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jueves, 20 de noviembre de 2025

No les creas: mitos y realidades de la IA

 

 Por Oriol Arcas     
      Doctor en arquitectura de computadores por la Universitat Politècnica de Catalunya y miembro del colectivo Protecció de la Frontera Electrònica.


La inteligencia artificial no se despertará, no se volverá superinteligente ni te convertirá en clips de papel. Pero los ricos con psicosis inversora por ella casi con toda seguridad te harán mucho, mucho más pobre


     Hoy en día cualquier debate incluye la inteligencia artificial (IA), y cualquier debate sobre IA trata sobre sus capacidades técnicas. En este artículo quiero hacer un ejercicio de análisis reposado, ignorando el aura de sobrenaturalidad que se ha otorgado a la IA y considerándola como lo que es: un producto más. ¿Cómo son las empresas que la producen? ¿Qué modelo de negocio tienen? ¿Por qué apuestan por la IA?


Inteligencia Artificial (IA).

Creo que seguir este hilo será mucho más productivo para llegar a conclusiones útiles que la cacofonía hecha de promesas, miedos y desconocimiento que domina este tema.

La trampa del hipercrecimiento

Después de la crisis de 2008, los bancos centrales inyectaron grandes cantidades de liquidez en el sistema para evitar la deflación. Con los tipos de interés cercanos a cero, los inversores institucionales se encontraron con una gran masa de capital que necesitaba encontrar rendimientos más elevados. Como dice el economista Nick Srnicek en su obra Capitalismo de plataformas: “La nueva economía de plataformas no es tanto la vanguardia de un nuevo capitalismo como una salida para el capital sobrante”.




Según Srnicek, esta situación favoreció “un exceso de capital en busca desesperada de rendimientos en un mundo de intereses bajos”. Buena parte de las inversiones se canalizaron hacia apuestas cada vez más arriesgadas, como las de capital riesgo en nuevas tecnologías. Así es como aparecieron las empresas emergentes: Google y Meta controlan la publicidad, Amazon la venta en línea, Netflix hace sombra a la industria audiovisual, Uber al sector del transporte, etc.

Con estas enormes inyecciones de capital sobrante, las empresas emergentes aplicaron una “nueva” estrategia para asaltar mercados consolidados: permanecer durante décadas en régimen de pérdidas hasta agotar a la competencia. Nueva al menos en cuanto a la escala en la que se ha llevado a cabo. Con notables excepciones, las plataformas tecnológicas no triunfaron porque ofrecieran un producto más avanzado tecnológicamente, sino porque con una app ocultaban prácticas monopolísticas de toda la vida: subvencionar precios para acaparar el mercado (dumping), contratar trabajadores en régimen de autónomos y así ofrecer precios más competitivos…

La desregulación de las protecciones antimonopolio permitía a las plataformas crecer hasta someter el mercado, y a partir de ahí entraban en una fase de hipercrecimiento a través de la extracción de todo el valor a proveedores y clientes. Este ciclo está excelentemente descrito por Cory Doctorow en su concepto de “mierdificación” (enshittification).

El problema es que las grandes tecnológicas, tras un crecimiento explosivo, están estancadas. Ya hace años que Google y Meta monopolizan el mercado de la publicidad en línea, y Amazon el de las ventas. Si siguieran su curso normal, se estabilizarían en un nuevo sector con pocos cambios y la tasa de ganancia iría bajando.

Pero no pueden permitirse perder el estatus de empresa en “hipercrecimiento”. Eso supondría una caída en picado de su altísima valoración de mercado, y literalmente billones de dólares desaparecerían de golpe. El valor de mercado de las empresas no se basa solo en sus beneficios actuales, sino en la percepción de crecimiento futuro. Empresas de sectores consolidados como la industria o el comercio tienen un valor en bolsa basado en sus ingresos, mientras que las empresas tecnológicas tienen un valor en bolsa más influido por la perspectiva de crecimiento. La métrica financiera que nos indica esta relación es la ratio precio-ventas, y si es muy alta, indica que los inversores valoran la empresa por encima de lo que realmente vende. El gigante de los supermercados Walmart tiene una ratio precio-ventas de 1,2, y Ford y General Motors de 0,3. En cambio, Apple está valorada en 9 veces lo que ingresa, y Microsoft en más de 13. El factor dominante es la perspectiva de crecimiento y beneficios futuros, no los ingresos actuales.

Ratio precio-venta de las empresas de Fortune 500


Elaboración propia del autor con las estadísticas de las primeras 25 empresas del ranking Fortune 500 con su ratio precio-ventas, septiembre de 2025.

Una alta valoración de mercado de la empresa tiene múltiples beneficios. Para las pequeñas empresas emergentes significa un precio más alto si logran vender la empresa. Para las grandes plataformas significa libertad financiera. La generación tradicional de capital a través de plusvalía tiene el inconveniente de depender de trabajadores, clientes e impuestos, lo cual siempre resulta molesto. El crédito conlleva costosos intereses. En cambio, una empresa como Microsoft puede emitir acciones y ganar 13 veces más por ellas que Walmart. O usarlas como prima en lugar de salario en forma de stock options, consiguiendo retener a trabajadores cualificados.

Todo esto hace que las empresas tecnológicas con alta valoración sean más competitivas, y las primas a sus ejecutivos más atractivas. Por eso quieren mantener esa apariencia de hipercrecimiento cueste lo que cueste. Mark Zuckerberg apostó el futuro de Facebook al “metaverso”, un mundo de realidad virtual, hasta el punto de rebautizar su empresa como Meta. El proyecto, sin embargo, no ha fructificado y la unidad de realidad virtual de Meta ha despedido recientemente a más de 600 trabajadores. Elon Musk lleva más de una década anunciando que la conducción autónoma de los vehículos de Tesla llegará “el año que viene”. De manera similar, el CEO de Anthropic ha afirmado que gracias a la IA tenemos ante nosotros un futuro en el que “el cáncer será curado, el presupuesto equilibrado y el 20% de la población estará en el paro”.

Términos prometidos públicamente por Elon Musk sobre la conducción autónoma de los vehículos Tesla


Elaboración propia del autor a partir de declaraciones públicas de Elon Musk.

Muchas empresas exageran sobre sus productos, pero las que lo hacen más son las tecnológicas, y lo hacen por necesidad. Es en este contexto en el que deberían enmarcarse las promesas que hacen sobre el impacto de la IA. Y nada como prometer a sus clientes que podrán echar a la calle a miles de trabajadores.

Predicciones de ejecutivos sobre el impacto de la IA en el mercado laboral


Elaboración propia del autor a partir de declaraciones públicas de varias compañías.

Los mismos que prometían que el futuro era el “metaverso”, o que los coches se conducirían solos, ahora nos prometen que la IA nos sustituirá a todos. Las estadísticas muestran cambios localizados, por ejemplo, en sectores como la atención al cliente, pero no una sustitución masiva. El éxito de los proyectos en los que se han sustituido trabajadores por IA es discutible, y daría para otro artículo. Lo que sí se ha observado es un efecto de histeria colectiva: los medios reproducen acríticamente las promesas de los ejecutivos, los trabajadores creen que están a punto de ser sustituidos por un robot, y los inversores presionan a otras empresas para “no quedarse atrás”, aunque eso implique integrar la IA en productos donde no tiene sentido y de forma burda.

La contabilidad imposible de la IA

La necesidad de estar permanentemente en una fase de hipercrecimiento explica en gran medida la gran apuesta que han hecho las grandes plataformas tecnológicas por la IA. Pero ¿qué tan buena es esta apuesta?

Actualmente, la industria de la IA tiene resultados desastrosos. Cada nuevo modelo tiene un coste de entrenamiento enorme. Entrenar ChatGPT 4 costó más de 100 millones de dólares, y el coste de ChatGPT 5 podría haber superado los 1.000 millones. Una vez en funcionamiento, el coste operativo también es prohibitivo, ya que los modelos son cada vez más grandes. Para atraer a los usuarios, las empresas de IA como OpenAI, Microsoft, Google y Anthropic subvencionan los precios, asumiendo enormes pérdidas. El analista especializado en IA Ed Zitron calcula que solo en 2025 las grandes tecnológicas han invertido 354.000 millones de dólares, mientras que la proyección de ingresos es de poco más de 28.000 millones.

Balance de ingresos e inversiones en IA (2025)


                                                                                                                   Fuente: Ed Zitron.

Esto significa un 92% de pérdidas anuales. En el caso de Anthropic, la empresa rival de OpenAI, durante el pasado septiembre gastó en infraestructura de Amazon Web Services para hacer funcionar sus servicios de IA más de lo que ingresó en suscripciones por esos servicios, generando pérdidas operativas. Para equilibrar los balances, estas empresas tendrían que incrementar los precios un 1200%, lo que supondría el fin del negocio.

Esta situación de pérdidas es insostenible, incluso para las grandes plataformas tecnológicas y los fondos de inversión con enormes reservas de capital. OpenAI y Anthropic deben recibir periódicamente grandes inyecciones de capital para mantenerse en funcionamiento, lo que, como hemos visto, es una característica habitual de las empresas emergentes. Pero ¿hasta cuándo puede una empresa seguir quemando inversiones a este ritmo? Los inversores siguen confiando en ellas, pero las muestras de impaciencia en Wall Street ya comienzan a notarse. Por eso se suceden los anuncios de grandes proyectos y enormes inversiones.

Bloomberg advertía que los anuncios de enormes inversiones, destinados a generar titulares sobre el crecimiento de las empresas, indican prácticas de inversiones circulares. Nvidia anuncia con gran fanfarria que invertirá 100.000 millones en OpenAI para construir enormes centros de computación; OpenAI anuncia un acuerdo por valor de 300.000 millones para alquilar los servicios de procesamiento de datos a Oracle; a su vez, Oracle anuncia un contrato de compra de productos de Nvidia para poder proporcionar esos servicios de procesamiento. Es cierto que estos circuitos existen en las complejas economías actuales, pero en un sector emergente pueden significar que no hay actividad económica real.

¿Pero son creíbles esos números? Como detalla Ed Zitron, los 100.000 millones que Nvidia ha anunciado que invertirá en OpenAI están fraccionados y condicionados. Por cada centro de datos de 1 GW de capacidad de cálculo que OpenAI construya usando GPU de Nvidia, Nvidia liberará 10.000 millones. OpenAI ha llegado a un acuerdo similar con AMD, que ofrece pagos en especie en forma de paquetes de acciones de AMD a precio preferente por cada 1 GW de capacidad de cálculo que OpenAI construya con chips de AMD. Es decir, estas inversiones dependen totalmente de la capacidad de OpenAI para construir centros de procesamiento.

En total, OpenAI ha llegado a acuerdos con socios como Nvidia y AMD para construir centros de datos con una capacidad de cálculo de 26 GW. Estas cifras equivalen aproximadamente a la energía generada por 17 reactores nucleares, muy por encima de lo que puede soportar la red eléctrica actual de Estados Unidos. Además, este tipo de equipamiento no aparece de la noche a la mañana: una turbina de gas de alta calidad como las necesarias para alimentar estos centros puede tener un tiempo de espera de 7 años actualmente. Solo uno de estos centros ha comenzado a construirse, el Stargate Abilene, en Texas, y se presenta como un centro de datos de 1,2 GW de capacidad de cálculo. A fecha de octubre solo tenía una capacidad de generación de 0,2 GW, de los cuales un 70% se destinan realmente a capacidad de cálculo. Lejos, pues, del objetivo de 26 GW.

Un problema añadido es que estas inversiones se deprecian muy rápidamente. El componente principal de cálculo de estos centros son las GPU fabricadas por Nvidia. Las GPU de alta gama usadas en estos proyectos, como las H100, que consumen 700 W y cuestan entre 20.000 y 40.000 dólares cada una, podrían tener una vida útil de entre 3 y 5 años debido a la alta intensidad de los cálculos. Esto puede significar que la parte que acabe materializándose de estos proyectos no valdrá prácticamente nada antes de 2030.

En resumen: el modelo de negocio actual de las IA no es viable económicamente, las inversiones anunciadas no se están realizando, son difícilmente realizables, y de producirse se depreciarían rápidamente.

¿Una burbuja?

OpenAI y Anthropic, las empresas emergentes que generan modelos de IA, necesitan que el relato se mantenga para su propia supervivencia, ya que ambas necesitan inyecciones periódicas de miles de millones para mantenerse en funcionamiento. Las grandes plataformas como NVIDIA, Microsoft, Alphabet (Google), Apple, Meta, Tesla y Amazon necesitan que la IA funcione, porque su valoración como empresas en hipercrecimiento depende de ello, y ya han apostado demasiado como para echarse atrás. Juntas, estas grandes plataformas tecnológicas suponen un 35% de la bolsa de Estados Unidos.

Pensemos en esto: un tercio del valor de la bolsa estadounidense lo está apostando todo a que la IA funcione. Al mismo tiempo, la IA no está resultando viable económicamente.

Cada vez más voces alertan de los signos clásicos de una burbuja financiera que puede arrastrar la economía de Estados Unidos hacia una crisis. Uno de esos signos es la creciente fragilidad del mercado. Las altas valoraciones en bolsa de las plataformas tecnológicas se basan en la promesa de crecimiento, y no en resultados tangibles actuales.

La alta interdependencia de las plataformas agrava aún más esta fragilidad. Como señala Ed Zitron, el 42% de los ingresos de Nvidia provienen de 5 empresas: Microsoft, Amazon, Meta, Alphabet (Google) y Tesla. Y Nvidia encarna, por ahora, la IA. La dependencia va en sentido contrario también: Meta gasta un 25% de sus inversiones en GPU de Nvidia, y Microsoft un 47%. Es decir, las inversiones de las grandes plataformas son muy altas y están concentradas en un solo producto, que es muy frágil.

La presión del resto de la economía por subirse al carro de la IA añade más dependencia de un producto concentrado en muy pocas manos. ¿Qué pasará con las empresas que han hecho un esfuerzo por integrar la IA en sus productos y procesos, si de repente los proveedores de modelos de IA desaparecen o multiplican sus precios por 10?

Esta fragilidad se enmarca en una fragilidad mayor. Estados Unidos está inmerso en una guerra comercial con el resto del mundo, especialmente con la UE, Rusia y China. Choques económicos como los aranceles pueden provocar, y están provocando, una contracción de la demanda. Esto puede llevar a los inversores a posiciones conservadoras, poniendo fin a la era de apuestas de capital riesgo y altas valoraciones en bolsa que alimentan a las empresas de IA.

Estas reflexiones no sustituyen el debate sobre la utilidad práctica de la IA, sino que lo complementan. Como dice Cory Doctorow: “Lo más importante de la inteligencia artificial no son sus capacidades técnicas ni sus limitaciones. Lo más importante es el relato de los inversores y la histeria consecuente que ha preparado una catástrofe económica que perjudicará a cientos de millones o incluso miles de millones de personas. La IA no se despertará, no se volverá superinteligente ni te convertirá en clips de papel. Pero los ricos con psicosis inversora por la IA casi con toda seguridad te harán mucho, mucho más pobre”.


Fuente: Ctxt

viernes, 7 de noviembre de 2025

¿Quién es Larry Ellison? El billonario amigo de Trump que convirtió un contrato con la CIA en un imperio de 343 mil millones de dólares

 

 Por Bruno Sgarzini      
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Larry Ellison ha llamado la atención después de convertirse en uno de los empresarios claves del trumpismo, junto a figuras como Peter Thiel de Parlantir o Andreessen Horowitz, el inversionista de riesgo de Silicon Valley, quienes cultivan ideas como la necesidad de que Estados Unidos sea gobernada por una tecnomonarquía, divulgada por algunos pensadores afines como Curtis Yarvin.

Su oferta para comprar la división estadounidense de Tik Tok ha revelado también sus relaciones con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y sus vínculos profundos con las agencias de seguridad estadounidenses. Ante esta irrupción vale la pena preguntarse quién es Ellison.

De un ignoto técnico a un notorio empresario

Ellison nació el 17 de agosto de 1944 en el Bronx, Nueva York, hijo de Florence Spellman, una mujer judía soltera de 19 años, y un piloto italoamericano del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos. A los nueve meses de edad, tras contraer neumonía, fue enviado a Chicago para su adopción por los tíos de su madre, Lillian y Louis Ellison, quien perdió su negocio inmobiliario durante la Gran Depresión y después se ganó la vida como auditor de la autoridad de vivienda pública. A los 18 años comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (1962-1964), donde fue nombrado estudiante científico del año, pero abandonó la carrera tras la muerte de su madre adoptiva Lillian en 1964. Lo volvió a intentar en 1966 en la Universidad de Chicago en 1966 pero también volvió a dejar sus estudios en física y matemática. En lugar de eso, inició un meteórico ascenso con sus conocimientos rudimentarios de programación al mudarse a Berkeley, California. Algunos de sus primeros empleos como programador fueron en Amdahl Corporation, donde ayudó a construir los primeros sistemas mainframe compatibles con IBM, y Ampex donde conoció a Bob Miner y Ed Oates, los futuros cofundadores de su empresa Oracle.

Varios años después en 1977, Ellison cofundó con ellos Software Development Laboratories (SDL) con una inversión inicial de apenas 2,000 dólares (1,200 de su propio bolsillo), y fue nombrado director ejecutivo de la empresa. Ellison creía en lo propuesto por Edgar Cood, un teórico informático, sobre la creación de un modelo relacional de datos para grandes bancos de datos compartidos. Desde este momento, se propuso convertir su empresa en una de las primeras en almacenar enormes bases de datos. “Uno de sus primeros contratos de dos años fue para desarrollar un sistema de gestión de bases de datos relacionales para la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El nombre clave del proyecto fue Oracle. Lo finalizaron un año antes de lo previsto y aprovecharon el tiempo extra para desarrollar su sistema para aplicaciones comerciales al que llamaron con el mismo nombre. En 1980, la empresa de Ellison contaba con solo ocho empleados y sus ingresos eran inferiores a un millón de dólares, pero al año siguiente, IBM adoptó Oracle para sus sistemas mainframe, y las ventas se duplicaron cada año durante los siete siguientes. La empresa millonaria se convirtió en una empresa multimillonaria. Ellison rebautizó la empresa como Oracle Corporation, en honor a su producto más vendido”, según Academy of Archievement.

La empresa experimentó un crecimiento explosivo durante los años 1980, convirtiéndose en la mayor empresa de gestión de bases de datos del mundo en 1987. “Sin embargo, en 1990 Oracle enfrentó una crisis casi fatal debido a prácticas contables agresivas y la sobreestimación de ganancias, lo que llevó a la empresa al borde de la bancarrota y obligó a Ellison a reestructurar la gestión y despedir al 10% de la fuerza laboral, integrada por 400 trabajadores”, según Vincent van Vliet. Además de estas prácticas contables cuestionables, la compañía de Ellison tenía problemas para que sus tecnologías fueran compatibles con la base de datos Systems R de IBM, la corporación más grande del rubro.

Pero varios años después, la suerte de Oracle cambió. “IBM dominó el mercado de bases de datos relacionales con los protocolos DB2 y SQL/DS. Sin embargo, la compañía se retrasó en el lanzamiento de bases de datos relacionales en sistemas operativos Unix Windows. Esto abrió las puertas a empresas como Sybase, Oracle y Microsoft. Por ello, dominaron los sistemas y microcomputadoras de gama media”, de acuerdo a van Vliet. Esto convirtió en poco tiempo a Ellison en propietario en una de las empresas de mayor rápido crecimiento en el mundo de la informática al absorber varias competidoras directas como PeopleSoft, Siebel Systems y Sun Microsystems. Todo esto ayudó a Oracle a alcanzar una capitalización bursátil de aproximadamente 185 000 millones de dólares con unos 130 000 empleados en 2014, de acuerdo al portal Toolshero.

Más de 30 años después, Oracle se ha convertido en un gigante del software clave para desarrollar enormes bases de datos, una infraestructura necesaria para la IA. Sus megaproyectos van desde el Stargate, lanzado hace poco tiempo junto al banco japonés SoftBank y OpenIA de Sam Altman, y la construcción de enormes complejos subterráneos en Israel. Oracle, por ejemplo, mantiene un contrato de más de 300 mil millones con OpenAI durante cinco años, y asociaciones con Microsoft Azure, Amazon Web Services, y Google Cloud.

Al entrar en su octava década, con su sexta esposa, lleno de vitalidad y vigor, sigue siendo el presidente ejecutivo y director de tecnología de Oracle, guiando la visión de la compañía. Su ambición es muy simple: superar a Amazon en bases de datos en la nube”, según And Simple, un portal dirigido a investigar las riquezas de los billonarios.

La expansión del imperio y su círculo de relaciones

Oracle se ha convertido en una empresa tecnológica tan importante que se espera que su infraestructura cloud crezca de 10 mil millones en ingresos en 2024 a 144 mil en 2030, según sus proyecciones. Ellison, en este contexto, se ha convertido en un mega magnate cuya riqueza lo ubica como el segundo más rico del mundo con 343 billones de dólares, según un índice de Bloomberg. Sus inversiones van desde Tesla, donde posee una participación del 1,4% (45 millones de acciones) valorada en 19 mil millones de dólares, hasta Skydancer Paramount, un gigante corporativo de la comunicación recién comprado por su hijo David, según el portal Money Check. En Tesla, el propio Ellison fue parte del consejo directivo desde 2018 hasta agosto de 2022 junto con Elon Musk, considerado por él como uno de sus pupilos empresariales.




Estas inversiones son dirigidas por Lawrence Investments, una entidad designada para administrar la riqueza familiar. A través de este fondo, por ejemplo, aportó mil millones de dólares a la compra de Twitter por parte de Musk y compró, por ejemplo, el 41% de las acciones de su compañía, Oracle, cuyo valor asciende a los 349 mil millones de dólares. Como la mayoría de los billonarios, también se ha obsesionado con la adquisición de grandes propiedades; entre las que se incluye la isla hawaiana de Lanai a la que en 2020 invitó a Benjamín Netanyahu a pasar sus vacaciones. Sus propiedades van desde una mansión de 173 millones de dólares en Manapalan, Floridad, de 62,200 pies cuadrados y 33 habitaciones, hasta el Eau Palm Beach Resort & Spa, y diez inmuebles en Carbon Beach, Malibu.

Mientras que sus proyectos de filantropía se concentraron hasta 2013 en financiar estudios sobre el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad a través de la Fundación Médica Ellison. Otras donaciones importantes tienenque ver con su relación cercana con Israel y Netanyahu; Ellison es uno de los mayores donantes de Amigos de las Fuerzas de Defensas de Israel y uno de los billonarios que más lobby hace a favor de Tel Aviv. Al punto que, incluso, preguntó a un diplomático israelí que tan cercano a Israel era el actual secretario de Estado, Marco Rubio, antes de aportar a una de sus campañas en 2015.

Oracle, además, es una gran contratista militar israelí que se ha enriquecido con las políticas de control contra el pueblo palestino. Desde 2021, se convirtió en la mayor empresa en la nube de Israel y ha firmado acuerdos con las Fuerzas de Defensa de Israel como el Proyecto Menta, una iniciativa clasificado de ingeniería de datos de cuatro años.

Sus relaciones y su deseo de ser un amo del universo

Ellison ha donado más de 46 millones de dólares a campañas federales desde 2012, estableciéndose como uno de los megadonantes republicanos más influyentes de Silicon Valley. Sus contribuciones más significativas incluyen 35 millones al super PAC Opportunity Matters Fund en apoyo al senador Tim Scott, cinco millones para Marco Rubio en 2016 y tres millones para la campaña presidencial de Mitt Romney en 2012. Sin embargo, desde 2020, Ellison entró en el círculo íntimo de Trump cuando participó de una reunión para definir las estrategias de la campaña presidencial republicana de ese año para deslegitimar los resultados electorales, de acuerdo a The Washington Post.

Este apoyo ha sido recompensado por Trump en esta nueva presidencia; dado que la compañía de Ellison, Oracle, lidera, por ejemplo, la iniciativa de IA StarGate, junto a OpenIA y Soft Bank, para construir infraestructura, como centros de datos, en Estados Unidos por unos 500 mil millones de dólares. También la oferta privada, impulsada por la Casa Blanca, para comprar la licencia para operar el algoritmo de Tik Tok y almacenar los datos de la red social en Estados Unidos. Según un amigo del magnate, citado por The New York Times, su motivación para ofertar por Tik Tok habría sido la compra de Twitter por parte de Musk. “Una cosa es ser rico, otra relevante para los consumidores, con influencia en la cultura, la política y los medios de comunicación”.

Mientras que Skydancer, la compañía de su hijo, ha recibido la aprobación por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones, nombrada por Trump, para comprar el estudio Paramount, propietario, además, de la cadena CBS. Skydancer también planea la adquisición de Warner, dueño de Discovery, HBO y CNN, lo que le daría al trumpismo el control, o influencia, sobre las principales cadenas de noticias y estudios de cine y televisión.




Pero los tentáculos de la familia Ellison no se limitan a Estados Unidos; el patriarca también ha donado más de 350 millones de dólares a la Fundación para el Cambio Global Tony Blair para utilizar la institución como promotora de sus iniciativas. Desde el ascenso del partido laborarista con el primer ministro, Keith Starmer, la fundación, además, ha conseguido el nombramiento de dos sus empleados en áreas como la secretaría de Tecnología y un equipo de trabajo gubernamental que asesora sobre políticas de datos y tecnología en el plan decenal del Partido Laborista para el Departamento de Salud. La fundación, que según sus empleados se ha vuelto en un apéndice de Oracle, promueve la idea de privatizar las bases de datos gubernamentales, sobre todo, la del Departamento de Salud, cuyo historial abarca hasta el 1948 y está valuada, al menos, en 10 mil millones de libras esterlinas. Para esto, ha sacado informes como “Gobernando en la Era de la IA: Construyendo la Biblioteca Nacional de Datos de Gran Bretaña”, según una investigación del portal de investigación LightHouse Reports.

Para Ellison, una de sus tareas pendientes es combinar miles de bases de datos en un enorme repositorio electrónico para que sea explorado por IA. Eso ·curará enfermedades y arreglará todo lo demás, le dijo a Tony Blair, el ex primer ministro británico, en un simposio sobre la reinvención del gobierno celebrado en Dubai en febrero. El billonario es un activo partidario de utilizar la IA como herramienta para una sociedad de vigilancia. Según su visión, habría cámaras por todas partes con cada movimiento analizado por IA. “Los ciudadanos se portarán bien, porque registraremos e informaremos todo lo que sucede”, declaró a los inversores de Oracle hace unos meses.

En su opinión, además; “ser primero es más importante que ganar dinero. Tengo tanto dinero. El dinero es solo un método para llevar la cuenta”.


Fuente: Bruno Sgarzini

martes, 10 de junio de 2025

Arden ‘teslas’, arden ‘waymos’: por qué incendiar coches inteligentes es ya el símbolo de una época

 

 Por Javier Salas   
      Jefe de sección de Ciencia, Tecnología y Salud y Bienestar. Cofundador de MATERIA, sección de ciencia de EL PAÍS.


Los vándalos queman robotaxis de Google en lugar de vehículos policiales mientras las grandes tecnológicas se convierten en la nueva encarnación del abuso de poder


Coches ardiendo el domingo pasado en Los Ángeles.


     Un hombre enmascarado, musculoso, desafiante, que ondea una bandera de México sobre un coche destrozado junto a otros en llamas. A Elon Musk no le gusta lo que ve en Los Ángeles. “Esto no está bien”, ha tuiteado al compartir la imagen más icónica de las protestas californianas contra las redadas trumpistas para capturar inmigrantes. La violencia no da la razón, pero da visibilidad: es el mismo debate cada vez que una protesta tiene ramificaciones violentas.




A Musk, probablemente, lo que más le molesta es la enseña mexicana, pero lo más llamativo, lo verdaderamente icónico, es el coche: un robotaxi de Waymo, una filial de Google que cuenta con una flotilla de coches sin conductor que navegan las calles con ayuda de la inteligencia artificial (IA). Los vándalos los invocaron uno a uno por la app, como quien pide una barricada móvil, y los iban alineando detrás del anterior para luego destrozarlos. Cuando quieres liarla parda y generar un buen alboroto, este tipo de vehículo es perfecto: no tiene conductor que se pueda sentir intimidado, se coloca donde se lo pidas y arde de una forma muy salvaje. “Cuando un vehículo eléctrico se quema, la física cambia. Ya no estás luchando contra un charco de gasolina en el asfalto; estás luchando contra una batería de óxido metálico de alta densidad energética”, explican en Scientific American.


Un vehículo Waymo arde en medio de una intersección durante las protestas en Los Ángeles, California, el 8 de junio de 2025.

En las protestas por la muerte de George Floyd, en 2020, se quemaron y destrozaron coches patrulla policiales. Hoy, frente a la deriva autoritaria de Donald Trump, las víctimas son los autos inteligentes. Primero fueron los Tesla de Musk, cuando el hombre más rico del mundo empezó a diezmar los recursos del Estado. Ahora queman los vehículos autónomos de Google, que tuvo que retirarlos del servicio para impedir que siguieran cayendo como fósforos. La gente se ha dado cuenta de que el nuevo símbolo del abuso de poder, del tecnoautoritarismo que Trump está desatando contra la ciudadanía, son las grandes compañías de Silicon Valley, no los policías. Y como las herramientas tecnológicas que se están desplegando para cercenar derechos fundamentales en EE UU se prueban primero y con más fuerza contra los inmigrantes, es lógico que el rechazo al capitalismo de vigilancia y sus aparatos esté muy presente en una protesta contra la política de acoso a los extranjeros.




Waymo insiste en que las protestas no están relacionadas con su servicio, pero parece claro que los robotaxis representan un cambio con el que mucha gente no está contenta”, escriben en el medio especializado The Verge. Esos coches ya han generado muchos problemas desde que se desplegaron por la ciudad hace solo 7 meses, pero hay un factor decisivo aquí: las cámaras. Las necesitan para orientarse sin conductor, pero terminan grabando su entorno circundante y almacenando las imágenes. Y se sabe que la compañía comparte esas imágenes con las autoridades, incluido el Departamento de Policía de Los Ángeles. En esta guerra, los aparatos con cámaras son colaboracionistas. Los periodistas presentes en los disturbios cuentan que se los menciona como “coches espía”. “Cuando ayer pregunté a algunos manifestantes en el terreno por qué pensaban que se incendiaban los Waymos, me dijeron que los autos ‘espían’ a la gente y podrían estar grabando imágenes de las protestas. Todavía no sabemos exactamente quién prendió fuego a los coches o por qué, pero está claro que más gente percibe los Waymos como una extensión de la infraestructura de vigilancia policial”, explica la periodista especializada Taylor Lorenz.


Un miembro del Departamento de Bomberos de Seattle inspecciona un Tesla Cybertruck en marzo de 2025.

No solo se quemaron los Waymo: también se usaron los patinetes eléctricos de Lime como arma arrojadiza contra los policías y como combustible para avivar los fuegos. Otra tecnología que ha inundado las ciudades, que también vampiriza nuestros datos y que ahora ve cómo su aparente ventaja se explota como vulnerabilidad: desplegados por todos lados, sin profesionales que los protejan, fácilmente localizables. “No hay nadie alrededor que les impida solicitar un coche de Waymo y destruirlo, ni que intervenga en la prematura desaparición del patinete de Lime. Han transformado estas tecnologías indiferentes y extractivas en instrumentos de protesta. Están utilizando el sumidero de responsabilidad como arma”, señala Brian Merchant, autor especializado en el rechazo a las grandes tecnológicas. Es como si los luditas, además de cargarse los telares, los hubieran usado para tejer camisetas con el lema “Abajo el capital”.

A comienzos de año, las víctimas fueron Musk y sus Tesla. Esos coches eran el mayor símbolo —y el más accesible— del ansia de devolverle al magnate la destrucción que estaba provocando en forma de despidos y pobreza. La respuesta de Trump —que se convirtió en vendecoches de su entonces admirado benefactor— fue considerar ese vandalismo como “terrorismo doméstico”, la mejor forma de extremar la politización de esos destrozos. Quemar un coche como el más grave acto político. El fenómeno no se quedó solo EE UU: además de hundirse sus ventas, en Italia se quemaron 17 teslas y otros 7 en Alemania. El vandalismo llegó hasta Australia y Nueva Zelanda. En esa rabia contra los coches inteligentes confluye el rechazo al autoritarismo de Trump, la protesta ludita ante una automatización irresponsable y la repulsa ante el poder desatado de los tecnobros. Todos esos magnates que se rascaron los millones del bolsillo para pagarle la fiesta de coronación a Trump están señalados. Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y Sundar Pichai (CEO de Alphabet, dueña de Waymo) recogen ahora el rechazo creciente de la ciudadanía.


Uno de los vehículos de Waymo que opera Uber, fotografiado este mes en Austin.

Ya había activistas antiWaymo antes del regreso de Trump a la Casa Blanca. El grupo Safe Street Rebel actuaba en San Francisco contra los coches inteligentes, pero de una forma mucho más pacífica: con un cono naranja. Su ingeniosa forma de boicotearlos al colocarle encima uno de estos conos de tráfico, cegándolo de golpe y dejándolo fuera de servicio con un gesto nada violento, me representa mucho más. Pero el fuego es el fuego: el mandato de Trump comenzó con un Tesla en llamas ante una de sus propiedades, en una imagen tan icónica que muchos pensaron que era falsa, generada por inteligencia artificial. Ahora, mientras su mandato se desliza hacia algo más peligroso, la IA transformada en antorcha de litio se convierte en un símbolo del rechazo que genera todo lo que representan sus políticas. Como escribió Susan Sontag: “Las fotografías son un medio para hacer ‘reales’ (o ‘más reales’) cosas que los privilegiados preferirían ignorar”.

Fuente: El PAÍS