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lunes, 5 de enero de 2026

Venezuela y la crisis del modelo imperial estadounidense

 

 Por Antonio Turiel  

       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Con el sorpresivo secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, Donald Trump ha inaugurado una nueva etapa del declive energético en el que llevamos ya dos décadas inmersos, desde que en 2005 la producción de petróleo crudo convencional llegara a su máximo histórico y comenzara un proceso de lento declive.




Una etapa que promete ser bastante turbulenta, porque las urgencias de la escasez energética hacen que caigan las caretas y que los países muestren su verdadera cara, lo que están dispuestos a hacer con tal de preservar su situación de dominio económico.

Durante las últimas semanas, la administración Trump ha alimentado el discurso de que Venezuela es una gran plataforma del narcotráfico hacia los EE.UU., responsabilizando personalmente al presidente de Venezuela de este tráfico de cocaína. Las acciones de los EE.UU. han sido progresivamente más agresivas con Venezuela: primero, la destrucción de algunas embarcaciones de narcotraficantes; luego, el cierre del espacio aéreo venezolano; más tarde, el apresamiento de varios petroleros; y ahora el secuestro en su palacio presidencial en Caracas de Nicolás Maduro y su mujer por medio de un grupo especial de ejército americano. Lo cierto es que no se entiende este nivel de agresividad y urgencia con un problema que obviamente hace décadas que dura, y además del cual Venezuela solo es una ruta, mientras que el origen de la cocaína está obviamente en Colombia y Bolivia. Ítem más, se hace extraño que personalice el problema en el presidente del país, que probablemente tenga poca o nula relación con todo esto, pero que en todo caso no se ha aportado ningún elemento de prueba que demuestre que efectivamente está implicado. E incluso si lo estuviera, las relaciones entre los países no se pueden gestionar ni se gestionan de manera expeditiva cargando contra sus representantes, por múltiples motivos pero, entre otros, porque tal manera de hacer difícilmente puede despertar las simpatías de la población. La acción de los EE.UU. ha sido una clara violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, y algo absolutamente extemporáneo e injustificable.

Pero toda la cuestión del narcotráfico pasó rápidamente a segundo plano cuando Donald Trump compareció delante de los medios el día 3 para explicar la operación. Sin solución de continuidad, Donald Trump explicó que las empresas petroleras de EE.UU. van a invertir miles de millones de dólares en el sector petrolífero de Venezuela, de manera que en pocos años puedan garantizar que la producción de petróleo venezolano suba desde los lánguidos 900.000 barriles diarios de hoy en día hasta los 4 ó 5 millones de barriles por día (Mb/d). En su alocución, el presidente Trump mencionó la palabra "petróleo" un total de 29 veces, más del doble de las que mencionó "narcotráfico", dejando meridianamente claro de qué iba todo esto.

La clave de todo está, por supuesto, en la Faja del Orinoco, una zona en la que se supone que hay unas reservas que se publicitan como de hasta 300.000 millones de barriles de petróleo (aunque el geólogo Art Berman siempre insiste que la mayoría de éstas son las famosas "reservas de papel", de la época en la que la OPEP infló sus números, y que en realidad hay más bien unos 100.000 millones de barriles - igualmente, una cantidad nada desdeñable).

La Faja del Orinoco es una región dentro de la cuenca hidrográfica del río Orinoco, situada a una distancia de entre 150 y 300 kilómetros de la costa, en plena selva y en territorio con una pendiente importante. La Faja del Orinoco limita al sur con el Arco Minero, donde hay importantes depósitos de diamantes, níquel y torio y muchos otros minerales estratégicos como el oro.




En la Faja del Orinoco hay petróleo extrapesado, bitumen de características similares al que se explota en Canadá.


Arenas asfálticas de Canadá.

Venezuela tiene otros yacimientos con petróleo de mejores características, más convencional, sobre todo en la Bahía de Maracaibo, pero esos yacimientos han pasado ya hace mucho tiempo su máximo de extracción. La razón principal por la que la producción petrolífera de Venezuela ha bajado de los 3,5 Mb/d de finales del siglo pasado a menos de 1 Mb/d actualmente es precisamente el agotamiento de sus pozos de aguas poco profundas - y es que Venezuela, efectivamente, hace tiempo que pasó su peak oil. Es cierto que las continuas sanciones y el deterioro económico han perjudicado a la industria local y que posiblemente podría producir más de lo que produce ahora mismo, pero también es cierto que la única manera de aumentar de manera creíble la producción venezolana es mediante el petróleo extrapesado. De hecho, desde hace ya muchos años la producción de petróleo extrapesado representa aproximadamente dos tercios de todo el petróleo extraído en Venezuela.

Al igual de lo que pasa con el bitumen canadiense, el petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco es una sustancia muy viscosa y para nada fluida, semejante al alquitrán. Su extracción es muy compleja y costosa, más que en Canadá porque mientras que en el país del arce las arenas bituminosas están en la superficie, en la Faja del Orinoco están enterradas a centenares de metros. Así pues, su extracción y procesado directo tal y como se hace en Canadá (que es más una operación de minería) es inviable en Venezuela, y la única solución es abrir un pozo que inyecte ingentes cantidades de vapor de agua para fluidificar un poco los lodos bituminosos, y al tiempo, desde otros pozos auxiliares, inyectar gases para incrementar la presión y obligar a los lodos a subir a la superficie. Una vez en superficie, se debe de lavar el bitumen para separarlo de la arena. Pero, de nuevo, estamos hablando de algo parecido al alquitrán, que no fluye, así que generalmente lo que se ha hecho es mezclarlo con petróleos ligeros o bien con agua con surfactantes (la famosa Orimulsión) para poder introducirlo en los oleoductos y llevarlo a las refinerías de la costa o bien para ser quemado en centrales térmicas. Venezuela importó durante muchos años petróleo ligero de Argelia para mezclarlo con su bitumen porque con el petróleo que extraían en Maracaibo no tenían suficiente para mover todo el bitumen que producían en la Faja.

Y de ese modo se empieza a entender el interés de los EE.UU. por el petróleo venezolano. Porque, a priori, Venezuela no debería ser el objetivo principal de los norteamericanos, dada la mala calidad (y bajísima TRE) de la mayoría de la producción petrolífera venezolana. Además, EE.UU. es ahora el principal productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d, así que, ¿por qué perder el tiempo con el petróleo de baja calidad de un país cuya producción es cada vez más marginal?

La clave es que, aunque EE.UU. haya conseguido  gracias al fracking aumentar de manera espectacular su producción en los últimos años, el tipo de petróleo que está produciendo no es tampoco de buena calidad. De los 13 Mb/d que produce los EE.UU., algo más de 4 Mb/d provienen de pozos tradicionales que producen petróleo de buena calidad, en tanto que más de 9 Mb/d son de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking. Ese petróleo está formado por hidrocarburos de cadena corta y tiene un menor rendimiento a la hora de producir diésel... justo en el momento en que empezamos a tener problemas con la producción mundial de diésel.


Rendimiento óptimo comparativo de diversos tipos de petróleo, en producción de nafta (gasolinas), destilados medios (gasoil, diésel, keroseno) y residuales.

En general, el petróleo ligero de roca compacta proporciona alrededor de la mitad de diésel que el petróleo convencional, lo que lleva a una sobreproducción de gasolina y un defecto de producción de diésel, comprometiendo la viabilidad económica de las refinerías y creando un problema logístico muy grande. A este problema los EE.UU. le dieron una solución sencilla hace años: importar petróleo extrapesado de las arenas bituminosas de Canadá, que se puede hacer circular por los oleoductos tras mezclarlo con la fracción más ligera de su petróleo extraligero de fracking (en una proporción de 2 a 1, el doble de petróleo extrapesado que de condensado ligero). De hecho, EE.UU. ha adaptado muchas de sus refinerías para trabajar con esa mezcla, con buenos resultados. Pero Canadá hace tiempo que tocó techo con su producción de petróleo extrapesado, con una producción de algo más de 4 Mb/d, y eso se queda lejos de las necesidades de EE.UU. para producir diésel y para aprovechar su petróleo ligero de baja calidad. Recordemos, además, que en EE.UU. se consumen 21 Mb/d, es decir, quen aún tiene que importar de manera neta 8 Mb/d o el 40% de su consumo.

Por eso mismo, el petróleo extrapesado de Venezuela les resulta interesante: porque les permitiría rentabilizar su petróleo de fracking y resolver el acceso al diésel. Y esto también explica la urgencia de los EE.UU: la producción mundial de diésel hace tiempo se está moviendo entre un 10 y un 15% menos que el máximo de producción que se consiguió entre 2015 y 2017. Falta diésel en muchos países (miren los problemas en Bolivia, Nigeria o incluso en Irán), y dentro de poco comenzará a faltar también en los países occidentales. 

Hay un bonus para los EE.UU. de su intervención en Venezuela, y es intentar barrer a China fuera de lo que consideran su hemisferio, el hemisferio occidental, en una reedición de la doctrina Monroe. Probablemente no por casualidad, el día antes de que Maduro fuera apresado, éste recibió en Caracas al enviado especial de China.

Pero en realidad toda la maniobra de EE.UU. lo que revela con más claridad es la debilidad de su sistema imperial. Una acción tan precipitada, con una violación tan descarada de la legalidad internacional, no es propia de un país que controla el relato de "garante de la paz" y "faro de la democracia universal". La manera tan grosera con la que directamente Trump relacionó la acción con el petróleo venezolano, sin intentar disimular un poco, dejó claro que ahora lo que mandan son las prisas y no hay tiempo para guardar las formas. Pero es que además es dudoso que el plan les salga bien. De entrada, tienen que conseguir que Venezuela se someta a sus dictados, cosa que no está tan clara que puedan conseguir. Pero incluso si Venezuela abre la mano y permite a las empresas estadounidenses campar a sus anchas en la Faja del Orinoco, la complejidad de la operación en esa zona, con los lodos bituminosos enterrados a centenares de metros, en medio de la selva, en lugares escarpados, hacen que los costes sean astronómicos. Encima, tendrían que transportar el petróleo de fracking en grandes cantidades desde los EE.UU. para disolver el bitumen y poder moverlo hacia la costa. Es dudoso que las empresas petroleras hagan esto si no reciben copiosas subvenciones del estado, y eso obligará a los EE.UU. a implementar nuevas formas recaudatorias, seguramente a imponer al resto del mundo, para poder financiar toda la operación. Hay demasiadas cosas que pueden salir mal, y encima, como dice Art Berman, se necesitaría al menos una década para desarrollar toda la infraestructura necesaria. Y una década parece demasiado en la situación actual. En la práctica, lo mejor que podría hacer los EE.UU. es mejorar la extracción en los yacimientos de Maracaibo y resto de yacimientos convencionales, y poco más.

En todo caso, mientras no haya una verdadera revolución o guerra en Venezuela, no parece que vaya a haber ninguna influencia en el precio del petróleo. La cuestión es demasiado local, y Venezuela hoy en día no es un actor tan importante a escala global. En realidad, los mayores riesgos para el mercado global de petróleo, y en particular para España, están en otros lugares: en la inestabilidad de Nigeria, en las incipientes revueltas en Irán y en las refinerías rusas bombardeadas por drones ucranianos.

Para concluir mi análisis, no puedo dejar de mencionar que he visto con cierta sorpresa como algunos de los más significados industrialistas o griniudileros patrios (todos ellos ácidos y desabridos detractores de mi persona) han creído oportuno gritar a pleno pulmón que el petróleo tiene poco o nada que ver con lo que ha pasado en Venezuela (para su desgracia, ay, pocas horas antes de que la rueda de prensa de Trump dejara claro que obviamente, sí, tiene todo que ver con el petróleo).


Negar el decrecimiento.

En su batiburrilo de argumentos mal hilados y peor pensados insisten en que el triunfo del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) hace que el petróleo sea cada vez más irrelevante. Por desgracia para ellos, las muchas contradicciones internas del REI están haciendo que el sector se esté hundiendo, por más que ellos neciamente insistan en lo contrario. Durante 2026, veremos quebrar a muchos promotores de proyectos solares y fotovoltaicos, y muchos proyectos ser abandonados, y poco a poco será cada vez más claro que el REI ha fracasado, que el REI está muerto. Pero ellos necesitan seguir gritando con porfía, incluso cuando la realidad nos demuestra que, por desgracia, el petróleo sigue moviendo el mundo y que la preocupación ambiental ocupa un lugar cada vez más relegado en la agenda de los gobiernos. Aunque es normal que griten. Les va literalmente su sueldo en ello. Sinceramente, me parecen dignos de lástima. Ojalá en algún momento reconozcan su error y pidan perdón por el daño enorme que han causado.


Fuente: The Oil Crush

jueves, 4 de diciembre de 2025

Liquidación de excedentes

 

 Por Antonio Turiel  

      Físico, matemático y experto en Energía del CSIC.




     A medida que nos acercamos al final del año 2025, se va haciendo cada vez más evidente que va a haber un ajuste muy fuerte en el modelo de transición energética basado en la Renovable Eléctrica Industrial (REI) en Europa, y más específicamente en España.




Aunque jamás se va a reconocer, el modelo REI ha fracasado y lo ha hecho estrepitosamente. Ha fracasado por las mismas razones que llevamos años contando, y en el caso particular de España, porque simplemente el consumo de electricidad continúa bajando mientras que se sigue instalando más sistemas de producción de electricidad renovable. La siguiente gráfica, elaborada por el profesor Sergi Saladié de la Universitat Rovira i Virgili, sintetiza muy bien la cuestión.




La línea de color sepia es la previsión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima del estado español (PNIEC). La línea marrón, la realidad de por dónde ha evolucionado el consumo estos años. En 2024 había ya una desviación del 20% hacia abajo entre la expectativa y la realidad, y este 2025 la cosa irá a peor, porque según los datos disponibles hasta ahora el consumo de electricidad habrá caído al menos otro 1% este año.

No vamos a abundar una vez más en las razones de este fracaso. La clave ha estado, por supuesto, en la ausencia de tecnologías palanca adecuadas para poder hacer la tan cacareada sustitución/transición energética: ni el coche eléctrico ni el hidrógeno verde han resultado ser lo que se suponía, y al tiempo la crisis energética latente, particularmente por la falta global de diésel y de energía asequible para Europa, está acelerando la desindustrialización del Viejo Continente y con ello la caída del consumo eléctrico. No hay transición, ni la va a haber. Llevamos demasiados años instalados en la falta de decisión, las excusas y los paños calientes, y como diría Churchill, ahora nos estamos adentrando en la era de las consecuencias.

El 31 de diciembre concluye el programa NextGenerationEU y con él la brutal inyección de dinero, sobre todo en España, para favorecer la transición energética. Al mismo tiempo, y particularmente desde el apagón del 28 de abril, las renovables están teniendo problemas para llegar al mínimo de horas para cobrar la prima, problema que ya comentamos cuando decayó el primer intento de decreto del Gobierno con el que se intentaba mitigar ese problema (luego sacaron otro con agostidad y, por lo que se ve, mayor aquiescencia de los actores políticos). Se añade a estos problemas la dificultad que van a tener algunas productores de satisfacer sus compromisos contractuales de provisión de "energía verde" a grandes consumidores industriales, que necesitan justificar sus emisiones de CO2 o si no pagar por los derechos de emisión. Y si incumplen estos compromisos, tendrán que pagar sustanciosas indemnizaciones.

Y, al margen de todo esto, lo que está claro es que va a haber un parón en los nuevos proyectos. No hay mercado. Hace tiempo que no lo hay. La rentabilidad de los proyectos no solo no está garantizada: es que está garantizado que no la tendrán. Nada indica que se vaya a producir un cambio de tendencia en el consumo de electricidad, a pesar de lo mucho que se publicitan los centros de datos por la irrupción de la IA para precisamente dar la impresión contraria. Pero los datos son inapelables: el consumo de electricidad continúa cayendo. Y es que incluso si el mercado repuntara, se necesitarían unos cuantos años para que se absorbiera la capacidad excedentaria actual.


España ha consumido en octubre de 2025 menos electricidad que en octubre de 2006.

Por supuesto, nadie va a reconocer que todo ha sido un mayúsculo bluff. Nadie va a reconocer que la transición al REI estará parada unos cuantos años, quien sabe si para siempre. Del mismo modo que, en la cumbre de Bélem, la UE y la propia España siguen hablando del objetivo de no superar los +1,5ºC de calentamiento cuando el último dato diario que tenemos indica que estamos a +1,8ºC y si miramos los últimos 365 días estamos por encima de +1,6ºC. No se va a reconocer la evidencia, ni con el Calentamiento Global, ni con el fracaso del REI, porque simplemente no hay narrativa alternativa. Tenemos que mantener el discurso porque no hay ningún otro, al menos a nivel oficial y políticamente aceptable.

2025 acabará, probablemente, en un baño de sangre en el sector eléctrico, en el que muchos pequeños promotores, muchos pequeños productores y algunos pequeños distribuidores van a quebrar. Eso servirá para reajustar el mercado, pero no va a permitir continuar al ritmo que se iba. Durante un tiempo parecerá que no pasa nada, o que pasa poco, por todos los proyectos que ya estaban en marcha, licitados o adjudicados y para los que el dinero necesario ya estaba comprometido. Pero poco a poco será evidente que prácticamente no se introducen proyectos nuevos. El grueso del sector aspira ahora a retoques del sistema: introducir baterías y que entren en el mix en condiciones favorables, proyectos de sistemas de estabilización (designados eufemísticamente como "mejoras de la red"), proyectos de hibridación (pequeños parques renovables con baterías, para poder desempeñar la función de producción y regulación de estabilidad), repotenciación de parques ya existentes... y poco más: algún proyecto nuevo, de tanto en tanto, pero lejos de la enorme cantidad de ahora. El REI no desaparece, pero se va a reducir, y mucho, en el curso de los próximos dos años. El volumen de negocio va a ser bastante más pequeño del que ha sido estos años, y también la carga de trabajo. No va a haber trabajo para tantos ingenieros, y los despidos van a ser norma.

Sobran ingenieros, sí. Y también sobran voceros. 

Todas esas personas que se dedican a hacer activamente lobby en favor del modelo REI durante estos años, personas muy activas en el frente comunicativo, con contactos en los medios, con capacidad de influencia. Personas que han estado acosándonos, a mi y al resto de personas que en el mundo académico hemos intentando explicar este sinsentido. Personas y organizaciones pensadas para la promoción del REI, ahora, van a sobrar. Ahora que el REI va a pasar a un discreto plano, la intensidad de su promoción tendrá que ajustarse a su nueva dimensión real.

Las últimas semanas han sido prolijas en manifestaciones esperpénticas de la impotencia de los proREI. Algunos intentan contrarrestar las malas noticias, particularmente las que cuelgo yo en mis ahora más escasas interacciones en las redes sociales, con argumentos cada vez más bobalicones (como que en 2025 ha aumentado la capacidad fotovoltaica instalada, eso sí, sin que sirva para nada). Otros siguen con su cruzada en pro del REI sin saber que ya está muerto: estos días un diario local se hacía eco de los resultados finales del Biopaís, un proyecto científico financiado por la Fundación Biodiversidad y que cuantifica de manera inequívoca el enorme e inaceptable impacto ambiental que tendría un parque eólico en la Bahía de Roses; pero, para contrarrestar el revés, lo contrapone a un folleto propagandístico de una asociación no científica que intenta promover el REI a toda cosa en Cataluña, al cual presenta como "otro estudio científico". Una manipulación tan artera y grosera que llama la atención por lo palurda, pero a la que por desgracia ese diario, bien engrasado por los intereses del REI, nos tiene acostumbrados. Este (enésimo) lamentable incidente me recordó al que vivimos hace unos años cuando sobre este mismo tema fuimos a hablar al Parlament de Catalunya, y, aparte de la manipulación mediática descarada (en la nota de prensa aparecía la opinión de la empresa y desapareció por completo mi intervención), tuvimos que soportar la actitud cínica, sesgada y de muy mejorable educación de la que ahora es Consellera del ramo, que contraponía a nuestros estudios científicos los trabajos de la empresa ("los otros científicos", según ella) y que nos designó de manera despectiva como "más activistas que científicos" (aparte de la falsedad evidente del aserto, da qué pensar que alguien que pertenece a un partido que se dice de izquierdas considere peyorativa la palabra "activista"). O sea, que para esta gente seguimos con la miseria de siempre. No saben, sin embargo, que los cheques dejarán de llegar.




Incidentalmente, también en estas semanas alguien me hizo notar que una buena parte de esta gente (pero muchos: hagan los deberes y lo verán meridianamente claro) están siendo financiados o lo han sido por la European Climate Foundation, una organización que parece respetable (al fin y al cabo, tiene la palabra "Climate" en su nombre) hasta que te das cuenta de que entre sus primeros financiadores se encuentra la Fundación Rockefeller. La cual tiene todo el derecho legítimo a financiar lo que quiera, pero obviamente no se puede negar de que probablemente tenga un sesgo inevitable en sus fines. Como dice Juan Bordera a los proREI que dicen defenderlo por razones ambientales: "Si tus intereses coinciden con los de Iberdrola, tienes que hacérterlo mirar".

Pero, como decimos, esto se acabó. Hay un excedente de lobbystas del REI. Y ahora viene la hora del ajuste, muchachos. Aunque no os lo queráis creer. Aunque no lo queráis aceptar. 

Algunos quedarán como grupo básico de presión del REI, a menor escala, adecuado a la nueva escala del REI. 

Otros, más cínicos y oportunistas, se apuntarán a la nueva burbuja renovable (como ya lo están haciendo algunos), alabando las bondades del biogás y los gases renovables, e introduciendo ya la falca de la biomasa. Ambas cosas, aberraciones abominables, de las que ya hemos hablado y de las que hablaremos a menudo en los próximos años.


Planta de biomasa en Puertollano inaugurada en 2020.

Para el resto, lo mejor es que se vayan buscando otro trabajo. Sobran tontos útiles. Gracias por los servicios prestados, pero ya os podéis ir a casa, muchachos.


Fuente: The Oil Crush

sábado, 26 de julio de 2025

Ricochet

 

 Por Antonio Turiel    
      Físico, matemático y experto en Energía del CSIC.


     Como seguramente sabrán si viven a este lado del Atlántico, el Gobierno de España fracasó recientemente en su intento de convalidar el decreto-ley de medidas urgentes para reforzar el sistema eléctrico. El decreto fue inicialmente aprobado por el Gobierno el 24 de junio, pero necesitaba ser convalidado por el Congreso en el plazo de un mes, y en la votación del pasado 22 de julio fue rechazado (y por tanto queda sin efecto). 

Se le ha dado mucha importancia a este decreto debido al sobresalto que causó el apagón general en España del pasado 28 de abril. Desde el Gobierno y desde las grandes compañías eléctricas se ha insistido en que este decreto era indispensable para evitar futuros apagones. En los últimos días, viendo que no habría una mayoría suficiente para la convalidación del decreto, las grandes eléctricas se prodigaron en declaraciones de todo tipo, inclusive diciendo que, de no aprobarse, se pondrían en riesgo inversiones por valor de 200.000 millones de euros.




Se ha hablado muchísimo sobre las motivaciones de carácter político de los partidos que han votado en contra, y se han agitado con gran aspaviento espantajos caros a los industrialistas, como asegurar que quienes se han opuesto son "negacionistas", "retardistas" o que "atentan contra la causa climática", dando por bueno el muy cuestionable argumento de que este modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI) permite avanzar en la descarbonización, cosa muy discutible por muy buenas razones.










Pero es que encima, esas posiciones maximalistas de los industrialistas generan mayoritariamente el efecto contrario al que persiguen, reforzando la visceralidad de los que rechazan el REI.




En todo caso, yo quisiera dejar de lado esas consideraciones políticas y los dimes y diretes, y centrarme en las cuestiones más de carácter técnico. En particular, qué es lo que dice el decreto derogado y si realmente es tan grave su derogación. Y también, analizándolo, si se puede entender las causas de los partidos que han votado en contra (y a favor).




La primera observación que se puede hacer es que más que un decreto de medidas urgentes para evitar un apagón, lo que tenemos aquí es una ley ómnibus que regula muchos aspectos relacionados con el mercado eléctrico. Peor aún, las medidas que se proponen son muy dispares y algunas de ellas son bastante cuestionables. Se pueden clasificar las medidas en tres grandes bloques: medidas técnicas que efectivamente sí pueden ayudar a prevenir apagones, medidas dirigidas (aunque no se reconozca) a rescatar el sector renovable, y medidas dirigidas al fomento de la electrificación de la sociedad. Esta clasificación no es exhaustiva y así queda aún un buen puñado de medidas misceláneas que no se corresponden a estos tres tipos (incluyendo algunas muy importantes y positivas, como la extensión a 5 km la distancia para constituir comunidades energéticas), pero aún así los tres tipos definidos son el grueso de la norma.

Esto ya plantea una primera reflexión: si esta norma en vez de en forma de decreto-ley se hubiera planteado como una ley, habría dado lugar a la posibilidad de que se realizaran enmiendas a los apartados concretos que son más discutibles, y producir una ley acordada por la mayoría del Parlamento. Por supuesto que una ley tiene una tramitación lenta, pero parecería más lógico haber incluido en el decreto solo las normas de tenor más técnico (que, al tiempo, son las más urgentes) y que por tanto serían menos controvertidas, y dejar para la tramitación de una ley posterior todo lo demás. Con esta argucia de meterlo todo en el mismo decreto-ley y así intentar forzar un trágala al resto de partidos (una mala praxis legislativa por desgracia habitual en España, donde se abusa de los decretos-ley), al final lo que se ha conseguido es que se haya rechazado todo, tanto lo conveniente - y urgente - como lo discutible.

Dentro de las medidas de carácter más técnico, hay muchos aspectos regulación, de supervisión y de instalación de sistemas que dotarían a la red de transporte, que opera Red Eléctrica Española, de una mayor estabilidad y robustez. Sin entrar en el detalle de cada medida, lo que cabe preguntarse es quién pagaría todos esos sistemas que se tienen que instalar - a mi entender, parte de ellos son sistemas de planta, que deben acompañar a cada planta de generación y que por tanto deberían ser pagados por sus titulares.

En cuanto a las medidas de rescate, aparecen mezcladas con otras y a veces tienen una componente de carácter general y otra realmente pensada para favorecer (por no decir rescatar) al sector renovable. Conviene recordar que estamos viviendo, desde hace ya unos meses, un progresivo hundimiento y desinversión en energía renovable y sus derivados, no solo en España sino en el mundo, fruto del fracaso a estas alturas innegable del REI que tanto hemos discutido y sobre al que ahora no volveré. Lo que más se ha discutido estos días es la pérdida por caducidad de las concesiones de acceso a la red para los proyectos aún no acabados (los llamados hitos administrativos), con fechas de ejecución en varias fases y que el decreto ampliaba por tres a cinco años. Obviamente, la pérdida de estos derechos de conexión es un gran varapalo, pero no olvidemos que actualmente hay un exceso de capacidad de generación eléctrica en el estado español (130 GW de potencia instalada para un consumo medio de 26,5 GW) y que realmente ya no hay tanto negocio (y por eso los inversores llevan tiempo retrayéndose). Para mi son mucho más importantes otras medidas que claramente buscaban mejorar la rentabilidad de los proyectos renovables con argucias cuanto menos feas (como eximir en ciertos casos de las declaraciones de impacto ambiental, promover la utilidad pública que favorece expropiaciones forzosas, o dar ciertos privilegios de acceso a las instalaciones con baterías). Justamente, uno de los aspectos que probablemente va a ser el caballo de batalla de los próximos años va a ser el de las instalaciones híbridas, consistentes en renovables y bancos de baterías, que tanto servirán para generar electricidad como para almacenar y ayudar a regular la red. En realidad, dada la clara contracción del negocio de la producción renovable, muchas empresas del sector se están posicionando para dar un nuevo servicio, el de regulación de la red usando baterías. El problema de las baterías, además de sus elevados costes, es que no son generación de electricidad, no producen energía, sólo la gestionan, así que en realidad son más bien un coste. En ese sentido, el decreto abonaba el terreno para que se retribuyese de varias maneras este tipo de instalaciones, siendo el modelo de hibridación una de las fórmulas que más posibilidades ofrecía, tanto a través de ayudas y subvenciones como con un acceso ventajoso a la red.


Mina de lignito a cielo abierto en Nochten.

Otra de las medidas llamativas de rescate es la rebaja temporal y solo aplicable a 2025 de las horas mínimas de funcionamiento exigidas a las plantas fotovoltaicas para poder acceder al régimen de retribuciones que tienen. Esta medida busca compensar el hecho de que desde el 28 de abril se ha forzado una mayor generación con centrales de ciclo combinado para garantizar la estabilidad de la red, y en general el aumento de curtailments por necesidades técnicas. Con una red saturada de plantas fotovoltaicas, es imposible que todas las plantas puedan acceder al régimen de retribución, no ya este sino ningún año a partir de ahora, pero obviamente la esperanza del legislador es que muy rápidamente se instalen un montón de baterías y sistemas de estabilización y se puede conseguir producir más y más energía fotovoltaica. 

Por último, están todas las medidas pensadas para favorecer la electrificación de la sociedad, que en realidad son medidas pensadas para incrementar el consumo eléctrico. Recordemos que en España, al igual que en la Unión Europea, el consumo de electricidad lleva cayendo, con altibajos, desde 2008.




Estas medidas son las clásicas, incluyendo - cómo no - el fomento del coche eléctrico. Por supuesto, una perspectiva completamente alejada de la realidad social de España, y es que aún no han conseguido entender por qué el consumo de electricidad continúa estancado desde hace años en el 23% del consumo de energía final, y que, de hecho, en cifras absolutas sigue cayendo. Algún día, alguien debería plantear una auditoría del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y hacer una reflexión crítica de por qué las previsiones están tan alejadas de la realidad.

El fracaso de la convalidación de este decreto supone que el negocio renovable en España se encuentra en una situación crítica. Entre los curtailments y la desinversión, se vivían momentos muy críticos; pero sin el balón de oxígeno del decreto, necesario para sobrevivir el tiempo suficiente para hacer las reconversiones necesarias, muchos proyectos echarán el cierre y hay el riesgo de que el goteo se convierta en desbandada, y la desbandada en pánico. El sector entero podría colapsar, causando un daño gigantesco a la imagen pública de la energía renovable, y por abuso de extensión, ay, a la lucha contra el Cambio Climático. Todo por haber apostado ciegamente por un modelo erróneo, el REI, ignorando los repetidos signos de que no estaba funcionando. El Gobierno de España intentará relanzar el decreto por otras vías, pero el tiempo se agota y el calendario estival no ayuda. Dependiendo del clima internacional, si no hay un cambio rápido, a la vuelta de vacaciones se puede vivir una auténtica debacle. Y entonces, todos esos industrialistas que nos hostigaron a los que avisábamos de que este modelo era insostenible, deberían de reflexionar si realmente no se han equivocado con su actitud. Y, ya puestos, podrían pedir perdón. Aunque lo más importante en ese momento será ver cómo recomponer los platos rotos y cómo plantear rápidamente un modelo de transición que, éste sí, funcione, porque lo necesitamos urgentemente.


Fuente: The Oil Crush