro la divisa estable que todo el mundo espera. Explican que Europa no haya participado en la corrección de la época.

22- Elecciones en Castilla & León. La guerra ha votado. Ha ganado la derecha implícitamente trumpista sobre la explícitamente trumpista. Vox, en ese sentido, puede haber llegado a su techo. Su techo puede ser la guerra, y puede ser inferior al 20%. El marrón interno de Vox –con denuncias a la corrupción de Abascal; la época: el New York Times hablaba, en enero de que Trump habría ganado 1.400M$ en un año como presi– puede colaborar a ese bajón en breve. O no. El no-a-la-guerra de Sánchez –génerico, pero el único que hay– parece haber invertido la tendencia al glu-glu-glu del PSOE. Finalmente, en C&L hay, por otra parte, menos therians que listas de izquierdas a la izquierda del etc. Ese último dato crea un hecho invisible, pero denso, imposible de ignorar. O punto 23.

23- La guerra ha cambiado algo en el pack izquierdas a la izquierda del etc., cada vez más anecdótico y que, sin embargo, aún posee una sola función: posibilitar un gobierno de coalición, impedir el acceso al Estado de la nueva extrema derecha. Y esa función, con la guerra, ha ganado intensidad. Quien la dificulte, lo tendrá chungo. Quien dificulte el pacto en esas izquierdas, quien imposibilite explícitamente un tercer gobierno de coalición, quien siga apostando, por segunda vez en unas generales, por una victoria PP-Vox, puede desaparecer no solo políticamente, sino de manera civil. Las guerras tienen sus gramáticas. Hay que leerlas. Crean épocas. Quien no sepa leer su época, se esfuma, atropellado por la época.


Fuente: Rebelión

lunes, 9 de marzo de 2026

El hundimiento

 

 Por Antonio Turiel    
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


      Llevamos ya más de una semana de guerra en el Golfo Pérsico. Sin duda, Israel y EE.UU. pensaron que si golpeaban de manera certera a Irán, dada su inestabilidad interna, el régimen de los ayatolás caería como fruta madura gracias a una reacción del pueblo iraní que los depondría inmediatamente.


La segunda temporada de Juego de Trumps está llena de sobresaltos.

Confiaban, seguramente, en una capitulación completa a la venezolana, en la que los EE.UU. en la práctica se han apropiado de todos los recursos petroleros (sin que, por cierto, haya habido un cambio real del régimen político). Lo que increíblemente no se esperaban es la resistencia de la estructura política iraní, quizá porque interpretaban erróneamente que era completamente subsidiaria del liderazgo de Alí Jamenei y que, muerto éste, habría tal vacío de poder que el cambio sería inevitable. 

Pero, bien al contrario, el régimen iraní se ha atrincherado y ha contestado con rapidez y mucha contundencia, bombardeando bases militares americanas, refinerías y oleoductos por todos los países del Golfo que están prestando su apoyo tácito o explícito a la coalición agresora, y al mismo tiempo cerrando en la práctica el paso del Estrecho de Ormuz. Irán ha golpeado fuerte, ha golpeado rápido y ha golpeado masivamente. El gobierno iraní sabe que su supervivencia depende de crear un estado de postración económica tal a escala mundial que los EE.UU. se vean obligados a parar por presiones internas y externas.

Y así llegamos al momento presente. Donald Trump tiene muy difícil echarse atrás, porque no podría salvar la cara delante de su pueblo y de los intereses económicos a los que representa. Por su parte, los dirigentes de Israel están completamente alucinados y no contemplan ninguna otra posibilidad que la rendición de su enemigo más importante en la región. En cuanto al gobierno iraní su única salida es seguir golpeando, haciendo daño hasta que Israel y EE.UU. cedan. 

Pero, pase lo que pase, nadie va a salir indemne de ésta. Ni estos tres países, ni el resto del mundo en su conjunto. La situación es tan mala ya que lo menos que podemos esperar es una fuerte recesión económica y unos años de mucho sufrimiento. Aunque en realidad lo más probable es que ya nunca salgamos del proceso de descenso que seguramente ya estamos iniciando.

Por el lado de los EE.UU., las ínfulas belicistas de Trump tienen, seguramente, diversos orígenes, desde lo ideológico hasta lo religioso pasando por ese extraño ascendente que tiene Israel sobre la política norteamericana. Pero, al margen de todas esas motivaciones, hay una que también es muy clara: EE.UU. necesita petróleo y lo necesita ya.

Durante los últimos 16 años EE.UU. ha vivido la revolución del fracking, que les ha permitido pasar uno unos lánguidos 5 millones de barriles diarios (Mb/d) que producían en 2010 a los actuales más de 13 Mb/d (4 Mb/d convencional más 9 Mb/d de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking), lo que le sitúan como el mayor productor del mundo con prácticamente el 13% de la producción (se producen en el mundo 103 Mb/d de todo tipo de líquidos asimilados a petróleo, aunque esto también daría para hablar mucho, ya que hay unos 20 Mb/d de líquidos del gas natural que mayoritariamente no sirven para hacer combustibles, solo plásticos, y se contabilizan igualmente aquí). Sin embargo, los días del fracking de los EE.UU. están contados: los pozos de fracking generalmente llegan al 80% de toda su producción en los dos primeros años, y habitualmente no se explotan más allá de cinco años. En sus últimas actualizaciones, el Departamento de Energía de los EE.UU. apunta por primera vez desde que empezó el fracking a que el máximo de producción de petróleo de los EE.UU posiblemente ya pasó, en octubre de 2025, y que en los próximos años viviremos un proceso de declive que aún contemplan como gradual, aunque todo apunta a que será bastante más rápido.


Imagen de Peak Oil Barrel.

EE.UU. necesita desesperadamente petróleo. Su hegemonía de los últimos años se ha basado en el fracking, y si éste empieza a fallar necesitan pasar a controlar los recursos disponibles en el mundo. Están yendo, por supuesto, por los más grandes que aún no controlaban: primero Venezuela (aunque es dudoso que su petróleo extrapesado sea económicamente rentable) y ahora Irán. Realmente, la torpeza y apresuramiento americano, que asalta sin verdadera planificación (como está siendo evidente en el caso iraní) responde a esta urgencia vital.


Pozos petrolíferos en Venezuela.

La situación no es nada buena para el gobierno de Donald Trump. Con una popularidad en caída por los excesos de la policía de inmigración y por haber traicionado el principio MAGA de centrarse en los problemas internos y no meterse en guerras extranjeras, con su sistema de aranceles puesto en cuestión y con las elecciones de noviembre en el horizonte, Donald Trump tenía la necesidad de anotarse algún que otro éxito clamoroso. La escalada de precios del petróleo y las pésimas perspectivas económicas fruto de esta guerra, combinado con el coste exorbitante de la campaña militar, solo le ponen las cosas más difíciles.

Tampoco pinta demasiado bien para el gobierno de Benjamin Netanyahu. Para el actual gobierno de Israel, la desaparición de su mayor enemigo en la región se ha convertido en cuestión existencial, una auténtica obsesión, hasta el punto de que han perdido completamente la perspectiva de su capacidad real y sobre todo de su vulnerabilidad. Los sistemas de intercepción israelíes, bien nutridos de misiles interceptores americanos, se muestran impotentes para evitar el goteo de bombardeos iraníes que ya no se limitan a objetivos militares, sino que alcanzan también a la población civil, particularmente en Tel Aviv. Irán apuesta por enviar enormes cantidades de misiles y de drones, muy baratos, mientras que los interceptores son incomparablemente más caros; y aunque Israel intercepte el 80 o incluso el 90% de los proyectiles, el 10% que llega a su objetivo está causando mucho daño. Israel sufre, y Netanyahu, muy contestado por su gestión en general, sale muy perjudicado de una guerra en la que ilusamente creyó marcarse un tanto.

El gobierno iraní también está en una situación muy precaria. El asesinato de su líder supremo y una buena parte de la cúpula política le ha obligado a rehacerse en tiempo breve, pero ése no es el mayor de sus problemas. El descontento de la población iraní es muy importante desde hace ya varios años, tras 50 años de un régimen autoritario y muy represivo. Las protestas de enero, sangrientamente reprimidas, ejemplificaron la importancia de la contestación interior. Con 90 millones de personas y una población muy joven, Irán necesita mejoras muy importantes a nivel social, aunque está claro que no será precisamente EE.UU. quien se las va a proporcionar. Para terminar de complicar la situación, Irán sufre una grave crisis hídrica que llevó hace pocos meses a plantear la necesidad de evacuar Teherán, con toda la inestabilidad social que eso implica. Crisis hídrica que por cierto también es bastante grave en la vecina Irak. Al mismo tiempo, su vecina Afganistán está ahora mismo en guerra con Pakistán por la disputa de los recursos hídricos de un río compartido. Toda la región está en una situación precaria.

Queda claro que ni EE.UU. ni Israel ni Irán parten de una buena situación. Pero ninguno de los tres puede echarse atrás en el escenario actual. Los tres necesitan desesperadamente una victoria en esta guerra. Y la desesperación es la peor de las consejeras, porque lleva a asumir riesgos excesivos que pueden materializarse en auténticas catástrofes.

El cierre del Estrecho de Ormuz pone al mundo de rodillas. Por ejemplo, por Ormuz pasan 20 Mb/d, el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Pero si lo miramos desde la perspectiva del petróleo disponible para comerciar (descontando ese 50% que consumen los propios países productores), resulta que lo que pasa por Ormuz es el 40% de las exportaciones mundiales de petróleo, lo cual es gravísimo para países importadores como es España. Y poco importa que en la actualidad España importe poco petróleo de la región: el mercado del petróleo es muy fungible y los contratos se rescinden o el petróleo se encarece por la mayor demanda. Nadie está cubierto en esta crisis. Mientras esto escribo, el precio del barril de Brent ya ha llegado a los 90$, que es el umbral de dolor para la economía europea. Si esta situación se prolonga e incluso agrava durante las próximas semanas, será inevitable que se produzca una grave recesión económica.

El otro foco de atención está en el gas natural. Por Ormuz pasa el 20% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que se exporta en el mundo, y éste no tiene la opción de pasar por ductos internos (por cierto que de poco van a servir tampoco para el petróleo, en vista de que Irán también los está bombardeando). Europa depende en un 14% de este gas natural. El gas natural se usa en todo tipo de industria, y es fundamental para mantener la estabilidad de la red eléctrica. Europa, además, llega al final del invierno con las reservas de gas natural en mínimos, y encima con unas reservas hídricas también en mínimos después de un invierno relativamente seco - no es el caso de España, al que las fuertes tormentas al menos le han servido para llenar pantanos. Sin gas y sin hidroelectricidad, Europa se enfrenta al riesgo cierto de apagones, que incluso se podrían producir en cascada. De momento, el precio de la electricidad se ha disparado en Europa, a la par que el precio del gas en España, gracias a la bonanza hidroeléctrica, el precio está más contenido.

Pero es que por el Estrecho de Ormuz circulan muchos otros materiales críticos para el comercio y la industria mundial. Se destaca por su gran importancia el amonio y la urea, base de los fertilizantes, justo cuando está a punto de empezar la estación del crecimiento de los cultivos; y también el ácido sulfúrico, que se usa en infinidad de procesos industriales. Pero obviamente hay muchas más derivadas e interacciones que hacen muy difícil vislumbrar el alcance de todo lo que pasa. Por ejemplo, el petróleo del Golfo es fundamental para garantizar la producción mundial de diésel, ya que es el más apropiado a este fin.

Lo que suceda a continuación va a depender crucialmente de lo que se alargue el actual impasse. Unos pocos días más de bloqueo en Ormuz pueden acabar de provocar un pánico en las bolsas y desencadenar una recesión muy profunda. Teniendo en cuenta las enormes burbujas financieras de las que lleva tiempo alertando Quark (la de la deuda, la de la inteligencia artificial y la de los productos derivados sobre metales preciosos), esta recesión puede provocar el estallido final de estas burbujas y una debacle económica como posiblemente el mundo no haya visto jamás, una de la que ya jamás nos podremos recuperar completamente porque acelerará el declive del petróleo y de otras materias primas al parar la industria clave para su extracción.


El punto de no retorno.

Hace unas horas, el fondo de inversión Blackrock decidió limitar la cantidad de dinero que permite retirar de uno de sus fondos de deuda, al observar un gran volumen de retiradas - una intervención que yo diría que raya lo fraudulento, y que puede provocar un aumento de la desconfianza. La sesión de la bolsa del próximo lunes promete ser muy movida.


Un operador trabaja mientras una pantalla muestra la información comercial de BlackRock en el piso de la Bolsa de Valores de Nueva York.

Tengo claro que el gran capital y los estados va a poner en marcha todos los mecanismos a su alcance para intentar evitar la debacle; por ejemplo, EE.UU. ha anunciado un fondo de reaseguros por valor de 20.000 millones de dólares para los barcos estadounidenses, después de que hace unos días las 7 mayores aseguradoras decidiesen retirar sus seguros a los buques que operan en la zona por el riesgo de guerra (por cierto, si tienen media hora y paciencia suficiente, lean ese último enlace, merece mucho la pena, y entenderán por qué el daño que se ha hecho es mucho mayor de lo que parece). Durante este tenso fin de semana habrá seguramente muchos más anuncios y movimientos, para intentar evitar un lunes negro en las bolsas. Ahora mismo, el único punto clave es saber cuánto va a durar este bloqueo, y si es total o parcial. Lo que sí que parece claro es que si la cosa se alarga más allá de unos días, vamos a una recesión económica que puede transportarnos al declive terminal. Donald Trump tendrá el mérito de haber adelantado 5-10 años el proceso de declive de nuestra sociedad.


El petrolero Texas Voyager se encuentra anclado frente a la costa de la refinería.

Esto va en serio. La situación pinta mal, muy mal. Crucen los dedos pero, por si acaso, vayan tomando sus precauciones. Sigamos la evolución de los acontecimientos y esperemos.



Fuente: The Oil Crush