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jueves, 12 de junio de 2025

Un pastor evangélico pro Israel dirige la "ayuda humanitaria" en Gaza después de apoyar la expulsión de palestinos

 

 Por Bruno Sgarzini   
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     La Fundación Humanitaria de Gaza, el organismo creado por Israel y apoyado por Estados Unidos, es ahora dirigido por el reverendo evangélico Johnnie Moore, asesor de Donald Trump en temas religiosos y ferviente defensor del gobierno de Benjamín Netanyahu. La fundación fue creada por Tel Aviv para sustituir la labor de las organizaciones humanitarias en Gaza en la entrega de alimentos y forzar un desplazamiento masivo de palestinos a lugares cerrados con sistemas de reconocimiento biométricos, calificados como “campos de concentración biométricos”.


Johnnie Moore.

Moore es fundador y director ejecutivo de la consultora de comunicaciones Kairos Company y presidente del Congreso de Líderes Cristianos, un grupo evangelistas sionistas. El reverendo ha elogiado el plan de Trump de expulsar a todos los palestinos de Gaza y convertir el enclave en la “Riviera del Medio Oriente”. También ha dicho que “Estados Unidos asumirá plena responsabilidad por el futuro de Gaza, dando a todos esperanza y un futuro”. Es considerado, además, cercano a Trump luego de haber sido nombrado dos veces en su primer mandato como comisionado de los Estados Unidos para la Libertad Religiosa. “Fue copresidente del consejo asesor evangélico de la campaña presidencial de Trump de 2016 y una figura influyente durante el primer gobierno de Trump. Formó parte de una coalición de líderes cristianos que visitaban regularmente la Casa Blanca, asistiendo a reuniones informativas sobre políticas y a reuniones de oración en el Despacho Oval”, según New York Times.




El reverendo ha elogiado el plan de Trump de expulsar a todos los palestinos de Gaza y convertir el enclave en la “Riviera del Medio Oriente”

La Fundación Humanitaria de Gaza, creado en febrero de este año en Suiza, ha sido el centro de las críticas en los últimos días por las masacres de palestinos, que se dieron en los últimos días, cuando entregaba alimentos en sus cuatro “puntos de distribución humanitaria” dentro de Gaza. La creación de estas “burbujas humanitarias” se remonta a fines de 2023 cuando la unidad del Ministerio de Defensa Israelí a cargo de la “ayuda a Gaza” comenzó a formular planes para “confinar a los civiles palestinos dentro de zonas seguras mientras las Fuerzas de Defensa de Israel combatían a los militantes de Hamás fuera”. La idea de establecer “sistemas de identificación biométrica para controlar a los palestinos que recogieran la ayuda fue de Liran Tancman, empresario y reservista de la unidad de inteligencia de señales 8200 de las FDI” responsable de desarrollar herramientas de espionaje y uso de la IA para atacar los Territorios Palestinos Ocupados, según The Washington Post. Después de un intento fallido, un grupo dirigido por el mayor general Roman Gopman, secretario militar de Netanyahu, seleccionó a un grupo de contratistas y definió la creación la Fundación Humanitaria de Gaza como una forma de crear una cobertura que no asociara a Israel con la operación.




Uno de los temores iniciales de los organizadores del proyecto fueron las posibles acusaciones de que sus centros de distribución de alimentos y complejos residenciales fueran 'campos de concentración con reconocimiento biométrico”, dirigidos por una organización vinculada con Israel. Por eso, los organizadores tomaron la idea de crear una fundación propuesta por Phil Reilly, el oficial retirado de la CIA a cargo de una de las contratistas militares involucradas, para intentar cubrir sus huellas. En la fundación destacan figuras como John Acree, jefe de Misión quien fue líder de respuesta ante desastres y catástrofes de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el teniente retirado General Mark C. Schwartz, ex coordinador de Seguridad de Estados Unidos para Israel y la Autoridad Palestina y Raisa Sheynberg, vicepresidenta de Asuntos Gubernamentales en Mastercard quien, antes, trabajó en la oficina de Terrorismo e Inteligencia Financiera del Departamento del Tesoro y fue directora del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca para Comercio e Inversiones Internacionales durante la Administración Obama.


Palestinos transportan suministros de ayuda de la Fundación Humanitaria de Gaza, respaldada por Estados Unidos, a través de una zona conocida como el Corredor Netzarim, en el centro de la Franja.

En ese sentido, Moore, un reverendo relacionado con “acciones humanitarias”, fue elegido nuevo director ejecutivo después de que Jack Wood, un marine retirado, renunciara por considerar que el trabajo de la fundación no respetaba “los principios humanitarios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia, en la entrega de ayuda humanitaria” El reverendo, quien ha calificado a los medios de difundir información falsa sobre la fundación, es por ejemplo uno de los firmantes de la Declaración de Bahréin sobre Libertad Religiosa, un documento clave en el acuerdo de paz entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel de 2020.




Para Moore, según uno de sus libros: “su activismo está especialmente animado por la seguridad y el bienestar del Estado de Israel”

Como asesor en temas religiosos de Trump, ha contribuido al acercamiento de Israel con monarquías árabes como las de Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Marruecos. También ha elogiado en reiteradas ocasiones a Arabia Saudí en el marco de las gestiones para lograr un acuerdo entre Tel Aviv y Riad.Según su biografía personal, se ha reunido con el presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi, el príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos y Netanyahu. Es un crítico de Irán, a quien culpó de apoyar a Hamás en una de las "peores masacres de judíos desde el Holocausto", alineándose además con la política israelí contra su programa nuclear de enriquecimiento de uranio.

Entre sus contradicciones está el hecho de haber promovido que se calificaran como "genocidio" las matanzas del Estado Islámico contra la población cristiana y, posteriormente, respaldar la política de normalización con el régimen sirio de Ahmed al-Sharaa, quien fue líder de la filial de ISIS y Al Qaeda en Siria. Una política acorde a los intereses israelíes, de las monarquías árabes y la Casa Blanca de Donald Trump.

Su identificación con Israel es de larga data, reflejada en su representación del Congreso de Líderes Cristianos y su papel como vicepresidente en la Liberty University, dos instituciones evangélicas proisraelíes. Además, ha recibido reconocimientos como el premio del Centro Simon Wiesenthal.

El reverendo también promueve leyes que penalicen el "antisemitismo" por cualquier crítica contra Israel desde el Grupo para las Minorías de Medio Oriente de la Liga Antidifamación (ADL). Esta organización de lobby israelí es conocida por haber presionado para prohibir TikTok debido a la publicación de videos críticos de la invasión a Gaza, haber espiado en los años 90 a activistas árabe-estadounidenses, y haber respaldado las últimas órdenes ejecutivas de Trump que permiten deportar estudiantes si critican a Israel. También ha organizado programas de formación para policías y militares estadounidenses en Israel.

El líder de la ADL, Jonathan A. Greenblatt, ha comparado la kufiya —el pañuelo tradicional de Medio Oriente que es símbolo de la lucha por la libertad palestina— con una esvástica nazi. También sostiene que "el antisionismo es antisemitismo". La presencia del reverendo en esta organización forma parte de la política institucional de acercarse a los evangélicos proisraelíes.

Como asesor en temas religiosos de Trump, ha contribuido al acercamiento de Israel con monarquías árabes como las de Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Marruecos

Para Moore, según uno de sus libros: “su activismo está especialmente animado por la seguridad y el bienestar del Estado de Israel. La influencia evangélica en los Estados Unidos puede no ser lo suficientemente poderosa como para hacer la paz, pero puede ser lo suficientemente poderosa como para descarrilarla”. Además, citó al pastor Joel Rosemberg cuando dijo: “la Biblia nos ordena amar a Israel. Lo Amamos a Israel no por razones políticas sino por razones teológicas porque la Biblia dice que Dios ama a Israel y al pueblo judío y tiene un plan especial para ellos”. Para el pensador John J. Mearsheimer, el evangelismo sionista, como el que apoya Moore, cree que presionar a Israel “es contrario a la voluntad de Dios”. En este contexto, en 2017, presionó a Trump, junto con otros evangélicos, para que reconociese a Jerusalén como la capital de Israel y trasladara allí la embajada estadounidense.

En la actualidad, Moore dirige The KAIROS Company, una consultora de relaciones públicas, y es comentarista itinerante de varias cadenas de televisión conservadoras. Su buena relación con las monarquías árabes, como su experiencia en comunicación y su perfil religioso, parece buscar lavar la imagen de la Fundación Humanitaria de Gaza en un momento donde es el centro de las críticas. Desde su aparición en Gaza, ha habido una estampida de figuras de su junta directiva, como Nate Mook, exCEO de World Central Kitchen, la organización humanitaria del chef José Andrés, y David Beasley, exdirector del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas. El último golpe a la organización de fachada israelí fue la finalización del contrato Boston Consulting Group (BCG), que estaba a cargo de supervisar la logística clave de la operación como la construcción de los puntos de distribución de “ayuda humanitaria”.


Palestinos lloran a sus familiares asesinados cerca de un centro de distribución de ayuda en el centro de Gaza, en el Hospital Al Shifa, Ciudad de Gaza.

A pesar de todo eso, para el reverendo, la fundación “sirve al pueblo de Gaza con dignidad y compasión”.


Fuente: Bruno Sgarzini

domingo, 15 de diciembre de 2024

La oportunista invasión israelí de Siria

 

     Presidente de ReThinking Foreign Policy y escritor habitual sobre Oriente Medio y la política exterior de Estados Unidos.


Desde la caída de Bashar al-Assad, Israel ha llevado a cabo una invasión no provocada de Siria con el apoyo de Estados Unidos. Los objetivos son claros: tomar territorio estratégico, dejar a Siria indefensa para el futuro y rediseñar el mapa político del Medio Oriente.



     Mientras Bashar al-Assad luchaba por salir de Siria, Israel movilizaba a sus fuerzas armadas para aprovechar el vacío de poder creado por el derrocamiento de Assad. Después de cinco décadas de un conflicto de bajo nivel entre los dos países, Israel vio una oportunidad de cambiar el cálculo y la aprovechó.

Hasta el miércoles, Israel había atacado Siria casi 500 veces. Su objetivo con estos ataques ha sido básicamente destruir la capacidad militar de Siria, y ya lo han logrado. Los informes de los medios israelíes afirman que más del 80% del armamento, los barcos, los misiles, los aviones y otros suministros militares de Siria han sido dañados o destruidos.

En esencia, Israel ha dejado a Siria completamente indefensa.

Mientras tanto, Israel se ha apoderado de la zona desmilitarizada establecida en 1974. Ha tomado el resto de los Altos del Golán, en particular el estratégico Monte Hermón, que Israel ha codiciado siempre por tratarse del punto más alto de la zona y un lugar ideal para la vigilancia de Siria y el Líbano.


Fotografía viralizada en redes sociales por cuentas ultraderechistas globales muestra supuestamente a las fuerzas israelíes ocupando la cima del monte Hermón de Siria el 8 de diciembre de 2024.

Prácticamente ningún sector de Israel ha mostrado resistencia a este acto flagrantemente criminal, lo cual no sorprende

Son muy pocos los que llaman a esto por su nombre: una invasión. Una invasión no provocada.

Prácticamente ningún sector de Israel ha mostrado resistencia a este acto flagrantemente criminal, lo cual no sorprende, ya que es de esperar que hasta la izquierda israelí apoye la dudosa justificación de la acción en términos de “seguridad”.

Lo que es más preocupante es la insuficiente respuesta de otros países. Muchos estados árabes han condenado las acciones de Israel, algunos incluso las han calificado de apropiación de territorio. Francia también las ha condenado y ha pedido a Israel que se retire. Alemania ha lanzado una advertencia bastante tibia.

Pero ¿dónde están los llamados a imponer sanciones, a congelar los acuerdos comerciales y, especialmente, las ventas de armas a Israel cuando invade otro estado soberano? De hecho, ¿dónde está la palabra “invasión” en gran parte de la retórica?

No sorprende que Estados Unidos haya calificado esta agresión flagrante y totalmente no provocada de “acto de legítima defensa” por parte de Israel. El asesor de seguridad nacional Jake Sullivan dijo que “lo que Israel está haciendo es tratar de identificar amenazas potenciales, tanto convencionales como de armas de destrucción masiva, que podrían amenazar a Israel y, francamente, amenazar también a otros, y neutralizar esas amenazas”.

En opinión de Israel, un Assad asediado, debilitado pero sostenido en el poder, limitaba a Siria como adversario estratégico a su papel de puente terrestre entre Irán y Líbano

Como en el caso del genocidio en Gaza, incluso cuando hay duras críticas, no hay amenaza de consecuencias. Esto es válido para Estados Unidos y también para los Estados árabes que tienen algún medio para imponer represalias a Israel: Jordania, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, ninguno de los cuales ha insinuado siquiera que esté considerando la posibilidad de cortar sus relaciones con Israel.

Irónicamente, el único país musulmán que rompió relaciones con Israel por el genocidio en Gaza fue Turquía, un aliado de Estados Unidos que está invadiendo Siria tras la caída de Assad.

El derecho internacional y las normas de las relaciones internacionales simplemente ya no existen, ni siquiera en la débil medida en que lo hicieron antes.

Dado que ya está claro que nadie va a detener a Israel, tenemos que preguntarnos cuáles son los objetivos de Israel en Siria.

Los objetivos de Israel en Siria

La relación de Bashar al-Assad con Israel era complicada. Solía emplear una retórica antiisraelí y su dependencia de Hezbolá e Irán para mantener su posición creó lo que se denominó la “Media Luna chiita”, que Israel veía como un medio para hacer llegar armas iraníes a Hezbolá en el Líbano. Por ello, Israel atacaba con frecuencia sitios sirios donde normalmente apuntaba a fuerzas iraníes o de Hezbolá. Lo hacía con tanta frecuencia que apenas se informaba de ello, y mucho menos se objetaba. Se convirtió en algo completamente normal en Israel y Washington.

Pero Assad también impidió ataques contra Israel desde territorio sirio y mantuvo la calma en la zona desmilitarizada junto a los Altos del Golán. Esto puede no parecer estratégicamente importante, pero para Israel, que había enfrentado frecuentes ataques desde Siria durante los primeros 25 años de su existencia, fue un gran logro.


Policía israelí en los altos del Golán.

La afirmación israelí de que actuaba para mantener la seguridad de la zona después de que el ejército sirio abandonara sus puestos allí es ridícula

Para Israel, Assad no era un amigo, pero se lo consideraba preferible a otras alternativas probables. En opinión de Israel, un Assad asediado, debilitado pero sostenido en el poder, limitaba a Siria como adversario estratégico a su papel de puente terrestre entre Irán y Líbano. Por eso, independientemente del apoyo de Israel a las operaciones encubiertas de la CIA para apoyar a los rebeldes sirios, Israel no presionó excesivamente para que se reclutara, armara y entrenara a esos rebeldes, a pesar de que algunos en Estados Unidos presionaban con fuerza para que se produjera un cambio de régimen en Siria.

El Acuerdo de Separación de 1974 congeló el conflicto entre Israel y Siria que se había reavivado en la guerra de 1973. Creó una zona de amortiguación desmilitarizada en la cara siria de los Altos del Golán, la mayor parte de los cuales permanecieron bajo ocupación ilegal israelí.

Ese acuerdo se mantuvo vigente hasta esta semana, un período de 50 años, lo cual es bastante notable si se tiene en cuenta todo lo que ha sucedido en la región desde entonces. Israel lo rompió tras la caída de Assad.

La afirmación israelí de que actuaba para mantener la seguridad de la zona después de que el ejército sirio abandonara sus puestos allí es ridícula. La fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, la FNUOS (Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación) seguía allí y no había ninguna amenaza en la zona.

La justificación “legal” de Israel es aún más absurda. Los acuerdos no se hacen entre regímenes ni entre gobiernos o gobernantes específicos, sino entre Estados. La afirmación de Israel de que la caída de Asad significa la nulidad del Acuerdo de Desconexión no sólo es errónea, sino también peligrosa.

Para la mayoría secular de Israel, sus designios están mucho más arraigados en una simple dominación, con el objetivo de alcanzar un nivel de hegemonía sin precedentes en Oriente Medio

Según este razonamiento, cualquier acuerdo entre dos países carece de sentido en cuanto cambia el gobierno. Esto implicaría, por citar sólo un ejemplo, que el tratado de paz de Israel con Egipto es inválido, ya que se firmó con el gobierno de Anwar Sadat. Cuando su sucesor, Hosni Mubarak, fue depuesto por un levantamiento popular, el tratado de paz debería haber sido anulado. Es una afirmación disparatada y es dudoso que Israel, y mucho menos Estados Unidos, estuviera de acuerdo con ella en ese caso, pero Israel lo dice con seriedad cuando la aplica en Siria. Y Estados Unidos lo respalda.

El objetivo de Israel al invadir la DMZ (zona desmilitarizada) era capturar el monte Hermón, el punto más alto de Siria. Se trata de una cadena montañosa que se extiende a ambos lados de la frontera entre Siria y el Líbano, por lo que es un lugar estratégicamente importante, no sólo porque puede ocultar aviones que vuelan a baja altura y algunos movimientos terrestres, sino, lo que es más importante, porque es el lugar ideal para espiar a Damasco, gran parte del territorio sirio circundante y gran parte del Líbano. Es un premio estratégico que Israel ha deseado desde que aceptó retirarse a su lado de la DMZ.


Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, visitan la frontera de Israel con Siria el pasado 8 de diciembre de 2024.

Cualquiera que sea el territorio que Israel finalmente acepte ceder, si es que acepta alguno, sin duda tendrá como objetivo mantener el Monte Hermón bajo ocupación.

Reestructurando el Medio Oriente

Pero el monte Hermón ha sido sólo el comienzo de los objetivos de Israel.

Para la extrema derecha israelí, representada por el tristemente célebre ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, la ideología del “Gran Israel” sitúa el expansionismo israelí en un contexto religioso. Pero para la mayoría secular de Israel, sus designios están mucho más arraigados en una simple dominación, con el objetivo de alcanzar un nivel de hegemonía sin precedentes en Oriente Medio.

Durante su testimonio en su juicio el martes, el primer ministro Benjamin Netanyahu dejó clara su visión de la situación regional actual, diciendo : “Algo tectónico ha sucedido aquí, un terremoto que no ha sucedido en los 100 años desde el Acuerdo Sykes-Picot”.

Es evidente que Netanyahu ve este momento como una oportunidad para rediseñar todo el mapa político del Medio Oriente.

Esta es la idea que se esconde detrás de los cientos de ataques que Israel ha lanzado contra objetivos militares sirios. Israel sostiene que lo hace por “razones de seguridad”, a pesar de la total ausencia de cualquier amenaza que provenga de Siria. Estados Unidos ha apoyado plenamente este argumento, a pesar de que es evidentemente falso.

Aunque Israel inicialmente insinuó que su objetivo eran los almacenes de armas químicas que aún quedaban después de que Assad se viera obligado a destruir la mayor parte de su arsenal, el bombardeo masivo demostró rápidamente que el verdadero objetivo era destruir por completo la capacidad de Siria para defenderse, como se ha dicho anteriormente. Por lo tanto, ahora que Israel ha logrado eliminar las capacidades militares de Siria, ¿qué implica eso para el futuro?

Una cosa que está muy clara es que Siria dependerá durante mucho tiempo de otros países para su autodefensa. Israel ha contribuido decisivamente a lo largo de los años a apoyar a los gobernantes árabes, incluso cuando no mantenían relaciones amistosas (el ejemplo más conocido fue la ayuda de Israel a Jordania en la lucha contra la OLP en la masacre de Septiembre Negro en 1970).

Dada la forma en que el líder de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), Abu Mohammed al-Jolani, ha estado acercándose a Occidente y la forma en que ha evitado hablar en contra de la invasión de Israel, bien puede ser que Israel se vea a sí mismo como un potencial “socio silencioso” que apoya a un nuevo régimen sirio. En silencio, pero brutalmente.

Esto se alinea bien para Israel con las actividades de Turquía en el norte del país, donde están presionando a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) kurdas, respaldadas por Estados Unidos, así como con el apoyo de Turquía al HTS. Si bien las relaciones entre Israel y Turquía se han vuelto a romper debido al genocidio israelí en Gaza, el presidente turco Recip Tayyip Erdogan es, por excelencia, un pragmático en lo que respecta a Israel y los kurdos. Si ve una oportunidad de trabajar con Israel para controlar una nueva Siria y hacerla menos hospitalaria para el nacionalismo kurdo, no dudará en aprovecharla.


Calles del barrio kurdo Sheikh Maqsoud en la ciudad de Alepo. 2023.

Lo que Netanyahu quiere evitar a toda costa es una Siria democrática e independiente. Como ocurre con cualquier Estado árabe, un Estado que refleje la voluntad de su pueblo apoyará la causa palestina. Esto no sólo es indeseable en sí mismo, sino que socavaría la narrativa israelí y occidental que presenta el apoyo al pueblo palestino como un respaldo al terrorismo y al autoritarismo.

Irán en la mira

En definitiva, la estrategia de Israel, como siempre, se centra en Irán. El jueves, el Times of Israel informó: “…la (Fuerza Aérea israelí) dijo que después de más de una década de evadir las defensas aéreas en los cielos de Siria durante una campaña contra el suministro de armas de Irán a Hezbolá, había logrado una superioridad aérea total en la zona. Esta superioridad aérea sobre Siria podría permitir un paso más seguro para los aviones de la IAF para llevar a cabo un ataque contra Irán, dijeron los funcionarios militares”.

Si bien el informe no indica necesariamente que sea inminente una operación israelí contra instalaciones nucleares iraníes, refleja una creencia israelí, probablemente acertada, de que un ataque israelí contra Irán que sea lo suficientemente poderoso y sostenido como para dañar o destruir las instalaciones nucleares de la República Islámica, muchas de las cuales se encuentran a gran profundidad, es mucho más factible ahora.

Irán parece haberlo reconocido y está preocupado. En las últimas semanas, ha respondido a los éxitos militares israelíes y a una resolución de Francia, Gran Bretaña, Alemania [el grupo E3, firmante de un acuerdo nuclear en 2015] y los Estados Unidos que decía que Teherán no estaba cooperando lo suficiente con el OIEA, haciendo lo único que puede hacer: aumentar su enriquecimiento de uranio.

Una denuncia reciente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) advertía de que Irán estaba enriqueciendo uranio al 60%, cifra cercana al umbral del 90% necesario para una ojiva nuclear. Esto motivó la denuncia de E3/EE.UU.

El jueves, Irán aceptó un mayor escrutinio del OIEA sobre sus instalaciones nucleares. Si bien es sólo uno de los muchos factores que influyeron en la decisión iraní, es seguro que la preocupación de Teherán de no dar a Israel una excusa para lanzar un ataque fue una de las razones clave de este cambio de postura.

En realidad, esto equivale a un régimen de terror que Israel, con el pleno apoyo de Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos, está intentando modificar por completo la faz de todo Oriente Medio. Un Estado sirio que dependa de las potencias occidentales (lo que inevitablemente significará Israel, aunque sea de manera encubierta) para su seguridad es un primer paso en ese sentido.

Sin duda, Israel no tiene un plan real sobre cómo tener éxito, pero está apostando a su capacidad de seguir viviendo a través de la espada, con el pleno apoyo estadounidense.

Fuente: EL SALTO

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Donald Trump ¿no empezará más guerras? (lo que dicen sus asesores)

 

       Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.




      Donald Trump cabalgó durante sus campañas encima de varios mitos potentes para la política estadounidense. En 2016, uno de ellos, por ejemplo, era que iba “a drenar el pantano” de Washington para sacar del juego a los funcionarios, lobistas, políticos y empresarios del “1% más rico del mundo”. No hace falta enumerar la cantidad de nombramientos de su administración que desmintieron aquello.

Esta vez, uno de los mitos fundamentales de su presidencia es que va a poner fin “a las guerras”. Trump, según Trump, no es un presidente belicista, ni desea que haya una Tercera Guerra Mundial por lo que buscará, por ejemplo, un arreglo en Ucrania para congelar el conflicto antes de asumir el mandado. Su promesa se basa en que durante su anterior administración no comenzó ninguna guerra y acordó la retirada de las tropas estadounidense de Afganistán. Pero es una verdad a medias. Para Bernabé Malacalza, doctor en Ciencias Sociales y experto en Relaciones Internacionales: “en el primer año de su mandato relajó restricciones internas para ataques con drones, habilitando su uso sin una revisión rigurosa y aumentando los bombardeos en Afganistán, Kenia, Yemen y Somalia. Además, eliminó el requisito de contacto directo con fuerzas enemigas para ejecutar bombardeos. Su decisión de asesinar al general iraní Qasem Soleimani puso a los países de Medio Oriente al borde de una catástrofe, evitada solo por la moderación iraní. Además, Trump ha sido un activo promotor del rearme mundial sin límites: rompió el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, se retiró del Tratado de Cielos Abiertos y no renovó el crucial New START con Rusia (que limitaba el total de armas nucleares despegadas por Rusia y Estados Unidos).

Durante su mandato, Trump aumentó el presupuesto militar estadounidense a más de 700 mil millones de dólares por año, la mayor erogación de la historia estadounidense. Por eso, para Malacalza, sus movimientos: “parecen tener menos que ver con pacifismo y más con una estrategia de “primacía recargada” de Estados Unidos orientada a reconfigurar los conflictos a su favor, posiblemente reavivándolos o redefiniendo sus objetivos estratégicos, especialmente en el contexto de las relaciones de poder en regiones y ámbitos claves”.

Lo que dice el American First Policy Institute, uno de sus principales grupos de asesores en política exterior.

El American First Policy Institute, después de la primera Administración de Trump, se convirtió en un refugio de sus antiguos funcionarios. En su consejo ejecutivo están, por ejemplo, Larry Kudlow, exdirector del Consejo Económico Nacional de su presidencia, Brooke Rollins, exdirectora del Consejo de Política Nacional de Estados Unidos, Chad F. Wolf, secretario interino de la Dirección de Seguridad Nacional, y Linda McMahon, directora de la Agencia Federal para las Pequeñas Empresas, donante de la campaña de Trump y esposa de Vince McMahon, CEO de la empresa de lucha libre World Wrestling Entertainment (WWE).


Linda McMahon could be gearing up for presidential run             Linda McMahon durante un discurso de Donald Trump durante su anterior presidencia.


El tanque de pensamiento fue fundado en 2020 gracias al dinero dado por tres grandes donantes de Texas, entre los que se destaca Tim Dunn, un empresario texano que se enriqueció con el auge del fracking en la Cuenca Pérmica de Texas. Dunn es un pastor cristiano evangélico que ha armado una serie de fundaciones y ongs en Texas para llevar las políticas de los republicanos hacia propuestas de extrema derecha a favor de la desregulación económica y la privatización de las escuelas. Este es su primer intento de llevar su propuesta a nivel nacional. Además, cree que se está “en medio de una batalla santa que enfrenta a los cristianos contra aquellos a los que se refiere como marxistas, quienes, según él, quieren controlar toda la propiedad y quitar la libertad”.

El American First Policy Institute no ha levantando tantas críticas como la Fundación Heritage por su “Proyecto 2025”, repleto de iniciativas polémicas como disolución el Departamento de Educación y Comercio y la concentración de poder en el presidente para sortear las barreras burocráticas. Pero entre sus 300 ordenes ejecutivas, listas para ser firmadas eventualmente por Donald Trump, están mayores barreras al aborto, eliminar las restricciones a las explotaciones petroleras en áreas naturales, retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, imponer requisitos laborales a los beneficiarios de Medicaid, el programa de salud para personas de bajos ingresos, establecer legalmente solo dos géneros, y eliminar las protecciones laborales de los funcionarios estatales para permitir una ola de despidos en las agencias de gobierno de Estados Unidos.


Presentación de la propuesta de política exterior y Defensa de la agenda American First.


En política exterior, la agenda del instituto, denominada “American First Agenda”, ha tomado mayor importancia desde que Linda McMahon fuera nombrada como copresidente del equipo de transición de Donald Trump. Uno de sus pilares se titula “lograr la paz a través de la fuerza y el liderazgo estadounidense” y plantea que “cualquier compromiso de vidas o dólares estadounidenses en el exterior se traduzca en beneficios concretos para el pueblo estadounidense”. También que “Estados Unidos puede defenderse y desempeñar un papel de liderazgo en el mundo evitando nuevas guerras, negociando acuerdos de paz históricos y fomentando una distribución equitativa y justa de la carga con nuestros amigos y socios”. Los capítulos donde se desarrollan esta tesis, muchas veces, contradicen este principio de “evitar guerras” ya que van desde “mantener la fuerza militar más poderosa del mundo” hasta “exigir a China que rinda cuenta por sus prácticas” y volver a la política de “máxima presión” contra Irán.

La OTAN, Israel y Medio Oriente: el regreso a la antigua política exterior seguida por Trump

En el primer capítulo de este pilar titulado Establecer una política exterior que priorice a Estados Unidos, el tanque de pensamiento sostiene que Washington “está en la mejor posición para liderar el mundo y preservar la paz y la estabilidad cuando prioriza la seguridad, la prosperidad y el bienestar general del pueblo estadounidense. Estados Unidos primero no significa Estados Unidos solo, ni tampoco significa un regreso al aislacionismo”. Esto implica “un uso concentrado y juicioso del poder militar no sólo para disuadir a los adversarios, sino, si la disuasión falla, para luchar y ganar las guerras. Utilizar el ejército estadounidense para su propósito previsto garantiza que Estados Unidos no se enrede en esfuerzos prolongados como la construcción de naciones en el extranjero”. Esta referencia vaga podría hacer alusión a los países que Washington apoya, en términos económico y militares, para que se enfrenten a sus rivales geopolíticos.

Entre las propuestas de este capitulo está, por ejemplo: “dar prioridad a las naciones que estén dispuestas a luchar por sí mismas contra amenazas comunes y que hayan demostrado su voluntad de asumir su parte de la carga para realizar esfuerzos de defensa colectiva, restablecer los vínculos de defensa con las naciones que han cumplido o superado sus compromisos de incrementar su PIB en un 2% con la Alianza del Tratado del Atlántico Norte y han demostrado una clara alineación de visión y recursos en términos de contrarrestar a la China comunista y abordar la amenaza de Rusia”. También plantea que Washington no subordine su política de seguridad nacional a las instituciones multilaterales y a otras naciones”. Incluso, para el instituto, el próximo presidente debe reservarse el derecho de retirarse de las instituciones multilaterales que estén en conflicto con los intereses estadounidenses. Lo que profundiza la tendencia estadounidense a ser un sheriff mundial que no respeta las reglas del orden internacional cuando le son inconvenientes.


Merkel vs. Trump : la photo symbole du G7 | France Inter                  Donald Trump con la excancillera alemana Angela Merkel y Shinzo Abe, exprimer ministro de Japón, durante una reunión del G-7.


Esto vuelve a la misma política durante la anterior Administración de Trump donde se sancionó a la fiscal de la Corte Penal Internacional por investigar crímenes de guerra estadounidense en Afganistán y se tensó las relaciones con los integrantes europeos de la OTAN por no invertir lo suficiente en sus presupuestos militares. Mientras que se mantiene el mismo enfoque sobre las amenazas “chinas o rusas” y se habla de presionar a los países aliados para que asuman “su papel” en la confrontación entre Occidente y Oriente.

En el tercer capítulo, titulado Adoptemos un nuevo y audaz camino hacia la paz y la prosperidad en Oriente Medio, se reivindica la vuelta a la política que favoreció el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, al establecer la embajada estadounidense en esa ciudad y los acuerdos de Abraham firmados entre Israel, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Marruecos y Sudán porque abandona el “paradigma de paz, propuesto por el establishment (sic), que da poder de veto a los palestinos sobre las perspectivas de paz para la región”. En ese sentido, el instituto critica a la Administración Biden por reestablecer la “asistencia económica a la Autoridad Nacional Palestina, la instancia gubernamental reconocida por la ONU, y abrir una “Oficina de Asuntos Palestinos” en la embajada de Estados Unidos en Jerusalén. Y pide volver a la estrategia de “máxima presión contra Irán por sus ambiciones nucleares y su patrocinio del terrorismo”.

Entre sus propuestas para la próxima administración están: “la oposición a la prestación de asistencia estadounidense a la Autoridad Nacional Palestina hasta que cese su apoyo al terrorismo, la ampliación y desarrollo de los Acuerdos de Abraham con la profundización de los lazos militares y comerciales, la restauración de la campaña de máxima presión contra Irán, la negativa a cualquier intento de acuerdo nuclear con Irán que sea peor que el anterior Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), y una mayor integración de Israel en el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) para incluir la coordinación con los aliados en la región para contrarrestar la influencia y las actividades malignas de Irán” .


Netanyahu dit s'être entretenu avec Trump à trois reprises depuis son  élection - The Times of Israël


El apoyo a Israel, sus políticas anexionistas y sus objetivos bélicos contra Irán, por supuesto, está en línea con los posibles nombramientos de Trump en política exterior, como el de Marco Rubio en el Departamento Estado o Mike Waltz en el Consejo Seguridad Nacional, alineados con lobbyes como El American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). De cumplirse las propuestas del plan, Israel podría embarcarse en una campaña de bombardeos, apoyada por Estados Unidos y sus aliados, contra las capacidades armamentísticas y nucleares de Irán dejando Medio Oriente al borde de una gran guerra regional.

La “amenaza china” y el rearme militar estadounidense: la pax trumpiana

Otro de los capítulos se titula Mantener la fuerza militar más poderosa del mundo y plantea que: “un ejército fuerte es fundamental para proteger a los estadounidenses y preservar la posición y la fuerza de nuestra nación. Garantiza la seguridad del pueblo estadounidense y que Estados Unidos pueda mantener a raya a sus adversarios a medida que desarrollan nuevas capacidades”.

Entre sus propuestas se encuentra: “definir lo qué significa “disuasión” y “guerra” en el contexto de la amenaza de la China comunista (sic), realizar una revisión de toda la agenda de Defensa para determinar las capacidades necesarias para prepararse y disuadir a la China comunista (sic), prohibir el acceso de la China comunista (sic) a la infraestructura estadounidense y garantizar que el ejército y las fuerzas del orden estadounidenses no dependan de los drones y otras tecnologías chinas”. Tanto el uso de palabras como guerra y disuasión no parecen muy del vocablo pacifista que vende Donald Trump, sino que se enmarca en el enfoque propuesto por la mayoría de los asesores de Trump de buscar una política de contención efectiva de China, que involucre, incluso, medios militares.

Y eso se refleja mucho más en el último capítulo de la propuesta de la American First Policy Institute titulado “Exigir a China comunista que rinda cuentas por sus prácticas comerciales injustas crónicas, el robo de tecnologías estadounidenses y la contaminación del aire y los océanos de nuestro planeta”. El capitulo argumenta que: “la República Popular China (RPC) y su Partido Comunista Chino (PCCh) en el poder representan la principal amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Entre las actividades preocupantes de China se encuentran las prácticas comerciales desleales crónicas, el robo de tecnologías estadounidenses, la agresión contra sus vecinos, el abuso del medio ambiente y un programa de armas nucleares en aceleración. China también es un agresor constante contra la isla libre y democrática de Taiwán. La República Popular China somete a Taiwán, donde se produce el 90% de los chips informáticos más avanzados del mundo, a una guerra política, mediática y psicológica y ha declarado abiertamente que está dispuesta a conquistar Taiwán con la fuerza militar, si es necesario”.


Trump-Xi Take Center Stage as Central Banks Shift: Economy Week - Bloomberg


Por supuesto que todo el capitulo justifica el regreso a una política de guerra comercial contra China, dado que, “ antes de que se aplicaran los nuevos aranceles en 2018, el robo de propiedad intelectual por parte de China costaba a Estados Unidos entre 225.000 y 600.000 millones de dólares al año, y el déficit comercial alcanzaba los 418.000 millones de dólares”. Ambos factores, afirma el documento, “contribuyeron a vaciar la base manufacturera estadounidense, lo que dio como resultado la pérdida de 3,7 millones de empleos estadounidenses entre 2001 y 2018”.

Aunque el instituto hace unas propuestas bastantes peligrosas en términos militares como: “mantener un presupuesto de defensa lo suficientemente grande como para sustentar una disuasión robusta en el Pacífico occidental, apoyar vigorosamente y equipar a los aliados y socios regionales estadounidense con capacidades militares avanzadas para contrarrestar el ascenso de China en el Este de Asia, poner fin al aislamiento político del pueblo taiwanés y brindarle el apoyo militar, diplomático y moral necesario para sostenerlo. Un claro llamado a profundizar la carrera armamentística en Asia Pacífico y apoyar a los países, como Taiwán, en un eventual enfrentamiento con China. Si quedaba alguna duda sobre eso, el documento también propone fortalecer y modernizar las capacidades de disuasión nuclear estadounidense para contener a Beijing.

Por eso, quizás, el lema de Trump no debería ser “no queremos más guerras”, sino que proponemos una “única guerra”: que sea contra China.

Este texto fue publicado hace unas semanas en Diario Red.


Fuente: Bruno Sgarzini