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miércoles, 7 de enero de 2026

Motivos para no desesperarse ante la Doctrina ‘Donroe’

 

 Por Andy Robinson   
      Periodista que actúa como corresponsal volante de ‘La Vanguardia’ con especial dedicación y especialización en Latinoamérica.

 El ataque a Caracas y la convivencia con el chavismo son una muestra de debilidad en lugar de fuerza

     En momentos como estos conviene escuchar Reasons to Be Cheerful, de Ian Dury. Porque a pesar de la muestra terrorífica de poderío militar estadounidense en el secuestro de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, yo veo algunos motivos para no sentir una desesperación total ante el imperio que contraataca.


Donald Trump. Marco Rubio y Pete Hegseth siguen los ataques de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro.

El primero es la sensación espontánea de júbilo que yo, al menos, sentí cuando Trump anunció que María Corina Machado no va a ser presidenta de Venezuela, “tirándola debajo del autobús”, como se suele decir en Estados Unidos.

Será muy difícil que ella [Corina Machado] sea líder; no tiene ni el apoyo ni el respeto dentro del país”, anunció el presidente estadounidense ante el asombro de los periodistas y los medios que han elogiado a la nueva premio Nobel pese a que apoyase el bombardeo de su propio país. 

Obviamente, Trump no rechaza a Corina Machado porque sea una creación de los medios, aunque es cierto que la opositora ha perdido mucho apoyo, según los sondeos.


Rechazo a María Corina Machado, según los sondeos.

El verdadero motivo por el que Trump ha dado la espalda a la política que más lo adora es que no quiere perder tiempo con elecciones. El presidente estadounidense, o mejor dicho Marco Rubio, el secretario de Estado, cree que la vicepresidenta y ahora presidenta chavista Delcy Rodríguez será un instrumento más manejable para la entrada de Exxon, ConocoPhillips y demás petroleras estadounidenses, incluso más que un gobierno títere de Corina Machado o de su alter ego Edmundo González.


Delcy Rodríguez, en su primer Consejo de Ministros, el 4 de enero, en el Palacio de Miraflores de Caracas.

Rubio, el neoconservador cubano americano que manda a la hora de diseñar la doctrina Donroe (Donald más Monroe), parte de la base de que puedan abusar impunemente de un gobierno cuya legitimidad democrática se cuestiona, sobre todo en Miami.


La doctrina 'Donroe'.

Que el enemigo derrotado haga el trabajo sucio. Esa es la idea audaz de una mente fría y cruel como la de Rubio. ¿Pero cuál es el instrumento de poder que logre que el chavismo se convierta en el autor de su propia destrucción?

Rubio cree que la diplomacia de cañonero –eufemismo nacido en las guerras coloniales– y la presencia de la US Navy en el Caribe son suficientemente amedrentadoras para que el chavismo se convierta en una mansa bestia de carga para transportar el crudo pesado desde el Orinoco a Houston. “Este es el leverage (palanca) que tenemos”, se jactó el secretario de Estado en el programa 60 Minutes el domingo 4 de enero.

Trump es más directo. Lanzó duras amenazas contra Delcy Rodríguez si no hace lo que él quiere: “Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”, le dijo a Michael Scherer de The Atlantic.


Donald Trump amenaza a la nueva líder de Venezuela, Delcy Rodríguez, con un destino peor que el de Maduro.

Pero yo tiendo a pensar que elegir a Delcy Rodríguez en lugar de a María Corina Machado para gestionar el saqueo de Venezuela puede ser un grave error de cálculo por parte de los intrépidos gestores del ya senil imperio estadounidense. 

Corina Machado es una aliada de clase de Trump y Rubio, “la prototipo de la sifrina [pija] de Caurimare”, según bromeó un amigo venezolano en referencia a la canción del pop setentero venezolano que se burla de la élite blanca caraqueña. 

Delcy Rodríguez, en cambio, se ha curtido en las luchas contra las dictaduras apoyadas por la CIA –su padre fue torturado y asesinado–. Es pragmática y hasta maquiavélica; quién sabe, quizá haya decidido que con Nicolás no había forma. Pero no es una aliada de clase de Donald Trump.

Es más, Rodriguez cuenta, al menos de momento, con el apoyo de las fuerzas armadas. “El chavismo se mantiene en el poder, van a continuar ejerciendo el control militar”, explicó Francisco Rodríguez, exasesor de Henri Falcón, de la oposición moderada, ahora afincado en EE.UU. La decisión de dar la espalda a Machado se debe a que “Trump ha decidido que la estructura del Estado con el chavismo es más gobernable”, añadió. 

Controlar un país rebelde sin expulsar a los rebeldes es una extraña innovación política, incluso para el trumpismo. “El presidente afirmó que ahora estamos gobernando Venezuela. Pero esto plantea un pequeño problema, ya que no contamos con soldados ni diplomáticos sobre el terreno. Puede que hayamos decapitado al Gobierno venezolano, pero el Estado venezolano permanece intacto”, sostiene Noel Maurer, de la George Washington University, en un artículo en Substack

En este sentido, las amenazas al estilo Don Corleone que llegan a Caracas desde Mar-a-Lago y Washington pueden ser más una muestra de debilidad que de fuerza. Son necesarias porque, a diferencia de otras épocas imperiales, Trump no puede ni quiere invadir. Aunque fanfarronee, Trump no cuenta con apoyo ni dentro ni fuera del movimiento MAGA para poner las “botas en el terreno” venezolano. Esto no es la invasión de Panamá –Noriega se entregó el 3 de enero de 1990–, cuando la ocupación del país supuso un despliegue de 20.000 soldados.


El verdadero virus del Trumpismo.

La reticencia a invadir es comprensible. Aunque muchos expatriados venezolanos más o menos sifrinos y afincados en el barrio de Salamanca aplaudirían al ver a los Marines embarcando en la costa venezolana, no es así en el caso de los caraqueños con los que yo hablé hace tres semanas en Caracas.

Yo ya estoy armado y preparado; he vivido más de lo que me queda por vivir y no tengo temor”, me dijo el diputado chavista afrovenezolano por San Agustín, Noel Márquez. La operación Resolución Absoluta acabó sin respuesta venezolana el 3 de enero, pero una ocupación militar “acabaría siendo un baño de sangre”, me dijo Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de Florida en Miami. 

Puede que las amenazas de Trump y el portaaviones Iwo Jima navegando por el Caribe sean suficientes para intimidar a Delcy Rodríguez y al chavismo. Pero la diplomacia de cañonero solo funcionaba porque de vez en cuando EEUU invadía de verdad, con los Marines bajando de los buques para mancharse las botas en las playas desde Veracruz hasta Puerto Cortés. Según Greg Grandin, entre 1889 y 1897 hubo 5.800 incidentes en los que buques de guerra llegaron a puertos latinoamericanos, pero hubo también más de 300 invasiones con “boots on the ground”. 

Eso fue cuando América era grande de verdad y dispuesta a ocupar su patio trasero. Ahora Trump puede bombardear a distancia y secuestrar a presidentes con el fin de someter a Venezuela. Pero si no está dispuesto a invadir y ocupar, la insumisión de Delcy Rodríguez podría acabar en el caos que se produciría si decidieran lanzar un segundo ataque militar para matarla a ella y a los líderes chavistas.  Y el caos es precisamente lo que petroleras como Chevron, que ya produce en Venezuela, quieren evitar. Rodríguez ya estará calculando hasta donde llega el bluf de Trump y Rubio.

Hay otro motivo para no caer en la desesperación ante la dictadura Donroe (dada la improvisación de Trump, propongo llamarla la doctrina Dunno [abreviatura de don’t know, “no lo sé”)]. Al presidente le gustan las muestras pomposas de poder y de narcisismo militar. Pero hasta la fecha, el grueso de la nueva doctrina es retórica. Ni en Panamá se ha cumplido la promesa que hizo Trump en abril del año pasado de que recuperaría el control estadounidense del Canal. 

Ni la retórica ni las amenazas sirven para subyugar a América Latina. Pero sí para movilizar a mucha gente indignada que se inclina por apoyar a políticos nacionalistas de la izquierda latinoamericana. Gustavo Petro sube en las encuestas de popularidad, y su candidato para las presidenciales de 2026, Iván Cepeda, es favorito.

Delcy va a unir al pueblo en torno a la indignación por las groserías de Trump”, me dijo el politólogo venezolano Andrés Pierantoni, con el que cené en el restaurante El Limón al lado del Parque Central de Caracas hace tres semanas. Como suele ocurrir, la conversación duró cinco horas y estuvo salpicada de sesudas alusiones a la historia de rebeliones y revoluciones contra el colonialismo y el imperialismo de Europa y EEUU, a lo largo de la historia del país de Simón Bolívar.


Fuente: Ctxt

viernes, 24 de octubre de 2025

El premio Quisling y la bancarrota moral del occidente imperial

 

      Historiador y docente colombiano.



Se llamaba Vidkun Abraham Lauritz Jonssøn Quisling [1887-1945] y fue un político noruego que pasó a la historia a raíz de la invasión nazi a su país de origen. Cuando eso sucedió, los ocupantes germanos se dieron a la tarea de crear un gobierno títere e incondicional a sus intereses a la cabeza del cual colocaron a Quisling


De izquierda a derecha: el noruego Vidkun Quisling sentado al lado de Heinrich Himmler, Josef Terboven y Nikolaus von Falkenhorst frente a oficiales de las Waffen-SS, el Ejército y la Fuerza Aérea en 1941.


     En estos días mucho se ha hablado sobre el Premio Nobel de la Paz (sic) que El Comité Noruego le asignó a la delincuente y prófuga de Venezuela María Corina Machado. Con toda razón, desde perspectivas críticas se ha recordado todas las infamias que rodean a la que ahora falsimedia occidental cataloga como “combatiente por la libertad”, “demócrata a carta cabal”, “luchadora incansable”, la “Juana de Arco de nuestro tiempo”, “Sor Teresa de Calcuta sin hábito de monja” y mil estulticias de índole similar.

Entre las múltiples infamias de la trayectoria de Corina Machado se recuerda que es una guarimbera mayor, golpista consumada, empleada a sueldo de los Estados Unidos, defensora incondicional y admiradora de tiempo completo de los principales genocidas de nuestro tiempo, los carniceros de Washington (Donald Trump) y Tel Aviv (Benjamín Netanyahu), entre otros atributos de su carácter y ADN gamberro y gansteril.

A todo ello, debe agregarse un hecho que sobresale y distingue la premiada, y que la convierte en un modelo de “vendepatria de primera línea”, difícil de emular por su abyección, servilismo y carácter cipayo. Por eso, el Comité del Nobel ha inaugurado en esta ocasión una versión mejorada del Premio Nobel de la Muerte (o de La Guerra, El Genocidio. La Agresión, El Golpismo…) al incorporar un elemento de índole nacional de Noruega, el que puede catalogarse como el Síndrome de Quisling.  En consecuencia, ahora nos encontramos con el Premio Quisling, que premia la traición, la felonía, la sumisión ante poderes imperiales, y cuyo símbolo representativo debe ser la de una figura arrodillada y postrada ante los amos del mundo, que chorrean sangre por todos sus poros.

Pero esto también revela un asunto que debe recalcarse, porque las cargas suelen estar al lado de la guarimbera con cara de “pacifista”, y no se enfatiza suficientemente que ese galardón, lleno de sangre y sufrimiento, dice mucho sobre el carácter moral de quienes lo entregan, que representa a Europa en particular y al Occidente imperial en general.

Quisling, el síndrome del traidor

Se llamaba Vidkun Abraham Lauritz Jonssøn Quisling [1887-1945] y fue un político noruego que pasó a la historia a raíz de la invasión nazi a su país de origen. Cuando eso sucedió, los ocupantes germanos se dieron a la tarea de crear un gobierno títere e incondicional a sus intereses a la cabeza del cual colocaron a Quisling como Ministro-Presidente, al servicio de los nazis, entre 1940 y 1945, luego de realizar un golpe de Estado. El golpe, con participación alemana, generó un gobierno fantoche, precedido por Quisling, que fue reconocido por Hitler el mismo día. Aunque tuvo algunas discrepancias al comienzo, el cipayo nórdico, luego de un viaje a Alemania, fue convertido en la pieza clave del gobierno colaboracionista. No se le dificultaba porque en la década de 1930 era un nazi convencido, tanto que le enviaba mensajes de saludo a Adolfo Hitler en el que le agradecía por haber salvado a Europa del “bolchevismo y la dominación judía”.

En ese puesto, Quisling se encargó de cumplir con todas las ordenes de los ocupantes alemanes, entre ellas las de matar a compatriotas suyos afiliados al Partido Comunista y de perseguir judíos a nombre de la pureza racial de Noruega. Para ello, prohibió el ingreso de Judíos a Noruega, reestableciendo una Ley de 1851 y envío a centenares de judíos a campos de concentración.

Tras la derrota alemana, Noruega fue liberada y Quisling fue juzgado y condenado a muerte. Fue ejecutado el 24 de octubre de 1945. Su régimen de “Pequeño Hitler” ha sido catalogado como la mezcla de un “dictador y un payaso”.

Durante toda la Segunda Guerra Mundial la palabra quisling fue usada como expresión abyecta de traidor, un calificativo insultante que uso por primera vez el periódico londinense The Times en abril de 1940, al afirmar que para “los escritores, la palabra Quisling es un regalo de los dioses. Si se les había ordenado inventar una nueva palabra para traidor… difícilmente habrían dado con una combinación más brillante de letras. Auditivamente logra sugerir algo resbaladizo a la vez que tortuoso”.​

De tal manera, los cinco HP (Honorables Parlamentarios, no se nos malinterprete) del Comité Noruego del Nobel no tuvieron que hacer mucho esfuerzo ni buscar con cuidado para encontrar el personaje que representa como ninguno en la historia del siglo XX la encarnación de la traición y del entreguismo, porque en su propia historia lo encuentran, como una aportación lingüística del noruego para el mundo, la de quisling. Y no tuvieron que indagar mucho para encontrar que la persona que mejor encarna la esencia traidora de quisling en nuestro tiempo es la burguesita venezolana que dirige guarimbas y que clama porque su país y nuestra Patria Grande sea invadida por los genocidas de Estados Unidos e Israel.

Quisling, en síntesis, es un término infame, que representa lo peor de la actuación de un político o de una persona en general ante un poder extranjero, arrodillarse, ser vendido e incondicional a los intereses de una potencia extranjera y ocupante. 

Por ello, esos HP de Noruega no se esforzaron demasiado para convertir el Premio Nobel de ahora en adelante en el Premio Quisling, cuya primera entrega se hizo a la guarimbera mayor María Corina Machado en 2025, algo que queda en la historia universal de la infamia e implica un baño de ignominia eterna para la decadente Europa.

Bancarrota moral del Occidente Imperial

Los sionistas llevan adelante el genocidio de los Palestinos y bombardean en forma criminal e inmisericorde a varios países (Yemen, Líbano, Siria, Qatar, Irán…), masacrando a miles de personas y los Estados Unidos asesina a humildes pescadores en aguas del Mar Caribe, que ellos siempre han concebido como su Mare Nostrum y parte esencial de su “Patio Trasero”. Esta realidad no existe para los HP del comité noruego del Premio Nobel de la Paz y por ello no existe ninguna mención ni reconocimiento de esos asesinatos que llevan a cabo dos Estados terroristas (Estados Unidos e Israel) con la participación estrecha de Europa, que proporciona armas, financiación y cobertura mediática y cultural a los genocidas de Israel.

Han decidido entregar el Premio Quisling, como era previsible, a una connotada guarimbera, para darle un barniz “humanitario” y seudo pacifista a la agresión contra Venezuela, que está en marcha, pero que ahora se renueva con miembros del Complejo Militar Industrial Gusano de Miami, empotrados en la Casa Blanca, a la cabeza del cual está un gánster y criminal de guerra nato, Marco Rubio. La infamia es todavía más cínica porque en el trasfondo se encuentran los miles de niños aplastados por las “bombas inteligentes” Made in USA y Alemania, y accionadas por los sionistas de Israel, o a los cientos de periodistas asesinados en Gaza, o a las miles de mujeres que a diario luchan por sobrevivir en medio de la criminal agresión o los médicos, profesores, activistas que tanto en Palestina como en otros lugares del mundo enfrentan y denuncian el genocidio.

Bajo una pretendida aureola pacifista, Europa, empezando por la Pérfida Albión (Inglaterra), lleva mucho tiempo apoyando a los guarimberos de Venezuela y por eso en 2024 se le concedió a María Corina Machado y a Edmundo González, candidato derrotado de los golpistas de ese país, el Premio Sájarov a la “Libertad de Conciencia” por parte del parlamento Europeo. Esto además es una reincidencia de vieja data, porque en 2017 se lo entregaron a la Asamblea Nacional de Venezuela, en ese momento controlada por la oposición guarimbera, en la que se incluían golpistas como Julio Borges, Leopoldo López y Antonio Ledezma.

Si se tiene en cuenta la catadura moral de un personaje como Corina Machado no deja de ser un chiste cruel de muy mala factura repetir el estribillo de los premios que cada cierto tiempo se concede a la “democrática oposición guarimbera de Venezuela”. En 2017 se dijo que “al otorgar este premio, defendemos las constituciones, las instituciones, la separación de los poderes. Esta es la base de la democracia”. Como siempre, el democracimetro occidental en acción dando lecciones al resto del mundo, mientras los europeos apoyan a golpistas y guarimberos. En 2024, se repitió el estribillo, cuando el parlamento Europeo sostuvo que Corina Machado y Urrutia «luchan para restaurar la libertad y la democracia frente a la injusticia». Y en 2025, se subió el listón de la vergüenza, cuando los HP del Comité del Premio Quisling sostuvieron que se lo concedían a Guarimba Machado, con una broma de muy mal gusto, y pretendida seriedad y carácter solemne: “por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”

Difícil decir tantas mentiras en tan pocas líneas por unos parlamentarios de Noruega que no tienen ni idea de dónde está localizada Venezuela y que se limitan a repetir el estribillo de las corporaciones de Falsimedia, desconociendo la injerencia imperialista de Estados Unidos y la Unión Europea, así como el robo sistemático y el saqueo del oro venezolano y de su petrolero desde Washington, Bruselas y Londres. Además, que gran autoridad moral de la Unión Europea y su supuesto apoyo a elecciones libres cuando reconocieron a un pelele como presidente de Venezuela, a Juan Guaidó, designado desde Estados Unidos, y quien nunca fue candidato en una elección presidencial. Esas son las lecciones europeas sobre “elecciones libres” que nuevamente nos brindan los patéticos y decadentes poderes de quinta categoría de la Europa contemporánea.

Los coparticipes del genocidio del pueblo palestino nuevamente nos vienen a dar lecciones de democracia, derechos humanos, libertades, justicia… cuando son los mismos que tienen untadas las manos de la sangre de los niños palestinos, de los periodistas de Gaza, de medio millón de asesinados por el régimen sionista. Esos mismos son los que ahora nos quieren dar lecciones a los latinoamericanos, y darle carta de credibilidad a golpistas, conspiradores, vendepatrias, guarimberos con lo que se untan todavía más las manos de sangre. Esta es la verdadera democracia de la Unión Europea, y su amo Estados Unidos, cuyo objetivo es democratizar la muerte, el dolor y el sufrimiento de los seres humanos del Sur Global, no importa donde se encuentren, en Palestina o en Venezuela.


INTERVENCIONISMO ABIERTO


La Jornada, octubre 16 de 2025.


Las palabras y acciones de “paz y concordia” de la Quisling del Patio Trasero

María Guarimba Machado no tiene hoja de vida sino de muerte y un extenso prontuario criminal de larga duración desde hace un cuarto de siglo cuando apoyó el golpe de 2002 contra el gobierno de Hugo Chávez. De ese momento en adelante ha sido una de las voces cantantes de la mal llamada “oposición civilista” en Venezuela, que tiene de todo menos de civilista. Es responsable directa del asesinato y linchamiento de decenas de venezolanos humildes, por el hecho de ser chavistas, por las guarimbas en 2014 y 2017, patrocinadas por Estados Unidos y los escuálidos. Desde hace décadas es financiada por los Estados Unidos, siendo una vasalla incondicional, hasta el punto de que cada cierto tiempo les implora a los amos imperiales de Estados Unidos que invadan a su propio país. Así lo hizo en febrero de 2019 cuando, bajo el paraguas de supuesta ayuda humanitaria se preparaba en Cúcuta la invasión de Venezuela, y ella mientras tanto pedía en la Asamblea Nacional que aprobara el ingreso de tropas extranjeras si no se permitía la entrada de la pretendida ayuda humanitaria.

Dado su carácter de la quisling del Patio Trasero opera con toda impunidad para promover su agenda de agresión de Estados Unidos e Israel contra la patria de Bolívar.

En los últimos meses ha renovado sus solicitudes a Donald Trump para que invada el país, y eso lo ha ratificado, con el descaro que genera la impunidad y el patrocinio de los poderes imperiales. Eso la ha llevado al extremo vergonzoso de aplaudir que venezolanos sean llevados a las cárceles de Bukele.  Al respecto afirmó que prefería ver a los migrantes que fueran capturados en Estados Unidos en cárceles de El Salvador y no en su país natal. Sostuvo que encarcelar a ciudadanos en las mazmorras de Bukele “es una propuesta muy poderosa que ha formulado en conjunto el presidente de El Salvador y el secretario de Estado”. Agregó, con mentalidad de carcelera y torturadora que a los migrantes les espera “no es la impunidad de regresar a Venezuela, sino la justicia más severa en los Estados Unidos o en un tercer país”.

Así, la flamante Premio Quisling, que supuestamente es una defensora de derechos humanos y promotora de la paz y la concordia, está de acuerdo con que poderes extranjeros, el del amo imperial y su lacayo Bukele, encarcelen, masacren, torturen y hasta asesinen a los migrantes originarios de Venezuela porque así lo han determinado en Estados Unidos, sin ningún tipo de juicio ni de prueba.

María Guarimba Machado al agradecer a Trump y dedicarle el premio Quisling confirma lo acertado de su nominación como traidora a la patria grande latinoamericana, porque lo hace en el mismo momento en que lo Estados Unidos masacra a quienes viajan en lanchas por el caribe y lleva a cabo un inusitado despliegue de portaviones, aviones de combate, tropas de asalto y 10 mil soldados, listos para invadir Venezuela o Colombia, al tiempo que el mismo Trump reconoce que la CIA adelanta acciones intervencionistas en la patria de Hugo Chávez.

Para que no quede duda de su nivel de entreguismo, al matarife de Washington le dijo: “¡Dedico este premio al sufrido pueblo de Venezuela y al presidente Trump por su decidido apoyo a nuestra causa!”. Vaya terrible oxímoron, porque si alguien es responsable del sufrimiento de los venezolanos es el poder imperialista, encarnado ahora por Trump, y que, para más inri, en estos instantes está matando a venezolanos, colombianos, ecuatorianos, trinitenses en aguas del caribe.

María Guarimba Machado confirma que se merece el Premio Quisling por su nivel de abyección, que la lleva al punto de agradecer al personaje que ordena bombardear lanchas de humildes pescadores, lo que indica que ella es cómplice, coparticipe y apologista de un crimen de guerra que viola las más elementales normas del Derecho Internacional y del Derecho de Gentes. Ella también está untada con la sangre de los 30 latinoamericanos que desde el 2 de septiembre han sido asesinados por Estados Unidos en el mar caribe en siete cobardes bombardeos a pequeñas lanchas.

Su carácter de “pacifista humanitaria” se evidencia también en la llamada telefónica y en el mensaje virtual que la flamante Premio Quisling le envío al Carnicero de Tel Aviv, a quien felicito efusivamente por “los logros de la guerra” contra Palestina. Entre esos grandes logros de tipo humanitario y enormes gestos de paz del matarife sionista se encuentran: el asesinado de 680 mil palestinos, de miles de niños, de 1600 trabajadores humanitarios, de 350 trabajadores de la ONU, la detención de 10 mil palestinos, lanzar explosivos en una cantidad equivalente a ocho de las bombas de Hiroshima, destruir el 90% de la franja de gaza, matar de hambre a miles de personas, arrasar con la infraestructura sanitaria y educativa de Gaza, utilizar fosforo blanco y otras sustancias prohibidas, adelantar una limpieza étnica de los palestinos, que en Cisjordania los colonos ocupantes estén matando a centenares de palestinos en los dos últimos años… Estos son solo algunos de los “grandes logros” de Benjamín Netanyahu, el genocida de Tel Aviv, y de la cúpula sionista de Israel, de los que además presume con toda la impunidad que le proporciona la cobertura de Estados Unidos y la Unión Europea, como lo hizo con desparpajo, al decir ante el Parlamento de Israel este 21 de octubre, en medio de un supuesto alto al fuego, que “Hamás sintió ayer nuestro poder, atacamos a Gaza con 153 toneladas de bombas”.

Este asesino es el mismo que días antes fue felicitado por María Guarimba Machado por sus grandes logros en la guerra y, además, fue felicitado por bombardear a Irán y a otros países, y de ser el impulsor de un “plan visionario” que contribuya a una paz justa y duradera en el oriente medio. Sí, claro, el mismo plan que quiere que se aplique en Venezuela, que no es otra cosa sino la imposición del dominio colonial y neocolonial y por eso ofrece, en caso de llegar a la Presidencia, a las multinacionales los minerales y riquezas naturales del país y la privatización de las grandes empresas. Esa es la paz que desea María Guarimba Machado, la misma de Israel y Estados Unidos, la de los sepulcros. Por ello, el carnicero Netanyahu la halagó por “expandir el círculo de la paz mundial”

Conclusión: La paz es la guerra, la muerte y la destrucción.

El comité noruego de HP al concederle el Premio Quisling a una guarimbera, golpista y declarada admiradora y empleada a sueldo de los genocidas de Estados Unidos e Israel ha ratificado de esta forma que vivimos en una época en la cual el capitalismo realmente existente ha entrado en la fase del brutalismo. Esa brutalidad absoluta la encarnan personajes de la catadura de Biden, Trump, Netanyahu y Guarimba Machado. Como dice el pensador africano Achille Mbembe:

Bajo el brutalismo, el asesinato dejo de ser una excepción. […] La figura del asesino, del jefe, del sicario se metamorfosea a medida que los instintos de crueldad se liberan […]. La repugnancia por matar y el tabú del homicidio se están viendo erosionados. Los instintos antaño censurados se liberan. Las conductas de guerra se valorizan como tales y migran al terreno civil. La deshumanización se convierte en una práctica corriente […]. La ‘limpieza’ se transforma en programa. Deshacerse de individuos sin tener que dar cuenta a nadie es la norma, lo mismo que rematar a los heridos y matar a los prisioneros”.

Este brutalismo tiende a hacerse dominante y a constituir un nuevo sentido común en el capitalismo de nuestro tiempo y por ello ahora la muerte ahora se disfraza de amor a la vida, los actos de guerra se presentan como hechos de paz, los criminales aparecen como grandes hombres y mujeres que merecen ser reconocidos como luchadores de la libertad y la justicia, los genocidas claman porque les entreguen el Premio Nobel y lo alcanzan sin mucho esfuerzo, pues solo tienen que demostrar su instinto asesino y que están dispuestos a hacer lo que sea para alcanzar sus fines.




Allí se inscribe, justamente, el papel de María Guarimba Machado, que es presentada por falsimedia mundial y los intelectuales orgánicos del capitalismo realmente existente y del sionismo, como una mansa paloma que no quiebra un plato, porque “el brutalismo también funciona sobre la base de una desrealización tanto de los hechos como de sus efectos. La desrealización consiste en ocultar lo repugnante de la violencia y, en especial de la muerte en masa”. [Achile M bembe, Brutalismo, Paidos, Barcelona, 2022, pp. 36-37]. 

En este momento, cuando Israel masacra a miles de personas y Estados Unidos bombardea a pescadores en el mar Caribe ‒un territorio que forma parte entrañable de Venezuela y de Colombia‒, los HP del comité noruego del Nobel pretendieron taparse los ojos y mirar para otro lado, y de esa forma desconocer la carnicería que el imperialismo occidental lleva a cabo, y de la cual la decadente Europa es parte constitutiva. Como si durante los dos últimos años no se hubiera confirmado el genocidio por parte de Israel, al punto que instancias burocráticas e inútiles se vieron obligadas a reconocer el genocidio (como el Comité de Derechos Humanos de la ONU) y hasta otras piden la captura de Benjamin Netanyahu para ser juzgado como criminal de guerra, (la Corte Penal Internacional). Y el Premio Quisling es la constatación plena tanto del brutalismo como la decadencia moral del occidente imperial.


Fuente: Rebelión

martes, 23 de septiembre de 2025

Expertos militares analizan cuatro escenarios de Trump contra Venezuela: bombardeos, campaña de asesinatos, invasión e insurrección armada

 

 Por Bruno Sgarzini    
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.



     Una soleada tarde caraqueña de junio de 2017, cuando las protestas opositoras, de ese año, se apagaban con el atardecer detrás de las montañas, un extraño helicóptero del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas sobrevoló el centro de la ciudad con disparos a las terrazas de la sede del Tribunal Supremo de Justicia y la sede del Ministerio de Interior, Justicia y Paz. Una nube de misterio se espació por la capital hasta que se viralizó la foto de Óscar Pérez, un ignoto inspector del cuerpo, encima del helicóptero con una bandera que decía “350, libertad”, en alusión al artículo de la constitución venezolana que permite la rebelión contra cualquier “régimen que desconozca los valores republicanos”.




De inmediato, rodaron videos, en las redes, de cómo este ignoto GI Joe venezolano practicaba tiro, mientras apuntaba de espaldas con un espejo para retocarse el maquillaje, y otras “hazañas” performativas que lo presentaban como un gran líder militar. Una campaña orquestada para darle mayor visibilidad a un mensaje suyo grabado donde llamaba a una insurrección militar y policial contra Maduro, en el último suspiro de las protestas antichavistas de 2017. El objetivo era promover una imagen de “héroe venezolano” que venía a salvar a Venezuela del “régimen de Maduro”. Poco menos de un año después, la efímera historia de Pérez se terminó cuando transmitió en vivo su muerte mientras se tiroteaba con las fuerzas de seguridad venezolanas en su escondite en una barriada sobre las montañas de El Junquito, en las afueras de Caracas.

Al igual que otros episodios, la fantasía de un “salvador venezolano”, en la oposición venezolana, se ha reciclado de diversas maneras; de la fallida operación de los paracachitos, un grupo paramilitar colombiano cuyo líder pretendía brindar con whisky con la cabeza de Hugo Chávez en su despacho presidencial, hasta los mercenarios estadounidenses de la Operación Gedeón detenidos en 2020 por un grupo de pescadores de Chuao en la selvática costa venezolana. María Corina Machado, por su lado, ha sido promotora de la vertiente de este imaginario más perversa; la de una intervención militar estadounidense a través de la invocación, por ejemplo, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca que permite la acción militar de los países firmantes, entre ellos Estados Unidos, cuando uno de los países lo pide.


Diarios venezolanos sobre los paracachitos, llamados así porque fueron descubiertos debido a que compraban este panecillo en una panadería en las afueras de Caracas.

Uno de los nuevos desarrollos de esta “fantasía” es el apoyo al despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe contra el “narcotráfico” y carteles como “El de Los Soles, liderados por Nicolás Maduro”. La Administración Trump, al igual que en su primera experiencia, no ha descartado “una acción militar” directa contra Venezuela, ni tampoco un ataque contra altas figuras del chavismo, después de que su primera gran puesta en escena fuera un bombardeo a una lancha rápida en el Oriente venezolano, que podría haber servido para llevar turistas a un cayo en el medio del Caribe venezolano. También, uno de los destructores estadounidenses, el USS Jason Dunham, abordó un pequeño buque atunero con once pescadores venezolanos en aguas del país, un acto que fue declarado por las autoridades venezolanas como un intento de generar una respuesta militar del país para justificar una escalada militar. En los últimos días, ademásn, han aumentado los sobrevuelos de aviones militares estadounidense sobre la República Bolivariana para realizar “taras de recopilación de inteligencia e información”, según Vladimir Padrino López, ministro de Defensa venezolano.

Trump, en este contexto, se ha permitido la dualidad de designar al Cartel de los Soles como un grupo “narcoterrorista” para legitimar a los ataques, pero solo a través del Departamento del Tesoro, y no una orden ejecutiva. “Esto probablemente se deba a que Estados Unidos esté tratando de abrir espacio para que Chevron y otras empresas continúen en Venezuela, sin ser acusadas de apoyar a un grupo terrorista”, según Geoff Ramsey, miembro del Atlantic Council, un tanque de pensamiento de Washington. Esta ambigüedad permite administrar las expectativas de éxito, por un lado, y ampliar también las “líneas rojas” de una operación antinarcóticos, cuya base legal es cuestionada por abogados estadounidenses por no contar con una autorización del Congreso para el uso de la fuerza en el extranjero.

Este despliegue militar cuenta con los buques de guerra USS Sampson, USS Jason Dunham y USS Gravely, el USS San Antonio, especializado en desembarco de tropas y equipo; y el USS Fort Lauderdale, enfocado en transporte y apoyo logístico, destructores de la clase Arleigh Burke, alrededor de 4,000 marineros e infantes de marina á aeronaves de reconocimiento P-8 Poseidón, buques de guerra adicionales y al menos un submarino de ataque nuclear. En Puerto Rico se ha centrado la base de toda la operación después de la visita de Peter Hegseth, secretario de la renombrada secretaría de Guerra, al USS Iwo Jima, un buque de asalto anfibio capaz de transportar helicópteros, aviones y centenares de infantes de marina, y la Base Aérea Muñiz, donde se desplegarán, al menos, diez cazas militares F-35. Según Hegseth, los militares no “están estacionados allí para un simple ejercicio, sino para luchar contra el veneno que entra en el país”.


La Administración Trump ha publicado las fotos de, al menos, dos lanchas venezolanas atacadas - En ningún caso se ha comprobado que llevarán droga.

Para Mark F. Cancian, coronel retirado de la Marina de Estados Unidos y asesor del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales ( CSIS ), todo este despliegue es como atrapar moscas con martillos de oro”. En su opinión, las tareas de esta operación deberían ser asumidas por la Guardia Costera estadounidense; “es la fuerza más preparada para operaciones de interdicción de drogas, ya que cuenta con autoridad policial, experiencia especializada en antidrogas y equipo específico para estas misiones. También puede usar fuerza letal si se le ordena, ya que sus lanchas están armadas con suficiente potencia de fuego para derribar cualquier embarcación de un cártel. Su enfoque les permite capturar e interrogar a miembros del cártel, recopilar pruebas y preparar expedientes para su procesamiento penal por parte del Departamento de Justicia”. Según él, todo el despliegue militar en el Caribe, distrae recursos valiosos en el “Indopacífico” para luchar contra China. Tampoco tiene la cantidad de activos, ni soldados, necesarios para invadir, y ocupar, Venezuela: para lo que, según sus cálculos, se necesitarían más de 50 mil soldados, un grupo de portaaviones, tanques y escuadrones de aviones de combate aéreo.


Cálculos hechos por el coronel retirado Cancian.

Después, en su opinión, están las opciones militares disponibles para agredir a Venezuela. El despliegue marítimo, por ejemplo, podría apoyar una incursión terrestre para atacar al liderazgo chavista o la infraestructura de lo que considera “carteles”, pero el peligro que presenta esta opción es que alguno de los soldados estadounidenses implicados quede preso en el país. “Cualquier incursión se toparía con los débiles, pero existentes, sistemas de defensa aérea y la artillería costera de Venezuela. Como se vio en la Primera Guerra del Golfo, Kosovo y la invasión de Irak, suprimir por completo las defensas aéreas enemigas es difícil , incluso con una potencia aérea dominante. Las bajas serían políticamente difíciles; un estadounidense capturado, en un accidente aéreo, sería catastrófico. La necesidad política de repatriar al cautivo otorga al adversario una enorme ventaja. Esto ocurrió en el Líbano en 1983 cuando el teniente Robert Goodman fue capturado tras el derribo de su A-6 y en Somalia en 1993 cuando el oficial de primera clase Michael Durant fue capturado tras el derribo de su Blackhawk”, sostiene Cancian.

Según las propias cifras del militar estadounidense, que subestiman la defensa aérea venezolana, el país tiene 18 aviones F-16 y 21 Sukoil Su-30, además de un número no claro de baterías antiaéreas rusas S-300 que podrían derribar a los aviones militares estadounidenses.

Por eso, para Cancian, el Comando Sur del Pentágono no debería usar aeronaves para sobrevolar y lanzar ataques contra Venezuela. “Estados Unidos podría usar misiles de largo alcance para atacar instalaciones de cárteles en zonas rurales, donde el riesgo de daños colaterales es bajo. Los misiles Tomahawk embarcados, por ejemplo, pueden alcanzar 1.600 kilómetros, suficiente para alcanzar objetivos en cualquier lugar de Venezuela con los buques a cierta distancia”, de acuerdo al militar estadounidense. Según él, “contra Irán, Estados Unidos utilizó bombardeos B-2 solo porque ellos podían lanzar la munición especial antibúnker (GBU-57) para destruir las instalaciones nucleares subterráneas. En Venezuela, solo serían necesarios para hacer una declaración política del estilo “podemos ir a cualquier parte y no podrán detenernos”. Lo que plantea Cancian tiene su importancia si se tiene en cuenta la supuesta orden de Trump de atacar a líderes chavistas, si están vulnerables, dado que muchos de ellos viven en bases militares y bunkers.

Por eso, es un gran interrogante el éxito que podría tener cualquier ataque aéreo (ya sea por drones o aviones militares) contra los líderes chavistas, o la infraestructura estratégica de Venezuela. Para el analista militar Ivan Sidorienko, el despliegue militar busca mantener la la hegemonía estadounidense en Latinoamérica y disciplinar gobiernos que no se alinean a los intereses de Washington. “El tema de la droga es una excusa, como lo fueron antes las armas de destrucción masiva de Irak en 2003 y las armas nucleares de Irán en 2025. Los más probable es que Estados Unidos ataque con misiles supuestos blancos relacionados con el narcotráfico y por otro lado, busque armar una oposición interna para derrocar a Maduro con algún tipo de "foco revolucionario" parecido a la fallida operación Gedeón (nota de autor: este plan implicó el desembarco marítimo de mercenarios estadounidenses y militares disidentes para capturar a Maduro y enviarlo en avión a Estados Unidos)”.

Sidorienko coincide con el coronel estadounidense Canciar en descartar una incursión terrestre. “Los cuatro mil marines desplegados no representan ni una brigada; no podrían ni siquiera establecer una cabeza de playa frente a una resistencia de milicianos que operen como guerrillas (los que según cifras oficiales se estiman en más de ocho millones). En términos lógicos, además, sería costoso sostener esa eventual cabeza frente a drones navales y aviones militares venezolanos. Ni Colombia, ni Brasil les darían apoyo; solo quedaría como aliado Guyana, que es un país con poca infraestructura para ayudar a Estados Unidos”. Después está el imaginario de eficacia, vendido por la oposición venezolana, de que el asesinato del liderazgo de Venezuela terminaría con el chavismo. Para el analista militar, la comparación con los ataques israelíes contra Hamas, Hezbollah e Irán demuestra que los Estados, o grupos armados con una organización sólida, siguen operando después de las campañas de asesinatos. “Podrían matar a Maduro, o Diosdado, pero no sé si generarían inestabilidad o aumentaría la cohesión de los venezolanos frente a una agresión a su patria”.

Una fantasía de la oposición venezolana es que una eventual campaña de asesinatos abra un vacío político en el Estado venezolano que pueda ser ocupado por militares golpistas bajo el liderazgo de María Corina Machado. Si eso no ocurre, también existen propuestas para que una campaña de bombardeos, o ataques dentro de Venezuela, apoyen una insurrección armada por parte de disidentes o mercenarios contratados en el extranjero, bajo figuras, por ejemplo, como Ya Casi Venezuela, la campaña de crowfunding lanzada por el exlíder de Blackwatter, Erik Prince. En un informe de junio de Jesús Romero, un exoficial de inteligencia del Comando Sur del Pentágono dedicado a la lucha contra el narcotráfico, sostuvo que “un levantamiento opositor estructurado, que contara con aviación o apoyo externo, superaría las defensas del régimen en muchas regiones, a excepción de Caracas”. El informe, de esta forma, alienta ataques contra Venezuela en base a la percepción de que las defensas aéreas venezolanas, como baterías S-300 Y aviones militares Sukoil y F-16, solo protegen la capital y la isla Orchilla donde está la a Base Aeronaval Antonio Díaz a la que tiene acceso el presidente.

La recomendación, basada en pocos datos concluyentes y fuentes no identificadas, busca “convencer a Trump de que una campaña aérea tendría éxito”, dada la cercanía de Romero con el secretario de Estado, Marco Rubio, según el portal venezolano Misión Verdad. Para MenchOsint, un analista de fuentes abiertas que anticipó los ataques estadounidenses al programa nuclear iraní de este año; “Estados Unidos intenta reafirmar su dominio en el Caribe tras el acercamiento de Maduro al triángulo enemigo estadounidense: Rusia, China e Irán. No está claro qué estrategia utilizará la Administración para provocar un cambio de régimen; es posible que primero “supriman las defensas aéreas venezolanas” y luego pasen a una campaña de decapitación del liderazgo chavista”. El despliegue, en ese sentido, viene acompañado de una cruda guerra psicológica donde se habla del poco tiempo de vuelo militar, entre Venezuela y Puerto Rico (donde están los F-35 estadounidenses), y se publica la ubicación de supuestos bunkers militares venezolanos por parte de antiguos funcionarios estadounidenses, como Marshall Billingslea, exsubsecretario para el Terrorismo Financiero del Departamento del Tesoro en la primera Administración Trump.




Esta hipótesis de ataques aéreos que apoyen una insurrección, al parecer, es una de las principales que manejan las autoridades militares venezolanas, quienes, según la información oficial de la Fuerzas Armada Nacional Bolivariana (FANB), han realizado despliegues contra “el narcotráfico, el contrabando y las redes criminales con nexos transnacionales” en la región de Los Andes, la costa occidental y Oriental, la región de Amazonas fronteriza con Colombia y Brasil. “La FANB está obligada a neutralizar cualquier expresión de violencia que pretenda imponerse en el territorio”, según Vladimir Padrino López, ministro de Defensa. La intensificación de los preparativos militares ha involucrado una campaña de reclutamiento y adiestramientos de millones de nuevos milicianos y también redadas contra estructuras insurgentes (y opositores), en las semanas previas, de acuerdo con lo informado por Diosdado Cabello, ministro del Interior y líder del chavismo.

La experiencia indica que otros despliegues estadounidenses contra Estados más pequeños, como Yemen, han fracasado después de no tener éxito en desmantelar el liderazgo de los hutíes y que los buques de guerra estadounidenses fueran atacados con drones. Para el analista militar Thomas Keith de Sovereign Protocol, dedicado a investigador conflictos, guerras de la información; “el despliegue estadounidense sirve para cuatro objetivos. Primero, la interdicción y el espectáculo: abordajes y ataques a embarcaciones pequeñas presentadas como parte de grupos “narcoterrorristas". Segundo, para un mapeo de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (ISR): ubicar radares costeros, baterías de misiles de superficie y aire (SAM), patrones de patrulla, centros de drones, depósitos de combustible y municiones, y enlaces de comunicación mientras se mide el tiempo de reacción militar de Venezuela. Tercero, ventajas cinéticas limitadas: ataques a objetivos marítimos expuestos o nodos logísticos temporales fuera del espacio aéreo defendido. Cuarto, operaciones psicológicas: crear una sensación de "red ocupada" en el Caribe que normaliza la presencia estadounidense mientras pinta a Venezuela como un santuario criminal”.


A pesar de las amenazas, Diosdado Cabello, uno de los líderes chavistas, ha participado de actos públicos en los últimos días, lo que proyecta confianza en el escudo defensivo de Venezuela.

Para Keith, además, la analogía con las campañas de “decapitación” de Israel contra Hamás o Hezbollah no son acertadas porque estuvieron basadas en inteligencia humana profunda, y construida a lo largo del tiempo. Venezuela, en cambio, en su opinión, es un Estado soberano con socios externos, y movilidad de su liderazgo, donde parece más complejo establecer la localización en tiempo real del liderazgo chavista a través de la inteligencia humana. “La pila defensiva venezolana aumenta los costos en todos los frentes; posee defensas aéreas de largo y mediano alcance, los S-300/Antey-2500 y Buk-M2, en capas para crear una Defensa Aérea de Corto Alcance, cazas SU-30 Y F-16 que proporcionan interceptación de defensa, patrullajes marítimos, que incluyen misiles, botes de ataque rápido y milicias litorales, apostadas en desembocaduras de ríos y puntos de estrangulamientos desde La Guaira hasta Paraguaná y el corredor del Lago Maracaibo, que empujan a los buques de superficie estadounidense más lejos de la costa venezolana. Lo que, junto a la infantería fluvial y costera, convierte al contra despliegue venezolano en un puercoespín barato y numeroso. Por todo esto, Washington, no tiene un camino fácil y corto para una campaña de asesinatos del liderazgo chavista”, según él.

Venezuela ha construido en la práctica una defensa que aumenta los costos en cada peldaño de la escalada armamentística. “La contra respuesta ha sido armar el costo (con la defensa aérea, drones y la negación marítima), armar la sociedad (con milicias y bases de defensa local) y armar la verdad (con la documentación y verificación de las acciones militares estadounidenses). El objetivo no es superar a Estados Unidos en términos militares; sino hacer que cada paso de la escalada sea tan costoso, visible e ilegítimo que deje de escalar”, de acuerdo a Keith. El tiempo dirá si toda esta nueva campaña para promover una operación de “salvataje” de Venezuela, no termina en el largo libro de fallidas historias golpistas como la de Óscar Pérez.


Fuente: Bruno Sgarzini